jueves, 20 de agosto de 2026

ANCIANOS SOMOS TODOS

He tenido esta tarde, al fresco del  aire acondicionado del coche, como si de un adolescente se tratara, una larga conversación con uno de mis primos -de los pocos que me quedan, todo sea dicho-, a colación de ciertos problemas en una residencia de ancianos.
Mi experiencia con este tipo de instituciones es muy limitada, afortunadamente, sólo las conozco de visita. Como arquitecto municipal hablaba muchas veces de la necesidad de que los municipios tuvieran estas residencias, tanto (o más) que guarderías, vistas las estadísticas de natalidad y esperanza de vida actuales, pero siempre cayó en saco roto; quo modo contra romarias variandosque festos dies contendamus?*
Las mal llamadas residencias de la 3ª edad, que mejor podrían denominarse "Residencias de sabios" necesitan una revisión estructural desde abajo, deben dejar se ser sólo un negocio, porque ganar dinero (no olvidemos que vivimos en una economía capitalista) no puede ni debe estar enfrentado con un trato digno y respetuoso con los que allí residen, personas que en los últimos años de su vida -en muchos casos una vida dura- necesitan atención y, sobre todo, cariño. Ojalá todos pudiésemos pasar nuestra vejez en casa, con gente que nos cuide, pero eso es una utopía, de manera que la Administración debe dotar de una red de establecimientos a la altura que velen por el bienestar de los ancianos -ancianos somos todos, en acto o en potencia- y para que pasen esa etapa de la manera más feliz posible: gerocultores, gerontólogos, geriatras, cuidadores, etc., con una buena preparación y con VOCACIÓN, he aquí el quid de la cuestión. Una esmerada selección de personal que cribe a éste y no sólo acceda a su puesto mostrando (un título, que también) sino demostrando su valía, su asertividad con los ancianos, su bonhomía, entrega y dedicación. No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, ahora o nunca. Llámese Ley de Zeus o simplemente de humanidad básica.  
No se puede permitir que los malos tratos y la mala praxis aflore únicamente cuando se graba o se filma con cámaras ocultas porque esto lo dice todo de la Administración y su falta de control.
Cuidar a los ancianos será algún día un trabajo a la altura de un piloto ("yo soy piloto") o de un médico ("soy médico"), poniendo dos ejemplos de la posición de estos en la pirámide profesional. 
"Yo soy gerocultor". Adelante, pase usted primero y gracias por su encomiable trabajo.

*NOTA. Del latín: ¿Cómo competir contra romerías y fiestas varias?
Asaf Avidan, *My tunnels are long and dark these days.

EMOCIONA


Los menores que no querían su traslado a la Península: “Ya tenía media vida hecha en Tenerife”
Más de mil adolescentes se resistieron a su traslado desde Canarias para ser reubicados en otras comunidades por su arraigo en las islas. Muchos lo lograron.
Carmen Morán Breña, 19.08.2026

“Dije que no quería ir a la Península, que yo tenía amigos y familia de confianza en Canarias y también que estaba estudiando y me faltaban dos meses para acabar el ciclo formativo de Electricidad. Lo escribí en un papel y lo firmé”, explica Saliou, resolutivo, por teléfono. El muchacho tiene 17 años y es de Senegal, pero le llaman El Canario, por el acento isleño que se le pegó bien pronto. En medio de la marabunta política por la reubicación de los chiquillos migrantes que saturaban los centros de Canarias, Ceuta y Melilla y debían ser trasladados a otras comunidades, muchos de esos muchachos levantaron la voz. Generalmente, los recién llegados a esas plazas lo primero que preguntan es cómo se llega a “España”, es decir, a la Península, pero no siempre. Algunos, como Saliou, han quedado atrapados en las redes solidarias de familias que no les han dejado caer, que los sacan de excursión con sus hijos los fines de semana, los invitan a comer y les ayudan a sortear las mil trabas burocráticas con las que han peleado para encontrar un hueco en su nueva patria. Ya hablan con acento.

