lunes, 20 de abril de 2026

EL PRECIO POR ENFRENTARSE AL MATÓN (VI)


León XIV se planta ante Trump
La reacción iracunda del presidente contra el Papa refuerza la autoridad moral de este más allá de los católicos.
Editorial de EL PAÍS, 20.04.2026

En su temeraria concepción de las relaciones internacionales, que considera la guerra como una herramienta de negociación y no como el último recurso, el lenguaje amenazante como una fase obligatoria en cualquier diálogo, la historia como una anécdota y la verdad apenas como una opción más sobre la mesa, pocas personalidades mundiales quedaban en teoría fuera del destructivo radio de acción dialéctico de Donald Trump. Pero los sorprendentes, reiterados e injustificados ataques lanzados contra el papa León XIV demuestran, una vez más, que es un personaje sin límites que tampoco tolera competencia en el ámbito de la infalibilidad.

Trump embistió en diversas ocasiones durante la semana pasada contra el líder de la Iglesia católica, con su habitual falta de respeto y distorsión de los hechos, después de que Robert Prevost declarara en voz alta lo mismo que han dicho otros líderes y ciudadanos en todo el mundo: amenazar con “borrar una civilización” de la noche a la mañana dando además un ultimátum, como hizo Trump en referencia a Irán, va más allá de cualquier bravuconada bélica conocida y constituye un desprecio inaceptable a la humanidad misma.

Desde su particular mentalidad de ganadores y perdedores, Trump calificó al Papa de “débil” y cuando el Pontífice respondió, en su inglés materno y su acento de Chicago, con un “no tengo miedo”, el mandatario recurrió al argumento falaz de insinuar que el Papa pretendía ignorar los muertos causados por la represión de la dictadura iraní. Abierta la veda, los colaboradores del actual presidente republicano se sumaron a la ofensiva. Incluso el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, católico converso, se permitió dar lecciones de teología al Pontífice y, con una osadía pasmosa, explicarle al Papa lo que es una “guerra justa” para la Iglesia. Resulta que es un concepto desarrollado por Agustín de Hipona. Prevost, el primer Papa agustino, es uno de los mayores expertos mundiales en San Agustín. En el plano más folclórico, pero representativo del nivel de irreverencia, el presidente de EE UU ha compartido por redes una imagen de inteligencia artificial en la que aparece él como Jesús sanando enfermos y otra en la que Cristo le da ánimos.

Lo que seguramente no estaba en los cálculos de Trump han sido las consecuencias de este ataque. Mandatarios —incluyendo el español Pedro Sánchez—, políticos y ciudadanos de a pie de todo el mundo, católicos o no, han cerrado filas en torno a León XIV, quien no ha hecho sino lo lógico: condenar una amenaza de exterminio. Con sus insultos, el presidente de EE UU ha dado involuntariamente un espaldarazo de autoridad moral mundial —incluyendo el respeto del mundo islámico—, a un Papa que era un desconocido cuando fue elegido hace casi un año. Además, ha perdido valiosos aliados europeos, como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a quien ha descalificado tras defender a León XIV. El caso de Meloni es un importante recordatorio de que Trump no tiene aliados, sino vasallos.

Prevost ha alzado la voz para oponer el sentido común a la desquiciada retórica de un presidente de EE UU que está causando un inmenso daño a la ya precaria arquitectura de paz internacional y a su propio país. Y ha puesto frente al espejo —también en España— a aquellos que presumen de defender ideales cristianos mientras aplauden a quien los utiliza como una herramienta para perseguir únicamente su propio interés.

