miércoles, 23 de septiembre de 2026
TRES DE PERROS-3. GENIOS
No pasa nada si tu mascota no es un genio.
The New York Times. Emily Anthes, 16.04.2026
A principios de este año, escribí sobre los perros con talento inusual. Aunque muchos perros pueden dominar instrucciones básicas, estos animales habían acumulado vocabularios enormes y aprendido los nombres de cientos de juguetes. Se trataba, decía el artículo, de una habilidad poco común en el reino canino; en años de búsqueda por todo el mundo, los científicos habían identificado muy pocos de estos “aprendices de palabras superdotados”.
Sin embargo, en cuanto se publicó el artículo, empecé a recibir mensajes de lectores que decían que sus perros también eran prodigios lingüísticos. Y aunque efectivamente algunos de los perros daban la impresión de ser superdotados, parecía estadísticamente improbable que todos lo fueran. Muchos parecían perros perfectamente normales, que habían aprendido a reconocer un puñado de palabras que les importaban, como “paseo” o “cena”.
A medida que llegaban los correos electrónicos, empecé a preguntarme si estaría presenciando una versión canina del efecto “mejor que el promedio”, un sesgo cognitivo en el que la gente tiende a sobrestimar sus propias capacidades y las de sus seres queridos, en relación con las de otras personas. (También se conoce a veces como efecto Lake Wobegon, llamado así por el pueblo ficticio del programa radial de Garrison Keillor donde “todos los niños están por encima del promedio”).
No sería sorprendente que el mismo prejuicio se extendiera a nuestros perros, dado que muchos de nosotros consideramos a nuestras mascotas miembros de pleno derecho de la familia. Pero es un cambio notable con respecto a hace solo unas décadas, cuando incluso los científicos consideraban que las mentes de los perros eran demasiado simples para ser sujetos de estudio interesantes.
Esa suposición resultó ser asombrosamente errónea, por supuesto. Las investigaciones revelan ahora que los perros son capaces de todo tipo de hazañas cognitivas sofisticadas. Destacan en la interpretación de señales sociales humanas, como los gestos al indicar y la dirección de la mirada, por ejemplo, y son capaces de hacer inferencias lógicas sobre el mundo. Parecen entender de manera básica la permanencia de los objetos, es decir, que los objetos no desaparecen cuando se pierden de vista. También pueden poseer una teoría rudimentaria de la mente: la conciencia de que otros individuos pueden tener perspectivas y conocimientos distintos de los suyos.
Aunque es imposible hacer comparaciones directas entre la inteligencia general de los perros y la de los niños (los niños pequeños pueden hacer muchas cosas que los perros no, y viceversa), los científicos han observado que algunas habilidades cognitivas caninas sitúan a los perros aproximadamente al mismo nivel que los niños de entre 1 y 3 años. Este mensaje se ha difundido, y ha cobrado vida propia.
En un estudio de 2013, por ejemplo, casi la mitad de un grupo de propietarios de perros calificaron las capacidades mentales de los perros como equivalentes a las de los niños de 3 a 5 años. Más del 20 por ciento de los encuestados calificaron a los perros incluso más alto; más del 5 por ciento afirmaron que los perros tenían capacidades mentales equivalentes a las de alguien de por lo menos 16 años. Curiosamente, los investigadores descubrieron que las personas que se sentían más cercanas emocionalmente a sus perros tendían a dar puntuaciones más altas a las capacidades cognitivas de todos los perros.
Un puñado de pequeños estudios indica también que la gente tiende a valorar a sus propios perros más favorablemente que al perro “promedio” en una serie de rasgos positivos, como la lealtad, la amabilidad y la inteligencia. En una encuesta de YouGov de 2025, dos tercios de los propietarios de perros dijeron que sus animales eran más inteligentes que el perro promedio. Solo un 6 por ciento calificó a sus perros como poseedores de una inteligencia inferior al promedio.
Estadísticamente hablando, por supuesto, muchos de nosotros hemos de estar compartiendo nuestras vidas con perros que se sitúan en el extremo más lento del espectro. Tengo el placer de ser una de esas personas. Si tuviera ovejas que pastorear, querría tener un perro inteligentísimo. Pero no las tengo, y no lo tengo. Y la inteligencia me parece un rasgo sobrevalorado para una mascota familiar. Las mascotas inteligentes pueden ser enormemente desafiantes, y tienden a requerir muchas actividades enriquecedoras y a aburrirse (y, a veces, a volverse destructivas) cuando no las obtienen.
