lunes, 2 de noviembre de 2026

FORMENTOR


Escritores, leyendas y tramontana: el contubernio de Formentor regresa a su cuna
El premio Formentor de las Letras, que ayer recibió el escritor portugués Gonçalo M. Tavares, retorna al hotel de la bahía mallorquina que lo vio nacer.
Joseba Elola, 02.11.2026

Fue el escritor Juan Goytisolo el que lo calificó de contubernio. El que estableció una analogía entre aquellos primeros encuentros de poetas, escritores y editores de la España de finales de los años cincuenta del siglo XX en el legendario hotel mallorquín del cabo de Formentor y el llamado contubernio de Múnich, congreso de la oposición antifranquista que se celebró en la ciudad alemana a principios de los 60. En los jardines, en el bar y en la icónica escalera de este hotel aislado entre acantilados y rodeado de pinos, mecido por los vientos del punto más septentrional de la isla, se empezó a fraguar en el año 1959 una conjura por la literatura de calidad, un espacio para pensar el hecho literario, para debatir, para premiar fuera de la corriente. Las Conversaciones Literarias y el Premio Formentor regresaron ayer aquí, al lugar que los vio nacer, con la entrega del galardón de esta edición al novelista portugués Gonçalo M. Tavares, “por desvelar las inesperadas implicaciones de una humanidad asustada de sí misma”, tal y como refleja el acta del jurado, “por contar la paradójica epopeya del extravío contemporáneo”.

Y fue el propio Tavares, en su discurso de recepción del premio en el remodelado hotel, hoy Four Seasons Resort Mallorca at Formentor, el que celebró ayer las virtudes de un premio que quiere transitar ajeno a las modas, a los fenómenos del momento, a las listas de los más vendidos. Al recordar que la lista de escritores que lo han recibido a lo largo de los años (entre los que se encuentran autores como Jorge Luis Borges, Saul Bellow, Carlos Fuentes o Annie Ernaux) genera gran respeto, el escritor portugués, autor entre otras de Cuadernos de Gonçalo M. Tavares, dijo que aquí se celebran “obras extraordinarias de escritores absolutamente radicales e intransigentes con su obra”. Y añadió: “Entre esos nombres potentes, los de los anteriores galardonados, no hay vendedores, no hay negociantes. Nadie negocia ni ha negociado con el público ni con los lectores absolutamente nada. Siguen, o han seguido, hacia delante por su bosque privado, directos a los molinos de viento imaginarios que cada uno tiene en la cabeza”.

El certamen de Formentor se reencuentra con su matriz -en un hotel remodelado cuya reconstrucción no estuvo exenta de polémicas y de protestas de grupos ecologistas-, después de haber itinerado por lugares como Canfranc, Marrakech o Aranjuez en los últimos años, en establecimientos de la cadena Barceló (la familia Barceló ejerce de mecenas de esta cita literaria). El premio vivió su primera etapa entre 1961 y 1967 y fue resucitado en 2011. “Volvemos a la cuna donde nació todo”, dice Basilio Baltasar, artífice de esta segunda etapa. “Recuperamos este espacio, esta bahía, el espíritu del lugar. Toda la memoria del mundo clásico está cifrada en este paisaje”.


Todo empezó con dos encuentros literarios que se sucedieron en apenas diez días de mayo de 1959. El primero fue una iniciativa del escritor Camilo José Cela, que impulsó las Conversaciones Poéticas en este hotel, una cita a la que acudieron, entre otros, Vicente Aleixandre, Robert Graves, Rosario Conde, José Agsustín Goytisolo o Carles Riba. El segundo, celebrado justo a continuación, y bautizado como el Primer Coloquio Internacional sobre Novela, tuvo como figura clave al poeta y editor Carlos Barral. “En Formentor se encontraba la élite de la edición internacional discutiendo de literatura”, explica Jordi Amat, coordinador del suplemento Babelia de EL PAÍS y autor de la biografía Vencer el miedo. Vida de Gabriel Ferrater’, en la que cuenta historias de aquel Formentor de los años sesenta. “Se realizaban ejercicios espirituales y muy espirituosos”.

