martes, 26 de mayo de 2026

ZP Y LA DEMOCRACIA


Leo este artículo sobre "la salvación de la democracia" y me pregunto si todavía es esto posible. El caso Zapatero parece haberle dado la puntilla a la poca esperanza que la izquierda tenía de parar el auge de la ultraderecha en el mundo y en particular en Europa. La sensación de desazón ante lo que vemos en los periódicos es enorme y terrible a la vez, desconcertante por lo inesperado. ¿Qué creer y que no cuando nada parece ser lo que es o todo lo contrario? ¿Cómo superar este desasosiego? La cosa pinta muy mal y el optimismo se cuela entre los dedos como la arena.
Esta mañana me decían durante el almuerzo que ya se hablaba de la implicación de países extranjeros en este asunto de Zapatero, países que impulsaban la derechización de Europa, los mismos que buscaban a toda costa el hundimiento de Pedro Sánchez, actual adalid de la izquierda. Desde dentro del PSOE piden elecciones anticipadas y cuestión de confianza, empezando por el mismo Felipe González; los socios de gobierno andan como pollo sin cabeza, expectantes, y la derecha, bueno, haciendo lo que se espera de ellos, condenarlo sin darle tiempo a que se defienda, utilizando la máxima de Aznar que pasará a la historia por sibilina: "el que pueda hacer que haga" y riéndole a Ayuso su gracieta "de la ceja a la bandeja". De pena.


Timothy Garton Ash: “La salvación de la democracia liberal depende sobre todo de nosotros los europeos”
El historiador y columnista atiende a EL PAÍS tras la concesión del Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.
Rafa de Miguel, 26.05.2026

Timothy Garton Ash (Londres, 70 años) se enfrenta a un día endiablado en el que debe atender a los medios de comunicación y responder a las múltiples felicitaciones por la concesión del premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Atiende por teléfono a EL PAÍS, periódico donde es articulista, desde su residencia de Oxford, y no necesita preparación para ofrecer como ráfagas respuestas certeras a los dilemas y problemas que enfrentan hoy Europa y, de modo más amplio, Occidente.

Pregunta. ¿Cuál es hoy el estado del mundo?
Respuesta. Hay una vieja broma en la que se pedía al interlocutor que describiera en una palabra el estado de la economía soviética. ‘Bueno’, respondía. ¿Y en dos palabras?, le insistían. ‘Nada bueno’, contestaba [risas]. Si me pregunta por el estado actual del mundo, contestaría con una palabra, malo, o con dos, muy malo.

P. Lleva años alertando sobre la necesidad de rescatar las democracias liberales frente a la ola de autoritarismo que recorre el mundo. Rescatar sus principios, sí, pero también corregir sus errores.
R. El Princesa de Asturias es uno de los galardones europeos más importantes, y somos precisamente nosotros los europeos los que debemos entender que la salvación de la democracia liberal, el futuro de la democracia liberal, depende fundamentalmente de nosotros. Si uno observa el último informe de Freedom House [el centro de pensamiento que desde 1973 calibra el estado de los derechos y libertades por todo el mundo], 34 de los 83 países que disfrutan de libertad están en Europa. Marc Carney [el primer ministro de Canadá] dijo el otro día que el orden liberal empieza en Europa.

P. ¿Cuáles son los principales problemas que nos debilitan hoy?
R. Hay dos tipos de problemas que las sociedades libres y abiertas están sufriendo. Los que hemos creado nosotros mismos, como la desigualdad extrema de nuestras sociedades; la destrucción de la esfera pública de debate, por culpa de los gigantes tecnológicos estadounidenses; la crisis financiera de 2008, cuyas consecuencias siguen vivas; o el hecho de que muchos jóvenes europeos no puedan encontrar una vivienda asequible. Y eso sería solo el principio de la lista. Otros problemas son externos. Sufrimos el ataque militar de Rusia, el ataque político de Estados Unidos y el económico de China. Las democracias, y particularmente las democracias europeas, no han sufrido nunca tal cantidad de amenazas externas a la vez.

