domingo, 4 de octubre de 2026

BIBLIOTECAS


La sal de la Tierra
Siempre he creído que las bibliotecas son el esqueleto de una sociedad: sin esos huesos, los países no se mantienen en pie.
Rosa Montero, 04.10.2026

De cuando en cuando, Saida Lara me manda vídeos de sus vacas a WhatsApp. De Kendra, con un coqueto flequillo rubio, que acude corriendo a saludarla cada vez que llega al prao. O de Zara, pestañuda y preciosa, que también se apresura a buscar su caricia diaria y que, según Saida, “es la mejor escuchando. La de veces que me ha visto llorar… y reír…”. A mí no me extraña que las vacas celebren la presencia de Saida, ni los grillos, los mirlos, las hormigas, los carteros, los transportistas de cajas de refrescos, los médicos rurales, los vecinos y todo bicho viviente que le quede cerca, porque Saida es un lujo de la vida. La conocí por email primero y luego en persona hace un par de meses, cuando participé en un festival literario en Babia, un valle alto rodeado de montañas, una zona de León bellísima y retirada. En aquella ocasión me acerqué a su pueblo, Quintanilla de Babia (90 vecinos en invierno, el triple en verano), en donde ella ha montado una biblioteca. Con arrojo y entrega y añadiendo muchísimo trabajo a su afanosa y apretada vida.

Saida tiene 46 años, tres hijos entre los 4 y los 18 años y es ingeniera medioambiental. Justo antes de la pandemia su vida personal estaba “patas arriba”, y decidió asentarse definitivamente en su pueblo natal. “Aquí reencontré la paz y el amor, suena cursi pero fue así”. Sigue trabajando como ingeniera, haciendo cálculos de huella de carbono y cosas así para toda España, pero además tiene vacas y yeguas. Cuando se enteró de que el local de las viejas escuelas había sido rehabilitado, fue a hablar con el presidente de la junta vecinal y le propuso “la locura” de abrir una biblioteca. “Yo creo que me dio permiso pensando que no sería capaz, ja, ja”. Se pasó un año hablando con editoriales, asociaciones y escritores para pedirles libros y llegaron cajas y cajas que hubo que ordenar, registrar y clasificar. Hoy la biblioteca tiene 4.100 libros, entre adultos e infantiles, y sigue creciendo. En verano intentan que esté abierta todo el rato; sobre la mesa hay un registro y cada cual apunta el libro que se lleva, que puede devolver cuando quiera. En invierno llaman a Saida por teléfono y ella se acerca a abrir. Acuden también lectores de pueblos cercanos y además el local sirve para encuentros y actos sociales. Hay que vivir en una zona rural como Babia, con inviernos eternos, con una oferta cultural y de ocio casi inexistente, para comprender hasta qué punto este tipo de iniciativas son una puerta al mundo y a la vida. Por si fuera poco, la hija mediana de Saida, Celia, de 16 años, es una artista, una gran ilustradora, y con sus imágenes han creado un logotipo de Babia para vender merchandising de la comarca, preciosos objetos que se pueden ver y adquirir en el instagram @mirando_a_babia, y que además son una forma de que Celia “aprenda a gestionar su primer negocio propio como ilustradora”, dice Saida, que, como verás, es simplemente atómica.

Pero hay más. En julio colgué en mis redes un pequeño comentario sobre la biblioteca de Quintanilla y a raíz de eso me escribió Marta Arias, que está haciendo exactamente lo mismo en Mora de Luna, en la comarca de Luna, pegada a Babia y tan hermosa y remota como ella. Marta tiene 59 años y también es ingeniero (ella prefiere usar el masculino). Trabaja en Madrid, pero con un esfuerzo ímprobo y la ayuda de sus hijas de 16 y 19 años ha arreglado la pequeña escuela a la que asistía su padre de pequeño en Mora de Luna, y con donaciones de muebles y libros ha creado una biblioteca. Por ahora tiene 1.000 volúmenes, también crecederos. Marta abre el local los fines de semana y sube casi todos, incluso en invierno, lo que me parece una increíble proeza, porque hasta Madrid hay 372 kilómetros. En verano, sus hijas la mantienen abierta todos los días. Hace poco me mandó, toda orgullosa, y con razón, el cartel del primer acto cultural que han celebrado, una mesa redonda sobre la historia de las mujeres en León.

Y si esto sucede en un rinconcito de las montañas de este país, ¿cuántas más iniciativas formidables puede haber por ahí escondidas? Las geniales Saida y Marta son la antítesis del famoso: en vez de chisporrotear con vacuidad de bengalas, ellas, en la oscuridad, hacen y hacen. Siempre he creído que las bibliotecas son el esqueleto de una sociedad: sin esos huesos, los países no se mantienen en pie. En nuestro mundo tenebroso, estas mujeres son la sal de la Tierra. Es la gente así quien va a salvarnos.

FORGES X 4




MAFALD-IA

FÁBULA


La Lechera

Félix María de Samaniego.

Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado 
con aquella presteza, 
aquel aire sencillo, aquel agrado 
que va diciendo a todo el que lo advierte: 
¡"Yo sí que estoy contenta con mi suerte!" 

Porque no apetecía 
más compañía que su pensamiento, 
que alegre, le ofrecía 
inocentes ideas de contento; 
marchaba sola la feliz lechera 
y decía entre sí de esta manera: 

"Esta leche vendida, 
en limpio me dará tanto dinero, 
y con esta partida 
un canasto de huevos comprar quiero, 
para sacar cien pollos que al estío 
me rodeen cantando el pío, pío. 

Del importe logrado 
de tanto pollo, mercaré un cochino; 
con bellota, salvado, 
berza, castaña, engordará sin tino; 
tanto, que puede ser que yo consiga 
ver cómo se le arrastra la barriga. 

Llevarélo al mercado; 
sacaré de él sin duda buen dinero; 
compraré de contado 
una robusta vaca y un ternero, 
que salte y corra toda la campaña, 
hasta el monte cercano a la cabaña."

Con este pensamiento 
enajenada, brinca de manera 
que, a un salto violento, 
el cántaro cayó. ¡Pobre lechera! 
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, 
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. 

¡Oh, loca fantasía, 
qué palacios fabricas en el viento! 
Modera tu alegría; 
no sea que saltando de contento, 
al contemplar dichosa tu mudanza, 
quiebre su cantarillo la esperanza. 

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna; 
que vivirás ansiosa, 
sin que pueda saciarte cosa alguna.
 No anheles impaciente el bien futuro: 
mira que ni el presente está seguro.

DAVID HOCKNEY
















I♥NÁPOLES


THINGS



FLORES