De aquel mayo del 59 queda el recuerdo de un Vicente Aleixandre lamentando que nos les volverían a invitar por los desmanes espirituosos de los jóvenes poetas y la estampa de Carlos Barral besando los labios de una escultura clásica plantada frente a la playa. Jaime Gil de Biedma inmortalizó esa escena en el poema Conversaciones poéticas, dedicado “A Carlos Barral, amante de la estatua”, que dice:

“De noche, la terraza estaba aún tibia / y era dulce dejarse junto al mar, / con la luna y la música/ difuminando los jardines, el Hotel apagado / en donde los famosos ya dormían. / Quedábamos los jóvenes. / No sé si la bebida sola nos exaltó, puede que el aire, / la suavidad de la naturaleza / que hacía más lejanas nuestras voces, / menos reales, cuando rompimos a cantar”.

Dos años más tarde, en 1961, se crea el Premio Formentor de las Letras por iniciativa de un grupo de editores entre los que se encontraban Barral, el francés Claude Gallimard y el italiano Giulio Einaudi. Elide Pittarello, hispanista italiana que ha sido tres veces jurado del Premio Formentor, recuerda un episodio sobre el que escribió en el que Einaudi viajó a Barcelona para encontrarse con Barral y ambos acabaron en Cuenca, arrastrados por Ernest Hemingway, que se los llevó a una corrida de toros. En esos días se estaba fraguando un premio que en sus primeras ediciones fue bicéfalo: se entregaban dos galardones, uno que premiaba una trayectoria, y otro a una novela inédita. El soplo de aire fresco se mantuvo vivo seis años, hasta 1967: Formentor se había convertido en un espacio incómodo para el régimen.


La segunda etapa de Formentor se empieza a fraguar 50 años más tarde, en 2007, según cuenta Basilio Baltasar, cuando Simón Pedro Barceló le envía una carta diciéndole que hay que recuperar la vida cultural de ese hotel construido en 1929 por el argentino Adan Diehl, un millonario bohemio al que llamaban El loco, que lo concibió desde un principio como un refugio para artistas y escritores europeos. Las Conversaciones Literarias de Formentor, impulsadas por Basilio Baltasar, regresan en 2008 a este hotel legendario por el que han pasado a lo largo de la historia figuras como Winston Churchill, Audrey Hepburn o Charlie Chaplin. Y tres años más tarde, en 2011, es cuando se decide resucitar el Premio Formentor de las Letras, que este año celebra su decimosexta edición. El hotel, ubicado en una zona protegida, la Serra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad, continuará siendo la sede del premio y las Conversaciones hasta 2020, año en que deja de estar en manos del grupo Barceló. Empieza entonces la itinerancia del certamen por otros hoteles de la cadena hasta consumar, ayer, seis años más tarde, su retorno a Pollença.

“Valoro mucho este espacio único porque nos permite pensar el oficio editorial más allá de la urgencia cotidiana”, dice Elena Martínez Bavière, directora editorial de Alianza y Cátedra. “Cuando se sientan juntos editores de países, generaciones y trayectorias distintas, aparecen perspectivas que no tendrían hablando con los colegas de siempre”. En esta segunda vida de Formentor, el formato de la cita es distinto al de los años 60. Cada año, se celebra la entrega del premio en el marco de las Conversaciones Literarias, que cuentan con un leitmotiv distinto en cada edición. Durante los días en que se celebra el certamen, la Fundación Formentor invita a escritores, periodistas y personas del mundo de la cultura a participar en un foro en el que se organizan mesas en torno a una temática, este año, Artistas, émulos y copistas. Ayer, además de la entrega del premio, se celebró por la tarde en la planta baja del lujoso hotel la primera sesión del Coloquio de Editores Europeos, en el que la irrupción de la Inteligencia Artificial en el sector editorial fue gran protagonista. Y hoy lunes habrá una sesión dedicada al arquitecto Antoni Gaudí.

