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domingo, 26 de julio de 2026

CRISIS


Durante muchos años y antes del COVID, la palabra que aparecía hasta en la sopa era "crisis", era la muletilla en cualquier conversación, de cualquier tema. La crisis lo explicaba todo, lo justificaba todo, era la panacea, el eslabón perdido. En mi profesión, la arquitectura, la crisis respondía a todas las preguntas -¡se había descubierto el sentido de la vida!-: el porqué de la tardanza en la concesión de una licencia de obra, la subida del aluminio, lo cara que estaba construir y hasta el encarecimiento de los honorarios profesionales. Hoy no hablamos de crisis, la guerra ha aportado a la Historia otra nueva respuesta a todo y se contesta todo con un "es por la guerra". Crisis, guerra, da igual, todo está ya inventado y todo vale para que la rueda siga girando con los mismos radios, que somos nosotros. Los precios suben y ya no vuelven a bajar, los megarricos lo son más cada vez y la clase media va desapareciendo engrosando el resto.


Con los años cada vez entiendo menos cómo la gran masa de asalariados, autónomos o no, con sueldos ridículos, nadando en estos mares de crisis o de guerras, puede dar crédito a estas políticas populistas de recortes que no hacen sino alimentar un imaginario de escenarios imposibles, que perpetúan el statu quo de siempre. Parece mentira que no tengamos los ojos abiertos de espanto al darnos cuenta de que la 3ª Ley de Newton se cumple siempre, acción y reacción. Podrán echarse la culpa unos a otros, llamarse majaderos, aprovechar la leña del árbol caído, pero si recortas los presupuestos de acciones contra el cambio climático el resultado es obvio, casi automático. Si reduces los cuerpos de bomberos, no ayudas a que la ganadería "limpie" los campos, inviertes dinero en prevención y niegas el cambio climático, ¿qué reacción quieres que se produzca?
El día que los políticos tengan responsabilidades civiles por sus actos otro gallo nos cantará.

miércoles, 1 de julio de 2026

¿QUÉ HA SIDO DEL PRIMO DE RAJOY?


Otra posible ola de calor
Clemente Álvarez, 01.07.2026
El País | Clima y medio ambiente <elpais@newsletter.elpais.com>

Vuelven las temperaturas extremas a España. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha advertido del posible comienzo de una nueva ola de calor a partir del fin de semana. Se espera que los termómetros sobrepasen los 40 a 42 grados Celsius en los valles del Tajo, Guadiana y el Guadalquivir.

Este junio se han contabilizado más de un millar de fallecimientos en España atribuibles a las altas temperaturas ―663 de las cuales se concentraron en la semana de la ola de calor―, según la estimación provisional del sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III. Esto lo convierte en el mes de junio con más muertes vinculadas al calor desde que hay registros, que comenzaron en 2015. En estos 11 años, la media es de 330 fallecimientos cada junio (en general por el agravamiento de otras patologías).


No es el calor de siempre, es el cambio climático: la ola que achicharra Europa habría sido imposible hace solo 50 años
Un estudio apunta al calentamiento global como responsable de las altas temperaturas registradas en este evento extremo.
Manuel Planelles, 26.06.2026

La temprana ola de calor que está achicharrando buena parte de la Europa occidental, incluida la península Ibérica y Baleares hasta este jueves, habría sido “prácticamente imposible” hace solo 50 años. Es la conclusión principal de un estudio del World Weather Attribution (WWA), un grupo de científicos especializado en elaborar informes de atribución al cambio climático de eventos meteorológicos extremos.

En esta ocasión han centrado su atención en esta extraordinaria ola, que se espera que siga disparando los termómetros durante varios días más en parte del continente. La relación entre el aumento de este tipo de eventos de calor extremo en el mundo, tanto en frecuencia como en intensidad, y el cambio climático causado por el ser humano está bien documentada en decenas de estudios. Lo que han hecho ahora los investigadores del WWA, encabezados por Theodore Keeping, del Centro de Política Medioambiental del Imperial College de Londres, es cuantificar qué efecto ha tenido el calentamiento global en este episodio concreto, que ha dejado un reguero de récords de temperaturas por Europa.