20 DE ABRIL (DEL 26)

Celtas Cortos, *20 de abril

1972-1976









MUÑOZ MOLINA


Antonio Muñoz Molina, escritor: “Hay un exceso de opinionismo porque es más barato que el periodismo”
El escritor, colaborador de EL PAÍS, advierte del “totalitarismo tecnológico”, que quiere “arruinar el mundo tal como lo hemos conocido” y del poder devastador de las redes sociales.
Juan Cruz, 20.04.2026

Vive en Madrid desde hace muchos años, pero Úbeda, su pueblo, su gente, son la parte esencial del recuerdo de Antonio Muñoz Molina, que ahora tiene 70 años y es académico de la Lengua, premiado muchas veces por su literatura. Escribe en este periódico desde muy temprano, cuando era un muchacho que envió a Juan Luis Cebrián, el primer director, un artículo que no se publicó hasta que el autor protestó por la tardanza. Desde entonces, con altibajos, ha sido colaborador habitual de este diario en el que ahora, como su mujer, Elvira Lindo, es columnista habitual. Sus colaboraciones de los sábados en las páginas de Opinión inciden en el momento actual de la vida, de España, del mundo. Esta conversación, cuando el periódico en el que escribe cumple 50 años, es un reflejo del modo de pensar del autor, de su sosiego, de su compromiso y de su rabia. Desde el principio de la entrevista, Muñoz Molina advierte la naturaleza de lo que ahora ocurre con nuestro oficio, contra el que conspiran las fuerzas más poderosas.

Pregunta. ¿Cómo ve ahora esta profesión?
Respuesta. Algunos hemos tenido la suerte y la experiencia de ver cómo nacía el periodismo en la democracia, en España, porque lo que hubo antes difícilmente se puede llamar periodismo. Las fuerzas más poderosas están ahora desmontando todo aquello. Yo tenía 20 años y me acuerdo perfectamente del día en que compré el primer ejemplar de EL PAÍS. Para alguien de mi edad era como lo verdaderamente nuevo. A lo largo de los años, en España y fuera de España, he ido adquiriendo experiencia como lector y como autor, y eso te da una visión bastante completa. El modelo en el que se ha basado el periodismo en la sociedad democrática no se ha desmoronado; es una herramienta para conocer el mundo tal como es, sirve para hacerse imágenes verdaderas o ajustadas a la realidad del mundo y a las opiniones de la gente. Ha sido una herramienta básica de la racionalidad digamos democrática. Y, claro, la racionalidad democrática mantiene ahora fuerzas muy poderosas en su contra.

P. ¿Qué consecuencias tiene eso para la sociedad?
R. Hay algo que escribió Elvira sobre la prevalencia del término de ese relato. Viene de una herencia de la posmodernidad, de la frivolidad posmoderna francesa. Es el descrédito de la realidad. Se necesita un mínimo acuerdo sobre la realidad, una capacidad honesta de distinguir entre lo verdadero y lo falso. No puedes decir, por ejemplo, que los emigrantes le quitan el trabajo a los españoles. Lo puedes decir, pero eso puede ser rebatido. Un senador norteamericano decía que uno tiene derecho a su propia opinión, pero no a su propio hecho. Es muy difícil tener juicios certeros sobre lo que pasa.

P. ¿Puede calcular en qué tiempo eso fue calando hasta ser ahora una enfermedad?
R. Creo que ha coincidido con la llegaba de internet, no por la misma tecnología, sino por el uso que se hace de la tecnología. Vino aquel terremoto y después las redes sociales hicieron un daño devastador. Hubo intereses muy poderosos, mucho dinero, más dinero que nunca en la historia humana. Ahora todo eso constituye un aparato cuya finalidad es arruinar el mundo tal como lo hemos conocido. Ellos quieren ahora un mundo en el que prevalezcan ellos, en los que no haya más leyes que las suyas. Y eso es lo que dicen abiertamente todos. Por eso han abrazado a Trump y por eso el único enemigo poderoso que tienen en el mundo es la Unión Europea. Me da rabia notar que los gobiernos democráticos y sus portavoces depositen sus mensajes en esa red que no es segura. ¿Cómo vamos a ser capaces de rebelarnos contra un poder de ese tipo si estamos jugando en su terreno y lo estamos enriqueciendo?

P. ¿Qué está más en peligro, el periodismo o la libertad?
R. Las dos cosas son inseparables. El periodismo es la voz de la libertad. ¿Te acuerdas de que cuando empezó internet decían que gracias a este fenómeno cualquiera podía ser periodista, con una cámara y con un terminal? Decían que eso iba a hacer que la libertad floreciera.

