jueves, 30 de abril de 2026

AMENAZA EXISTENCIAL

Si uno tiene la desgracia de tener cerca a un narcisista lo tiene todo, todo lo malo; es una gran desgracia si no ha conseguido quitárselo de encima, sacudírselo, borrarlo y cualquier otra fórmula que se quiera (o se pueda, más bien). El narcisista es mala persona, punto.
Mi amiga E, médica de urgencias, me cuenta que la medicina diferencia las enfermedades mentales de las que no lo son: los que las padeces son enfermos, los demás son malas personas: egoístas compulsivos, celosos patológicos, narcisistas de catálogo... todos tóxicos como el que más.
Los narcisistas consiguen tal grado de manipulación que envenenan hasta el aire que los rodea porque ellos llevan el antídoto en su sangre; para ellos el núcleo de su personalidad es la estructura defensiva, su responsabilidad personal es percibida como una amenaza existencial.
Para escapar de estas personas ayuda conocer su psique, y digo conocer porque entender sería imposible. Mi propia experiencia me dice que acaban "ganando", es decir envenenando todo y a todos y quedándose solos. Sueltan por sus bocas tal cantidad de improperios y maldades que perdonarlos nunca es la solución, sólo alejarlos; y si uno tiene suerte que no le afecte, como diría Keanu Reeves, magnífico. 

Leo que interactuar con alguien que opera bajo esta dinámica puede ser agotador y dañar seriamente la salud mental. La psicología sugiere que, ante estos perfiles, la mejor defensa no es intentar convencerlos de que están mal (algo que rara vez funciona), sino establecer límites firmes o aplicar la técnica de la "Piedra Gris" (volverse lo más aburrido y poco reactivo posible para que pierdan el interés en manipularte). En mi caso, mi defensa ha sido quemar los puentes.
Interesante también la descripción que la psicología hace del escenario clásico de los "monos voladores" (término psicológico para los aliados que el narcisista recluta) y la difamación sistémica.

Tres puntos logrados que refuerzan el paso siguiente.
Acepto la "Disonancia Cognitiva", me retiro de manera digna (contacto cero) y cierro protegiendo mi narrativa. 

POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS

El derecho a tener derechos
Jaime Rubio Hankock, 29.04.2026

Buenas:

‌El truco tiene siglos de historia: los cristianos provocaron el incendio de Roma; los judíos envenenaban los pozos y causaban epidemias en Europa; los burgueses e intelectuales eran los enemigos del pueblo en la China de Mao; los tutsis eran los causantes de todos los males de Ruanda antes del genocidio de 1994… A todos se les culpó de crisis que no habían creado.

‌El chivo expiatorio de Occidente en la actualidad son los inmigrantes, a quienes se responsabiliza de todos los males de la sociedad. Los problemas complejos (vivienda, seguridad, paro) tienen una solución única, sencilla, simplona y, también, falsa: expulsar a los que han venido de fuera.


De ahí viene la discriminación por origen que intenta imponer Vox en España, lo que el partido llama “prioridad nacional”. Por suerte, es anticonstitucional e ilegal, y de momento en Aragón y Extremadura el intento se ha quedado en dar más facilidades en el acceso a algunas ayudas a quienes lleven unos años empadronados en la comunidad autónoma. A efectos prácticos eso discrimina a algunos extranjeros (no a todos) y a los españoles que acaban de llegar (o regresar) de otras comunidades. Pero el objetivo de Vox no se le escapa a nadie: cambiar la ley e ignorar la Constitución para imponer una ciudadanía de primera, la de los españoles (y no todos), y una ciudadanía de segunda, la de los extranjeros y descendientes de extranjeros (sobre todo si vienen de los países equivocados y tienen un tono de piel más oscuro).

De chivos expiatorios sabía mucho la filósofa Hannah Arendt, que tuvo que huir de la Alemania nazi. En Los orígenes del totalitarismo, publicado tras la Segunda Guerra Mundial, Arendt explica cómo la dictadura de Hitler impuso una deshumanización burocrática a los judíos: el nazismo les fue despojando de derechos gradualmente y fue creando un grupo de parias a los que se podía culpar de cualquier problema en cualquier momento. Este aislamiento hizo más fácil que el resto de ciudadanos los deshumanizara y que el régimen no se encontrara con apenas trabas al pasar de los guetos a los campos de trabajo y luego de exterminio.

Arendt también habla en su libro de los apátridas y refugiados que huyeron de Alemania y de otros países ocupados durante la guerra, como ella misma. Recuerda que, sobre el papel, todos tenemos derechos humanos que supuestamente ningún tirano nos puede arrebatar, pero estos expulsados se encontraban con que ningún Estado, ninguna comunidad política, se los garantizaba, por lo que esos derechos quedaban en meras palabras. Algo similar ha pasado recientemente con las detenciones y expulsiones sin respeto a las garantías judiciales en Estados Unidos durante el último año. Y si la prioridad nacional sale adelante, estaremos en una situación comparable: cientos de miles de personas verán arrebatados sus derechos solo por su país de origen, incluso aunque su situación en España sea legal.

Por eso Arendt defiende el “derecho a tener derechos”. No es que los inmigrantes tengan que ganarse o que merecer ciertos derechos, es que ya los tienen. El deber del Estado solo es garantizarlos, no concederlos.


Me explico: no tenemos derecho (por ejemplo) a ayudas al alquiler. Por desgracia (o por ineptitud), hay más demanda que oferta, por lo que hemos de acordar un criterio para decidir quién accede a ellas y quién queda fuera. El derecho a tener derechos quiere decir que podemos pedir estas ayudas sin que se nos discrimine de entrada por razón de origen (o por motivos similares), aunque luego se nos descarte porque hay gente que las pueda necesitar más. Quizás no tenemos derecho a esas ayudas concretas al alquiler, pero, y esto es lo importante, tenemos derecho a tener derecho a esas ayudas. Si no tenemos derecho a tener derechos, el sistema entero se convierte en arbitrario. Cualquiera de nosotros podríamos perder derechos por otros motivos, como ser mujer o haber militado en algunos partidos políticos.‌

La deshumanización burocrática que critica Arendt niega que los marginados, los grupos convertidos en parias, sean iguales ante la ley. Y en eso consiste (o quiere consistir) la “prioridad nacional”, en negar la igualdad a los grupos que no gustan a Vox. El primer objetivo es dificultar o impedir el acceso a ayudas a los residentes y luego se irá, como ya ha avisado la formación en otras ocasiones, a por quienes tienen la nacionalidad, pero que Vox no considera españoles de verdad, como los hijos de extranjeros. Y se buscará la forma de que esto solo afecte a los Mohammed Aziz y no a los Hermann Tertsch.‌

Para evitarlo, hemos de pasar de la deshumanización burocrática al liberalismo burocrático: todos somos iguales ante el papeleo. Tú eres español si tienes la nacionalidad española o residente si tienes el permiso de residencia. No hay gente más española que otra y todos los españoles son “de verdad”, sin que haya españoles "de mentira". Lo que uno sienta no pinta nada a la hora de pagar impuestos y menos aún lo que uno sienta hacia los demás.

Por supuesto, para este liberalismo burocrático hace falta un papeleo más humano y más accesible. En La utopía de las normas, el sociólogo David Graeber recuerda cómo la burocracia no es neutral, sino que también reproduce estructuras de poder. De hecho, uno de los problemas de las ayudas no es solo que haya pocas, sino que la gente que más las necesita a menudo no sabe que existen o cómo acceder a ellas.

