martes, 20 de octubre de 2026

SOÑAR ES GRATIS

Shostakovich, *Concierto de piano nº2 II, andante

Historia de la lancha más deseada del mundo: cómo la Riva pasó de un lago de Los Alpes al estrellato
Las embarcaciones de la marca, que llevan a las estrellas hasta la alfombra roja del Festival de Venecia, son las más emblemáticas de la historia del cine sin necesidad de haber pagado nunca ‘product placement’.
Enrique Rey, 20.10.2026
https://elpais.com/icon-design/2026-10-20/el-capricho-de-brigitte-bardot-peter-sellers-o-anita-ekberg-como-las-lanchas-riva-se-convirtieron-en-iconos-del-diseno-italiano.html


¿Qué tienen en común películas como La escapada (1962), El desprecio (1963), Goldeneye (1995) o Men in Black: International (2019)? En al menos una de sus escenas, sus protagonistas navegan en una lancha Riva. En el caso de la obra dirigida por Jean-Luc Godard, es Camille, interpretada por Brigitte Bardot, quien viaja a bordo de una de estas embarcaciones. La francesa se dirige a la isla de Capri, donde visita la Casa Malaparte, otro hito del diseño italiano y un capricho más del productor estadounidense que intenta seducirla. Pero la relación de Bardot con el astillero italiano Riva había comenzado antes de aquel rodaje, cuando su primer marido, el director Roger Vadim, le regaló en 1959 la lancha Nounours, modelo Super Florida. El idilio de la diva con estos iconos de mar no acabó con aquel matrimonio, porque también su tercer marido, el excéntrico millonario Gunter Sachs, muy aficionado a disfrazarse de vampiro, era el orgulloso armador de la embarcación Dracula, una estilizada Aquarama con la que paseaban por la Costa Azul.

La actriz francesa Brigitte Bardot, surcando los mares a bordo de una 'Aquarama'. Archivo Riva

Es difícil imaginar una constelación de mitos comparable a la que se ve en las imágenes de Bardot sobre una Riva: Saint-Tropez, una lancha con una silueta inconfundible y una estrella en plenitud hechizada por el Mediterráneo y la dolce vita. Por supuesto, muchas otras celebridades de la época compartieron su pasión por la marca: Anita Ekberg poseyó una Riva Tritone, Jean-Paul Belmondo, una Super Florida, y el matrimonio formado por Britt Ekland y Peter Sellers vivió algunos de sus mejores momentos surcando las aguas de Mónaco en una Super Ariston.

Como Alfa Romeo, Prada o Martini –por supuesto, una Aquarama aparece en un spot de la marca de bebidas protagonizado por Charlize Theron–, Riva es una empresa, pero también una leyenda del diseño y de la industria italianos. Y, como Lamborghini o Ferrari (dos fabricantes de automóviles con los que se la suele comparar), fue una compañía familiar que, tras ser dirigida durante la segunda mitad del siglo XX por un patrón carismático (en este caso, Carlo Riva, nacido en 1922 y fallecido en 2017), acabó perteneciendo a uno de los grandes conglomerados de su sector (Ferretti Group, el segundo astillero europeo dedicado a la construcción de yates por volumen de negocio, la adquirió en el año 2000).

Un astillero al pie de los Alpes

Todo empezó lejos del mar, al pie de los Alpes, en la orilla del Lago Iseo. Allí, en 1842, un joven carpintero de ribera comenzó a reparar las barcas de los pescadores tras las tormentas. Aquel negocio, transmitido de generación en generación, fue el germen del actual, cuya sede se inauguró en 1954 con un edificio –ejemplo tardío de arquitectura racionalista– que simula el puente de mando de un buque entre los hangares o tinglados.

Carlo Riva posa en una muestra de Aquaramas en Monaco en 2012. VALERY HACHE (AFP via Getty Images)

Si Carlo Riva fue el Enzo Ferrari de la marca, el arquitecto Giorgio Barilani fue su Sergio Pininfarina. Tras un viaje a la región norteamericana de los grandes lagos, el primero decidió instalar potentes motores de ocho cilindros de fabricantes como Chrysler en sus embarcaciones de madera (acabadas con más de veinte capas de barniz); mientras que el segundo afinó sus diseños, ayudando a convertir el modelo Aquarama, lanzado en 1962, en uno de los vehículos a motor más deseados de la historia.