El Premio Formentor de las Letras ha demostrado olfato en los últimos años. Cuando la escritora francesa Annie Ernaux lo recibió en 2019, no era una autora muy conocida en España. Tres años más tarde, le concedían el Nobel. Y algo similar ocurrió con el húngaro László Krasznahorkai, que recibió el Formentor en el 2024 y el Nobel al año siguiente. Esto ya había ocurrido con dos autores en la primera etapa, con Samuel Beckett y Saul Bellow: “Han conseguido crear una plataforma de prestigio para los escritores”, dice Amat. Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Mircea Cărtărescu y Cees Nooteboom son algunos de los ganadores de los últimos años.

“La belleza, la vida del espíritu, la armonía... Nunca he visto un lugar donde estén tan bien fundidos continente y contenido, arte y naturaleza”, dice la escritora y biógrafa Anna Caballé, que ha sido jurado del Premio en tres ocasiones. “Formentor es un espacio geográfico donde habita un mito: el del respeto y la preservación de los más altos valores que representa la literatura”.

Joseba Elola es el responsable del suplemento 'Ideas', espacio de pensamiento, análisis y debate de EL PAÍS, desde 2018. Anteriormente, de 2015 a 2018, se centró, como redactor, en publicar historias sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, así como entrevistas y reportajes relacionados con temas culturales para 'Ideas' y 'El País Semanal'.

ASESINOS, CRIMINALES, HIJOS DE PUTA

Este exacerbado y ofensivo comportamiento se ha instalado en buena parte de los políticos españoles para nuestra desgracia. Terrible leer los exabruptos que sueltan por esa boquita sin cortarse un pelo y olvidando, adrede, que el Presidente del Gobierno está donde está por obra y gracia de unas elecciones generales democráticas. Esta espiral de la que habla el artículo es tan desagradable, como mínimo, que no quiero pensar en lo que nos depara el futuro si esta gente gana el 29-N. Me da terror, debo estar dentro del 19%.
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La tragedia empuja a la ultraderecha a una espiral de brutalidad
Vox y otros grupos extremistas se lanzan en las redes y en la calle a insultar y criminalizar al Gobierno.
Ángel Munárriz, 02.11.2026

“Óscar Puente, asesino”, “Partido Socialista, banda criminal” y —el ya clásico— “Pedro Sánchez, hijo de puta”, corea la multitud. Otras proclamas evidencian la presencia allí de ultranacionalistas de sangre y suelo: “Esta es nuestra tierra y hay que defenderla”. Son pasadas las 20 horas del miércoles, día del accidente de Urda (Toledo), y se han concentrado más de mil personas junto al Ministerio de Transportes en Madrid. Están convocadas por Falange, partido heredero de la histórica tradición política española hermana del fascismo, y Revuelta, una asociación vinculada en sus orígenes a Vox que usa argumentos raciales para sus mensajes xenófobos. Hay mucho rostro tapado y mucha ropa negra. Ante el lanzamiento de bengalas y el agolpamiento de manifestantes en el cordón policial, los agentes cargan. Indignado, Pedro Chaparro, presidente de Democracia Nacional, vocea: “Lo que ha ocurrido hoy es una matanza. Esto es de rebelión nacional. Señores, hay que alzarse”. Pablo González, líder de Revuelta, se graba un vídeo imputando al Gobierno las víctimas de Urda, pero también de la dana de Valencia y del accidente de tren de enero en Adamuz. El mensaje anunciado como un “homenaje” a las víctimas de Urda acaba mencionando la crisis de Ceuta y hasta el volcán de La Palma, en un totum revolutum de asuntos de los que culpa al Ejecutivo.

A la plaza de San Juan de la Cruz, lugar de la cita, han llegado también manifestantes provenientes de otra convocatoria, esta en Cibeles y lanzada por el sindicato de Vox, Solidaridad, con el lema La corrupción mata. Allí ha hecho declaraciones José María Figaredo, uno de los portavoces de Vox, que acusa con “rabia” e “ira” al “Gobierno criminal” de haber “provocado” los accidentes de Adamuz, con 46 muertos en enero, y Urda, con al menos 69. Figaredo pide al Ejecutivo que se ponga “a disposición judicial”.

