viernes, 16 de octubre de 2026

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

NO HABRÁ OTRO MOMENTO


La calle ya ha hablado
Ahora la izquierda tiene que estar a la altura: unida o derrotada.
Baltasar Garzón, 13 de octubre de 2026

La esfera política es el ámbito donde se toman las decisiones colectivas, se ejerce el poder y se organizan las instituciones. En ella conviven parlamentos, ayuntamientos, partidos, sindicatos, empresas y otras entidades políticas, nacionales o internacionales, y su razón de ser es inequívoca: fijar las reglas del juego democrático y garantizar un reparto justo de los bienes y los recursos. Cualquier otra finalidad es una desviación.

Frente a ella se sitúa la sociedad civil organizada: los movimientos vecinales, las ONG, los organismos de derechos humanos, los colectivos y todos los espacios que no dependen del Estado. Es ahí donde se detectan en primer término los problemas reales de la gente, donde se denuncian y desde donde se exigen respuestas a las instituciones. Entre ambas esferas debería existir un control mutuo, una vigilancia recíproca que impidiera los abusos. Ese equilibrio, hoy, está roto. La política ha dejado de mirar a la ciudadanía para mirarse a sí misma.

Una política encerrada en sí misma

El deterioro comienza cuando la política se ocupa únicamente de sus propios asuntos o de los de quienes la financian. Ese perfil endogámico la aparta de la realidad del día a día y se convierte en caldo de cultivo para la corrupción, que siempre requiere dos partes: el político que vende su poder y el empresario que lo compra. Ninguno de los dos existe sin el otro, y ambos deben responder por igual.

Los ejemplos son tan numerosos como elocuentes. Gürtel, Púnica, los negocios hechos a costa de la enfermedad —en los momentos más duros que ha vivido este país—, los casos de los exministros José Luis Ábalos y Cristóbal Montoro, el uso de fondos reservados para destruir al adversario político… Un catálogo que va desde la chapuza más burda hasta la trama organizada con métodos mafiosos. Conviene no engañarse: no se trata de excepciones, sino de síntomas de un sistema que ha permitido que el interés particular suplante al interés general.

Para algunos partidos, además, estar fuera del Gobierno no es una circunstancia propia de la alternancia democrática, sino una amenaza existencial. Necesitan recuperar el poder para preservar un modo de vida y responder ante quienes los sostienen. Y en esa carrera, todo vale: la difamación, los ataques personales y familiares, el lenguaje tóxico, el insulto convertido en argumento y la barra libre para envilecer el Parlamento. Eso no es oposición: es la degradación deliberada de la democracia.

La justicia no es ajena

Lo más inquietante es que este fenómeno no se limita a la política. En el ámbito judicial ocurre algo parecido, y su gravedad es mayor, porque los tribunales deberían ser el último refugio del ciudadano. Existen en él grupos de profesionales que libran su propia batalla por los puestos de poder, y algunos no muestran reparo en que su interpretación de la ley coincida, con sospechosa regularidad, con los intereses de quienes aspiran a gobernar a cualquier precio. El resultado es una parcialidad corrosiva y una instrumentalización de la justicia que pueden acabar con el Estado de derecho. Porque, cuando el ciudadano deja de confiar en sus jueces, deja de confiar en todo lo demás.

Entretanto, la ciudadanía recibe a diario mensajes interesados de opinadores a sueldo y bulos fabricados en las redes, mentiras repetidas hasta adquirir apariencia de verdad. Cabe preguntarse cómo puede defenderse un ciudadano corriente frente a semejante maquinaria, y a quién puede acudir cuando quienes deberían protegerlo forman parte del problema.

La sociedad civil se rebela

La respuesta ha llegado, como tantas veces, desde abajo. La chispa que ha prendido la llama ha sido una anciana que ha pasado siete años amenazada de desahucio por un fondo buitre, mientras una entidad social luchaba a su lado para impedirlo. Finalmente fue expulsada de su casa, y las imágenes dieron la vuelta al mundo. Después… su muerte, en el hospital del que no pudo salir con vida tras aquel traumático desahucio. Ante ese drama, algunos responsables políticos y mediáticos opinaron sin el menor pudor y la atacaron de forma inmisericorde, inhumana, incluso después de fallecida. La reacción no se hizo esperar: los jóvenes salieron de forma pacífica y contundente en decenas de ciudades, los sindicatos se sumaron y la sociedad civil ejerció su legítimo derecho a pedir cuentas en plazas y avenidas. Mientras tanto, los miserables de siempre los llaman terroristas y violentos, banalizando el término en un país como España, que ha sufrido la ferocidad de esa lacra.