P. ¿Cómo ve este mundo en el que conviven sus nietos, el pasado, su familia, su vida?
R. Los que tenemos hijos y nietos proyectamos un porvenir en el que no vamos a estar. Estarán los que lidien con las consecuencias del modelo de mundo en el que nosotros vivimos: el cambio climático, la tecnología terrorífica. A mí me gustaría que tuvieran vidas decentes y armoniosas y en paz.

P. ¿Qué consecuencias ha tenido para usted este malestar contemporáneo?
R. Para mí el malestar tiene la consecuencia de que quebranta ciertas propensiones mías a la melancolía, por decirlo de alguna manera.

P. En medio de esa melancolía usted ha escrito, en EL PAÍS precisamente, artículos duros sobre el mundo que estamos viviendo. ¿De dónde viene esa energía?
R. Yo creo que me viene de mi vocación, de mi amor por la literatura y de algo que yo creo que se basa en el periodismo: la voluntad de dar testimonio. Me gusta mucho leer historia. Para mí, un modelo de escritor es Joseph Roth, que escribió en periódicos toda su obra. Él previó que se acercaba el nazismo, lo advirtió a gente como su amigo Stefan Zweig, y este era optimista. Desde 1923 Roth estaba avisando de la llegada de los nazis, de que esa gente era un tremendo peligro. Los historiadores tienen a veces una visión más completa de lo que ha ocurrido, pero el testimonio del que lo ha vivido mientras estaba pasando es de enorme valor y es insustituible. Así son el diario de Ana Frank o el de Victor Klemper, o tantos diarios que ha escrito la gente. Cuando miras las cosas 20 años después ya sabes lo que pasó, pero el testimonio del que está y lo cuenta me parece fundamental. La ficción trabaja con la memoria y necesita el recuerdo y el olvido.


P. Se vuelve a hablar de fascismo.
R. Algunas personas lo están sufriendo. Siempre decimos que no hay que hacer paralelismos frívolos y que la historia no se repite. Pero estamos en un momento en el que elementos del totalitarismo están por encima de la razón y del derecho; todo es mucho más global y la acumulación del dinero es mucho mayor.

P. ¿Este es un momento en el que usted mira atrás con nostalgia?
R. No.

P. ¿Y con ira?
R. No, tampoco. Miro con nostalgia cosas objetivas. Por ejemplo, con nostalgia miro un tiempo en el que no había una concentración de gases de efecto invernadero como la que hay ahora. Miro con nostalgia la posibilidad de que la vida no estuviera mediatizada en cada instante por un totalitarismo tecnológico. Eso sí. Pero es una nostalgia para mí, de rebeldía. Tengo nostalgia de lo que podría haber sido, de lo que podría ser.

P. ¿Qué cosas le estimulan a escribir?
R. Lo que me estimula mucho es ver la rebeldía de la gente ante las cosas. Es decir, cómo de pronto la gente en Minnesota se organizó de manera que hicieron que se fueran de allí los esbirros de Trump. Esa capacidad de resistir de la gente en Irán, de las mujeres, sobre todo, que empezaron a dejarse de poner el velo. Es el ejemplo de que las cosas no están prescritas, a pesar del miedo que causa el adoctrinamiento. Me da esperanza cuando veo esto, me emociona. Generalmente son cosas concretas de la vida. Me pasa también en el pueblo donde vivo en Valencia. Aparte de la amistad y de la solidaridad emocional, tengo allí amigos que no han estudiado nada, otros que se han jubilado, fotógrafos, carpinteros, gente que no espera nada sino la alegría que compartimos.

P. Estados Unidos. ¿Cómo vivió ese tiempo y cómo lo ve ahora?
R. En Estados Unidos había muchas cosas de las que se puede aprender. Cuando estaba allí con Elvira estaba aprendiendo cosas. Desde aprender bien un idioma a estar con gente de muchos sitios, a ver instituciones culturales admirables, museos y sitios así, a leer un periodismo de mucha calidad, en formatos muy distintos, una televisión pública, una radio pública muy buena. Y lo que fui viendo cada vez más con el tiempo fue la fuerza del capitalismo. El modo en que un capitalismo sin apenas contención arrasaba la vida de la gente. Y en esto que hay ahora... Por una parte hay cosas que parecen nuevas, pero por otra parte son cosas que están muy arraigadas en esa sociedad. Es decir, el autoritarismo, por ejemplo, la brutalidad policial, la crueldad con los presos y con los condenados, la falta de piedad con el que ha caído. El uso de esa expresión tan repugnante que le gusta a Isabel Díaz Ayuso, la del perdedor, el loser. Eso ya existía. El fanatismo religioso, una especie de patriotismo mesiánico que muchas veces compartían personas progresistas. Es decir, esa parte más fea que siempre ha existido de pronto ahora ha tomado el control.

