domingo, 1 de marzo de 2026

MARAVILLOSO JOÃO

 

João Paulo Araujo
El sacerdote que convirtió su iglesia en refugio de perros callejeros en Brasil.
Fundación AMIGOS DEL PLANETA, 10.05.2025
(Fuente: Blog Agrocampo)

João Paulo Araujo Gomes es el director de la Capilla del Hospital São Sebastião y ha dedicado su vida a rescatar, cuidar y encontrar hogares para perros sin hogar, convirtiendo su iglesia en refugio de perros callejeros, con este acto el sacerdote ha demostrado que la fe también puede expresarse a través de actos de compasión hacia los animales.

Su labor comenzó en 2019, cuando aún oficiaba en la Parroquia de Santa Ana, en este lugar se encontraba frecuentemente con perros heridos y enfermos en las cercanías de la iglesia y movido por la compasión, decidió actuar. Con la ayuda de feligreses y donaciones, empezó a brindar atención a estos animales vulnerables, ofreciéndoles alimento, cuidados médicos y lo más importante, una oportunidad para encontrar una nueva familia.

La iniciativa solidaria tuvo un comienzo sencillo pero emotivo: un día, un grupo de personas llegó al templo vendiendo galletas para recaudar fondos para causas sociales, conmoviendo al sacerdote que propuso que la iglesia también se comprometiera con una causa humanitaria, y así nació el proyecto de adopción de perritos.

Durante las misas, João Paulo permite que los perros participen del servicio e incluso los presenta ante la comunidad con la esperanza de que alguien los adopte.

«El amor auténtico y cristiano es incluyente y nunca excluyente. Amar a los animales no significa amar menos a los seres humanos, sino que es la gran escuela del amor y la empatía universal.»

Además de darles refugio, el sacerdote se encarga de bañar a los perros, alimentarlos y llevarlos al veterinario para asegurarse de que estén en óptimas condiciones de salud antes de presentarlos a posibles adoptantes.

João Paulo no cuenta con un albergue formal, gestiona espacios temporales para los animales y utiliza sus redes sociales para promover la adopción, publicar fotos de los perros y recibir donaciones de alimento y medicamentos. Si bien se han presentado dificultades logísticas y económicas, su misión no se detiene.

« ¡Solo puedo rescatarte si adoptas! No tengo refugio y dependo de espacios temporales que ya están superpoblados. ¡Ayúdenos, no compren, adopten! La carrera más bonita es la que tiene la historia más triste.»

Además, su labor no ha pasado desapercibida, João Paulo fue protagonista de un episodio de la serie de Netflix Dogs, donde se retrató su dedicación a esta noble causa. Allí contó que, durante las ceremonias religiosas, incluye oraciones especiales por los animales que sufren, las personas que los rescatan y las familias que los adoptan.


El sacerdote también dejó claro que su iglesia siempre será un hogar seguro para los animales, independientemente de si logran ser adoptados.

«Aunque no encuentren un hogar, siempre tendrán uno en mi iglesia. Esta es la casa de Dios, y ellos son de Dios. Nadie va a tocar a mis protegidos»

En cada misa, cada rescate y cada adopción lograda, João Paulo Araujo Gomes demuestra que la fe puede manifestarse no solo en palabras, sino también en gestos de amor hacia los seres más vulnerables.

Su iglesia está marcada por ser del sacerdote que convirtió su iglesia en refugio de perros callejeros, uno que comparte el evangelio entre ladridos, colas que se agitan de felicidad y corazones que encuentran un nuevo hogar, una acción que en definitiva se debe replicar.

PARA VOMITAR

CARA Y CRUZ


La calle iraní se debate entre el júbilo y el pesar tras la muerte de Ali Jameneí
En varias ciudades, pequeños grupos de ciudadanos se atrevieron a salir a las calles para celebrar públicamente. Reza Pahlaví, hijo del último shah de Irán, insta a la ciudadanía a protestar en sus viviendas.
Ali Falahi, 01.03.2026

La noche del domingo, cuando comenzaron a circular las primeras noticias sobre la muerte del líder supremo iraní, Ali Jameneí, la sociedad iraní quedó en estado de conmoción: unos reaccionaron con júbilo y otros con profundo pesar. En las primeras horas, numerosos iraníes expresaron su alegría desde el interior de sus viviendas, coreando consignas contra el régimen. En contraste, los seguidores del sistema, apoyándose en agencias de noticias oficiales, calificaron la información de conspiración destinada a localizar el paradero del líder supremo y, preocupados por su estado de salud, recurrieron a oraciones colectivas, ya que, siguiendo el patrón habitual de los medios estatales —fuertemente controlados—, en situaciones sensibles, este tipo de noticias suele ser desmentido inicialmente y confirmado horas o incluso días después.


Al mismo tiempo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmaba la noticia, el despliegue de fuerzas Basij, milicias islamistas y policía antidisturbios en las calles contribuyó a reforzar la percepción de que los rumores eran ciertos.

En varias ciudades, tras la confirmación de la noticia por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pequeños grupos de ciudadanos se atrevieron a salir a las calles pese al clima de extrema seguridad y celebraron públicamente. Debido a los intensos bombardeos en las grandes urbes, estas concentraciones se produjeron con mayor frecuencia en ciudades más pequeñas como Qazvín, Gachsarán, Goleh-Dar, Tonekabón o Saqqez, relativamente menos afectadas. No obstante, en ciudades como Shiraz, capital de la provincia de Fars, incluso se registraron fuegos artificiales.

Paralelamente, numerosos activistas políticos pidieron a la población, a través de las redes sociales, que permaneciera en sus hogares. Reza Pahlaví, hijo del último shah de Irán, también instó a la ciudadanía a no salir a las calles, refugiarse y limitar su protesta a gritos y consignas desde el interior de sus viviendas.

