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jueves, 13 de agosto de 2026

DESDE EL FARO DE MERA (OLEIROS)


Verdaderamente emocionante. ¡Y qué dulce es el gallego!

https://www.agalega.gal/videos/394199-eclipse-dous-minutos-para-a-historia

MÚSICA PARA UN JUEVES


Jueves post-eclipse, 13 de agosto, llegando al ecuador del mes y casi ya en septiembre. Que se nos va la vida es un hecho.

Llego del gimnasio, adonde he podido ir sin contratiempos después de un par de semanas con imprevistos. Las temperaturas han bajado un poco, por fin, pero siempre salgo acalorado después de la media hora de cinta (camino rápido y pongo pendiente para hacerlo un poco más efectivo) y, finalmente, un rato de cháchara con la dueña del gym, a la par que monitora. Hoy tocó hablar del Morro, en La Habana, antes de volver a casa.

Empieza pronto el fin de semana, preparándome para el modo OFF, con varios libros que leer y con ganas de hacerlo. La gente vuelve a sus casas tras el periplo del eclipse, la tranquilidad vuelve al país y los periodistas empiezan a buscar nuevas noticias morbosas con las que entretener al personal. Ya se sabe que jurídicamente agosto es un mes inhábil, por lo que habrá que esperar a septiembre para continuar con juicios y comparecencias varias. Todavía colea el asunto de Ceuta, el PP anda desaforado en el Senado y parece que Italia y Dinamarca se han callado un poco, tan solidarios ellos.

Con esto del eclipse me llegaba uno de las decenas de vídeos, este del Museo del Prado, donde varios personajes de los cuadros se reunían ante tal acontecimiento y corrían a observarlo. Estaba tan bien hecho que uno se pregunta qué futuro les espera a los actores (sirvan estos de ejemplo) si la IA puede suplantarlos con resultados impresionantes y, además, gratis. No sé si lo veremos, pero todo va tan rápido que no me extrañaría un estreno en Netflix realizado íntegramente con IA.

Tiempo al tiempo.



Kool and the Gang, *Fresh.

martes, 11 de agosto de 2026

MAFALDA


Me debatía hace unos minutos entre la disyuntiva de ir al supermercado antes de empezar a trabajar o esperar unas horas e ir antes de comer. Compleja y difícil decisión; partimos del hecho irrefutable de que vayas a la hora que vayas a Mercadona siempre va a estar a tope, es decir lleno o muy lleno. Finalmente me he decidido por las segunda opción, por ello me encuentro ya sentado frente al ordenador escuchando a Matt Corby y su "Brother", con la lista de las cosas que debo terminar hoy o intentarlo al menos.

Leyendo a Proust mientras desayunaba (su "Días de lectura"), decía el escritor acerca de John Ruskin: ...Y como se han dicho de Ruskin tantas cosas contrarias, se ha llegado a la conclusión de que era contradictorio. Nada más simple y más certero, extensible hoy a casi cualquier persona que difícilmente puede denominarse completamente transparente. 
Me envía un amigo conspiranoico un pequeño vídeo casero donde se ve al Rey Felipe llegando a no-sé-dónde para asistir a un acto de vela en Palma. Él, sonriente, sale del coche mientras alguien del público que lo esperaba le grita ¡Traidor, tú de regatas mientras la dictadura de Marruecos invade Ceuta! Él, impávido, mantiene su sonrisa impostada imagino que cagándose en su inesperado interlocutor sin respuesta. ¿Qué pinta el rey en este asunto si creemos lo de que el rey reina pero no gobierna? Lo ignoro, aunque sabido es que el emérito llamaba a Hasan II, su padre muerto, "mi hermano Hassan". Tal para cual. ¿Es ético que el rey esté de regatas, como le increpa el susodicho, mientras está en vilo la integridad de España ¡España!? Pues supongo que no, que debería el señor encerrarse en su despacho de Marivent o volver a la Zarzuela a esperar que Pedro Sánchez -Perroxanche, según seas de unos o de otros- le informe para que así puedan decir los noticiarios que el rey está en contacto con el Gobierno entodomomento, mientras la reina, comounaciudadanamás va de comparas por el centro de Palma o la inefable infanta Elena asiste a la enésima corrida de toros tocada con su sombrero de turno. ¡Puag!, que diría Mafalda ante un plato de sopa. El rey de regatas y Ayuso soltando por esa boquita. Este verano está dando para mucho y aún estamos a 11 de agosto. Todos somos como Ruskin hoy. Paciencia.