Tomemos como ejemplo a mi gata Juniper. (¡Por favor!). Es la más inteligente de mis tres mascotas y también, sin duda, la más exigente. Resuelve los rompecabezas de comida tan rápido que solo le proporcionan una breve distracción, y tenemos que cambiarle los juguetes con una frecuencia frustrante. Mi esposo y yo tratamos constantemente de satisfacer su necesidad de novedad, y para ello reorganizamos nuestros muebles en fortalezas felinas ad hoc y la llevamos de un lado a otro del apartamento mientras la sostenemos en diferentes ángulos y alturas. (Al parecer, le encanta estar de cabeza). Y cuando, inevitablemente, se aburre, abre los cajones, hace jirones el papel higiénico y empuja los platos de la encimera de la cocina.
Plácido en el otro extremo del espectro está Watson, nuestro perro, quien nunca ha mostrado ningún don cognitivo especial. Parece desconcertado si alguien señala; cuando se nos cae la comida al suelo, a menudo tenemos que acompañarlo personalmente hasta ella. Y aunque mantenemos el mismo horario diario desde hace una década, no siempre parece entenderlo bien. ¿Instrucciones? Antes sabía sentarse. O algo así. Hoy en día, su vocabulario no va mucho más allá de “premio”.
Pero ¿sería necesario? Quizá los perros que aprenden palabras nos impresionan porque el tamaño del vocabulario es un rasgo que se corresponde perfectamente con la inteligencia humana. Sin embargo, hay muchas formas de ser inteligente, y el aprendizaje de palabras probablemente no sea la habilidad más relevante para la mayoría de los perros.
Al fin y al cabo, Watson parece tener todas las habilidades que necesita para prosperar en su nicho ecológico altamente especializado. Es capaz de identificar con el olfato la comida para perros en una pila de paquetes idénticos de Amazon y está muy acostumbrado a los sonidos de los aparatos de cocina modernos. (Tardó unos dos días en aprender a reconocer el pitido revelador de la freidora de aire). Sabe que cuando me quito los pantalones deportivos es que me estoy preparando para salir del apartamento, y que si también me dirijo hacia el armario donde guardamos su caja de viaje, significa que viene conmigo. Y es, si me lo permites, un experto absoluto en cuanto a la comida callejera. (Una corteza de pizza abandonada tiembla cuando lo ve venir).
Y lo que es más importante, Watson es todo lo que podríamos desear en un perro: dulce, amable, bobo, cariñoso. No necesito que me ayude con el crucigrama, solo quiero que se acurruque a mi lado mientras lo resuelvo. Y eso se le da de maravilla.
Sin duda, lo que hace que los perros sean excepcionales es su capacidad para forjar estas relaciones con nosotros, unos lazos tan fuertes que, de algún modo, todos estamos convencidos de que nuestros propios compañeros caninos lideran la manada colectiva. Puede que Watson no distinga su juguete de erizo de su tortuga de peluche, pero es por mucho —y lo digo con toda objetividad periodística— el mejor.
Emily Anthes es reportera científica y escribe principalmente sobre ciencia y salud animal. También cubrió la pandemia de coronavirus.
TRES DE PERROS-2. VIDA
Las investigaciones sugieren que las mascotas pueden ayudar a mantenerte más sano, pero hay algunas advertencias.
The New York Times. Dana G. Smith, 06.03.2026
De niño, Dhruv Kazi estaba obsesionado con los perros. Como cardiólogo y economista de la salud, escribió sobre sus beneficios. Pero no tuvo uno propio hasta pasados los 40.
En 2019, se trasladó a Boston para aceptar un trabajo como director de la Unidad de Cuidados Críticos Cardíacos del Centro Médico Beth Israel Deaconess. Entonces llegó la covid. Viviendo solo y trabajando en la unidad de cuidados intensivos, Kazi dijo que el primer año de la pandemia fue “inmensamente aislante”.
