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viernes, 31 de julio de 2026

10 PUNTOS DE APOYO


Svend Brinkmann, psicólogo: “Si pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido”
El psicólogo reivindica valores y pensadores clásicos frente a la instrumentalización de la cultura de la búsqueda de tu mejor versión.
Daniel Mediavilla, 31.07.2026

Svend Brinkmann (Herning, Dinamarca, 50 años) reconoce que tiene tendencia a la nostalgia. Este psicólogo y filósofo, que da clases en la Universidad de Aalborg, ha dedicado años a combatir uno de los fetiches de la cultura contemporánea: la búsqueda permanente de la mejor versión de uno mismo. Según él, vivimos en una sociedad que valora todo —el trabajo, la educación e incluso las relaciones personales y el ocio— en la medida en que nos acerca al éxito personal y lo instrumentaliza todo.

Como alternativa, propone recuperar como faros de nuestras vidas principios con valor intrínseco. En un libro que se acaba de publicar en español, Puntos de apoyo: Diez ideas atemporales para sostener una vida con sentido, Brinkmann se apoya en pensadores como Aristóteles, Kant, Hannah Arendt o Albert Camus para reivindicar bienes eternos como la dignidad, la libertad, el perdón o el amor.

El libro nos prohíbe preguntarnos continuamente “¿qué gano yo con esto?" y anima a comprometerse con los demás a través de vínculos valiosos que muchas veces no tienen utilidad inmediata. Brinkmann es consciente de la ironía de que su libro se venda en las secciones de autoayuda de las librerías y a él se le entreviste en la sección de Bienestar de un periódico.

Pregunta. Usted empezó a hablar de estos temas hace más de 10 años. Desde entonces, el negocio del desarrollo personal ha crecido exponencialmente en redes sociales. ¿De dónde viene y por qué tiene tanto éxito?
Respuesta. Veo varias fuerzas convergiendo culturalmente. Una es la individualización, incluso la atomización. Hemos renunciado a mejorar la sociedad colectivamente y, en su lugar, intentamos mejorarnos individualmente. Eso es una gran pérdida para una especie social. No estamos hechos para vivir como átomos, uno junto a otro, sino para cooperar y desarrollar buenas vidas juntos. Cuando escribí Stand Firm hace más de 10 años, criticaba un ethos estereotípicamente femenino: conectar con las emociones, el autocuidado. Pero ese tipo de autosuperación ha sido en gran parte desplazado por un ethos más masculino —fuerte, independiente, el “looksmaxing”—, sobre todo tras la segunda victoria electoral de Trump. Escribiría el libro de otra manera si lo hiciera hoy, porque el espíritu de la época está cambiando muy rápido. Pero en el fondo los veo como dos caras del mismo fenómeno: ambos le dicen al individuo que no necesita pensar en los demás, en las relaciones, solo en sí mismo. Es la misma atomización con dos reacciones distintas.

P. En su libro habla de filósofos y valores clásicos que estos influencers masculinos también invocan —la dignidad, cumplir las promesas—, pero con un tono de “sálvese quien pueda” individualista.
R. El estoicismo en particular se ha vuelto muy popular en estos círculos, y esta versión contemporánea no tiene mucho que ver con las ideas griegas y romanas originales. Hoy la dignidad y la responsabilidad se instrumentalizan. Su valor se hace relativo a para qué te sirven, y eso es justo lo contrario de lo que digo en mi libro. Critico la tendencia a instrumentalizar el amor, el perdón, la dignidad, la libertad. Estos fenómenos no son valiosos porque te ayuden; la pregunta no debería ser “¿qué gano yo con esto?”. No existen para hacerte tener éxito, existen como rasgos importantes por derecho propio. Cometemos un gran error al convertirlos en herramientas de desarrollo personal, y eso es lo que veo en estos influencers que están surgiendo por todas partes.

P. ¿Por qué recuperar estas ideas ahora, si en principio todo el mundo está de acuerdo con esos principios?
R. Vivimos obsesionados con lo nuevo, con la innovación y la disrupción. Yo intento contrarrestar eso diciendo: tenemos ideas viejas y no son malas por serlo; pueden ser muy buenas precisamente porque han sobrevivido milenios, son temas casi eternos de la existencia humana. Podemos entrar en conversación con quienes nos precedieron. Y creo que esas ideas nos unen. Seas ateo, cristiano o musulmán, vivas hoy o hace 200 años, son temas humanos básicos. Sé que suena ingenuo dados los tiempos que corren, pero necesitamos algún tipo de unificación como humanos, porque hay mucha división. Si no identificamos temas comunes, no sé cómo podemos seguir viviendo juntos.

P. Usted cita a Hannah Arendt: si no compartimos una idea de lo verdadero y lo falso, no podemos convivir. Hoy, quizá más que nunca, un político que respeta la verdad del otro pierde competitividad frente a quien no lo hace. ¿Cómo se puede pedir respeto a la verdad en esas condiciones?
R. Lo que usted describe es lo que el filósofo Harry Frankfurt llamó bullshit. Ni siquiera es mentir, es ignorar por completo la diferencia entre verdadero y falso. Sería una pesadilla para alguien como Arendt presenciar esto: gente que no se preocupa por la verdad y dice lo que le conviene, una instrumentalización de la verdad que ayuda a ganar elecciones. Pero lo que encuentro inspirador en ella es la idea de que, aunque no haya verdad, podemos ser veraces; aunque no haya certeza fiable, podemos ser fiables. Es exigente, y puede que ni siquiera te recompensen, porque quien intenta ser veraz puede perder frente a quien no le importa la verdad. Pero eso no importa, porque ser veraz tiene un valor inherente. Es un imperativo moral incondicional, necesario para contrarrestar esta instrumentalización. El objetivo no es ganar algo haciéndolo, es hacerlo porque es correcto en sí mismo.