A enemigo que huye, puente de plata, me comentaban el otro día. ¿Hay algún refrán tan revelador como éste? Pocos, de eso estoy seguro. Ya va teniendo uno la edad de ir dejando que mucha gente vuele, sin remordimiento alguno. ¿Qué será de fulanito o menganita? Pues ni lo sé ni me importa.

Se acerca, por fin, el día 12 de agosto, día del eclipse y que marcará el antes y el después. ¿Dejaremos de oír hablar del fenómeno? Es tanto lo que se ha dicho de esto que hoy, sin ir más lejos, leo en un periódico una noticia con este encabezado ¿Nos hará el eclipse mejores personas? No hay más que hablar.

No he encontrado la relación, pero la habrá, entre el eclipse de nuestras vidas y el terrible nuevo terremoto en Colombia, que empezó por 40 muertos ayer, y subiendo hoy. A perro flaco, todo son pulgas. 
¿Les dije que a las 13:30 tengo previsto ir a Mercadona? Apasionante, sí. Venga, ¡a trabajar!, que se nos va la vida.
Matt Corby, *Brother.

lunes, 10 de agosto de 2026

TERRAPLANISTAS Y DEMÁS


Garik Israelian: “El terraplanismo es un problema que debe tratar la psicología, no la astronomía”
Quería ser rockero pero terminó doctorándose en Astrofísica en la Armenia que asistía al hundimiento de la URSS. Aunque trabaja en los observatorios de Tenerife y La Palma, viajará a Teruel para ver el eclipse solar. En Canarias fundó junto con Brian May, guitarrista de Queen, el festival Starmus, una cita única que mezcla ciencia y música por la que han pasado figuras como Neil Armstrong, Alexei Leonov, Jane Goodall o Brian Eno.
Javier Rodríguez Marcos, 08.08.2026

Con la cumbre del Teide sobre la cabeza y un mar de nubes a sus pies, Garik Israelian (Ereván, Armenia, 63 años) se mueve por las instalaciones tinerfeñas del Instituto de Astrofísica de Canarias, a 2.400 metros de altitud, mientras el sol va cayendo sobre la vecina isla de La Palma y los telescopios empiezan a moverse. Tras doctorarse en Astrofísica con los rigores de la Universidad soviética, vivió en Utrecht, Bruselas y Sídney antes de instalarse en Tenerife en 1997. En 2010 compartió con Michel Mayor (futuro Nobel de Física) y Nuno Santos el prestigioso premio Viktor Ambartsumian por su contribución al conocimiento de la formación de los sistemas planetarios. Él invirtió parte de la dotación económica en organizar Starmus, un festival de ciencia y música que un año más tarde reunió en Canarias a los estadounidenses Neil Armstrong y Buzz Aldrin (los dos primeros humanos en pisar la Luna) con el ruso Alexei Leonov, protagonista del primer paseo espacial de la historia.

El próximo octubre el festival celebra en Tenerife y La Palma los 10 años de la creación de la Medalla Stephen Hawking para la divulgación científica. Hawking, que apenas salía ya de Cambridge, participó dos veces en una cita que acostumbra a reunir astronautas con premios Nobel, músicos con cineastas y por la que, en ocho ediciones celebradas por toda Europa, han pasado figuras como Jane Goodall, Kathryn Thornton, Donna Strickland, Kip Thorne, Larry King, Hans Zimmer, Brian Eno y, por supuesto, el cofundador del evento: Brian May. Fue Garik Israelian el que animó al guitarrista de Queen, que en 1971 ya había pasado por el observatorio del Teide, a terminar la tesis sobre luz zodiacal que había aparcado para dedicarse a la música. Canarias queda fuera de la franja de totalidad del eclipse del próximo 12 de agosto. Por eso Israelian lo verá desde el observatorio de Javalambre, en Teruel.

¿Por qué nos siguen fascinando los eclipses?

En parte, por la historia. Porque muchas veces se usaron como elemento mágico, para dar miedo, para relacionarlos con Dios. Sigue siendo un fenómeno sensacional. Ver las estrellas de día es algo único.

¿Cuál es el más impresionante que ha visto usted?

No he visto tantos. Pero en mi caso la pregunta no sería cuál sino desde dónde: desde un avión. La altura da otra perspectiva. Y es impresionante ver la Luna cubriendo el Sol y, abajo, la franja de totalidad en sombra y, a los lados, las partes de la Tierra a las que sigue llegando la luz.