Pero todo cambió en 2021, cuando llegó Rumi, un cachorro de vizsla muy enérgico y cariñoso. Gracias a Rumi, Kazi empezó a pasar más tiempo al aire libre, llegó a conocer a sus vecinos y recibió una dosis muy necesaria de “energía positiva” y “bobaliconería” inyectada en su vida.
Desde hace décadas, las investigaciones han descubierto que las personas que tienen mascotas, especialmente perros, tienden a ser más sanas que las que no las tienen.
Los estudios muestran que tener una mascota se asocia a una presión arterial más baja, un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y tasas más bajas de muerte tras un ataque al corazón o un derrame cerebral. Y una amplia revisión de estudios publicada en 2019 descubrió que tener un perro se asociaba a un riesgo 24 por ciento menor de morir por todas las causas en el transcurso de 10 años.
El beneficio es tan sorprendente cuando se trata de la salud del corazón que la Asociación Americana del Corazón incluso tiene una declaración científica al respecto, diciendo que tener perros “puede ser razonable para la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.” (No obstante, la organización no aconseja tener un perro con el único fin de mejorar la salud del corazón).
“Los propietarios de mascotas en general, pero los de perros en particular, tienen vidas más largas y saludables que las personas que no tienen mascotas”, dijo Kazi. “La correlación es muy convincente. Ahora la pregunta es si esta relación es causal”.
Algunas teorías sobre las mascotas
Los expertos creen que una posible explicación de los beneficios para la salud es que las personas que tienen perros tienden a ser más activas físicamente que quienes no los tienen.
Adrian Bauman, profesor emérito de salud pública en la Universidad de Sídney, Australia, publicó un metaanálisis en 2012 que descubrió que la mayoría de los dueños de perros que los sacaban a pasear cumplían las pautas de ejercicio estándar de 150 minutos de actividad física moderadamente intensa a la semana. Pero solo el 60 por ciento de los dueños los sacaba realmente a pasear.
“Tenemos que distinguir la tenencia de perros –tener un perro en casa– de pasear perros”, dijo Bauman.
En otro estudio dirigido por él, no hubo diferencias en el riesgo de mortalidad cuando los propietarios y los no propietarios de perros eran igual de activos. (El perro de Bauman, Jed, es un cavapoo, una cruza de Cavalier King Charles spaniel y caniche).
Otras investigaciones respaldan que tener un perro no garantiza que tengas hábitos saludables. Y de hecho, si tu estilo de vida no es saludable, el de tu perro podría tampoco serlo. Tove Fall, profesora de epidemiología molecular en la Universidad de Uppsala, Suecia, y exveterinaria, ha llevado a cabo una investigación que demuestra que si un perro padece diabetes de tipo 2, su dueño también tiene más probabilidades de desarrollarla.
“Compartes el entorno doméstico con tu perro”, dijo Fall. “Así que si no llevas el estilo de vida más saludable, quizá tu perro tampoco lo esté haciendo”. (Fall tiene dos perros: Totte, una mezcla de labrador retriever, y Vega, una raza de spaniel neerlandés llamada Kooikerhondje).
Los expertos afirman que otra forma en que los perros pueden beneficiar la salud y la longevidad de las personas es mejorando el bienestar mental. Las personas solteras, o que viven solas, parecen beneficiarse más de la compañía que ofrece una mascota.
Tener perros “tiene realmente algunos beneficios sustanciales para la salud al contrarrestar las consecuencias para la salud de la soledad, del aislamiento”, dijo Bauman.
Para que los amantes de los gatos no se sientan excluidos, algunos estudios también han descubierto que tener un felino se asocia con un menor riesgo de morir de un ataque al corazón o un derrame cerebral, posiblemente al proporcionar alivio del estrés.
O los beneficios para la salud de tener mascotas pueden ser simplemente un efecto de la demografía. Los propietarios de perros tienden a ser más jóvenes y ricos que los no propietarios, características que corresponden con una mejor salud. En un gran metaanálisis, cuando se tuvieron en cuenta en los análisis estadísticos aspectos como la edad, los ingresos y comportamientos de salud como el tabaquismo, desaparecieron muchos beneficios para la salud de ser dueño de perros.
Es difícil dilucidar si los perros hacen que la gente esté más sana o si las personas más sanas tienen más probabilidades de tener perros, dijo Fall. “Si eres muy frágil y no puedes cuidar realmente de ti mismo, es bastante improbable que adquieras un cachorro, ¿verdad?”.
