viernes, 13 de marzo de 2026

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


NO SÓLO DE LA GUERRA VIVE EL HOMBRE

Somos frívolos, supongo que es una manera de defenderse de la realidad; mejor preocuparse por las estupideces de la vida que por la guerra que nos muestra la peor cara del ser humano. Mejor reírse de los problemas ajenos que tomar partido por un asunto de interés. Mejor seguir los consejos de influencers mononeuronales que tener personalidad propia. Mejor ir al fútbol para llamar hijoputa al árbitro, a cientos de metros, que enfrentarse al jefe en la oficina. Mejor comentar un chiste o un vídeo gracioso por whatssap que hacerse eco de una noticia incómoda que nos haga pensar, o peor, posicionarnos.
Compartir sucesos puede considerarse proselitismo, no enviar nada a los amigos acaba con un ¡ya no recibimos nada escrito por ti! Parece que abrir el navegador y escribir MUNDO CRETINO es una tarea ímproba y sólo se entra en el blog cuando se recibe el link correspondiente. Claro está que uno no escribe para que lo lean sino como catarsis compartida, he ahí el error, pensar que es compartida. El Senegal, como en Rusia, aprueban una ley donde condenan al homosexual a los horrores del averno y nadie dice nada, total, a quién le importan unos maricas negros o rusos. Nada.
Esta mañana me siento en crisis, no me apetece compartir lo que escribo, no me apetece que me acusen de proselitsta, no me apetece nada, la verdad.
¿No dicen en Canarias "el que quiera lapas que se moje el culo"?

jueves, 12 de marzo de 2026

NOVICIAS TODAS, Y TODOS


Leyendo el sabrosísimo libro «Instrucción de novicias», me reencuentro con esta frase de sor Juana Inés de la Cruz:
«El exasperarme no es buen modo de reducirme, ni yo tengo tan servil naturaleza que haga por amenazas lo que no me persuade la razón».
Justo lo que se necesita en estos tiempos de tantos matones que intentan doblegarnos por la vía de la intimidación. Un lema para resistir sin plegarse entre los insultos, el ruido y el narcisismo avasallador. Con entereza y con Juana Inés en la memoria.

Irene Vallejo

CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU


Poseída por una IA
En un mundo en el que Melania Trump preside el Consejo de Seguridad de la ONU mientras su esposo bombardea Irán cada vez es más difícil distinguir lo real del bulo.
Luz Sánchez-Mellado, 12.03.2026

El otro día fui al gimnasio a las siete de la mañana. Y dirán ustedes: a nosotros qué nos importa, y tendrán más razón que un santo. Pero a mí me enseñaron en la facultad que los hechos insólitos son noticia, y, como con la que está cayendo no me la compraban para primera página, la reporto en la última. La cosa es que llevaba dos años pagando la cuota sin ir y, sometida al enésimo ultimátum de mi cargo de conciencia, hice de tripas maldición y me tiré a la palestra. Chica, qué ambientazo: había casi más gente que en el atasco que me suelo comer a esas horas. Como que pasé del móvil los 50 minutos del suplicio, entretenidísima con el paisaje y el paisanaje. El soponcio vino luego, cuando, al abrir X y WhatsApp por si se hubiera acabado el mundo en el entretanto, veo tuits y mensajes míos del día anterior reescritos con un lenguaje, no sé, como vulgar, soez, cheli, extraordinariamente ordinario. Más de lo habitual, listos, que les estoy escuchando. Me entraron sudores fríos, puse un par de tuits de socorro temiéndome que me los hubieran pirateado y me desplumaran las cuentas del banco y me fui pitando al periódico a que me lo revisaran los técnicos. Me miraron raro, en plan ya está la boomer con sus batallitas, me hicieron cambiar las claves, me pusieron el terminal a actualizarse hora y media y me mandaron a tomarme una tilita, que estoy en una edad muy mala para los sustos. Ni rastro de piratas. Nunca más se supo. Qué misterio.