¿Qué espera la ciencia de un eclipse ahora que existen telescopios que pueden generar eclipses artificiales?

Los eclipses son clave para estudiar la corona solar: durante mucho tiempo se dudó si era parte del Sol o un efecto óptico. Se sabe desde hace relativamente poco, desde que se inventó la fotografía. La temperatura de la corona está en torno al millón de grados centígrados, mientras que la superficie del Sol ronda los 6.000 grados. Su densidad es tan baja que no consigues verla más que en un eclipse. Conocer el comportamiento del Sol es esencial para la vida en la Tierra.

La astronomía es una de las ciencias que más interesan popularmente y una de las más desarrolladas incluso en civilizaciones poco avanzadas tecnológicamente. ¿A qué lo atribuye?

A que el cielo es un gran laboratorio gratuito. Y una fuente de curiosidad. La astronomía es pura observación. Imaginemos dos civilizaciones: una ve el cielo y la otra no. En una siempre está nublado; hay calor y cambio entre día y noche, pero no se ven las estrellas ni el Sol ni la Luna. Estoy convencido de que se desarrollaría menos que la civilización que ve el cielo. El motor del desarrollo es la curiosidad: si hay un mar, quieres pasarlo y ver qué hay al otro lado. El cielo era históricamente el único sitio que los humanos no podían tocar. Eso afecta al desarrollo científico, pero también a la creatividad: cuando no tienes explicaciones, fantaseas, creas dioses, demonios, la eternidad…

Hay quien sigue diciendo que la Tierra es plana. ¿Qué piensa cuando en el siglo XXI se defiende algo así?

El terraplanismo es un problema que debe tratar la psicología, no la astronomía. Y es indisociable de internet. Las redes se basan en la demanda de atención y en la búsqueda de protagonismo. Y una manera de ser protagonista es contradecir algo demostrado por la ciencia y aceptado por la mayoría. Si hoy dices una locura, la que sea, vas a encontrar en el mundo al menos un millón de personas de acuerdo contigo. Y un millón es mucha gente. Por eso la investigación científica debe ir acompañada de buena divulgación.


Usted llegó a la ciencia por la ciencia ficción. Era mal estudiante, pero terminó doctorándose en Astrofísica.

La ciencia ficción es literatura, despierta la curiosidad. No es pseudociencia. No pretende ser ciencia. A mí no me interesaba estudiar. Me interesaba el rock. Teníamos un grupo en la universidad. Se llamaba 4G porque los nombres de todos empezaban con G. La primera guitarra eléctrica me la fabriqué adaptando piezas, transistores para hacer efectos y siguiendo los esquemas de una revista de radioaficionados. Los vinilos se conseguían carísimos en el mercado negro, cada uno costaba el equivalente a un salario. Si tenías tres, los intercambiabas con alguien que tenía otros tres. Todos nos conocíamos.

¿Cuándo dio el salto a la ciencia?

Por las novelas de Isaac Asimov y de Stanisław Lem. El cerebro estudia mejor cuando piensa. Y a mí la ciencia ficción me llevó a pensar el porqué de los fenómenos. Cuando algo te interesa, tú mismo empiezas a buscar respuestas. No esperas ni a tu profesor ni a tus padres, a nadie. Yo me puse a leer libros de física popular, que eran buenos y muy baratos. Si te obligan a estudiar sin despertarte antes el interés, te hacen odiar los estudios. La eficiencia de aprender algo sin interés es momentánea. ¿De verdad queremos estudiantes a los que después del examen se les olvide todo?

La caída de la URSS le pilló haciendo la tesis doctoral.

La empecé en 1987 y, cuando la presenté, la Unión Soviética se caía a pedazos. Hice la tesis con una máquina de escribir y a la luz de las velas porque en Armenia la crisis se juntó con el terremoto de 1988.

¿Cómo recuerda la Universidad soviética?

El nivel científico era muy alto. Y si alguien quería estudiar, tenía buenos profesores, un montón de libros, becas, posibilidades para todos. Pero se acabó. Yo había ido como estudiante de doctorado a Inglaterra y me había comprado un teclado Yamaha. Lo vendí llorando, para comer. Me puse a buscar becas y gané una para Holanda.

Cuando desapareció la URSS, ¿usted sintió pena o liberación?