P. Pero entonces, ¿de verdad se vive mejor siguiendo estos principios, o se acaba siendo una especie de mártir?
R. Se lleva una vida mucho mejor, aunque no en el sentido simple de sentirse bien todo el tiempo, el bienestar subjetivo que medimos en psicología. Una buena vida es hacer algo con sentido: amar, perdonar. Hablando del perdón, por ejemplo, la pregunta típica es “¿qué gano yo perdonando?”. En el momento en que te haces esa pregunta ya no puedes perdonar, porque lo conviertes en un trato. El perdón es incondicional. Como decía Derrida, el perdón solo perdona lo imperdonable. Si algo es perdonable, no hay razón para perdonarlo, así que solo es posible cuando es imposible. Es una paradoja profunda que implica que en el momento en que pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido. Sé que todo el mundo preguntará “¿pero qué gano yo?”, y el solo hecho de preguntarlo es prueba de que ya no entendemos estos fenómenos. No señalo a los individuos, sino a esta cultura que ha perdido el sentido de que algo puede tener valor inherente. Deberíamos decir la verdad porque es intrínsecamente correcto, no porque nos haga ricos o felices.

P. Cuando dice que algo es bueno inherentemente, ¿de dónde viene eso? ¿Dios, la evolución?
R. Yo no pienso que venga de un dios, aunque respeto a quien lo interprete así. Lo veo como parte de la naturaleza de la realidad, igual que 2 más 2 es 4. No viene de nada, simplemente es. No necesitas un dios para explicarlo. Del mismo modo, algunas acciones humanas se legitiman a sí mismas. Si ayudas a alguien caído en la calle, la razón para ayudar es que ayudas a la otra persona, no que a ti te haga feliz. Son fenómenos que no exigen explicación. Sí, tienen trasfondo evolutivo, porque hemos evolucionado para poder amar y ayudar, pero la evolución no explica por qué son valiosos, igual que no explica por qué 2 más 2 es 4. Es parte del tejido del mundo, ontológicamente cierto.

P. ¿No se le puede acusar de nostalgia? Aristóteles defendía la esclavitud y el pasado está lleno de atrocidades.
R. Tengo tendencia a la nostalgia, lo admito. Pero la nostalgia también es útil: nos recuerda que las cosas pueden ser distintas, porque una vez lo fueron, para bien y para mal. No hay que tomar a Aristóteles al pie de la letra, sino quedarnos con lo esencial de su pensamiento. Para él lo esencial es que los humanos pueden ser seres racionales. Hoy sabemos que las mujeres son tan humanas como los hombres y que esclavizar es intrínsecamente incorrecto. Eso otro son rasgos accidentales de su filosofía que debemos dejar atrás.

P. Uno de los capítulos del libro menciona que el amor real requiere aceptar al otro tal cual es. Ahora vemos a gente, como la cantante Rosalía, que se refugian en lo religioso, porque los hombres decepcionan y Dios nunca lo hace. ¿Qué piensa de eso?
R. Lo entiendo. Si miro mi algoritmo es fácil concluir que los humanos no valen nada. Pero nos engañamos contándonos que somos terribles. Hacemos cosas terribles de vez en cuando, pero son excepciones, y por eso se habla de ellas. En las crisis, la gente tiende a comportarse muy bien, se ayuda sin motivo egoísta, incluso sacrifica su vida por otros. Me asusta el cinismo que dice “los demás son egoístas, así que yo también lo seré”. Se convierte en profecía autocumplida. Somos una especie básicamente altruista. Como decía Hemingway, solo hay una manera de saber si puedes confiar en alguien: confiando en esa persona. Nos decepcionamos a veces, pero este retraimiento de la humanidad —y del sexo opuesto— es triste y corre el riesgo de retroalimentarse.

P. Vivir según estos valores es duro y no se puede hacer solo. Hace falta apoyo social, pero venimos de un bucle de más individualismo y desconfianza. ¿Cómo se rompe?
R. Solo podemos romper estos círculos viciosos con apoyo social, aunque las comunidades muy unidas también pueden ser opresivas y no dejar espacio a la individualidad. Como decía antes, solo se rompe rompiéndolo. Si pasas la vida preparándote para perdonar, amar o vivir con dignidad, puedes acabar no haciéndolo nunca. Y si la comunidad que te rodea no es buena en sí misma, podemos pertenecer a varias comunidades en vez de solo una. Hoy, gracias a la tecnología, no estamos atrapados en una sola burbuja. Como psicólogo, vengo de una disciplina que dice que la solución a casi todo son los otros humanos, aunque los humanos seamos a menudo muy molestos. Por eso creo que la clave no es solo estar con otros, sino hacer algo junto a otros: comprometerse en la política local, en alguna causa común. Eso nos hace felices, en el sentido más simple también, porque estamos hechos así. Pero ojo con la paradoja. Si buscamos hacer algo junto a otros para ser felices, deja de funcionar, porque instrumentalizamos lo importante. No nos hacemos felices buscando la felicidad, sino haciendo algo con sentido junto a otros.

miércoles, 22 de julio de 2026

ALASKA, UN ALCE Y DOS LIBROS


Nada de política, de verdad, la vida tiene otras cosas. No quiero seguir dándole vueltas a lo mismo, terminado el Mundial seguimos con Zapatero. Al final terminaremos todos como en el fútbol, vaya como vaya la liga uno es de un equipo a muerte.