Shahram, residente en Teherán, relató en un mensaje de texto que tras difundirse la noticia de la muerte de la nuera y el yerno de Jameneí —incluso antes del anuncio oficial del fallecimiento del líder— ya se escuchaban gritos de celebración y consignas contra el régimen desde las casas. Aseguró que, mientras continúen los ataques, no tenía intención de salir de su casa.

Fuera de Irán, la diáspora iraní salió a las calles para celebrar el acontecimiento, considerándolo el inicio del fin de la República Islámica. En España, tanto en la Puerta del Sol de Madrid como en Barcelona, grupos de iraníes ondearon banderas con el león y el sol y portaron imágenes de Reza Pahlaví mientras bailaban y festejaban.

Un grupo de personas reunidas para celebrar la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, en las calles de Karaj, provincia de Alborz, Irán. Es una captura de pantalla obtenida de un vídeo publicado en las redes sociales el sábado. SOCIAL MEDIA (via REUTERS)

40 días de luto

Tras la confirmación oficial de la muerte de Jameneí por los medios estatales iraníes, en la madrugada del domingo se organizaron numerosas concentraciones de duelo en distintas ciudades del país. Las autoridades declararon cuarenta días de luto nacional. Según la agencia Fars, varios miles de personas se reunieron en la plaza Enghelab, en el centro de Teherán, exigiendo una dura represalia contra Estados Unidos e Israel. Algunos manifestantes incluso pidieron castigos contra países árabes del Golfo Pérsico, a los que acusaron de estar implicados en este “crimen”.

De acuerdo con la agencia Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, numerosos simpatizantes del régimen se congregaron en el santuario del Imán Reza en Mashhad, donde, además de “llorar la muerte del líder”, rezaron por “la victoria de las fuerzas iraníes en la guerra y la derrota de los enemigos del islam”.

El clérigo chií Naser Makarem Shirazi, una de las fuentes de emulación chií, emitió una fatua llamando a la yihad. En su declaración afirmó que “los musulmanes deben vengar la sangre del líder mártir de la revolución” y señaló como responsables principales “al gobierno arrogante de Estados Unidos y el régimen sionista (en referencia a Israel)”, calificando la represalia como un deber religioso para todos los musulmanes del mundo.

El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió en un mensaje grabado que “Trump y Netanyahu han cruzado nuestras líneas rojas y pagarán el precio”. En un tono abiertamente amenazante hacia los críticos internos, afirmó: “A quienes cuestionan al sistema les digo que no jueguen en el campo de los enemigos de Irán. Si no aceptan al régimen, al menos amen al país; nadie en su sano juicio puede alinearse con los asesinos extranjeros”. Qalibaf dejó claro que cualquier forma de disidencia será reprimida y calificó a los opositores de agentes al servicio de Estados Unidos e Israel.

En las concentraciones de duelo en Yazd e Isfahán se corearon consignas habituales como “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”. En Tabriz, los seguidores del régimen evocaron el martirio del imán Husein, tercer imán chií, como respuesta simbólica al llamado a la yihad.

El apagón total de internet en Irán impide una información libre y fluida. Las noticias sobre concentraciones opositoras llegan de forma fragmentaria, únicamente gracias a un número limitado de módems Starlink o breves conexiones intermitentes, mientras que los medios oficiales cubren ampliamente las manifestaciones progubernamentales y las redes afines al régimen, con acceso privilegiado a internet, difunden información favorable al sistema.

En este contexto, muchos iraníes ven la muerte de Jameneí como una luz de esperanza para un cambio profundo en el sistema político del país, pero al mismo tiempo temen que un régimen herido y humillado utilice la guerra y la amenaza externa como pretexto para intensificar la represión interna y garantizar su supervivencia.

MORIR POR LA ÓPERA

Se termina la semana y comienza un nuevo mes. Hace unos días nos felicitábamos las Navidades y ahora no sólo hemos pasado los Carnavales sino que tenemos la Semana Santa a las puertas. Nos trae este mes una nueva guerra en el mundo, que no mundial (crucemos los dedos), así que no hay mejor momento para despedir este domingo con una música sublime de las que alimentan en alma. ¡Feliz fin de fin de semana!
Mozart, "Zaide", *Ruhe sanft, mein holdes Leben.

FORGES

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

PRIMAVERA PERSA

Manifestación de iraníes pro sha en Londres este sábado. Javier Otazu Elcano. (EFE)

El cambio ya ha comenzado en Irán
La mentalidad de la población hace tiempo que dejó atrás la ideología del régimen islamista.
Ángeles Espinosa, 28.02.2026

Estados Unidos e Israel han vuelto a bombardear a la República Islámica de Irán. Después de semanas de especulaciones, se perfila el alcance y los objetivos del ataque. El presidente norteamericano y aspirante a Nobel de la Paz, Donald Trump, ha anunciado el inicio de “importantes operaciones de combate” y ha dejado claro que busca impulsar un cambio de régimen. Aun así, sigue habiendo más preguntas que respuestas. ¿Tendrá eco entre los militares, y en especial entre los oficiales de la Guardia Revolucionaria, el llamamiento de Trump a deponer las armas? ¿Confiarán en él los iraníes para volver a las calles y “tomar” el Gobierno, tras la promesa incumplida de ayudarles durante las manifestaciones de principios de año? ¿Será una operación limpia y rápida como le gustaría al hombre más poderoso del planeta, o acaba de abrir la caja de Pandora con consecuencias imprevisibles?

Las experiencias de aventuras militares anteriores, no solo de EE UU y no solo en Oriente Próximo, dejan poco margen para el optimismo. Pero en un mundo tan imprevisible como el actual, tal vez surjan posibilidades impensables hasta ahora. A falta de una bola mágica, queda ceñirse a los hechos.