Y también por supuesto, es difícil establecer criterios justos y objetivos para todos los trámites y servicios públicos. Pero conviene recordar para qué sirve el Estado de bienestar: para asegurar la igualdad de oportunidades y proporcionar una red de seguridad que nos permita no solo prosperar de modo individual, sino colaborar en la construcción de una sociedad común, como defendía Arendt. Una idea útil a la hora de pensar en estos criterios es la del velo de la ignorancia del filósofo estadounidense John Rawls: los criterios de una sociedad justa se deciden sin saber qué posición ocuparemos en ella. Según Rawls, en este escenario todos nos imaginaremos a nosotros mismos en la situación más desfavorable, por lo que optaremos por una sociedad que nos proteja: querremos un país en el que no se nos castigue por ser pobres o por haber nacido en el lado equivocado de la frontera. Querremos una sociedad justa y no un país de castas.‌

Todo esto es aún más básico que las leyes de extranjería: se trata de cómo debemos tratar a gente que ya vive aquí, que está construyendo el país con nosotros y que tiene no solo derechos, sino derecho a tener derechos. Mucha gente habla hoy en día de cómo la inmigración es, supuestamente, un peligro para la identidad y los valores occidentales. Pero si queremos defender estos valores, entre los que se incluye el respeto a los derechos humanos, no podemos renunciar a ellos. Y si queremos que los demás aprecien la importancia de estos valores y los adopten como propios, hemos de empezar dando ejemplo. No podemos exigir a nadie que respete los mismos principios que nosotros traicionamos.

POR LOS CAMINOS DE GRECIA Y EGIPTO


Un viaje de seis años y 40 idiomas: el fenómeno Irene Vallejo encuentra su colofón global en el mundo árabe
La escritora aragonesa culmina su gira internacional por ‘El infinito en un junco’ en El Cairo y en Alejandría, donde comienza su exitosa obra de amor a la lectura.
Marc Español, 28.04.2026

Cuando la escritora y filóloga aragonesa Irene Vallejo (Zaragoza, 47 años) echó a cabalgar por los caminos de Grecia a misteriosos grupos de hombres en busca de libros para la Biblioteca de Alejandría en las primeras líneas de El infinito en un junco, poco imaginaba que unos años después ella misma presentaría su obra en la moderna heredera de aquel mítico enclave de la Antigüedad clásica. “Para mí es la culminación de más de seis años de ruta literaria por el mundo”, desliza, “y tengo la sensación de cerrar un hermoso círculo allí donde todo empezó”.

Desde su publicación en 2019, El infinito en un junco, una obra entre la ficción y el ensayo sobre la historia de los libros y la lucha por su preservación, ha sido traducido a más de 40 idiomas. Uno de los últimos a sumarse a la lista ha sido el árabe, cuya edición ha llevado a Vallejo a cruzar el Mediterráneo para presentar la obra la semana pasada en Alejandría y en El Cairo, la tierra de los Ptolomeos y los juncos de papiro que hunden sus raíces en las aguas del Nilo.

Antes de El infinito en un junco, ninguno de sus libros había sido traducido ni publicado por una editorial de ámbito nacional, por lo que Vallejo admite que lo escribió “sin ambiciones, ni aspiraciones, ni esperanzas”, porque creía que iba “totalmente a contracorriente”. “Por todo lo que ha sucedido después, a veces me parece como si hubiera entrado en la vida de otra persona y se la estuviera usurpando, como si fuera uno de esos ladrones de cuerpos, porque me parece mentira”, evoca en una conversación en los jardines del hotel Marriott en El Cairo.

La edición en árabe, uno de los últimos grandes idiomas al que no se había traducido su libro, sirve de colofón al viaje de la obra y confirma su dimensión global. “Ha sido emocionante, sobre todo lo sorprendente que resulta que la experiencia de leer sea en esencia tan parecida en culturas tan distintas, y que se puedan identificar con mi propia experiencia, y todo lo que yo he analizado en el libro, en lugares geográficamente tan distantes”, expresa la escritora.

El infinito en un junco comienza con el sueño megalómano de un faraón egipcio que despacha a sus agentes por todo el mundo para construir una colección que reúna todos los libros de todos los autores allá por el siglo III antes de Cristo, quizás la última vez en la que tal apetito podría haberse saciado. Aunque aquella biblioteca quedó sepultada por la historia, Alejandría cuenta hoy con una extraordinaria heredera que aspira a recuperar el espíritu de la original.


“Para mí, en este viaje, era muy importante poder celebrar un encuentro en la Biblioteca de Alejandría”, reconoce Vallejo. “Para la niña que desde pequeña soñaba con aquella Biblioteca de Alejandría perdida, imposible, es algo casi sobrenatural poder celebrar una charla, un encuentro, para hablar de un libro en la nueva; es como transportarte, de alguna manera, a un lugar perdido”, comenta. “Alejandría guarda muchos secretos”, apostilla.

Para Vallejo, la traducción del libro al árabe empezó por sorpresa hace cinco años, cuando el egipcio Mark Gamal, que se ha encargado de la edición, se le acercó tras un acto público en Madrid para confesarle que ya estaba trabajando en ella. “Muchas veces, estos traductores son como una especie de avanzadilla de nuestra literatura”, reivindica Vallejo, “porque están atentos, leen, se informan, siguen la actualidad en nuestro país, y, cuando un libro les llama la atención por algún motivo, lo leen y son quienes defienden la causa”.

La escritora señala que la traducción de El infinito en un junco suele representar un reto sobre todo por sus recurrentes citas y referencias clásicas, pero, en los idiomas que no conoce, confía en los traductores. “Yo reflexiono sobre esta operación extraña que es leer un texto, quitarle el manto del lenguaje y dejarlo en una especie de estado flotante para llevártelo a tu propia lengua”, observa. “Es como ser dos personas al mismo tiempo”, alude, “cada una en un idioma y estar moviéndose entre estas dos dimensiones y transitando entre ellas”.

En los últimos años, Vallejo ha viajado por todo el mundo a lomos de El infinito en un junco. El libro se centra sobre todo en el cruce entre Europa, Asia y África, “el territorio donde nacieron las culturas de Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma”, pero la autora señala que en lugares muy distantes, como “Australia, Japón o Corea, no lo han sentido extraño”. “Dentro de este mundo tan fragmentado y tan nacionalista, de repente reconocer que todos los que leemos lo hacemos de manera casi igual para mí ha sido todo un descubrimiento”, confiesa.

Por el camino, Vallejo también se ha convertido en una ferviente defensora de la fuerza de la lectura. “El público de las conversaciones, de las firmas, sorprendentemente se reconoce en ese acto de leer y un poco en las fobias, en las manías, en las excentricidades que tenemos los lectores”, constata. “Así que para mí ha sido la demostración de que realmente leer es uno de los actos probablemente más cosmopolitas que existen porque es esencialmente el mismo en todas las culturas”, apunta, “es una actividad en la que nos reconocemos completamente”.

Desde grandes ciudades como El Cairo, Nueva York y París hasta pequeños enclaves en Perú o Colombia, Vallejo pone en valor la vocación de aquellas personas con las que se ha cruzado que promueven la lectura y la escritura, sobre todo en contextos complejos y violentos. “Casi diría que me emociona más la idea de lo pequeño, esos centros y núcleos donde todo converge en torno a una esperanza de que aún los libros pueden transformar el destino de las personas”, subraya. “Esto que suena muy idealista dicho por nosotros, allí es la realidad”, observa.

Aunque la idea inicial de la escritora era aprovechar la carga simbólica de culminar su gira de El infinito en un junco en Egipto y en la semana del Día del Libro, para la que ha contado con el apoyo de la Embajada española en el país, Vallejo tendrá un nuevo último baile en la Feria Internacional del Libro que se celebrará en mayo en Rabat, Marruecos. “Habíamos pensado que este fuera el último viaje por el simbolismo de cerrar en Alejandría”, asegura, “pero nos ha parecido importante para las ediciones árabes estar también en Rabat”.

LOS DIBUJOS LO DICEN TODO

Uno de los dibujos que la niña, ahora de siete años, ha hecho sobre las tres personas que trabajaban en ese centro.

Una madre que ha denunciado violencia sexual contra su hija en el colegio Waldorf de Zaragoza: “Contarlo puede ayudar a otras personas”
Diez familias han denunciado agresiones sexuales y físicas a menores de entre 0 y 6 años en ese centro privado. El caso está en instrucción desde septiembre y la investigación a cargo de la Policía Nacional.
Isabel Valdés, 30.04.2026

Llega con un clasificador azul lleno de fundas de plástico transparente y un bloc de pintura el mismo día que su hija cumple 7 años. Dentro está todo lo que ha ido guardando desde hace meses: las transcripciones de las conversaciones con ella, de los vídeos y los audios que le ha grabado mientras la niña le explicaba cosas que recordaba, dibujos que ha hecho en los que hay un hombre con sangre en la boca y al que se le distingue claramente la bragueta del pantalón que parece semiabierta, otro en el que aparece una mujer con una soga, o uno con una niña en una jaula, u otra rodeada de medicamentos y utensilios médicos. Están también todos los documentos policiales, médicos, judiciales y legales, todo lo que esta mujer de poco más de 40 años y su marido han entregado a su abogada, a la policía y al juzgado.

