lunes, 13 de abril de 2026

EL TABLERO DE AJEDREZ


Los golpes de Estado que puede intentar Trump
La preocupación principal del presidente de EE UU es preservar su poder si los republicanos pierden las elecciones de noviembre.
Timothy Snyder, 13.04.2026

Estados Unidos está a siete meses de las elecciones de mitad de mandato más trascendentales de su historia. Mientras tanto, su presidente Donald Trump, junto con Israel, inició una guerra contra Irán. Son condiciones ideales para que un jefe de Estado dé un golpe y se arrogue el poder.

La preocupación principal de Trump es preservar su bienestar y poder, que perderá en gran medida si los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes, como parece previsible. Es evidente que a Trump la interferencia en las elecciones no le genera ningún escrúpulo: ya intentó desoír el resultado de la elección presidencial de 2020 y habló acerca de anular los comicios de mitad de mandato. Luego intentó impulsar una ley que impondría graves restricciones al voto y lo convertiría en un privilegio.

En relación con Irán, Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth ,están atrapados en la lógica de la escalada, según la cual una sensación de derrota hoy puede revertirse haciendo lo primero que se les ocurra mañana. Cada día que continúan el conflicto y la incertidumbre relacionada (incluido si se mantendrá el alto el fuego de dos semanas acordado con Irán), personas del entorno presidencial se benefician, mediante el uso de información privilegiada, apuestas políticas o negocios con armas. Y cuanto más se prolongue la situación, mayor será la probabilidad de que se aproveche para un intento de golpe de Estado.

En este contexto, la propuesta de Trump de aumentar cerca del 40% el presupuesto de Defensa debe entenderse como una dádiva a los oficiales cuyo respaldo espera conseguir. Hegseth, por su parte, se ha lanzado a una purga frenética de personas con principios entre los altos mandos.

Es verdad que convertir una guerra externa en dictadura interna no es fácil, y Trump está en una posición débil. Pero si de hecho intentara un golpe de Estado, hay cinco caminos probables que podría seguir.

Uno sería sostener que en tiempos de guerra se necesita mano firme. El presidente George W. Bush usó este argumento (que no dice nada sobre si la guerra tendría que haberse iniciado en primer lugar, ni sobre la aptitud del liderazgo para librarla) para ganar las elecciones presidenciales de 2004. Trump, en cambio, tendría que usarlo para cancelar la elección o anular sus resultados.

El asunto se complica porque Trump necesitaría aliados dispuestos a infringir la ley. Pero la mayoría de los estadounidenses se oponen a la guerra en Irán, y el conflicto ha revelado fisuras en el movimiento MAGA. Además, algunas de las personas que con más probabilidad estarían dispuestas a la manipulación electoral fueron despedidas.

La segunda posibilidad es el bonapartismo: el aspirante a dictador pelea por la democracia en el extranjero y la desmantela en su propio país. Como su nombre indica, fue la estrategia detrás de las guerras napoleónicas. Pero Trump nunca fingió que la democracia le interese (prefiere a dictadores como el presidente ruso Vladímir Putin), e hizo campaña contra los proyectos de construcción de naciones en el extranjero, prometiendo en cambio gastar el dinero en los estadounidenses.

Otra alternativa sería que Trump intente una unificación bismarckiana, en la que el gobernante busca unir a la nación. El líder prusiano Otto von Bismarck unificó varios Estados germanófonos con sus victorias en tres guerras (contra Dinamarca, el imperio austrohúngaro y Francia) entre 1864 y 1871. Como lo logró por la fuerza y no mediante una revolución o elecciones, el nuevo Reich alemán fue una monarquía militarista desde el principio, con un Parlamento esencialmente simbólico. No hay duda de que a Trump le gustaría este modelo, si no fuera por un problema: es incapaz de ganar una sola guerra, por no hablar de tres.

La cuarta estrategia sería la del líder fascista que sacrifica a suficientes conciudadanos en una gran campaña que le permita asegurar que los supervivientes acepten que todo es lucha, que hay enemigos en todas partes y que el mundo está contra ellos. Aquí la muerte en masa se convierte en una fuente de sentido que une al Führer con su Volk. Aunque la guerra de Putin en Ucrania tiene algo de esto, el ejemplo clásico es la notablemente ardua invasión nazi de la Unión Soviética en 1941, que, como muestran los diarios de Victor Klemperer, fortaleció el movimiento fascista en Alemania durante más de tres años.

Pero Trump no es un fascista en el sentido tradicional. A diferencia de los nazis, no cree en la lucha; se convirtió al belicismo tarde en su vida, convencido de que victorias fáciles en el extranjero le traerían éxitos en casa. Ahora que ya alardeó tantas veces de haber ganado en Irán, está mal posicionado para ordenar una invasión terrestre a gran escala, que provocaría numerosas bajas estadounidenses. No hizo el trabajo ideológico previo.

A modo de comparación, Hitler había ganado guerras rápidas en Polonia y Francia antes de invadir la Unión Soviética. Eso generó en la población civil y en los mandos militares que antes tenían dudas la sensación de que sabía lo que hacía, y allanó el camino para una segunda etapa de la guerra, más ideológica.

La última posibilidad, más preocupante, es aprovecharse de un acto de terrorismo. Esta estrategia depende de que un enemigo extranjero lleve a cabo un ataque contra civiles estadounidenses en tiempo de guerra, lo que daría a un aspirante a dictador un pretexto para declarar el estado de emergencia y suspender las elecciones. Nunca ha ocurrido algo parecido en Estados Unidos; y puede que no ocurra precisamente porque es la mejor esperanza de Trump. Los líderes iraníes han de saber que Trump intentaría explotar un ataque.

Es verdad que la propaganda iraní incluye amenazas contra algunos líderes estadounidenses. Pero al régimen le conviene más burlarse de Hegseth que asesinarlo.

Otra posibilidad es una operación de falsa bandera: el autoterrorismo puede ser una estrategia eficaz. En 1999, los servicios secretos rusos pusieron bombas en edificios residenciales de Moscú; la cadena de acontecimientos que esto generó fue el inicio de la marcha de Putin hacia la dictadura. Es muy posible que Trump, cliente de Putin en la Casa Blanca, haya considerado esta idea.

Pero Trump tiene una relación conflictiva con la comunidad de inteligencia estadounidense y lo más probable es que si intenta una operación de este tipo fracase. Incluso si fuera capaz de ejecutar un ataque de falsa bandera en territorio estadounidense, no tendría un modo claro de impedir las elecciones. En cualquier caso, si en los próximos siete meses hubiera un ataque terrorista, los estadounidenses deberían desconfiar de Trump, que sin duda tratará de culpar a sus opositores internos y desacreditar las elecciones intermedias.

En la práctica, si los estadounidenses se mantienen atentos y firmes, ninguno de estos escenarios debería funcionar. El conocimiento de la historia puede cambiar el futuro. El mayor impedimento que tiene Trump para intentar un golpe de Estado no es su debilidad, sino que la gente se niegue a obedecer desde el primer momento.

LEER OR NOT LEER


El dato que alarma a las librerías de España: la mitad de los títulos que tienen disponibles no vende nada
La multiplicación de novedades, la concentración en grandes grupos y los riesgos para la bibliodiversidad preocupan a Cegal, la confederación del sector, cuyo estudio más reciente concluye que solo el 4,5% de las obras supera los 100 ejemplares.
Tomasso Koch, 12.04.2026
https://elpais.com/cultura/2026-04-12/el-dato-que-alarma-a-las-librerias-de-espana-la-mitad-de-los-titulos-que-tienen-disponibles-no-vende-nada.html

Se supone que un libro quiere ser leído. Igual que una película necesita espectadores. Y un disco, oyentes. Incluso El libro que no quería ser leído, texto infantil del sueco David Sundin, busca lo mismo que cualquier creación cultural: público. Aunque sea una persona. Sin embargo, a cada vez más obras literarias les cuesta hasta eso: el 49,4% de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende cero ejemplares a lo largo de un año. La cifra abarca novelas, ensayos o cómics, incluye novedades y fondo, también de autoedición, en establecimientos independientes, así como en grandes cadenas. No se contabilizan, eso sí, manuales de texto ni Amazon. El dato se reveló hace pocas semanas en el último Congreso de Librerías. Y lleva años subiendo, según Cegal, la confederación de los libreros que organiza el evento. Tanto que la entidad ya ha puesto su foco en analizarlo, desglosarlo y, a ser posible, solucionarlo. Las respuestas llegarán en futuras ediciones de la cita. Pero, mientras tanto, da para unas cuantas preguntas.