No me culpen. En un mundo en el que Melania Trump preside el Consejo de Seguridad de la ONU con todo su bótox mientras su esposo bombardea Irán y presume de misiles en una especie de videojuego al ritmo del Ay, Macarena, de Los del Río, cada vez es más difícil dilucidar lo que es real de lo que es un bulo, y lo que es sueño de lo que es pesadilla. El caso es que, desde entonces, yo creo que mis colegas creen que chocheo. Pero yo, que a Jobs pongo por testigo de que no miento, pienso más bien en aquella escena de Thelma y Louise en la que Geena Davis, en plena huida de su vida perra, llama a su marido maltratador y, al oír que le dice “cariño”, cuelga inmediatamente porque sabe que está con la policía. Pues eso: mi móvil, que me conoce mejor que yo misma, se vio encerrado en la taquilla de un gimnasio, interpretó que algo grave me estaba pasando y empezó a mandar señales él solito al mundo y a mis contactos para que vinieran en mi auxilio. O eso, o me poseyó dos horas una IA sin invitarme a un gin-tonic ni nada. Ahí dejo el enigma por si algún amable experto tiene una explicación racional para el fenómeno. Por si acaso, no he vuelto al gimnasio. Lagarto, lagarto.

NECRÓFILOS, ZOÓFILOS Y GAYS

Comentaba esta mañana que fui anoche a una cena con amigos y, cómo no, salió a colación el tema de la guerra. Yo estaba enfrascado en otra conversación pero intentaba quedarme con todo. Uno de los comensales dijo algo así: yo no puedo ni ver a Pedro Sánchez, pero su postura entre la guerra de Irán me parece acertadísima. Me sorprendió y así se lo dije, a lo que él me respondió: el mundo no puede hacerle caso al loco de Trump.
Pedro Sánchez, T o Rita la cantadora, el caso es que vivimos en un país muy tranquilo a la par que seguro, donde los avances sociales de los últimos 40 años han sido innegables, ejemplo para otros muchos países. No así en Senegal, donde nuevamente la política reaccionaria contra los homosexuales prima ante la lógica y el sentido común. Todo terrible.

Senegal endurece la ley contra la homosexualidad: “Estamos en pánico, basta con la mínima denuncia para que te señalen y vengan a por ti”
Cientos de personas LGTBI y activistas por la defensa de este colectivo se esconden o huyen del país. La norma penaliza con hasta 10 años de cárcel lo que denomina “actos contra natura”.
José Naranjo, 12.03.2025

El Parlamento de Senegal aprobó a última hora del miércoles una modificación legal que endurece las penas contra la homosexualidad e intensifica la represión contra activistas, colectivos y miembros de la comunidad LGTBI. En las últimas semanas, un clima social de creciente homofobia, que ha incluido la publicación en redes sociales de fotografías, identidades y direcciones, ha provocado que cientos de personas LGTBI u otras vinculadas a la lucha por los derechos de este colectivo huyan a países vecinos y europeos, si consiguen un visado, o se refugien en ciudades y pueblos del interior, según las asociaciones de defensa de sus derechos. Pierre (nombre ficticio) ha dejado su hogar en Dakar y se esconde en casa de un amigo: “Estamos en pánico. Basta con la mínima denuncia para que te señalen por la calle y vengan a por ti”, asegura.

La reforma modifica el artículo 319 del Código Penal, vigente desde 1965, que sanciona los llamados “actos contra natura” con penas de entre uno y cinco años de prisión para quienes mantengan relaciones con personas de su mismo sexo. Con el cambio aprobado, las condenas pasan a situarse entre cinco y 10 años, con las penas más altas en los casos en los que haya menores implicados. La norma amplía además el alcance de la persecución penal a “personas y organizaciones que promuevan o financien la filosofía LGTBI”. También se endurecen las sanciones económicas: las multas, que hasta ahora podían alcanzar los 2.250 euros, podrán llegar a 15.000 en función de la gravedad de los hechos. En la legislación senegalesa, la homosexualidad queda así equiparada a conductas como la necrofilia o la zoofilia.

Un total de 135 diputados votaron a favor de la modificación de la norma, que también sumó tres abstenciones. Sin embargo, prácticamente todos los miembros de la oposición, que suma 30 escaños, decidieron ausentarse de la votación de la ley. Tierno Alassane Sall, diputado opositor, denunció la “mala fe” del Gobierno y del partido gubernamental Pastef, que acusaron a los regímenes precedentes de haber defendido o estimulado la homosexualidad. Por todo ello decidió no tomar parte en la votación, así como sus compañeros opositores.
“Tengo mucho miedo”

Hace dos semanas, Pierre hizo sus maletas y se mudó de la capital a un pueblo del interior del país. “Estamos atrapados. Todo este debate público no hace sino empeorar las cosas para nosotros. Siempre he intentado llevar una vida discreta, pero mis vecinos empiezan a sospechar. Tengo mucho miedo”, dice por teléfono desde la casa de un amigo. De 54 años, casado y con cuatro hijos, vive su homosexualidad en las sombras. “Hice de todo para disimular, para pasar desapercibido. Incluso mi matrimonio fue un intento de quitarme presión. Pero soy lo que soy. Las cosas se han puesto muchísimo peor. Siento que en cualquier momento me van a arrastrar por la calle, pegar una paliza o algo peor”, revela.