Esta pareja son una de las 10 familias que, desde septiembre pasado y hasta ahora, han denunciado agresiones sexuales contra sus hijos e hijas por parte de un trabajador del colegio privado Waldorf Munay de Zaragoza, un centro fuera de la red institucional, de enseñanza alternativa ―más centrada en la libertad del alumnado que en objetivos cerrados― con entre 20 y 30 menores de entre 0 y 6 años por curso desde que abrió, en 2017. Una docena de ellos, cuyos padres y madres ya han denunciado, han contado en los últimos meses a agentes policiales y distintos especialistas no solo violencia sexual, sino también física, y han hablado de momentos en los que los grababan con un móvil.

“A veces creo que todo eso no ha pasado, que es irreal”, dice la madre sentada en una cafetería de la capital aragonesa. En una conversación con este periódico, hace un relato pormenorizado de las violaciones y abusos que han denunciado los familiares de estos niños. “He escuchado muchas cosas estos meses que me ha costado semanas y semanas asimilar”, reconoce.

El caso está en el Juzgado de Instrucción número 11 de Zaragoza y la investigación a cargo de la Unidad de Familia y Menores de la Policía Nacional. El extrabajador fue detenido el 5 de septiembre y puesto en libertad provisional tras prestar declaración. Él es la pareja de una de las dos fundadoras y profesoras del centro, que son hermanas.

En octubre, ambas emitieron un comunicado en el que alegaron “sorpresa”, informaron de que habían “colaborado activamente” desde un primer momento con las autoridades, aseguraron que contaban con “protocolos de cuidado y supervisión” que iban a ser “revisados y reforzados”, y desmintieron que el colegio fuera a ser clausurado. La escuela cerró un mes después. El pasado 26 de marzo, tras meses de trabajo policial, una de esas dos profesoras fue llamada a declarar como investigada.

Pese a que una de las familias que denunció el caso pidió prisión provisional y otra alejamiento, según José María Bayod, el abogado de una de las maestras y el otro investigado, a él, el juez le retiró el pasaporte con la condición de ir cada 15 días a firmar por considerar que no existe “riesgo de fuga ni de reincidencia”. Mientras que, para la educadora, “aún no ha tomado ninguna decisión”. Además, aseguró que ambos “han abandonado su casa por acoso”.

Fuentes cercanas a la investigación, que dura ya ocho meses, explican que aún quedan muchas pruebas que practicar y testigos por declarar. La edad de los menores, y lo que narraban o lo que presentaban a través de distintos síntomas, hizo que a finales de enero se desplazara desde Madrid hasta Zaragoza un equipo de la Sección de Análisis de Conducta de la Policía Judicial ―la Guardia Civil cuenta con otra―, un grupo de especialistas en psicología criminalista que se ocupa de los casos de mayor gravedad y complejidad. Pasaron muchas horas durante varios días entrevistando a los niños y niñas y a sus familias.

El relato de “un infierno”

La madre que ofrece este relato ―a la que este periódico va a preservar tanto su identidad como la de su hija― empieza a hablar y lo hace, sin parar, durante dos horas y 38 minutos. Al por qué quiere hacerlo, contesta: “Para que no se vuelva a repetir. Creo que contarlo puede de alguna forma ayudar a otras personas. Voy a dedicar mi vida a que ella y mi otro hijo estén lo mejor posible y a intentar hablar de esto para que otros estén más seguros”. No usa en ningún momento ningún eufemismo. Sabe que lo que va a relatar “es un infierno” que quiere, y necesita, que “la sociedad entienda”.

Empieza por el principio porque, si no, dice que va saltando de una cosa a otra. El principio es el 30 de agosto de 2025, cuando una madre de otro menor de ese colegio le llamó para contarle que se habían producido episodios de violencia sexual: “Pensé que mi hija se había librado. Ella estuvo en ese colegio entre 2022 y 2023, entre los 3 y los 4 años”.

Pero también, de forma inmediata, recordó por qué solo había durado un curso en ese centro del barrio zaragozano del Arrabal: “Entró en septiembre de 2022 y en diciembre tenía ansiedad y su carácter había cambiado completamente. Ya no quería ir; me contaba que había un monstruo en el baño y que nunca iba porque le daba mucho miedo. Cuando íbamos a recogerla, lo primero que hacía al salir era hacerse pis encima”. Y ella, que sabe que hay sonidos que le molestan mucho, pensó que quizás era el ruido de tirar de la cadena o de tuberías lo que la asustaba. Ahora sabe que no.

Un dibujo sobre las emociones que la menor hizo el pasado 23 de abril. Le contó a su madre que había dibujado "lío, miedo, enfado y tristeza".

Empezaron a multiplicarse los cambios: pesadillas, se mordía las uñas, la camiseta, mordía piedras, lloraba durante horas, no hablaba. Cuenta que le preguntaron a la profesora si sabía qué estaba pasando, que les respondió que “era una niña sensible y que seguro que tenía celos porque ella iba al cole y su hermanito, que era un bebé, se quedaba con su papá y su mamá”.

Al poco de aquello, les contó “que no le gustaba cómo limpiaban a los bebés”, sin dar ningún otro detalle. Y un día, volviendo a casa, les narró una situación con otras dos compañeras en el patio; le preguntó por qué no había pedido ayuda a su profesora y le contestó que su profesora le daba miedo.

“Ahí dije: ‘Hostia, algo pasa, pero no contaba nada más”, narra mientras ojea el clasificador para comprobar que las fechas que va dando son correctas. Cuenta que empezaron incluso a no dormir de la preocupación que les provocaba saber que algo ocurría, pero no saber qué: “El día que nos dijo que si lloraban los sacaban al patio y que ya no quería volver más, la profesora nos volvió a negar todo. Decidimos que la creíamos a ella. Y la sacamos de allí. Fue en junio de 2023. Otros padres nos miraron como si estuviésemos locos. Y una vez fuera, fue volviendo a ser ella”.

“He escuchado cosas que me ha costado semanas asimilar”

Para de hablar y coge aire. Vuelve a 2025, al momento en el que esa otra madre la llamó. Ella, como el resto de familias, pensaba que el extrabajador investigado era “el cocinero, pero no alguien en contacto con los niños y las niñas”, separados en dos grupos: uno de 0 a 3 años y el otro de 3 a 6 años, a los que daban clase las dos profesoras.

Empezó entonces a intentar preguntarle cosas con cuidado. La niña, que en septiembre ya tenía 6 años, le daba respuestas sueltas que la mantenían en alerta constante: “Me dijo que a veces ya no se quería acordar, que la mente, cuando algo duele mucho, pues lo olvida. Ahí llamé a la psicóloga, porque, ¿por qué mi hija de 6 años me estaba dando la definición perfecta de trauma?”. La llevó a la especialista, que le ayudó con la gestión de los recuerdos que pudieran seguir apareciendo. Y aparecieron. Poco a poco, en casa o cuando iban en el coche, la niña fue recordando cosas que su madre intentaba siempre grabar.

Desbloquea el móvil y busca uno de esos vídeos. Se inclina sobre la mesa para explicar qué está apareciendo y enlaza, sin pausa, con muchas otras cosas que no salen en ese vídeo, pero sí en otros.

Ella —avisa antes de contarlas— sabe que son de una violencia sexual extrema: “Se fue a buscar una muñeca, y me dice: ‘Mira, me sujetaba así’, y en una hora, del tirón, me cuenta varias violaciones, de él y también de su profesora. Tú tienes que darle seguridad y no llorar y no gritar y escucharla”, confiesa. Esas son las cosas que le cuesta asimilar.

Cosas como que “les introducía objetos, que él se bajaba los pantalones en el baño porque decía que iba a hacer caca, pero que la sentaba encima de él, con el pene fuera, y frotaba, y luego la manchaba y le echaba un líquido dentro de la vagina. Me habló de jeringas, de que le decían que, si no se portaba bien, le iban a dar la medicación de dormir hasta que llegaran los papis. Que les hacían hacer pis en botecitos y en tiras de papel. Que él le daba besitos en la boca: ‘Así, mami: muack, muack’. Y que tenía una herida en el pene que había que curar, y después abrazarlo y darle besitos todos los días”.

