lunes, 2 de febrero de 2026

LA CANDELARIA


¡Feliz día de La Candelaria!
Pero hay más, regalo de Amelia Varcárcel.


Vamos a desarrollar el tema de la Candelaria empezando por el principio...
Veis este mosaico romano?
En él aparece una mujer que está siendo azotada.
Este es el origen de la fiesta de la Candelaria. La costumbre romana de las februas.
Las mujeres eran azotadas para "volverlas fértiles". Era una fiesta por todo lo alto que venía de la noche de los tiempos en la Roma ya imperial.

EL DE LA BOINA


David Uclés: “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”
El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.
Jesús Ruiz Mantilla, 29.01.2026

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.
Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.
La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?
Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?
Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?
Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?
Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.

De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?
Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.
Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?
No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?
Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…

Ya… Pero, claro, con ese nombre y 700 páginas, como para leérselo, pensarían.
Me presenté a todos. Lo interesante sería entrevistar a la trabajadora de Correos de Úbeda que me veía con los manuscritos. Me gastaba 100 euros por ejemplar. Cuando comprobaba adónde los enviaba me decía: “Hijo mío, ¿no te puedes presentar mejor al premio de la Caja Rural?”. Y yo, con mis veintipocos años: “¡Que no, María! ¡A los grandes!”.

Era un soñador empedernido. ¿Lo sigue siendo? Los sueños cuestan…
Lo he descubierto, no lo sabía. Todo el mundo me hablaba de las zancadillas. Los primeros, los libreros. “Te van a caer palos por todos lados”, me advertían. Me estaba tratando todo el mundo muy bien. Pero este año, ya caí. Aunque eso no me resta nada del sueño, eh. Yo soy feliz viviendo. Mudándome, tocando música en la calle, aprendiendo a cocinar cosas nuevas, teniendo amantes… Eso es escribir también. ¿Qué es escribir? ¡Vivir! Vivir y luego plasmarlo. Si me va muy mal, muy mal, si me cancelan porque llevo boina, me voy a Praga, a Dinamarca, a cualquier país que me guste, y soy feliz. Yo cumplí un sueño ya. Con La península… me quité la espina de mi vida. Pero quiero seguir escribiendo, me desvivo por escribir.

Dice que es el libro de su vida y hace bien en ser consciente de ello. Me recuerda a un magnate de televisión a quien le dio por organizar una fiesta en honor a una película que fue un bombazo monumental. Tomó la palabra en medio de la euforia del equipo y les dijo: “Aprovechad y disfrutad porque en vuestra vida vais a tener un éxito ni parecido a este…”.
Ya, ya… ¡Hay que ser conscientes! A ver, yo mantengo la ambición y la energía. Quiero superarme, seguir haciendo novelas totales sobre un periodo, pero no sé si superaré lo que ha supuesto La península

¿Tiene miedo de su propio listón?
No, cada aventura merece su objetivo. Con esta nueva he querido rendir homenaje a Barcelona. Si consigo que guste, el objetivo está cumplido…

Para eso ha elegido una distopía lírica.
Sí… Una distopía en busca de la luz. No sé aún las interpretaciones que tendrá, pero da pie a muchas más que la anterior porque estaba sujeta a una historia que no me podía saltar, la de la Guerra Civil como eje. Aquí solté completamente la imaginación. El apagón que cuento puede tener un corte literario o político si lo agarras por el lado del fascismo, y casa mucho con el presente.

Para eso le ha dado un sesgo hiper­ecléctico que va de Simone Weil a Rosalía o de Carmen Laforet y el boom literario latino­americano a Carlos Ruiz Zafón, un autor cuyo éxito fue despreciado por las élites.
Sí, y soy consciente. Pese a los desprecios, si un título merece éxito y recompensa de los lectores, lo voy a respetar. Los que te quieren criticar porque sí, lo van a hacer. Ruiz Zafón vendió decenas de millones de ejemplares en todo el mundo. Ahí lo dejo y le doy su valor.

¿Se identifica con él?
Si tuviera miedo a la crítica, lo hubiera quitado del prólogo y habría puesto a Francisco Casavella con El día del Watusi, por ejemplo, pero, al final, quería homenajearlo también en una novela que trata de Barcelona.

Ha fichado por Planeta, decían los titulares cuando ganó el Premio Nadal…
A ver… Esta novela la publico en el Grupo Planeta. Pero sigo en Siruela. La promoción de La península de las casas vacías continúa, mínimo durante un año, ya tenemos fechas por América Latina y Europa. Yo sigo con Siruela. Continúo trabajando con ellos.

¿Qué cara se les quedó cuando se enteraron del premio?
Yo entiendo el disgusto… Bueno, el susto. Lo supieron a la vez que todo el mundo. Cuando se reveló el fallo. Pero hablé con ellos y les expliqué la decisión de presentarme. Esta novela encaja mucho en el Nadal. Yo ¿qué hago si tengo ese sueño desde hace 15 años? Debo intentar cumplirlo. A Siruela nunca le prometí esta novela. Otra cosa es la segunda parte de La península. Fui a verlos después y se lo volví a decir: “La segunda parte se publicará en esta casa”. Y la gira es prioridad.

¿Qué ambiente encontró al entrar por la puerta?
Pues algunos nos pusimos a llorar, como niños, la emoción fue fuerte. Hubo berrinche. Los quiero un montón, son mi familia. No ha sido una decisión tomada por dinero. Para mí representa un prestigio muy grande, el premio más antiguo del país y mira quiénes lo han ganado antes…

¿Por qué a los escritores se les exige una pureza en esos términos que en otros no cuenta? Más si, aparte, se llevan el trozo más pequeño de la tarta: solo el 10% del total de un libro. ¿Por qué eso no se dice tampoco?
No lo sé. No lo entiendo, la verdad. Pero es cierto que nos vemos juzgados continuamente.

¿Por cierto desequilibrio entre lealtad y libertad, quizás?
Yo, la lealtad, la mantengo. No hay un ápice de traición. Pero nos juzgan demasiado sin saber.

Quizás haya otros factores: ¿siente la envidia?
Sí. Ya lo sé desde pequeño, ojo.