Uno de los secretos de la Aquarama es su pantoque (la línea entre los costados y el fondo del casco), que varía a lo largo de la eslora desde una pronunciada V en la proa hasta un ángulo recto en la popa. Otro, la combinación artesanal de materiales heterogéneos (caoba, acero y cuero) y el diseño de su salpicadero –inspirado, según el propio Carlo, en los catálogos de las aerolíneas estadounidenses–, que, junto al uso de los colores turquesa y naranja en contraste con los detalles cromados, generan una identidad cromática y visual. En conjunto, la Aquarama constituye un ejemplo de streamline design con un toque italiano, y es que aquella tendencia que afinó y suavizó las formas de coches y edificios estadounidenses durante los años cincuenta fue también un buen punto de partida para esta máquina destinada a alcanzar los cuarenta nudos de velocidad sobre el agua.


Aunque desde la marca indican a ICON que nunca han pagado por product placement, la presencia de sus embarcaciones en el cine y en los festivales de Cannes y de Venecia —donde funcionan como taxis que trasladan a las estrellas hasta la alfombra roja– ha sido constante desde su primera aparición en Mambo (1954), con Silvana Mangano. Fueron actores y directores quienes, espontáneamente, eligieron modelos del astillero, también muy habituales como reclamo de fondo en la publicidad de marcas de otros sectores con valores afines. Se han aliado con Riva firmas como Louis Vuitton y Chanel, la relojera Patek Philippe, Fiat, que preparó una edición especial de su 500 con detalles náuticos o, muy recientemente, Zegna que, una vez más, convirtió una Aquarama en emblema de la italianidad para su campaña de verano.

Menor eslora, mayor complejidad

Como la casa de moda Zegna, Riva es uno de los referentes industriales de Lombardía (la primera región de Italia y la segunda de la Unión Europea en peso económico). Según fuentes de la propia empresa, que colabora con instituciones como el Instituto Politécnico de Turín, el de Milán, la Universidad de Bérgamo o el IED de Milán, los peores momentos para la compañía siempre han tenido que ver con crisis globales (como la del petróleo o la de 2008) o nacionales (como la oleada de conflictos laborales que recorrió Italia durante los setenta).

Carlo Riva, insigne patrón de la marca, asomado desde su despacho. Archivo Riva

La integración en el Grupo Ferretti también supuso cambios. Entonces Riva comenzó a fabricar yates de más de cien pies (actualmente más de doscientos, cuando una Aquarama mide veintinueve) y tuvo que levantar instalaciones alejadas de la sede original en el Lago Iseo, adaptadas a la producción de grandes esloras. “Durante décadas, la marca estuvo asociada a la leyenda de las embarcaciones de motor de madera de los sesenta, con la Aquarama a la cabeza. Con el paso de los años, Officina Italiana Design ha seguido un camino gradual y deliberado para garantizar que la marca adopte una nueva identidad en el mundo de los grandes yates. Hemos querido reinterpretar un icono sin quedar atrapados en él, porque permanecer ligados a la leyenda habría significado quedarse estancados”, explican a ICON Mauro Micheli y Sergio Beretta, cuyo estudio se ha encargado de diseñar para el astillero desde 1994.


Esta incursión en las grandes esloras, en la línea de otras marcas de lujo en busca del cliente megarrico, puede explicarse mediante razones económicas (construir yates de gran tamaño permite capitalizar la reputación artesanal de Riva aplicando precios elevados) y sociológicas (los nuevos millonarios procedentes de regiones de alto crecimiento como Asia-Pacífico y Oriente Medio buscan símbolos de estatus consolidados) y ha acelerado el ritmo de lanzamiento de nuevas referencias. En cuanto al proceso de diseño, Micheli y Beretta cuentan a ICON: “Nunca es lineal, sino un diálogo constante y cíclico, desde el planteamiento inicial hasta la botadura del barco. De hecho, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la construcción de una casa, cualquier modificación interna o elemento añadido en un yate repercute directamente en la distribución de pesos, el rendimiento y el casco. Lo que llevamos a cabo es una especie de espiral de diseño que profundiza paulatinamente en los detalles, exigiendo una comunicación constante e ininterrumpida entre todas las disciplinas implicadas, como ingenieros y diseñadores, no solo en las fases iniciales o intermedias, sino también en las etapas finales”.