“De la profesora, contaba también que los zarandeaba tan fuerte que los tiraba al suelo. Que les hacían fotos cuando les castigaban o les hacían daño. Les enseñaban en el móvil imágenes de cuerpos desnudos, con heridas; hacían como espectáculos de teatro que les daban miedo, y se ponían máscaras con sangre para asustarlas. Creo que de ahí los dibujos que hace de ellos, con sangre en la boca”, cuenta.

Otro de los dibujos de la niña, del pasado febrero, en el que pintó a una de las personas denunciadas en la cárcel.

Todo ese relato consta en la ampliación de la denuncia que esta madre y su pareja, el padre, hicieron el 19 de enero con lo que la niña había ido recordando en esos meses. Y la ratificaron. Solo dos días después les tocó la entrevista con la Sección de Análisis de Conducta (SAC) de la Policía Nacional. Ella estuvo tres horas y media, tres su pareja: “Y mi hija estuvo otras tres hablando sin parar con dos mujeres a las que no conocía de nada. Es un equipo de la hostia”. Una semana después, el 28 de enero, fue el turno para la cámara Gesell, en el Instituto de Medicina Legal de Aragón.

Esa cámara es una sala preparada para tomar declaración a menores o mujeres en situación de extrema vulnerabilidad, con todos los especialistas necesarios presentes para formar lo que se llama prueba preconstituida, un testimonio que sirve para el juicio sin que las víctimas tengan que volver a declarar. Y fue dura: “Desde fuera, veía cómo tenía que explicarles con su propio cuerpo lo que le habían hecho, aunque yo le había dado la muñeca para que contara sobre ella lo que tuviese que contar. Yo solo pensaba: ‘Que acabe esto ya’. Vi que no quería estar allí, que no estaba cómoda. Me sentí como el culo, la verdad”. Ambos informes, tanto el de la SAC como el del Instituto de Medicina Legal, llegarán, previsiblemente, en los próximos días.

Estos últimos ocho meses han servido, cree, “para ir aceptando y asimilando, para pasar por toda esta mierda que hay que pasar”. Todos en esa casa van a terapia y ella sabe “el privilegio” que supone poder pagarla. La niña, que ya tiene 7 años, sigue teniendo ataques de pánico y pesadillas, vomita la comida, tiene flashes y miedo recurrente a ir al baño.

¿Lo que ella querría? “Que esto jamás hubiese pasado”. ¿Lo que va a hacer? “Pase lo que pase con la investigación, con el juicio, nosotros vamos a luchar por ella hasta el final. Aunque mi única reparación va a ser que mi hija esté bien, que pueda tener una vida normal. Yo sé que no le puedo prometer que nunca más va a estar en peligro, pero sí que voy a estar con ella. Que la voy a escuchar y la voy a acompañar. Ahora, cuando tenga 15 y cuando tenga 30. Siempre”.

miércoles, 29 de abril de 2026

DOS ERAN DOS


Yo le pongo nombre a las casas donde vivo, es una estupidez como otra cualquiera y, además, no le hago0 daño a nadie. Me parece mucho más romántico que ponerle, por ejemplo, nombre al coche, tipo "voy a coger el Manolo o la Paca", que haberlos haylos. Pues sí, todos los nombres tienen alguna explicación, como "Villa Titanic", por haber quedado bajo las aguas en la inundación de Santa Cruz de Tenerife el domingo 31 de mayo de 2002, "Pin y Pon", por el tamaño de la misma, "Villa Augusta", casa que me compré para disfrute de Augusta, mi perra labrador ya fallecida, y ahora "Nueva Villa Augusta", nombre que no necesita explicación.
Si no todas han tenido jardín, una pena, sí han contado con una o varias bibliotecas, y mis amigos, que entraban y salían de ellas. La primera de ella, en "Villa Titanic", la comencé con los libros de mi infancia y aquellos que atesoré durante mi carrera de arquitectura juntos a mis álbumes de fotos de mi juventud y mis viajes; de ésta, tras las lluvias, quedó muy poco, ningún álbum y algunas novelas. 
Cuando me mudé a La Laguna, ya en "Pin y Pon", encargué a una empresa de estanterías metálicas sendas bibliotecas que finalmente se quedaron cuando la vendí, estaban hechas a medida y no tenía lógica llevármelas, además el comprador era también lector.
Ya en "Villa Augusta", una casa con jardín que hubiera hecho las delicias de Cicerón, encargué una biblioteca a medida, de madera, que ocupaba un lateral completo del salón. Ésta, colocada por módulos que juntos formaban una biblioteca en forma de "C", pudo desmontarse y pasó a conformar el centro del loft al que llamé "Nueva Villa Augusta" por razones obvias. En casa conviven ahora cuatro bibliotecas, la grande heredada de La Laguna y tres más de distintos tamaños; si muchos animales, como las vacas, tienen 4 estómagos, ¿por qué mi casa no iba a tener 4 corazones? Pues eso.
¿Y a qué viene todo este rollaz0? Tranquilos, ya llego al epílogo. He tenido dos encuentros con sendos amigos que me han hecho las preguntas del millón, y seguro que habrá alguna otra tercera a la altura.
  • ¿Y estos libros?, ¿te los has leído todos?
  • Una biblioteca, ¡si esto ya no se usa!

22 AÑOS DESPUÉS (PARA COMPENSAR)

 

¡QUÉ BONITA LA TELE!


El fiscal pide 447 años de prisión para el paparazi Gustavo González por el ‘caso Sálvame’
El ministerio público limita su acusación por revelación de secretos y no atribuye la autoría de delitos a la productora, La Fábrica de la Tele.
J.J. Gálvez, 29.04.2026
https://elpais.com/espana/2026-04-29/el-fiscal-pide-447-anos-de-prision-para-el-paparazi-gustavo-gonzalez-por-el-caso-salvame.html

El caso Sálvame entra en una nueva dimensión. La Fiscalía de Madrid ha presentado su escrito de conclusiones provisionales sobre la presunta trama de revelación de secretos urdida entre el paparazi español Gustavo González y el policía Ángel Jesús Fernández Hita, que le proporcionaba información confidencial de famosos que sacaba de las bases de datos del Cuerpo para desvelarla en el desaparecido Sálvame —emitido en Telecinco y producido por La Fábrica de la Tele—. Pese a que el magistrado instructor Marcelino Sexmero consideró que se podía atribuir delitos a varios empleados del programa de prensa rosa y a la productora, el ministerio público limita su acusación a González (para quien reclama 477 años de cárcel), al policía Fernández Hita (555 años de prisión) y a un segundo agente implicado, Iván Caveda (16 años).

Las penas exigidas resultan astronómicas para los dos principales procesados porque el fiscal Fidel Solera Guijarro atribuye 127 delitos de revelación de secretos al paparazi; y 142, a Fernández Hita —ya que hay decenas de afectados—. Sin embargo, en su propio escrito, el ministerio público recuerda que, como mucho, cumplirían el “triple del tiempo” de la mayor pena que se les imponga por cada uno de esos delitos por separado. Es decir, de triunfar la tesis de la acusación pública, Gustavo González pasaría entre rejas 15 años como máximo; y, su amigo policía, 12 años.

Pero las pretensiones de la Fiscalía no acaban ahí. Reclama que González pague una multa de más de 600.000 euros y se le inhabilite durante cinco años para el “ejercicio de la profesión de director, colaborador de agencias y medios de comunicación; paparazzi, periodista, redactor y guionista”. Por su parte, exige una sanción de 62.400 euros para Fernández Hita. Y ambos, según el escrito de acusación, deberían hacer frente a más de 400.000 euros de indemnizaciones a los famosos afectados. En esa línea, el ministerio público añade que La Fábrica de la Tele debe responder como responsable civil subsidiario por parte de esa cantidad.