La reforma de la ley ha sido impulsada por el Gobierno senegalés y, en particular, por el primer ministro Ousmane Sonko, quien antes de llegar al poder se posicionó con claridad a favor de endurecer la legislación y llevó esta promesa a su campaña electoral. A comienzos de febrero, dos semanas antes de que el Ejecutivo elevara el proyecto de ley al Parlamento, más de 30 personas fueron detenidas en Senegal acusadas de “actos contra natura”, transmisión voluntaria del VIH, pedofilia y violaciones cometidas contra menores. Entre los detenidos se encuentran conocidos periodistas, presentadores de televisión y un cantante, lo que incrementó el interés de unos medios de comunicación que publicaron numerosos detalles de la investigación. Todo ello desembocó en una manifestación contra la homosexualidad que recorrió las calles de Dakar.

Este suceso no es sino el último de una vasta campaña homófoba estimulada por grupos islámicos, como Jamra o And samm djiko yi, que llevan años presionando a las autoridades para endurecer la legislación contra los homosexuales. Jamra asegura tener una lista de 650 homosexuales y activistas LGTBI, con fotografías e identidades completas, que va a facilitar a las autoridades para que sean llevados ante la justicia. Algunos de esos nombres y direcciones, acompañados de retratos, se han filtrado a las redes sociales y a ciertos medios de comunicación, lo que ha incrementado el clima de miedo entre la comunidad LGTBI. En los últimos años se han multiplicado las palizas, actos de violencia y la estigmatización de homosexuales, como cuando en 2023 una multitud enfervorecida desenterró el cadáver de un joven señalado como gay y le prendió fuego en una calle de Kaolack.

Sin embargo, el incremento de la homofobia no es exclusivo de Senegal. Más de 30 países africanos tienen leyes que penalizan la homosexualidad y, en los últimos años, un puñado de naciones como Kenia, Uganda, Malí, Burkina Faso y ahora Senegal las han endurecido. “En realidad es difícil hablar de retroceso en materia de derechos de las personas LGTBI porque nunca ha habido avances. Efectivamente ahora estamos mucho peor que hace 20 o 30 años, se han intensificado los ataques y se puede hablar directamente de persecución. Ahora se habla más de la cuestión LGTBI y se la considera una importación occidental, lo que ha complicado mucho las cosas”, asegura la camerunesa Larissa Kojoué, investigadora de Human Rights Watch (HRW).

En su argumentación de defensa de la reforma de la ley, los grupos políticos que sostienen al Gobierno en el Parlamento senegalés calificaron una y otra vez a la homosexualidad como una “perversión”, “desviación” y, en todo caso, como “un comportamiento totalmente contrario a nuestros valores y nuestra cultura”, defendiendo que endurecer las penas era necesario para “defender a nuestros jóvenes y nuestra infancia”.

Para Kojoué, quien se define como feminista, panafricanista y anticolonialista, “el discurso que define la homosexualidad como algo occidental no tiene ningún fundamento. Numerosos estudios han confirmado que no es así, que los homosexuales existen en todas las regiones del mundo. Defender lo contrario es una narrativa que divide, que manipula a la opinión pública, que está politizada”.

En África, países como Sudáfrica o Cabo Verde tienen una amplia tradición de respeto a los derechos de las personas LGTBI y otros, como Angola o Botsuana, han despenalizado las relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, son más la excepción que la norma. En mayo de 2023, Uganda aprobó una ley homófoba muy severa, que incluye cadena perpetua e incluso pena de muerte para la llamada “homosexualidad agravada”. En 2025, Burkina Faso penalizó las relaciones homosexuales con penas de entre dos y cinco años. Kenia y Nigeria han seguido los mismos pasos recientemente.