Un grupo de jóvenes se refresca en el río Sena en París el 19 de junio. Edgar Sapiña (EFE)

Estos científicos concluyen que hace solo medio siglo, en 1976, una ola de esta intensidad habría sido “prácticamente imposible de alcanzar en junio, y también muy improbable en cualquier época del año”. “Una ola de calor similar en junio habría sido aproximadamente 3,5 grados Celsius más fresca durante el día en 1976″, detalla el informe. “Las temperaturas nocturnas habrían sido aproximadamente 2,4 grados más frías″, añaden.

Los autores han hecho el mismo ejercicio con el año 2003, cuando se vivió la primera gran ola de calor de este siglo en Europa. Y concluyen que, de haberse producido hace 23 años, las temperaturas diurnas habrían sido 2 grados menores y las nocturnas 1,3.

“Este evento no hubiera sido posible en junio sin el cambio climático”, remacha Keeping. El estudio, además, descarta que el fenómeno de El Niño, que acaba de comenzar, haya influido algo en este episodio.

Keeping explica que junio en muchas zonas de Europa occidental es el mes que se “está calentando más rápido”. Esto se traduce en un adelanto de las olas de calor, como demuestran los datos de España, por ejemplo.


Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), entre 1975 y 2000 tan solo hubo dos olas en junio en la España peninsular; entre 2000 y 2025, hubo 10, cinco veces más.

“La salvaje ola de calor de Europa tiene las huellas de la crisis climática por todas partes”, ha señalado a través de un comunicado el responsable del área de cambio climático de la ONU, Simon Stiell, quien ha recordado la necesidad de que la economía mundial se aleje de los combustibles fósiles para no seguir cebando el problema. “El cambio climático se está descontrolando debido a la adicción mundial a la quema de carbón, petróleo y gas”, ha añadido.

Por eso se necesita, ha remachado Stiell, “un cambio más rápido hacia las renovables —que ahora son mucho más baratas que los combustibles fósiles— así como la protección de los bosques”. De lo contrario, aumentarán los impactos de este tipo de eventos extremos.

Las olas de calor tienen un impacto directo sobre la salud, especialmente, entre los sectores de población más vulnerables, como las personas mayores. Hans Henri P. Kluge, director regional en Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recordaba hace una semana que “las olas de calor” se han convertido “en una crisis recurrente que causa sufrimiento, se cobra vidas y colapsa nuestros sistemas e infraestructuras sanitarias”. Solo en los últimos cuatro años el calor se ha cobrado más de 200.000 vidas en Europa, recordó este directivo de la OMS. Pero estos fallecimientos son solo “la punta del iceberg, ya que millones de personas más se ven afectadas física y mentalmente”.

miércoles, 6 de mayo de 2026

LA COMPASIÓN


Sandra Baquedano, filósofa ambiental: “Sería maravilloso que la compasión estuviese más presente en nuestras relaciones con otros seres”
La académica de la Universidad de Chile discute los temas presentes en su libro ‘La naturaleza encasillada. Una revisión de hábitos mentales para una ética de la sobrevivencia’.
Pablo Marín, 04.05.2026

Varias estaciones tiene la vía que lleva hasta La naturaleza encasillada. Una revisión de hábitos mentales para una ética de la sobrevivencia (FCE, 2025), libro ensayístico de Sandra Baquedano Jer (Valparaíso, 46 años), profesora titular del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile. Y acaso la primera de ellas es la cuenca del río Bíobío, en la región del mismo nombre, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago. Hasta allá llegó a mediados de los 90 la futura académica y ensayista, por entonces estudiante de secundaria movilizada en oposición a los proyectos hidroeléctricos que habían empezado a desarrollarse ahí.