Acto contra el Gobierno convocado el jueves por el sindicato Solidaridad, de Vox, en Madrid. Victor Lerena (EFE)

La convocatoria de Solidaridad es a las 20 horas. La misma que la de Falange y Revuelta. La misma que la de Reconquista, organización integrada en el movimiento supremacista blanco europeo y próxima a Vox, que llama a manifestarse frente al Ayuntamiento de Barcelona, también contra el Gobierno por Urda. “La agenda del PSOE: matar gente”, publica en X una de sus líderes, Nayara de la Torre, que se queja de que en Madrid la Policía Nacional haya empujado a una joven manifestante pero en Ceuta “a los moros ni tocarles”.

Todo lo anterior ocurre el pasado miércoles. Y todo muestra cómo, en plena precampaña electoral, la tragedia ferroviaria de Urda ha desatado en una ultraderecha en ebullición una carrera por mostrarse como el más duro, el que llega más lejos en su rabia contra el Gobierno, el más iracundo y a la vez el más conectado con el duelo popular. La espiral de brutalidad incluye desde insultos hasta imputaciones de criminalidad, pasando por llamamientos al alzamiento popular. Y nadie quiere quedarse fuera.

Toni Estévez, uno de los rostros visibles de Reconquista, en agosto en una manifestación en Barcelona. Nico Tomás / ACN

Ceñidos a un guion ya ensayado tras la dana de Valencia de 2024 y la oleada de incendios de 2025, numerosos grupos compiten para ganar visibilidad y, una vez conseguida, lanzar sus proclamas. De Norberto Pico, jefe nacional de Falange, a Pablo González, líder de Revuelta; de Pedro Chaparro, jefe de Democracia Nacional, a Jordi de la Fuente, el exdirigente neonazi que encabeza Solidaridad; de Toni Estévez y Nayara de la Torre, caras visibles de Reconquista, a Ignacio Ursuaga, presidente de Hazte Oír, todos se han apresurado a posicionarse en términos extremos contra el Gobierno por la catástrofe de Urda. Aunque nadie lo ha hecho tan rápido como Santiago Abascal.

Los insultos de Vox

Ya la misma mañana del accidente, Abascal marcó el camino a su partido culpando al Gobierno de las muertes y calificándolo de “organización criminal”. El accidente había ocurrido, dijo, porque el Ejecutivo se ha gastado el dinero que debería haber ido al sistema ferroviario “en señoritas de compañía, mordidas y joyas”. Si el punto de partida ya era duro, desde entonces ha seguido endureciéndolo. El jueves, el candidato de Vox el 29-N se refirió al ministro de Transportes, Óscar Puente, como “Óscar Muerte”. Es una palabra que Abascal repite: “Muerte”. También “ruina”. Con ellas sintetiza el legado del Gobierno, que tacha de “antiespañol” y “criminal” y “mafioso” y “traidor”. Lo culpa de las muertes de Urda y afirma que debe ser juzgado por ellas. De Abascal para abajo, todos siguen ese manual. “Ya no hablamos de dimisiones. Hablamos de juicios, porque las responsabilidades políticas se nos quedan muy cortas”, declaró este viernes la portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán.

Hay dirigentes que añaden sus propias consignas, como Carlos Hernández Quero, que a raíz del accidente describe a España como un país en “tercermundización”. El eurodiputado Hermann Tertsch, hiperactivo en X, sobresale por sus dotes para el insulto: si ya llamaba “hijo de puta” a Pedro Sánchez minutos antes del accidente, después lo ha llamado “kapo”, así como “canalla” a Óscar Puente y “alimañas” a periodistas de TVE.

José María Figaredo, de Vox, atiende a los medios este viernes en Barcelona. Alberto Paredes - Europa Press

El sociólogo y politólogo José Miguel Rojo, uno de los autores de la Encuesta Nacional de Polarización de la Universidad de Murcia, observa cómo Vox utiliza esta crisis para marcar diferencias con el PP. Mientras el partido de Alberto Núñez Feijóo, analiza, se ha quedado en la exigencia “rendición de cuentas”, Abascal y los suyos sostienen que “todo es un caos”, un discurso —explica— con más capacidad de dirigir la frustración no ya solo contra un Gobierno, sino contra “el sistema”. Eso cebaría un sentimiento ya extendido. En España, solo un 19,4% se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia, con datos del CIS.