Ese estallido debería servir de lección. Hay demasiados cargos electos que no han comprendido qué significa un voto. Un voto no es un cheque en blanco: obliga a servir a todos, sin distinción, también a quienes no te votaron. No lo comprenden quienes pretenden derogar derechos que tanto costó conquistar, ni quienes no protegen a la infancia, ni quienes desprecian a los más vulnerables, ni quienes niegan lo que las personas migrantes aportan cada día a nuestra economía y a nuestra sociedad.

Parapetados en las instituciones

La estrategia de la derecha es meridianamente transparente. En la legislatura que ha fenecido, se atrincheró en el Senado, donde disponía de mayoría, para tumbar cuanto aprobaba el Congreso. Y en el Congreso ha intentado bloquear, y a veces lo ha conseguido, cada iniciativa del Gobierno de coalición, con independencia de su contenido y de su beneficio para la ciudadanía. Lo relevante no era lo que se proponía, sino impedir que saliera adelante.

La ciudadanía recibe a diario mensajes interesados de opinadores a sueldo y bulos fabricados en las redes, mentiras repetidas hasta adquirir apariencia de verdad

Así no se hace oposición; así se dañan los cimientos de la convivencia. La obligación de la oposición es controlar, proponer y contribuir a mejorar la vida de las personas, no impedir sistemáticamente que otros lo hagan. Quien bloquea por sistema no castiga al Gobierno: castiga a la gente.

La hora de la ciudadanía

Hoy ha sido la vivienda lo que ha llevado a la gente a decir basta. Mañana será la sanidad, la educación o las pensiones. Desacreditar a quienes protestan no altera la realidad; solo revela el temor de quienes se empeñan en negarla. Una casa no es un activo financiero: es la condición mínima para una vida digna.

No sé si Pedro Sánchez se ha visto forzado o ha aprovechado la circunstancia para convocar elecciones, pero ha hecho lo correcto: devolver la palabra a la ciudadanía, que es su legítima titular. El voto no se defiende solo. Exige movilizarse de forma democrática y pacífica, pedirlo puerta a puerta, barrio a barrio, y defender la democracia con exigencia y presencia. Lo que se ha gritado en las plazas tiene que convertirse ahora en papeletas en las urnas.

Exige, también, reclamar respeto. Que no se tache de terroristas a quienes reivindican sus derechos. Que no se trate a los ciudadanos como a imbéciles. Que no se les mienta. Que se dejen de utilizar las redes para insultar y degradar el debate público. Protestar pacíficamente no amenaza la democracia; la amenazan la mentira organizada, el bulo como estrategia y el desprecio a la inteligencia de la gente.

La calle no tiene dueño

Es necesaria, no obstante, una advertencia: nadie debe apropiarse de la calle. Ningún partido, ninguna sigla, ningún liderazgo. La calle pertenece a la ciudadanía. Los partidos progresistas tienen el deber de acompañarla, no de dirigirla, y de hacerlo asumiendo las críticas cuando lleguen, porque llegarán. Así debe ser. Quien no soporta la crítica de los suyos no merece representarlos.

La unidad no es opcional

Estas elecciones son decisivas. No podemos permitir que gobiernen quienes anuncian sacrificios que jamás aplicarán a sí mismos, quienes exigen austeridad a los demás mientras blindan sus privilegios. Es hora de poner fin a la manipulación. La verdad se defiende con acción: en la calle y en las aulas, en la fábrica y en el taller, y con una justicia limpia que no se deje utilizar.

Pero nada de ello servirá si la izquierda concurre dividida. Debe decirse con claridad: una izquierda dividida es una izquierda derrotada, y una izquierda derrotada entrega el país a quienes buscan la degradación de nuestros derechos bajo falsas palabras de grandeza. Con nuestro sistema electoral, cada candidatura que se presenta por separado, regala escaños al adversario, y cada voto disperso en las provincias pequeñas es un voto perdido. Si la izquierda no se une, traiciona a todos y a todas las que creemos que el bienestar colectivo está por encima de cada uno de nosotros, a quienes sabemos que una suma vale más que una resta.

