En el programa de Iker Jiménez se discutió que el beso de Sánchez y Gómez hubiera sido con lengua —aquí, en todo caso, recomendaría al líder socialista unas clases de baile. Dos tardes, como la economía— y en la cuenta del PP en X se colgó una grabación de Óscar Puente gritando de dolor por una lesión con el mensaje: “Miedo le tenías tú a un esguince”. No fue el momento de mayor madurez del partido, pero lo justo sería recordar que tampoco el ministro de Transportes es ejemplo de sobriedad o contención en la red social. En el programa Cara al show aseguró que, de media, al día, escribe “entre 12 y 20 tuits”. En algunos de ellos ha llamado a Feijóo “imbécil”, “rastrero”, “miserable” o “ser” que da “asco”.
miércoles, 28 de octubre de 2026
TE LO JURO POR SNOOPY
En el programa de Iker Jiménez se discutió que el beso de Sánchez y Gómez hubiera sido con lengua —aquí, en todo caso, recomendaría al líder socialista unas clases de baile. Dos tardes, como la economía— y en la cuenta del PP en X se colgó una grabación de Óscar Puente gritando de dolor por una lesión con el mensaje: “Miedo le tenías tú a un esguince”. No fue el momento de mayor madurez del partido, pero lo justo sería recordar que tampoco el ministro de Transportes es ejemplo de sobriedad o contención en la red social. En el programa Cara al show aseguró que, de media, al día, escribe “entre 12 y 20 tuits”. En algunos de ellos ha llamado a Feijóo “imbécil”, “rastrero”, “miserable” o “ser” que da “asco”.
COLOSSAL
Observe cómo un restaurador retira con delicadeza el barniz opaco y un panel de madera deformado de una pintura antigua
BOLUDA + CNI
LA MALA EDUCACIÓN
Hay algo que envidio de los ricos, aun creyendo que el dinero no da la felicidad, y es que pueden permitirse tener chófer y que les hagan la compra sin tener que ir ellos mismos al supermercado, uno de los lugares con más maleducados por m² que existen.
Hace un momento, terminando con mi periplo mecánico, aproveché para pasar por el supermercado, habida cuenta de que, al volver del taller, me quedaba de paso. El Mercadona de la zona no es de los más grandes y tiene un parking al aire libre con cuatro calles interiores paralelas, pero con sentidos opuestos de manera intermitente. Yo suelo aparcar en la última de ellas, la más alejada del acceso y, por tanto, la menos concurrida, aunque eso obliga a recorrer antes otra calle para llegar.
Hace unos minutos, tanto al llegar como al irme, me encuentro con dos doñas que, sin cortarse un pelo, maniobraban en sentido contrario, encontrándome a mí de frente. Nada de disculparse o dar marcha atrás, no; la primera, cuando le dije «conduce usted en dirección prohibida», comenzó a hacer aspavientos con las manos, azuzándome para que aparcara de una puta vez y la dejara pasar. Tal cual. Luego me la crucé dentro del súper. Me abstengo de describirla porque uno es un caballero.
Al salir, mientras maniobraba, entra otra señora, ésta fumando como si tal cosa, también en contrasentido. Esta vez opté por no decir nada: solo sacar el coche y salir raudo, alejándome de su áurea chunga. Ella ni me miró; pegó su coche como pudo, sabiendo que lo que hacía estaba mal, pero eso no importaba. Debía de estar pensando: «Lo hago porque yo lo valgo».
Qué fea es la ordinariez y cuánta tenemos a nuestro alrededor.
MIÉRCOLES
Termino de leer la estupenda novela "Aire de familia" de piperno, llena de injusticias revulsivas y, a falta de un capítulo y medio, las dos temporadas de la exuberante y magistral adaptación de "Cien años de soledad" que nos ha regalado NETFLIX, auténtico reflejo de la idiosincrasia humana atemporal.
martes, 27 de octubre de 2026
ALEA IACTA EST
3 MÁS DE MARK FISHER
AIRE DE FAMILIA
En ese momento habría dado cualquier cosa por respirarlo profundamente. Si hay una lección que me han enseñado los años, es que el olfato es el sentido de la nostalgia.No me importó. Al contrario, me pareció embriagador. Los sollozos a los que se abandonó me recordaban de forma inquietante al ataque de llanto que me había deformado las facciones décadas atrás, cuando me di cuenta, demasiado tarde, no tanto de que mi madre ya no existía, sino de que, por muchas vidas que viviera, no volvería a verla.Nos metimos bajo el edredón. Con toda esa adrenalina en el cuerpo perdí la esperanza de conciliar el sueño. Pertenezco a esa clase de personas ansiosas incapaces de encontrar alivio en la idea de haber sorteado el peligro. Mi mente no dejaba de obsesionarse, de darle vueltas, demorándome en las desgracias que podrían haber ocurrido si las cosas hubieran salido mal.















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