¿Por qué?
Desde chico me di cuenta de que por envidia, quizás a expresarme libremente, sufría acoso. Yo, a los 14, me puse una gorra. Puede que fuera un gesto rebelde. Mi padre es guardia civil y no le gustaba que la llevara, la gente en el colegio que si maricón, encima, por la pluma y por la gorra. Luego se ha quedado la gorra por estética: a mí me gusta. Me pegaban desde los nueve años. En el barrio. Me tiraban piedras, me atizaban con hierros, me metieron una vez en un garaje y me dieron una paliza entre cuatro. Mi madre me ponía alcohol en los moratones. Es que me emociono. No por mí, por ella. Mi pobre madre… Fue atroz. Pero yo me lancé al mundo y no oculté nada. Soy gay y lo digo, ando de la mano por la calle con quienes amo, pero yo sufrí un acoso horrible y todos lo supieron y fueron testigos: desde los profesores a mi familia.

¿Qué aprendió, a pesar de todo, de aquello?
Pues que hay gente mala. Ya está. Que tienes que hacer tu vida y asumirlo. Y lo que veo ahora… Algunos me pegan con la palabra, pero es lo mismo. Da igual, cuando veo ciertos vídeos es que salta la rabia, el veneno. Hay veces que me río porque el odio es tal que no me reconozco en el David Uclés del que comentan… ¿Quién será? ¿De quién hablan? Es frustración, lo sé y me compadezco de ellos. Habrán sufrido su falta de cariño y sus traumas que les causan ese veneno.

¿No es un honor que ciertos haters le critiquen desaforadamente? Un gran éxito, en el fondo.
Sí, muchos lectores me lo dicen, que es lo mejor que te puede pasar con ciertos nombres. Algunos critican sin aludir al libro, solo al aspecto, como en mi adolescencia.

Luego está la audacia que demostró en La península… ¿Todavía quiere que no se lo tengan en cuenta quienes se niegan a indagar en esa memoria? ¿Fue inconsciencia o valentía?
Tenía ilusión de crear una épica. De hacer memoria. Lo sigo manteniendo. No tergiversé nada. Tampoco respecto al bando republicano. Soy progresista, soy de izquierdas. Pero hoy, 90 años después, no puedes dejar de plasmar los errores del bando republicano también en Paracuellos o en las checas. Me parecen necios quienes desde la derecha critican el libro por cuestiones ideológicas. Hay pocos ejemplos de eso. Pero el mío quizás aporta cierta frescura.

También ha sabido contar bien cómo lo ha hecho: 17 años de trabajo, su sustento como músico ambulante, sus escasísimos recursos…
Es que ha sido una aventura en sí. Así fue. Al final vino un triunfo, pero hace dos años seguía siendo un muerto de hambre. Miraba hacia atrás y no lo hacía con orgullo. Ahora sí, claro. Algunos han querido rodar un documental de eso y me he negado. Prefiero que me juzguen por la obra, pero ojo, que mi vida, cómo llegué a escribir la novela, es otra historia. Yo llegué a tener cero euros. Comiendo lo que podía, donde me dieran. En París, Madrid, Alemania, Suiza…

¿Nadie confiaba a su alrededor? ¿Nadie entendía lo que pretendía hacer?
Nada, no entendían nada. No habían leído una página y me decían: “Aquí estás tú escribiendo una cosa que lo mismo es una mierda”. Yo lo explicaba a mis amigos o mi familia. Pero cómo iban a entender. Era complicado. Más cuando sacaba matrículas en los estudios y mi padre me decía: “Tú, unas oposiciones te las sacas con la gorra, nunca mejor dicho”. Y yo, 34 años, sin cotizar. Encima, mal del corazón. “¿Qué pensión vas a tener? Si tienes una baja, ¿dónde vas?”. A los 33 fibrilo por primera vez. Y sin pastillas. Volví a Úbeda. Es duro volver a casa de tus padres. No me podía quedar solo, además. Cada uno tiene sus males, pero este aflige mucho. Cuando te da, dura dos minutos. Estamos en este mundo un rato, no más, esa filosofía, por la enfermedad, me acompaña todo el rato. Por eso soy feliz también. Bueno, tengo muchos motivos para ello, pero precisamente por eso, más. Yo, con estar vivo…

Cree que después de todo lo que le ha ocurrido, ¿el mayor aprendizaje de su vida es el fracaso?
Mi futuro llevaba esa letra f: fama o fracaso. No iba a hacer unas oposiciones ni publicarlo en cualquier editorial. Si no salía, estaba dispuesto a seguir escribiendo y tocar en la calle hasta que me muriera. Ya está. Siempre lo he tenido claro. Y eso me lo daba la enfermedad, la arritmia. Que, por otro lado, es dura. Cuando me daba fuerte, si estaba con mi padre, le mordía el hombro del pánico.

Para seguir con eso había que tener también mucha fe. Supongo que hoy lo han entendido.
De sobra. Me acompañaron a la entrega del Nadal, a mi padre nunca le había reprochado ninguna incomprensión cuando me decía que iba a tirar mi vida por la borda. Bueno, esa noche cuando se acostaron, a mi padre le di un beso y una colleja. Le dije: “Anda, eh, la novela del abuelo, lo que nos ha traído”. Se le puso una sonrisilla de niño chico… No hubo palabras. Yo sé que me decía: “Gracias”.

Y en todo ese proceso, ¿cuántas veces apareció la desazón?
En un momento sentía que me estaba empezando a entrar la frustración. No leía a autores de mi generación. Yo también sentía envidia. Eso es humano. Pero la localizo y no la llevo a ningún límite como otros. Leí Panza de burro, de Andrea Abreu, porque me lo recomendaban y a mí me entraban esas reticencias, pero acabé llorando y hasta le escribí. Nunca me contestó, pero da igual. Chapó, menuda maravilla. Como me pasa con Calabobos, de Luis Mario, un obrón… Es de mi quinta y lo recomiendo, claro. No me puede la envidia, cuando algo es bueno, vence la admiración. Así soy.

Son éxitos merecidos los suyos, pero con usted pasa que cruza otra línea y ha llegado a representar un paradigma de la polarización. ¿Cómo le sienta a su corazón esa, a menudo, saña?
Yo no me coloco al lado de ningún partido político, hago mi trabajo, con respeto. Lo que pido es que se me trate igual. Claro que hay crueldad, e inquina y envidia. Y me duele. Y es verdad que se ha disparado desde que hablé delante de Isabel Díaz Ayuso del problema de la vivienda. Hasta entonces, me habían criticado muy poco.

