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martes, 27 de enero de 2026

ESTÁN AQUÍ


Terrible leer noticias como ésta. Acostumbrados a pensar que esto se queda sólo en América, que aquí somos más cultos y bla bla bla, está claro que en un tris acabaremos siendo todos "americanos". ¡Qué diría Berlanga si levantara la cabeza!

BSO "Bienvenido Mr. Marshal", *Americanos.
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Un 22% de los españoles no se cree que los humanos llegaron a la Luna
Un 30% de quienes se sitúan en la derecha niega el cambio climático, frente a solo un 6% en la izquierda, según un estudio de la Fundación BBVA.
Selva Vargas Reátegui, 27.01.2026

En septiembre de 1962, John F. Kennedy anunció que Estados Unidos se embarcaba en la aventura espacial, en medio de los avances soviéticos. “Elegimos ir a la Luna. No porque sea fácil, sino porque es difícil”, proclamó, con el objetivo de llegar al satélite antes de que terminara la década. En julio de 1969, cerca de 500 millones de personas en todo el mundo fueron testigos frente a sus televisores de cómo los humanos que viajaron en el Apolo 11 pisaban por primera vez el polvo gris. Sin embargo, no todo el mundo acepta este suceso como cierto. En la sociedad española, un 22% no lo compra. Así lo indica el Estudio sobre Cultura Científica en España de la Fundación BBVA, que se publica este martes.

En concreto, un 11% de los españoles considera la llegada del ser humano a la Luna probablemente falsa y otro 11% totalmente falsa. Y lo hace en pleno regreso de la humanidad al cuerpo celeste, medio siglo después de la última expedición (en 1972). La NASA enviará a cuatro astronautas a rodear el satélite con la misión Artemis 2, programada para lanzarse en febrero de este año como pronto.
Las conspiraciones son minoritarias

Aunque hay segmentos que creen que el hombre no pisó ese mundo gris, así como otras tesis que rondan la especulación, el informe apunta que el rechazo a las teorías conspirativas es mayoritario. El terraplanismo, la supuesta relación entre vacunas y autismo o el negacionismo del cambio climático son descartados por la mayoría de los españoles encuestados.

Que la Tierra es plana en lugar de ser una esfera es una idea aceptada solo por un 3% y un 6% cree que las vacunas causan autismo. No obstante, existen minorías significativas: menos de la mitad de los españoles acepta que el universo comenzó con una gran explosión (40%) y casi un 30% considera probable o totalmente verdadero que “los extraterrestres han visitado la Tierra, pero los poderes lo han ocultado”.

Con respecto al cambio climático, un 8% cree que se trata de un “invento de los científicos para conseguir financiación”. En este punto, la ideología política tiene una marcada influencia: casi un 30% de quienes se sitúan en la derecha niega el cambio climático, frente a solo un 6% en la izquierda.
La sociedad española mira a la ciencia con interés

El estudio, basado en datos de dos encuestas telefónicas en 2025 con más de cuatro mil participantes, describe una sociedad que en su mayoría está interesada por la ciencia. Ocho de cada diez españoles se declaran interesados en ella, principalmente “por el placer de aprender cosas nuevas” (58%), y en menor medida por su “utilidad práctica” (32%).

Ese interés se tradujo en información en el 60% de los encuestados, quienes se consideran informados acerca de temas científicos. Y en las personas que declararon tener poco interés, la barrera principal que mencionaron fue la “dificultad para entender los temas científicos” (49%).

Mientras, un 64% de los encuestados mantiene una relación media o alta con la ciencia (27% alta, 37% medio-alto), un 14% se sitúa completamente al margen. La cercanía aumenta con el nivel educativo y, en menor medida, entre jóvenes, personas activas laboralmente y estudiantes.

Pese al alto grado de interés en la ciencia, el estudio destaca que conceptos básicos como algoritmo o estratificación social no son entendidos por una gran cantidad de ciudadanos: solo un 24% comprende en parte el significado de algoritmo y otro 17% no lo hace. En el caso de estratificación social, el 37% no lo comprende y un 22% lo entiende en parte.

sábado, 11 de marzo de 2017

LA IGNORANCIA PRODIGIOSA

LA IGNORANCIA PRODIGIOSA DE MERCEDES MILÁ
Carta abierta del nutricionista Juan Revenga a la presentadora de televisión, en la que se desmontan las mentiras de 'La enzima prodigiosa'.
EL COMIDISTA. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGAY SU EQUIPO
JUAN REVENGA FRAUCA  07/03/2017 - 08:14 CET
http://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2017/03/06/articulo/1488839859_008118.html