Según explican los diseñadores, la principal diferencia entre la arquitectura naval y la terrestre es que, en su sector, resulta muy complicado alcanzar un equilibrio entre la habitabilidad de los interiores, las líneas del diseño exterior y un uso eficiente del espacio. “En embarcaciones más pequeñas, por cierto, el desafío es aún mayor”, añaden. “Porque presentan un equilibrio estético y técnico más complejo, con tolerancias más exigentes y un margen de maniobra mínimo. Cada elemento se coloca con precisión, lo que dificulta mucho más lograr ese equilibrio”.


Aunque el rumbo de Riva se haya alejado de construir únicamente aquellas pequeñas embarcaciones de ensueño para unos ambientes y unas estrellas que quizá ya no existen, sus creaciones siguen explorando la belleza. No son las lanchas más rápidas del mundo (para eso, compañías estadounidenses como Cigarette acumulan motores fueraborda en la popa de sus creaciones), tampoco las más cómodas (muchos astilleros están especializados en barcos lentos y habitables: los llamados trawlers), pero siguen siendo las más deseadas. También en busca de la belleza, en Oda a Venecia ante el mar de los teatros (1966), el joven poeta Pere Gimferrer escribió: “Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos”. Una Riva Aquarama queda en el centro de la comparación.

RETRATOS

Cacatúa

Los vívidos retratos del fotógrafo Tim Flach capturan las características únicas de aves vulnerables
Grace Ebert, 27.10.2026

Desde un buitre egipcio con plumas tenues hasta una cacatúa con una vibrante cresta en forma de abanico, los expresivos retratos de Tim Flach transmiten las sutilezas y los rasgos llamativos de las aves de todo el mundo. El fotógrafo afincado en Londres ( anteriormente ) se centra en especies en peligro de extinción y vulnerables a lo largo de su trabajo, que incluye una variedad de retratos de animales. «También me interesa la brecha perceptiva entre los seres sensibles. Hay una sensación de asombro y maravilla, y siempre hay incertidumbre sobre lo que se revelará en el set. Me gusta fomentar la reflexión sobre cómo nos vemos unos a otros», afirma en un comunicado .

Los retratos de aves de Flach, en particular, buscan revelar cualidades humanas, difuminando las diferencias entre especies. Compara la cabeza de plumas negras del eurilaimo colilargo con el casco de un piloto de combate y el charrán inca peruano bigotudo con un artista icónico. «Para mí, este es el Salvador Dalí del mundo de las aves», escribe en Instagram , señalando que el bigote más largo indica un sistema inmunológico más fuerte, lo que hace que el ave sea más atractiva como pareja.

Para descubrir más fotografías impactantes de Flach, consulta los cinco libros que ha publicado, además de su cuenta de Instagram , donde comparte sus retratos y detalles peculiares sobre las aves que retrata.
Todas las imágenes © Tim Flach, compartidas con permiso.