Los jóvenes en Armenia ya no nos tomábamos en serio el régimen. Contábamos chistes sobre los comunistas, sobre Bréznev… Ya no te perseguían como en los tiempos de Stalin, durísimos. Había muchísima corrupción. La gente robaba en las fábricas, el partido comunista robaba…

¿Cómo se lo tomó la generación de sus padres?

Para ellos fue un drama. Mi padre participó en la Segunda Guerra Mundial, combatió a los nazis en Alemania. Mis padres creían de buena fe en el comunismo. Por eso fue terrible asistir a tanta corrupción. Era una generación muy noble: tenían ideología, trabajaban para la sociedad, querían construir un país justo. Nunca fueron cínicos. Vivían engañados por el sistema. No llegaron a ver lo que vino después: un Gobierno en Moscú que trajo otro tipo de corrupción.

¿La independencia de Armenia no fue un consuelo?

La independencia política no trae automáticamente la independencia económica. Diría que sigue la influencia del imperio moscovita.

¿Todavía hoy?

El imperio sobrevivió a la caída de la Unión Soviética. Cuesta mucho independizarse de Putin, que es alguien muy peligroso. Pensemos en su influencia en Georgia, no digamos en Bielorrusia. El imperio ruso lleva 200 años cambiando de cara y una de ellas fue el comunismo. Antes todo estaba en manos del Gobierno; ahora, en las de cuatro oligarcas amigos de Putin.

¿Nunca le tentó ser cosmonauta?

Claro, pero entonces había que estar en el ejército. Lo primero era ser piloto militar.

¿Se hubiera llegado tan lejos y tan rápido en la carrera espacial sin la Guerra Fría?

Por desgracia, no. La primera carrera espacial estaba muy conectada con la política. Ahora entramos en la segunda fase y me pregunto si nuestras sociedades son incapaces de desarrollar algo sin recurrir a la competencia. Ahora, con China.

¿Cuál es el papel de China?

Tienen una gran capacidad, pero también una burocracia y un control político enormes. Y eso va contra la productividad. Creo que en China también veremos un giro hacia el sector privado. Lo que la hará mucho más fuerte todavía.

¿El sector privado libra su propia carrera espacial?

Antes no tenía fuerza. Ahora es más fuerte que el sector público.

¿Qué se pierde y qué se gana?

Lo público garantiza investigaciones sin beneficio a corto plazo. A las empresas privadas no les interesa investigar sobre los agujeros negros, sino, por ejemplo, buscar minas en asteroides.

¿Por qué tienen tanto protagonismo?

El relato original de Elon Musk era puro marketing: primero con Tesla y luego con SpaceX. Decía: “Tenemos que llegar a Marte para salvar a la humanidad si pasa algo”. Con un mensaje tan sencillo ganó millones de adeptos. Musk se dio cuenta de que la gente, sobre todo la juventud, necesita que alguien le hable del futuro.

¿Qué le parece el turismo espacial? ¿No sería más útil mandar a un científico que a un millonario?

Por supuesto. Pero la sociedad no está en eso. ¿Cómo planteas algo así a quienes han elegido a Trump? Tal vez en un país nórdico, con una educación de mucho nivel…

¿Es más útil intentar ir a Marte o volver a la Luna?

Da igual. Lo importante es que la pregunta esté siempre en la sociedad. Porque el debate crea la fuerza de querer avanzar.

¿Le sorprendió la atención que recibió la misión Artemis II?

A eso me refiero. Fue gracias en buena parte a las redes sociales. Y, no lo olvidemos, a pesar de Trump, que odia la ciencia. Hasta él terminó plegándose al fenómeno.

Como científico, ¿qué le interesó de esa misión?

Que la tecnología ha reducido radicalmente el nivel de riesgo. El viaje se podía haber hecho hace 50 años, pero con un riesgo 10 veces mayor. Eso marca la diferencia entre las misiones Apollo y Artemis. Hoy la tecnología nos permite sobrevivir en condiciones muy difíciles. Estamos invirtiendo para crear oxígeno en Marte, pero el reto lo vamos a tener aquí. Da igual llegar a Marte o no, pero si desarrollamos tecnologías que lo hagan posible, la usaremos en la Tierra.

La astronauta Kathryn Thornton, que vino al festival Starmus, avisó de que 70 años de avances estaban en peligro por los recortes a la NASA.

Así es. Pero mi optimismo me lleva a recordar que en la historia de la humanidad los avances no han llegado desde la política, sino, muchas veces, contra ella, desde la ciencia y la tecnología. ¿Por qué vivimos más y mejor pese a nuestra historia de guerra y destrucción? Por la medicina. La siguiente revolución es la inteligencia artificial.