En el caso de Senegal hay un componente político añadido. Esta reforma legal procede del primer ministro Ousmane Sonko y coincide con una grave crisis entré él y el presidente del país, Bassirou Diomaye Faye. Pese a que ambos proceden del mismo movimiento político, el Partido Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad (Pastef), que llegó al poder hace dos años, y fueron compañeros de oposición durante largos años, ambos aspiran a ser candidatos a las próximas elecciones presidenciales y mantienen posturas divergentes sobre cuestiones relevantes como la crisis de la deuda. Este miércoles, la mayoría de diputados se apresuraron a felicitar a Sonko por esta iniciativa, “no un mero acto legislativo, sino un acto de soberanía que conecta con el sentimiento de la nación senegalesa”, dijeron.

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HUMOR, REMEDIO INFALIBLE



LÍNEAS PARALELAS


Anoche tuve cena, a las 8 como los guiris, y allí estábamos todos disfrutando de una buena conversación -sobre todo de los tiempos pasados- mientras comíamos una rica y suculenta cena. Allí me dirigí con un ramo de anturios en vez de vino, suponiendo que llevarían los demás invitados, como así fue. 
Hasta aquí todo bien, qué gran placer son estar reuniones a las que yo llamo "de Fray Luis de León" porque en ellas el tiempo se pliega y retomamos la compañía y los sentimientos como si nos hubiésemos visto ayer. El amor, el afecto, es lo que tiene, celebrémoslo.
¿Y a qué viene esto? pensarán. Muy fácil, nos acostamos a las tantas y hoy no he podido ir al gimnasio, aunque lo haré en media hora, desde que acaba de escribir, porque hoy se cumple un mes desde que empecé a machacarme y es día de pago.
No vi a los compañeros onomatopéyicos, ni al paralelepípedo de ayer que me dejaba las máquinas como si yo fuera Schwartzenneger, ni al señor del perrito o viceversa, ni a la pareja a la que vi ayer por primera vez, ella delante vestida como un pincel con malla de colores y abrigada como para ir al Polo Norte, caminando a buen ritmo, él detrás algo menos pertrechado, intentando cogerle el paso a ella. Nunca supe si caminaban justos o él era un acosador que le daba caza. Quizá, cómo hubiera dicho Mafalda, ella no sabía cómo quitárselo de encima, como la pared y la hiedra, o por el contrario ella se empeñaba en que él la acompañara en su paso matutino sin pensar en su ciática. Mañana estaré pendiente a ver cómo sigue esta historia y, sobre todo, si puedo sacar alguna conclusión al misterio.
Ya ven que mi gimnasio da para mucho, aún sin haber ido.
Los Panchos, *La hiedra.

miércoles, 11 de marzo de 2026

FILOSOFÍA BARATA PERO ÚTIL


Galileo Galilei: la forma más inteligente de ganar una discusión con un tonto
Discutir no siempre es un acto de inteligencia.
TU SALUD ES VIDA, 16.01.2026

A veces, la verdadera sabiduría está en saber cuándo callar, cuándo retirarse y cuándo dejar que la realidad hable por sí sola. Esta fue una de las grandes lecciones que nos dejó Galileo Galilei, un hombre que desafió a su tiempo, a las creencias establecidas y a la ignorancia… sin caer en el ruido inútil. Hoy, en una era de redes sociales, opiniones sin fundamento y discusiones interminables, su mensaje es más actual que nunca.

Un genio rodeado de necedad
Galileo vivió en un mundo donde la verdad no siempre era bienvenida. Sus descubrimientos chocaban con dogmas profundamente arraigados. Y aun así, entendió algo que muchos tardan toda una vida en aprender: no todas las discusiones merecen tu energía. No porque falten argumentos, sino porque algunas mentes no buscan comprender, solo imponer.

La gran lección: no se discute con quien no quiere entender
Una de las ideas atribuidas a Galileo (y a otros grandes pensadores) resume esta sabiduría ancestral: nunca intentes convencer a quien se siente cómodo en su ignorancia. El problema no es la falta de información, sino la resistencia a la verdad. Discutir con alguien cerrado es como intentar explicar el color a quien se niega a abrir los ojos.

¿Por qué discutir con un tonto es perder?
Galileo comprendió algo esencial que hoy confirma la psicología moderna: el tonto no busca aprender, busca ganar, dominar o humillar.