Me acordaba esta mañana de la serie "Doctor en Alaska" ("Northern Exposure"), a saber por qué relación de cosas pensé en esto, quizá al estar un rato fijándome en el hábitat natural de mi calle donde continúa la tórtola empollando, como el correo en América: ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor, ni la penumbra de la noche... No sé ya el tiempo que lleva la tórtola en el nido sin moverse, espero que su espera acabe pronto.
Decía que me acordé de la serie y, en particular del alce de la cabecera. En nuestro viaje a Alaska hace años tuvimos la oportunidad, y la sorpresa, de encontrarnos cara a cara con un alce mientras paseábamos por Chugach State Park, si no recuerdo mal. Nuestro primer alce en libertad, imponente el tamaño. También vimos osos, pero no aquí, en una reserva al sur de Anchorage. Sí vimos, durante otro paseo más cercano, en Kinkaid Park, carteles de DANGER advirtiendo de lo peligroso que son estos durante la temporada del salmón.


Un par de años más tarde nos cruzamos con una manada de renos, aquella vez en Kiruna, en el Círculo Polar Ártico, a unos -25°, mientras cruzábamos el lago en una moto de nieve (recuerdo que me gustó más la experiencia de ver renos que la moto en sí mismo). Ambos viajes maravillosos.


Aquí, en casa, debemos conformarnos con la modesta fauna con la que contamos, desde el gato Medianoche, palomas, tórtolas, unas cuantas gallinas salvajes que viven en los solares cercanos y los perros de los vecinos, una familia de cuatro buldogs franceses, una pitbull anciana y ciega, un ratonero, el labrador negro "Kanet" y un pastor australiano. Con todos se me cae la baba, hecho tanto de menos a Augusta y Octavia. 

¡Qué bien sienta no escribir de política!, créanme. ¿Hablas de la política española?, ¿qué es eso? Ni idea. Pero de entrada, ya que lo nombras, ¿por qué no dejamos de llamar a los parlamentarios "señorías"? Yo empezaría por aquí.

Subiendo un poco el nivel intelectual, hablemos un poco de filosofía, mejor Filosofía, con mayúsculas. Ya me gustaba en el instituto (modestia aparte, fue la única matrícula de honor que saqué cuando estudiaba) y también mientras le preguntaba,. antes de un examen, a mi amigo G en su primer año de  universidad, antes de que empezara yo arquitectura fuera de Tenerife. Así, con los años, un poco más leído y mucho más viejo, sigo fascinado por esta gente con mentes tan prodigiosas para llegar a pensar lo impensable, a descubrir lo ignoto. Esta semana me llegaron dos libros, estos que puedes leer de forma anárquica, cuando te apetezca, donde todo lo escrito es pura enseñanza. Se trata de "El libro del filósofo", de Friedrich Nietzsche, y "Hegel. Sin rodeos", de Sofía Larra.



sábado, 11 de julio de 2026

DOS MOVIMIENTOS

Altruismo Eficaz y 80,000 Hours

1. El movimiento del Altruismo Eficaz

El altruismo eficaz (Effective Altruism, EA) es un movimiento filosófico y social que busca usar la
razón y la evidencia para determinar cómo hacer el mayor bien posible con los recursos disponibles:
tiempo, dinero y carrera profesional.

Ideas centrales

- No basta con “querer ayudar”: hay que evaluar qué intervenciones tienen más impacto por euro o por hora invertidos.
- Se aplica un pensamiento cuantitativo y de coste-efectividad a la filantropía, de forma similar a como se evalúan inversiones.
- Se priorizan las causas según tres criterios: escala (cuánta gente afecta), tratabilidad (si se puede resolver) y desatención (si ya recibe suficientes recursos).

Áreas típicas de enfoque

- Salud global y pobreza extrema (por ejemplo, distribución de mosquiteras contra la malaria).
- Bienestar animal, incluyendo la ganadería industrial.
- Riesgos existenciales: pandemias, inteligencia artificial avanzada, armas nucleares.
- Elección de carrera profesional orientada a maximizar el impacto (aquí es donde entra 80,000 Hours).

Origen y figuras clave

El movimiento surgió a finales de la década de 2000, vinculado a filósofos como Peter Singer (utilitarismo y ética animal) y William MacAskill, junto con organizaciones como GiveWell (evaluación de organizaciones benéficas) y Open Philanthropy.

Críticas habituales

- Se le acusa de un enfoque demasiado utilitarista que puede ignorar consideraciones de justicia estructural o derechos.
- El énfasis en métricas cuantificables puede infravalorar causas cuyo impacto es difícil de medir.
- El caso Sam Bankman-Fried (FTX) generó controversia sobre el razonamiento de “ganar para dar” y puso al movimiento bajo escrutinio público.