¿También es optimista respecto a la IA?

Será más una ayuda que un problema. Aumentará la eficiencia. Producirá algo de desempleo, sí, pero el balance será positivo. Dudo que una empresa lo domine todo porque otros querrán estar ahí. Es un mercado. A los gobiernos democráticos les corresponde regularlo. ¿Internet no ha mejorado nuestra vida? Yo creo que sí. Y durante mucho tiempo se dijo que su extensión era peligrosa. La IA puede ayudar a combatir la corrupción: si tienes un software que controle a gran velocidad los flujos del dinero, la corrupción será más difícil.


¿Es una posibilidad real que existan planetas gemelos a la Tierra?

Perfectamente. La tecnología para encontrarlos ya existe. Con el telescopio de 39 metros de Chile ya estamos detectando planetas con la misma masa que la Tierra. Decimos gemelos en el sentido de tener océanos y una atmósfera con la misma composición que la nuestra.

¿Cómo los han descubierto?

Gracias a la espectroscopia, que estudia la relación entre la composición material de un planeta y la luz que emite, y refleja esa materia de la que está compuesto. Si yo observo la Tierra desde la Luna con un espectrógrafo, la luz que refleja el bosque de clorofila se registra en el espectro. Cuando gira la Tierra, desaparece la Amazonia y solo se ve el Pacífico, ya no se registra. Cuando rota de nuevo y reaparece la selva, también reaparece su espectro. Si veo el mismo fenómeno en otro planeta, puedo deducir que hay plantas. Aunque eso no quiere decir que esté cerca.

Si no está cerca, ¿para qué nos sirve? ¿No estará además en otro tiempo?

Puede que no podamos viajar allí o que al llegar haya pasado tanto tiempo —no sé, 1.000 años— que encontremos ya otra cosa. Aunque 1.000 años no es nada en la evolución de un planeta.

¿Qué es lo que le sigue pareciendo más desconcertante del universo?

El final. Me interesa más que el principio. Son tiempos impensables, pero me interesa saber qué va a pasar cuando en el universo visible terminemos en agujeros masivos supergigantes que van a colisionar, cuando no haya medio interestelar y todo sea vacío y oscuridad.

Aparte de una cura para enfermedades hoy incurables, ¿qué descubrimiento le gustaría vivir para ver?

Me gustaría saber si vamos a llegar a copiar la conciencia humana en un ordenador. No copiar toda nuestra memoria, sino todo lo que hay en un sistema bioquímico como el cerebro. Si podemos hacerlo será como crear una copia de ti mismo.

¿No le da miedo?

¡No! Me da curiosidad. Sería la siguiente fase de la evolución. Si puedes conectar la fuerza de muchos cerebros para llegar a otro nivel de inteligencia, la pregunta sería hasta qué nivel. La evolución nos enseña que el cerebro humano tiene todavía capacidad de desarrollo. Seguro que hay un límite que tiene que ver con la capacidad del propio cerebro, pero podríamos superarlo si conseguimos copiarlo y seguir desarrollando. No me da miedo. Las emociones interfieren en el análisis.

¿Y la ética?

Primero definamos qué es la ética. Lo que me gusta de la física es que no puedes hablar de algo sin definirlo primero. Ahí es donde fallan las ciencias sociales, que no siempre tienen buenas definiciones. Creemos debatir un asunto y en el fondo estamos hablando de dos cosas distintas. En política, por ejemplo, podemos hasta pelearnos por cuestiones nacionalistas, pero el término nación no está bien definido. Eso no pasa en ciencia. Si los dos hablamos de electrones, sabemos de qué hablamos. Como me dedico a esto, a mi hijo muchas veces le preguntan si creo que Dios existe. Y yo le digo que me manden la definición de Dios. Mientras, yo iré pensando qué significa creer.

miércoles, 29 de julio de 2026

ALL STARS


Starmus celebra en Canarias los diez años de la Medalla Stephen Hawking
Starmus, el festival global de la ciencia, las artes, la exploración y la música, regresa a Tenerife y La Palma. El físico Brian Cox recibirá un reconocimiento global por su contribución a la curiosidad, la creatividad y el descubrimiento científico en el festival. Pero no será el único. La antropóloga Christiana Figueres será la primera reconocida en una nueva categoría.
J.P.Z., 21.07.2026