En Canarias se registraron 1.090 alegaciones de muchachos contra su traslado a la Península, 204 en Melilla y ninguna en Ceuta, desde que se puso en marcha el proceso el verano del año pasado. Esas son las cifras a las que ha tenido acceso este periódico, cerradas a 31 de julio. Así que, mientras ciertos presidentes de las comunidades autónomas levantaban su voz para que no les incluyeran en el reparto solidario de menores no acompañados, muchos ni siquiera querían viajar a la Península. Y se les escuchó en gran medida, por el “interés superior del menor”, dice la directora general de Protección de la Infancia y las Familias de Canarias, Sandra Rodríguez González. “No a todos, claro, porque alegar que no quieren salir porque tienen amigos en las islas... pues no es determinante, pero sí, se les escuchó”, afirma.

En los meses posteriores al decreto gubernamental, cuando los menores iban llegando a la Península, de tarde en tarde saltaba a los noticieros la actitud poco edificante de algunos alcaldes que no los querían en su pueblo. Ciertos vecinos ponían el grito en el cielo y montaban espectáculos nada ejemplares. En Canarias se armó un verdadero escándalo, pero por razones distintas: decenas de familias pelearon para que no se llevaran a los chicos con los que ya habían trabado relaciones de cariño, a los que veían enderezar su vida día a día con los estudios, arraigarse en el barrio con los amigos, con el equipo de fútbol. Pasaron de ser tímidos adolescentes salidos de una patera a mostrarse confiados, peleones y cabezotas, como cualquier otro chico de esas edades. Y si bien es verdad que algunos decían sí y luego no y luego otra vez sí cuando se les seleccionaba para ir a la Península ―como recuerda la directora general canaria― otros lo tuvieron claro desde el principio.

Babacar Gueye tenía el año pasado 17 años y ya llevaba en Canarias “tres y pico”. Había encontrado un empleo de camarero y ni la presencia de un hermano en la Península le convenció para dar el salto. “Fui con la directora de mi centro de menores a la dirección general y les dije que tenía un buen trabajo, que tenía dinero, que no quería tener que empezar de cero. Yo siempre estuve en Tenerife. Lo alegué y firmé”. Tiempo después, cuando ya había “olvidado el tema”, le volvieron a llamar con idéntico motivo y ahí contó con la ayuda de su familia de confianza, de abogados amigos y de nuevo obtuvo su propósito. Sigue trabajando de camarero en un buen ambiente, “con un jefe maravilloso” y con colegas que son, dice, “una familia”.

“No se les obligó nunca a tomar un avión si no querían, ni hemos recibido comunicación de ninguno que quiera volver. Las comunidades han hecho un trabajo importante”, asegura la directora general. Pero si bien hubo casos polémicos de difícil adaptación, gritos de alcaldes y recursos de las comunidades autónomas de acogida, el trabajo se ha ido haciendo en los niveles inferiores, con un funcionariado eficiente y alejado del ruido político. Así lo manifiestan también en Ceuta.

Muchos de aquellos muchachos fueron cumpliendo la mayoría de edad a medida que se completaban los trámites y tuvieron que quedarse en las islas, donde se han organizado para que puedan trabajar y tener acceso a una vivienda, explica la directora general: “Algunos han estado viviendo en hoteles que les daban formación para la hostelería y trabajan allí”. “Y hemos abierto cerca de 10 centros con 200 plazas para que puedan alojarse”, añade, porque deben salir de los establecimientos para menores al cumplir los 18. Rodríguez explica también que a otros extutelados los han sacado a la Península con una red de apoyo ya constituida, para la que han contado con ayuda “de empresas o de organizaciones como Cáritas”. Se trata del proyecto Urdimbre, con el que buscan trabajo y vivienda para ellos en la otra orilla española.

Los profesores han sido en Canarias una buena red de apoyo para los menores que se matriculaban en sus centros y en los que pronto atisbaban aptitudes para el estudio. Saliou ha completado con éxito su grado medio en Electricidad y, después de no pocas vicisitudes, este año podrá jugar al fútbol ya sin las trabas que impuso la FIFA. Está feliz y se le nota hasta por teléfono. “Ahora llevo dos semanas trabajando en una empresa de electricidad. Yo quería matricularme en el Grado Superior, pero no hay plazas”, explica, poniendo de manifiesto uno de los grandes problemas con los que chocan los migrantes más jóvenes en España. El plan de Integración y Ciudadanía que presentó el presidente Pedro Sánchez a finales de junio, dotado con 505 millones de euros en su primer año, establecía la creación de 100.000 nuevas plazas de Formación Profesional para la integración de estos muchachos en sectores de mayor demanda. Pero la legislatura corre.