Las soberbias y los egos deben guardarse en el baúl del desván. No es momento de disputas internas, de vetos cruzados ni de cálculos personales. Quien anteponga su sigla o su ambición a la unidad, tendrá que explicarlo ante quienes esperamos, de corazón, que sus representantes nos amparen. Y no encontrará excusa que lo justifique.

Nada está decidido todavía. Las encuestas no votan; votan las personas. Y las personas ya han demostrado en la calle que no están dispuestas a aceptar cualquier cosa. La ciudadanía ha cumplido su parte. Ahora le corresponde a la izquierda estar a la altura.

Es el momento. No habrá otro.

Baltasar Garzón es jurista y autor, entre otros libros, de 'La democracia amenazada. Cuando el fascismo ataca la convivencia' (editado por Planeta).

4 LIBROS

 

Marianne y Connell son compañeros de instituto pero no se cruzan palabra. Él es uno de los populares y ella, una chica solitaria que ha aprendido a mantenerse alejada del resto de la gente. Todos saben que Marianne vive en una mansión y que la madre de Connell se encarga de su limpieza, pero nadie imagina que cada tarde los dos jóvenes coinciden. Uno de esos días, una conversación torpe dará comienzo a una relación que podría cambiar sus vidas.
Gente normal es una historia de fascinación mutua, de amistad y de amor entre dos personas que no consiguen encontrarse, una reflexión sobre la dificultad de cambiar quienes somos. La segunda novela de Sally Rooney acompaña durante años a dos protagonistas magnéticos y complejos, dos jóvenes que llegamos a entender hasta en su contradicción más sonada y en sus más graves malentendidos. Esta es una historia agridulce que muestra como nos conforman el sexo y el poder, el deseo de herir y ser herido, de amar y ser amado. Nuestras relaciones son una conversación a lo largo del tiempo. Nuestros silencios, lo que las define.


Como dijera alguna vez Fredric Jameson, hoy parece "más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Después de la caída del muro de Berlín, el capitalismo logró erigirse como el único sistema político-económico viable; una situación que la crisis bancaria de 2008, lejos de poner fin, agravó. Este libro analiza los principales rasgos y mecanismos de este realismo capitalista, como el marco ideológico en el cual vivimos. Utilizando ejemplos de la política, el cine, la música y la literatura, Mark Fisher demuestra de qué manera el realismo capitalista permea todas las áreas de la experiencia contemporánea, cubriendo el horizonte de lo pensable y obturando la capacidad de imaginar un nuevo escenario cultural y sociopolítico. El famoso eslogan de Margaret Thatcher, según el cual "no hay alternativa", situó al liberalismo económico y con ello al libre comercio y la desregulación del mercado como el mejor y único modo para organizar las sociedades modernas. 
Realismo capitalista indaga en los numerosos efectos nocivos que esta "ontología de los negocios" tiene para la vida pública, dejando al desnudo que el capitalismo es todo menos un orden natural inevitable y eficiente. La precarización del trabajo, la intensificación de la cultura del consumo, la expansión de la burocracia y de los mecanismos de control social, la gerencialización de la política, la mercantilización de la educación y el aumento de padecimientos mentales como el estrés, la depresión y los desórdenes de atención se muestran bajo esta perspectiva ya no como "errores honestos" de un sistema que tiende al bien común, sino como dispositivos orientados a bloquear toda capacidad colectiva de transformación. Ante este escenario, el único antídoto posible esbozado por Fisher en los dos textos que componen el Apéndice y que se agregan especialmente para esta edición, pasa por la revitalización de una esfera pública que asuma las raíces sociales de nuestra infelicidad.