El hecho, la realidad, es que en Irán, el mayor cambio ya se ha producido, no en las calles, sino en la mentalidad de los iraníes. Y tiene más que ver con su evolución como sociedad, con su deseo de una vida digna, que con la cuestionable intervención armada del imperio. Cierto que numerosos iraníes reclamaban y han celebrado los misiles estadounidenses contra el régimen que lleva 47 años oprimiéndoles. Tal era su desesperación ante el muro de la dictadura islamista. Pero el cambio, su cambio, ocurrió antes.

Hace ya años que la República Islámica ha perdido su legitimidad, que la retórica revolucionaria de sus dirigentes resbala en los oídos de los iraníes, que incluso muchos de sus hijos han abandonado el barco. Son escasos quienes aún creen en el sistema. No ha sido este sábado, ni este año, ni el pasado. Ha sido un proceso de desgaste motivado por la creciente desconexión entre las élites y la sociedad, y que ha arruinado el potencial de varias generaciones de iraníes en el altar de una ideología pretendidamente nacionalista y antiimperialista.

En contra de lo prometido, la revolución de 1979 no trajo ni libertad, ni independencia ni, a decir de muchos iraníes, una verdadera “república islámica”, más allá del nombre. La oligarquía gobernante rechazó transformarse y cerró la puerta a los reformistas que por un tiempo encarnaron las esperanzas de muchos iraníes. El núcleo duro utilizó el desarrollo económico tras el fin de la guerra con Irak (1980-1988) y los millonarios beneficios del petróleo durante la presidencia de Ahmadineyad para enriquecerse sin medida y favorecer a sus leales. Aplastaron las algaradas estudiantiles de 1999, acallaron las manifestaciones pro reforma de 2009 y han acabado con creciente brutalidad con cada una de las protestas que desde 2017 se han sucedido ante la falta de futuro.

Así ha ido creciendo el malestar entre los iraníes y ampliándose la base de los descontentos. Incluso sectores conservadores cercanos al régimen se han sumado ante la grave situación económica. Todo ello no garantiza una salida favorable a los deseos de la población. Por ahora, el aparato de poder mantiene su capacidad coercitiva y el riesgo es que se bunkerice aún más. Tampoco la sociedad iraní ha podido consensuar una alternativa política. Es cuestión de tiempo porque el cambio ya ha comenzado. La República Islámica está en tiempo de descuento.

GOYA

 

“Estos días en los que el mundo está dominado por la violencia y la crueldad, miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos de estos artistas, y siento que tienen la lucidez moral para ayudarme. Estoy en medio del caos y la represión. Miraros me ayuda a sentirme menos sola y os lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón”, ha dicho la intérprete, que ha lucido desde la alfombra roja hasta el escenario un pin de “Palestina Libre”.

Sarandon (Nueva York, 1946) ha procedido después a leer la siguiente cita del historiador Howard Zinn, justo antes de abandonar el escenario:
“Tener esperanza se sostiene en una verdad esencial. La historia de la humanidad no es solo una historia de crueldad, la historia humana es también de compasión, sacrificio, coraje y amabilidad. Aquello que elegimos destacar en esta compleja historia determinará nuestras vidas. Si vemos solo lo peor, se destruirá nuestra capacidad para hacer algo. Si recordamos aquellos tiempos y lugares donde las personas se comportaron de manera magnífica, esto nos da la energía para actuar, y al menos la posibilidad de enviar este estado indeciso del mundo en una dirección totalmente diferente. Y si actuamos, aunque sea de manera mínima, no tenemos que esperar un gran futuro utópico. El futuro es una sucesión infinita de presentes, y vivir ahora como creemos que las personas deberían vivir, desafiando todo lo que está mal alrededor nuestro, es en sí misma una maravillosa victoria”.


OTHER NEWS






sábado, 28 de febrero de 2026

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

DOS VÍDEOS: SURREALISMO VS. REALISMO

 Cada uno que le ponga el nombre correspondiente.


DESDE LAS MALVINAS


En abril de 1982 se declaró la Guerra de las Malvinas entre Argentina y UK siendo la primera guerra que yo recuerdo televisaba. Viviendo aún en casa de mis padres donde compartía la habitación con mi hermano, teníamos en la esquina del mueble-biblioteca -mi pr1mera biblioteca- un pequeño televisor en blanco y negro, aparato que terminó viviendo conmigo durante la carrera y que incluso olvidé, durante una mudanza, en la capota de mi Volkswagen escarabajo -mi primer coche, viejo viejo, pero repintado de amarillo pollito; precioso-, donde observábamos casi en directo la guerra allende los mares. Luego llegarían más guerras, las del Golfo, la de los Balcanes, ahora la de Ucrania o Gaza... Tras la captura de Maduro en Venezuela llegamos a la noticia de ayer: Pakistán declara la guerra a Afganistán y a la de hoy, por si no era suficiente lo que tenemos: ataque de EEUU e Israel a Irán. Uf, muy fuerte.
¿Qué nos depara la estabilidad mundial a partir de esta nueva guerra?
¿Tiene Irán los días contados?
¿Lograrán derribar al régimen teocrático actual?
Leemos sobre la posibilidad del regreso a Teherán de la dinastía Palevi, encabezada ahora con Reza, el hijo del último Sha, que más parece una noticia de revista del corazón. Recuerdo dos libros que me impactaron sobre la era del Sha y del cambio en irán: "El Sha o la desmesura del poder", de Kapuscinski y "Persépolis", de Marjane Satrapi. Ambos, diferentes, son magníficos y un rayo de luz para entender la idiosincrasia persa.
La beligerancia de estas nuevas Administraciones a ambos lados del Atlántico da mucho miedo, más si tenemos en cuenta que los otros dos observadores, léase Rusia y China, están muy callados. ¿Han llegado ya los jugadores a repartirse los premios? 
¿Tal vez un quítate tú para ponerme yo?
 