Charrán inca peruano

Gallina de Guinea Vultrurina

Toco tucán

Buitre egipcio

Eurilaimo colilargo

Guacamayo de garganta azul

PELIS Y SERIES





NUEVA VACUNA

ISABEL ALLENDE

AGÜITA


Al ser un candidato provincial a diputado del Congreso (cabeza de lista por Gipuzkoa), Jon Echeverría opta a un acta parlamentaria. 
Sus declaraciones más recientes tras el anuncio de su candidatura se centran en lo que aspira a hacer desde la oposición parlamentaria si consigue el escaño el próximo 29 de noviembre: 
  • Cambiar el bloque de voto de Gipuzkoa: Ha manifestado que actualmente la provincia "apoya a Pedro Sánchez por unanimidad" y que sus seis diputados actuales "votan permanentemente ultraizquierda, corrupción y ruina". Su meta al ganar el escaño es romper esa unanimidad. 
  • "Hacerles bailar" en el Congreso: En sintonía con la campaña de presentación del Partido Popular (que afirmó: "Si ya les tiene bailando en las televisiones, imaginad lo que podría hacer con ellos si consigue un acta..."), Echeverría busca trasladar su estilo incisivo de las tertulias televisivas al debate parlamentario para confrontar al Gobierno y a los partidos independentistas.
  • Aunque el programa definitivo del PP nacional ("Contrato con España") marca las líneas generales, en sus apariciones y ponencias públicas previas Echeverría ha destacado por mantener posturas muy firmes en materia de vivienda, fiscalidad (reducción de impuestos) y una dura crítica a la sostenibilidad del sistema actual de pensiones, además de denunciar habitualmente que el Ejecutivo central se pliega a las exigencias abertzales.

PUES HABRÁ QUE PONERLE DOS COLORES A LOS PASAPORTES

 

La Constitución regula el derecho al voto en su artículo 23.1, donde se establece que “los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”. Mientras que, en su apartado 13.1, la ley fundamental indica que “solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos en el artículo 23, salvo lo que, atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales”.

La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, abrió la nacionalización a los descendientes de exiliados políticos durante la posguerra civil. Acto seguido, una instrucción del Ministerio de Justicia indicó que la condición de exiliados políticos debía presuponerse para todos los emigrantes españoles entre 1939 y 1955. La condición de emigrante económico dejó así de ser excluyente para optar a la nacionalidad, tal y como se deducía de la propia ley, la llamada ley de nietos, pensada para los exiliados políticos.

“El vínculo entre ser español y el voto es indisoluble”, afirma el Defensor del Pueblo, el exministro socialista Ángel Gabilondo, en su recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional en defensa del derecho al voto de los más de 160.000 españoles que residen en el extranjero y a quienes el Tribunal Supremo ha privado cautelarmente del sufragio.

SI TE GUSTA DALÍ...

'Los primeros días de la primavera', 1929. ORIOL TARRIDAS (© The Dalí Museum, St. Petersburg, FL (USA) / / © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / Vegap, Madrid, 2026)

Aún quedan cosas por descubrir de Dalí en el Thyssen, pero no se olvide de pedir cita con el psiquiatra a la salida
El museo expone más de 130 obras del artista surrealista que ahondan en la influencia que tuvo Freud sobre su obra antes y después de conocerle.
Ana Marcos, 19.10.2026

El universo freudiano de Dalí es el título de la nueva exposición temporal del Museo Thyssen de Madrid que, a priori, puede sonar a antológica ya vista o a otra exposición que redunda sobre una influencia ya conocida en el argumento pictórico del gran artista del surrealismo. Pero que, sin embargo, tiene la habilidad del descubrimiento de nuevos aspectos de un creador del que a veces parece que ya se ha descifrado hasta la entraña todo su universo paranoico. Jaime Brihuega, comisario de la muestra y ojo experto en las vanguardias, define esta retrospectiva de más de 130 piezas como “una colección de obras maestras a las que te asomas como a una ventana, las abres y te absorben hasta tal punto que no encuentras el final”. Por eso, recomienda una cita con el psiquiatra a la salida. Aviso para visitantes.

El aperitivo que explica parte de las obsesiones y los complejos de Dalí es explícito y contundente desde la primera sala. El artista perdió a su madre y sintió la orfandad desde la adolescencia, aterrado por la figura autoritaria de su padre y marcado por la muerte de un hermano del que heredó su nombre. Con su hermana no solo practicó la fraternidad, sino que su relación se acercó más al incesto. “La imagen de mi hermana / el ano rojo / de sangrante mierda / la polla / seminflada / apoyada con elegancia / contra / una inmensa / lira / colonial / personal…”, escribe el creador en L’amour et la mémoire (1931), se lee en la cartela situada al lado de Retrato de Anna Maria, el nombre de su hermana. “Todo está explicado en estos textos, en las audioguías y en códigos QR”, dice el también profesor de historia del arte, consciente de la complejidad del universo daliniano, sobre todo en sus primeros años cuando ni el propio artista era capaz de dar salida a sus traumas.