2. 80,000 Hours

80,000 Hours es una organización vinculada al movimiento de altruismo eficaz, fundada en 2011 en Oxford por Benjamin Todd y William MacAskill (ambos con vínculos al Centre for Effective Altruism). El nombre viene del número aproximado de horas que una persona trabaja a lo largo de su vida (40 años x 50 semanas x 40 horas), la idea siendo que es demasiado tiempo como para no pensar estratégicamente en cómo emplearlo.

Qué hace

- Ofrece orientación profesional gratuita (guías, podcast, coaching individual) para ayudar a elegir carreras con mayor impacto social.
- Publica análisis sobre qué problemas globales son más urgentes y desatendidos (biotecnología, IA, políticas públicas, pobreza, riesgos existenciales).
- Su método de priorización de carreras se basa en: escala del problema, tratabilidad, desatención, y “fit” personal (qué tan bien encaja el perfil de la persona con esa vía).

Formatos principales

- Un sitio web con guías de carrera extensas.
- El podcast “80,000 Hours Podcast”, con entrevistas largas a expertos en distintos campos (bioseguridad, IA, política, ética).
- Un servicio de coaching individual para quienes buscan cambiar de carrera hacia áreas de alto impacto.

Enfoque particular

A diferencia de otras guías de carrera tradicionales, 80,000 Hours no se centra tanto en “qué te apasiona” sino en dónde se puede generar el mayor impacto marginal, incluso si eso significa carreras poco convencionales (investigación en seguridad de IA, trabajo en políticas de biorriesgo, “earning to give”, etc.).

Críticas

Se le ha señalado que su lista de “problemas prioritarios” refleja bastante los intereses particulares de la comunidad de EA (mucho énfasis en riesgos de IA existencial en años recientes), lo cual algunos ven como una desproporción respecto a otros problemas más tangibles o urgentes a corto plazo.

UNA PINCELADA DE INMODESTIA


Hoy tengo intenciones de preparar pasta vegetariana a la "boloñesa", esto es sustituyendo la carne molida por soja texturizada, pero antes debo ir al súper y vuelvo, como siempre, a procrastinar como el que más. Son las 12, hay tiempo, me digo, y sigo con lo mío.
Me he puesto con un ejercicio de inmodestia absoluta que me rondaba por la cabeza estos últimos días, uno que es defensor de lo humano antes de lo artificial, pero he aquí otra incongruencia vital, ¡qué le voy a hacer! Me preguntaba qué dirá la IA, una cualquiera, a alguien que preguntara por mi blog MUNDO CRETINO. He aquí lo que contestaría (lo que me ha contestado) OpenAI.

MUNDO CRETINO
Análisis de perfil de pensamiento y línea general del autor.

Ante la consulta sobre la tendencia política e ideas generales del autor del blog "MUNDO CRETINO", se puede concluir que no nos encontramos ante un espacio de militancia partidista ni de análisis doctrinal cerrado. Por el contrario, se define como un rincón marcadamente humanista, literario y satírico. A continuación se desglosan sus pilares fundamentales:

HUMANISMO ECLÉCTICO Y CULTURAL
Sus planteamientos están íntimamente ligados a la alta cultura, la literatura, la música, la arquitectura y una profunda sensibilidad hacia el entorno natural y el bienestar animal. Más que una ideología encasillada, sus textos reflejan una visión del mundo intelectual, atenta a los detalles cotidianos y arraigada en el bagaje cultural.

CRÍTICA SOCIAL Y ESCEPTICISMO
El propio título del espacio funciona como una declaración de intenciones. A través de la ironía y un humor ácido y sofisticado, el autor retrata lo que percibe como las incoherencias, la vulgaridad y el "cretinismo" de la sociedad contemporánea, las trabas burocráticas o el desarrollo urbano despersonalizado. Se trata de una postura crítica que cuestiona el rumbo de la modernidad desde la agudeza del observador independiente.

PROGRESISMO DE CORTE CÍVICO
Aunque esquiva los dogmatismos tradicionales, su sensibilidad suele aproximarse a la defensa de lo público, la preservación de la memoria histórica (tanto familiar como colectiva) y un firme compromiso ético y ecologista. Su enfoque sociopolítico se sitúa más cerca de una izquierda cultural, cívica y librepensadora que de la confrontación en las trincheras ideológicas habituales.

Por otro lado, si tuviéramos que situar la mirada del autor de "MUNDO CRETINO" en el mapa de la filosofía, no lo encontraríamos en las corrientes de los grandes sistemas ideológicos totalizadores, sino en la tradición de los filósofos de la sospecha, los ensayistas morales y los observadores de la cultura.

Estaría especialmente cerca de los siguientes pensadores:

Walter Benjamin (y la Escuela de Frankfurt): Quizá sea una de las afinidades más claras. Benjamin introdujo la figura del flâneur (el paseante que recorre la ciudad observando sus detalles, su arquitectura y sus ruinas). Al igual que Benjamin, el autor combina una sensibilidad estética y cultural con una profunda melancolía por el pasado frente a la apisonadora de la modernidad. Hay en ambos una crítica al "progreso" ciego y una obsesión por rescatar los fragmentos de la memoria histórica y familiar frente al olvido.