P. De todo lo que es usted, ¿qué siente que es lo mejor?
R. Me gustaría ser buena persona y que la gente que está cercana a mí y que me da cariño y todo eso, la gente que tiene trato conmigo, sienta que soy una presencia bondadosa en su vida.

P. Los intelectuales en un tiempo parecía que eran los que nos ayudaban a seguir. Ahora, ¿qué es un intelectual?
R. Siempre he sido muy escéptico con todo eso. Más que intelectuales, me gusta esa expresión que había antes, hombre de letras. Una idea francesa, la del intelectual como una especie de gurú. El punto de referencia. Yo creo, en primer lugar, que un escritor no tiene la obligación de opinar sobre el estado del mundo ni nada de eso. Ha habido gente extraordinaria que ha hecho su trabajo y punto. En el mundo anglosajón es mucho menos frecuente que un escritor escriba en los periódicos. Yo creo que lo que llamamos el intelectual es un ciudadano que tiene la oportunidad y que siente la necesidad de participar en el debate público, no es un profeta ni un iluminado, ni un gurú.


P. ¿Qué piensa usted del modo que ahora los periodistas hablan de lo que ocurre como si estuvieran totalmente informados de todo?
R. Bueno, yo creo que ahí no se puede generalizar, ¿no? A mí hay una cosa que me gusta mucho, que es cuando veo a los periodistas hacer de periodistas en el sentido literal de la palabra, que es ir a los sitios y contar lo que hay y hacer un análisis. Luego está el opinionismo y todo eso, en lo que evidentemente hay un exceso, por la razón de que es mucho más barato. Más barato que estar en un sitio investigando. Para mí el periodismo es eso. Eso, además, es una gran literatura. La crónica que leemos ahora desde Washington o desde cualquier sitio, desde Israel, por ejemplo, de la gente que está allí, eso me produce mucha admiración.

P. Lo vi muy joven, en Úbeda, con sus padres. Ahora que lo recuerdo allí me vienen a la memoria unos versos del poeta alemán Michael Krüger: “A veces la infancia me manda una postal / ¿Te acuerdas?”. ¿Qué postal le trae a usted esa infancia?
R. Siempre la ternura y la decencia. Personas íntegras y decentes en su pobreza, con una educación exquisita, una educación popular exquisita. Y que en circunstancias durísimas tuvieron, o intentaron tener, una vida digna.

INCREÍBLE PERO CIERTO

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO


La investigación de EL PAÍS eleva ya a más de 3.000 las víctimas de pederastia en la Iglesia española
Este diario entrega un sexto informe con nuevos testimonios a la Conferencia Episcopal, al Vaticano y al Defensor del Pueblo que acusan a 50 clérigos y laicos en España y a otros 24 en América.
Sara Castro/ Eleonora Giovio/ Íñigo Domínguez, 20.04.2026

Ya hay más de 3.000 víctimas de pederastia contabilizadas en la Iglesia católica española, según el conteo que EL PAÍS lleva a cabo desde 2018, con todos los casos conocidos por más de un millar de testimonios que ha publicado o transmitido a diócesis y órdenes, y por sentencias judiciales, admisión de la propia institución y noticias en los medios. Cuando empezó su investigación hace casi ocho años, solo había 34 casos oficialmente conocidos, pero ahora llegan ya a 3.081 víctimas, tras sumar las que salen a la luz con un nuevo informe de este diario, el sexto en cinco años, que contiene una recopilación de testimonios recabados en los últimos dos años.