Kazem Davoudian, *Asmar.

martes, 24 de febrero de 2026

DIAGNÓSTICO

 

MORIR POR LA ÓPERA

 
Donizetti, "Lucie di Lamermoor",
*Que n'avons nous des ailes.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

BICA GALLEGA


Hablaba el otro día de un bizcocho que había preparado, una bica gallega, con resultados bastante pobres. Nada esponjosa, densa pero rica de sabor. No tiré la toalla y decidí volver a intentarlo con dos moldes para reducir la altura del mejunje. No sé si por esto de los moldes más pequeños o los 10° menos que decía esta segunda receta, el caso es que el resultado fue excelente.

LOA A POZO


A la pregunta boba de ¿dónde prefieres vivir, en el campo o en la playa?, teniendo en cuenta que no puedo tomar sol por aquello de ser pelirrojo, melanomas, etc., respondería en el campo, más aún al borde de un lago con pantalán. 
Soñar es gratis, ¿o no?
La vida te da cosas y te quita otras, pero lo de tener una casa rodeada de árboles, con vistas a un lago de montaña y una barquita atracada en el pequeño pantalán, no he logrado conseguirlo. Tiempo al tiempo. Bien, sin casa en el campo -la tuve, sí, con vistas a La Laguna-, disfruto de un loft en Pozo Izquierdo, un barrio costero de Vecindario, en Gran Canaria; barrio que puso en el mapa una tertuliana y su novio/ marido/ exmarido e influencer local, quién lo iba a decir. 
¿Te mudaste a Pozo Izquierdo? me preguntaba asombrado hace un año un compañero arquitecto cuando le conté mis planes de aquel momento y mis intenciones de dejar el trabajo ayuntamentil, como finalmente ocurrió. Con cara de asombro él me hablaba desde su precioso chalé de Guamasa. Sí, a Pozo, nada que ver con la velocidad de las ciudades, créeme. Asintió, pensando seguramente que me había vuelto loco.
Todo son cosas buenas, no puedo decir lo contrario. Si para Paul John, tu casa es donde dejas el sobrero, la mía es donde finalmente decidí vivir, da igual el lugar. Aquí estás algo aislado y eso es lo bueno. Cosas tan sencillas como no tener que preocuparte por encontrar aparcamiento (salvo durante la Fiesta del Agua, ese día mejor no mover el coche o salir en moto), o tener una sensación más fresca aunque haga calor gracias al viento veraniego, no tienen precio. Caminar por el barrio sin tráfico, saludar a los vecinos, darle de comer al gato callejero que todos cuidamos, hablar de terraza a terraza como si estuviésemos en una calle napolitana, encontrar siempre una cara conocida en la pizzería o en la tienda de windsurf de la esquina. ¿Se puede pedir más tranquilidad?
Playa para el deporte y playa para nadar. Sitios para comer y amigos con quien hablar, todo a tiro de piedra. Para lo demás, en 5 min estás en Doctoral o vecindario, como mi gimnasio, el cine, el súper, la cafetería de menú diario rico rico o la gasolina. 
Ha sido una buena decisión, no tengo duda alguna.

PD. No escribo lo que echo de menos porque todo/s sigue/n conmigo, incluso lo que no. Nombraré el jardín perdido, sí, aunque la larga jardinera que construimos ha quedado genial, creciendo, verde que te quiero verde. ¿A quién no le relaja un poco regar?
Paul Young, *Wherever I lay my hat.

¡MAGNÍFICO!

CONTINUARÁ...

 

MÚSICAS


La música de gimnasio es el nuevo hilo musical, quedó atrás la música de ascensor o de hall médico. Machacona y rítmica, hasta entretenida. Esta mañana, mientras acababa mi sesión en la bicicleta elíptica libro en mano, me di cuanta que pedaleaba al ritmo de la música y la media hora prevista se pe pasó rauda, claro que también ayudó la adolescencia de Urdangarin y sus historias familiares en Barcelona y Vitoria, el balonmano y el Barça. Mi intención siempre fue colocarme los auriculares inalámbricos con cancelación de ruido y escuchar mi música, pero mi gozo en un pozo. Competir contra los altavoces repartidos por todo el gym es una guerra perdida. además, depende del monitor/a que te toque esa mañana: la música estará alta o muy alta, de manera que me rindo a ella.
Hoy el periódico habla de la desclasificación de los papeles del 23-F tras haberlo solicitado muchos historiadores; el PP, partido político diligente donde los haya, critica presuroso que se trata de una cortina de humo del Gobierno. Nunca llueve a gusto de todos. Me pregunto si, cuando se escriba la Historia, alguien osará escribir que Sánchez hizo algo bueno. ¡Anatema!

"GYM-TEMAZOS MOTIVACIÓN 2026", tal cual. Así aparece la lista de reproducción que busco para la ilustración sonora de estas letras; Spotify lo tiene todo, no lo dudes nunca. Adelante con Alan Walker, Dash Berlin y Vikkstar y su "Better Off (Alone, Pt.III). Rítmica aportación e igual a todas, by the way. Según Soptify, toda la música que necesitas para darlo todo en el gimnasio. Los éxitos más enérgicos y potentes. ¡Casi nada!

lunes, 23 de febrero de 2026

DE IRAK A TABASCO


El destierro de José Barco, el veterano de guerra sin patria deportado a México por Trump
Tras pelear en Irak, cumplió 16 años de cárcel antes de pasar a detención migratoria y eventualmente ser expulsado del país: “Tengo derecho a que me entierren en un cementerio nacional, pero no a vivir en Estados Unidos”.
Nicholas Dale Leal, 23.02.2026

El calor húmedo de Villahermosa es lo único que a José Barco le resulta familiar en el improbable destino de su historia. A simple vista se nota que no es de por aquí este veterano de la guerra de Irak de 40 años, estatura baja, espalda ancha, cabeza rapada y una calma taciturna que esconde las vueltas absurdas de su vida.