Al igual que con anteriores catástrofes, Vox ve en la tragedia de Urda “un contexto perfecto para insertar su narrativa antisanchista y antisistema” y captar con ella “voto protesta, convirtiendo la catástrofe en un activo electoral”, señala la politóloga Anna López, autora de La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025), que observa cómo el partido sigue un patrón que empieza con la “deslegitimación del Gobierno y del sistema”, sigue con el uso de “desinformación” y culmina con la “explotación emocional de la tragedia”. Se trata de un ciclo ya conocido pero que —subraya la investigadora— esta vez ha ejecutado “a mayor velocidad”, lo que le ha permitido fijar sus mensajes ante la audiencia cuando está en situación de “mayor vulnerabilidad e incertidumbre”. “En plena precampaña, ha acortado los tiempos para ser más efectivo”, dice. Vox no respondió a EL PAÍS.

¿Le puede funcionar a Vox este discurso? Lluís Orriols, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III, especializado en comportamiento electoral, cree que la tragedia presenta las características idóneas para erosionar al Gobierno, pero es prudente sobre si será el PP o Vox el más favorecido. Eso sí, afirma que existe un “caldo de cultivo” de “antipolítica, desconfianza y desafección” que a priori beneficia a Vox. Un dato de la semana pasada de Metroscopia describe el clima emocional del país en el que la ultraderecha inserta sus mensajes de “ira” y “rabia”, dos palabras de uso frecuente en el partido. ¿Qué dato? El enfado es la emoción más extendida entre los encuestados (42%) al pensar en la política española, por delante del cansancio (25%) y el miedo (19%).


“Putas” y “cocaína”

Aunque Vox es con diferencia la fuerza más relevante del espectro ultraderechista, Anna López señala que son múltiples los grupos que tratan de aprovechar el “marco propicio” para su discurso abierto por el accidente, tanto en lo que llama sector “encorbatado”, que incluye a los partidos de Santiago Abascal y Alvise Pérez, como en el “extraparlamentario”. Se Acabó La Fiesta (SALF), la formación el agitador ultraderechista y difusor de teorías de la conspiración Alvise Pérez, también ha convertido el accidente en el eje de su precampaña. Y su fórmula ha sido rivalizar con Vox en contundencia retórica. [El anterior ministro de Transportes, José Luis Ábalos] se gastaba dinero público en putas y cocaína, pero al menos podíamos ir en tren. Lo de Óscar Puente matándonos era inimaginable por todos”, ha escrito en X Pérez, que logró tres eurodiputados en 2024 y ahora pretende colarse en el Congreso en su primer intento en unas generales.

En la derecha extraparlamentaria, a los partidos ya citados Falange y Democracia Nacional se suma Núcleo Nacional, instalado en el mismo discurso que culpa a un Gobierno “corrupto” y “traidor”. Abiertamente racista y neonazi, este partido de reciente creación ha convocado una manifestación para esta semana con el lema Deben pagar. Todos a la calle.

Miembros de Núcleo Nacional, en una manifestación en octubre en Burgos. SANTI OTERO (EFE)

En los materiales de difusión mezcla las acusaciones al Gobierno con la reivindicación de “remigración”, es decir, de expulsión masiva de inmigrantes y sus descendientes, si son considerados no adaptados. Más allá de los partidos, el hervidero de asociaciones de ultraderecha está también volcado en el ataque a Sánchez por Urda. Como Hazte Oír, que ha recogido ya más de 100.000 firmas contra el “Gobierno criminal”, usando así el sintagma más repetido de la semana en esta constelación extremista.

Ángel Munárriz (Cortes de la Frontera, Málaga, 1980) es periodista de la sección de Nacional de EL PAÍS. Empezó su trayectoria en El Correo de Andalucía y ha pasado por medios como Público e Infolibre, donde fue director de investigación. Colabora en el programa Hora 25, de la SER, y es autor de 'Iglesia SA', un ensayo sobre dinero y poder.