¿Con el premio, además de las ventas, ya está buscando piso?
Bueno, yo trataba de hablar en nombre de mi generación. Si yo, con lo que he vendido, no puedo comprar una vivienda digna… Quería decirlo así y salió mal. Aun así, seguiré hablando de los problemas que afectan a mi generación: de los alquileres, de los fondos buitre, de la gentrificación.

Entonces, poco se arrepiente.
De no haber matizado, sí, pero lo sigo pensando. Luego ella me invitó a tomar un café en la Puerta del Sol.

¿Y va a ir?
¡Cómo voy a ir si no hay cafés en la Puerta del Sol! Ahí son todo cadenas, no hay nada genuino. Salvo La Mallorquina, pero está siempre atestada de gente.

Hombre, me parece que ella se referiría a su despacho en la Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid.
No pienso entrar en ese edificio hasta que no pongan una placa que conmemore las torturas que se dieron en lo que fue la Dirección General de Seguridad. ¿Un café fuera de ahí? Donde ella quiera.

¿Qué es la ambición literaria? ¿Tiene energía para mantenerla?
Es no tirar la toalla cuando eres consciente de que te metes en un jardín, aunque te vayan a dar por todos lados. Hay que hacerlo desde la honestidad y el rigor.

Ahora llega un apagón como metáfora en medio de Barcelona. ¿Está preparado para que las mentes de vía estrecha nacionalistas vean fantasmas?
Barcelona tiene la suerte de haber sido escenario de una herencia inmaterial impresionante, con todos los artistas y creadores y la gente que han vivido allí. La ciudad está por encima de todo eso.

Fue durante un tiempo muy cosmopolita, ahora no tanto.
Barcelona es mucho más, sigue siéndolo. Tuvo tiempos mejores, quizás, pero así vengan los buenos o los malos, la ciudad permanecerá y se hará más fuerte. Lo que más le afecta hoy en día es el turismo y de ahí viene esa asfixia. Hay tantas interpretaciones posibles que allá cada cual. Pero el regusto de esta novela es esperanzador. Espero que el lector sepa apreciar el discurso con el que me identifico ahora.

¿Cuál?
Que a pesar de nuestros malos momentos, arrimando el hombro, hemos sido capaces de ser comunidad. Hay que inventar esperanza frente a la oscuridad.

1984


Usted no ha visto lo que ha visto
Como en ‘1984’, la Casa Blanca de Trump pretende construir una realidad a la medida de sus intereses.
Juan Gabriel Vásquez, 01.02.2026

Lo contaba Timothy Garton Ash en un discurso que dio hace unos años en Barcelona. Durante sus viajes por la Europa comunista, la gente se le acercaba con libros de George Orwell en ediciones samizdat: copias de libros prohibidos que se hacían de manera clandestina (samizdat quiere decir, más o menos, “publicado por uno mismo”, o “editorial de uno mismo”) para evitar la censura. Eran copias de 1984 y Animal Farm, gastadas de tanto leerlas, que los lectores agitaban en el aire mientras le preguntaban a Ash: “¿Cómo lo sabía?”. Se referían, por supuesto, a todo lo que les estaba pasando o les había pasado a las víctimas del totalitarismo: ¿cómo lo sabía Orwell? ¿Cómo sabía ese inglés tan inglés, que nunca viajó a los países del Telón de Acero, que sólo supo del mundo comunista por sus lecturas y por las noticias que le llegaban, lo que ocurría del otro lado?

Por supuesto que no se referían a la represión de todos los días, la persecución de la disidencia y el terror político, ingredientes predecibles de todo totalitarismo. Se referían más bien a las novedades que Orwell entendió mejor y antes que el resto de los intelectuales de su tiempo: la falsificación de la Historia, la mentira organizada y el lavado de cerebros, toda la capacidad de los totalitarismos para transformar la realidad hasta dejarla irreconocible, o para distorsionar nuestra percepción hasta hacernos dudar de nuestros propios ojos. Eso es lo que le pasa al pobre Winston Smith en 1984. Si la novela de Orwell se ha metido en nuestras conversaciones de los últimos años —desde 2016, por poner una fecha arbitraria, pero yo recuerdo instancias anteriores— es por eso: porque nos parece que en ella hay herramientas para desmontar lo que nos está ocurriendo ahora. El hecho de que sigamos citando a Orwell, de que no hayamos parado de hacerlo en los últimos 10 años, es síntoma de algo grave: porque el mundo de Donald Trump se parece cada vez más a la dictadura del Partido en Oceanía.

Lo pensaba yo esta semana después de tres incidentes profundamente preocupantes, pero que se ahogaron —predeciblemente— en la marea de desmanes con la que la Administración Trump ha colonizado nuestra atención y dominado sin resquicios los ciclos de los noticieros. El primero es el asesinato de una mujer, Renee Good, que se vio envuelta en un altercado con agentes del ICE, la agencia de persecución de inmigrantes que se ha convertido en una fuerza paramilitar de terror de Estado que no da cuentas a nadie o cuya impunidad está garantizada de antemano por Trump y sus fascistas. Todos vimos las imágenes: la camioneta de la mujer atravesada en la vía, los agentes que se le acercan con ademanes amenazantes, el agente que trata de sacarla a la fuerza del vehículo; y entonces ella maniobra para irse de allí, y todos la vemos comenzar a irse, pero otro agente le pega tres tiros casi a quemarropa, sin justificación ninguna. El segundo incidente fue otro asesinato: el enfermero Alex Pretti, armado con un teléfono móvil, se enfrenta a los agentes del ICE que están matoneando a una ciudadana, y minutos después está en el suelo, sometido por los matones. Y a pesar de que está sometido y golpeado, los agentes lo asesinan: 10 tiros en total.