Esa materia prima con la que fue moldeando su personalidad comenzó a encontrar algunas respuestas cuando llegó a Madrid en 1922, a la Residencia de Estudiantes, donde conoció a intelectuales como Federico García Lorca y Luis Buñuel, también muy presentes en la exposición, que se podrá ver hasta el 24 de enero. “Con ellos dará forma al primer surrealismo español y también completará su mundo ya complejo”, continúa el comisario. “Así consolidó su identidad visual, donde mostraba sus miedos, complejos, frustraciones y su obsesión por los elementos de carácter sexual”.

En las vanguardias también encontró los textos de Freud y comenzó la verdadera metamorfosis de su personalidad. “Esos complejos ya son escritura y pintura, su mundo interior sale sin complejos ni vergüenza al exterior”, relata el experto, “son vocablos figurativos que construyen su lenguaje”. Brihuega lleva años sumergido en estos sintagmas y cada vez, reconoce, le afectan más, tanto que se cuelan en sus sueños y desarrolla teorías con cada uno de los elementos que Dalí incorporó a sus obras a partir de mediados de los años veinte del siglo pasado. “Su dialéctica se debatió en diversos oxímoron: amor y muerte, atracción y repulsión, asco y apetito”, continúa el comisario en un breve repaso por las temáticas que recorren los cuadros de la muestra.

'El hombre invisible', 1929-1932. Cortesía Museo Thyssen (© Archivo Fotográfico Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía / © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / VEGAP, Madrid, 2026.)

Ya inmerso en el surrealismo de París liderado por André Breton, Dalí hace varios intentos por conocer a Freud en distintos viajes a Viena y finalmente lo consigue en 1938 en Londres. “Iba enloquecido, al otro le daban igual esos locos surrealistas”, recuerda Brihuega, que ya en 2022, en el Museo Belvedere de la capital austriaca, había estudiado este encuentro para una exposición más pequeña, de gabinete, que ha sido el germen de la que se inaugura ahora en el Thyssen. “Se presenta ante él, le explica su método paranoico-crítico con el que se había vinculado al psicoanálisis freudiano [para Dalí la paranoia era un estado de gracia] y le lleva el cuadro La metamorfosis de Narciso”, dice el comisario, una de las pocas piezas que no están en la muestra. El experto se ha encargado de conseguir algunos bocetos de elementos de la pieza, y un amuleto romano de una mano que representa un huevo que le gustaba a Freud y que el artista colocó en el centro de su tela. Por eso, cree Brihuega, Freud no le ignora, como había hecho con sus colegas surrealistas, sino que llama su atención y sentencia: “Nunca vi ejemplar más completo de español. Que fanático”.

En otras ocasiones, los museos han dado por zanjada la relación de Freud y Dalí en este encuentro, pero Brihuega y el Thyssen ahondan una década después. El artista catalán se había entregado a Einstein, la materia subátomica, el universo, la ciencia, con un poco de aliño de religión, pero siempre con el sexo de fondo en un ejercicio que no solo fue una mezcla de estilos, sino de mayor indefinición en lo que respecta al sexo porque sus figuras son cada vez más hermafroditas o bisexuales. Aun así, con el paso de los años, Freud y el psiconálisis se mantuvieron como el sustrato que abonó la siguiente etapa de su legado. Por eso, a la salida, además de llamar al terapeuta, ese esbozo de lo freudiano impacta en un monumental telón colocado en el vestíbulo del Thyssen que se llama Tristán loco, otra señal para marcar el teléfono de ayuda.

'Tristán loco', 1944. © Lempertz, Bruxelles / © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / Vegap, Madrid, 2026.