Lo reconozco Señora Milá, nunca me cayó usted bien. No es nada personal, a fin de cuentas no nos conocemos. Tampoco tengo ganas: lo siento así por lo que usted transmite como profesional del periodismo, por la clase de programas que hace, por los que presenta, conduce o en los que participa. No suelen ser de mi agrado. Así pues, de aquí en adelante no se lo tome como algo personal: es posible que se trate nada más de un estilo de periodismo con el que no comulgo que de otra cosa.
Pero son las personas las que al final ponen cara y dan sentido a un estilo concreto, tanto en el periodismo como en el cine, la literatura o la manera de entender la vida. Y en este caso le ha tocado a usted –no sé si por convencimiento o por necesidades del guión– convertirse en esa figura mediática que tanto detesto. Nada más lejos de mi intención que pedirle que eso cambie: se le nota muy cómoda en su papel, así que algo tendrá el agua cuando la bendicen.

La fe contra la ciencia
Si hoy me animo a dirigirle unas líneas es por -seguro que ya se lo imagina, a estas alturas- el bochornoso espectáculo del otro día en el programa 'Chester in love’ de Cuatro, al que invitaron al bioquímico, escritor y divulgador José Miguel Mulet para debatir sobre los contenidos del libro La enzima prodigiosa de Hiromi Shinya. El papel de Mulet, claro, era el de criticar –no me extraña– sus contenidos; mientras usted ejercía, en teoría, de coherente defensora.
Al menos supongo que ese era el plan inicial: dos personas con un alto nivel de formación -sobre el papel- conceptualmente enfrentadas respecto al libro en cuestión. Hago este breve esquema de la situación porque, en palabras de Les Luthiers es imprescindible que a la hora de establecer un ‘biólogo’ haya dos personas. Y usted, al intentar rebatir las opiniones del Profesor Mulet –quien tenía la posesión de la palabra en primer lugar, un privilegio que apenas consiguió recuperar después–, se enrocó en un monólogo que, empezando por llamarle gordo con todas las letras, basó toda su argumentación en una cuestión que para nada tenía que ver con el objeto de debate.
Para ello usó, conscientemente o no, un recurso que denota el más bajo nivel que se puede emplear en cualquier disquisición lógica: la falacia ad hominem. Es decir, tratar de desacreditar los argumentos del interlocutor señalando en él una característica o creencia impopular. Voy a bajar el nivel ya que no quiero confundirla con palabrería en latín. Como es comprensible, no tenía respuestas válidas con las que defenderse, y siguió la estrategia de echar balones fuera o, para que nos entendamos: ¿dónde vas?; manzanas traigo.
A fin de cuentas, para que se establezca un debate sobre la validez de una determinada cuestión científica se necesitan dos científicos, y ¿usted podría explicar de manera sencilla, comprensible y a la vez sin dejarse nada en el tintero qué es exactamente una enzima? ¿Podría dar una clase a alumnos de 2º de la ESO sobre enzimas? Fíjese que no le hablo de la universidad y un grado de Biotecnología, como Mulet. ¿Podría, llegado el caso, solucionar las posibles dudas de esos alumnos de 2º de la ESO respecto a la naturaleza de esas enzimas y sus implicaciones metabólicas, funciones, etc? Pues eso. Que manzanas traigo. Manzanas con enzimas, con genes, con cosas.