SOY VANESA

NOVELA PARA UN DÍA DE FIESTA


Empecé anoche una novela de las que entretienen desde la primera frase, perfecta para pasar un día de fiesta en casa, leyendo y con buena música de fondo. ¿No están de acuerdo?
¿Y el almuerzo? Ya que preguntas, todo resuelto, hoy "tortilla a la campesina", con papas, chorizo vegano, guisantes y, por supuesto, ¡sin cebolla! 
Ya sabes que donde comen dos, comen tres, así que sigues invitado si te apetece.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

CICERÓN







HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 


MEDIO AMBIENTE

Termino de ver hace un momento la película "The Dove", un canto a la libertad, al mar y al medio ambiente, rodado en innumerables localizaciones a lo largo de todo el planeta: Suva (Fiyi), Darwin y Fremantle (Australia), Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Lourenco Marques (Mozambique), Canal de Panamá (Panamá), Islas Galápagos (Ecuador) y Marina del Rey y San Pedro en California (EEUU).
Leo también la historia de Karl Bushby, la misma que acabo de subir al blog, después de recorrer 31.000 millas (aprox. 50.000 km) a pie.
Y por esto y otras cosas más, no se me va de la cabeza la serie británica "Dirty Business", de la que hablaba hace un par de días, todo lo contrario a la belleza que muestran tanto la película como la aventura del ídem alrededor del mundo. Cuanto más pienso en lo que se muestra en la serie y en lo que les ha pasado a los responsables, nada, más me indigno y termino con una sensación de desasosiego que no desaparece. Sólo con lo que se ha probado con la investigación de los dos protagonistas sobre los vertidos de aguas fecales en ríos y playas sería suficiente para que la UE se replanteara muy seriamente si el Reino Unido puede reingresar en la Europa comunitaria. 
Nadie puede creer que un país "tan civilizado" como aquél pueda tener una calidad de agua tan mala y tan peligrosa; ver a niños bañándose tan felices junto a los vertidos de mierda da realmente pavor.

LA VUELTA AL MUNDO EN 28 AÑOS


Después de 28 años caminando por todo el mundo, está casi en casa
Karl Bushby ha recorrido 31.000 millas a pie, atravesando algunos de los paisajes más inhóspitos del mundo. Planea llegar a la casa de su madre en Inglaterra la próxima semana.
The new York Times. Jonathan Wolfe, 29.10.2026

El plan de Karl Bushby de dar la vuelta al mundo a pie comenzó con una nota en una tarjeta de cumpleaños.

Era mediados de los años noventa y el Sr. Bushby era paracaidista en el ejército británico, obsesionado con las pruebas de resistencia. Intentaba encontrar la mayor distancia que podía recorrer a pie, pero ninguna de sus opciones le parecía lo suficientemente desafiante, llegando a un máximo de unos pocos miles de kilómetros. Entonces, su padre le sugirió un objetivo: que investigara la posibilidad de cruzar el estrecho de Bering entre Alaska y Rusia cuando se congelara en invierno, lo que abriría una ruta a través de cuatro continentes.
No importaba que cruzar ese peligroso canal a pie tuviera pocos precedentes modernos. El señor Bushby tomó un rotulador negro, se dirigió a un mapa en la pared y trazó una línea desde Inglaterra, donde vivía, a través de Europa y Asia, cruzando el estrecho hacia Norteamérica y bajando hasta el extremo sur de Sudamérica.

Un largo camino a casa

Karl Bushby está a punto de finalizar un viaje que ha abarcado cuatro continentes.


El plan de Karl Bushby de dar la vuelta al mundo a pie comenzó con una nota en una tarjeta de cumpleaños.
Era mediados de los años noventa y el Sr. Bushby era paracaidista en el ejército británico, obsesionado con las pruebas de resistencia. Intentaba encontrar la mayor distancia que podía recorrer a pie, pero ninguna de sus opciones le parecía lo suficientemente desafiante, llegando a un máximo de unos pocos miles de kilómetros. Entonces, su padre le sugirió en una tarjeta que investigara la posibilidad de cruzar el estrecho de Bering entre Alaska y Rusia cuando se congelara en invierno, lo que abriría una ruta a través de cuatro continentes.
No importaba que cruzar ese peligroso canal a pie tuviera pocos precedentes modernos. El señor Bushby tomó un rotulador negro, se dirigió a un mapa en la pared y trazó una línea desde Inglaterra, donde vivía, a través de Europa y Asia, cruzando el estrecho hacia Norteamérica y bajando hasta el extremo sur de Sudamérica.