“En España se venden muchos libros: unos 76 millones de obras impresas en 2025, un 4% más respecto al año anterior, según la consultora GfK. Pero estamos ante un mercado sobresaturado. Salen más novedades de las que se venden y de las que un librero es capaz de seleccionar. Se dejó de velar por la calidad y se decidió apostar por la cantidad”, reflexiona Pilar Asuero, escritora de Las cabras (Altamarea) y editora en Siglo XXI. La facturación de la industria editorial vive tiempos de subida consecutiva, igual que los lanzamientos: más de 90.000 libros al año, en cálculos del sector. Si se criban solo obras literarias con enfoque comercial, la cifra baja: hasta 30.000 o 10.000, en la estimación más conservadora. Significa mínimo 27 novedades al día. Y eso a falta de los miles de títulos del fondo. ¿Hay lector para tanto libro?

“Una clave está en el espacio. Hay títulos que no salen para vender, sino para ocupar sitio en las estanterías, sobre todo por parte de los grandes grupos. A menudo tienen alta rotación, a la semana siguiente les sustituye otro”, tercia Enrique Redel, editor del sello independiente Impedimenta. “No se trata de que quien quiera escribir no pueda. Pero nadie es capaz de asimilar este volumen. Y no tiene sentido meter en el canal un libro que genera cero ventas”, agrega Javier Cámara, encargado del establecimiento en Bilbao que lleva su apellido, y de la exposición donde se abordó el asunto en el congreso. El librero descubrió hace poco el caso de una editorial que bajó el ritmo para centrarse en la calidad, pero reculó a los dos años, porque estaba perdiendo superficie de exposición. Aunque Redel asegura que esa es su apuesta: “Intentamos reducir la producción. Sacamos 25 libros al año, clavados. Queremos arroparlos con la promoción, que las librerías los mantengan y cuidar nuestro nicho fiel de lectores”.


Tanto librero como editor recurren al mismo símil: la aplicación de citas Tinder. Porque cada semana Cámara hojea 300 o más títulos y debe escoger unos 120 para sus estanterías. Dice que algunos los tiene claros, pero la mayoría de la selección se va pareciendo al célebre match sentimental: sí o no, en pocos segundos, y a lo siguiente. El amor literario también va deprisa: flechazo o hasta nunca. Y por más que Impedimenta avise de que no acepta manuscritos, igual que muchas editoriales, recibe unos 10 al día. Por la mesa de Redel pasan entre 600 y 1.000 al año, de los cuales lee 100 y publica una cuarta parte. Así, por ejemplo, se le escapó La temporada de las frutas envenenadas, de Vera Bogdanova: cuando pudo verlo y quiso pujar, tras adorarlo, estaba adjudicado. Las plantillas habitualmente pequeñas de editoriales y librerías independientes tampoco dan para más. Y desde Cegal añaden otra tendencia: aumenta la desaparición de títulos. Demasiado libro hay ya, como para cuidar las viejas perlas. Así puede darse la paradoja de no hallar lo que se busca en un catálogo desmesurado.


“Si como editores disponemos de más tiempo para leer y trabajar los textos, salen mejores obras. Si los y las libreras lo tienen para leer y seleccionar, se construyen escaparates con sentido. Si los lectores reciben una propuesta abarcable, cuentan con más herramientas a la hora de escoger. Aunque parezca contraintuitivo, una oferta exacerbada atenta contra la bibliodiversidad. Se vuelve puro ruido: comienzas a ver siempre los mismos libros en la mesa de novedades y en los suplementos culturales. Y todos leemos lo mismo”, señala Asuero. Otros datos de Cegal lo refuerzan: en librerías, únicamente el 4,5% de los títulos despacha más de 100 ejemplares al año. Y más del 40% de las copias vendidas corresponde a dos grupos, Penguin Random House y Planeta. Los establecimientos independientes duplican a las cadenas en variedad: más de 525.000 títulos, frente a 229.633. Sin embargo, los grandes espacios acaban de adelantarse por primera vez en ejemplares vendidos: el 52% del total. Así, solo unas pocas obras logran un lugar al sol. El resto navega sepultado en el fondo del iceberg. A priori, las oportunidades se han multiplicado. La práctica dice algo distinto. O contrario.


Entonces, ¿cómo conseguirlas? Contratar a un agente aumenta las opciones del escritor y garantiza al editor un filtro de confianza. El anuario estadístico del Ministerio de Cultura ofrece más pistas: el tema es la principal razón para escoger un libro, por delante del autor, las opiniones de amigos y familiares o las redes sociales. Ni el 5% de los encuestados dijo tener en cuenta críticas, publicidad y, menos aún, los premios. Aunque Redel propone lo opuesto: “Cuando estalló el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey una revista me preguntó: ‘¿Cuántas novedades eróticas sacas este año?’. Pero nosotros, cuando el tema está de moda, huimos”. Las cifras de Cultura dicen también que triunfa sobre todo la novela contemporánea, en particular histórica y de ficción criminal.

Siempre y cuando se lea, eso sí: lo hace al menos una vez al año el 64,9% de la población, frente al 65,8% en 2018/2019. Un tercio de la ciudadanía lo incluye entre sus costumbres semanales. Pero uno de cada 10, por el contrario, asegura que no le gusta leer, porcentaje idéntico al de los hogares con menos de 10 libros. La mitad de la población (48,8%) tiene menos de 50 en casa. A saber cómo lo encajaría el fallecido Umberto Eco, defensor de la acumulación de libros sin leer. Su “antibiblioteca”, como la bautizó, tenía 50.000 títulos.

“Influyen muchos factores en la venta: desde la editorial en que se publica (si pertenece o no a un gran grupo, su prestigio, los recursos para la promoción, el interés en medios, la fidelidad del público), si a las librerías les gusta, el boca a boca. Pero muchas veces juega el azar. Antes de que Altamarea apostara por Las cabras, otras editoriales lo rechazaron alegando que no tenía trama y no creían que podría funcionar de la mano de una autora novel”, relata Asuero. Pero su ópera prima celebra un impacto de ventas positivo. Y se lo agradece también a muchas bookstagramers (prescritoras de libros en redes sociales): “Influyen porque su contenido se dirige a un público muy lector, las mujeres entre 25 y 35 años”.


El libro, además, puede buscar indicios a su alrededor. El volumen de novedades literarias también abruma y preocupa en otros grandes países de la UE. Y, por comparar, el 60% del cine español exhibido en salas en 2025 vendió menos de 500 entradas, en datos de Cultura. Aun así, la cantidad de novedades fílmicas no para de subir, con semanas donde coinciden hasta 14 o 16. Y eso que, desde hace tiempo, apenas una veintena de películas suele concentrar en torno a la mitad de la taquilla anual. En los videojuegos también se habla de saturación: Steam, la principal plataforma para ordenadores, incorporó 21.551 títulos solo en 2025. Aunque un largometraje que nadie haya disfrutado en la gran pantalla siempre tiene la esperanza de resucitar online: en streaming ya se ve tanto cine como en salas, o más. La mayoría de libros, en cambio, se juega (casi) todo en semanas, con suerte pocos meses, en las estanterías. De ahí, vuelta a las editoriales. Y a las sombras. O incluso la eliminación física. No precisamente el epílogo soñado tras meses o años de esfuerzo de un creador.

“Si en una editorial un libro no vende, puede que otro logre un gran alcance y levante los números (aunque no siempre es así, sobre todo en los sellos realmente independientes). Y si en una distribuidora hay una editorial que no vende mucho, otra lo compensa. Cuando eres autor/a, sobre todo novel, eres tú y tu libro. Puedes dar las gracias si aguanta una semana en la mesa de novedades, es fácil que al mes lo devuelvan, al año destruyan la tirada y quede en el olvido”, subraya Asuero. Para definir al sector editorial se han usado muchas metáforas: bicicleta, rueda del hámster, todo o nada. Se refieren a más y más obras para que el sistema siga adelante y un potencial éxito de mañana cubra los eventuales agujeros de ayer. Aunque el modelo reparte al autor cartas con las que cuesta ganar: adelantos cada vez menores, o hasta inexistentes; una tirada media inferior a los 4.000 ejemplares; y apenas un 10% de ingresos sobre el precio de las ventas. “Quien se mete en esta industria sabe que muchas veces lo que va a moverle es el entusiasmo antes que el dinero. Pero no debería sacrificarse una cosa por la otra. Me entusiasma escribir, pero también poder pagar el alquiler”, agrega Asuero.

