Vamos por la vía del adelanto electoral, todos cogidos de la mano hacia el 29-N como si entonáramos una canción kumbayá todos juntos pero cada uno por su lado, que solo puede desembocar en un canto absolutamente desafinado.
Con tanta reunión para unirse o un quítate tú pa'ponerme yo acabamos dándonos cuenta de una verdad que va intrínsecamente unida a nuestra condición de españoles -cuánta razón tuvieron Lorca y Machado-, aquí hay una derecha y muchas izquierdas, y así nos va. ¿Releemos el papel que tuvieron las mil y una formaciones de izquierdas, en el 36, antes de la asonada de Franco?
Ni ante un momento crucial en la Historia de España la izquierda puede ponerse de acuerdo (asombrado me he quedado esta mañana leyendo lo que parece ser un pacto entre los muchos partidos para ir juntos al Senado), mientras la derecha, incluso yendo cada uno por su lado, lo hacen claramente por sendas paralelas que, como todo el mundo sabe, se cortan en el infinito, que en este caso sería el Gobierno.
Malos tiempos para la lírica sí, pero también para todo(s) lo(s) demás.
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