El caso Sálvame comenzó en abril de 2017, cuando la Unidad de Asuntos Internos (UAI) de la Policía Nacional detectó que Sálvame estaba ofreciendo en directo datos confidenciales recogidos en atestados policiales. Sus indagaciones los llevaron hasta Ángel Jesús Fernández Hita, un agente raso destinado en la Brigada Móvil de la Comisaría de Seguridad Ciudadana de Madrid. La Fiscalía subraya que, desde 2009 a 2018, se aprovechó de su cargo para “apoderarse” de daros reservados de carácter personal de decenas de famosos (como antecedentes, números de matrículas, direcciones de domicilios...), que facilitaba a dos colaboradores del programa de televisión con quienes había tejido una relación: Gustavo González; y la comentarista Mila Ximénez, fallecida en 2021.

Al concluir sus pesquisas, el juez Sexmero calculó que la trama había accedido a información reservada de, al menos, 182 personas: entre ellas, cantantes como Isabel Pantoja, Francisco González, Omar Montes o Àlex Casademunt; personajes públicos como Belén Esteban, Ángel Garó, Aramís Fuster; deportistas como Arantxa Sánchez Vicario, Miguel Torres y Alfredo Di Stefano; o concursantes de programas de telerrealidad como Gran Hermano.

El magistrado ya archivó la causa contra Óscar Cornejo y Adrián Madrid, directores y dueños de La Fábrica de la Tele (que fue adquirida en su totalidad por Mediaset en 2024); Alberto Díaz, exdirector del programa; y otros antiguos trabajadores de Sálvame por “no constar de manera clara que conocieran el origen de la información obtenida”. Sin embargo, procesó a otros periodistas por delitos de revelación de secretos, como David Valldeperas, exdirector del programa; a la productora; y la actriz porno María Pasqual, alias María Lapiedra, expareja de Gustavo González. Para todos ellos, la Fiscalía pide el archivo —solo mantiene a La Fábrica de la Tele como responsable civil subsidiario—.

Sobre el paparazi, el ministerio público incide en que tenía la “intención de obtener ganancias a través de la información ilícitamente obtenida” tras conchabarse con Fernández Hita. Cuando no estaba en su puesto de trabajo, este policía echaba mano de su compañero Caveda para buscar datos confidenciales. “Accedieron, revelaron y se apoderaron de atestados y otros datos reservados de carácter personal y familiar”, remacha la acusación.
Gustavo González, un conocido paparazi español y habitual del popular programa de televisión Sálvame, lanza la caña a primera hora de la mañana. Como siempre, a ver si pesca una noticia.

—Bon dia!!! [sic] Oye, ¿podrías mirar algo de Josep Santacana? El de Arantxa Sánchez Vicario. Y de paso, de ella.

Son las 9.31 del 20 de febrero de 2018 y, a kilómetros de él, el mensaje de WhatsApp salta entonces en el móvil de Ángel Fernández Hita, un policía corriente destinado en la Brigada Móvil de la Comisaría de Seguridad Ciudadana de Madrid. Un sexagenario agente con aires de mitómano que, en palabras de la propia Unidad de Asuntos Internos (UAI) del cuerpo, “disfruta de relacionarse” con los colaboradores de la prensa rosa. Para él, estos también son “ciertamente famosos”.

—Mándame los nombres completos —dice Hita a González, que se los facilita de inmediato, además de los DNI de la tenista española y de Santacana, que en febrero de 2018 había saltado a las primeras páginas de la prensa del corazón al conocerse su divorcio.

—A ver qué empresas salen. Según me dice el exdueño de Método 3 [una agencia de detectives], tenía muchas deudas. Y problemas con la primera mujer. A ver si sale algo de los otros hermanos Sánchez Vicario. Sergio [sic] y Emilio.

—Tengo una reseña en Guardia Civil por falsificación de documento oficial...

La relación entre González y Fernández Hita constituye la base de la bautizada oficialmente como Operación Luna, pero conocida popularmente como Operación Deluxe.

Un verso suelto de la policía, un colaborador hambriento de carnaza y un programa surfeando entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad marcan los límites de un sumario judicial de miles de páginas con decenas de famosos afectados. La UAI —la que investiga a los funcionarios de la Policía— rastrea desde hace cinco años la filtración de datos personales que ha puesto en la diana a Sálvame, a su productora (La Fábrica de la Tele), a su cadena (Telecinco) y al grupo de comunicación (Mediaset). Asuntos Internos acusa a los periodistas y al programa de “lucrarse” con la relación tejida por el paparazi, mientras estos defienden que Hita no era más que una fuente. A estas alturas, el magistrado no ha encontrado pruebas de cohecho —que se pagara al agente a cambio de los datos, como creía la UAI— y acota la causa solo a revelación de secretos.


El inicio del caso. Asuntos Internos dio un golpe sobre la mesa en abril de 2017. Según consta en el primer informe enviado al magistrado Marcelino Sexmero, titular del Juzgado de Instrucción 4 de Madrid que asumió el caso, los agentes observaron cómo una colaboradora de Sálvame, Mila Ximénez, ya fallecida, ofrecía en directo profusos detalles del arresto y enfrentamiento con la Policía de José Fernando Ortega, hijo del torero José Ortega Cano y la cantante Rocío Jurado. “Por la manera en que expone los hechos, parece que ha tenido acceso al atestado”, escribieron los investigadores, que comprobaron que los datos revelados coincidían con los del documento policial.

Comenzó entonces el recorrido por el laberinto. Los agentes comprobaron quién había consultado el atestado y dieron con Ángel Fernández Hita, al que pusieron bajo la lupa al constatar que consultaba “casi semanalmente a la mayoría de los personajes públicos que iban siendo actualidad”. También se pidió a las compañías telefónicas el tráfico de llamadas de su móvil y se identificaron contactos con 17 personas vinculadas a la prensa rosa y Sálvame, entre los que destacaba “notablemente” el paparazi Gustavo González. Entre enero de 2017 y mayo de 2018, se comunicaron más de 500 veces. El policía también había cruzado palabras con otras personas conocidas como Belén Esteban, María Patiño o Marlène Mourreau, según la UAI.

PATTI SMITH


La cantante y poeta Patti Smith, premio Princesa de Asturias de las Artes 2026
La creadora, de 79 años, se ha convertido en un mito del rock gracias a cinco décadas de una carrera que empezó con ‘Horses’, un disco legendario.
Carlos Marcos, 29.04.2026

Tenemos reciente una imagen inolvidable de Patti Smith. Una estampa a recordar para siempre porque aquel concierto que ofreció en octubre de 2025 en el Teatro Real de Madrid fue primoroso y resume las cualidades de una artista que hoy miércoles ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026. Salió al escenario vestida de Patti Smith: pantalón negro, botas, una camiseta blanca, chaqueta oscura y la melena orgullosamente encanecida. Celebraba los 50 años de su obra cumbre, Horses, y la interpretó al completo, pero al mismo tiempo fue muchas cosas aquel espectáculo: un recital corajudo, reivindicativo, poético, bello. Y punk: llegó a escupir en la tarima (¡del Teatro Real!) en el fervor de People Have the Power. Un compendio de lo representa Smith (Chicago 79 años) se pudo disfrutar en ese recinto. Para cuando terminó el recital, los 1.600 espectadores le habrían entregado el Princesa de Asturias, el Nobel y hasta las llaves de su casa.

Quizá haya que recordar justo ahora que Patti Smith tomó una decisión insólita en el mundo de la música de la época, e incluso hoy: después de cuatro discos, en 1979 se mudó de Nueva York a Detroit para formar una familia con su gran amor, Fred Sonic Smith, guitarrista de los obligatorios MC5. Estuvo casi diez años atendiendo a su familia, alejada del foco público, aunque no dejó la poesía el dibujo y la composición de canciones. Pero en privado, mientras veía a su familia crecer. En 1988 regresó con el disco Dream of Life.

Nunca fue una artista fácil de catalogar, y eso le honra en un entramado cultural tan monolítico. Se mueve con fluidez entre los géneros de la música, la poesía, la fotografía o las artes visuales. Smith ha publicado una decena de libros y otros tantos álbumes, que han obtenido premios y reconocimientos. Cuenta, entre otros, con un National Book Award, una Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia o un honoris causa por la Universidad de Columbia. La autora es también célebre por su activismo, en contra de las guerras, a favor de Palestina o, entre otras causas, para que no se destruyeran los jardines de la calle Elizabeth de Nueva York. Publicó el año pasado en castellano Pan de ángeles, sus memorias definitivas.