“Me tocó vivir de cerca la construcción de las centrales hidroeléctricas”, cuenta, instalada en su oficina del quinto piso de la Facultad de Filosofía y Humanidades, a su vez inserta en el campus Juan Gómez Millas, comuna de Ñuñoa, al oriente de Santiago. Y agrega: “Me enteré de lo que estaba pasando en ese tiempo y pude conocer de cerca la realidad de los pehuenches [pueblo montañés integrado a la etnia mapuche], el desplazamiento que hubo en estas comunidades”.

Estaciones bien posteriores fueron la Universidad de Leipzig, donde se doctoró con una tesis sobre el concepto de nada en el sistema metafísico de Arthur Schopenhauer, así como expediciones en la idea de compasión, en la eco-ética, la naturaleza del suicidio y la filosofía ambiental contemporánea. En esta última línea ha echado manos a términos que irrumpieron con fuerza en ciertos medios culturales y académicos, como Antropoceno (época geológica caracterizada por el impacto y el dominio de las actividades humanas sobre el planeta), especismo (la discriminación basada en la especie) y ecocidio, entendido como un proceso masivo de extinción de especies generado por el ser humano. Y si esto último puede devolverse contra quienes lo generan, habla de ecosuicidio (así como de una ecosuicidología).

“Agente ecocida de fuerza global”, escribe la autora en el sexto capítulo, “el ser humano, mediante hábitos mentales y conductas concretas, está perpetrando un evento de gran extinción masiva de especies, convirtiéndose no solo en un poderoso agente capaz de hacer transformaciones a escala geológica, sino en uno que puede exterminarse a sí mismo en sus actos”.

Defensora de un ethos femenino proclive al cuidado y la conservación de la naturaleza, la académica pasa revista en su obra a los distintos modos humanos de apropiarse del entorno, de medirlo y usarlo para la satisfacción de sus propios fines y de entenderlo como algo que está a su disposición, como si no hubiese en ello otros propósitos o posibilidades: en la modernidad, afirma, “la tradición occidental eleva a nivel de sabiduría filosófica el tener una visión más bien instrumental y funcional de la naturaleza”.

¿Cómo llega a plantearse las cosas en estos términos? Entre la serenidad y la convicción, cuenta que en su caso se dio un interés en fenómenos como el del “sufrimiento en el mundo”: “Me pareció interesante indagar en el hecho de que no solo es algo que puede sentir el ser humano, sino que posiblemente es extensible a otras especies. Ahí comencé a investigar en el especismo, la ética animal, la ética ambiental, o sea, no solo enfocada en las relaciones entre los seres humanos”. Y tal acercamiento, aclara, “no necesariamente se da a través de obras de filosofía, sino de los problemas mismos de la vida, de un acercamiento más bien intuitivo, directo”.

Ya instalada en su discurso la sintiencia (la condición de los seres, humanos o no, capaces de sentir), suma Baquedano la cuestión “bellísima” y “muy profunda” de la compasión, entendida como un sentimiento “muy distinto a la lástima”, que “tiene que ver con una incomodidad personal por el dolor o el sufrimiento del otro”. Su idea es entender el compadecimiento como un “olvidarse de uno y dejarse llevar por el padecimiento del otro”.

Así las cosas, “puede haber también una compasión extensiva: un estado más profundo de la conciencia en que uno se identifica con el sufrimiento del otro. Estoy pensando en una apertura al misterio del padecimiento en las especies no humanas; en una disposición que procura la compasión activa, o sea, que lleva a emprender acciones con la intención de menguar el dolor del otro. Es un rasgo muy positivo del ser humano, y sería maravilloso que estuviera más presente en las relaciones que establecemos con los otros seres”.

Por así decirlo, no todo se trata de nosotros, los seres humanos, por lo cual no deberíamos ser el centro de todas las cosas, incluso cuando nos hemos atribuido el ser creados “a imagen y semejanza” de una entidad divina (por ahí transita el teonarcisismo del que se habla en La naturaleza encasillada). Se ha escuchado mil veces, pero cabe insistir, parece pensar la ensayista, quien cuestiona así la antigua máxima de Protágoras: el hombre (el individuo humano) “es la medida de todas las cosas”.