“Cualquiera puede editar un libro, pero no significa que sea un autor. Igual que tener una cámara no se traduce en ser fotoperiodista”, matiza Cámara. Hay quien publica por su cuenta, o a través de una editorial que solo ejerce de imprenta; despuntan jóvenes narradores que arrasan primero en plataformas online y luego en papel; y están los autores tradicionales, vinculados a sellos reconocidos. Desde Cegal sospechan que justamente el boom de la autoedición explique en parte por qué tantos libros no venden nada. Pero Redel aplaude también a compañeros de otros sellos: Libros del Asteroide, Acantilado, Sexto Piso, Galaxia Gutenberg, Errata Naturae o Nórdica. Javier Cámara afirma: “Si solo me dejo llevar por la corriente, me convierto en un librero de grandes sellos. Hay que hacer una tarea de independencia”. Y Pilar Asuero agrega: “Como lectores debemos creernos el peso que tenemos en la cadena del libro: sin nosotros, se desmorona. Así que elijamos bien a quién le damos nuestro dinero”. Entre tantísimas opciones, debe de haber una perfecta para cada lector. Se trata de encontrarla.

EL PRECIO POR ENFRENTARSE AL MATÓN

Trump ataca al Papa y dice que “debería dejar de complacer a la izquierda radical”
El presidente de EE UU califica a León XIV de “débil ante la delincuencia” y “nefasto en política exterior”.
María Antonia Sánchez-Vallejo, 13.04.2026

El presidente Donald Trump ha arremetido este domingo en las redes sociales contra el papa León XIV, afirmando que el primer papa estadounidense de la historia debería “dejar de complacer a la izquierda radical”. La embestida del republicano es un extraordinario ataque frontal contra el otro estadounidense con más dimensión en el mundo, el sumo responsable de la Iglesia católica. Y el único capaz de hacerle sombra.

La rabia de Trump surge de los repetidos llamamientos de León XIV a conseguir la paz en Irán, algunos de ellos inequívocamente dirigidos a Trump, aunque sin nombrarlo en ningún momento, lo que ha acrecentado las tensiones entre el Vaticano y la Casa Blanca. “El papa León es DÉBIL ante la delincuencia y nefasto en materia de política exterior”, ha escrito esta tarde el presidente en las redes sociales.

En otra publicación, el presidente afirmó: “No quiero un papa que critique al presidente de los Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido —POR UNA APLASTANTE MAYORÍA—“.

“No quiero un Papa que considere aceptable que Irán posea un arma nuclear”, escribió también en Truth Social, en respuesta a las recriminaciones del pontífice hacia sus políticas y su explosiva retórica contra Irán. El martes, el Papa condenó la amenaza del presidente de aniquilar a una “civilización entera” si Irán no abría el estrecho de Ormuz antes de la fecha límite que él había impuesto; también se ha opuesto a la forma religiosa en que los funcionarios de la Administración de Trump han categorizado la guerra, como si fuera una misión cristiana.

Poco después, Trump habló con los periodistas en la Base Conjunta Andrews, donde había aterrizado procedente de Florida a bordo del Air Force One. “No creo que esté haciendo un muy buen trabajo”, declaró el republicano; “no soy admirador del papa León”.

La publicación del inquilino de la Casa Blanca se produjo después de que León XIV denunciara durante el fin de semana el “delirio de omnipotencia” que está alimentando la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y exigiera a los líderes políticos que se detuvieran y negociaran la paz.

El pontífice presidió el sábado en la Basílica de San Pedro la celebración vespertina de la Vigilia de Oración por la Paz, a la misma hora que Estados Unidos e Irán se encontraban reunidos cara a cara en Pakistán, con el objetivo de preservar un frágil alto el fuego. El Papa, nacido en Estados Unidos pero que ha pasado media vida en Perú, no mencionó por su nombre a Estados Unidos ni a Trump en su prédica. Sin embargo, el tono y el mensaje parecían dirigidos al mandatario y a los funcionarios estadounidenses, quienes han alardeado de la superioridad militar de su país y han justificado la guerra en términos religiosos.

Así, por ejemplo, el pasado viernes, el Papa publicó en sus redes sociales el siguiente mensaje: “Dios no bendice ningún conflicto. Cualquiera que sea discípulo de Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca está del lado de quienes una vez empuñaron la espada y hoy lanzan bombas. La acción militar no creará espacio para la libertad ni para tiempos de Paz, que solo llega de la paciente promoción de la convivencia y el diálogo entre los pueblos”. Más inequívoco aún fue otro mensaje, dos días antes: “Las guerras que manchan el presente con sangre son fruto de la idolatría del poder y del dinero. ¡No nos acostumbremos al clamor de las armas y a las imágenes de guerra! La paz no es solo un equilibrio de poder. Es la obra de corazones purificados, de quienes ven a los demás como hermanos y hermanas a proteger, no como enemigos a vencer”.

A nadie se le escapa que la elección de León XIV como sustituto del popular Francisco tuvo bastante de geopolítica: un estadounidense como teórico contrapeso a los excesos de Trump en EE UU y en el mundo, algo de lo que el republicano es plenamente consciente. “León debería estar agradecido, pues, como todos saben, su elección fue una sorpresa mayúscula”, declaró Trump. “No figuraba en ninguna lista de candidatos a papa; la Iglesia lo designó únicamente por ser estadounidense, bajo la creencia de que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald J. Trump”, dijo, hablando de sí en una mayestática tercera persona.

La abierta confrontación que se deriva de las palabras de Trump caerá probablemente en saco roto en el Vaticano, una institución que, a diferencia de la actual Administración estadounidense, sí entiende el valor de la verdadera diplomacia hasta el punto de forjar una categoría propia, la diplomacia vaticana.

CANARIAS

Luca D’Auria, director del Área de Vigilancia Volcánica de INVOLCAN, sobre el último enjambre sísmico en Tenerife: “Se ha localizado en la dorsal que va de Izaña hasta La Esperanza”
Explica que “el peso de la Isla genera un esfuerzo en las rocas, que de vez en cuando se rompen y producen estos pequeños terremotos”.
Diario de avisos, 12.04.2026

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha registrado una docena de terremotos en el noroeste de Tenerife en las últimas horas. Se trata de movimientos de baja magnitud, localizados a poca profundidad, entre 3 y 7 kilómetros, y sin relación con una posible intrusión de magma, según han explicado expertos a Televisión Canaria.
Los temblores se enmarcan en un enjambre sísmico detectado en una zona donde este tipo de episodios entra dentro de la normalidad geológica. Los especialistas subrayan que estos pequeños seísmos forman parte del comportamiento habitual de la Isla en ese sector y no implican, por ahora, un proceso volcánico anómalo.
Según explicó a Televisión Canaria el director del Área de Vigilancia Volcánica de INVOLCAN, Luca D’Auria, se trata de un episodio “localizado a lo largo de la dorsal volcánica”, en concreto en la llamada dorsal del noroeste, que se extiende desde Izaña hasta La Esperanza.
D’Auria detalló que el origen de estos terremotos está en la propia estructura de Tenerife. “El peso de la Isla genera un esfuerzo en las rocas, que de vez en cuando se rompen produciendo estos pequeños terremotos”, señaló. Esa fractura de materiales en profundidad explica, según los expertos, que se produzcan estos movimientos sin que estén vinculados al ascenso de magma.

Este nuevo episodio se suma además a otros temblores registrados recientemente en el volcán de Enmedio, una zona situada entre Tenerife y Gran Canaria que suele aparecer de forma periódica en los informes sísmicos del IGN.
La vigilancia sobre este tipo de fenómenos se mantiene de forma constante por parte de los organismos científicos, que monitorizan la actividad sísmica del Archipiélago para detectar cualquier cambio relevante.

Además de la actividad sísmica detectada en Tenerife, el IGN localizó este domingo, 12 de abril de 2026, dos terremotos en La Palma, concretamente en Fuencaliente y Villa de Mazo.
Ambos seísmos se registraron a una profundidad de 12 kilómetros y alcanzaron una magnitud de entre 1,8 y 1,9. Se trata también de movimientos leves, dentro de los parámetros que suelen observarse en la vigilancia sísmica del Archipiélago.

domingo, 12 de abril de 2026

¡ENHORABUENA!