LA HIÓTESIS MÁS PELIGROSA


Arturo Pérez-Reverte: “Me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”
El escritor publica ‘La hipótesis más peligrosa’, donde mezcla el mito del Judío Errante con un relato iniciático sobre un padre y un hijo navegando por el Mediterráneo y su historia.
Jacinto Antón, 20.10.2026

En la luminosa isla napolitana de Prócida, cuando desde el puerto llegas por una calle empinada a la bonita piazzetta Sèmmarèzio —actual plaza de los Mártires—, al lado de la iglesia de la Madonna della Grazie, se abre inesperadamente un panorama de no creérselo. Es el Mediterráneo todo el que se extiende hasta el infinito en una imprevista explosión de azul y de luz que llena el corazón de júbilo y de un extraño anhelo. Hay un hombre de espaldas contemplando ensimismado el mar desde la privilegiada atalaya del mirador. Su quietud y su porte lo hacen rivalizar con los de la estatua que preside la placita. Dado que el que observa las aguas con el conocimiento de causa de un Billy Bones es el escritor Arturo Pérez-Reverte la situación pide que el monumento sea de un marino ilustre, un navegante indómito o un capitán corsario; sin embargo se trata del insigne Antonio Scialoja, economista y político del Risorgimento, que no dejó de vivir aventuras: fue exiliado y volvió como ministro del primer gobierno de Garibaldi.

Pero son otras peripecias en las que piensa Pérez-Reverte enfrascado en ese mar que ha surcado tantas veces y, recalca, es su lugar, su casa (“mi patria es el Mediterráneo”) y su vida. O sus vidas si parangonamos al escritor con el protagonista de su nueva novela, La hipótesis más peligrosa (Alfaguara, ya a la venta, con una tirada inicial en España de 180.000 ejemplares): Asier Lerrant, una personalísima recreación del mito del Judío errante —el personaje condenado a vagar eternamente para penar una afrenta al Redentor— que le sirve al autor para narrar una conmovedora historia de relación paterno-filial y de iniciación instalada en un relato marinero en la tradición de Conrad, Stevenson, Jack London o el capitán Marryat. Estamos en los predios también, claro, de otra leyenda, la del Holandés errante.

Lerrant, correoso y leído marino con muchos pasados e identidades, sube a su velero, de homérico nombre Nostos y dotado de una gran biblioteca de clásicos, a Cal Gadea, un jovencito de 16 años experto en juegos de ordenador y con lenguaje de ahora (“ni tan mal, muy random”) que acredita ser su hijo. Juntos emprenden un peligroso viaje por el Mediterráneo que los llevará —pasando por Formentera, Cerdeña, las Eolias, Kasos…— hasta el puerto de Tiro, en el Líbano, y durante el cual el chico (al que no le gusta que le llamen así) ajustará cuentas con el marino y este le dará, con el ejemplo (“los verdaderos maestros son los que enseñan con lo que hacen, no con lo que dicen”) y algún puñetazo, una lección de navegación y de vida. El argumento central de la novela transcurre en la actualidad con una decena de flashes, que configuran una suerte de palimpsesto, a épocas y sucesos tan variados como la antigüedad romana y la Crucifixión, las cruzadas, la expulsión de los judíos de España, la caída de Constantinopla, Lepanto, el fusilamiento de Torrijos, la pesca en una almadraba siciliana en el XIX, la inauguración del canal de Suez, la erupción del Vesubio de 1872, Galípoli, o la huida de un campo de concentración nazi. La historia se sale de los caminos habituales de Pérez-Reverte (si es que los tiene) para transitar un espacio insólito en el que muchas de sus ideas y obsesiones navegan en un mar de rara emotividad. En La hipótesis más peligrosa hay aventura, amor romántico (el que se profesaron Lerant y la madre de Cal), un elemento fantástico y hasta sobrenatural, memoria, historia a raudales (cada vida anterior del protagonista) y mucho, mucho mar: una verdadera novela de mar.


Precisamente junto al mar, en el puerto de Nápoles, a punto de embarcar en un ferry para Prócida como síntesis y emblema de la mediterraneidad que fluye por toda La hipótesis más peligrosa, aunque la isla, qué le vamos a hacer, no sale en la novela, está Pérez-Reverte. El escritor refunfuña contra el turismo de masas que llena la ciudad y la terminal, con cruceros gigantescos como el que se cruzan los protagonistas en la novela y del que Errant reniega. Es verdad que igual el autor ha dormido mal porque se aloja en el Hotel Vesubio, que ya es nombre para buscar tranquilidad, y además en la habitación de encima de la que murió Caruso. “Nápoles se ha llenado de guiris, ya no es peligroso”, dice con mirada afilada y recordando que en el Castel Nuovo que domina el puerto “hizo muchas guardias Alatriste” (Nápoles es el escenario principal de Corsarios de Levante). Sale el ferry y el escritor se lo toma con paciencia como un león enjaulado. ¿La popa?, pregunta alguien. “Suele estar detrás”, contesta el novelista.