Oficialmente, el hijo de refugiados cubanos, nacido en Venezuela y criado en Estados Unidos, no es de ninguna parte. Pero terminó en el Estado de Tabasco, al sur de México, después de cumplir casi 16 años de una condena de prisión y otros 10 meses en detención migratoria, durante los cuales lo intentaron deportar a Venezuela, sin que importara que había sido condecorado por el ejército. Arriesgó su vida por Estados Unidos y luego el sistema de salud de las fuerzas armadas le falló; aun así, pagó por su delito cometido en la inestabilidad que marcó los meses posteriores a su retorno de la guerra y, a pesar de todo, se convirtió, hasta donde se sabe, en el primer veterano estadounidense deportado a un tercer país.

La libertad que anhelaba no está resultando ser lo que imaginaba. Con sus necesidades básicas cubiertas gracias a su pensión de veterano, desde los escasos 25 metros cuadrados del estudio turístico que mantiene en un orden meticuloso —su aséptico hogar por unas semanas, antes de que tenga que mudarse al siguiente—, Barco lucha por no sucumbir a la cruel paradoja que sería perder la esperanza ahora. “La soledad, la soledad, es debilitante estar solo. Y la incertidumbre de todo… Se siente como si todavía estuviera en prisión aunque no lo esté”.

Probó la libertad insípida por primera vez en casi dos décadas el pasado 16 de noviembre, en la ciudad de Palenque, en medio de la selva de Chiapas. Ahí llegó junto a otros migrantes deportados, trasladados por las autoridades mexicanas desde la frontera de Nogales. Tenía solo una mochila que contenía sus únicas pertenencias: un poco de ropa, un registro de nacimiento y otros documentos, y un teléfono inteligente que le mandó Tia, su esposa, pero que él, preso desde antes del auge de los smartphones, no sabía usar. Logró descifrar el aparato para llamarla y ella le reservó un par de noches en un hotel que le permitió registrarse con una fotocopia de su viejo carnet de conducción.

El martes siguiente —el lunes era puente— se acercó a la oficina de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para presentar su solicitud de asilo. Lo mejor que consiguió fue una cita para abril. Comenzó a buscar ayuda a través de grupos de veteranos en México, quienes lo pusieron en contacto con tres organizaciones de apoyo jurídico para refugiados. Ellos le recomendaron trasladarse a Villahermosa y comenzar su proceso allí, donde no había una lista de espera. Desde diciembre su carpeta está abierta en las oficinas de Tabasco y hasta que no haya una resolución de la COMAR, no se puede mover del Estado. Aunque la ley fija un plazo de 45 a 90 días hábiles para resolver estas solicitudes, el rezago y la complejidad de los casos pueden alargar la espera hasta un año o más.

Ante ese panorama, sus días pasan en un aislamiento que se volvió parte de su naturaleza tras tantos años en la cárcel. Hace ejercicio, su única terapia y vía de escape; a veces pasea en silencio por las calles o algún parque de Villahermosa. No ha hecho amigos más allá de intercambiar un par de cordialidades con algunos vecinos. “Cuando entré a prisión era mucho más social, mucho más feliz. [Ahora] soy un poco ermitaño. No sé si tal vez en el fondo siempre he sido así, un poco tímido. Pero siento que la depresión, la soledad…”, comienza a reflexionar, pero se detiene súbitamente como si no quisiera adentrarse en esos rincones de su mente.

Desde que llegó a México está sin sus medicamentos, un cóctel farmacológico para tratar su estrés postraumático y fuertes migrañas causadas por varias lesiones cerebrales graves sufridas en combate. Esta es la principal razón por la cual quisiera trasladar su caso e irse a Guadalajara, donde hay una red de veteranos que le puede ayudar a conseguir atención médica.

Aunque es improbable que se le permita el cambio. Aún hay varios pasos burocráticos que debe cumplir para que se le comiencen a abrir nuevas posibilidades. La residencia legal y, con ella, un eventual trabajo, todavía están lejos en el horizonte. Lo que necesita en este momento es una CURP (Clave Única de Registro de Población), el número más básico de identificación en México, para poder por lo menos abrir una cuenta de banco, conseguir una receta médica o firmar un contrato de alquiler para no depender de costosos apartamentos turísticos.

“Estoy agradecido con México por haberme abierto los brazos. No tengo nada en contra de México ni de los mexicanos. Pero no soy mexicano. No conozco a nadie aquí. Estoy completamente solo en este país. Siento que ya he sido castigado. Fui a prisión. Cumplí mi condena. Debería estar de vuelta en Miami, con mi familia. En cambio, me arrancaron de eso”, dice Barco, más con frustración que con rabia.

La guerra y la cárcel

La familia Barco se asentó en Miami en 1990, después de un periodo en Venezuela, donde nacieron José y sus hermanos mayores. Recalaron en Caracas como refugiados del castrismo, que había encarcelado a su padre durante casi dos décadas tras la Revolución. Pero el objetivo siempre había sido Estados Unidos. Allí, creció con limitados recursos pero sin carencias, entre cubanos y con padres que nunca aprendieron inglés. A pesar de ello, él, un residente legal que juraba lealtad a la bandera de las barras y estrellas en la escuela, se sentía estadounidense.

Así que antes de cumplir los 18, se enlistó en el ejército. Era una manera de salir de casa y su hermano mayor ya lo había hecho unos años antes. También quería servir a su país, pero, por otro lado, sencillamente lo atraía la aventura, como en las películas. “Queríamos ser Navy Seals, fuerzas especiales, comandos. Eso era lo que teníamos en mente. Y en ese entonces, en 2003 cuando me uní, acababan de invadir Irak. Así que mi hermano y yo queríamos hacer parte de ello, queríamos ir a la guerra”, recuerda, tan convencido como entonces.

Partió a Irak y allí la acción no se hizo esperar. A los cuatro meses, un atentado con un coche bomba lo dejó con heridas graves y quemaduras de tercer grado. Tuvo que volver a Estados Unidos para recuperarse por un par de años, durante los cuales, aun dentro del ejército, se casó y también comenzó su proceso de naturalización.