El número de clérigos y laicos acusados se eleva a 1.613. Supone el 1,46% de los 110.000 curas y religiosos que ha habido en España desde 1940, según las estadísticas de la Iglesia. La macroencuesta del Defensor del Pueblo de 2023 estimó que un 1,13% de la población española había sufrido agresiones sexuales en el ámbito de la Iglesia, porcentaje equivalente a 440.000 personas, con un margen de error de entre 350.000 y 530.000.

Es el sexto dosier de este tipo que elabora este periódico desde 2021 y que, como en los casos anteriores, ha sido entregado al Vaticano, a la Conferencia Episcopal Española (CEE) y al Defensor del Pueblo, para que investiguen las acusaciones. Además de los cientos de casos publicados, EL PAÍS ha recogido en estos informes 841 testimonios en 1.800 páginas. Comenzó a realizarlos para que las víctimas tuvieran una respuesta, ante la imposibilidad de publicarlos todos y porque en muchos casos se encubrían a nivel local y no eran conocidos en el Vaticano.

No obstante, en cinco años, la Iglesia no ha respondido sobre ellos ni sobre los numerosos casos sospechosos de encubrimiento de obispos y superiores religiosos. Con Francisco, el Vaticano decidió mantenerse al margen y delegar la respuesta y la gestión en la CEE, que ha priorizado sobre todo la opacidad y la negación del problema. Por primera vez León XIV, que el 6 de junio llega a España, tiene sobre la mesa uno de los informes elaborados por este diario y debe decidir sobre esta cuestión aún pendiente. Además del sexto informe, EL PAÍS ha vuelto a enviar los cinco anteriores al secretario de la sección disciplinar del dicasterio de Doctrina de la Fe, monseñor John Joseph Kennedy.

Este sexto informe recoge un total de 58 testimonios, de 48 hombres y de 10 mujeres, que acusan a 50 clérigos y laicos en España. Todos son hombres, salvo dos monjas. De ellos, 10 ya habían sido señalados con anterioridad. Además, en esta ocasión EL PAÍS ha realizado por primera vez un dosier con 21 testimonios de ocho países de América contra 24 acusados, que también ha sido enviado al Vaticano. Más de la mitad de los casos son en Colombia. En ambos trabajos se ha incluido un anexo sobre los Heraldos del Evangelio, con el extenso testimonio de un antiguo miembro de esta organización ultraconservadora, nacida en Brasil, que señala abusos en España y varios países latinoamericanos.


Todos los casos conocidos en España cuantificados por este diario se pueden consultar en su base de datos pública, la única existente en España, pues la Iglesia siempre se ha negado a dar cifras y su único intento, un informe que llamó Para dar luz en 2024, se reveló un fiasco. Había dejado fuera cientos de casos y estaba lleno de errores.


Los testimonios han sido recabados, una vez más, entre las miles de personas que han escrito a este diario al correo electrónico abierto en 2018. Surgen nuevas historias que en realidad cuentan lo mismo de siempre: diócesis y órdenes que tapan casos; traslado de acusados, algunas veces, al extranjero; nula atención a las víctimas; y traumas callados durante años. Solo salen a la luz cuando quienes lo han sufrido dan la cara y alzan la voz.

Uno de ellos es Manuel Montoro. Ahora tiene 50 años. Su vida no ha vuelto a ser la misma desde su adolescencia, cuando denuncia haber sido agredido sexualmente en la parroquia de Begíjar, en Jaén, entre 1992 y 1993, por el cura P. G. R. El caso ha sido denunciado en la diócesis de Jaén, que aún lo está investigando. El sacerdote, contactado por este diario, niega los hechos.

Este cura llegó a la localidad para sustituir al sacerdote habitual en sus vacaciones de verano. “Abusó de mí, fue solo una vez, pero los hechos son graves”, relata Montoro. Asegura que ocurrió en un dormitorio que recuerda con las camas y las colchas de color naranja, cuando tenía entre 16 y 17 años. “Me desnudó forzosamente. No sé cómo ni por qué acabamos los dos en la casa parroquial. Recuerdo todavía su sudor y el asco que sentí al verme con los pantalones bajados mientras él me abrazaba. Yo estaba de pie y él sentado en la cama. De repente, se puso un poco nervioso y paró lo que estaba haciendo”, expresa. Asegura que lo contó en aquel momento a un sacerdote con el que mantenía una relación cercana: “Esperaba protección y ayuda, sin éxito. Al cumplir la mayoría de edad me envió a un monasterio ecuménico en Francia, alejado de mi entorno familiar y en una situación vulnerable”.

