miércoles, 28 de octubre de 2026

MIÉRCOLES


Termino de leer la estupenda novela "Aire de familia" de piperno, llena de injusticias revulsivas y, a falta de un capítulo y medio, las dos temporadas de la exuberante y magistral adaptación de "Cien años de soledad" que nos ha regalado NETFLIX, auténtico reflejo de la idiosincrasia humana atemporal.
Por fin recibo unos documentos que permiten terminar un proyecto enquistado, inacabado e interminable; mi intención es dejarlo listo esta semana, aunque aún creo que no tengo en mi poder las mediciones, imprescindibles para que todo encaje.
Esta mañana sí hubo desayuno de Medianoche pero no gimnasio, asuntos mecánicos me lo impidieron. Mañana toca piernas, aunque a mi edad ya no hay posibilidad alguna de que mi cuerpo noserrano se convierta en una papa pinchada.
Sigue el calor, la humedad y la calima mientras sigo luchando por adaptarme a este odiado horario de verano que acorta las tardes.
Por cierto, hoy cocinaré pasta: "espaguetis a la boloñesa", salsa cocinada con soja texturizada. 
Los dejo, debo seguir con la memoria del proyecto.
♫
Rolando Alarcón, *A la huelga.

ALVARO SIZA: ESTO ES UN DESASTRE

 

martes, 27 de octubre de 2026

% DE VOTANTES EN ANTERIORES ELECCIONES

 


EN DIRECTO, 19:24h (HORA CANARIA)

 

GRAFFITI

 






HUMOR NEGRO

 

ALEA IACTA EST

Son todos iguales, no hay escrutinio aún y ya están preparando el terreno. Terrible hasta donde ha llegado la política actual en todo el mundo.
O no saben perder o las elecciones están amañadas, las están robando, la culpa es de Correos o del chachachá.



VIVIR EN NY

MISSING

 Everything but the girl, *Missing.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE





INSTITUTO CERVANTES DE PARÍS


3 MÁS DE MARK FISHER


«Al establecer conexiones entre campos remotos, Mark podía identificar la metafísica de un programa de televisión, las verdades psicoanalíticas latentes en una canción de Joy Division, las resonancias políticas de una película de Kubrick. Siento su ausencia como amigo y como camarada, pero más que nada como lector. Muchos días me pregunto qué habría dicho Mark sobre esto o aquello. Su escritura hacía que todo pareciera más cargado de significados. Leerlo producía adicción.» Simon Reynolds

“Intelectual sin ser académica, popular sin ser populista”: de esta manera caracterizaba Mark Fisher la misión de su labor crítica. Su relación con la vida universitaria había sido siempre incomoda, y fue a partir de descubrir el potencial democratizador de los blogs y de utilizarlo como un conducto para el intercambio entre la cultura popular y la teoría que encontró su medio y su voz. k-punk (primero el nombre de su página, luego una especie de identidad digital alternativa, como las de los productores de jungle que tanto amaba) pronto devino el centro y el catalizador de una comunidad de investigadores autodidactas, académicos desencantados y excéntricos de toda clase que saqueaban la obra de pensadores consagrados en busca de herramientas analíticas que eran utilizadas de modo no convencional.

Al reunir una parte significativa de esa desbordante producción online, además de reseñas, columnas de opinión, artículos activistas y ensayos que publicaba en simultaneo en revistas y libros, esta ambiciosa recopilación se propone reconstruir por primera vez la huella de aquellos años de escritura frenética y contagiosa en las que ya aparecerían sus obsesiones: el modernismo popular, los privilegios de clase, la precariedad y la depresión, las formas poscapitalistas del deseo, la hauntología y el realismo capitalista. Este libro –el primero de tres volúmenes– incluye sus textos sobre literatura, cine y televisión, y cubre un amplio arco de referentes que incluye a autores como J.G. Ballard, Margaret Atwood o Patricia Highsmith, directores como Cronenberg, Marker o Nolan, películas como Stars Wars, Los juegos del hambre o Terminator y programas televisivos como Big Brother, Breaking Bad, Westworld o The Americans.