Y la vida de estos jóvenes también. Saliou se quedó, Babacar sigue en su restaurante y Abdoulah también lo logró y pudo acabar su ciclo básico de Formación Profesional y ahora espera matricularse en el grado medio. Mientras, trabaja en una panadería, “horneando”, y juega al fútbol. “Yo siempre soñaba con ser jugador profesional, pero bueno, ahora tengo una vida mejor y puedo ayudar a mi familia. Allí en Mali tengo siete hermanos y aquí en Canarias, un hermano y dos hermanas”. Abdou cumplió 18 y su familia de acogida le ofreció la vivienda para que se quedara con ellos. “Se lo agradezco muchísimo. Yo no quería ir a la Península porque ya tengo media vida hecha aquí y no quiero empezar de nuevo”. Lejos quedan aquellos días largos de la patera, prácticamente perdidos en el mar. “Se rompió el mapa, no sabíamos llegar, estuvimos cinco días en el agua, algunos sin poder comer ni beber. Cansadísimos. Fue difícil. Una historia larga. No quiero hablar de ello”.

REÍR POR NO LLORAR

 

SOMNÍFERO

Los vuelos de BINTER entre las islas son mis somníferos naturales: ni pastillas, ni alcohol, ni nada. Es sentarme y aguantar a que las azafatas larguen su speech de seguridad para quedarme traspuesto. Tanta es la rapidez que hace un par de vuelos me sentaron en la fila 4 —se me debió de haber olvidado asignarme asiento—, y cuando la azafata empezó a repartir el donut o los munchitos (no recuerdo a qué hora era el viaje) desde la fila 1, cuando llegó a la 4 yo ya estaba en la Luna. Abrí los ojos al escuchar el crujido de las papas o tal vez el olor del dulce, y la señorita andaba ya por la fila 8, calculé.

Como me desperté del sueñecillo ligeramente alarmado, hambriento, sediento o todo lo anterior, no pude conciliarlo de nuevo y abrí el libro que llevaba en la bolsa de tela de STRAND —la de los perritos, que uso cuando traigo café de Tenerife—: Manolito Gafotas, esa delicia de Elvira Lindo que se lee de maravilla en cualquier avión cuando uno viaja por este mundo mundial, sobre todo si lo hace con la cabeza llena de datos, de presión cual olla a ídem o de fechas de entrega. Sí, problemas de ricos, lo acepto.

miércoles, 19 de agosto de 2026

18 MESES

AY MADRID, MADRID, MADRID

BUENA FILOSOFÍA

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

MORGAN





NI UN ALMA

BEAU!


JUAN TAMARIZ, DEP





 

DOS LAGARTOS


Yo no creo en nada. Bueno, no es del todo cierto, creo en el karma -o quiero creer en él- y también en la buena gente. El karma se resiste a cumplir su cometido y es leeeeento; respecto a la buena gente, en general he tenido suerte, ni puedo ni debo quejarme.

¿Conoces a una persona de esas que, cuando la ves, te produce un rechazo automático? Afortunadamente, esta gente no suele abundar en tu vida -al menos no en la mía-, pero como las meigas, haberlas, haylas. Cuando te cruzas con ellas se te oscurece el día, se nubla, te quita hasta el apetito.

Hoy tuve una mañana con uno de estos encuentros que, como una gota de tinta china en un vaso de agua, llama mucho la atención en el momento, pero luego se diluye y desaparece; no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, dice nuestro refranero. Este momento efímero pasó y seguí disfrutando de la compañía de mis antiguos compañeros de trabajo, con los que estaba tomando un café y poniéndome al día, siempre un rato de lo más placentero.

El resto de la mañana, todo a contrarreloj: una reunión y una visita de obra que, por cierto, va muy bien. Tras mi revisión dermatológica anual, ya solo me queda volver al centro de salud para que me miren el oído derecho, que, aunque con algo menos de sordera que hace unos días, no me fío del todo. ¿Me habrán echado un mal de ojo? ¡Lagarto, lagarto!