“Escribir es solitario. Actuar es lo opuesto: es colectivo, es eléctrico, es comunión. Amo ambos, pero vienen de diferentes partes de mí misma. Cuando escribo, estoy construyendo algo en silencio; cuando actúo, estoy compartiendo lo que he construido. No podría vivir solo como intérprete. Escribir me mantiene con los pies en la tierra; es donde entiendo las cosas. Actuar es donde las celebro”, relataba a EL PAÍS SEMANAL el pasado octubre.


Smith creció como la mayor de cuatro hermanos en una familia humilde. Su madre era camarera y su padre maquinista, pero ambos con inclinaciones artísticas. Fue educada como testigo de Jehová, empezó a trabajar a los 10 años, entre campos de cultivo o el cuidado de niños, y se mudó dos veces en su juventud con su familia: de su Chicago natal a Filadelfia y, luego, a Nueva Jersey. Descubrió la poesía a los 16 años, gracias Las iluminaciones, de Arthur Rimbaud, al que adora desde entonces. Se hizo fan de Bob Dylan cuando su madre vio en una tienda Another Side Of Bob Dylan (1964) y se lo regaló. Luego, Dylan se haría fan de ella.


A los 19 años se quedó embarazada por accidente, la echaron de la universidad y terminó dando a su bebé en adopción. Ante tantas dificultades, ha contado en alguna ocasión que tuvo la revelación de que sería artista, y las cosas se arreglarían. Así que se plantó en Nueva York, sin dinero ni certezas, y se lanzó a buscarse la vida: componía poemas, escribía reseñas musicales, sacaba fotografías, trabajaba de camarera. Era el Nueva York del punk. Y conoció al fotógrafo Robert Mapplethorpe, primero su amigo, luego su amante y siempre su compañero creativo. Entre los dos realizaron una sociedad artística sin restricciones. Todo valía con tal de que a los dos les emocionada. Si luego calaba entre el público ya era otro asunto.


Se sabe que su primer concierto aconteció en 1971 en una iglesia. Ella y el guitarrista Lenny Kaye improvisaron sobre unos sonidos distorsionados y una poesía heredera de la generación beat. En aquella ocasión fue cuando recitó aquello de “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”, con los que abrió su disco de debut, Horses. Kaye, por cierto, sigue tocando con ella después de 55 años, en una de las sociedades más longevas y fructíferas del rock. Mapplethorpe fue el autor de la célebre portada de Horses, una imagen andrógina en blanco y negro de ella, con mirada desafiante y posando “a lo Sinatra” con la chaqueta al hombro. El disco se publicó en 1975, cuando el punk comenzó a despuntar, y a ella se le encuadró en ese movimiento. Su actitud retadora cuadraba perfectamente con el movimiento: Patti pegaba patadas a los amplificadores y escupía al público, pero su vuelo poético iba mucho más allá de los pogos que se organizaban en el CBGB, el local neoyorquino donde se curtió el movimiento.
*Dancing barefoot.
*Because the night.

IA, SKYNET, MYTHOS... SPM


No ha empezado bien para mi esta semana, en absoluto, he tenido dos conversaciones desagradables, de esas que te desequilibran, pero ya estamos a miércoles y el agua ha vuelto a su cauce, espero, creando un nuevo meandro que evita el antiguo y pasa ya de largo. Uf, costó.
Recuperado, continúo con el entretenido proyecto de la vivienda en El Hierro, y echando un ojo de refilón a las noticias que nos depara el mundo, siempre las mismas para nuestra desgracia, ahora sazonadas con esta nueva movida que nos cae encima del peligro de la nueva vuelta de tuerca en forma de programa de la dichosa IA: "Mythos". Como éramos pocos...
Siempre comentábamos que Terminator nos auguró en negro futuro con el poder de SKYNET y las máquinas en general, pero de nuevo la realidad vuelve a superarlo todo. Ya no es cine, ni literatura (Orwell, por ejemplo), ya es la vida misma. Cajas de supermercados sin cajeros, gasolineras fantasmas, tiendas sin dependientes... No nos damos cuenta que el futuro ya está aquí.

Investigo, por miedo más que por curiosidad, qué es esto de Mythos.


¿Qué es Claude Mythos?
El 7 de abril de 2026, Anthropic presentó su modelo de inteligencia artificial más avanzado, Claude Mythos, con resultados que superan a toda la competencia en prácticamente todos los indicadores de rendimiento. Y a continuación dijo que no lo iba a comercializar. La razón, según la propia empresa, es que consideran que el modelo es demasiado peligroso para ponerlo en manos de cualquiera.

¿Por qué es tan peligroso?
De acuerdo con evaluaciones realizadas por equipos especializados en pruebas de seguridad ("red teams"), el modelo mostró una capacidad inusual para resolver problemas complejos relacionados con ciberseguridad. Los expertos señalaron que el sistema podía identificar fallos ocultos en código antiguo y, en algunos casos, proponer formas de explotarlos con relativa facilidad.
En el caso de la vulnerabilidad de FreeBSD NFS (con el identificador CVE-2026-4747), Mythos explotó un desbordamiento de búfer, construyó una cadena ROP e inyectó claves SSH para obtener acceso persistente. Completó todo el proceso en horas, cuando expertos en seguridad estimaron que replicarlo manualmente habría requerido semanas.
Menos del 1% de las vulnerabilidades que ya encontró Mythos fueron parcheadas. El modelo ya identificó miles de "zero-days", incluyendo un bug de 27 años en OpenBSD, uno de los sistemas operativos considerados más seguros del mundo.

El "Proyecto Glasswing": acceso restringido
Anthropic limitó el acceso a su nuevo modelo a pocas empresas tecnológicas y de ciberseguridad a través del llamado Proyecto Glasswing. Entre ellas se encuentran Amazon, Apple y JP Morgan Chase. Goldman Sachs, Citigroup, Bank of America y Morgan Stanley también estarían probando el modelo.
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, convocó una reunión de altos ejecutivos bancarios en Washington en abril para discutir el modelo Mythos, animándoles a usarlo para detectar vulnerabilidades.

El escándalo: acceso no autorizado
Horas después del anuncio, Bloomberg reveló que un grupo de usuarios no autorizados ya estaba usando Mythos. El acceso no vino por un "jailbreak" sofisticado ni por un adversario estatal, sino por credenciales comprometidas de un trabajador de un contratista tercerizado de la propia Anthropic.
Anthropic confirmó que está investigando el incidente, aclarando que no hay evidencia de impacto en sus sistemas internos y que la actividad reportada no habría ido más allá del entorno del proveedor externo.

Reacciones globales
El ministro de Finanzas de Canadá calificó la tecnología como una "incógnita desconocida" y señaló que el tema fue abordado en una reunión del FMI en Washington. El gobernador del Banco de Inglaterra advirtió sobre la necesidad de analizar las implicaciones del avance de la IA en el riesgo de ciberataques.
En resumen, Mythos representa un punto de inflexión: es la primera vez que una gran empresa tecnológica presenta su producto más poderoso y decide explícitamente no lanzarlo al público por considerarlo demasiado peligroso, desencadenando un debate global sobre los límites de la IA y la ciberseguridad.

martes, 28 de abril de 2026

UNA PANDA DE VAGOS

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

BUILDING STORIES


Francis Keré, arquitecto: "Una de las enfermedades de las democracias africanas es querer parecernos a Occidente sin tener las mismas raíces"
Fue el primer arquitecto africano (y hasta ahora el único) en recibir el premio Pritzker. Diseña grandes proyectos en Las Vegas o Río de Janeiro, pero su alma sigue en Burkina Faso, verdadera protagonista de su libro 'Building Stories' (Taschen).
Vanessa Graell, 28.04.2026

Entre acacias, baobabs y árboles de karité, en la árida llanura de la sabana africana -menos en la época de lluvias, cuando se cubre de un intenso verde-, se esconde una pequeña aldea de chozas de adobe y techos de paja: Gando. Está a unos 200 kilómetros de la capital de Burkina Faso, Uagadugú. Pero en esa región rural, donde aún se mantienen costumbres ancestrales mezcladas con creencias musulmanas y ritos animistas, tan solo 15 kilómetros suponen una odisea: esa es la distancia que separa Gando de la ciudad más cercana, Tenkodogo, y la que tenían que andar los niños para ir a la única escuela de la zona. Más de cuatro horas a pie, solo de ida. Pero hoy, si buscan Gando en Google Maps, lo primero que aparece es su escuela primaria, un símbolo de la nueva arquitectura africana: sencilla y modera, con ladrillos de adobe y un techo onduladdo que no es capricho sino el mejor diseño para aprovechar el viento y las energías geotérmicas.