Fueron dos asesinatos cometidos contra ciudadanos inocentes. De inmediato produjeron la repulsa de siempre, pero esta vez, además, produjeron otra reacción: la maquinaria del trumpismo se puso en marcha inmediatamente, como perros que responden al pito, para decirle a la gente que lo que estaba viendo no había sucedido en realidad. Que Renee Good no se estaba yendo, a pesar de que la vemos irse, sino que estaba atacando al agente con su camioneta: usando su camioneta como un arma. Que Alex Pretti llevaba un arma (aunque un agente se la haya quitado) y era un “pistolero” que “iba a provocar una masacre”. Que los dos no eran ciudadanos, sino “terroristas domésticos”. En fin: que lo que ha pasado en realidad no ha pasado, y lo que hemos visto es en realidad algo muy distinto de lo que hemos visto.

Pocos días después —pero se siente como si hubieran pasado meses—, Trump fue al Foro de Davos a destrozar como pudiera el orden internacional y a atacar, con su mezcla particular de matonismo y puerilidad, a los líderes de esa Europa que puede muy bien ser la única resistencia. Al matonismo y la puerilidad les añadió dos ingredientes que van y vienen: el tono de mafioso y las equivocaciones de su mente senil, invulnerable a las correcciones de la información o la cultura. Y entonces dio un discurso soporífero en su tono soporífero, y en él usó muchas más palabras de las necesarias para echar atrás sus pretensiones imperialistas mientras seguía reventando los puentes con los aliados de toda la vida y, de paso, destrozando más si cabe la reputación y el soft power de Estados Unidos en el mundo. Pues bien: para referirse a Groenlandia, el territorio que se quiere tomar —por las buenas o por las malas, como en una pésima película de vaqueros—, Trump dijo tres veces el nombre de Islandia. Lo señaló enseguida la periodista Libbey Dean: “En sus comentarios en el World Economic Forum, el presidente Trump confundió aparentemente Groenlandia con Islandia unas tres veces”.

Y ocurrió de nuevo: los organismos de la propaganda trumpista, comenzando por la vergonzosa Casa Blanca, pusieron en marcha los mecanismos para probar que lo que vimos no ocurrió nunca. Islandia en inglés es Iceland: ese es el nombre del país, pero la palabra también podría partirse en dos y significaría “tierra de hielo”: ice land. Y por eso la jefa de prensa de Trump, una mujer que ha dado una nueva definición a la palabra cinismo, pudo responder sin que a su cuenta de X se le moviera una ceja: “No es así, Libby. Su discurso escrito se refería a Groenlandia como ‘un pedazo de hielo’ porque eso es lo que es”. Y luego: “Tú eres la única que está confundiendo las cosas”. Todos lo habíamos visto: Trump dijo Islandia en vez de Groenlandia por senilidad, ignorancia, cansancio, mediocridad o descuido. Pero Karoline Leavitt hizo un pase jedi con la mano y nos dijo que no: eso que vimos no fue lo que vimos. Lo que vimos fue otra cosa.

En la primera parte de 1984, Winston Smith reflexiona sobre la forma como el Partido ha construido una realidad a la medida de sus intereses. Piensa en la Policía del Pensamiento, en la falsificación de la historia, en la imposibilidad de saber cómo fue el pasado en realidad, en la destrucción de las certezas. “Después de todo”, se dice, “¿cómo sabemos que dos más dos es cuatro? ¿O que la fuerza de gravedad funciona? ¿O que el pasado no se puede cambiar? Si tanto el pasado como el mundo exterior existen sólo en la mente, y si la mente se puede controlar, ¿entonces qué?” Y concluye: “El Partido le pedía a uno que rechazara la evidencia de sus ojos y sus oídos. Era su orden definitiva, la más esencial”.

Esa fue la orden que llegó desde la Oficina de Prensa de la Casa Blanca. “Tú eres la única que está confundiendo las cosas”, le dijo Karoline Leavitt a una periodista. Y yo sentí que nos hablaba a todos.

BELÉN ESTEBAN

Bee Gees, *I started a joke (1968).

Recuerdo hace algunos años una conversación con un compañero de trabajo acerca de la ocurrencia de los obispos sobre hablar constantemente de política, de instigar manifestaciones (era la época del siniestro Rouco Varela), etc. Él me contestó circunspecto, si Belén esteban puede soltar sus barbaridades en la tele, ¿por qué no lo iban a poder hacer los obispos? Sí, me dejó pensativo. Touché, pensé en ese momento, sin decírselo, claro, uno tiene su dignidad.
Hoy vuelvo a pensar en el asunto a colación de las publicaciones en las redes de los grupos ultraconservadores de curas y políticos. Si hay algo que ha proporcionado Internet es la posibilidad de que cualquiera pueda expresar sus ideas, y esto no parece mala cosa. El problema surge cuando cualquier cosa se comparte, mentiras y bulos incluidos. La desinformación es la reina del mambo ahora y esto nos arroja irremisiblemente a las aguas de la desconfianza perpetua: mejor creer que todo es mentira, incluso la verdad, por si las moscas.
Es el mundo al revés, los valores del cristianismo ya no los defienden ni los cristianos, ni que decir de los valores del judaísmo o los del islam. El ser humano se ha deshumanizado, pronto ni la expresión tendrá sentido alguno.
¿Qué nos queda? Dudar y leer. Informarnos es imprescindible y la lectura nos acabará (eso quiero creer) danto armas para discernir entre lo que es verdad y lo que no. Porque si no es así estamos perdidos y, hablando en neolengua, el Ministerio de la Verdad de las mentiras que anticipó Orwell se habría instalado definitivamente entre nosotros.

CINE DE OSCAR


Vimos anoche "Marty Supreme" y qué les voy a decir. La película es muy buena pero, nada más empezar, odias tanto al personaje que deseas que se acabe ya. Un vampiro moderno que chupa la sangre a todo el que se le acerca, un personaje que te pone nervioso ante tanta manipulación y manejo que hace de sus compañeros de vida. Un papel que posiblemente le valdrá el Oscar al protagonista. 
Una película sobre Nueva York, Tokyo, un perro y una familia desestructurada con un fondo musical potente.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE



domingo, 1 de febrero de 2026

DE PASEO POR GRAN CANARIA

Me llegan fotos de lo preciosa que está Gran Canaria tras estas últimas lluvias que hemos tenido en la isla. Siempre es un tremendo placer recorrer su interior (la isla, por dentro, es una gran desconocida), sobre todo fuera de los circuitos turísticos más recurrentes. Los barrancos y las presas son una maravilla para los sentidos. La tierra es siempre tan agradecida... Para muestra un botón.