En 2024 lo denunció ante el Defensor del Pueblo y en diciembre de 2025 presentó un escrito en la Oficina de Protección de Menores de la diócesis de Jaén. Pero, cuatro meses después, no ha recibido más información. Este obispado indica que el caso está en estudio y está “recabando testimonios e información para ver qué verosimilitud tiene, si es o no cierto”. En Jaén hay otra acusación a un cura de Linares, J. F. J., entre 1967 y 1969. Según esta persona, tras denunciarlo en el obispado, el sacerdote fue enviado a Centroamérica. La diócesis asegura que no tiene constancia del caso.


Uno de los casos más graves que salen a la luz es el del colegio de sordos de La Purísima, en Madrid, de las Franciscanas de la Inmaculada, abierto en 1967 y donde las víctimas son niños vulnerables. Este diario ya recabó en 2021, en su primer informe, un testimonio de un exalumno contra un sacerdote del centro, A. Y. V., y ahora surge una nueva acusación. Esta vez de un antiguo profesor del colegio, Gonzalo de Ena, de 82 años: “No lo denuncié en su momento, no supe reaccionar, no tenía esa consciencia, eran otros tiempos muy difíciles, no se hablaba de esos temas. Si hubiera tenido la mentalidad que tengo ahora, evidentemente lo denunciaría”.

Recuerda a la perfección su paso por el colegio entre 1978 y 1979: “Como yo dominaba el lenguaje de signos y el abecedario con la mano, entré”. Con los estudiantes estableció una buena relación. “Poco a poco me fui dando cuenta de que había un problema terrible. Era el capellán, el factótum, el hombre todopoderoso de la congregación de monjas. Tenía un chalet en la sierra de Madrid y allí abusaba de los niños cuando los llevaba a su casa a realizar ejercicios espirituales”, asegura. Los menores tenían entre 10 y 14 años.

A. Y. V. falleció en 2021, a los 92 años. “Los niños estaban aterrorizados. Me decían que le tenían mucho miedo, que era muy malo y que les hacía cosas feas en el chalet. No concretaron si eran tocamientos o penetraciones, pero me hicieron saber que allí ocurría algo realmente grave y no me quedó ninguna duda de que se trataba de abusos sexuales”, cuenta De Ena. “Al menos cinco o seis chavales me lo dijeron”, relata.

Gonzalo de Ena, antiguo profesor del colegio La Purísima de Madrid, en su casa de Zaragoza,
este viernes. JAIME VILLANUEVA

Celia Tena, superiora general de las Franciscanas de la Inmaculada, preguntada por EL PAÍS sobre el caso, incluido ya en el primer dosier de 2021, asegura que entonces a la orden no le fue remitido nada: “No nos ha llegado ninguna notificación”. Si es así, de nuevo queda en entredicho la gestión de las acusaciones de abusos de la Conferencia Episcopal, responsable de remitir a cada orden los casos que le competen.

Otro caso relevante de este sexto dosier es el del carmelita descalzo José Luis Zurita Abril, fallecido en 2021: ya había sido acusado por otras dos personas, en anteriores informes de este diario, en el colegio Virgen del Carmen de Córdoba entre 1971 y 1973. La orden admite el caso, que asegura que conoció a través de EL PAÍS en 2022, según confirma el que era entonces responsable de la orden: “Se puso en marcha la investigación pertinente, resultaron comprobados tres o cuatro casos más”. Por estas razones, como en otros casos, se cita el nombre completo del acusado.

El nuevo testimonio sitúa los abusos en Cádiz, donde el religioso fue trasladado desde Córdoba. Relata cuatro agresiones entre 1987, cuando tenía 12 años, y 1989. “Era prior y párroco en la diócesis, parecía muy amable, cantaba y hablaba muy bien, era un embaucador”, relata un hombre de 51 años que prefiere mantenerse en el anonimato.

