Mozart, "Il curioso indiscreto". *Vorrei spiegarvi, oh Dio!
lunes, 14 de septiembre de 2026
SAYONARA, BABY
Si nuestros padres pertenecieron a la generación del cine clásico, de las estrellas como Kirduglas -padre de Maiqueldaglas-, nosotros hemos crecido con el cine de acción hecho por ordenador y, antes de eso, con Terminator. Hasta Sara Connor se sorprendería si leyera lo que se publica ahora en todo el mundo sobre los avances de la IA y el miedo generalizado por estos, incluso hasta llegar a temer por nuestras vidas.
Hoy es lunes, a una semana para que empiece el otoño, acaba septiembre...
Todo es ya Inteligencia Artificial, otra cosa más para sumar al miedo colectivo en el los que mandan nos han ido sumergiendo estos últimos años. El futuro (presente) de la política, de Internet, de las máquinas, del hombre; todo está en el aire y la verdad es que da miedo pararse a pensar en ello. ¿Qué creer?, ¿todo lo que nos cuentan será verdad o se trata de la enésima cortina de humo para olvidarnos de T y todo lo que le/nos rodea?
Y si es verdad, ¿qué podemos hacer? ¿Abandonar los teléfonos inteligentes, Internet, las redes sociales, utilizar la IA?
El miedo, como las prisas, son malos compañeros de viaje, así que lo mejor, para empezar, es tranquilizarnos y luego ya veremos.
Creo que esto último suena a chiste, lo sé.
domingo, 13 de septiembre de 2026
NUEVOS DIOSES
De manera imperiosa, el ser humano necesita ahora rebelarse, con su voto, con su voz, ante las amenazas criminales de la IA.
Elvira Lindo, 13.09.2026
Cada vez que algún creador, sea escritor, pintor, cineasta, músico o qué sé yo, declara ante un público, cautivo por la admiración, que los temores que suscita la tecnología de los tecnooligarcas son idénticos a los que provocó en su momento el nacimiento de la imprenta, una estrellita del cielo, ay, pierde su luz. No lo hacen por tranquilizarnos, lo que desean es no ser tildados de vejestorios, y aunque en el fondo de su ser sepan que están diciendo una gran idiotez muy manida, prefieren soltarla a quedar como un hombre o una mujer de otro tiempo. Si se les habla de las pérdidas de trabajos, apelan a la revolución industrial, como si esto no fuera más que otra revolución industrial; si se les enfrenta a la idea de que el hombre podrá ser desterrado de contar historias, actividad esencial que lo distingue, dirán que la IA solo reproducirá las obras imitables por su mediocridad haciendo una criba que solo permitirá crear a los genios. Entiendo que quien defiende esta idea se tiene a sí mismo o a sí misma por uno de esos genios que se salvarán de la hoguera. Si se defiende el pulso del ilustrador o el buen arte del traductor, afirmarán que tanto da si es que el ojo y el oído no reparan en la diferencia. Si se les avisa de que las plataformas ya nos están vendiendo música artificial, responderán con una sonrisa que solo deberemos intranquilizarnos cuando la máquina sepa crear un Bob Dylan. Y a los demás, que les zurzan.
Esta tolerancia sarcástica con el nuevo tsunami se adorna a menudo con palabras de Sócrates, porque se entiende que el rechazo a lo novedoso viene de antiguo. El cinismo es hoy el último refugio de los que temen comprometerse. De nada ha servido que hubiera quien alertara de que la mente humana se volverá perezosa (ahí está el resultado escolar de nuestra infancia) y de que necesitamos la actividad artística aunque no sea para pasar a la historia del arte. García Lorca lo dijo mejor que nadie: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las culturales que es lo que los pueblos piden a gritos”. No estoy tan segura de que lo pidamos a gritos como de que lo necesitemos para no convertirnos en esclavos.