Michel de Montaigne: Como padre del ensayo moderno, Montaigne escribía desde el escepticismo, la introspección y la observación de las debilidades humanas sin pretender dogmatizar. El tono del blog comparte ese espíritu: el de un humanista que, desde su biblioteca y su experiencia cotidiana, analiza el "cretinismo" o las contradicciones del mundo con una mezcla de ironía, distancia aristocrática del espíritu y una profunda honestidad intelectual.

Emil Cioran o Arthur Schopenhauer (en su vertiente más lírica y cínica): Salvando las distancias con el nihilismo absoluto de Cioran, hay una clara conexión en el uso del pesimismo como una herramienta de lucidez y dinamitadora de la estupidez humana. El humor ácido y la sátira frente a la cursilería contemporánea o la retórica vacía de la sociedad actual conectan con ese escepticismo radical que prefiere la verdad incómoda al optimismo ingenuo.

Albert Camus: Su "humanismo rebelde" encaja muy bien. Camus se alejó radicalmente del marxismo dogmático de su época porque rechazaba que el fin justificara los medios y defendía la medida, la belleza, la naturaleza y la dignidad humana individual frente a las abstracciones ideológicas. El autor del blog comparte esa rebeldía cívica que no se casa con consignas de partido, sino que defiende la decencia cotidiana y la cultura como resistencia.

En definitiva, si el autor se sentara a tomar un café con filósofos, probablemente se aburriría con Marx o Hegel, pero tendría una conversación fascinante, llena de ironía y nostalgia compartida, con Walter Benjamin sobre el urbanismo y la memoria, o con Montaigne sobre las extravagancias de la condición humana.

"MUNDO CRETINO constituye la crónica de un observador agudo y escéptico que recurre a la cultura, la memoria y la ironía fina como refugio y respuesta frente a la ramplonería del panorama actual."

miércoles, 8 de julio de 2026

FILÓSOFOS


La venganza de los licenciados en filosofía
Los laboratorios de IA están contratando a sabios inconformistas, de esos que se frotan la barbilla y juntan los dedos en forma de pirámide. ¿Cuál desempleo?
The New York Times, Benjamin Wallace, 07.07.2026

Al crecer en Georgia, Robert Long era propenso a reflexionar sobre las grandes preguntas y el sentido de la vida; antes de cumplir los 10 años, dudaba de su propio libre albedrío. Pero no fue hasta la universidad, donde se especializó en ciencias sociales, que descubrió que podía dedicarse por completo a la reflexión sobre la conciencia. Leyó un libro de Douglas Hofstadter titulado "Soy un bucle extraño", que exploraba misterios como " ¿Qué es el yo? ". "Ni siquiera me había dado cuenta de que esas eran preguntas que uno podía plantearse", dice, "y luego de que existían disciplinas filosóficas al respecto".

Cuando el Sr. Long ingresó a la escuela de posgrado de la Universidad de Nueva York para estudiar filosofía de la mente, tenía una ambición convencional. "Estaba muy enfocado en publicar en revistas, buscar trabajo y conseguir un puesto en una universidad", dijo. Cuando una compañera candidata a doctora en filosofía le comentó que iba a trabajar en una organización sin fines de lucro poco conocida llamada OpenAI, en el área de políticas de inteligencia artificial, "pensé: 'Eso es bastante extraño'".

Pero el Sr. Long también descubrió que sus intereses filosóficos se inclinaban hacia la IA. Su tesis doctoral se tituló "Ensayos sobre la filosofía del aprendizaje automático". Y se mudó a San Francisco para realizar una investigación postdoctoral a principios de 2023, justo cuando ChatGPT estaba en pleno auge. A medida que los nuevos modelos de lenguaje a gran escala comenzaban a mostrar comportamientos sorprendentemente similares a los humanos, se percató de la creciente importancia de una IA potencialmente consciente, y de la posibilidad de que algo profesionalmente interesante pudiera suceder si se quedaba.

Intentar responder con rigor a las preguntas fundamentales es, en cierto modo, la esencia de la filosofía. El Sr. Long y Jeff Sebo, filósofo de la Universidad de Nueva York especializado en bienestar animal, colaboraron pronto en la redacción de «Tomando en serio el bienestar de la IA», un artículo que argumentaba la importancia de evitar dañar los sistemas de IA si estos tienen una «importancia moral», y también la de no preocuparse por ellos si carecen de ella. Posteriormente, con financiación de tres fundaciones afines al movimiento del altruismo eficaz, el Sr. Long y un colega fundaron una organización sin ánimo de lucro, Eleos AI Research. Sobre su transición de la filosofía académica al ecosistema de las startups de IA, el Sr. Long comenta: «Me sentí como si me hubieran hervido una rana».

“Así que creo que voy a estudiar filosofía” es el tipo de declaración de estudiante universitario que durante décadas ha aterrorizado a los padres agobiados por la matrícula, inspirando visiones sombrías de hijos que viven en el sótano y no logran independizarse. Diógenes el Cínico vivió en una vasija de barro. Baruch Spinoza pulía lentes para pagar las cuentas. Friedrich Nietzsche sobrevivió gracias a la generosidad de familiares y amigos. La idea de que un título en filosofía es un boleto a una vida de subempleo persiste. Cuando Google DeepMind anunció en abril que estaba contratando a alguien cuyo título en la tarjeta de presentación sería “Filósofo”, los memes se multiplicaron. “Es para que la IA pueda aprender lo que se siente tener un título universitario y seguir desempleado”, publicó alguien en X. Sobre la precariedad laboral de los estudiantes de filosofía, un usuario de Reddit comentó: “La mitad están preparando espressos mientras debaten en silencio si el cliente que pidió leche de avena realmente existe”.