ABRIR LA PUERTA, O NO


El mundo loco donde vivimos ahora nos hace enfrentarnos una y otra vez con paradojas: ¿apoyar el secuestro de Maduro a pasar de ir en contra del derecho internacional pero sabiendo que ha sido un sátrapa sanguinario? ¿Y con Irán? ¿Desear que caiga el régimen teocrático y dictatorial por las malas ya que por las buenas, visto lo visto, es imposible? Los franceses, durante la revolución de 1789, no tuvieron contemplaciones, como la reina de corazones de Alicia, ¡qué les corten la cabeza! Pero claro, en 2026 "parece" que nos hemos vuelto más civilizados, aunque a saber. Nos encontramos ante la enésima puerta que no se sabemos si abrir o dejarla cerrada; me temo que ni Schrödinger tendría la solución.
La literatura, por ejemplo, está llena de personajes odiosos a los que la pluma de la escritora o el escritor (pienso ahora en el Ripley de Patricia Highsmith, del que uno cae rendido a sus pies a pesar de los pesares) hace que te pongas de su lado nada más empezar la novela. La vida real es la que ahora se va pareciendo a la literatura cada vez más, aunque a estas alturas del cuento volveríamos a discutir sobre el huevo o la gallina, y ¡qué necesidad!
Por cierto, si no has tenido la oportunidad, el placer diría yo, de leer "Persépolis", de Marjane Satrapi, te la recomiendo encarecidamente. Nunca ha estado de tanta actualidad como ahora.


Espiral violenta en Irán
Es necesario encontrar vías de presión más allá de las amenazas de Trump contra un régimen sanguinario que masacra a su población.
EL PAÍS, 31.01.2026

El régimen teocrático de Irán es una sangrienta dictadura dispuesta a aplastar cualquier signo de disidencia interna, un concepto que incluye un baile callejero subido a las redes sociales, o el cabello de una mujer asomando del pañuelo obligatorio más de lo que considerado permitido. Naciones Unidas estima que hasta 20.000 personas pueden haber muerto por la brutal represión de la última oleada de protestas que sacude el país. Sin embargo, la amenaza militar contra Irán lanzada el miércoles por Donald Trump, vuelve a colocar a las democracias occidentales ante la tesitura de respaldar una mecánica de resultado incierto, cuestionable legalidad internacional y nulo consenso internacional previo.

En su estilo de palabras contundentes, pero concreción difusa, Trump anunció un ataque contra el régimen iraní en un plazo sin concretar si no se sienta “rápidamente” a negociar –sin especificar el formato- cuestiones como la detención del programa nuclear o la financiación a grupos terroristas en Oriente Próximo. Su principal baza argumentativa es una “enorme Armada” que se dirige al Golfo y en la que destacan el portaaviones Abraham Lincoln y tres destructores equipados con misiles guiados. Tras la alarma generada por estas palabras, en medio de la cancelación de vuelos de compañías internacionales a Irán y de una subida abrupta de precio del petróleo, apenas 24 horas después Trump se mostró partidario de “dar una oportunidad a la diplomacia”. El petróleo bajó, pero no despejó la percepción de que EE UU puede atacar Irán en cualquier momento con consecuencias impredecibles. El precedente de Venezuela refuerza cualquier amenaza de Trump.

En el plano práctico, y siguiendo el mismo ejemplo que pone Trump como garantía de éxito de su amenaza, es preciso recordar lo obvio: el régimen iraní no es el venezolano. En Caracas, la operación de la Casa Blanca contó con ayuda local y después ha dejado en el poder la estructura chavista intacta por conveniencia práctica. Irán está sólidamente cimentado en una jerarquía que va más allá de las personalidades. Una acción militar no garantiza en absoluto la reforma, ni la caída, de un régimen que en un momento de debilidad máxima puede desencadenar un baño de sangre interno aún mayor y extender su respuesta a toda la región. Trump debería ser consciente del desastroso historial de intervenciones estadounidenses: Irak, Afganistán, Somalia, Libia y Siria son ejemplos solo en este siglo. Ninguna de esas sociedades ha visto la llegada de algo parecido a una democracia o una mejora sustancial de sus condiciones de vida. Por citar otro régimen integrista: en Afganistán, tras más de 20 años, 7.000 estadounidenses muertos y un gasto de dos billones de dólares, los talibanes siguen en el poder sin que nadie les cuestione ya.

En el plano de los principios la perspectiva es aún peor. Trump ha llevado las estrategias de casino a las relaciones internacionales. No valen ni las alianzas, ni las consultas ni la colaboración internacional. Su imprevisibilidad y su desprecio por las potenciales consecuencias de sus órdenes colocan al mundo es un estado de incertidumbre inédito. Llama la atención la actitud prudente en público de Israel, el archienemigo de Irán, sobre un ataque contra Teherán. Precisamente, Israel es quien ha estudiado mejor que nadie las consecuencias de un ataque a gran escala, en el que seguramente recibiría las represalias más inmediatas.

Mientras Trump tuitea, es imperativo recordar que los iraníes siguen luchando prácticamente solos contra una dictadura inmisericorde. Es por ellos por quienes la comunidad internacional tiene que dar la cara más allá de las declaraciones ineficaces, entre otras cosas para evitar que parezca que el único que actúa es justamente quien desprecia el orden internacional y la seguridad mundial.