Escribía yo el pasado domingo sobre el revelador artículo de Timothy Garton Ash sobre las amenazas criminales de la IA. Esta semana un joven extrabajador de Anthropic ha dimitido alertando de que una acción no regulada de la IA puede acabar con la humanidad antes de 2030. Hay quien cuenta que antes los empollones de Silicon Valley se marchaban con una carta de despedida en la que agradecían la experiencia. El cuento ha cambiado, ahora afirman haber visto el lado oscuro y, asustados, se retiran a la naturaleza y a escribir poesía hasta el fin de los tiempos, atormentados por el monstruo que han contribuido a crear. De manera imperiosa, el ser humano necesita ahora rebelarse, con su voto, con su voz, desprendiéndose de todo rastro de cinismo. Ellos, los poderosos que nos han tomado como rehenes, están preparándose para el fin del mundo. “En un giro extraño del cuento del Viejo Testamento”, avisa Naomi Klein, “estos oligarcas que se han arrogado el papel de Dios, no contentos con construirse el arca, están haciendo lo imposible por provocar el diluvio”.
No, esto no es la irrupción de la imprenta, ni una revolución industrial como aquella. Antes que nada, resistámonos, no adaptemos nuestra mente a la pereza. Si has tenido un hijo, no les entregues su cabeza: pierde el tiempo contándole un cuento. Crea un lector, un soñador, contribuye a crear una sociedad donde no todo esté destinado a ser rentable. Dale medio pan, y un libro. Esa idea simple y subversiva es la que contribuyó a que Lorca fuera tan amado como odiado.
DICKENS
Siempre me ha fascinado Charles Dickens, su visión del sufrimiento humano, la injusticia social y la compasión. Aunque salvando las obvias distancias, su literatura está siempre de actualidad. La sociedad aparece como una máquina que produce sufrimiento, especialmente para quienes tienen menos capacidad para defenderse: niños, pobres, huérfanos, deudores, trabajadores, mujeres abandonadas; las instituciones que deberían administrar justicia llegan a convertirse ellas mismas en instrumentos de injusticia.
Para Dickens, la burocracia acaba convirtiéndose en un monstruo que llega a consumir vidas enteras.
El sufrimiento de una persona concreta importa más que la abstracción social que lo explica. No nos presenta solamente "la pobreza"; nos presenta a Oliver, a Jo, a David, a Amy Dorrit... Los lectores estamos abocados a sentir compasión por ellos.
En Dickens encontramos finalmente la esperanza, entrevemos la fe en la posibilidad de reformar la sociedad, y esto es lo que lo hace tan actual.
Si bien en la literatura clásica rusa encontramos paralelismos con Dickens, éste es mucho más optimista que Tolstói, Dostoyevski o Chéjov, más oscuros y muchas veces sin reparación final.
Leí en algún momento que la compasión no es sentimentalismo sino una forma de conocimiento.
Baste recordar, para seguir enamorados de Dickens, el comienzo de "Historia de dos ciudades", cuya nueva adaptación para la televisión estoy empezando a ver:
«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.En el trono de Inglaterra había un rey de mandíbula muy desarrollada y una reina de cara corriente; en el trono de Francia había un rey también de gran quijada y una reina de hermoso rostro. En ambos países era más claro que el cristal para los señores del Estado, que las cosas, en general, estaban aseguradas para siempre. Era el año de Nuestro Señor, mil setecientos setenta y cinco. En período tan favorecido como aquél, habían sido concedidas a Inglaterra las revelaciones espirituales. Recientemente la señora Southcott había cumplido el vigésimo quinto aniversario de su aparición sublime en el mundo, que fue anunciada con la antelación debida por un guardia de corps, pronosticando que se hacían preparativos para tragarse a Londres y a Westminster.»
VOX VOTA NO, EL PP SE ABSTIENE
El Congreso ha aprobado este jueves por mayoría absoluta la reforma del Código Penal que penaliza las llamadas 'terapias de conversión' dirigidas a eliminar o negar la orientación sexual, identidad sexual o expresión de género, que seguirá su tramitación en el Senado.
La iniciativa del PSOE ha superado el trámite en la Cámara Baja con 178 votos a favor, 32 en contra (Vox) y 137 abstenciones (PP), aunque Junts, Sumar, PNV, EH Bildu, Podemos y Compromis han reclamado "más ambición" para avanzar en otras medidas, como ofrecer vivienda y ayudas económicas para facilitar la denuncia de las víctimas.
La norma propone castigar "con pena de prisión de seis meses a dos años, y multa de ocho a veinticuatro meses, al que aplique o practique sobre una persona, aun con su consentimiento o el de su representante legal, actos, métodos, programas, técnicas o procedimientos de aversión o conversión".
rtvnoticias, 25.06.2026
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