“Fue entonces cuando me di cuenta de que eso era justo lo que estaba buscando”, recordó en una entrevista. “Ahora habíamos emprendido el viaje definitivo”.

El señor Bushby voló a Sudamérica y comenzó a caminar de regreso a casa. Casi 28 años después, está a punto de terminar.


A principios de este mes, cruzó a nado el Canal de la Mancha, llegando a su país natal tras pasar la mitad de su vida fuera. Su travesía comenzó en la Patagonia chilena, en noviembre de 1998, cuando tenía 29 años, y planea llegar a casa de su madre en Hull, Inglaterra, la próxima semana. Tendrá 57 años.
Según cuenta, su viaje lo ha llevado a través de algunos de los paisajes más inhóspitos del mundo, desde la selva del Tapón del Darién hasta la tundra de Siberia. Ha sido arrestado, deportado, se ha quedado sin dinero, se ha perdido y lo han dado por perdido incontables veces.


Su expedición también se ha visto interrumpida por guerras, el colapso económico y una pandemia. Cuando se veía obligado a detenerse, solía trasladarse a México hasta encontrar la manera de continuar desde donde la había dejado.
A lo largo de todo este tiempo, el señor Bushby se ha guiado por su afán de viajar y por dos reglas que él mismo se impuso: no utilizaría ningún medio de transporte para desplazarse y no volvería a pisar suelo británico hasta el final de su viaje, aunque esto dificultara las visitas a su hijo.
A principios de este mes, en un pub del sur de Londres, el Sr. Bushby tomaba café vestido con ropa deportiva y zapatillas de correr desgastadas, rememorando el camino antes de la recta final de su aventura.


“Parece un milagro tras otro”, dijo refiriéndose a su trayectoria. En las últimas tres décadas, la aventura lo ha golpeado “como un tsunami”, añadió, “y realmente te deja aturdido”.
El niño y la bestia

El señor Bushby comenzó su travesía en Punta Arenas, en el sur de Chile. Tenía alrededor de 500 dólares y lo que él llamaba "La Bestia", un carrito de golf modificado que contenía suministros de campamento, ropa, artículos de aseo personal, comida y agua.
En un día normal, intentaba caminar 18 millas antes de buscar un lugar donde acampar.
Los primeros cientos de kilómetros fueron difíciles, comentó. El clima podía ser adverso y sobrevivía principalmente con la comida de las gasolineras. "No teníamos ningún tipo de apoyo", añadió.
(El Sr. Bushby suele usar "nosotros", refiriéndose a él mismo y al tranvía. "Se convertiría en mi versión de Wilson", dijo, en referencia al compañero de voleibol del personaje de Tom Hanks en la película "Náufrago").


A medida que se corría la voz sobre su viaje, la gente empezó a pasar en coche para darle comida y dinero.
Durante la caminata, el Sr. Bushby también hacía pausas, deteniéndose durante semanas o meses para recuperarse y escapar de la vida en la carretera, que según él era "absolutamente, increíblemente tediosa".


“Los primeros años, vives el sueño aventurero de los chicos, y es genial”, dijo, “y luego se convierte en una verdadera rutina”.

El señor Bushby sintió un cambio en 2002, cuando cruzó a Estados Unidos. Llegó a Nogales, Arizona, según contó, y pasó de ser una curiosidad al borde de la carretera a una molestia, o incluso una amenaza.


Según contó, a menudo lo confundían con una persona sin hogar, "y como no había pasado mucho tiempo desde el 11-S, todo el mundo estaba muy susceptible".
La policía lo detenía con frecuencia, le impedía circular por las carreteras, le obligaba a mover su tienda de campaña o lo ahuyentaba de los lugares públicos.


En Estados Unidos también consiguió patrocinios, entre ellos de una empresa de alojamiento web y una marca de plantillas para zapatos, que le generaban unos cientos de dólares al mes.
En 2003, llegó a Canadá, donde tuvo una revelación. Durante años había tirado de su carrito, hasta que un día, por casualidad, lo empujó desde atrás.

“Lo presioné sin querer y me di cuenta de que, en realidad, esto podría ser más fácil”, dijo. “A partir de ahí, lo presioné”.