Cambia las reglas del juego
Cuando pierde argumentos, recurre a burlas, gritos o ataques personales.

Te arrastra a su nivel
Y ahí… tiene ventaja. El sabio pierde cuando entra en una pelea que no eleva, solo desgasta.

El silencio como arma de inteligencia
Contrario a lo que muchos creen, el silencio no es debilidad. Es autocontrol. Es claridad. Es poder. Galileo entendía que la verdad no necesita gritar, solo necesitas tiempo. Muchas veces, la realidad termina demostrando lo que las palabras no pudieron.

La estrategia más inteligente
Entonces… ¿cómo se “gana” una discusión con un tonto? No jugando. Siguiendo tu camino, manteniendo tu dignidad, dejando que los hechos hablen, protegiendo tu paz mental. El sabio elige batallas que valen la pena.

Sabiduría aplicable a la vida diaria
Hoy discutimos en debates, redes sociales, trabajo, familia, amigos, y la enseñanza sigue siendo la misma: no todos merecen una explicación. No todos están listos para escuchar. No todo desacuerdo requiere respuesta.

Inteligencia emocional: el verdadero triunfo
Ganar no siempre es tener la última palabra, a veces es retirarte con calma, sin perder tu centro. La inteligencia se nota más en lo que eliges ignorar que en lo que decides responder.

Galileo no venció a la ignorancia discutiendo… la venció descubriendo, demostrando y avanzando. No te desgastes intentando iluminar a quien ama la oscuridad. Protege tu mente. Protege tu energía. Protege tu tiempo. Porque al final, vivir bien es la mejor respuesta.

PARA VIVIRTE MEJOR


Albert Camus, filosofía de un espontáneo
Sin su filosofía no se entienden sus ficciones.
Fernando Savater, 07.11.2013

¿Camus, filósofo? En todo caso “un filósofo para alumnos de bachillerato”, se burlaron en su día los detractores. Hoy sigue siendo la opinión de no pocos académicos. En efecto, como señaló Sartre desde la primera hora (ni siquiera se conocían personalmente aún) “Camus pone cierta coquetería en citar textos de Jaspers, de Heidegger, de Kierkegaard, que por otra parte no siempre parece entender bien”. ¡Tocado! En “El mito de Sísifo”, añado yo, repite el tópico de un Schopenhauer indecente predicando el suicidio ante una mesa bien servida: pues bien, Schopenhauer no recomendó el suicidio, todo lo contrario. Ese tipo de erudición no es lo suyo, lo cual no le descarta como pensador como aclara el propio Sartre de los buenos tiempos: “Sus verdaderos maestros son otros: el contorno de sus razonamientos, la claridad de sus ideas, el corte de su estilo de ensayista y un cierto tipo de siniestro solar, ordenado, ceremonioso y desolado, todo anuncia un clásico, un mediterráneo”. Más tarde también Czeslaw Milosz, que le estaba agradecido por ser uno de los poquísimos intelectuales que le acogió bien cuando huyó del comunismo, le defendió contra la acusación común de que carecía de doctorado filosófico: “Pero, en primer lugar, ¿qué se entiende por filosofía? Para algunos, como Camus, la filosofía exige una alimentación casi carnal y se rehúsan a hablar de las cosas que no tocan por sí mismos”.

Entonces ¿era o no era filósofo? Digamos que fue un espontáneo que saltó al ruedo de la filosofía sin llevar nada más que su hambre vital de voyou argelino y la vergüenza torera de no aceptar una existencia irreflexiva. El capote con que dio sus primeros pases en esa faena improvisada (“El mito de Sísifo”) fue el absurdo, mucho más que una palabra y algo menos que un concepto. El absurdo no es el sinsentido del mundo, sino la falta de sentido en un mundo que nosotros –los inventores y huérfanos del sentido- reclamamos que lo tenga: “El hombre se encuentra ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de felicidad y de razón. El absurdo nace de esa confrontación entre la llamada humana y el silencio sin razones del mundo”. El absurdo no es un dato elemental sino un divorcio: la demanda de los hombres y la callada por respuesta del universo, un amor imposible. La peculiaridad del absurdo es que deja der serlo si lo aceptamos como tal: es un pensamiento inaceptable y sólo si no lo aceptamos, si nos sublevamos contra él, podemos pensarlo. No es una idea, ni mucho menos una doctrina, ni siquiera algo que pueda explicarse en el aula, como las categorías de Aristóteles o la dialéctica trascendental de Kant. El absurdo… ¡eso hay que vivirlo! Tal como decimos de otros padecimientos. Por eso se presta mejor a la narración que al tratado. Pero se equivocan quienes expulsan a Camus del jardín de la filosofía, porque sin la filosofía no se entienden ni se justifican sus ficciones, que son el modo que utiliza para hacerla comprensible. “¿Por qué escribes novelas o dramas teatrales?”, pregunta la filosofía; y Camus responde: “Para vivirte mejor…”.