“Un día nos citó a un amigo y a mí en el convento de la parroquia de los Carmelitas Descalzos de Cádiz, a la hora de la siesta. Con mucho sigilo nos llevó a la cripta de la iglesia, donde están enterrados los frailes. Allí había un sofá, nos invitó a sentarnos, yo pensé que íbamos a limpiar o a vestir los santos, pero Zurita se desnudó y empezó a besarse con mi amigo, al que ya había citado más veces, sin yo entonces saberlo. Este también se desvistió y se dejó masturbar por el cura. El sacerdote me cogió la mano para que le masturbase, yo retiré la mano porque no tenía ni idea de relaciones sexuales”, narra. Según cuenta, empezó a llorar. Entonces, Zurita se asustó y les ordenó que se marchasen. Luego refiere nuevas agresiones, con violación, durante viajes a un santuario en Granada, a Córdoba y a Guadalupe, en Extremadura. Esta persona nunca contó nada a sus familiares: “No me atrevía. Además, en cuanto nos hacíamos un poquito más grandes, sabíamos que a Zurita dejábamos de interesarle, alrededor de los 16 años nos liberábamos”. Luego el religioso fue trasladado a Málaga.


Otro testimonio contra este clérigo es el de A. E. D. M., uno de los dos de Córdoba: “Me tomó como una especie de alumno predilecto hasta que una noche se metió en mi cama y a partir de ese momento me obligaba a masturbarlo, él me masturbaba a mí”, expresa. Asegura que después también lo violó. Indica que sucedía tanto en el dormitorio del internado como en su cuarto. “Aquello trastocó mi vida. Se repetía semanalmente, un día a la semana, sin saber yo cuándo, sorpresivamente. Vivía con esa ansiedad”, recuerda.

En los maristas vuelven a aparecer en este sexto informe dos religiosos que acumulan numerosas acusaciones, dos de los casos más graves destapados por EL PAÍS. Uno es el de Cesáreo Gabaráin, famoso compositor de canciones de misa, como Tú has venido a la orilla y Juntos como hermanos, que no pertenecía a la orden pero era capellán en sus colegios. El otro es el marista Marino González.


González fue cambiando de colegio durante seis décadas por toda España. Un nuevo testimonio corrobora que en 2011 seguía llevando menores a una casa en su pueblo, Albillos (Burgos), con la excusa de prepararlos para el ingreso en ICADE, donde presumía de tener contactos. Los maristas, consultados por este diario, admiten solo 7 víctimas. En la contabilidad de EL PAÍS constan 17.

Cesáreo Gabaráin acumula también 17 acusaciones, según la contabilidad de este periódico, entre 1959 y 1978, desde que tuvo su primer destino como capellán en la escuela guipuzcoana de Antzuola hasta que fue expulsado del colegio madrileño de Chamberí. El nuevo testimonio es de su primer destino, en Antzuola, en 1969.


Se repiten otros nombres ya acusados con anterioridad, como Victoriano Labiano, alias Vitori, en Logroño. A las tres acusaciones anteriores, se suma un testimonio que relata cómo llevaba chicos a un piso en la calle del Cristo, en el Casco Antiguo de la ciudad. También vuelve a aparecer J. A. R., en el mismo lugar, el seminario menor diocesano de Las Viñas, Teruel, contra quien hay nuevas acusaciones de abusos entre 1971 y 1974. La anterior era de 1967.


En este sexto informe de nuevo hay casos de clérigos que van y vienen del extranjero, con acusaciones de agresión sexual en España y otro país. Es el caso de J. G. Z., un sacerdote cántabro que es acusado en Cuba, en la localidad de Sancti Spíritus, entre 1996 y 1998, y también en Cantabria en los años noventa. Ha seguido activo hasta 2025, cuando fue relevado de toda responsabilidad por razones de edad, afirma la diócesis de Santander, que asegura que no tiene constancia de ninguna denuncia.