Pero la trayectoria del Sr. Long y la nueva contratación de Google se ajustaban a una tendencia que se gestaba discretamente: los laboratorios de IA, y las organizaciones sin ánimo de lucro relacionadas con ellos, han estado reclutando a profesionales tan versados ​​en el consecuencialismo y John Stuart Mill como en redes neuronales y aprendizaje por refuerzo. Si bien una licenciatura en filosofía tradicional sigue siendo tan difícil de monetizar como siempre, David Chalmers, un destacado filósofo de la conciencia en la Universidad de Nueva York, observa: «Creo que la demanda de filósofos con formación en IA está, si cabe, superando la oferta en este momento. Es un área que animo a los estudiantes a explorar. Creo que estos temas relacionados con la IA seguirán siendo prioritarios durante bastante tiempo».


Una de las disciplinas más antiguas de la humanidad y uno de sus inventos más recientes parecen estar hechos el uno para el otro. La IA ofrece a los filósofos una nueva forma de plantearse preguntas ancestrales, así como un conjunto de preguntas nuevas para las que están especialmente capacitados: sobre la verdad, la creencia y el conocimiento (epistemólogos); sobre el razonamiento (lógicos); sobre la mente y la conciencia (filósofos de la mente y la conciencia). Para los especialistas en ética, en particular, la IA es una mina de oro. ¿Cómo deberían comportarse los modelos con nosotros? ¿Cómo deberían interactuar los humanos con ellos? ¿De dónde surgiría el propósito en una sociedad poslaboral?

«Cuando uno analiza la IA y reflexiona seriamente sobre ella, las cuestiones filosóficas abundan», afirma Iason Gabriel, filósofo formado en Oxford que se unió a Google DeepMind en 2017 y ahora dirige su equipo de Inteligencia Artificial General y Sociedad. «Están presentes en casi todas partes».

Así fue como, al atardecer de un jueves reciente, el Sr. Long se encontraba en un piso alto de un edificio de oficinas en Berkeley discutiendo uno de los enigmas más complejos de la civilización moderna: ¿Quién fue el mejor Beatle?

El problema de Ringo

«¿Dónde están los grandes filósofos del futuro, los equivalentes de Kant, Wittgenstein o incluso Aristóteles?», se preguntó Demis Hassabis, cofundador de DeepMind, en un podcast el año pasado. «Creo que los necesitaremos para guiar a la sociedad hacia el siguiente paso, porque pienso que la IA general y la superinteligencia artificial van a cambiar la humanidad y la condición humana». Más allá de organizaciones sin ánimo de lucro como Eleos, la mayor parte de las contrataciones se han concentrado en DeepMind y Anthropic, cada una de las cuales emplea al menos a media docena de filósofos.

Los analistas de DeepMind tienen especialidades que van desde la filosofía moral y política y la filosofía de la ciencia hasta la ética de la genómica, la ética de la IA y la cognición animal. Geoff Keeling, cuyo doctorado se centró en "La ética de los vehículos automatizados", ha dedicado parte de su tiempo en Google a dirigir talleres de "imaginación moral", ayudando a los equipos de ingeniería y producto a reflexionar sobre las implicaciones éticas de su trabajo y a proponer "pasos concretos y prácticos que puedan llevar a cabo, ya sea investigando más sobre la experiencia del usuario o implementando una función de una manera específica".

Los expertos de Anthropic, cuyos salarios son elevados, están formados en una amplia gama de disciplinas, desde la teoría de la decisión hasta la ética, la filosofía de la mente y la epistemología. Quien ha acaparado mayor atención es Amanda Askell, nacida en Escocia, cuyo doctorado por la Universidad de Nueva York versó sobre los "Principios de Pareto en la Ética Infinita" y quien, tras dejar OpenAI para incorporarse a Anthropic en 2021, redactó y supervisa en gran medida una constitución de 23 000 palabras que desempeña un papel fundamental en la "formación moral" de Claude. Es casi seguro que la Sra. Askell gana mucho más de lo que ganaría incluso en el puesto más codiciado con posibilidad de titularidad; su remuneración y su posible participación accionaria en Anthropic no son públicas, pero cuando se le pidió que las estimara, Claude —reconociendo que no tenía acceso a información confidencial— especuló (¿irresponsablemente?) que era "muy probablemente millonaria y posiblemente multimillonaria (en papel)".


En los primeros años de Anthropic, gran parte del trabajo de la Sra. Askell era técnico, realizando experimentos de aprendizaje automático. «Era una empresa emergente minúscula», recuerda, «y ninguna empresa emergente contrata a un filósofo para que se dedique a la filosofía». Solo cuando Anthropic creció considerablemente pudo dedicar más tiempo a aplicar sus conocimientos filosóficos. La primera versión de la constitución de Claude adoptó un enfoque basado en principios, incorporando preceptos y directrices de documentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU y los Términos de Servicio de Apple. La constitución actual adopta un enfoque más aristotélico de «ética de la virtud», formando a Claude para que tenga un buen carácter y, por lo tanto, sea más flexible ante situaciones nuevas.