Intelectualmente el absurdo es un callejón sin salida aunque la vida consiste precisamente en hacer como si la tuviera. El muro que nos cierra el paso es infranqueable, pero nosotros pintamos voluntariosamente una puerta en él y la puerta se abre…o al menos nos permite imaginar que se abre y salimos por ella. De esa puerta pintada en el muro de la realidad, imposible pero irrenunciable, es de lo que habla “El hombre rebelde”, donde por segunda vez el espontáneo Camus se echa al ruedo de la filosofía. La primera faena se la perdonaron como una manifestación de simpática inexperiencia, pero por esta otra ya fue seriamente sancionado por los comisarios de la plaza. “Me rebelo, luego somos”: ¿habrase visto mayor atrevimiento? Sublevarse entonces no es una consecuencia histórica de la solidaridad, sino que la solidaridad nace a partir de la individualidad que se subleva por impulso metafísico. El ser humano se rebela y al hacerlo descubre la humanidad que le vincula a los demás. Los dogmáticos de la revolución comprendieron que ésta, violenta y totalitaria, forma parte del muro de la realidad contra el que se insurge el rebelde. “Los hombres mueren y no son felices”, resume Calígula. Pero cada hombre puede rebelarse contra lo que impone la muerte y la infelicidad, descubriendo así su camaradería con los demás. Y esa rebelión no es simple grandilocuencia, sino búsqueda de soluciones políticas, es decir, contra el estado de guerra que exige mantenerse en el odio. Para Camus, la democracia –despreciada por los revolucionarios y por Sartre- tiene el gran mérito de solicitar modestia: nadie puede zanjarlo todo por sí mismo, hace falta el consejo de otros y el acuerdo. Rebelarse contra la infelicidad del terror exige evitar el absolutismo decapitador de los principios y a menudo atenerse a los matices, a las medias tintas: ¡qué bien comprendemos hoy, tras las contradicciones de las primaveras árabes, la actitud tentativa y fluctuante de Camus ante el conflicto de Argelia a finales de los años cincuenta!

LA QUE SUMA


Ser buena gente
El principio sencillo y universal de la bondad se ha vuelto revolucionario.
José Luis Sastre, 11.03.2026

Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer.

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.

Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.

Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.

Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.

ALFREDO BRYCE, RIP


Muere Alfredo Bryce Echenique, escritor vitalista y gigante de las letras latinoamericanas
El peruano, autor de ‘Un mundo para Julius’ o ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, es una de las figuras clave de la generación ‘post-boom’.
Renzo Gómez Vega, 10.03.2026

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique ha muerto en Lima a los 87 años, según han confirmado fuentes cercanas al autor. Se ha marchado el autor cuya única pretensión era siempre tener un cuento que contar. Un creador desfachatado que huía de la solemnidad. Era imposible resistirse a su prosa, así como a su oralidad, sazonada con mil y una anécdotas.

Fue uno de los referentes de la generación post-boom de la narrativa latinoamericana, o el último del boom, según se mire, ya que fue contemporáneo de los grandes escritores de aquel movimiento, pero comenzó a publicar cuando este ya había explotado. Su primera novela, Un mundo para Julius, donde retrata las apariencias de la alta burguesía limeña desde la mirada de un niño que vivía en una mansión, fue también su gran obra. Con ella ganó el Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972 y fue galardonada con el premio a la Mejor Novela en Francia en 1974. Fue el escritor que retrató a los ricos desde dentro, algo inédito para la época.

Su amigo, el también escritor Jorge Eduardo Benavides, ha lamentado su muerte en las redes sociales. “No solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos (...) fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”, se lee en su página de Facebook. También Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel peruano, mostró su pesar ante el fallecimiento de Bryce Echenique, “uno de los grandes escritores peruanos y de la lengua española”. “Su obra sobrevivirá”, escribió.