La coincidencia de la música y la política en este segundo volumen de los escritos de Mark Fisher podría parecer arbitraria. Sin embargo, ese cruce será fundamental para lograr lo que él consideraba un objetivo estratégico: superar el efecto alienante del pensamiento académico y la estética deslibidinizante de la izquierda. Tanto el laboratorio de escritura experimental que fue durante los años ochenta la prensa musical británica como aquellos episodios electrificantes en los que la música popular se convirtió en un catalizador para las tendencias colectivas y sensibilidades radicales son las bases sobre las que Fisher edificó un proyecto que se proponía volver a conectar la crítica cultural con un programa político. El glam de clase trabajadora de bandas como Roxy Music o Visage, el modernismo pulp de The Fall, el culto suburbano a bandas góticas como The Cure, el sonido alienígena del jungle o los paisajes sónicos post-rave de Burial proporcionarán modelos para escapar del agotamiento de la imaginación que impone el realismo capitalista.

K-punk puede interpretarse como un manual sobre cómo escribir crítica cultural en el siglo XXI. Si en el primer volumen comprendimos que la “k” del seudónimo blogger de Fisher refería a kuber (el término griego para «ciber»), esta entrega despeja toda duda sobre el segundo componente. Aquí la estética punk se manifiesta tanto en la prosa afilada con la que demuele a sus enemigos (Tony Blair, la prensa liberal británica, los festivales de rock) como en la urgencia de sus intervenciones, que operan como incisivos comentarios de la coyuntura en tiempo real. Leemos agudas reflexiones sobre resultados electorales o la crisis financiera de 2008, crónicas de los saqueos de Londres en 2011 y glosas sobre su insidiosa cobertura mediática. Este libro nos sugiere también elementos para una certera crítica a la privatización de la educación y de la salud mental, y para un análisis de los efectos nocivos del empleo precario y la adicción a los smartphones. El efecto de lectura refuerza la pregunta que nos acecha desde su muerte: ¿qué pensaría Mark Fisher sobre nuestra catastrófica actualidad? Las últimas entradas de este volumen –sobre ISIS, Trump y el Brexit– nos ayudan a imaginar algunas respuestas.


Si bien el principio que organiza los escritos reunidos de Mark Fisher no es cronológico, este tercer volumen refleja de manera fiel aquellas problemáticas que lo desvelaron los últimos años de su vida. En varias de las entrevistas seleccionadas para este libro, así como en sus numerosas intervenciones online entre las que destacan escritos como “Spinoza, k-punk, neuropunk”, “Bueno para nada” o el audaz, y en su momento muy debatido, “Salir del Castillo de Vampiros”, Fisher confrontaba una vez más con el purismo paralizante de la izquierda. Solo que en esta oportunidad su foco está puesto fundamentalmente en cómo las redes sociales, con sus ejércitos de trolls tóxicos y moralismo de caza de brujas, amplifican nuestros peores impulsos, incentivando por medio de algoritmos la indignación rápida y desmantelando casi por completo todo sentido de camaradería, conciencia de clase y solidaridad. Un fenómeno que, por supuesto, no ha dejado de crecer y que demuestra cuán efectivas son las tecnologías sociales del capitalismo comunicativo a la hora de exacerbar ciertas pulsiones y bloquear otras.

Pero, como suele ocurrir con la obra de Fisher, a la crítica de los mecanismos que empobrecen nuestra potencia política le sigue el señalamiento sobre la positividad de aquello que “el capital se ve obligado a obstruir siempre: la capacidad colectiva de producir, cuidarnos y disfrutar”. En esta última entrega de K-punk, lo que funciona como coda inspiradora y luminosa son las mismas páginas que estamparon el final abierto con el que concluyó su legado intelectual. Nos referimos a la introducción a Comunismo ácido, el libro en el que estaba trabajando al momento de su muerte. Mucho se escribió y se seguirá escribiendo al respecto de su última visión para una política emancipadora. Comunismo ácido iba a ser un programa materialista y psicodélico destinado a liberar la imaginación política del constreñimiento del realismo capitalista, a partir de retomar la revolución social y psíquica que la contracultura de los años sesenta había comenzado y que el neoliberalismo tan eficazmente supo desarticular. Que el proyecto haya quedado inconcluso puede interpretarse como una invitación a continuarlo allí donde él lo dejó, teniendo siempre presente que la invención de un horizonte inédito de activismos culturales y políticos debe exceder la subjetividad de un escritor para volverse una tarea colectiva.