 

SIN VERGÜENZA

Puedes escribirse separado o junto, que no es lo mismo, pero es igual. Lo más fácil sería justificar las actuaciones de este señor con un "déjalo, ¿no ves que está chocheando?", cuando no parece que esa sea la verdadera razón de sus actos. Es todo más simple, se cree por encima del bien y del mal, cree que se merece todo y más, impune, inmune, un rey sobre sus lacayos. Da pena leer sus quejas por no recibir un sueldo en España, por no poder volver a(l) palacio, por no ser profeta en su tierra. Pena da también el Rey, Felipe, el que es ahora, por tener un padre como éste que no se calla ni debajo del agua. Da pena verlos a todos babosos alrededor de la bombilla, en los toros, de regatas, como si nada hubiera ocurrido -ni las cuentas en Suiza, ni Corinna, ni el elefante muerto- en ese mundo que igual creen que el el real, sin vergüenza alguna, donde lo normal es no haber dado palo al agua en su vida. Si éste, si estos, no consiguen cargarse la monarquía en España, no sé quién lo va a lograr. Claro que mientras tengamos el ¡HOLA!

La promesa incumplida de Juan Carlos I a Felipe VI
En 2019, el rey emérito envió una carta a su hijo en la que anunciaba que se retiraba de la vida pública y le prometía lealtad. Siete años después, ese juramento parece haber quedado en papel mojado.
Martín Bianchi, 12.04.2026

El 27 de mayo de 2019, Juan Carlos I hizo una promesa a su hijo. Se la hizo por escrito, a través de una carta, y de forma pública, dando su venia para que la Casa del Rey la compartiera con todos los españoles. “Creo que ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida y de completar mi retirada de la vida pública”, comunicó el rey padre al rey hijo en vísperas de que se cumplieran cinco años del anuncio de su abdicación de la Corona tras los escándalos del caso Nóos y de su aventura romántico-financiera con Corinna Larsen. “Con una firme y meditada convicción, hoy te expreso mi voluntad y deseo de dar este paso. Tomo esta decisión desde el gran cariño y orgullo de padre que por ti siento, con mi lealtad siempre. Un grandísimo abrazo de tu padre”, apostillaba.

En la carta, decía que llevaba tiempo madurando la idea. Tuvo que pasar casi un año para que se entendieran las verdaderas razones de su decisión. A comienzos de 2020, trascendió que Felipe VI era beneficiario de dos fundaciones vinculadas a su padre, Zagatka y Lucum, esta última investigada por la Fiscalía Anticorrupción por recibir 64,8 millones de euros de Arabia Saudí. Para salir del paso, el Rey anunció que renunciaba a la herencia económica que pudiera corresponderle de su progenitor y que le retiraba la asignación oficial, que ascendía a casi 200.000 euros anuales.

La Casa del Rey dio detalles del enredo financiero y aclaró que Felipe VI se había enterado de que era beneficiario de Lucum en marzo de 2019 y que en abril de ese mismo año había comparecido ante notario para formalizar su renuncia a la herencia. Es decir, Juan Carlos I anunció su retirada de la vida pública menos de dos meses después de que su hijo cortara sus vínculos económicos con él.

El rey emérito pidió a Palacio que hiciera público que “en ningún momento había facilitado información” a su hijo sobre la existencia de las citadas fundaciones y reiteró su compromiso de retirarse “completamente de la vida pública”. Poco después, en agosto de 2020, en plena pandemia, abandonó España ante la “repercusión pública” de las noticias sobre sus opacas finanzas personales. En una nueva carta, repitió su promesa de alejarse de los focos “para contribuir” a que su hijo pudiera desarrollar su función como jefe del Estado “desde la tranquilidad y el sosiego”. “Mi legado, y mi propia dignidad como persona, así me lo exigen. Con mi lealtad de siempre. Con el cariño y afecto de siempre, tu padre”, dijo. Según la Casa del Rey, Felipe VI transmitió a su padre su “sentido respeto y agradecimiento ante su decisión”.

De la mansión a la regata

Juan Carlos I fijó su residencia habitual y su domicilio fiscal en Abu Dabi. Desde entonces vive en una mansión de 11 millones de euros en la isla privada de Nurai. Es un “invitado” de la familia real emiratí. Cuando viaja, suele hacerlo en un avión privado de la compañía Vista Jet, propiedad del suegro de su sobrino Philippos de Grecia. Carece de ingresos conocidos desde que Felipe VI le retiró su asignación, pero sigue, a los 88 años, disfrutando de una vida de lujos, sin tener que rendir cuentas de ello a nadie.

Se suponía que iba a pasar así sus últimos años de vida, pero su promesa empezó a flaquear a finales de 2020, cuando su equipo pagó 678.393 euros a la Hacienda española para evitar una causa judicial. Al adelantarse a presentar la regularización antes de que se le comunicara la apertura de una investigación, eludió un delito fiscal. Dos meses después, repitió la operación e hizo una segunda regularización fiscal por rentas no declaradas durante varios ejercicios que sumaban más de ocho millones de euros de pagos en especie, por los que abonó más de cuatro millones a la Agencia Tributaria.

En el aire quedaban tres causas, incluida la del supuesto cobro de comisiones ilegales en las obras del AVE a La Meca adjudicadas por 6.500 millones a un consorcio español. En marzo de 2022, la Fiscalía del Tribunal Supremo archivó las investigaciones. Para la justicia, el supuesto delito de cohecho por recibir un “regalo” de 64,8 millones de euros de Arabia Saudí había prescrito y la posible comisión de un delito de blanqueo de capitales no tenía recorrido por la inviolabilidad de la que gozaba cuando era jefe del Estado.

Sin cuentas pendientes con la justicia o con Hacienda, rompió definitivamente su promesa. Dos meses después de que se archivaran las investigaciones, volvió a España por primera vez para competir en una regata en Sanxenxo. Su regreso, tras casi dos años viviendo en Abu Dabi, causó un revuelo mediático. Ya entonces empezó a hablar con sus amistades y familiares de su deseo de visitar España con más frecuencia.


Y así ha sido. Sus apariciones públicas en España han ido en aumento: regatas, comidas con amigos, bodas, visitas médicas, celebraciones familiares, corridas de toros. En noviembre del año pasado no fue invitado a los actos oficiales para conmemorar el 50º aniversario de la restauración de la monarquía. El lanzamiento de sus memorias opacó la celebración. Dio varias entrevistas en Francia y hasta grabó un vídeo promocional delante de una bandera rojigualda justificando la publicación de Reconciliación.

Los reproches de ‘Reconciliación’

El palacio de La Zarzuela consideró que ese exhibicionismo no era “ni necesario ni oportuno”, pero Reconciliación ha sido necesario y oportuno para comprender el verdadero sentir y las intenciones del rey emérito. En el libro habla de “expatriación forzosa”, de “virtual reclusión”, de “aislamiento”, de “regreso al exilio” de su infancia. Dice que sus breves visitas a España están sujetas a la aprobación de la Casa del Rey; culpa a la reina Letizia por la falta de cohesión familiar; acusa al Gobierno de desacreditar su persona; lamenta que los españoles no hayan entendido el sacrificio que ha hecho yéndose del país; y reprocha a su hijo que le haya quitado su asignación.

“Soy el único español que no recibe pensión tras casi cuarenta años de servicio y al que, en vida, se le impide dejar nada a su hijo y descendientes”, denuncia. También le recuerda a Felipe VI que heredó “un sistema político” que él forjó: “Tú puedes excluirme del plan personal y financiero, pero no puedes prohibirme la herencia institucional sobre la que tú reposas”.

Asegura que sigue “imperturbable”, “amurallado en el silencio”, “confinado en una existencia monótona y privada” para no molestar a la Corona y su hijo. Su último baño de masas en la corrida del Domingo de Resurrección, en Sevilla, dice lo contrario. Ahora, repite en público y en privado que quiere y va a pasar más tiempo en España. Condiciona su regreso definitivo a poder instalarse en el palacio de La Zarzuela. La Casa del Rey ya ha indicado que puede regresar cuando lo desee, bajo la condición de que recupere su residencia fiscal en el país. Laurence Debray, biógrafa de Juan Carlos I y su portavoz oficiosa, ha dicho esta semana que para que tribute en España, deben dejarle primero pernoctar en su casa, La Zarzuela: “Para tener residencia fiscal hace falta tener residencia”.

La carta que Juan Carlos I envió a Felipe VI en 2019 parece haber quedado en papel mojado. En ella decía que quería “pasar página” y “completar su retirada de la vida pública”. Siete años después, reconoce que no quiere pasar página y que no tiene planes de retirarse.