Sus amigos siempre han destacado de él su inagotable picardía. “Pidió permiso para vivir e incluso para retirarse. Novelista disparatado, nostálgico de oficio, el último de una estirpe que aprendió a escribir como quien confiesa un pecadillo en un bar a punto de cerrar”, escribió su biógrafo Daniel Titinger en su último cumpleaños. Bryce Echenique no tuvo más pretensiones que escribir, nunca quiso ser el autor de la novela total. Era de los escritores desordenados —la antítesis de Vargas Llosa— cuya vida fue una eterna parranda.

“Lamentamos profundamente la partida del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea. Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores”, escribió en X la agencia gubernamental Casa de la Literatura Peruana. La Presidencia y el Congreso de Perú expresaron también sus más sentidas condolencias por el fallecimiento del célebre autor.

Entre sus cuentos y novelas figuran la citada Un mundo para Julius (1970), La felicidad, já já (1974), La vida exagerada de Martín Romaña (1981), El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985) y No me esperen en abril (1995), novela cuyo título adquiere tintes irónicos, propios del autor, tras su fallecimiento en este mes de marzo.

Alfredo Bryce Echenique nació el 19 de febrero de 1939 en Lima (Perú), en una familia de banqueros. Hizo primaria en el Colegio Inmaculado Corazón hasta su ingreso, con 15 años de edad, en el internado inglés San Pablo. Luego empezó Derecho en la Universidad Nacional de San Marcos de su país, donde también cursó Letras, carrera en la que se doctoró años después por La Sorbona de París.

Viajó a Europa a mediados de los sesenta, persiguiendo el sueño del escritor latinoamericano que debía cruzar el charco para consagrarse. En París, Bryce Echenique fue acogido por Julio Ramón Ribeyro, cuentista peruano, delgado como un alfiler, con quien tejió una amistad inseparable. Fue Ribeyro quien le obsequió el nombre de su ópera prima: Huerto cerrado, su primer libro de cuentos, publicado en 1968, año en el que contrajo matrimonio con Maggie Revilla.


En 1975 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y marchó a Estados Unidos. Allí escribió para un periódico mexicano diversas crónicas sobre el Sur profundo que fueron recogidas en el volumen A vuelo de buen cubero y otras crónicas (1977). En 1985 se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta febrero de 1999, para regresar a su Perú natal después de lo que él mismo calificó de “exilio voluntario de 34 años en Europa”. A España regresó después para, entre otros motivos, participar en cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. En 1989 se casó en España con la asturiana Pilar de Vega. En 2004 se casaría por tercera vez con la abogada peruana Ana Chávez.

El amor y el humor fueron el summum de su obra. No concebía el uno sin el otro. Solía decir que sus personajes hacían el humor y el amor al mismo tiempo. “Hay que matarse de risa y de amor”, anotaba. Con el mismo sentido del humor se tomaba la fama, sobre todo cuando le cambiaban el apellido o lo confundían con otros autores en la cola del supermercado. Incluso cuando un sector del mundillo literario le lanzaba unos dardos, asegurando que era un escritor de un solo libro que escribió cuarenta.

Degustador de vodkas, Bryce Echenique era un convencido de que el alcohol era esencial para corregir y madurar las palabras. “¿Quién no escribe un cuento o una novela sin antes haber consumido una cantidad de alcohol, no mientras se escribe, sino antes o después?”. Tenía por costumbre meterle mano a sus textos con unas copas de más y al día siguiente revisar sus correcciones, casi siempre acertadas. “Se corrige mejor estando así. Uno es más atrevido”, bromeaba muy en serio.

En una entrevista para EL PAÍS en 2021, se le propuso: “Su literatura va de amor, amistad y memoria”, y él respondió: “El amor es el pasado. En Lima veo a mi primera esposa; en Madrid me encuentro con mi segunda esposa y a mis amigos del pasado, vínculos que se mantuvieron a través de los años. El fondo del asunto es lo que he dicho siempre: escribo para que mis amigos me quieran más. La memoria es mi manera de no olvidar. Y el libro es un adiós a todo aquello, la despedida final”. Como Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, regresó a Lima para morir y comenzar a ser eterno.

FERLOSIO, ÓPERA, TEATRO, CINE E INFLUENCERS...