PARECE QUE ES VERDAD

 

Me llega esta noticia tan esperanzadora y lo primero que hago es investigar a ver si es verdad o se trata de un bulo, aunque bonito. Esto es lo que me contesta Google:

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER

Me preguntaban ayer qué opinaba sobre la polémica entre Pérez-Reverte David Uclés, sabedores de mi afinidad con el escritor cartagenero -escritor siempre necesario-. Puedo estar de acuerdo más con uno que con otro (en esta ocasión con Uclés), pero lo que me parece mal en todo este asunto es la soberbia de los organizadores al no aceptar un punto de vista más crítico hacia los ponentes invitados. Igual que tú tienes la libertad para invitarme yo la tengo para rehusarla si no estoy cómodo con mis compañeros. Esto no es un debate electoral sino unas jornadas literarias, en esta ocasión con gran trasfondo político e histórico.
He leído con paciencia e interés las declaraciones de uno y de otro y creo que cualquiera tiene derecho a dar un paso hacia atrás si su conciencia se lo demanda. Y, por cierto, hay que tener valor para hacerlo.
Volviendo a lo que decía al principio, que conste que soy un gran defensor de Pérez-Reverte porque creo que personas como él son absolutamente necesarias en España.
¿Y a qué viene este rollo?, se preguntarán. Pues me vino a la cabeza al leer el artículo que les transcribo ahora sobre lo que piensan y dicen los políticos conservadores españoles ante la política de T. No se puede ver la vida detrás del burladero siempre, sirva este horrible refrán taurino que tanto les debe gustar.

¿Groenlandia, Minneápolis? ¿Qué piensan las derechas españolas?
De Feijóo les será difícil encontrar nada en la web del partido; y en los registros periodísticos solo consta su insoportable levedad al calificar las amenazas de Trump como “innecesarias”.
Xavier Vidal-Folch, 01.02.2026

Muchas veces las posiciones de la oposición doméstica en asuntos internacionales son poco más que brindis al sol. No la comprometen, pues no suele ser actora relevante hacia el exterior. Al menos no en igual medida en que puede ser costosa para el Gobierno. Y el Estado al que encarna.

Pero interesan mucho a la opinión, porque son un indicio de lo que harían si llegasen a encaramarse al poder. Además, ya desde la dictadura, las relaciones internacionales constituyen un terreno abonado para la política interna, por sustitución, referencia o metáfora.

Los periodistas añosos aún recordamos cómo bajo la férula tardofranquista debíamos referirnos a Felipe González (o Isidoro, su nombre de guerra) no como el líder del PSOE (prohibido) sino como el político español que sintonizaba “con posiciones equivalentes a las del socialista francés François Mitterrand”… y circunloquios parecidos. Así, con todos. Por país interpuesto.

Por país interpuesto, el cotejo de los líderes de los partidos derechistas españoles con sus pares en el asunto de Groenlandia les desolará.

De Alberto Núñez Feijóo les será difícil encontrar nada en la web del partido. Y en los registros periodísticos solo consta su insoportable levedad al calificar las amenazas de Donald Trump —indicando que se la incautaría por las buenas o con violencia— como “innecesarias” o, hale coraje, “desafortunadas”, y exigiendo al Gobierno mantener con el déspota relaciones “respetuosas”. Já.

Mientras, el Partido Popular Europeo, encabezado por el ultra Manfred Weber, daba muestras de dignidad, calificándolas de “afrenta increíble”, lo que le llevó a votar en Estrasburgo contra la ratificación parlamentaria al acuerdo arancelario de la vergüenza formalizado el pasado verano.

Más valiente se mostró el nacionalismo de los fascistas de Vox. Su duce de camisa prieta calló hasta la mudez ante el peor asedio, de un amigo, sufrido por Europa desde 1939. Uno de sus acólitos acertó a balbucear: “No nos importa Groenlandia, no pensamos en ella”, y “nos declaramos incompetentes en esta materia”. Gracias, defensores a ultranza de las naciones soberanas.

Pero incluso una colega más rotunda, como la alemana Alice Weidel, de AfD, recriminó al magnate orate “por incumplir la promesa electoral fundamental de no interferir en los otros Estados”; o el lepenista Jordan Bardella advirtió de que “aceptar un vasallaje, aceptar una sumisión sería un error histórico”.

¿Y cómo reaccionan ante los asesinatos y atentados de Minneapolis, ordenados o inducidos y bendecidos por Trump? ¿Protestan la derecha y la ultraderecha en el nombre de Alex Pretti, de Renée Good, de Ilhan Omar? ¿Lamentan el secuestro del niño Liam por las SS disfrazadas de ICE? No dicen ni mu. Sus silencios los convalidan.

¡QUÉ VIENE EL LOBO! (Y QUE SIGA VINIENDO)


Bruselas abre expediente a España por no enviarle el informe sobre el estado del lobo y otras especies protegidas
El Gobierno, que debería haber enviado esta evaluación el verano de 2025, asegura que el documento “no ofrece todavía una base científica solvente”.
Esther Sánchez, 30.01.2026

Bruselas ha abierto un expediente a España por el retraso en la remisión del informe sexenal (2019-2024) que evalúa el estado de conservación de las especies en peligro, que el Gobierno debería haber enviado antes del 31 de julio de 2025. Este documento valora cómo se encuentran las especies y sirve de base para determinar las actuaciones de gestión que pueden aplicarse sobre ellas. La situación del lobo, una de las especies más controvertidas, es la que está provocando la demora: una evaluación desfavorable sobre el número de ejemplares —como la que defiende el Ministerio para la Transición Ecológica— dificultaría su caza. Por el contrario, un dictamen favorable avalaría el control letal de la especie, un procedimiento que ya se está aplicando y que es precisamente el objetivo de las comunidades autónomas con presencia de lobo.

Tras la apertura del expediente, la Comisión ha informado este viernes de que enviará una carta de emplazamiento a España, que dispone “de dos meses para responder” y subsanar las deficiencias. “De no recibirse una respuesta satisfactoria, la Comisión podría optar por emitir un dictamen motivado”, algo que en último término podría desembocar en un procedimiento judicial contra España.

El ministerio responde a EL PAÍS que el informe, “en su estado actual, no ofrece todavía una base científica solvente”, debido a que se han producido “cambios sustanciales” en los últimos meses en las poblaciones de lobo. Entre ellos, la eliminación de ejemplares por parte de algunas comunidades autónomas, además de las muertes y desplazamientos causados por los grandes incendios forestales.

Además, la entrada en vigor de la ley de desperdicio alimentario en marzo de 2025 por la que el lobo salió del listado de especies protegidas, obliga a que los informes sexenales sean aprobados por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente ―un órgano político donde participan los consejeros autonómicos―. Este extremo está siendo “analizado por el Tribunal Constitucional [fue denunciado por el Defensor del Pueblo]”, recuerda el ministerio, por lo que van a esperar a que se resuelva para que el dictamen no afecte a la tramitación del informe sexenal.