_MIGRANTES


De emigrantes a inmigrantes: cambio de nombres, la misma historia
Las dificultades de los españoles que salieron en los sesenta a Europa y los que ahora vienen a España son las mismas, y la falta de papeles, también.
Carmen Morán Breña. 12.04.2026

En 1971, marchó la gallega Casilda Hervés Gómez de emigrante a Francia. Aunque tenía 25 aventureros años, el viaje lo hizo sin parar de llorar. Sola, sin teléfonos como hoy, sin saber ni palabra de francés. Tenía una niña de tres años y otra que no cumplía los dos. “Fue muy negro, muy negro dejar a mis hijas. Cuando llegó el taxista de Vigo a recogerme vi el demonio delante de mí, me las tuvieron que arrancar de los brazos, pero yo sabía que tenía que marchar. Fui llorando todo el camino”. Hasta que otros españoles en el mismo tren le preguntaron: ¿a quién dejas? “A mis hijas y a mis padres”, contestó. “Pues yo dejo tres hijas, mi mujer y mis padres y me voy solo, tú por lo menos vas a ver a tu marido”, le espetó el otro para que calmara el llanto. “Cogí vergüenza y sequé las lágrimas”. A lo largo de su relato para este reportaje, la voz le temblará de nuevo por teléfono desde su pueblo de A Estrada (Pontevedra), cuando rememore la herida de aquel tiempo: “Mi hija me dijo un día: ‘Mamá, te quiero mucho, pero no te perdonaré nunca que nos dejaras’. Eso duele, duele mucho”.

No todo fueron penurias para los españoles que partieron a la emigración europea huyendo de la miseria propia y, de paso, lavando la cara de la España franquista, que envió con gusto al extranjero a quienes le estorbaban en sus estadísticas de desempleo y de los que recibió hasta 9.000 millones de dólares mediante remesas en 15 años. Pero sí fue “la historia de un fracaso y la búsqueda de un éxito que, si se consiguió, dejó heridas en el camino”, dice Joaquín Riera Ginestar, que ha escrito Emigrantes. La historia olvidada de la emigración a Europa (1960-1975), editado por Arzalia, de donde se han extraído los datos de este reportaje.

Catedrático de Geografía e Historia, el autor valenciano apenas encuentra un par de diferencias entre aquella migración y la que hoy vive España, por más que el tiempo se haya empeñado en borrar los peores capítulos de aquel éxodo y muchos de los 3,5 millones que salieron a Alemania, Francia y Suiza, los principales destinos, no quieran recordar ya aquellos barracones desangelados, las habitaciones atestadas de literas, la suciedad acumulada por falta de saneamiento, las nueve duchas para 900 personas, el hambre de algunos o el aliento de la policía cuando no tenían papeles. Porque la mitad de los que marcharon a esos tres países en ese periodo fueron de forma ilegal, eludiendo el Instituto Español de Emigración (IEE) que tantos retrasos acumulaba en las peticiones y que les sometía a tortuosos exámenes médicos, por no hablar de las discriminaciones políticas, laborales y de género que se oponían a sus traslados. Franco no quería dejar escapar la mano de obra cualificada, ni que salieran las mujeres, porque tenerlas en casa garantizaba el envío de dinero cada mes, detalla el autor del ensayo.

Sin papeles y “calladito”

A principios de los sesenta estaba Pepe Vidales cuidando sus vacas en Destriana (León) cuando un paisano le dijo que se iba a Francia. Ahí mismo agarró el muchacho la bicicleta y se fue con él. Y ahí se quedaron las vacas y se quedó el campo y los dineros que no alcanzaban. Por esa vía, la de paisanos, parientes y amigos que hacían de enlace con los empresarios que necesitaban mano de obra en aquella Europa que despegaba sin obstáculos salieron la mitad de los emigrantes. Alemania reclamaba nominalmente a muchos de ellos y aunque a Franco no le gustaba ese método, que consideraba ilegal, tragó con él. Otros pasaron algunos meses en la clandestinidad mientras conseguían los papeles, buscando empleo o trabajando en negro. A Emilio Prieto lo llamó su primo desde Suiza, “que allí se ganaba bien”. “¿Con papeles? Y una mierda. Un año estuve trabajando ilegal. Eso que dicen ahora de que los españoles íbamos con papeles no es verdad. ¿Que cómo hacía? Pues calladito y en casa, con miedo por si me agarraban”.

Suiza, explica Riera Ginestar, era “uno de los países con las normas más racistas, con condiciones casi de libertad condicional, no podían cambiar de sector laboral ni de cantón”, y con fuertes amenazas de expulsión que rara vez se concretaban “porque los necesitaban y se aprovechaban de su vulnerabilidad”. "La reagrupación familiar allí era una odisea”, añade. Así que Emilio, también gallego, recibió en Davos a su mujer, Mari Carmen Fariñas, pero tuvieron que dejar a los chicos al cuidado de los abuelos. “Un día se montó una pelea en un bar y mi primo me dijo que me largara de allí corriendo, por si venía la policía”. Tampoco el empresario podía legalizarlo aunque quisiera, pero Emilio lo recuerda muy honrado: “Me pagó el año entero y hasta el dinero de los impuestos que se había ahorrado por no tener yo papeles”. Cuando su situación se regularizó cobraba menos porque entonces fue él quien tuvo que pagar los impuestos: “Pero no me importaba, no estoy en contra de pagar impuestos”, afirma convencido.

Emilio también estuvo en “una habitación ilegal”, dice. “Y ahora, cuando veo que critican a los que están aquí, que vienen en esos barquitos, me da asco que se hable así de ellos. Yo por lo menos no tuve que llegar en patera”. Tampoco sabía el idioma. “Pues claro que no, es que yo no fui a Suiza a aprender alemán”, dice con sorna. Le releva al teléfono su esposa: “Yo empecé de camarera de habitaciones en un hotel y al inicio estaba aturdida, era todo muy difícil. Muy bonito, eso sí, limpio, ordenado, me gustaba. Después limpié aulas, en un supermercado”. De lunes a sábado. ¿Y el domingo? “A limpiar apartamentos de turistas, eso ya en dinero B, era un riesgo, pero bueno”, se ríe, ya jubilada y disfrutando del futuro que se fueron labrando: una casa, un huertico y unas gallinas. Cuando regresó a España aún estuvo diez años limpiando y cuidando niños, ella, que apenas pudo dedicar el tiempo de vacaciones a los suyos. “Una colombiana hoy en España podría contar prácticamente lo mismo”, afirma Riera Ginestar.

El mismo sambenito

El arquitecto y escritor suizo Max Frisch describió con una frase lapidaria el drama humano inherente a la migración, antes y ahora: “Pedimos trabajadores y vinieron personas”. Con ella arranca otro de los capítulos del libro de Riera Ginestar en el que describe que tampoco aquellos ruidosos españoles gozaban de la mejor fama en el extranjero, ni se libraron del sambenito de la delincuencia que la derecha cuelga ahora a miles de africanos en España.


“Las estadísticas en Alemania en 1965 indican que entre los varones de 18 a 50 años que habían cometido algún delito en aquel país un 1,4% eran españoles, un 2,2% italianos, un 3,2% turcos y un 4,5% alemanes”. El ambiente era como mucho “de tensa multiculturalidad”, se lee en el libro. La integración, explica el autor, falló por ambas partes. Los españoles partían de una formación pobre y de ambientes rurales, limitaciones que hacían más cómoda una relación entre paisanos, mientras que los nacionales y los medios de comunicación, en un mundo donde lo políticamente correcto aún no había hecho acto de presencia, los acusaban “de sucios y de portar enfermedades, manipulaban los datos obviando la realidad y les culpaban de las pésimas condiciones en las que vivían”, escribe Riera Ginestar.

Los migrantes salían con la idea de hacer mucho dinero en poco tiempo, dos condiciones que resultaron erróneas. En no pocos casos los sueldos de un matrimonio se dividían, uno iba para España y el otro se quedaba pagando impuestos en Alemania, o en Francia. Pronto descubrieron que necesitaban más tiempo para conseguir el propósito que les aupó al tren con sus fardos. Pero los años iban pasando y un día las lágrimas cambiaron de bando: ahora se vertían por el regreso, cuando ya la adaptación les procuraba momentos felices. Las copas al aire, tras el último brindis con anís, tiraba Adelina López en Bellegarde (Francia), después de beberlas con sus amigas en la Nochebuena. No era para menos, tenía un buen trabajo en una empresa de botes de aluminio y dos niñas que habían nacido en Francia entre el festejo de decenas de paisanos; una casita con jardín, tortuga y lavadero. Si a algunos les arrebataban los embutidos en las aduanas, Adelina y su marido, Toribio Vidales, acabaron incluso haciendo la matanza del cerdo en Francia, donde pasaron 14 años, en barrios donde todos se conocían por el gentilicio: la portuguesa, el yugoslavo, los italianos o aquellos marroquíes que compartieron buhardilla con Adelina un tiempo. “Eran majísimos”, dice, mientras guisa un conejo en casa de su hija en Madrid.

