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sábado, 25 de noviembre de 2017

JUVENTUD


Esto solo podía haber ocurrido en Inglaterra, donde los hombres y el mar se compenetran, por decirlo así: el mar influye en la vida de la mayoría de los hombres, y los hombres saben algo o todo acerca del mar, sea como lugar de diversión o de viaje, o como medio de ganarse el sustento.

"Juventud". Joseph Conrad, 1898.

martes, 19 de julio de 2016

COLOR Y BLANCO Y NEGRO

He aquí las dos últimas películas que he visto, un musical y una vieja película basada en una de las obras maestras de Dickens con, posiblemente, uno de los comienzos literarios mejor escritos de la literatura.


«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo».

«It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to Heaven, we were all going direct the other way--in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only».

"Historia de dos ciudades" ("A tale of two cities"). Charles Dickens, 1859.


miércoles, 17 de julio de 2013

ANTIBIBLIOTECA


El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitantes en dos categorías: aquellos que reaccionan con un <¡Oh! Signore professore dottore Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?>, y los demás -una minoría muy reducida-, que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos. Nuestra biblioteca debería contener tanto de lo que no sabemos como nuestros medios económicos, la hipoteca y el actual mercado activo, competitivo y con escasa variación de precios de la propiedad inmobiliaria nos permitieran colocar. Acumularemos más conocimientos y más libros a medida que nos hagamos mayores, y el número creciente de libros no leídos sobre los estantes nos mirará con gesto amenazador. En efecto, cuanto más sabemos, más largas son las hileras de libros no leídos. A esta serie de libros no leídos la vamos a llamar antibiblioteca

"El Cisne Negro" (El impacto de lo altamente improbable).
Nassim Nicholas Taleb.

viernes, 25 de mayo de 2012

1 LIBRO


  -¿Me dejas que descorra la cortina?
  Siempre estaba sentado de la misma manera: su espalda contra lo oscuro de la pared del fondo; su cara contra la puerta, hacia la luz. El mostrador corría a su izquierda, paralelo a su mirada. Colocaba la silla de lado, de modo que el respaldo de ésta le sostribase el brazo derecho, mientras ponía el izquierdo sobre el mostrador. Así que se encajaba como en una hornacina, parapetando su cuerpo por tres lados; y por el cuarto quería tener luz. Por el frente quería tener abierto el camino de la cara y no soportaba que la cortina le cortase la vista hacia afuera de la puerta.
 -¿Me dejas que descorra la cortina?


"El Jarama", Rafael Sánchez Ferlosio (1956).

viernes, 4 de mayo de 2012

1 LIBRO

Solo puedo revindicar mis propios derechos de autor, y a veces los de aquellos que han muerto o han escrito sobre estos mismos acontecimientos, o tienen una decente esperanza de anonimato, o son unos gilipollas tan atroces y reconocidos que han perdido el derecho a quejarse.
No tengo suficientes palabras para aquellos que he amado, o que han sido tan indulgentes y amables como para amarme, y recuerdo con agradecimiento cómo me han dejado sin habla.
By Christopher Hitchens, "Hitch 22. Memorias".

domingo, 18 de marzo de 2012

1 LIBRO

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.
http://www.acanomas.com/Libros-Clasicos/14728/Historia-de-dos-ciudades-(Charles-Dickens).htm

jueves, 15 de marzo de 2012

2 LIBROS

Se acerca San José y, como cada año, me regalo un libro, a sumar éste a los que espero me regalen en casa de mis padres y padrinos. Hoy recogí en mi librería de referencia La Isla mi autorregalo y, de camino, otro que había pedido la semana pasada con la intención de disfrutar su lectura (cada uno el suyo, todo sea por la comodidad) junto a un buen amigo con el que comparto aficiones, confidencias, el amor por los principios de los libros, los libros en si mismos, y un steak tartar de vez en cuando. El LORD JIM de Conrad es el libro que compartiremos y comentaremos, el cual quiero empezar a disfrutar este mismo fin de semana. Por otro lado, el onomástico regalo que me he hecho este año es "La seducción de las palabras", de Álex Grijelmo (un recorrido por las manipulaciones del pensamiento). 
Veamos sus comienzos:
Lord Jim, Joseph Conrad
Por dos dedos, quizá un poco más, no superaba el metro ochenta, era de complexión fuerte y avanzaba hacia uno con paso firme, los hombros ligeramente caídos, la cabeza echada hacia delante y la mirada baja, clavada en su objetivo; recordaba a un toro dispuesto a embestir. Tenía una voz profunda, sonora, y sus gestos expresaban una tenaz confianza en sí mismo carente de cualquier agresividad. Diríase más bien una obligación, y, al parecer, no solo consigo mismo, sino con todos los demás. Su aspecto era impecable, iba ataviado de blanco níveo desde el sombrero hasta el calzado, y era muy conocido en los diversos puertos orientales donde se ganaba la vida como corredor comercial de proveedores de buques.
La seducción de las palabras, Ález Grijelmo
Nada podrá medir el poder que oculta una palabra. Contaremos sus letras, el tamaño que ocupa en un papel, los fonemas que articulamos con cada sílaba, su ritmo, tal vez averigüemos su edad; sin embargo , el espacio verdadero de las palabras, el que contiene su capacidad de seducción, se desarrolla en los lugares más espirituales, etéreos y livianos del ser humano.