Unos razonamientos que tacharon de “excusa” este viernes siete comunidades autónomas (País Vasco, Galicia, Cantabria, La Rioja, Aragón, Madrid y Castilla y León) en una reunión mantenida en Santander sobre el lobo. Exigen al Gobierno central en envío del informe sexenal a Europa, que en su opinión muestra que la situación del lobo es buena. En todas estas comunidades viven lobos, todas están gobernadas por PP (algunas con apoyo de Vox), excepto el País Vasco, donde el ejecutivo está formado por PNV y los socialistas. En el comunicado emitido tras el encuentro aseguran que también cuentan con el apoyo de otras tantas que no tienen población del cánido.

Asturias, gobernada por el PSOE, se ha desmarcado de la reunión a la que considera “electoralista”, aunque también está abatiendo ejemplares de sus 45 manadas. Castilla y León, con 193 manadas ―la región que más lobos tiene―, aún no ha aprobado ningún plan para eliminar a ejemplares, mientras que en Galicia los jueces han paralizado de forma cautelar la concesión de autorizaciones para su caza.

Sin embargo, Cantabria ―la comunidad que ha convocado el encuentro de este viernes― ha cazado 35 lobos en controles oficiales desde que se desprotegió por la ley de marzo, entre ellos hay tres hembras recién paridas y otra preñada. El plan actualmente en vigor permite la captura de 41 individuos.

Matar a estos animales ha generado un profundo rechazo en asociaciones conservacionistas y en científicos. El biólogo Juan Carlos Blanco, uno de los mayores expertos en la especie, considera que “matar lobos en época de cría es una brutalidad que no se veía desde las campañas de alimañas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado”.

El Fondo para la Protección del Lobo Ibérico ha denunciado tras analizar las necropsias que matar a esas hembras podría haber provocado la muerte de entre 11 y 16 cachorros. Por su parte, la asociación para la conservación del lobo ASCEL advierte de que Cantabria había matado entre un 60% y un 77% de la población, una actuación que “está comprometiendo seriamente” la viabilidad de la especie en este territorio.

El último censo del lobo, utilizado para elaborar el informe sexenal, se publicó el año pasado y contabiliza 333 manadas (entre 1.300 y 1.600 individuos), lo que supone un aumento de 36 manadas con respecto al recuento anterior de hace más de una década.

El Ministerio para la Transición Ecológica considera que esta cifra no es suficiente para garantizar la viabilidad genética del mamífero ni su supervivencia a largo plazo. Según los criterios científicos serían necesarias 500 manadas en la península Ibérica ―incluidas las 60 que existen en Portugal― según los criterios científicos. Por ello, el ministerio concluye que el estado de conservación del lobo sigue siendo desfavorable.

Una posición totalmente contraria a la de las comunidades autónomas con presencia de lobo (y las que las apoyan), que consideran imprescindible el control letal de la especie para reducir los daños que sufren las explotaciones ganaderas.

La organización ecologista WWF ha pedido a las comunidades autónomas que han participado en el encuentro que no utilicen a la especie como un arma política y que apuesten por una gestión basada en criterios científicos, que permitan una coexistencia con la ganadería. Algo que, de momento, parece difícil.

MILLÁS X 2


Un poco de vitamina, por si acaso
Juan José Millás, 01.02.2026

La imagen muestra la fachada de un pequeño supermercado de barrio en Caracas. Pero he visto escaparates parecidos en calles de Madrid. El grito se multiplica como un eco. Ausente ya de nuestras vidas la pulsión estética, lo urgente es anunciar que aquí hay de todo y a precios tan tirados como los carteles que anuncian el producto. Vinagre, mayonesa, aceite, sardinas, café, pimienta… Llama la atención que el anuncio bajo el que se ordenan (o desordenan) los demás sea el de “suplementos vitamínicos”. La vitamina es una de las últimas creencias a las que aferrarse cuando ha fallado todo lo demás. ¿Será eso?, te preguntas un día. ¿Serán la depresión o la tristeza o esta falta de fe en cuanto me rodea producto de una carencia vitamínica? Los antiguos marinos, continúas razonando, enfermaban de escorbuto por falta de ácido ascórbico o vitamina C. Y el escorbuto no es ninguna broma: se te caen los dientes, se te pudren las encías, sufres dolor óseo y hemorragias internas… Lo mío es una tontería al lado de ese cuadro.

De modo que vas al médico, que te saca la sangre, y resulta que sí, que andabas bajo de vitamina B, también llamada antineurítica, o sea, que algo tiene que ver con el sistema nervioso, que es mayormente de lo que estás tú, de los nervios. De los nervios, como ese escaparate, porque hay que estar frenético para dar esos gritos cromáticos y tipográficos que apenas nadie escucha, como se deduce del par de viandantes borrosos que atraviesan la escena como el que atraviesa un día. Uno más, un martes o un miércoles cualquiera. El caso es que te tomas la vitamina, por si acaso.

No vayas hoy
Al abandonar la ducha, un frasco de perfume por el que siento gran aprecio se arrojó desde una balda para estrellarse contra el suelo.
Juan José Millás, 30.01.2026

Hay días en los que percibes a tu alrededor una intensidad suicida que contrasta con tus ganas de vivir. Hoy, por ejemplo, salí de la cama eufórico. Probé un nuevo champú que resultó muy refrescante. Pero, al abandonar la ducha, un frasco de perfume por el que siento un gran aprecio se arrojó desde una balda para estrellarse contra el suelo. Lo hizo mientras yo permanecía de espaldas, de modo que no lo vi en el momento de lanzarse al vacío, aunque escuché el estrépito que hizo al romperse. A lo mejor, dirán algunos, estaba mal colocado, porque resulta difícil atribuirles voluntad alguna a los objetos. Es más tranquilizador pensar eso. Pero los objetos son muy hijos de puta.