La mala educación
El supuesto anterior queda invalidado si usted es de esas personas que opina que una persona con sobrepeso u obesidad no puede hablar con propiedad y certeza de cuestiones relacionadas con la alimentación, en cuyo caso queda todavía en peor situación. Si cabe. ¿Acaso no consultaría usted con un oncólogo por el hecho de que este tuviera cáncer; y con un urólogo con piedras en el riñón; o con un endocrinólogo si este padeciera diabetes? ¿Seguimos? Que exista una corriente popular –más bien populista– que postule que la obesidad es solo el resultado de la escasa voluntad del paciente respecto a (no) cerrar la boca o (no) hacer ejercicio me parece lamentable, pero reconozco que es lo que hay y que con eso tenemos que lidiar. Que una persona presuntamente formada y de su nivel incurra en esa asociación de ideas, resulta directamente deplorable.
Tampoco se agobie demasiado, no es la única que tiene abiertas este tipo de vías de agua en el cerebro. Sin ir más lejos hace casi cuatro años en el programa ‘El gran debate’ de Tele5, el ínclito Sr. Dukan –sí, el de la dieta homónima, a quien ya no recuerdan ni sus más fieles palmeros– tuvo ocasión de ponerse en evidencia al dirigirse a Giuseppe Russolillo, presidente de la entonces Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, en los siguientes términos: “¿Cómo puede ser que el presidente de los dietistas españoles sea un obeso? Usted está gordo. Es una vergüenza. ¡Usted es nutricionista y obeso! Eso quiere decir que su método dietista no funciona”.
Supongo que, para una persona con escasas oportunidades de formarse en un terreno especializado como es el de la obesidad, hay una especie de disonancia cognitiva entre acudir a un profesional cualificado para recibir ayuda a la hora de perder peso, y que ese profesional al mismo tiempo tenga sobrepeso u obesidad. Como usted, que por lo que se ve asume la obesidad como un ente único, fruto de comer mucho y moverse poco. Por recurrente que sea, esta es una simplificación extrema del asunto. No hay única obesidad, igual que no hay una única depresión: sin caer en el sinsentido de afirmar que hay tantas obesidades como personas obesas, sí que es preciso considerar que en cada caso puede haber múltiples factores implicados, desde los genéticos a los psicológicos, pasando por los socioculturales. Y pone como única carga de la prueba de defensa del famoso libro, que su interlocutor padece obesidad –sin conocer realmente su IMC ni otros factores, y a ojo– y en un alarde de espontaneidad intenta analizar su dieta en directo. Brillante.
En este terreno no puedo dejar de mencionar el presunto ilícito en el que pudo haber incurrido al descalificar al Profesor Mulet sin tener en cuenta, supongo, la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Pues bien, en buena parte de su justificación, y concretamente en su artículo 37 se destaca la prohibición de cualquier discriminación directa o indirecta por razón de sobrepeso u obesidad. Y es que usted, además, no se refiere al Dr Mulet como obeso, se refiere a él con la expresión ‘gordo’ ¿en todas sus acepciones, o pretendía usted hacer especial hincapié en alguna?

Querida Milagros
No voy a entrar de nuevo a valorar los contenidos del libro. Ya lo hice hace casi cuatro años, y si sigue el enlace verá que ya por aquel entonces aparece su nombre. Pero déjeme hacerle un resumen sobre mi parecer al respecto del panfleto en cuestión:
  • No existe la tal enzima prodigiosa, incluso el bueno de Hiromi –su autor– lo reconoce, solo se la imagina (y con ello perpetra un título genial, y de paso un negocio que le ha reportado grandes beneficios).
  • Él y solo él sospecha de su existencia y le atribuye propiedades que a la luz de la medicina actual solo pueden ser consideradas de milagrosas.
  • Cualquier niño en sus últimos cursos de primaria, solo con los más elementales conocimientos de biología podría (debería) echar por tierra los argumentos de este libro. Lamentables en boca de un señor que ejerce la medicina.
  • La obra está cuajada de despropósitos energético-holísticos buenrrollistas, que no tienen ningún respaldo en la ciencia. El autor miente más que escribe y para poner solo un ejemplo, baste este dato: es imposible contrastar la filiación profesional del autor, que él mismo se encarga de incluir en el prólogo. Allí dice ser profesor de cirugía en el Colegio Albert Einstein de Nueva York. Sin embargo, un portavoz de la institución ha negado a diversos medios que Shinya ejerza allí, pese a que la editorial sostiene que sí.
  • Un extra: para dar buenos consejos en el terreno sanitario o, llegado el caso, de la nutrición no hace falta ni mentir ni recurrir a cuentos de hadas.
Siempre existirá gente como usted, Sra Milá, que se reúna en noches de luna llena alrededor de una magnífica fogata para invocar a Gaia o a la enzima prodigiosa, madre cósmica de todas esas otras enzimas chiquitinas y gregarias que habitan en cada ser vivo. Eso es algo inevitable. Si le digo la verdad, ese tema me inquieta poco y hasta me parece algo folclórico. Lo que me parece todo un desacierto es que alguien utilizando su escaparate mediático invoque una enzima que ni existe, ni es prodigiosa, ni nada de nada. Esa enzima es una solemne tontería y es peligrosa.
Por cierto, antes de despedirme me gustaría comentarle una cosa. Mis argumentos en contra del bodrio de la enzima prodigiosa son los mismos, en esencia ,que los del profesor Mulet, mido 1,79, peso 76 kg y tengo 47 años… ¿también me va a llamar gordo para defender su postura? ¿O en este caso se va centrar en que tengo un poco menos de pelo que cuando tenía 25, llevo los pantalones arrugados, la barba de tres días o cualquier otro argumento igual de válido cuando se trata de intentar imponer la fe o los intereses de una cadena por encima de la ciencia?