Durante la travesía la conversación toma diferentes rumbos: La belleza de la navegación a vela, con la bóveda nocturna durante las guardias tachonada de innúmeras estrellas. La muerte absurda de Éric Tabarly cayendo de su velero, “ya ves, probablemente cuando ponía un rizo”. Del amigo desaparecido Javier Marías. De la Odisea que sale en su libro y de la Nolan (“me gusta, pero Matt Damon no es Ulises, es un marine de Kansas con síndrome bélico postraumático, el verdadero Ulises es un astuto cabrón trapacero, como lo hacía Kirk Douglas; también lo reconozco en el Ralph Fiennes de El regreso”). Y habla del episodio erótico central de la novela, con las tres rotundas noruegas, recias sirenas del velero Sigrid que amarran junto al Nostos en la caleta de Chélatros (“tres vikingas en el Egeo, el sueño de cualquier marino”). La iniciación de Cal con una de ellas le ha supuesto al novelista problemas con su agente estadounidense que le advirtió del riesgo de poner la relación de un menor con una mujer. “A eso hemos llegado”, deplora.

Ya en Prócida, isla con gran tradición marinera —el capitán Domenico Scotto di Perta—, literaria —la Graziella de Lamartine, L’isola di Arturo (!) de Elsa Morante—, y cinematográfica —Il postino, El talento de Mister Ripley de Minghella y, precisamente, El temible burlón, el filme de piratas de Siodmak con Burt Lancaster, rodado en parte aquí—, Pérez-Reverte habla de su libro. “Es una novela sobre el Mediterráneo, su historia y su memoria, y a la vez un relato de iniciación de un joven, con el mismo Mediterráneo como territorio de aprendizaje”. El autor recalca el perfil de Cal, alias Kowalski, una lealtad, dice, en busca de una causa: “Está cabreado, airado, enfadado como es habitual a esa edad, siente rencor, busca revancha”. En la novela laten La isla del tesoro, Capitanes intrépidos, El lobo de mar, con el aderezo de la identidad gamer del joven, un espacio nuevo con el que Pérez-Reverte dice estar familiarizado. ¿Es Cal un joven como los acampados de la Puerta del Sol? “Eso es otra cosa. Yo hablo desde otro cabreo. Ahí entra la política, yo me refiero al adolescente intrínsecamente cabreado. Ese rencor que hemos pasado todos”.


“Muchas de las cosas que ocurren en la novela yo las he vivido”, continúa, alejándose de Sol, “como lo de la vieja tortuga que Lerrant libera de las redes, o lo de las noruegas…; todo lo que cuento del mar es personal, y he estado en los sitios, como en la cripta de los caballeros hospitalarios, que en realidad eran templarios pero los he cambiado porque los templarios aparecen en mi siguiente novela”. Pérez-Reverte cae en la cuenta de lo que ha revelado y pone cara de si lo cuentas te capo. Prosigue: “El episodio del capitán de inteligencia israelí que se hacía pasar por mendigo lo viví con Manu Leguineche, y así tantas cosas. Yo he llegado a ver un Mediterráneo que ya ha desaparecido, un fin de época”.

¿Cree en el destino Pérez-Reverte? “Creo en el azar, y en que el azar tiene reglas. El mundo es un caos pero hay reglas en el caos. El truco está en conocer esas reglas. Eso vuelve el caos ordenado. Como en una batalla, o en una partida de ajedrez. O en el mar: el mar es peligrosísimo, pero tiene sus reglas. Desde mi primera novela, El húsar, escribo del caos y cómo ordenarlo. El corolario es que hay que prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero tenerlo todo listo para la hipótesis más peligrosa; de eso va esta nueva novela”.