 

https://elpais.com/cultura/2026-03-10/querido-timothee-la-opera-no-necesita-que-la-mantengan-con-vida.html

De Chalamet e ‘influencers’ en Málaga
Nos enfadamos demasiado y con quien no debemos. Y eso provoca leer cualquier cosa con voluntad de responder, ni siquiera de entretenerse.
Manuel Jabois, 11.03.2026

Me he acordado, como es natural, de Rafael Sánchez Ferlosio debido a las reacciones desesperadas a esto de Chalamet (“no trabajaría en ópera o teatro: hay que mantenerlos con vida porque no importan a nadie”). Ferlosio escribió esto en EL PAÍS y lo extraigo de un artículo definitorio de su tiempo y el nuestro: “Nunca se había visto un mundo en el que todo el mundo ande como loco deseando ser ofendido, con las orejas como las de una liebre atentas a no perderse la menor palabrilla que se diga, por si ofrece algún sesgo que permita, siquiera sea amañadamente, habilitarla para ofensa”.

Puede tomarse uno en serio a Chalamet o no (puede incluso deducirse que sigue, poco avisado, de seguir interpretando su último papel: hay actores muy cucos), pero es feo enfadarse. Enfadarse, de hecho, debe volver a estar donde siempre estuvo: pasado de moda. Uno puede escuchar una boutade que le ofende, o una provocación, o una verdad tan cruda que se le hace insoportable, sin molestarse por ello, sin ponerse a hacer aspavientos infantiles y rebatirlo con argumentos tan lógicos que te hacen parecer ridículo y legitiman al que te enfada. A Chalamet hay que decirle, en el mismo tono, que a veces lo importante de los seres humanos son los saberes que no sabemos para qué sirven, las lecciones que aprendemos y no sabemos a quién dar, el idioma que aprendemos sin saber si alguna vez tendremos que usar. Por supuesto, en esa clasificación no están la ópera ni el teatro, pero podrían. Chalamet, y yo mismo, podríamos entender de ello e incluso hacernos expertos sin importarnos su impacto. Como a Sócrates: mientras su verdugo le preparaba el vaso de cicuta que fue condenado a beber, el filósofo intentaba aprenderse una complicadísima pieza a la flauta. ¿Para qué quieres saberla, si en unos minutos morirás?, le preguntaron. Para saberla, respondió él: por el placer de morir sabiendo una cosa más.

Está poco prestigiado ese conocimiento. A Tom Holland le hablaron hace unos años de Almodóvar y no sabía quién era. El propio Chalamet no sabe qué es eso del mito de Sansón y su pelo. No me parece mal, ni lo creo descriptivo de una generación, pero sí se me ponen las orejitas tiesas cuando la primera reacción no es enseñarles quién era Almodóvar y quién Sansón, sino encender la hoguera antes de que aprendan. Así ocurre con todo o casi todo. Observen a esa pobre influencer en la alfombra roja del Festival de Cine de Málaga a la que le preguntaron qué películas le gustaban y dijo Aserejé; ¿es de ella la responsabilidad o de quienes la invitan? Si ya su profesión está construida sobre el alambre de alfombras ficticias en las que es delicado justificar su talento, ¿por qué no habría de aprovechar que la alfombra se la pongan otros?

Nos enfadamos demasiado, pero sobre todo nos enfadamos con quien no debemos. Y eso provoca leer cualquier cosa con voluntad de responder, ni siquiera de entretenerse. No queremos enfadarnos pero ojo con que no nos enfaden, y acusemos al Chalamet de turno de tibio y equidistante, otro que no se moja. Acabemos con Ferlosio y el recordatorio de lo que pasaba en la Casa de Tócame Roque a propósito de la demanda de respeto y de la necesidad de que lo ofendan: una chica gritaba desde la oscuridad del patio hacia la barandilla de la planta superior de la corrala: “¡Mamá, que Roque me toca!”, y al mismo tiempo animaba, en voz baja, a su galán: “Tócame, Roque”.

PRECIOSA

 

Un plan perfecto para una noche cualquiera, preciosa, dulce y optimista.
Una película que te reconcilia con la vida, con las cosas sencillas; que te hace recordar los valores heredados de tus abuelos y de tus padres, la importancia de la memoria, de las vidas que pudiste vivir y las que no.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

UNA CASA EN EL LAGO
























HUMOR, REMEDIO INFALIBLE