Por supuesto, las mascotas a veces también añaden estrés a la vida. El adiestramiento en casa puede ser enloquecedor, las facturas del veterinario pueden ser caras y perder a un compañero doméstico puede ser devastador.
“Dan mucho trabajo y suponen un compromiso bastante importante de recursos emocionales y financieros”, dijo Kazi. Pero, añadió, “son una gran alegría”.
Dana G. Smith es periodista del Times y cubre salud personal, en particular el envejecimiento y la salud cerebral.
TRES DE PERROS-1. ÓSCAR
‘Los perros tienen superpoderes y secretos’, dice el autor de una nueva novela
Impulsado por un vínculo profundo con su perro, Paul Yoon escribió ‘Etna’, un libro ambientado en tiempos de guerra y contado desde la perspectiva de un animal.
The New York Times. Pamela Newton, visuals Erick Tanner. 05.08.2026
Oscar, un adorable labrador mestizo de unos 32 kilos, de andar parsimonioso y vecino del valle del Hudson, está saboreando un inesperado momento de fama literaria. En marzo, fue el protagonista de un conmovedor tributo en la colección de ensayos The Best Dog in the World. Ahora es la inspiración de una nueva novela, Etna, que Scribner publica esta semana.
Pero Oscar está demasiado ocupado tratando de sacarle premios, paseos y caricias en la panza al escritor Paul Yoon, el responsable tanto del ensayo como del libro, como para darse cuenta.
Etna, la sexta obra de ficción de Yoon, trata sobre un perro de combate que intenta volver a casa después de una guerra devastadora, y la historia está contada en primera persona desde la perspectiva del perro. Aunque el personaje canino no es Oscar propiamente dicho, su espíritu anima el libro.
“Me enamoré de un perro”, me dijo Yoon en un elegante café en la calle principal de Hudson, Nueva York, cuando le pregunté por qué decidió escribir esta novela. “Me enamoré de Oscar”.
Después de años de lo que parecía una comunicación telepática entre ellos, con sus sincronías y sus limitaciones, Yoon empezó a preguntarse cómo se veía el mundo a través de los ojos de Oscar. “Parte de comenzar Etna fue que estaba imaginando su voz”, dijo. “Nos imagino hablando, y él me está contando una historia”.
La historia que surgió es desgarradora y tierna, plasmada en la prosa austera y lírica de Yoon. Etna, un pastor mestizo, es arrancado de cachorro de su hogar en una granja cerca del mar —ni el país ni la guerra se nombran— y entrenado para el combate, donde aprende a matar en defensa propia y a proteger ferozmente a su manada. Después de la guerra, emprende una aventura con tintes odiseicos: obstáculos peligrosos, personajes misteriosos y violencia imprevista que recae sobre sus seres queridos.
Al igual que sus mejores predecesores literarios que han escrito desde la perspectiva de un perro —Virginia Woolf (Flush. Biografía de un perro), John Berger (King. Una historia de la calle), Jack London (El llamado de la selva)— Yoon lo logra sin ser empalagoso ni condescendiente. Esto es gracias a la sabiduría silenciosa de Etna y al retrato vívido e implacable de Yoon de la ruina que deja la guerra.
Ayuda que Etna pueda entender todo lo que dice la gente a su alrededor. Esta fue en parte una decisión práctica, como explica Yoon: “Quería crear un puente para que el lector experimentara este mundo y este viaje”. Pero, agregó: “Creo profundamente que los perros tienen superpoderes y secretos”.
La guerra es el tema que une casi todos los escritos de Yoon. Le fascina especialmente la resistencia frente al gran sufrimiento: “¿Cómo no rendirse? ¿Cómo encontramos pequeños espacios de alegría y optimismo? ¿Y cómo sanamos y nos unimos?”.
El propio Yoon no ha vivido en carne propia el tipo de guerras devastadoras de naciones sobre las que escribe. Creció en la zona de Nueva York, sobre todo en Poughkeepsie, con un padre ginecobstetra y una madre ama de casa, y estudió en la prestigiosa academia Phillips Exeter.