Mujeres libres

Si un día Europa celebra los éxitos de su famoso acelerador de partículas, el LHC de Ginebra, tendrá que empezar por agradecer el trabajo de miles de emigrantes griegos, portugueses, italianos, turcos, y de muchos españoles, como Toribio, que se desempeñó abriendo aquellos túneles destinados a la ciencia puntera que hoy enorgullece al continente. En la frontera con Suiza, Toribio salía de mañana y volvía a Francia a dormir. Los fines de semana daba peonadas en el campo si le llamaban para sacar patatas. “Poco, pero ibas ahorrando”, dice. De los siete hermanos de Adelina, solo uno quedó en Destriana, otro marchó a Bilbao en la emigración interior, y cinco cruzaron los Pirineos, uno de ellos para siempre.

Normalmente eran los maridos los que querían volver, explica Riera Ginestar. Para las españolas, el mundo que se abrió al otro lado de la frontera no fue solo el del trabajo y más trabajo. Si alguien aprendió lo que era la libertad lejos de la dictadura, fueron ellas. “En la madrugada del 19 de marzo de 1960, 43 mujeres de la provincia de Salamanca, la mayoría bejaranas, emprendían un viaje en autocar de 2.000 kilómetros y casi tres días de duración hasta Remscheid-Lennep”. Así arranca el libro que escribió la profesora de Literatura Mercedes Riba Hernández. Cuenta en él la historia de aquellas pioneras que partieron antes incluso de que Alemania y España hubieran firmado los acuerdos de migración. En Alemania se necesitaban con urgencia trabajadoras del textil, una industria antaño floreciente en Béjar que había ido cayendo en picado.

En aquel país aprendieron a ser más libres y no fueron pocos los matrimonios mixtos que se formaron. Algunas, explica Riba Hernández, huían de maridos maltratadores de los que no podían divorciarse en España, “de presiones familiares y sociales, de la mediocridad provinciana y de las estrictas normas de la moralidad nacionalcatólica”. Por fin solas en los bares, fumando si querían y vistiendo lo que les daba la gana. Una exposición, que se inaugurará simultáneamente el 3 de junio en el Museo de la Industria Textil de Béjar y en la biblioteca de la Bergische Universität Wuppertal alemana, recuperará aquella memoria.

Cuando Casilda Hervés, hoy de 80 años, dejó de llorar en aquel tren y arribó a la estación de Lyon pasó las de Caín porque no daba con su marido. Pensó: “Yo aquí no me quedo”. Pero Francia le abrió un mundo nuevo. “Me acordaba de mis hijas día y noche, pero puedo decir que tuve buenas amigas francesas. Nos íbamos a las tiendas a probarnos ropa, no comprábamos ninguna, pero eso ya era mucho”. “Las francesas eran libres, nosotras estábamos atadas, ellas no dependían de nadie y a mí tampoco me gusta que me manden mucho, a ellas no les importaba lo que dijeran los demás, aprendí mucho”, se ríe. “Soy feminista desde entonces”, asegura.

Casilda miraba los niños de su amiga Nicole, de la misma edad que las suyas. “Me gustaba mirarlas”. Pero también sacó tiempo para revolucionar su empresa y fue “la culpable de que se montara un sindicato allí”. “A mi marido se le metió en la cabeza que había que regresar, decía que había ganado más dinero en España a la vuelta que en Francia, pero, si te digo la verdad, más me habría valido llevarme a mis hijas a Francia”, cuenta por teléfono. Empoderada, politizada y con conciencia de clase, Casilda siguió manifestándose en Galicia cuando tuvo la oportunidad. Se acordaba de cuando cuidaba vacas con su madre y una pareja de la Guardia Civil dio una paliza a un hombre en el campo. “Y no podías hablar”. Era muy niña entonces y Francia la cambiaría por completo.

Las Casas de España y los curas

La política nunca estuvo ausente del todo entre los emigrantes, a pesar de que ellos sabían bien a qué habían ido: trabajo y ahorro. Pero el franquismo no quería que esas influencias libertarias volvieran a casa con ellos y trató de amarrar la moral mediante el folklore en las Casas de España y el envío de decenas de capellanes que conservaban las tradiciones religiosas, pero que, a la postre, le salieron rana al régimen y colaboraron para paliar las carencias de los españoles en el extranjero, como los curas rojos de las periferias urbanas en el fin de la dictadura.

El dibujante Kim, autor de las famosas viñetas de Martínez el Facha y de varios libros, también se fue a Alemania en los sesenta. Él era distinto, tenía 19 años y estudios. Pensó en sacar algún dinerillo. Vio aquellos albergues donde se hacinaban los españoles y cómo un día llegaron unos falangistas a inocular moralina y fueron expulsados a tomatazos. “¡Vosotros me matasteis a un hermano!”, les gritó alguno. Recuerda las mafias que falsificaban los documentos de los emigrantes para borrar la palabra “turismo” y poner “trabajo”; recuerda también a los españoles frente a los pollos que daban vueltas en el asador mirando con cara de hambre; la megafonía que les pedía no orinar en el parque y hacer uso de los servicios públicos; los rememora tumbados sin nada qué hacer en sus pocos ratos libres escuchando emisoras españolas de canciones con dedicatorias para los emigrantes. Y cómo él les escribía y leía las cartas. De todo aquello salió un libro ilustrado, Nieve en los bolsillos. Alemania, 1963 (Norma Editorial). Las historias de los emigrantes podrían llenar una biblioteca entera.

“Lo que tenemos ahora en España no es una invasión, es un drama, una oportunidad y una necesidad”, concluye Riera Ginestar, a quien le gustaría que su libro, riguroso y lleno de curiosos detalles desconocidos para el común, sirviera para “tomar conciencia de que aquello fue, se está repitiendo y puede volver a repetirse, como la propia historia”. Si algo diferencia aquella migración de la que se vive hoy, reflexiona, son los niños que llegan solos a España ahora, dice el autor, “y quizá la solidaridad, que no se da como entonces, cuando vemos a algunos explotando a sus compatriotas”. Salvo eso, España fue un país de emigrantes, aunque ahora no quiera ya mirarse en aquel espejo.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

NOES


Los que dijeron que no (y los que no)
Sánchez, León XIV, Anthropic, Jerome Powell... estos tiempos peligrosos reclaman plantarse.
Andrea Rizzi, 11.04.2026

A estas alturas a nadie se le escapa que vivimos tiempos excepcionalmente peligrosos. No, no estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial. Pero hay que ser ciegos —o tener mala fe— para no entender que afrontamos riesgos muy graves. Tiempos como estos son un enorme flash moral, que retrata a cada cual, los agachados y los de la espina dorsal recta. En otros momentos más tranquilos es posible camuflarse en zonas de penumbra. Pero en estos, no.

En el caso de Irán, no hay ninguna duda de que la historia recogerá dos figuras sobresalientes en su capacidad de decir que no. Una es Pedro Sánchez. Como esta columna ha comentado en el pasado, hay motivos de sólida crítica sobre su ejercicio de gobierno por incumplimiento de promesas —la amnistía a los condenados por el procés— responsabilidades in eligendo e in vigilando —Ábalos, Cerdán…— e incluso de incoherencia en la misma política exterior —la blandura con Marruecos sobre el Sáhara Occidental—. Pero su posición sobre Gaza e Irán quedará en los libros de historia como admirable, y quien no lo reconoce es solo porque le fastidia. Francamente, suscitar la ira de figuras como Donald Trump y Benjamin Netanyahu es en sí mismo un honor. La otra gran figura es el Papa León XIV, cristalino en su rechazo, una verdadera guía moral en esta cuestión (en otras, la historia es muy diferente) que puede cosechar respeto intelectual también entre los que no somos católicos.