En su primer libro, Mark Fisher llamó "realismo capitalista" a la creencia generalizada de que no es posible una alternativa al capitalismo, de que estamos obligados a enterrar en el pasado cosas como la solidaridad de clase o el concepto de lo público a cambio de seguir conectados al circuito privado de consumo y entretenimiento. Pero, ¿es posible clausurar de manera definitiva nuestros horizontes y resignar todo proyecto transformador? La tesis central que comparten los artículos aquí reunidos es que este presente clausurado, condenado a la repetición y al pastiche, estará siempre acechado por los fantasmas de aquello que ya no es y aquello que nunca fue. Y que es necesario reactivar la memoria histórica y esos futuros perdidos para escapar de la temporalidad detenida en la que vivimos.
En esta suerte de Espectros de Marx para el siglo XXI, Mark Fisher se enfrenta a las ruinas de aquel momento en que la cultura popular "en especial la música" todavía tenía la capacidad de producir formas innovadoras y soñar con modos de vida radicalmente alternativos. En la experiencia colectiva de las raves, el rechazo al trabajo de los mods, el modernismo militante de los postpunks resuena aún la prometeica ambición de la clase trabajadora de producir un mundo que exceda existencial y estéticamente a la cultura burguesa. Pero no se trata de aferrarse de manera nostálgica a ese pasado para refugiarnos del presente: no abandonar los fantasmas implica no ajustarse a lo que las condiciones actuales llaman "realidad". Estos penetrantes ejercicios de análisis cultural, que comprenden no solo música sino también la obra de directores como Kubrick, Cronenberg o Christopher Nolan, son para Fisher rituales para exorcizar el espectro que lo persiguió toda su vida: la depresión.


Sin dinero y con una formación artística que de poco le ha servido, John-Calum Macleod toma el ferry de vuelta a Harris, la isla donde nació, para descubrir que nada ha cambiado. Salvo él. En la desolada granja familiar donde creció, Cal retoma su antigua vida entre los dos polos que marcaron su infancia: su padre, John, pastor de ovejas, tejedor y puntal de la iglesia presbiteriana local, y su abuela materna, Ella, que durante décadas ha mantenido con su yerno una paz precaria.
Mientras Cal se pregunta si habrá otros hombres solitarios en las laderas yermas de su hogar, John contempla con desasosiego el pelo largo de su hijo y su aparente resistencia a ser salvado. Con el paso de las estaciones, todo empieza a cambiar: los hilos que sostienen esa frágil comunidad están a punto de romperse.
Después de Historia de Shuggie Bain (premio Booker 2020) y Un lugar para Mungo, regresa uno de los novelistas británicos más destacados con la conmovedora historia de una fractura familiar en una aislada comunidad rural escocesa.

POR UNA EUROPA LAICA


Europa Laica ha presentado hoy sus propuestas por la libertad de conciencia y la laicidad ante las elecciones generales del 29 de noviembre. La asociación ha remitido a los partidos, coaliciones y agrupaciones de electores que concurren a los comicios un documento con diecisiete propuestas mínimas, comenzando una ronda de contactos. Les pide que las incorporen a sus programas y que registren, desde el inicio de la legislatura, las iniciativas necesarias para hacerlas efectivas.
La organización laicista pide a todas las candidaturas que se comprometan a registrar desde el inicio de la legislatura la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede, el fin de la casilla de la Iglesia en el IRPF y una Ley Orgánica de Libertad de Conciencia, y recuerda que la disolución de las Cortes ha dejado sin efecto las reformas en curso, como la derogación del delito de blasfemia.

Europa Laica y sus grupos territoriales trasladarán el documento a las candidaturas durante la precampaña y la campaña, y pedirán a cada una que concrete, antes del 29 de noviembre, cuáles de las diecisiete propuestas se compromete a registrar. La asociación dará a conocer las respuestas que reciba.

«No pedimos a nadie que renuncie a sus creencias. Pedimos que las instituciones no tomen partido por ninguna, porque es la única forma de que quepamos todos», afirma José Antonio Naz, presidente de Europa Laica.

— Acuerdos con la Santa Sede y derecho común. Denunciar y derogar los Acuerdos de 1976 y 1979 y los de 1992 con las confesiones minoritarias, que las confesiones se rijan por el derecho común y suprimir la figura del «notorio arraigo».

— Financiación. Suprimir la asignación tributaria del IRPF y los privilegios fiscales de la Iglesia católica, en particular la exención del IBI, y fiscalizar en sede parlamentaria toda la financiación pública a las confesiones, con publicación anual consolidada.