Naturalmente, hay más vías para entrarle al asunto. “Estoy pensando, por ejemplo, en el debilitamiento de la creencia de que el ser humano es el centro exclusivo de la experiencia estética, o en la apertura a la sensibilidad no instrumental de la naturaleza en un sentido desinteresado, o en ver el entorno como un coagente de la experiencia estética. Todas estas son salidas que pueden ayudar a remover nuestro antropocentrismo”.

Concede Baquedano, dicho lo anterior, que hay un antropocentrismo epistémico: que “no podemos salir de la percepción del mundo derivada de nosotros. Somos seres humanos, y entonces miramos con los ojos de un ser humano. Pero es distinto cuando se eleva ese antropocentrismo a un nivel moral. Ahí, empezamos a organizarnos de manera funcional, a pensar que el resto de las especies han sido creadas para que nos sirvan, o simplemente a usarlas como meros medios, sin considerar que son fines en sí mismos, que tienen un valor intrínseco más allá del que yo pueda otorgarles”.

Esto último se topa con un tema que en 2022 trascendió la discusión académica y se instaló en medio de la campaña del plebiscito por una nueva Constitución: los derechos de la naturaleza. A su juicio, este ítem “fue objeto de una discusión que se politizó, pero creo que debiera ser un objetivo transversal y, en lo colectivo, un desafío-país: promover y tener relaciones menos lesivas con el resto de los seres vivos”.

En lo que toca a cada uno de nosotros, el señalado desafío pasa por “conocer los propios hábitos mentales para luego poder distanciarnos de ellos, poco a poco, así como de las formas de discriminación basadas en la especie o en el antropocentrismo elevado a una máxima ética”. No puede ser, cree Baquedano, “que la protección de los animales o de nuestros bosques dependa del Gobierno de turno: no somos individualidades aisladas del resto, sino que llegamos a ser en nuestra relación afectiva con otros seres vivos. Con ellos conformamos de manera colectiva ecosistemas, compartimos hábitats donde nos vamos desenvolviendo”.

Por lo tanto, “los móviles enfocados en el cuidado de un solo individuo, miembro de una especie en particular, y que avalan distintas formas de discriminación a otros seres vivos, van afectando el ecosistema entero. Nosotros compartimos la biósfera con el resto de las especies, e incluirlos a ellos en la esfera ética mejoraría no solamente nuestra relación con ellos, sino también la propia relación que vamos a tener con el resto de las personas”.

domingo, 7 de diciembre de 2025

I♥MALTA

 

Encuentro esta foto buscando material para el blog, justo la misma (bajando a la izquierda) donde nos quedamos este otoño en nuestro viaje a La Valetta.

lunes, 24 de noviembre de 2025

A ESTA SEÑORA NO LE IMPORTA NADA

Si es capaz de llamar hijo de puta al Presidente del Gobierno (Presidente electo, no lo olvidemos), tener un jefe deloquesea que miente en el Supremo, de dar medallas institucionales a mandatarios extranjeros saltándose el Ministerio de AAEE, etc., etc., y no le pasa nada, ¿qué le va a importar el medio ambiente? Pues eso, nada de nada.

Luz Casal, *No me importa nada.

El Ayuntamiento de Madrid ilumina por sorpresa el cauce del Manzanares a pesar de la oposición de vecinos y ecologistas
El sábado se han podido encender las luces del río porque una jueza ha denegado las medidas cautelares solicitadas por varias asociaciones y que pusieron pausa al proyecto la pasada Navidad.
Daniela Gutiérrez, 24.11.2025
https://elpais.com/espana/madrid/2025-11-24/el-ayuntamiento-de-madrid-ilumina-por-sorpresa-el-cauce-del-manzanares-a-pesar-de-la-oposicion-de-vecinos-y-ecologistas.html

El pasado sábado, a la par que el encendido de las luces de Navidad, el cauce del Río Manzanares se ha iluminado de color “azul PP”. A diferencia de la promoción que le dio el Ayuntamiento de Madrid a sus 13 millones de bombillas o a sus instalaciones lumínicas gigantes para celebrar esta época del año, las luces del Manzanares se prendieron sin avisar, tomando por sorpresa a vecinos y ecologistas que llevan más de un año pidiendo que esto no suceda. “Lo han hecho así a posta, porque saben que si nos enterábamos hubiésemos montado algo y le hubiésemos estropeado la foto”, dice Susana de la Higuera, presidenta de la Asociación Vecinal Pasillo Verde-Imperial.