Hay otros en Europa que, aunque de forma más tardía y menos rotunda, han dicho que no. Y es interesante notar que, entre ellos, también hay líderes ultraderechistas. Por supuesto todos —como también Sánchez— tienen su propio cálculo político, pero si se siguen las reacciones de Giorgia Meloni, Marine Le Pen, e incluso Alternativa para Alemania (AfD), el rechazo a la guerra de Trump y Netanyahu es claro y apreciable. El que esas figuras hayan marcado clara distancia de aquel despropósito deja en un lugar aún más patético a Vox, secuaz sin espina dorsal del trumpismo, y, sí, también al PP, protagonista de una vacuidad en política exterior que produce sonrojo al verla, y pavor al imaginarla en el poder.

Fuera de Europa hay otros que han pronunciado noes espectaculares. Uno es Mark Carney, con ese inspirador discurso en Davos y varios gestos de resistencia. Pero, luego, en un momento decisivo, no llamó a las cosas por su nombre —como exhortó a hacer en el foro alpino invocando a Havel— y secundó, al menos al principio, el ataque ilegal contra Irán, evitando definirlo por lo que es. Otros son los líderes de Anthropic, que se han negado a someterse a las exigencias del Pentágono trumpista —al contrario de OpenAI-. Jerome Powell, el presidente de la Fed, también ha dicho un grandioso “no” ante las presiones de Trump sobre los tipos de interés, y cabe intuir que el general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército de EE UU, tuvo que decir otro extraordinario —y por eso fue destituido hace unos días por el bastante menos extraordinario jefe del Pentágono, Pete Hegseth—. De nuevo, una ira suscitada que les honra.

Este fin de semana se celebran elecciones en Hungría, otro lugar que recuerda la extraordinaria peligrosidad de estos tiempos para los europeos. Al respecto, cabe recordar que el Partido Popular Europeo mantuvo al partido de Orbán sin problemas en sus filas hasta el 2019, cuando fue suspendido (pero no expulsado). Fidesz salió de la familia en 2021. Ese “no” debería haber llegado antes. Toda la admiración para quienes se han opuesto en todos estos lustros de gobernanza abusiva, desleal, de tintes mafiosos, así como a aquellos que se opusieron al PiS en Polonia y, sobre todo, aquellos que en Ucrania con valentía física resisten contra Vladímir Putin. Conviene una mención aquí para cierta izquierda extrema europea que no quería prestar apoyo militar a los ucranios, lo que habría supuesto la subyugación completa del país al régimen putinista, un paraíso progresista de derechos e igualdad.

Hay otros noes importantes. Los países del Este tuvieron razón en decir que no a cierta visión sonámbula de las relaciones con Rusia. Y Emmanuel Macron tuvo razón en decir que no a cierta visión cómoda de la relación transatlántica, abogando por la autonomía estratégica europea ya en 2017, en su discurso en la Sorbona, al principio de su presidencia. Nadie le hizo adecuadamente caso. Si hubiese ocurrido, hoy estaríamos mucho mejor. Alemania ha estado en el lado equivocado de la historia en ambas cuestiones, lo que no excluye importantes aciertos como la aceptación de los eurobonos pandémicos y la apertura de puerta a los sirios, que tantos otros mantuvieron cerradas con infamia.

Esta semana, al recoger el primer Premio de Ética Periodística ‘Aurelio Martín’, Soledad Gallego-Díaz, referencia para muchos en nuestro oficio, señaló que para un periodista hacer lo que quiere es muy difícil y no depende solo de uno mismo, pero decir que no, negarse a algo que no está en la ética del oficio, siempre se puede. Tal vez sea difícil, pero se puede, depende de nosotros.

Decir noes de gran altura moral no significa ser personas impolutas: pueden tener otros mil flancos criticables. Asimismo, haber cometido errores en el camino, haber fallado otras veces, no incapacita para conseguir entonar grandes noes más adelante. Quien escribe también está en ese aprendizaje. La belleza de la vida reside en ofrecer cada día una nueva oportunidad. Vivan, y digan grandes noes, que los tiempos lo requieren.

LA CENA


El precio fue carísimo, casi imposible de pagar. La comida buena, la conversación interesante y amena hasta que -nadie sabe cómo ocurrió- llegamos al tema de Ucrania, y por ende la situación mundial, y a esa pregunta que no debieron poner sobre la mesa: ¿quién ha perdido en Ucrania con la guerra? Estaba formulada para que la obvia respuesta fuera "Europa", pero yo me adelanté y dije: "los ucranianos".
La cagué, hablando claro. El clima de tranquila frivolidad se quebró y empezó una discusión acerca del sentido de las guerras actuales, del papel que jugaba Europa en ellas, de Estados Unidos, Israel, Rusia, China... Cállate, me decía, estás en minoría aplastante (los que hablaban y yo), sonríe, asiente, sé educado que estás en casa ajena, no te importe que te traten con condescendencia. Y claro, uno es como es y no me callé, me fue imposible. La economía (el dinero, el poder) era la respuesta a todo, o el origen, lo mismo daba. No importaban figuras como T, o Putin o Netanyahu, todos parecían ser unas marionetas de no se sabe quién; yo refutaba lo que me decían, hablaba de Historia, de democracia, de elecciones, del sistema (del relato, se dice ahora, según parece) y, sobre todo, de valores, que es siempre lo que acabo defendiendo. Valores y avances sociales por encima de la economía -ingenuo, me llamaban-. Sí, soy un ingenuo pero no soy proselitista ni lo pretendo, no intento convencer a nadie con mis absurdos argumentos, naif si quieres, pero míos al fin y al cabo. Más fácil y cómodo sería asentir y silbar, lo sé. Pero puedo ser todo menos tibio.

De algunos se dice aquello de si te los encuentras en una escalera no sabes si suben o bajan, otros optan por la famosa frase respuestapanacea a todas las preguntas: si es que son todos iguales, y quedarse tan panchos. No tomar partido es una de las pocas cosas que logran sacarme de quicio, creo que desde niño, quizá fuese porque cada uno va forjando su carácter y su personalidad, desgraciadamente, siguiendo la la tercera Ley de Newton. Esta forma de ser, este "estar", suele traer siempre problemas, pero es el precio que pagamos por dormir plácidamente o al menos intentar tener la conciencia tranquila. "Ya sabes que no soy un florero", decía recurrentemente a alcalde y concejal cuando me invitaban a una reunión y daba mi opinión bajo sus miradas inquisidoras;: si me llaman yo voy, pero diré lo que pienso. Así me fue.

Dante lo deja ver de maravilla, describiendo a los ignavos como almas que en vida nunca toman partido ni por el bien ni por el mal. Él desprecia a estas personas tanto como yo lo hago, tanto que no las envía al infierno sino las deja en el vestíbulo, no las deja cruzar el río Aqueronte y las hace sufrir un castigo simbólico, correr eternamente detrás de banderas sin significado y que cambian de dirección constantemente. Castigo que refleja sus vidas, siempre persiguiendo cosas vacías, sin rumbo ni convicción. La indiferencia moral es despreciable y no merece ni gloria ni infamia. Esta gente representa la cobardía moral y la falta de compromiso, sumergidos en existencias sin sentido, reflejo de la vida que eligieron vivir. Todo esto implica la traición a la condición humana, que exige juicio y acción. Seguiremos asistiendo a innumerables cenas donde pagaremos un precio, más o menos alto, y sentándonos en la misma mesa con personas, incluso con amigos, que evitarán deliberadamente elegir, incluso cuando la situación lo exige, que priorizarán su comodidad o seguridad personal por encima de cualquier principio, que se escudarán en frases como "todo da igual", "son todos iguales", "no me meto en eso" o "no es asunto mío".  