Pero las historias de guerra dominaron su infancia. Sus abuelos paternos, cristianos que vivían en Corea del Norte, escaparon de la persecución religiosa huyendo a Corea del Sur a principios de la década de 1950, con su joven padre a cuestas. Ambos padres crecieron con el caótico telón de fondo de la guerra de Corea y sus secuelas. Inmigraron por separado a Estados Unidos como adultos y se conocieron en la ciudad de Nueva York a finales de la década de 1970.
“Mientras crecía, era consciente de que era una persona de color en un mundo muy blanco, pero había una sensación aún más fuerte de ser diferente porque no tenía ninguna conexión con miembros de mi propia familia”, dijo Yoon. Su obra representa una oportunidad de conversar con esos parientes inasibles, una conversación que ahora ha ampliado para incluir a su mascota, a quien tampoco puede conocer del todo.
Yoon vive con Oscar y su esposa, la escritora Laura van den Berg, en una casa centenaria en una calle arbolada de Hudson, a unas dos horas río arriba desde Nueva York. Desde afuera, la casa parece angosta, con una puerta principal que está un poco ladeada. Por dentro, es amplia y acogedora, pese a —o quizás debido a— las numerosas adaptaciones hechas para Oscar, de 12 años, entre ellas una cama ortopédica y varios tapetes de yoga colocados para evitar que resbale.
Mientras los tres conversábamos, Yoon y van den Berg le daban a Oscar pequeños trocitos de queso, y él se mantuvo casi todo el tiempo absorto, salvo por el momento en que se acercó y lamió mi libreta con su enorme lengua. (El día anterior, su cumpleaños, lo consintieron con un pastel casero de calabaza y mantequilla de maní).
Yoon y van den Berg se conocieron en la Bread Loaf Writer’s Conference en Vermont en 2004, cuando tenían poco más de veinte años. Ahora cada uno tiene ya varias obras de ficción y una serie de premios literarios en su haber, incluidas las becas Guggenheim y el Story Prize de 2023 por The Hive and the Honey de Yoon.
Ambos han conseguido también codiciados puestos como profesores universitarios: él en Williams College y ella en la Universidad de Harvard. Se trasladan desde Hudson hasta sus respectivos trabajos, y se turnan para llevar a Oscar con ellos.
Han construido una vida en la que se mueven en esferas literarias paralelas, comprometidos con hacer buen trabajo mientras se sirven mutuamente como sus primeros y mejores lectores.
“Con los comentarios de Laura, hay mucho lenguaje abreviado”, dijo Yoon. “Puede ser muy eficiente porque lleva mucho tiempo leyendo lo que escribo”. De su marido, van den Berg dijo: “Es un crítico increíblemente riguroso, pero siempre lo transmite con muchísima delicadeza”.
Aunque su escritura es muy diferente —van den Berg describió la suya como “especulativa y que altera la realidad”— han ejercido una influencia sutil el uno sobre el otro a lo largo de los años, y ahora pueden estar llegando a un punto de convergencia.
La próxima novela de van den Berg es la más realista hasta la fecha, y Yoon experimenta con la fantasía por primera vez en Etna, no solo adentrándose en la mente de un perro, sino también en algunos elementos de un mundo casi futurista. “Parte de eso fue pensar en el trabajo de Laura”, dijo, y decidir: “Yo también tengo el valor de intentar esto”.
La obra de Yoon ha sido respetada en la industria desde hace tiempo, pero Etna ha generado más expectación que cualquiera de sus libros anteriores. La novelista Lauren Groff, una amiga cercana, cree que es su mejor libro hasta ahora.
“Hay algo en los perros —su lealtad, su generosidad, su constancia— que se convierte en un punto de partida para este comentario sobre la violencia real del mundo humano”, dijo. “Y, por supuesto, su prosa es exquisita”.
A Yoon le complace el entusiasmo que está generando Etna, pero lo atribuye, con su característica humildad, a su público.
“Somos muchos los que amamos a nuestros perros, y creo que a la gente le entusiasma leer una novela desde la perspectiva de un perro”, dijo. “De verdad queremos estar en conversación con nuestros animales. Queremos seguir sintiendo ese vínculo”.
Van den Berg ofrece otra interpretación: “Cuando un escritor hace algo en lo que es más él mismo, pero lo está haciendo de una manera que no había hecho antes, eso es magia”.