Esa escuela fue la primera obra de Francis Keré (Gando, 1965), el primer africano -y hasta ahora único- en ganar un premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura. Cuando tenía siete años, su padre, el jefe del pueblo, decidió mandarle a la escuela para que aprendiera a leer y a escribir. «Así tendría a alguien que pudiera leerle las cartas que llegaban del gobierno», cuenta Keré desde su estudio en Berlín. «Fue muy duro dejar mi hogar a esa edad. Me mandaron con una familia de acogida para que no tuviera que caminar ocho horas cada día...», recuerda. Así empieza la carrera de uno de los mejores arquitectos contemporáneos: con una escuela. Y así empieza su delicioso libro Building Stories (Taschen) que recopila sus principales trabajos, desde una clínica en Léo (Burkina) hasta el Serpentine Pavillion de Londres o el futuro Museo de Arte de Las Vegas. Su último hito: proyectar la magna Biblioteca dos Saberes de Río de Janeiro. Pero la verdadera esencia de Keré está en Burkina Faso, en su paisaje y sus gentes, aunque sea un destino complejo.

Desde su independencia el país ha vivido nueve golpes de estado (a principios de este enero se produjo un intento frustrado) y el Ministerio de Exteriores, como la mayoría de países de la UE, desaconseja totalmente el viaje (ni siquiera hay embajada española, está en la vecina Mali) por la alta inestabilidad política, la amenaza terrorista y el riesgo de secuestros. Por no hablar de la violencia contra las mujeres, los matrimonios forzados y uno de los índices de poligamia más altos del mundo (cerca del 36%).

«África solo se desarrollará de verdad si ponemos a la mujer en el centro, nuestro futuro depende de tomar en serio la condición femenina, sino fracasaremos», defiende Keré, que al construir una casa para su madre diseñó un hogar especialmente pensado para las necesidades de la mujer. Con su arquitectura, está redibujando un nuevo país, un nuevo continente. Lo hace desde Berlín, la ciudad donde estudió, y desde su despacho en Burkina, que nunca ha abandonado del todo.


PREGUNTA. Su libro no parece un libro de arquitectura. Hay más fotos de paisajes y de personas que de edificios... Eso dice mucho de su forma de trabajar y de esa idea de 'arquitectura comunitaria'.
RESPUESTA. Todavía hoy, en muchas partes de África, construir es un acontecimiento comunitario. Todo el mundo aporta su piedra para levantar un edificio: y es literal [varias imágenes del libro muestran a sus vecinos acarreando piedras]. Las mujeres traen agua, los hombres hacen los ladrillos y todos trabajan juntos... Construir una casa es un proyecto muy importante, tanto espiritualmente como de forma práctica. Hay que construirlo rápido, antes de que llegue la estación de lluvias y lo destruya todo. Es un trabajo muy duro, muy pesado, y por eso toda la comunidad contribuye. Cuando se trata de algo público, como una escuela, todavía está más claro: es la esencia misma de la existencia de la comunidad. Nos unimos para crear algo que va a servir a todos. Lo mismo ocurre con un hospital. Solo cuando el proyecto es demasiado grande se puede llamar a un experto de la ciudad, pero siempre se le acompaña y se le apoya.

P. En realidad, su destino no era ser arquitecto. Usted era el primogénito del jefe de Gando y debía sucederle como líder de la aldea. Pero la escuela lo cambió todo...
R. Creo que fue el momento clave de toda mi vida. Mi padre decidió enviarme a la escuela porque en el pueblo nadie sabía leer. Estaba convencido de que eso facilitaría la comunicación y, sobre todo, era el futuro. Pero mucha gente no lo entendió y lo criticaron: '¿Por qué envía a su primer hijo a la escuela en vez de dejarlo trabajar en el campo?' A los siete años me fui y mi infancia acabó ahí. Fue traumático. Te separas de tu familia, de tus amigos, de tu comunidad... Además tenías que trabajar para la familia que te acogía. Fue un gran sacrificio, sobre todo para mi padre, que pensaba que en dos años aprendería a leer y volvería. No fue así. Pero gracias a esa formación pude hacer después muchísimos proyectos en África y en mi aldea. ¡Solo en 2025 construimos 11 escuelas en Burkina! Para un país con un índice de alfabetización muy bajo, es algo muy importante.

P. ¿Cómo era la escuela de Tenkodogo? Cuenta que las clases eran asfixiantes...
R. ¡Uf! En la ciudad estábamos todos hacinados. Las aulas eran muy calurosas, oscuras y estaban mal ventiladas mientras fuera había luz natural abundante. Me gustaba ir a clase pero no el edificio. Eso explica el diseño de mi primera escuela: con mucha luz y ventilación, patios y espacios al aire libre sombreados.


P. Cuando terminó el colegio y le dieron una beca para estudiar carpintería en Alemania, imagino que experimentó otro gran choque cultural. ¿Cómo fue para un joven de Burkina llegar a Múnich en pleno invierno?
R. ¡Oh, fue un choque terrible! Primero, el avión. Ver el mundo desde el aire fue impactante: los edificios de la capital, el desierto y la sabana, luego los bosques de Costa de Marfil y Nigeria... Y, de repente, Europa, con las autopistas, los trazados rectos, todo cortado, sin tierra visible... Fue sorprendente. Encima aprendí alemán en Múnich, pero era el dialecto bávaro, así que cuando después me trasladé a Berlín no entendía nada. Ah, el frío era espantoso...Culturalmente también me espantó al principio. Alemania es un país muy organizado, la gente no tiene tiempo, corre todo el día.

P. Está hablando de los años 80.Hoy, con la omnipresencia de lo digital los tiempos son aún más acelerados. Pero su arquitectura reivindica una "cultura de la lentitud". Es casi una postura filosófica.
R. Construir es un proceso lento. Intervienen muchos participantes, hay que comunicarse, coordinar artesanos, ingenieros... Se ponen los cimientos, se levantan los muros, se vacían las losas... Espiritualmente, esa lentitud es muy importante y necesaria: permite que la gente se acostumbre a lo que se está creando delante de ellos. Un edificio domina el espacio y hay que dar tiempo a las personas para que se habitúen, no imponerlo de golpe.

P. Cuando regresó a Burkina tampoco lo tuvo fácil. Aunque consiguió reunir los fondos para construir una escuela en Gando, su gente esperaba un edificio moderno, a la occidental, con cristal y hormigón...
R. ...Y yo les traje un edificio hecho de tierra. Todos me decían: '¿Por qué quieres usar tierra, el material de los pobres?'. Pensaban que estaba loco, que había perdido el sentido común. Creían que un edificio de tierra no resistiría la lluvia. Hubo un rechazo total. Pero mi familia me apoyó y los demás miraban con curiosidad. Hay una anécdota muy divertida: mientras construíamos la escuela, una noche cayó una gran tormenta, adelantándose a la época de lluvia. Todo el mundo estaba convencido de que los muros, que entonces apenas tenían un metro, se habrían derrumbado. Por la mañana me desperté con mucho ruido. Primero vinieron las mujeres a consolarme porque creían que ya no quedaba escuela. Y empezaron los gritos de alegría. Se montó una fiesta porque los muros seguían ahí. Fue como un milagro. Ahí nació la confianza. La gente vio que se podía construir con nuestra tierra y que aguantaba la lluvia. Al principio nadie creía en mí porque nunca me habían visto trabajar con un albañil. Pero cuando terminamos la escuela, quisieron otra. Y otra. Así que en lo siguientes años la ampliamos, construimos una biblioteca, un instituto... En África siempre decimos que hay que mostrar cosas concretas para convencer.