Cruzando el hielo y bajo custodia rusa

Si bien se enfrentó a muchos desafíos, quizás ninguno fue tan agotador como el estrecho de Bering.
En marzo de 2006, el Sr. Bushby y Dimitri Kieffer, un aventurero franco-estadounidense, comenzaron su viaje desde Alaska hacia Rusia a través de la cambiante extensión de hielo del canal.
Durante dos semanas, los dos buscaron cada noche el trozo de hielo más grande para acampar.

“Durante toda la noche, solo se oye el crujido, y el hielo parece gritar”, dijo el Sr. Bushby. Añadió que en una ocasión “tuvimos que evacuar la tienda de campaña durante la noche porque empezó a desmoronarse bajo nuestros pies”.


“Estoy a punto de perder el sentido de mi vida”, dijo. “Está a punto de terminar abruptamente”.

El señor Bushby no sabe qué hará a continuación, pero comentó que le interesa convertirse en divulgador científico. También quiso compartir lo que más le sorprendió en su viaje: la amabilidad de los desconocidos.
Cientos de personas le ofrecieron refugio, comida, ayuda o simplemente un abrazo. Dijo que encontró un espíritu acogedor en “todas las culturas, en todos los países”.
Ya ha comenzado a difundir ese mensaje entre los jóvenes como orador público en su camino.


“Tengo el gran placer de poder estar ahora frente a los escolares”, dijo, “y decirles que el mundo es un lugar mucho mejor de lo que se imaginan”.

Lo que dejó atrás

La decisión del señor Bushby de mantenerse alejado de Gran Bretaña le dificultó ver a su familia, incluido su hijo Adam, que tenía 8 años cuando comenzó el viaje.
El señor Bushby, que se había separado de la madre de su hijo años antes de que este empezara a caminar, dijo que había estado dándole vueltas a cómo compaginar su viaje con la paternidad, pensando que quizás la travesía inspiraría a su hijo o lo haría sentir orgulloso.

“Quizás eso tenga algún valor como su padre”, recordó haber pensado al marcharse.

En una entrevista, el joven Bushby, ahora de 36 años, contó que de niño no entendía qué hacía su padre ni por qué estaba ausente. Pero un punto de inflexión llegó en 2004, cuando, a los 14 años, conoció a su padre en Alaska por primera vez desde que comenzó la travesía.


“En ese momento, simplemente acepté: ‘Mira, esto es lo que estás haciendo’”, dijo el joven Bushby. “‘Lo respetaré y te apoyaré en todo momento’”.

Dijo que tenía muchas ganas de darle la bienvenida a su padre a casa y presentarle a Harley, su nieta de 12 años a la que aún no conoce.

“Estoy muy orgulloso de lo que ha logrado”, añadió. “Es un ejemplo a seguir para quienes dicen: ‘Oh, yo no puedo hacer eso’. Y entonces está mi padre, que les dice: ‘No, sí puedes. Solo tienes que esforzarte’”.

Un final que se acerca

La mañana después de que el señor Bushby cruzara a nado el Canal de la Mancha, dijo que se despertó con una tremenda sensación de pérdida.


Dijo que nunca se había planteado realmente cómo sería el final de su viaje; siempre le había parecido algo demasiado lejano. Pero ahora, con solo unos cientos de kilómetros por recorrer, el Sr. Bushby comentó que le resultaba inquietante.

“Estoy a punto de perder el sentido de mi vida”, dijo. “Está a punto de terminar abruptamente”.

El señor Bushby no sabe qué hará a continuación, pero comentó que le interesa convertirse en divulgador científico. También quiso compartir lo que más le sorprendió en su viaje: la amabilidad de los desconocidos.
Cientos de personas le ofrecieron refugio, comida, ayuda o simplemente un abrazo. Dijo que encontró un espíritu acogedor en “todas las culturas, en todos los países”.
Ya ha comenzado a difundir ese mensaje entre los jóvenes como orador público en su camino.

“Tengo el gran placer de poder estar ahora frente a los escolares”, dijo, “y decirles que el mundo es un lugar mucho mejor de lo que se imaginan”.

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