Jose Barco (al centro) durante un operativo en Irak. Cortesía

Se suponía que obtendría su ciudadanía mientras estaba desplegado por segunda vez en Irak, pero por algún error en el papeleo eso nunca sucedió. En ese momento, en medio de fuertes combates en los que sufrió varias conmociones cerebrales, no le preocupó demasiado, pero resultaría siendo un elemento crucial de su destino.

Regresó a la base de Fort Carson en Colorado a finales de 2007 en un estado mental delicado, con claros y profundos síntomas de estrés postraumático, pero no recibió atención psicológica, solo medicación. “No era yo mismo. Estaba bebiendo mucho, tenía mucha agresividad; eso arruinó mi matrimonio. Yo tenía 22 años y no sabía lo que estaba pasando, y simplemente no quería estar casado”.

Fue en ese contexto, en abril de 2008, en el que Barco salió a una fiesta en una casa y un episodio de menos de 10 minutos le cambió la vida. Cuando entró, el ambiente se puso tenso; luego se enteró de que los asistentes eran pandilleros, a quienes no les agradó que llegaran unos desconocidos con pinta de militares. Hubo un enfrentamiento y, rodeado y amenazado, Barco sacó su arma y disparó al techo una vez, antes de salir y montarse a su auto. Cuando se estaba alejando, recuerda casi 20 años después, algo se apoderó de él y entonces volteó y se acercó de nuevo a la casa, fuera de la cual todavía estaban los pandilleros, que comenzaron a tirarle piedras. Sintió que estaba de nuevo en Irak y que le estaban disparando. Bajó la ventana del pasajero y descargó los seis tiros que quedaban en el cartucho.



“Esa noche todo estaba borroso. Por suerte, nadie se lastimó gravemente. Podría haber matado a alguien. Pero en mi mente no estaba pensando en esas consecuencias, estaba de regreso en Irak”, rememora Barco, que unos días después de los hechos se enteró de que una de sus balas sí alcanzó la pierna de una mujer embarazada de 19 años. Pasó el tiempo y nadie presentó cargos, hasta que un día, 10 meses después, fue arrestado y acusado de intento de asesinato.


Intentó luchar por su libertad, pero su suerte ya estaba echada. En esa época, la base de Fort Carson era el centro de una crisis de crimen y salud mental —se reportaron unos 18 casos de asesinato o intento de homicidio y hasta 36 suicidios— que, de acuerdo a informaciones del momento, el fiscal general de Colorado quería cortar de raíz dando un ejemplo implacable. Barco fue sentenciado por intento de asesinato a 55 años de cárcel y entró en prisión en otoño de 2009.

En ese momento, su nueva novia, Tia, tenía cuatro meses de embarazo, así que poco después de ingresar a prisión, se casaron, para que ella y la niña que estaba por nacer pudieran recibir la pensión de veterano de Barco. Luego, como si estuviera detenido en el tiempo, pasaron los siguientes 15 años. Siguó casado con Tia, pero no siempre estuvieron en contacto. Y su hija creció hasta la adolescente que es ahora con una comprensiblemente distante relación con su padre. En ese presente congelado y sin futuro, se dedicó casi de lleno a trabajar en la cárcel. Fue cocinero y asistente de profesor para los reos que no habían acabado la secundaria, entre otras cosas.

Su comportamiento ejemplar le granjeó la libertad condicional a partir del 21 de enero de 2025, unos 15 años y medio después de entrar a prisión, y, crucialmente, el día siguiente al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Tenía planes de ir a Miami y estar con su familia. Pero sin salir de la cárcel por su propio pie, pasó automáticamente a custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que le informó que sobre él pesaba una orden de deportación por ser un criminal convicto.

El limbo migratorio

Dos meses después, cuando la noticia de venezolanos deportados a una cárcel de máxima seguridad en El Salvador infundía pánico entre los migrantes detenidos en los centros que Barco describe como “medievales” por sus atroces condiciones, estaba montado en un avión de camino a Honduras, donde sería entregado a las autoridades venezolanas. Pero sobre la pista de un aeródromo hondureño, los oficiales de Venezuela lo rechazaron solo a él de entre ese grupo de más de 200. Decían que Barco, que habla con acento cubano y no tiene número de cédula de identidad, sino solo un registro de nacimiento en un estado para ellos sospechosamente bueno, no podía ser venezolano.

“Fue bastante surreal”, cuenta Barco del trayecto de regreso en un avión acompañado solo por los agentes del ICE y la tripulación. “Yo pensaba: ¿Es esto algo bueno? Pensaba que ojalá ahora tendrían que liberarme porque mi país no me quiere”. Fue una ingenuidad: para noviembre se confirmó que sería deportado a México.


Barco no se esconde de su responsabilidad. “Estoy donde estoy por mí. Yo cargo con la culpa, no se la doy a nadie más. Mi hermano fue a Irak también y él se hizo ciudadano. Yo podría haber tenido una buena vida en Estados Unidos. Mi vida podría haber sido completamente diferente y eso es por las decisiones que yo tomé. Pero en el camino ha habido mierdas que han pasado que han estado fuera de mi control”.

Mirando hacia delante, que es lo único que siente que tiene sentido, espera poder convertirse en residente legal en México y construir un futuro en el país. Además, está tramitando su nacionalidad venezolana y ha pedido un indulto al gobernador de Colorado, con la esperanza remota de que con ello pueda regresar legalmente al que en realidad siente como su país.

Es entonces cuando repara en lo absurdo que es todo y la rabia que ha aprendido a sepultar dentro de sí mismo se devela. “Soy más estadounidense que la mayoría de las personas que son ciudadanas solo porque tuvieron la suerte de nacer allí. Hay tipos que salen de prisión todos los días por crímenes atroces. Auténticos desgraciados. Y los liberan, quedan en libertad condicional, pero no los deportan porque son estadounidenses”.