TÚ NO JUEGAS PORQUE EL BALÓN ES MÍO
En todo el mundo ha surgido, como una seta alucinógena, la propuesta de quitar la nacionalidad a los que se porten mal.
David Trueba, 22.09.2026
En las últimas semanas ha surgido, como una seta alucinógena, la propuesta de quitar la nacionalidad a los que se porten mal. Este delirio suele ser invocado por aquellos que se envuelven en la bandera para disimular otras carencias. La primera de las políticas discriminatorias del nazismo tuvo que ver con la persecución de todas aquellas expresiones, ya fueran artísticas o intelectuales, que identificaban como antialemanas. Esto generó una tradición germana y austriaca, tras la tragedia de la guerra, por la cual el desprecio a su propio país era casi una obligación estilística. El mejor representante de esta escuela fue Thomas Bernhard y sus compatriotas tuvieron que soportar su éxito y su categoría internacional para no identificarse como nazis encubiertos bajo el sistema democrático. Pero los tiempos están en regresión y vuelve a invocarse lo antipatriótico, como si no hubiera formas de ser de un país a gusto de cada cual. El precedente más cercano ha sido la dictadura de Nicaragua, donde la pareja en el poder expulsó y convirtió en apátridas a los más nobles representantes del pensamiento crítico. Algunos de ellos han encontrado refugio en España, algo que honra a nuestro país. También El Salvador encarcela sin garantías a los nacionales y Donald Trump, un presidente dañino, juega con la idea de cerrar universidades, expulsar alumnos, vetar medios e impedir el voto electoral si no piensan como él.
Hace apenas una semana, tras la buena acogida y los premios a su película NAZA en el Festival de Venecia, los dos directores israelíes autores de la cinta se despertaron con la amenaza gubernativa de retirarles la nacionalidad. Benjamin Netanyahu y su corte no soportaron que el documental recogiera los testimonios de servidores públicos que se avergüenzan de lo que han sido obligados a hacer en la persecución contra los palestinos. Al tildar a la pieza de antipatriótica, el gabinete abre la puerta a segar las cabezas de los ciudadanos que no son de su agrado. Es quizá la humillación final de esa democracia. Por ahora, tan sólo resiste la presión una minoría de israelíes que se enfrentan a su Gobierno con enorme valentía y tratan de salvar la dignidad del país. En medio de toda esta faramalla y con la crisis humanitaria de Ceuta dando carta blanca a algunas expresiones de racismo abominables, asoma esta deriva en una oposición que tiene tanta prisa por llegar al poder que a veces se atropella a sí misma. Ayudada por su rama judicial, afincada en el Supremo, lograron congelar los derechos de voto de miles de españoles reconocidos por la llamada ley de nietos. Una decisión controvertida que hasta su resolución definitiva no permite convocar elecciones, pues se estarían cercenando los derechos constitucionales de casi medio millón de españoles.
Por si faltaba un clavo para cerrar este ataúd de la inteligencia moral, reaparece la iniciativa de retirarle la nacionalidad a quien comete delitos graves. Como si las cadenas perpetuas se les quedaran pequeñas en su afán por vender autoridad y mano dura y postularse como sheriff con puño de hierro siempre contra los débiles. Esto es algo que en temporada de falta de amor por las libertades civiles tiene siempre éxito electoral. Ojalá se frene esta carrera con destino al fascismo. La gracia de la nacionalidad estriba en la convivencia de personas distintas, con distintos intereses, estilos, formas de comportarse y personalidades. La uniformización es peligrosamente reaccionaria. La catástrofe de empobrecer tu país para que se ajuste a tu zapato la conocemos por ejemplos históricos bien tristes.
DE ARQUITECTOS
Terminé anoche de montar un proyecto y ahora estoy pendiente de una llamada y, después, quiero empezar con otra memoria pendiente. La burocracia es ya el corazón de la arquitectura, quién lo iba a decir.
Es consultar un proyecto del sigo pasado para entender cómo un proyecto se dirige en la obra, por mucho papeleo que exijan. Antes servían unos pocos planos y el buen hacer del arquitecto para llevar a cabo lo allí dibujado; hoy presentas planos y plenos y memorias de 500 páginas que, por supuesto, nadie lee. Esto en en España, donde trabajo, no sé cómo será en otros países.