— Libertad de conciencia. Una Ley Orgánica de Libertad de Conciencia que sustituya a la Ley de Libertad Religiosa de 1980, y un Reglamento de Laicidad que haga efectiva la aconfesionalidad del Estado en actos, símbolos, cesión de suelo público y declaraciones de interés público de acontecimientos confesionales.

— Educación e infancia. Escuela y universidad públicas y laicas, y la garantía de que ningún menor sea inscrito formalmente en una confesión ni sometido a confesión auricular o dirección espiritual antes de cumplir 18 años.

— Servicios públicos. Sanidad y asistencia social prioritariamente públicas y supresión de las capellanías sostenidas con fondos públicos.

— Inmatriculaciones. Revertir los bienes inmatriculados por la Iglesia católica, con publicación íntegra del listado desde 1946.

— Abusos sexuales. Reconocimiento y reparación integral de las víctimas a cargo de las instituciones responsables y no de los presupuestos públicos, revisión de los plazos de prescripción, auditoría de los centros sostenidos con fondos públicos y refuerzo de los canales de denuncia y protección.

— Reformas de fondo. Modificar los artículos 16 y 27 de la Constitución e impulsar una Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia.

CARTAGENA, MURCIA Y VICEVERSA (UNA CRÓNICA)


He estado unos días en Cartagena visitando a la familia. Un viaje muy casero pero, a su vez, con tiempo suficiente para darnos un par de saltos a Murcia, cenar en un japonés, ir al cine en Cartagena y hasta hablar de política.
De entrada, empezando por el final, he sacado varias conclusiones, o más bien he reforzado varias ideas básicas:
  • No se debe, NUNCA, discutir de política.
  • No se puede, NUNCA, ser de izquierdas e intentar vivir bien, nadie lo entendería, aunque lleves 40 años trabajando como un c...; esto, si te importa lo que opinen de ti, claro está.
Terminé de ver la última de las adaptaciones a la televisión del Conde de Montecristo, muy bien rodada y bastante fiel a la novela. Me ha gustado. También vimos en sendos días las dos películas tituladas "SISU", pura adrenalina y de lo más entretenidas. Dos películas para evadirse un rato y, tras Dumas, continuar con épica vengativa.
El el cine vimos "Varity". Entretenida, poco más. Lo mejor la casa donde se desarrolla la película y el paisaje que la rodea. Los actores buenos pero la historia cojea un poco.
Respecto al restaurante japonés donde cenamos al salir de esta peli, flamantemente nuevo, con robot en forma de gato repartiendo los platos, decorado de forma kitsch hasta el paroxismo, es quizá uno de los lugares con peor gusto donde he tenido la fortuna de estar; digo fortuna porque todo se aprende. Sirva de ejemplo para ilustrar el lugar unas flores gigantes ¡con movimiento! ¿La comida? No estaba mal, nada especial, un poco caro.









Volviendo a las actividades culturales de este viaje, todas fueron en Murcia capital: exposición de Jaume Plensa y Chema Madoz, la primera tarde, para volver al Teatro Romea al día siguiente al concierto de "Tubular Bells" por el grupo Opus One.
Opus One Orchestra interpretaTubular Bells de Mike Oldfield en la que es, probablemente, la versión más fiel a la mítica grabación de 1973. Presentó su proyecto el 25 de mayo de 2023, día exacto del cincuentenario de la publicación del álbum, con un concierto en streaming que fue visto en directo por más de 4.500 personas de todo el mundo. A día de hoy, el vídeo cuenta con más de 1.500.000 visualizaciones, siendo una de las interpretaciones de esta obra más visitadas en Youtube.
El primer concierto con público se realizó en el Palau de la Música Catalana de Barcelona frente a más de 2.000 espectadores. Posteriormente, Opus One ha actuado con este programa en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, en el Cartuja Center CITE de Sevilla, en el Auditorio de Girona o en el Teatro Coliseum de Barcelona, ​​entre otras importantes salas de conciertos.
Anna Luna es una de las cantantes más prestigiosas y consolidadas de nuestro país. Especialista en jazz y música brasileña, es profesora del grado superior de canto en la prestigiosa Escuela Superior de Musicales de Barcelona (ESE).

 










Respecto a Plensa y Madoz, su maravillosa obra habla por ellos.