“Yo sangré por este maldito país. Fui a la guerra por este país dos veces. Pero no puedo vivir en Estados Unidos. La única forma en que puedo volver ahora mismo es dentro de una bolsa para cadáveres. Como veterano, tengo derecho a que me entierren en un cementerio nacional, pero no tengo derecho a vivir en Estados Unidos. ¿Qué clase de mierda retorcida es esa?”.

A WORD, OR TWO

¿ES SÓLO CINE?


Anoche volvimos al cine, la elección fue "Greenland 2". Estamos tan acostumbrados a leer y a ver películas sobre el apocalipsis que no nos paramos un momento a pensar que, desgraciadamente, todo lo que nos cuentan podría ser cierto. Más en este caso porque no se trata de lo mal que lo hemos hecho (des)cuidando el planeta sino del impacto de un gran meteorito que casi causa la extinción de los humanos.
El cine apocalíptico es lo que tiene, tan efectista como rápido, no da tiempo para reflexionar. Y he aquí el quid de la cuestión, no que aparezcan zombies sedientos de sangre y vísceras, o que un megatsunami nos borre del mapa, una nueva glaciación que nos cubra de hielo, una invasión de extraterrestres caníbales, ni siquiera que un enorme meteorito o un cometa, que para el caso es igual, acabe con nosotros de una vez. No. El asunto está en que todos estos hechos que el cine y los libros nos muestran y demuestran que son posibles (no, ¿los zombies también? Deja tú que los adictos al fentanilo que moran en San Francisco prueben la carne humana) nos deberían sumir en la mayor de las preocupaciones. Todo se reduce a lo mismo, el hombre acaba siendo un lobo para el hombre. Padres de familia armados hasta los dientes que te roban el coche a punto de pistola; hordas de desesperados que te recuerdan el valor de la vida: nada; ciudades que desaparecen de un día para otros, barcos que zozobran porque nadie respeta el límite máximo de pasajeros...
Si una cosa tengo claro es que el día del Armagedón yo será uno de los primeros en desaparecer; me conozco y no me veo emulando a Gerad Butler. 

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

REALIDADES PARALELAS

Leo esta mañana un artículo acerca de una conferencia de Kevin Spacey en la Oxford Union Society. Me llamó la atención esta noticia porque ahora, durante mi media hora de bicicleta estática mañanera -la cinta no tiene atril, de manera que no me lo permite- estoy con las memorias de Urdangarin. La verdad es que no sé si realmente me interesan demasiado, pero como creo que a los que pagan en la cárcel su condena se les debe dar una segunda oportunidad -he ahí la justicia de la reinserción-, pueden ser relevantes al formar parte de la reciente historia de España, independientemente se su calidad literaria, que en este caso importa poco. 

Respecto al tema de la reinserción, investigo un poco lo que dice la justicia en España, siempre con la mirada puesta en la finalidad socializadora.
En muchos sistemas jurídicos modernos, esta es una de las finalidades principales de la pena. Por ejemplo, la Constitución Española establece en su artículo 25.2 que las penas privativas de libertad deben estar orientadas hacia la reeducación y reinserción social.
La reinserción implica: educación y formación profesional dentro de prisión, programas de tratamiento psicológico, aprendizaje de habilidades sociales, preparación para la vida laboral y fortalecimiento de vínculos familiares. La idea central es que la persona no quede marcada permanentemente por el delito, sino que pueda reconstruir su proyecto de vida.

Más allá del castigo, algunos sistemas promueven modelos de justicia restaurativa, que buscan: reparar el daño causado, responsabilizar activamente al infractor, favorecer la reconciliación cuando sea posible.
En relación con la futura reinserción, el cumplimiento de la pena debería: evitar la desocialización que produce el aislamiento prolongado, reducir la reincidencia, facilitar oportunidades reales tras la excarcelación (empleo, vivienda, apoyo social) y promover la asunción de responsabilidad por el daño causado. Si el sistema penitenciario se limita solo al castigo, aumenta el riesgo de exclusión y reincidencia. En cambio, cuando se orienta a la reinserción, busca transformar la pena en un proceso de cambio y preparación para la convivencia social.

La palabra de Kevin Spacey
El discurso del actor en la Oxford Union Society me hizo recordar que Platón dejó escrito que la persona buena y noble es aquella que habla y piensa bien.
Diego S. Grarrocho, 23.02.2026

No tengo ni idea de cuál es la condición moral de Kevin Spacey ni me importa demasiado. En lo que respecta a sus problemas con la justicia, hasta donde sé, nadie le ha declarado culpable. Aunque quizá lo más relevante sea que es un actor inmenso. Y puede que algo más. Desde hace días, circula por las redes una intervención suya del pasado diciembre en la Oxford Union Society, probablemente el club de debate estudiantil más importante del mundo. Si tienen ocasión, no dejen de buscar ese vídeo: no es solo una curiosidad viral; es un recordatorio desafiante de lo que la palabra puede todavía.

La intervención de Spacey es colosal y sumamente efectista. Habla de la verdad, de los hechos, de los villanos, de los juicios paralelos… fenómenos tan clásicos que parecen hablar de nosotros. Y quizá lo hagan. Un hombre de pie, rodeado de personas sentadas, apenas provisto de unos tarjetones, proyecta la voz mientras interpela con el gesto y la mirada a sus interlocutores. Hay una parte de lo que somos, como especie y más específicamente como cultura, que tiene que ver con este uso público de la palabra.

Los antiguos lo sabían. A su reflexión teórica la llamaron retórica y a su buen ejercicio le dieron el título de oratoria. Que Aristóteles o Cicerón dedicaran al asunto tratados principales no es ninguna casualidad. El cuidado de la palabra no es una capacidad más entre otras: es uno de esos lugares donde la naturaleza humana se expresa, se prolonga y, si hay fortuna, se perfecciona.