La otra opción es peor, no aceptar nunca invitación alguna, ni a a reuniones ni a nada que implique ser o estar. Ahora, nos quedaríamos sin cenar, eso seguro.

sábado, 11 de abril de 2026

2 NUEVOS MIEMBROS


HUMOR, REMEDIO INFALIBLE



ALLÁ POR JAÉN


Sirva esta pequeña crónica para alabar las maravillas de éste, nuestro último viaje, a tierras andaluzas, esta vez en Jaén. Comienza como no podía ser de otra forma, visitando a la familia en Cartagena, al llegar y al despedirnos, visto y no visto, un viaje tipo sándwich. De entrada el tiempo, bueno, nos acompañó prácticamente todo el tiempo, nos libramos de una buena según auguran los agoreros para estos próximos que nos llegan. Así, con buen tiempo, nos dispusimos a comenzar un viaje que nos llevaría por tierras jienenses a Úbeda, Baeza y a Baños de la Encina desde donde retornaríamos a Cartagena y de allí a casa. Un viaje demasiado corto para tantos aviones y escalas, pero sarna con gusto no pica. seguiremos esperando la llegada del teletransporte.
Andalucía es siempre una apuesta segura y Jaén no lo iba a ser menos. Allí huele a aceite y a Historia, a moros, cristianos y judíos, a palacios, piedra y ladrillo, castillos y caballeros, burros y caballos; un viaje perfecto para seguir leyendo El Quijote, que aunque no fuere allí donde aconteciera tanta fazaña, bien valdría también Úbeda para empezar, Baeza en el intermedio y Baños de la Encina como despedida.
Con la mosca detrás de la oreja por si nos cruzaríamos en nuestro primer destino con "el pariente de Úbeda", cosa que no ocurrió (¡Ah!, ¿eres canario? Yo conozco a un médico canario que se llama Pepe, igual...), llegamos con el tiempo justo para comer en el mismo hotel, descansar un poco y salir a pasear en nuestro primer encuentro con la ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2003. Puro renacimiento magníficamente conservado. ¿Quién no ha soñado alguna vez con pasear por sus cerros? Un trozo de pan, rico rico, con un chorro de aceite de oliva ya supone el aperitivo perfecto. Yo comí gambas de cristal rebozada y pez espada, lo poco que había para escoger donde la carne, la de ciervo en particular, es la reina absoluta.

El origen etimológico del topónimo Úbeda nos conduce a pensar en su significado en alguna lengua paleohispánica, concretamente a la Oretana. Existe documentación sobre la ciclópea "Torre de Ibiut", milenaria construcción defensiva en la Loma, donde surgió la ciudad y el topónimo. Después el tiempo corrompió el término que fue cambiando de Bahud, Betul, Betulon, Betula, Ebdete, Idubea, Obdah, Ubadzza hasta castellanizarlo como como Vbeda.

Imposible continuar el paseo por Úbeda sin hacer un sucinto recorrido por su historia: Prehistoria–siglo I a.C.: asentamientos íberos; presencia romana. Siglos VIII–XIII: etapa musulmana (al-Ándalus), ciudad fortificada. año 1233 (siglo XIII): conquista por Fernando III el Santo e incorporación a Castilla. Siglo XVI: esplendor renacentista con Francisco de los Cobos y Andrés de Vandelvira. Siglos XVII–XIX: declive. 2003 (siglo XXI): reconocimiento por la UNESCO junto a Baeza. 
Aquí van también algunas curiosidades de interés que animan este texto: en el año 1091, Alfonso VI consuma su discordia con el Cid en Úbeda. En 1212 se libra la batalla de las Navas de Tolosa también llamada batalla de Úbeda, siendo la ciudad asaltada, saqueada y destruida y prácticamente toda la población junto con los refugiados de Baeza, son pasados a cuchillo por las tropas cristianas. Dos años más tarde los Almohades la recuperan. En 1369, el rey Enrique II le restituye el título de ciudad, otorgándole su actual escudo de armas, distinguiéndola con el Lema de «Muy Noble, Muy Leal y Antigua Cibdad, reparo y ensalzamiento de los Reinos de Castilla». Posteriormente, en 1489, los Reyes Católicos visitan la ciudad y he aquí que cuenta la leyenda que frente a la Puerta de Granada, la reina Isabel prometió por primera vez no cambiarse de camisa hasta expulsar a los moros de sus dominios. En 1530 se prohíbe la construcción de balcones en voladizo para no quitar el sol y la luz a las calles.
Respecto al famoso dicho «andarse por los cerros de Úbeda», éste tiene su origen en la reconquista a los almohades de la ciudad jiennense de Úbeda, acontecida en 1233. Parece ser que uno de los más importantes capitanes del rey Fernando III "el Santo", Álvar Fáñez, desapareció instantes antes de entrar en combate y se presentó en la ciudad una vez que esta había sido reconquistada. Al preguntarle el rey dónde había estado, el otro, ni corto ni perezoso, contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda. La frase fue tomada irónicamente por los cortesanos, pues los cerros de Úbeda, aunque tienen entidad, no son suficientemente grandes como para justificar el extravío de los soldados y se perpetuó como signo de cobardía.
 
Bueno, ya a partir de aquí sólo nos queda disfrutar de los maravillosos paisajes ubetenses.



















































Recorrimos Úbeda intercalando la ciudad de Baeza entre medio, adónde fuimos a pasar una mañana completa para comer allí antes de regresar al hotel. Declarada igualmente Patrimonio de la Humanidad, destaca a su vez como centro de producción de aceite de oliva. Denominada por el romancero Nido Real de Gavilanes merced a las hazañas de la Compañía de los Doscientos Ballesteros del Señor Santiago, fue un punto clave en la conquista de al-Ándalus por los reyes cristianos; pasando definitivamente al reino de Castilla en el año 1226.
Veamos el obligado resumen histórico baezano: Prehistoria–época romana (hasta siglo V): asentamientos antiguos; ciudad conocida como Vivatia. Siglos VIII–XIII: etapa musulmana (al-Ándalus), importante núcleo agrícola y defensivo. Año 1227 (siglo XIII): conquista por Fernando III el Santo e incorporación a Castilla. Siglos XVI–XVII: esplendor renacentista y cultural (destaca la universidad y figuras como Antonio Machado, ya en época posterior). Siglos XVIII–XIX: decadencia económica. 2003 (siglo XXI): declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto a Úbeda.

En Baeza pueden contemplarse restos de la Edad del Bronce, de la Época Romana, y de la Hispania visigoda, islámica y cristiana. No obstante, el más rico patrimonio monumental conservado corresponde a los diversos estilos artísticos presentes en la Baeza cristiana: desde el tardo-románico, gótico, renacentista, manierista, barroco y neoclásico.
Antonio Machado fue profesor de francés en su Instituto y le dedicó unos versos en "Campos de Castilla": 
Esta Baeza, que llaman la Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Artes, varios colegios de Segunda Enseñanza, y apenas sabe leer un treinta por ciento de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta.

 

































































De vuelta a Úbeda...

































Y henos aquí que nos encontramos para despedirnos en Baños de la Encina, para empezar disfrutando de las vistas del magnífico Castillo Burgalimar, joya musulmana de Sierra Morena. Rodeado y flanqueado por una robusta y almenada muralla con catorce torres, más una decimoquinta torre del homenaje cristiana, el castillo apenas ha sufrido daños, ya sean causados por el tiempo o la acción humana. Representa por tanto un ejemplo perfecto de fortaleza andalusí del siglo XII, al mismo tiempo que posiblemente es uno de los castillos musulmanes mejor conservados de toda España. Su inestimable valor histórico y artístico es la razón por la que este castillo llegó a ser declarado Monumento Nacional en el año 1931.







Para terminar y después de un tira y afloja para poder entrar, tuvimos la gran suerte de ser los únicos en visitar, con una guía autóctona, de la Ermita del Cristo del Llano (siglo XVII) y su Camarín de la Virgen (siglo XVIII), declarada Bien de Interés Cultural en 2009. El Camarín se emplaza en un prisma de mayor altura que, una vez en su interior, ofrece una espectacular visión del barroco andaluz: la ilusión espacial se hace fastuosa en la bóveda polilobulada sobre trompas en la que estípites, hornacinas y pedestales, en yesería policromada, alternan con alegorías, iconografías de santos y evangelistas y hasta exóticas aves, frutas y vegetales, en un abigarrado decorativismo de estucos que gana aún más en intensidad con la incrustación de espejos. Se trata de un edificio construido en piedra de coloración rojiza de corte y asiento regular, con una nave con coro alto a los pies al que se accede a través de una escalera inserta en un volumen adosado en el lado oeste; crucero y presbiterio elevado sobre gradas, tras el cual se dispone el camarín. La sacristía y las escaleras que conducen al camarín se alojan en espacios adosados en el lado este de la cabecera.
Dicen que un tal Arthur Brisbane, periodista estadounidense, citó la frase "una imagen vale más que mil palabras" en una reunión de periodistas a principios del siglo XX, pero yo me inclino a pensar que pudo ser Calderón de la Barca intentando describir el Camarín a Francisco de Quevedo, en un encuentro que tuvo lugar frente a sor Juana  Inés de la Cruz en su convento. ¿Y por qué no?





















Y hasta más ver, que son señas de volver.

Juan de Arañés, *Chacona: A la vida bona (1580).