El escritor, “cada vez con más dudas y menos certezas”, se describe como “un viejo elefante” que busca ya dónde tumbarse a descansar y morir —“todos estamos solos y morimos solos”— , pero no hay que fiarse un pelo de ese modo melancólico porque enseguida dice que “me pone caliente cada nueva novela, cada batalla me obliga a ser joven de nuevo”, y se pone a teorizar enérgicamente como si diera tajos con un sable sobre una Europa que está siendo “maravillosamente caotizada y mestizada” por un Mediterráneo vigoroso al que había impuesto su civilización. “Cada patera, cada emigración, extiende el Mediterráneo, la historia tiene muy mala lecha, es vengativa y no tiene moral”.

Saltando a la técnica narrativa, Pérez-Reverte afirma que huye del didactismo y que apuesta porque el lector complete cosas como reconocer citas y personajes, de Lawrence de Arabia a Brigitte Bardot o Agatha Christie, algunos de los cameos innominados de la novela.

“Mi forma de ver el mundo es la de Lerran”, continúa, “su certeza es la mía, aunque claro, yo no soy inmortal. Pero también he sido Cal, mi padre me hizo embarcar en un pesquero al suspender un año en los estudios. Mi ventaja es que he tenido una biografía muy movida, he navegado mucho, he pisado sangre, he vivido en el territorio hostil que es el mundo, sé lo que hay ahí afuera, todo eso lo he visto ya. He reconocido Troya en Sarajevo, en Beirut; el Caballo en los misiles y drones. Suscribo lo de que cuando esta civilización se vaya al carajo rezaremos por una espada —la frase es de Connan el bárbaro—. Que la civilización es un barniz que salta muy rápido. Todo eso es difícil de explicar a una Greta Thunberg”.

Para salir del discurso de tintes nihilistas-cimerianos, ¿Long John Silver o el entrañable Manuel —“ay mi pescadito”— de Spencer Tracy? “Los dos funcionan como maestros, hasta el mayor hijo de puta puede ser nutritivo, ya sea un pirata o un francotirador de Sarajevo”. ¿Qué le recomendaría Pérez-Reverte a los jóvenes. “No me atrevería, yo no fui educado para este mundo de hoy, no hablo el lenguaje”. Pues prece desenvolverse bien, por lo visto, en el mundo de los videojuegos. “Lo entiendo, reconozco el territorio, el peligro, como me pasó con el mundo de los grafiteros. El videojuego, lo apunto en la novela, es el futuro. El gran futuro de la narración está en el videojuego, y cuanto más inmersivo más éxito. Cuando puedes ir a las cruzadas, a conquistar a Shakira o a Brad Pitt, ¿para qué leer? El relato es necesario pero puedes cambiar el formato, el soporte. El videojuego también te permite imaginar”.

Puesto a imaginar, ¿qué contestaría a Feijoo si este ganara las elecciones y le propusiera ser ministro de Cultura? “¿En serio? Me tiraría al suelo y me revolcaría de risa. Me parece ofensivo que alguien pueda pensar que diría que sí”.

El regreso a Nápoles desde Prócida (a la que menciona Virgilio en la Eneida, por cierto) se hace en el ferry rápido Achernar, nombre con una sonoridad que recuerda al Acheron, el navío francés rival en Master & Commander, esa peli que le gusta tanto al novelista. Le quita un poco de épica a la vuelta tener al lado el ferry de coches Don Peppino. Pero navegamos con Pérez-Reverte y aunque sea por aguas calmas y seguras su mera presencia pone en alerta. Nos recuerda que el mar tiene una línea de sombra, que no se le vence, solo se negocia, que nunca dejan de acechar una tormenta, una ballena, un contenedor semisumergido, un ruso borracho de guardia en el puente de un petrolero, o simplemente la mala suerte. Y que viajando con él, con Arturo Pérez-Reverte, siempre pones rumbo a la aventura, al peligro y a las islas más hermosas; y que vengan muchas más.

MÚSICA PARA UN MARTES (II)

Del maravilloso concierto para piano nº2 de Chopin al también nº2 de Rachmaninov, no menos sublime.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE





Y ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA

¿Alguien duda ya que PP y VOX la misma cosa son?

LIBROS