P. En el libro dice que escoger un material es un acto político y que tiene incluso más impacto que la forma edificio. ¿Cuál es el significado político del adobe?
R. No es casualidad que digamos volver a la tierra cuando enterramos a alguien. Somos parte de un ecosistema y, al morir, volvemos a la tierra. En mi cultura, trabajar con la tierra es algo que la gente sabe hacer desde hace siglos. Hay que elegir la tierra de un lugar concreto y a veces incluso celebrar una ceremonia porque es ella la que nos protege mientras estamos vivos y la que nos acogerá después. Debe ser una tierra sana. Hoy en Europa hablamos mucho de materiales bio y de sus efectos en la salud... En Burkina siempre se ha dicho que solo lo natural debe entrar en la vivienda, nada contaminado ni químico. Hay secretos ancestrales para usar esa tierra, como raíces de árboles que se hierven para extraer esencias que la hacen resistente al agua. Es un saber cultural profundo y arcaico que no debemos olvidar. Recuperarlo es un acto político. La modernidad arquitectónica, lamentablemente, marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la construcción en tierra, a menudo brutalmente reemplazada por hormigón y otros materiales que siempre importados. Mi principal objetivo ha sido demostrar el potencial del adobe como material de construcción contemporáneo y atractivo, combatiendo los prejuicios de que es algo del pasado.

P. Antoni Gaudí, mientras construía la Sagrada Familia, solía decir que el árbol frente a su taller, un roble, era su maestro. Usted también usa mucho la metáfora del árbol, del baobab...
R. ¡Sí! No hay nada más natural y esencial que un árbol. Una de mis grandes preocupaciones es que el ser humano esté en armonía con su entorno y los materiales. Es lo que llamo arquitectura de lo esencial. Responde a necesidades materiales, pero también simbólicas. La forma del árbol es esencial. La he utilizado a menudo en mis proyectos. El árbol se alza desde el suelo: es un hito en el paisaje.

P. ¿Cree que en Occidente hemos ido demasiado lejos en la carrera tecnológica?¿Construimos iconos y edificios sofisticados pero nos olvidamos de la dimensión humanista, incluso espiritual, de la arquitectura?
R. En mi estudio seguimos haciendo maquetas a mano, cortamos madera, usamos tierra para probar formas... En Occidente la técnica y la prosperidad económica han permitido muchos avances pero creo que es hora de recuperar el oficio como algo más profundo. Cuando construyes una casa, un templo o un hospital alojas a la gente, es un acto casi espiritual, tiene una trascendencia. Creas un lugar donde las personas se encuentran, confían y recargan energía. Hay que tratar la arquitectura con más cuidado intelectual y espiritual.


P. Me han llamado la atención sus bocetos, desde los primeros proyectos a los últimos. Cuando dibuja el sol lo hace como si fuera un personaje infantil: siempre sonríe, tiene los ojos cerrados y un tupé/llama. Nunca había visto un dibujo de arquitectura tan... ¿simpático?

R. [ríe] Sí, sí. Es que si no tienes alegría, ¿cómo vas a decir que quieres que la gente viva feliz? Mi trabajo es crear lugares donde el ser humano pueda reencontrarse y ser feliz. Por eso mi sol siempre sonríe. Me han llamado arquitecto social, militante ecologista, soñador idealista... Pero mi única motivación es la de concebir espacios que estén al servicio de la humanidad.

P. ¿Cómo puede la arquitectura ayudar al ser humano?Concretamente, en África, ¿cómo puede contribuir a cambiar ciertas problemáticas o desigualdades? Pienso en la casa que le ha construido a su madre en Gando, con dos plantas, patio y espacio para su huerto... ¿La ha diseñado pensando en la mujer africana en general?
R. La arquitectura tiene un enorme potencial para impulsar el cambio social cuando se integra en una cultura. Yla columna vertebral de la sociedad africana es la mujer, aunque se enfrenta a muchas dificultades. Todo gira en torno a la madre. Ella es la que va a buscar agua, teje, seca alimentos, cuida de todos. En zonas rural donde no hay grifos ni supermercados, como en Gando, necesita un espacio para almacenar el agua, para secar las cosechas... Porque si lo extiendes en el suelo, los animales se lo comen o surgen conflictos con los vecinos. Así que quise crear una casa donde la mujer se sienta cómoda y tenga un lugar propio, en el que pueda plantar un huerto o un espacio que le proporcione una ocupación y le permita transmitir sus conocimientos a la familia, a las vecinas... La casa de mi madre es un experimento y de momento funciona bien en el pueblo. Pero necesitamos un poco más de tiempo. Si tiene éxito, puede convertirse en un modelo para exportar a todo Burkina Faso y más allá, al continente entero. Es una pequeña idea revolucionaria diseñada para ellas: las que educan a los niños, las que se quedan en casa, las que mantienen a la familia, las que trabajan... Si ellas no están bien, nada funciona. No podemos copiar de la noche a la mañana el modelo occidental.

P. ¿Y cómo la arquitectura puede expresar valores democráticos? Benín está terminando de construir su nuevo y espectacular parlamento, que usted diseñó inspirándose en un baobab. El propio edificio se eleva sobre una columna/tronco y es un símbolo de transparencia.
R. Creemos que la democracia tiene que venir de Europa para traer prosperidad y ahí es donde fallamos. África mira a Occidente como el gran ejemplo y quiere copiarlo todo, pero sin conocer el origen de esas ideas. Nuestra historia es distinta. Aquí tenemos la tradición del arbre à palabres (el árboles de las palabras): todos se reúnen bajo su sombra, en círculo, mirándose a la cara. Es un espacio abierto y democrático. Tus hijos, tu mujer, toda la comunidad escucha, tu decisión debe ser responsable porque todos te ven. En cambio, el modelo occidental tiene muros: los representantes del pueblo se encierran y luego comunican su decisión. Esa es una de las enfermedades de la democracia africana, querer parecernos a Occidente sin tener las mismas raíces. En Benín propuse usar el símbolo del arbre à palabres para la Asamblea Nacional y, sorprendentemente, el presidente aceptó. Porque la mayoría de las veces hemos sido programados para rechazar todo lo que viene de África: 'Es atrasado, no es moderno, hay que copiar a Europa'. ¡Los africanos son los mayores admiradores de Europa! Y, por cierto, España nos gusta mucho [ríe, en realidad ríe muy a menudo]. En mi aldea, la gente sabe quién entrena al Barça y al Madrid... Y si preguntas por el Zaragoza probablemente también lo sepan.


P. Mientras que en Europa prevalece un gran desconocimiento sobre lo que ocurre en la mayoría de países africanos, incluso aunque hayan sido colonias...
R. Europa vive al margen de nuestra realidad, pero debería cooperar de una forma igualitaria y moderna, como vecinos. Si no, los problemas vendrán aquí [por Berlín]. Nuestras democracias fallan y son frágiles porque han sido impuestas según el modelo de las estructuras políticas occidentales, ajenas a las prácticas tradicionales africanas. Para nosotros Europa es el ideal. Desafortunadamente, los países coloniales aún tienen actitudes paternalistas y muchos dirigentes africanos creen que les niegan el derecho de ser adultos, de ser verdaderos aliados y gente responsable. Y es un problema cuando se intenta luchar contra el terrorismo, por ejemplo.

P. Usted es el primer arquitecto africano que ha ganado el premio Pritzker, creado en 1978. No solo representa a un país, sino a todo un continente. ¿Es mucha responsabilidad?
R. Me voy acostumbrando... Hago como que soy importante, pero sé quién soy: alguien que quiere seguir siendo curioso y aprender. Cuando veo que me admiran demasiado, prefiero callar, porque ese no soy yo. Me alegra mucho que se preste más atención a arquitecturas locales, diferentes. El Pritzker ha ayudado a descubrir tendencias importantes para el futuro del planeta. Yo solo soy un simple arquitecto, pero a través de mi trabajo veo que hay un cierto despertar. Cada vez más jóvenes quieren hacer como Francis: ser arquitectos y mejorar su hábitat. Ypiensan en hacerlo con nuestra propia tierra, con bioclimática, sin depender del aire acondicionado... Antes solo querían hormigón y cristal. Todavía es una gota en el desierto, pero una gota muy fuerte que puede expandirse.