AIRE DE FAMILIA


En ese momento habría dado cualquier cosa por respirarlo profundamente. Si hay una lección que me han enseñado los años, es que el olfato es el sentido de la nostalgia.

No me importó. Al contrario, me pareció embriagador. Los sollozos a los que se abandonó me recordaban de forma inquietante al ataque de llanto que me había deformado las facciones décadas atrás, cuando me di cuenta, demasiado tarde, no tanto de que mi madre ya no existía, sino de que, por muchas vidas que viviera, no volvería a verla.

Nos metimos bajo el edredón. Con toda esa adrenalina en el cuerpo perdí la esperanza de conciliar el sueño. Pertenezco a esa clase de personas ansiosas incapaces de encontrar alivio en la idea de haber sorteado el peligro. Mi mente no dejaba de obsesionarse, de darle vueltas, demorándome en las desgracias que podrían haber ocurrido si las cosas hubieran salido mal.

Aire de familia", Alessandro Piperno.

Frank Barcellini, *Mon oncle.

LEJOS QUEDÓ LO DE ALEJARSE DE VOX


Cristina Monge, 27.10.2026

El acuerdo alcanzado por Partido Popular y Vox para las listas del Senado surge en respuesta a los pactos alcanzados por las fuerzas progresistas para la Cámara alta. Vox renuncia a concurrir en 14 circunscripciones y en otras 14 presenta un solo candidato. El PP, por su parte, hará lo mismo en tres, Gipuzkoa, Girona y Tarragona, un alto precio para un partido de Estado que ha gobernado España más de 13 años y aspira a volver a hacerlo.

Esta alianza tiene sus hándicaps. Parece lógico pensar que los conservadores más templados serán reacios a marcar la equis en los nombres de Vox, de la misma forma que resultará complicado explicar a quienes surgen como una escisión del PP que deben votar por aquel partido del que han huido. Tampoco parece sensato pensar que quienes van a salir de la abstención para unirse al lado pretendidamente “antiestablishment” de Vox puedan apoyar a un partido tan sistémico como el PP. Veremos si el objetivo de acabar con “el sanchismo” es suficiente.

Más allá de cuestiones tácticas, desde el punto de vista estratégico, el acuerdo alcanzado por PP y Vox clarifica mucho más de lo que parece. En primer lugar, una alianza ya clara y firme entre la derecha conservadora, liberal y sistémica que representa el Partido Popular y la ultraderecha de Vox. Podrá pensarse que era previsible tras compartir gobierno en cuatro comunidades autónomas. Ciertamente. Pero ello no permite obviar la distancia que hay entre la estrategia actual de los populares y las declaraciones que tan solo tres años atrás, en la campaña de 2023, hacía Alberto Núñez Feijóo para diferenciarse de los ultras. En aquella ocasión, el líder popular manifestaba su objetivo de “gobernar en solitario” y buscaba conquistar el centro, para lo que necesitaba alejarse de Vox. Hoy todo esto ha cambiado. Así lo muestran los acuerdos PP-Vox en los gobiernos autonómicos, y la asunción cada vez más clara de los marcos de la ultraderecha en temas como la migración, las políticas ambientales, las cuestiones de género o el modelo fiscal. Esta alianza para el Senado es la puesta de largo, nada menos que en la Cámara alta, de esta connivencia previamente establecida.

Si todo esto es posible, no es solo por la necesidad de llegar a acuerdos para gobernar, dada la fragmentación del voto conservador. Si así fuera, se trataría de mera táctica. Una observación de las propuestas políticas y los marcos utilizados muestra algo más. El único leitmotiv conocido de la campaña del PP es acabar con el sanchismo. Poco se conoce de sus propuestas políticas, del modelo social, económico y político que plantea. Un vacío que guarda relación con la profunda crisis ideológica por la que atraviesan los conservadores en el conjunto de Occidente, y que explica, en buena medida, por qué están teniendo tanta facilidad para asumir los postulados ultras. Nostalgia de los conservadores, titulaba en una tribuna en este medio hace unos días el profesor Innerarity. Carecen de una oferta propia, de un programa elaborado desde ópticas conservadoras dentro de parámetros democráticos. Está por ver los resultados que esta alianza PP-Vox obtiene en la Cámara alta, pero el acuerdo es de lo más expresivo. Se trata de una alianza clarificadora.

I♥NY