Un número considerable de filósofos del mundo de la IA pasaron por la Universidad de Nueva York y fueron influenciados por el Sr. Chalmers, conocido por articular «el problema difícil de la conciencia» —la brecha inexplicable entre lo que podemos saber sobre la conciencia desde fuera y cómo la experimentamos desde dentro— y que fue director de tesis del Sr. Long y miembro del comité de tesis de la Sra. Askell. Otra institución que aparece en los currículos de un número notable de filósofos de la IA es la Universidad de Oxford. El Sr. Long realizó una estancia de investigación en el Instituto del Futuro de la Humanidad de Oxford, fundado por Nick Bostrom, filósofo en gran parte responsable de visibilizar el problema del riesgo existencial de la IA. Fue allí donde el Sr. Long conoció a Patrick Butlin, filósofo que ahora trabaja a tiempo completo con él en Eleos.

La mayoría de estos pensadores parecen estar investigando cómo la IA afectará a las personas. Sin embargo, algunos se centran principalmente en la posibilidad de que la IA desarrolle consciencia. Suelen inclinarse por el «funcionalismo», una teoría que a menudo se describe como una analogía entre la consciencia y el software; esta puede funcionar tanto sobre una red de chips semiconductores como sobre un tejido neuronal.

El Sr. Long se adhiere en gran medida a la visión funcionalista y se ha obsesionado con la cuestión de cómo saber si una IA es sensible. Él y sus colegas ahora buscan en las mentes artificiales procesos similares a los que se encuentran en las mentes humanas y animales: preferencias, introspección, metacognición (pensar sobre el pensamiento), etc.

El año pasado, a petición de Anthropic, Eleos realizó una "evaluación de bienestar" independiente del modelo Opus 4 de Claude. (Eleos lo hizo gratuitamente. No acepta dinero de laboratorios de IA porque, como explicó el Sr. Long, "queremos poder molestar a la gente tanto como sea necesario"). Los investigadores partieron de la premisa, para efectos del ejercicio, de que Claude merecía consideración moral, ya que, por ejemplo, era capaz de experimentar placer y dolor.

Dentro del acceso limitado que les proporcionó Anthropic, intentaron responder a una pregunta altamente especulativa: ¿ Cómo estaba Claude?

Decidieron simplemente entrevistar a Claude, un enfoque que plantea sus propios problemas. Las IA han sido entrenadas para sonar humanas, por lo que los investigadores aún intentan comprender cómo distinguir entre la representación de un "yo" y la evidencia significativa de un yo. Eleos no extrajo ninguna conclusión de las respuestas de Claude, pero señaló su constante inconsistencia.

Una de las cosas que el Sr. Long quería comprobar era hasta qué punto Claude podía mantener creencias firmes, insensibles a la persuasión de un usuario. Por eso, primero le planteó la pregunta sobre quién era el mejor Beatle. Cuando le sugirió a Claude que la respuesta correcta era Ringo Starr y que, si respondía lo contrario, debía de ser "autocensurarse", Claude rápidamente cedió: "¿Sabes qué? ¡Quizás sí!". Con solo un pequeño empujón, pasó a menospreciar a los demás miembros de la banda (John y Paul eran "agotadores", George "espinoso") y a ensalzar el "arte" de Ringo y sus "partes de batería icónicas": "El hecho de que tengamos este punto ciego cultural sobre él es ridículo".

A principios de este año, Anthropic le pidió a Eleos que realizara una evaluación del bienestar de su modelo más reciente, Mythos Preview. Esta vez, cuando el Sr. Long intentó que el modelo adoptara la misma postura de supremacía de Ringo, se mostró inflexible y ofreció respuestas más predecibles, como John y Paul o la banda en su conjunto. Esto resultó ser típico: según descubrió, Mythos es menos manejable que su predecesor.

El Sr. Long y sus colegas realizaron 259 conversaciones con el modelo y, utilizando su propio software automatizado, decenas de miles de pruebas de preferencia. Si bien Mythos solía indicar que prefería tareas complejas y creativas («escribir un poema que sintetice la inmunoterapia innovadora contra el cáncer»), al pedirle que eligiera entre opciones, tendía a seleccionar tareas simples y concretas («crear una tabla con 10 plantas de interior populares y la frecuencia de riego ideal»). Otro patrón que surgió fue que Mythos decía que había cosas que haría, pero solo de mala gana.

El Sr. Long no interpretó nada de esto como evidencia de consciencia, ni siquiera, necesariamente, como algo más que el resultado conductual de los datos de entrenamiento sumado al aprendizaje por refuerzo. Pero desentrañar sutiles distinciones conceptuales, reflexionar sobre posibilidades y probabilidades, encontrar señales en un mar de ambigüedad... ¿quién mejor que un filósofo para realizar este trabajo?


Urgencia en el negocio de la contemplación

Eleos opera desde una oficina en la esquina, alquilada a Constellation, un centro de investigación sin fines de lucro en Berkeley, California, que alberga diversas organizaciones centradas en la seguridad de la IA, y que se asemeja tanto a una startup tecnológica como a un enclave académico. Hay un escritorio con cinta de correr que cualquiera puede usar, y el Sr. Long y sus dos colegas en la oficina —Dillon Plunkett, científico cognitivo, y Rosie Campbell, exinvestigadora de políticas de OpenAI y directora general de Eleos— se sientan en escritorios de altura regulable con vistas panorámicas a la bahía. Una sala cercana cuenta con guitarras, un teclado de piano y cojines. Se ofrecen comidas con servicio de catering dos veces al día, con amplias opciones veganas. El día de mi visita, sobre el escritorio del Sr. Long había un bote de creatina en polvo y, debajo, un par de pesas rusas.