El verano de 2024 el Ayuntamiento ya había instalado las luces con el objetivo de encenderlas durante la pasada Navidad, pero la asociación vecinal y Ecologistas en Acción presentaron un recurso contencioso-administrativo frente a los Juzgados para impedirlo. Poco después también solicitaron medidas cautelares, con el objetivo de frenar toda actuación y así “evitar el daño a la biodiversidad del río hasta que no haya sentencia firme”. Tanto vecinos como expertos denunciaron el daño que esta contaminación lumínica produciría a la fauna que habita el río, principalmente a las aves, y presentaron cuatro informes periciales a la jueza del caso para justificarlo.

Cuando llegó el pasado noviembre, mes en el que se encienden las luces cada año, el Manzanares se mantuvo apagado porque las cautelares aún no se había resuelto. Pero en julio de este año la jueza respondió finalmente con la denegación. “Mientras no se resolvieron las cautelares estábamos tranquilos porque significaba que las luces no se podían prender, pero este año sí que han podido”, comenta De la Higuera. Aunque el recurso contencioso-administrativo se mantiene en curso, el ayuntamiento ha dado vía libre para cumplir su promesa ―que nadie solicitó, según la vecina― de iluminar las aguas del río.

El consistorio no informó sino hasta este domingo, con una nota de prensa, que finalmente se habían encendido las luces del Manzanares. Son 61 proyectores con bombillas led instalados a lo largo de 560 metros del cauce, específicamente en la presa número seis, entre el puente Oblicuo y la pasarela de Andorra, y funcionan de forma remota para cambiar la intensidad y los colores de los focos. La iluminación se activará entre viernes y domingo de 18.30 a 22.00, pero un detalle que ha llamado la atención de los vecinos y ecologistas es que el anuncio aclara que a partir del próximo 30 de enero los horarios se modificarán en función de la luz solar, lo que significa que las luces han llegado no solo para la Navidad, sino para todo el año.


“Nos preocupa también que dicen que es un proyecto piloto, así que esto puede que se extienda por todo el río o por otras partes de la ciudad”, se queja Lola Méndez, miembro tanto de Ecologistas en Acción como de Pasillo Verde-Imperial y vecina de la zona. Ella, como el resto de habitantes de Madrid Río no lo dudan, están seguros de que esto va a extender.

Méndez asegura que en estos momentos no se puede valorar el daño que harán estas luces “de discoteca” en la fauna y la flora, sino que será en la primavera, cuando llegue la época de migración, el momento en el que se verá si las aves logran criar a sus polluelos allí o tienen que migrar hacia otro sitio. Para ella está claro que el ayuntamiento sabe que las luces son perjudiciales porque en su nota de prensa hablan de que la instalación “se ha desarrollado mediante soluciones que minimizan la contaminación lumínica” y que los focos “están situados en un cajetero del río, limitando las emisiones luminosas hacia el cielo”.

Una de las justificaciones que ha dado el Gobierno municipal es que las luces aumentan la seguridad de la zona. “Es una completa mentira”, dice tajantemente De la Higuera. “No hay un problema de inseguridad en esa zona, y si lo hubiera, lo lógico es que se instalen luces en la calle, no en el cauce del río”. La presidenta de la asociación vecinal añade que esta actuación está más enfocada en el turismo que en los vecinos ―que hasta el momento no se han quejado porque las luces les afecten directamente―, porque este es un proyecto absolutamente “innecesario”.