Y mientras recogía los pedazos del frasco suicida, uno de los cristales, al girarlo bajo la luz, me devolvió un reflejo de mi rostro. Era un rostro fatigado, como si ese espejo espontáneo tuviera acceso a una versión terrible de mí que aún no había sucedido, pero que me esperaba quizá a la vuelta de la esquina. Fue entonces cuando sospeché que el frasco no se había roto por desesperación, sino para avisarme de algo. Luego, advertí que el cable del secador estaba desenrollado de tal forma que recordaba vagamente la palabra “aún”. ¿Aún qué?, me pregunté. ¿Aún estoy a tiempo de volver a la cama? Entre tanto, el grifo goteaba en código morse. Lo descifré y decía “no vayas hoy”. ¿Adónde no debía ir? Mientras me tomaba el café en el bar de siempre, el camarero me dijo que mi amigo el ventrílocuo había preguntado por mí. “Llevaba el muñeco en brazos y el que parecía más interesado en saber a qué hora solías venir era el muñeco”.

Hay temporadas en las que los objetos intentan establecer algún tipo de conexión conmigo. Son épocas aciagas, de las que procuro huir porque los objetos, en general, tienen un lado muy siniestro. Por eso se rompen. Pero hay personas, como yo, que les debemos algo, no sabemos qué, e intentamos recomponerlos.

¡ENHORABUENA!

 

LA SOMBRE DEL EPSTEIN ES ALARGADA


Los cipreses han pasado de moda, ¡dónde esté Epstein que se quite todo lo demás! La sombra de este siniestro millonario pedófilo ha logrado borrar de un plumazo (o dos) al príncipe Andrés de Inglaterra, ahora renombrado como "ciudadano" Andrés con su sarta de apellidos. Y cuando no habíamos terminado con los asuntos de la familia real británica aparece ahora otra, la noruega, donde la princesa consorte heredera también tonteó con el tal Jeffrey. En España el balonmano casi acaba con la monarquía, pero la cárcel de uno y la abdicación del otro parece que le han dado un respiro. Ahora, lo de este sujeto americano no tiene límite, aún muerto consigue lo imposible. ¿Qué nos deparará la desclasificación de los documentos que la ley ha obligado al gobierno de EEUU? Parece que Epstein es la nueva guillotina de la Historia.

Cientos de mensajes entre Epstein y la princesa Mette-Marit de Noruega ponen a la casa real en la picota: “París es bueno para el adulterio”
La desclasificación de tres millones de documentos nuevos revela la profundidad de la relación entre ambos, con un intenso intercambio que roza el coqueteo. La princesa se disculpa: “Es simplemente vergonzoso”.

UN PAÍS BAÑADO EN SANGRE


De quién será el futuro
Me pregunto por qué Paul Auster quiso dejarnos antes de morir una reflexión sobre por qué EE UU es el país más violento del mundo occidental.
Elvira Lindo, 01.02.2026

Apenas un año antes de morir, el novelista Paul Auster escribía Un país bañado en sangre, ensayo cuyo afán consistía en tratar de entender de dónde brotaba la violencia consustancial a su país. Contaba con las fotos que su yerno, el fotógrafo Spencer Ostrander, había tomado en los lugares donde se habían producido matanzas recientes, teniendo como matanzas aquellas tragedias en las que son abatidas más de cuatro personas. Me pregunto por qué el hombre anciano y enfermo que era ya Auster quiso dejarnos esta reflexión sobre el mayor hecho diferencial de Estados Unidos, el que lo convierte en el país más violento del mundo occidental. Parte su ensayo de una oscura historia familiar: su abuela asestó varios tiros a su abuelo en la cocina teniendo a los niños, entre ellos el padre de Auster, presentes en casa. Un crimen del que fue absuelta por considerar la justicia que había actuado enajenada, ciega por vengar el comportamiento de un marido que se había fugado con otra abandonando a la familia en la indigencia. Nunca se habló de esta historia, pero la violencia afecta más allá de las heridas de bala. La abuela impuso a los hijos el silencio y no fue hasta los años 70 cuando el nieto Auster conoció la verdad de este sórdido capítulo por una de esas casualidades que el escritor tomó como naturales en su literatura: un desconocido que provenía del pueblo de Wisconsin en el que sucedieron los hechos desveló el misterio. Quién sabe si esa necesidad de ahondar en las razones por las que cada año se dan en EE UU 40.000 muertes por armas de fuego proviniera también del dolor que le provocó el final fatal de su nieta bebé por sobredosis y la posterior muerte de su hijo Daniel, drogadicto desde adolescente e involucrado en su juventud en el terrible asesinato de un camello. Auster escribió el ensayo un año después de la muerte de su hijo y un año antes de la suya propia.

El escritor bucea en la historia de Estados Unidos y su mirada se detiene en el traumático nacimiento de una nación construida sobre el exterminio de la población nativa y la esclavitud de millones de personas negras, que no valiendo en su primitiva Constitución más que la quinta parte de un ser humano, facilitaron las fortunas sureñas e impusieron el mantenimiento de un sistema criminal a aquella otra parte del país que deseaba su abolición. De ahí al derecho a poseer armas de fuego en una redacción primigenia de la Carta que no dejaba claro si se trataba de defender al país o a uno mismo. El arma como símbolo del miedo al otro en la primera nación del mundo fundada sobre los principios del capitalismo, como escribe Auster: “Siempre habrá algunos que ganen y muchos que pierdan, y en consecuencia, cada individuo solo puede recurrir a sí mismo para hacer frente a la jungla de la competitividad febril, las batallas despiadadas y los mercados alcista y bajista, que fomentan una profunda visión del mundo, a menudo inconsciente, en la que el individuo tiene prioridad sobre el grupo y el egoísmo triunfa sobre la cooperación”.

Cuando Auster termina el libro, el presidente Trump ha instigado un golpe de Estado para recuperar el poder que ha perdido en las elecciones. Los bárbaros han entrado al Capitolio y el escritor, ante ese país dividido más que nunca en esas dos partes que ya existieron en su fundación, se pregunta qué pasará después. Él no lo supo. Murió en 2024. Pero es emocionante el final de esta historia inacabada: a pesar de la violencia desatada, blancos y negros salen a la calle para manifestarse tras el asesinato de George Floyd (2020). Volvemos a Minneapolis. Allí, aquella noche fatal, Darnella Frazier, una muchacha valerosa de 17 años, filma con su móvil los ocho minutos de aquel asesinato a sangre fría a manos de la policía. Auster termina preguntándose de quién será el futuro, si de los violentos o de los limpios de corazón. La sola pregunta nos estremece.