Me cuesta pensar en que ahora, si conocen el devenir de nuestra profesión, alguien estudie la carrera de arquitecto con verdadera vocación. Pobres diablos.
martes, 22 de septiembre de 2026
FYFFES
Miles de opositores al franquismo vivieron allí hacinados, bajo el miedo constante a morir, en un espacio que las propias autoridades franquistas reconocían que doblaba su capacidad real.
Pedro Yanes, 15.09.2026
El 10 de septiembre de 1936, las autoridades surgidas del golpe de Estado del 18 de julio habilitaron como centro de detención los almacenes bananeros de la compañía británica Fyffes, en Santa Cruz de Tenerife. Ese mismo día se trasladó hasta allí a los presos que hasta entonces se hacinaban en la prisión flotante (los barcos prisión fondeados en la bahía) y en la prisión anexa al Cuartel de Caballería, ya incapaces de absorber a tanta gente detenida tras el golpe.
Su nombre oficial fue Prisión Militar Costa Sur. Pero quienes conservan memoria familiar o académica de ella insisten en llamarla por lo que realmente fue: un campo de concentración. Por sus tres naves pasaron unas 4.000 personas a lo largo de los doce años en que funcionó como tal, y de allí salieron muchas de ellas hacia una desaparición de la que sus familias nunca volvieron a saber nada.
Hoy, aquel solar, situado en la avenida de los Reyes Católicos, en pleno centro de la capital tienerfeña, está completamente urbanizado. No hay placa que señale el lugar exacto donde estuvieron las naves, y quienes trabajan por recuperar esa memoria aseguran que ni siquiera se podrá investigar ya lo que hay bajo tierra.
Los almacenes pertenecían a la Casa African Eastern, Spain, antes propiedad de la exportadora de plátanos Fyffes, y sus dueños los cedieron a los golpistas para su uso como centro de detención; el propio historiador Rubens Ascanio ha documentado que fue el patrón de exportadores Álvaro Rodríguez López quien cedió los primeros barcos para las detenciones masivas de julio de 1936.
Aquel 10 de septiembre, los presos de la flotante y del Cuartel de Caballería fueron trasladados allí, y los tres salones de la nueva prisión se bautizaron según sus primeros ocupantes: Caballería, Flotante y Guano, el antiguo almacén que conservó ese nombre —y ese olor— "hasta el final de su uso".
El nombre oficial que se le concedió Prisión Militar Costa Sur, pero, según explica Ascanio a Atlántico Hoy, popularmente se quedó con el de Fyffes "en las distintas versiones, más real o más ficcionada", y así se le siguió llamando hasta bien entrados los años 40.
Según recuerda Mercedes Pérez Schwartz, presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife (ARMHT), a Atlántico Hoy, en la presentación de un documental sobre memoria histórica un arquitecto tinerfeño confirmó que Fyffes ocupaba exactamente el solar donde hoy se alzan los grandes edificios de la avenida Reyes Católicos, en lo que entonces daba a las Ramblas.
Condiciones infrahumanas
El escritor José Antonio Rial, preso allí durante años antes de su exilio en Venezuela, describió el lugar como "un pútrido submundo de cloacas y canalillos, donde cientos de sujetos desarrapados se agitaban, inquietos y expectantes".
El grancanario Antonio Ojeda Medina, trasladado también a Fyffes, recordaba: "Estábamos hacinados en tres almacenes más de 3.000 hombres, invadidos por las chinches (...) Teníamos que dormir con los cuerpos casi pegados por la estrechez".
Los testimonios que ha reunido Rubens Ascanio y que ha trasladado a Atlántico Hoy coinciden en las pésimas condiciones higiénicas y en la dificultad para recibir noticias del exterior, en un vaivén constante entre los rumores esperanzadores sobre una posible liberación del archipiélago y las malas noticias que llegaban de los frentes de guerra. "Algunos testimonios hablan de envenenamientos de las comidas que provocaban diarreas y problemas digestivos bastante graves", añade.
"Había un miedo enorme a morir"
Apenas semanas después de su apertura ya se notaba el colapso: el diario La Prensa relató el 17 de noviembre de 1936 la celebración de la primera misa en la prisión, con unos 1.200 presos y "ellos mismos reconocían que estaban casi duplicando la capacidad real del espacio", apunta Ascanio—.