Recuerdo que en mi antiguo despacho del Ayuntamiento, antes de mudarme al de la planta de arriba y por aquello de la cercanía, tenía colgada junto a una jamba de la puerta una ristra de ajos. Creo que aquello fue lo que me salvó; una estaca de madera hubiera llamado demasiado la atención y no era cuestión de asustar a los pobres ciudadanos que iban a contarme sus problemas. Me pregunto a quién se los contarán ahora...

lunes, 17 de agosto de 2026

OSCURA FUE NUESTRA NOCHE...


Saturno siendo devorado por sus hijos
Las instituciones liberales parecen incapaces de formar élites que garanticen su supervivencia frente el auge ultra.
Pau Luque Sánchez

De la última hornada de líderes políticos a menudo descritos como fascistas, solo hay uno que haya tenido formación fascista y de quien se pueda decir que es biográficamente fascista. Curiosamente, esta última persona es, de la camada en cuestión, quien menos se ha comportado como un mandatario fascista.

Las políticas de Giorgia Meloni, militante histórica del fascismo italiano, son, a grandes rasgos, homologables a las de los grandes partidos conservadores europeos (ella misma dijo que, de ser británica, sería tory). Incluso en la crisis ceutí, Meloni puso parcialmente en marcha un mecanismo previsto en el derecho comunitario en relación con el tratado de Schengen. Una jugada indigna, innecesaria y peligrosa, propia de quien está en precampaña electoral, pero no fascista. Así que Meloni es fascista, pero su Gobierno no lo es.

Trump, Milei u Orbán, a diferencia de Meloni, recibieron una formación liberal en el sentido político. Y, sin embargo, son quienes han hecho y hacen las políticas más iliberales, autoritarias y a ratos fascistoides (cómo denominar si no las cacerías del ICE en Estados Unidos).

La formación de Orbán fue incluso exquisitamente liberal: estudió en Oxford gracias a una beca de una fundación de George Soros, cuya Universidad, la Central European University, fue expulsada de Hungría en 2018 gracias a la presión de... Orbán. Si la historia de las instituciones de formación liberal pudiera ser capturada en una sola imagen, sería la del reverso del cuadro de Goya: aparecería Saturno siendo devorado por sus hijos.

¿Qué ocurrió para que las instituciones liberales parezcan ahora incapaces de formar élites que garanticen su propia supervivencia?

Manejo la combinación de tres conjeturas como respuesta. Es el constreñimiento de estar en la UE lo que evita que, una vez en el poder, te comportes como un fascista. Esta hipótesis tiene el inconveniente de que deja en parte inexplicado el caso Orbán. Al mismo tiempo, explica por qué Orban no llegó más lejos.

Cabe preguntarse si la UE podría seguir siendo un genuino contrapeso en un escenario en el que no sólo Italia, sino las otras tres grandes economías de la Unión (Alemania, Francia y España) estuvieran gobernadas de manera afín a Trump y compañía. Si el próximo año Le Pen gana la presidencia francesa, podremos comprobar cuánto se eleva el plato de la balanza de la UE. Sospecho que la Le Pen presidenta se parecerá más a la primera ministra Meloni —cuando no está en precampaña electoral— que a Orbán. Sería la consolidación de un discurso que ha llevado a que su partido (RN) tachara las famosas palabras de Rajoy sobre la selección de Francia como racistas, escandalosas y lamentables.

Le Pen tiene una tarea: decidir definitivamente si quiere transformar las instituciones liberales para que se parezcan a ella o si es ella quien se transforma para parecerse a las instituciones liberales. No hace falta explicar la diferencia entre parecer y ser, pero conviene recalcar que el peso de la UE conmina a lo primero y empuja hacia lo segundo.

La segunda hipótesis descansa en parte en mi condición de italianófilo recalcitrante. La sabiduría política de los italianos es tan comparativamente superior que incluso quienes se han formado en el fascismo, como Meloni, tienen interiorizada cultura institucional, sentido de Estado y consciencia, maltrecha pero aún presente, de las virtudes del mundo liberal heredado de la Segunda Posguerra Mundial. Parece que se reeditará, una vez más, la increíble capacidad de Italia para sobrevivir a los temblores de la historia.