P. Usted es un defensor declarado del papel de la Unión Europea, pero no ha tenido nunca reparo en señalar los problemas y las limitaciones de las instituciones que se gobiernan desde Bruselas.
R. En primer lugar, no es necesario que le explique que Europa es algo mucho más grande que la Unión Europea. La UE es la comunidad política central de Europa, y por eso cuando el actual primer ministro británico Keir Starmer, que está a punto de dejar de serlo, dijo que quería situar al Reino Unido en el corazón de Europa sin mencionar en ningún momento la idea de volver a ingresar en la UE, su declaración resultó absurda. No se puede estar en el corazón de Europa sin pertenecer a la Unión Europea.
Pero si uno observa el asunto clave de estos momentos, que es la necesidad de construir una defensa europea que sea capaz de valerse por sí misma, la UE puede jugar un papel importante en ese objetivo, pero no es el centro del esfuerzo. Se trata de ‘europeizar’ la OTAN, de organizarse en serio. Exige la participación de países como el Reino Unido o Noruega, aunque no estén en la UE.

P. ¿En qué ha fallado la UE?
R. Las instituciones europeas son buenas en algunos asuntos, no tanto en otros. En su respuesta a la guerra de Ucrania han sido buenas. Su respuesta ante la tragedia de Gaza ha sido patética. La UE solo puede ser eficaz cuando tiene un amplio grado de consenso entre sus estados miembros. Es lo que ocurre con Ucrania, especialmente ahora que Viktor Orban [ex primer ministro de Hungría] ya no está. Pero como ustedes saben muy bien en España, ese no ha sido el caso respecto a otros conflictos como el de Gaza o el del Líbano.

P. Lleva décadas defendiendo una libertad de expresión consustancial a las democracias liberales. ¿Cree que hoy está más amenazada? Y lo que es peor, que no parece que los ciudadanos se muestren preocupados ante esta amenaza.
R. La respuesta corta es que sí. Una más larga señalaría que la libertad de expresión siempre ha estado amenazada de uno u otro modo. El poder odia la libertad de expresión. Todos los poderes. Pero si analizamos hoy con más detalle de dónde vienen las amenazas, una de las principales es que estamos perdiendo la esfera pública que toda democracia necesita. Espacios como las radiotelevisiones públicas o diarios importantes como EL PAÍS son necesarios para acoger una amplia diversidad de opiniones, argumentos diferentes contrastados en un mismo lugar, para que los ciudadanos de la democracia puedan escuchar puntos de vista diferentes y estar en desacuerdo de manera civilizada, hasta llegar a alguna posición común.
Hoy estamos perdiendo eso de un modo dramático por culpa de las plataformas tecnológicas estadounidenses y las redes sociales. Son una parte muy importante de la maldición de nuestro tiempo y de la política en todas partes. Hay de manera simultánea fragmentación y polarización. Lo peor de ambos mundos.

P. Dijo en su momento que Europa debería haber aprendido las lecciones del Brexit. ¿Lo ha hecho?
R. Creo que la combinación del Brexit y de la guerra en Ucrania ha despertado a los europeos ante el hecho de que esta extraordinaria Europa que tenemos, en la que damos por descontadas su relativa libertad, su prosperidad y su paz, podría desintegrarse de un modo bastante rápido si no somos más cuidadosos. Y en ese sentido el Reino Unido ha resultado útil como señal de alarma. Pero, ¿ha aprendido la UE las lecciones más importantes y profundas, en el sentido de lograr ser más atractiva y dinámica de nuevo? Es algo que podría hacer simplemente poniendo en marcha las recomendaciones del informe de Mario Draghi para revitalizar la economía europea, el único modo en que podremos recuperar el dinamismo del que hoy disfruta España en el ámbito de la UE. Y me temo que la respuesta a esa pregunta, claramente, es que no.

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