Con el tiempo llegaron a convivir hasta 1.400 personas a la vez con solo ocho baños y una docena de duchas. Ascanio cuenta la historia del dibujante Luis Ortiz Rosales, amigo cercano del poeta Domingo López Torres, quién salió de la prisión con una infección cerebral que muchos vinculan directamente a esas condiciones, y murió poco después.
Lo más atroz, según Ascanio, ocurría de noche. Desde mediados de agosto de 1936 hasta mediados de 1937 era práctica habitual leer por la noche listas con los nombres de los presos que iban a ser sacados de la prisión, sin que nadie supiera su destino.
"Había un miedo enorme a morir, que es una de las cosas más atroces", resume. Mercedes Pérez Schwartz conserva esa misma memoria desde el otro lado: a su abuelo, detenido en Paso Alto antes de ser trasladado a Fyffes, lo sacaban para llevarlo a limpiar las letrinas —"una forma de humillar y de desaparecer", dice ella.
Rubens Ascanio conserva, entre su documentación, una fotografía mejorada digitalmente del patio central de la prisión, que comparte en una página de Facebook dedicada a fotografías antiguas de Tenerife. Los comentarios, dice, "son muy emotivos": familiares que identifican a sus padres o abuelos entre los presos retratados. "Es bastante emocionante que por lo menos le pongan cara", resume.
La desparición de los republicanos
Un estudio encargado por el Gobierno de Canarias y la propia ARMHT, basado en once entrevistas y publicado en 2021, documenta 182 víctimas mortales de la represión franquista en Tenerife, repartidas en dos mecanismos bien distintos.
Por un lado, decenas de personas fueron formalmente juzgadas y fusiladas en la Batería del Barranco de El Hierro, en Santa Cruz —entre ellas, en enero de 1937, diecinueve militantes de la CNT—. Por otro, decenas más fueron "sacadas" de noche sin juicio alguno y jamás regresaron: son los desaparecidos.
Rubens Ascanio es tajante sobre su destino: "prácticamente el 100% acabaron en la fosa submarina que hay por fuera de San Andrés". Según afirma, existe un testimonio directo de quien pilotaba esa embarcación durante los primeros meses, el pescador Antonio Martín Brito, "Morín": horrorizado por lo que presenció, huyó de Tenerife en noviembre de 1937 hasta Marruecos en la misma barca, y su relato llegó a publicarse en la prensa del exilio republicano.
La memoria que no llega
Fyffes funcionó como campo de concentración durante unos doce años, hasta que a principios de los 50 entró en marcha la nueva prisión provincial que heredó su función; el edificio no fue derribado hasta avanzados los años 80, y no fue hasta 1999, impulsada por el Colegio Montessori, cuando se instaló la escultura que hoy es su único recuerdo público.
El solar en sí es uno de los pocos puntos de represión de la ciudad que probablemente nunca podrá investigarse: según Pérez Schwartz, se cree que allí podría haber restos de los presos encarcelados, pero la urbanización hace imposible localizarlos.
Tenerife es, según la viceconsejera de Justicia del Gobierno de Canarias, Carla Vallejo, la isla con más "oscurantismo" durante el franquismo, pero también la única donde aún no se ha exhumado a ninguna víctima, a diferencia de La Palma o Gran Canaria. "En Tenerife no hemos encontrado nunca nada", resume Pérez Schwartz.
Las peticiones para dar mayor visibilidad al lugar de Fyffes en sí llevan años sin prosperar: desde 2013 circula una demanda para rebautizar la avenida en su memoria, y en 2018 se propuso convertir el castillo de Paso Alto en un Museo de la Memoria Histórica, sin que ninguna de las dos iniciativas se haya ejecutado.
El 1 de septiembre, la Comisión Técnica de Memoria Histórica de Canarias dio cuenta de un proyecto de catalogación de los centros de detención de la isla. Ascanio cree que reunir esa documentación sería también "una forma de curación colectiva". Habrá que ver si, noventa años después, Fyffes encuentra por fin un lugar en ese catálogo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




























