Hay mala gente, eso ya lo sabemos. Nosotros, para permanecer equilibrados y sabiendo lo que tenemos a nuestro alrededor, lo que tenemos que conseguir es evitar que afecten nuestras vidas, sin odiarlos, sólo obviarlos, como si no existieran, o existiesen. Es una labor difícil, que hay que trabajar, pero el día que llegan a no afectarnos es el día de nuestro triunfo.
¿Qué mueve a estas personas a juzgar, malmeter, chismorrear, mentir y, en definitiva, echar mierda allá donde van? Cualquiera sabe, habría que estar dentro de sus cabezas. Cuesta poco destruir una vida, diría Muñoz Molina.
Pero, seguramente, no deben tener ni una vida plena ni demasiada felicidad; encontrar tiempo para meterse con los demás debe ser muy cansado, debe absorber mucha energía.
Pueblo chico, infierno grande, dice el refrán. Cámbiese la palabra "pueblo" por lo que se quiera y posiblemente se dé en el clavo.
La pena es que esta mala gente de la que hablo y en la que pienso mientras escribo, con nombre y apellidos, más de uno y de dos, y de tres, en muchas ocasiones consigue lo que quiere. O eso creen ellos.
El karma es ubicuo, todo lo ve, todo lo sabe. Solo es cuestión de tener paciencia.
Fdo., Edmundo Dantés.
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