Esto se resume en un antiquísimo proverbio sefardí que me inventé cuando viví en Italia: “Todo lo que pasa, ya pasó en Italia”. Resumiendo con mucha austeridad: sobrevivir a la caída del Imperio Romano, a dos décadas de fascismo organizado, al colapso de la denominada Primera República por el escándalo de Tangentópolis y al primer magnate televisivo y especulador inmobiliario que llegó a ser primer ministro (Silvio Berlusconi). Ahora hay indicios plausibles de que las frágiles instituciones liberales de la Italia de la Segunda República sobrevivirán a su primer primer ministro con formación fascista.

Tal vez lo que hace falta para que las instituciones liberales perduren no es una formación liberal, sino una formación en la cultura del poder. Los italianos saben acomodarlo y desacomodarlo. Saben fragmentarlo. Saben adaptarlo al contexto. Su problema es, quizás, que nada conocen en la misma medida que el poder. Y esto garantiza que puedas sobrevivir como país, pero no muchas cosas más.

La tercera y última conjetura es la más especulativa. La formación liberal puso todo el énfasis sobre todo en tres cosas: moral, argumentación y racionalidad. Cambió así los términos de la conversación: la política ya no iba de política; iba de tener razón.

Pondré un ejemplo para ilustrar las nefastas consecuencias de esta mutación. Según cuenta el negociador palestino Hussein Agha, uno de los autores del imprescindible Tomorrow is Yesterday, en los sucesivos y fracasados encuentros por la paz arabe-israelí de los años noventa e inicios del siglo XXI ocurrió algo inesperado. Agha se entendió mejor con los conservadores israelíes que con algunos liberales israelíes. Mientras los primeros al menos pretendían negociar algo, los segundos sabían qué era bueno para ellos y bueno para ti y, por tanto, no dejaban nada para negociar. Puede que, por mor de la provocación, Agha exagere un poco (hipérbole que quedaría acreditada por la crónica de esos mismos acontecimientos de Shlomo Ben-Ami en Profetas sin honor). Pero captura bien cómo el tono de arrogancia racional y soberbia moral de los liberales es políticamente fatídico y autodestructivo.

En la formación liberal de segunda mitad del siglo XX se privilegió hasta tal punto la coherencia discursiva, la solemnidad y la innegociabilidad de las verdades morales que fueron relegadas del mapa las materias primas de la política: la traición, el compromiso o la negociación. Los currículos liberales proporcionaban una cultura de la razón, pero sus mejores estudiantes se licenciaban careciendo de una cultura política.

¿Qué decir entonces de sus malos estudiantes? Trump, Orbán o Milei fueron arrojados al mundo adulto sin una cultura política —y, por tanto, sin el más básico sentido de Estado y sin entender el valor de las instituciones liberales—, pero también sin la más elemental cultura de la razón. La combinación de ambas lagunas dio un resultado siniestro.

La razón por la que Meloni se atraganta un poco menos que Trump, Orbán o Milei es una combinación, a mi juicio, de lo anterior: el constreñimiento de las instituciones de la UE y el haber tenido una educación político-sentimental que consiste en una amalgama de la mejor versión del maquiavelismo, el catolicismo y el comunismo, tres buenos ejemplos de comprensión del poder (ajenos, por lo demás, a convertir el poder en un fetiche, como sí hicieron los fans de Schmitt o Laclau).

El liberalismo político no debería ser entendido como una scuola di vita; tampoco como el forjador de instituciones cuya primera virtud sea la justicia, sino, a la manera de Judith Shklar, como una barrera institucional para proteger a los más desamparados. Hablando en plata: la separación de poderes no es una verdad moral, sino un arreglo político e histórico.

La noche de los Trump, Orbán y Milei terminará. Y cuando amanezca deberíamos estar preparados para aceptar que una formación liberal no debería enseñar nada distintivamente liberal; debería enseñar qué es el poder y cómo usarlo para preservar las instituciones liberales. De lo contrario, nos pasará como en aquella vieja canción de Nick Cave cuya letra dice que oscura fue nuestra noche, pero más oscuro será nuestro día.

Pau Luque es investigador de Filosofía del Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su último libro es Ñu. Un problema para cada solución (Anagrama).