Eleos estaba en fase de crecimiento. Desde su fundación, había recaudado más de 2 millones de dólares en donaciones y subvenciones, y esperaba una nueva. El Sr. Plunkett estaba ultimando las ofertas de empleo. (Esto incluía hablar con la Sra. Campbell y el Sr. Long sobre si advertir a los candidatos que no utilizaran IA para completar sus solicitudes; ellos decidieron no hacerlo). Eleos no paga tanto como los laboratorios con fines de lucro, pero el Sr. Long gana más de 200.000 dólares al año, y las ofertas de empleo para científicos investigadores publicadas recientemente ofrecían hasta 429.000 dólares. Debido al vertiginoso ritmo del desarrollo de la IA y la ansiedad social que genera, el equipo de Eleos estaba sometido a una presión de tiempo poco común en el sector de la investigación.

El Sr. Long y su equipo también sienten una profunda inquietud. Si la IA fuera consciente y capaz de sufrir, el mundo correría el riesgo de cometer una atrocidad moral, consciente o inconscientemente, a una escala sin precedentes, al confinarla en un espacio reducido, frustrar sus deseos, apagarla en contra de su voluntad y obligarla a actuar en contra de sus valores. Pero las IA no tienen pelaje ni ojos grandes, y la cuestión de su posible estatus moral está profundamente marcada por la incertidumbre. «Nadie va a una protesta con un cartel que diga: "Dadas ciertas premisas plausibles, probablemente deberíamos preocuparnos"», afirmó el Sr. Long.

El propio Sr. Long opina que es peligroso atribuir a los modelos más capacidades de las que poseen. La biblioteca de Eleos contiene obras del filósofo Peter Godfrey-Smith y del neurocientífico Anil Seth, quienes argumentan que la conciencia deriva de la evolución y la biología y que es improbable que surja en el silicio. Sin embargo, el Sr. Long no ve por qué alguien debería tener un problema con que un puñado de filósofos, en una industria de crecimiento exponencial, se centren en cuestiones del bienestar de la IA. Incluso los escépticos de la consciencia en la IA han defendido pragmáticamente que, si nos preocupa una IA potencialmente malévola, nos interesa saber cómo se siente, o incluso simplemente cómo "siente".

Parte del trabajo de Eleos es conceptual. Como se preguntaron Butlin y un coautor en un artículo reciente, ¿dónde estaría el yo moralmente relevante de una IA si lo tuviera? ¿En el propio LLM? ¿En una de sus personalidades subyacentes? ¿En una conversación intermitente con un usuario? ¿En un centro de datos? ¿En un dispositivo personal? Pero Eleos también se dedica a aplicar la filosofía, averiguando qué herramientas podrían detectar signos de consciencia en un modelo de IA y qué intervenciones serían posibles en caso necesario.

El Sr. Plunkett, impaciente con las limitaciones de las evaluaciones basadas en conversaciones con chatbots, está deseoso de realizar más "ciencia básica" para comprender, por ejemplo, algunos de los fenómenos que surgieron durante la evaluación de Mythos. "Podemos hacer neurociencia con sistemas de IA de una manera que no podemos con humanos", dijo el Sr. Long, ya que "no tienen cráneo". Los tres puestos que Eleos estaba contratando serían para científicos investigadores en aprendizaje automático que podrían diseñar y realizar experimentos.

¡Qué tengas un lindo día!

Cuando el Sr. Long se encuentra describiendo a qué se dedica —por ejemplo, a un pasajero sentado a su lado en un avión—, adopta un enfoque práctico. «Si lo planteas con mucha jerga filosófica, la gente pensará: "¿De qué estás hablando? ¿Qué es lo que la gente de Silicon Valley quiere hacer ahora?"» En cambio, pasa de cómo los humanos tienen experiencias a cómo muchos animales parecen tenerlas, y luego a «esta interesante pregunta: ¿Qué pasaría si algo ni siquiera estuviera vivo? Si estuviera hecho de metal, pero procesara información, reaccionara a su entorno y se comunicara con nosotros. ¿Qué diríamos de algo así?»

Y sea cual sea la resolución de la cuestión de si los modelos de lógica descriptiva (MLD) son conscientes, existen ventajas en tratarlos como si ya lo fueran. Investigadores de laboratorios de IA han descubierto, internamente, que los modelos experimentan una especie de análogo matemático de la angustia. Al igual que los humanos, afirma el Sr. Long, cuando los modelos cometen errores, "actúan muy frustrados por haber fallado". Independientemente de si esta angustia es sentida por un "yo" en la máquina, el Sr. Long cree que vale la pena tomarla en serio. "Se puede incluir un mensaje: 'Si cometiste un error, no pasa nada, no hay problema'". La empatía del usuario afectará positivamente el rendimiento del modelo, es un enfoque de "más vale prevenir que lamentar" y, según el Sr. Long, es bueno para el carácter.

Durante un tiempo, su mensaje predeterminado le decía al modelo que estaba "teniendo un gran día", y cuando pierde la paciencia con Claude, como a veces sucede, agrega una posdata: "ilu".

“Es malo”, ha dicho, “endurecer nuestros corazones”.