No somos solo animales pensantes o sintientes. Somos un bicho extraño que necesita contagiar precisamente lo pensado y lo sentido. Gracias a que tenemos voz, decía el de Estagira, podemos deliberar sobre el bien y no solo sobre el placer. La oratoria es la síntesis de una región de lo humano en la que convergen el número y la letra, la matemática del ritmo y la estética de la palabra. En pocos lugares se condensa de forma tan civilizada y salvaje la vieja tríada del bien, la verdad y la belleza.

Escuchando a Spacey recordé que Platón dejó escrito que la persona buena y noble es aquella que habla y piensa bien. Es, sin duda, una exageración, aunque no me atrevería a decir que carezca por completo de verdad. El discurso de Spacey me reconcilió con la dignidad que adquiere el uso solemne de la palabra desnuda. Pero también sentí una extraña ira contra mí mismo y contra quienes algún día creímos que una clase magistral en una universidad podía hacerse con un PowerPoint.
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He aquí el discurso del actor:

NO APRENDEMOS


El Gobierno vasco alerta del impacto de los urbanitas que se mudan al campo: “Molestan las ovejas que pasan por el pueblo y manchan”
El sindicato agrario UAGA lamenta las quejas: “La gente llega a los pueblos pensando que esto es un remanso de paz en el que solo se oyen los pájaros y todo es verde”.
Iker Armienta, 23.02.2026

Sobre los problemas que acechan al mundo rural, las instituciones tienen una larga lista de tareas pendientes. El Gobierno vasco ha añadido una más: los perjuicios provocados por la población de las ciudades que se muda a los pueblos y que se queja de los inconvenientes de convivir con el trabajo de agricultores y ganaderos. “En muchas zonas rurales, la actividad agraria ha pasado a ser residual. Incluso molesta, y estamos empezando a tener problemas derivados de las expectativas que cada ciudadano pone cuando va a residir a la zona rural”, ha declarado Amaia Barredo, consejera de Desarrollo Rural y Agricultura del Gobierno vasco, en referencia a quienes proceden de las ciudades.

Barredo certifica que los conflictos sociales están a la orden del día y cita situaciones en las que “molesta una ganadería en un pueblo” y no se quiere permitir su desarrollo o cuestiones más mundanas como que “las ovejas pasan por el pueblo y me manchan y tenemos un concejo [reunión en el pueblo] específico para hablar de eso: es de risa pero es que esto está siendo así”. La consejera vasca de Agricultura considera que este escenario “está alterando seriamente el futuro de las zonas rurales”.

Barredo hizo estas declaraciones durante la presentación en el Parlamento vasco de la nueva Estrategia de Desarrollo Rural de aquí a 2030, que aboga por mejorar los servicios y los equipamientos en los pueblos para que ”vivir y trabajar en el medio rural siga siendo una opción real y atractiva para la ciudadanía”. El plan recoge 38 acciones concretas en materias de vivienda, agroindustria o movilidad, pero no plantea acciones para combatir el efecto que está teniendo la presencia de urbanitas en el campo, aunque la consejera sostiene que este fenómeno “seguramente aparecerá en la siguiente” estrategia y que es necesario “poner el foco” en esta realidad.

“La gente llega a los pueblos pensando que esto es un remanso de paz en el que solo se oyen los pájaros y todo es verde; vienen con una idea equivocada de lo que es el campo”, ha explicado en una entrevista en la Cadena Ser Iker Aguirre, vicepresidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA). El campo no es ese lugar bucólico que algunos esperan: “En general, es un medio de trabajo y hay tractores que van de un lado para otro, se madruga y, si hay ganado, hay olores y ruidos que son extraños para la gente que llega de la ciudad”.

“Todos tenemos vivencias de la gente que ha llegado de las ciudades y no se adapta a la realidad de un pueblo”, explica Aguirre. Hay problemas con la gente que va con los perros sueltos y asustan al ganado. Quejas por el ruido que provocan los cencerros de las vacas. Por el trajín de los tractores que pueden llevar barro en las ruedas o por “las ovejas que han cagado en un camino rural, ni siquiera en las calles”. “Se generan demasiados problemas”, lamenta.

Aguirre cuenta que se han dado casos en los que incluso explotaciones ganaderas cercanas a las casas han tenido conflictos porque hay nuevos vecinos que los han “acribillado” a denuncias. Ha ocurrido, por ejemplo, en la Llanada Alavesa. Y en el municipio de Zuia “ha habido pueblos en los que hace años hubo una entrada de muchísima gente de fuera y las explotaciones de ovino tenían muchísimos problemas porque las ovejas cagaban en los caminos”.

“Hay mucha gente que viene de las ciudades que se adapta y no hay ningún problema. Se convive perfectamente con ellos, pero hay gente que no quiere adaptarse”. El vicepresidente de UAGA dice que hay que proteger la actividad agraria: “No sé de qué manera pero tiene que protegerse y quizás haya que educar en que el campo no es algo idílico”. En 2024, la Asamblea Nacional francesa aprobó una ley para proteger a los agricultores frente a este tipo de quejas por parte de nuevos vecinos. Julen Ibarrola, vicepresidente de ACOA, la Asociación de Concejos de Álava, también defiende, en conversación con la Ser, que la forma de vida de agricultores y ganaderos tiene que tener “respaldo legal”. “Cada vez los baserritarras son menos en número y dedicación, y necesitamos protegerlos de manera especial”.

Ibarrola constata la existencia de quejas por el paso de ganado por las calles de algunos pueblos en los que las normas, en principio, no lo permiten: “El sentido común dice que si tenemos familias ganaderas que están dentro de nuestros pueblos, tendrían que poder hacer uso de esos viales, aunque sean calles, porque tienen que ir a pacer en campas, a mantener nuestro entorno limpio, y para eso hace falta que circulen por allí”. Ibarrola afirma que, en todo caso, no es un problema generalizado: “Nos hace falta gente que venga a los pueblos porque tenemos casas vacías en las que son bienvenidos”.

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