Algunas de las personas que han contactado con este diario han sido reparadas económicamente. Es el caso de un varón de 65 años, que prefiere mantener su anonimato. La Compañía de Jesús le ha pagado 13.500 euros por los abusos que denuncia entre 1970 y 1975 en el colegio San Ignacio de Loyola de Las Palmas. “Fue el padre Luis F. Moore, yo tenía 9 años. Acabé un día en su despacho para que me pusiese el termómetro porque me encontraba mal. Iba a meter la mano en mis partes íntimas, pero no llegó a más porque le paré los pies”, explica. A partir de ahí, asegura, se obsesionó con él: “Entraba en las duchas del colegio y nos miraba”. Cuenta que hace poco, en una comida de antiguos alumnos, siete personas más admitieron que sufrieron tocamientos por parte del religioso.

En este sexto informe vuelven a surgir acusaciones en dos colegios de los jesuitas que ya acumulan numerosos casos, revelados por EL PAÍS: el de Santiago Apóstol de Vigo, con 12 religiosos acusados, y el de Sarrià, en Barcelona, con siete.

Focos de pederastia en los colegios jesuitas de Vigo y Barcelona

En el centro catalán son acusados ahora dos hermanos ya señalados anteriormente, el padre Josep Antoni Garí y el hermano Emilio Benedetti, que ya tiene 14 denuncias. Pero aparecen dos nuevos nombres nunca mencionados hasta ahora. Uno es J. A. S., que según el relato de un exalumno fue trasladado a Ecuador tras la protesta del padre de otro menor. A la orden no le consta que una denuncia fuera la razón del traslado, pero confirma que este jesuita permaneció de 1958 a 1968 en el país sudamericano: en Quito, Guayaquil y Portoviejo. También estuvo entre 1972 y 1973 en Inglaterra. El otro es el padre J. A. M. E., acusado por un exalumno entre 1966 y 1967. La Compañía admite que hubo dos quejas sobre él en 2012 en una colonia de verano que organizó en Bolivia, país donde había vivido un año entre 1991 y 1992. Fueron dos chicas que viajaron allí como voluntarias, y a raíz de ello fue apartado del contacto con menores como medida cautelar.

En el colegio de Vigo, el exalumno D. V. V. afirma haber sufrido abusos entre 1969 y 1970 cuando tenía 13 años por parte del hermano I., profesor de química, un nombre desconocido hasta ahora que, según relata, tenía un estudio de fotografía donde cometía los abusos. “En aquella institución todo esto era normal y nosotros, simplemente, unos niños inocentes faltos de cariño”, reflexiona.

Hay ocasiones en las que las víctimas denunciaron, pero chocaron con la prescripción, como en la inmensa mayoría de los casos. Es lo que le ocurrió a una mujer de Asturias que fue a la Guardia Civil en 2016 a acusar al sacerdote J. L. R. F. de abusos sexuales entre 1986 y 1987, cuando ella era menor de edad, según consta en la denuncia a la que ha tenido acceso este diario. Su caso demuestra cómo falla el sistema: si el delito está prescrito, aunque haya denuncia, ninguna autoridad judicial informa a la Iglesia y en este caso el sacerdote en cuestión sigue con su actividad.


J. L. R. F. aparece actualmente en la web del obispado de Oviedo en una parroquia asturiana, nombrado en 2019. Según la denuncia, abusó de la víctima en Villaviciosa en varias ocasiones en el domicilio familiar de esta y en un campamento de verano que organizaba la parroquia en Sabero, León. “Un día estábamos todos viendo una película en el piso de abajo y una compañera vino y me dijo: ‘J. L. quiere que subas’. Tuve que subir, me encerró en su habitación y abusó de mí por primera vez. De una forma brutal: porque yo era una niña de 11 años y no había visto un pene en mi vida. Me silenció, me hizo pasar a ese cuartucho poniéndose un dedo en los labios, diciendo con gestos: ‘esto es un secreto”, relata la víctima. Cree que el presunto abusador tendría unos 30 años.

Preguntada por ello, la diócesis de Oviedo no ha aclarado si este cura actualmente está en activo. Asegura que no tenían conocimiento de los hechos e invita a la víctima a ponerse en contacto con el obispado para poder investigarlo.

PD. EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es

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