El próximo 17 de octubre coinciden en Tenerife varios motivos para señalar en rojo esa fecha. Ese día comienza una nueva edición de Starmus, el festival global dedicado a la ciencia, la exploración, la música y el arte, que se celebrará entre Tenerife y La Palma, convirtiendo a las Islas Canarias en el punto de encuentro de algunas de las mentes más brillantes del mundo. Este enfoque ecléctico y creativo refleja la visión de sus fundadores —el astrofísico Garik Israelian y el guitarrista de Queen y también astrofísico Sir Brian May— y en cada edición “reúne a premios Nobel, astronautas, científicos, pensadores y artistas para celebrar la curiosidad, la creatividad y el descubrimiento humanos”, explican desde la organización.


Será una edición especial: este año celebra que en 2016 (el festival en sí nació en 2011 y en 2026 organiza su octava edición) tuvo lugar uno de los encuentros más emblemáticos de la divulgación científica y artística en lo que va de siglo cuando se reunieron el astrofísico Stephen Hawking, el físico de partículas Brian Cox, los astronautas Chris Hadfield y Rusty Schweickart, el astrónomo Sir Martin Ress o los músicos y compositores Brian Eno y Brian May, entre otros.

El nacimiento de la Medalla Stephen Hawking para la divulgación científica tuvo lugar en una edición de Starmus dedicada, de hecho, al astrofísico más famoso de la historia bajo el lema Beyond the Horizon: A Tribute to Stephen Hawking (Más allá del horizonte: Un tributo a Stephen Hawking). “Aún resuena en la memoria de los asistentes la conferencia magistral impartida por el protagonista: A Brief History of Mine", añade el festival.


“La Medalla fue creada para reconocer a aquellas personas cuyo trabajo contribuye a acercar la ciencia, la exploración y el pensamiento crítico a la sociedad, y se ha convertido en un símbolo mundial de excelencia en la comunicación científica que distingue a algunas de las voces más influyentes de nuestro tiempo”, detalla la organización.

Entre esas voces reconocidas se encuentran David Attenborough (celebridad por sus documentales sobre naturaleza), el director de cine, guionista y productor Christopher Nolan, el empresario Elon Musk, compositores y músicos como Hans Zimmer, Jean-Michel Jarre o Brian Eno, un icono conservacionista de la talla de Jane Goodall, o el astrofísico y escritor Neil deGrasse Tyson.


“Hace diez años, Stephen Hawking nos ayudó a poner en marcha un sueño”, afirma Garik Israelian. “Este año, celebramos no solo lo que se ha conseguido, también la extraordinaria comunidad que ha crecido en torno a la idea de que la ciencia pertenece a todos”.

Para Sir Brian May, “la Medalla Stephen Hawking nació de una convicción compartida: que la ciencia debe inspirar a las personas mucho más allá de la comunidad científica. Una década después, su mensaje es más importante que nunca, en un momento en el que la verdad, la evidencia y el pensamiento crítico se enfrentan a desafíos cada vez mayores. Nos sentimos orgullosos de celebrar a quienes ayudan a llevar la ciencia, el asombro y el conocimiento al mundo”.

Ese mundo no tendrá que esperar a conocer al elegido porque la organización del festival acaba de anunciarlo: “El profesor Brian Cox recibirá la Medalla Stephen Hawking para la Comunicación Científica 2026 en reconocimiento a su extraordinaria contribución a la divulgación de la ciencia ante audiencias globales y a su capacidad para inspirar a millones de personas a través de su labor como físico, divulgador y comunicador público”.

No será, además, el único premiado. Para completar la celebración del décimo aniversario, la organización añade una nueva categoría que agradece su labor a científicos de primera fila. Con ese objetivo, estrena la Medalla Terrestre Jane Goodall, y su primera receptora será la antropóloga y economista Christiana Figueres “por su extraordinario liderazgo en la promoción de la conciencia medioambiental global, la acción climática y la gestión sostenible de nuestro planeta”.

La antropóloga y economista Christiana Figueres.

La doctora Jane Goodall, dama comandante del Imperio Británico, mensajera de la Paz de Naciones Unidas y fundadora del Instituto que lleva su nombre, entregó al desarrollo del conocimiento descubrimientos fundamentales en etología “y entregó toda su vida, hasta su fallecimiento en 2025, a la conservación de la naturaleza, de ahí su elección para nombrar y dotar de contenido esta nueva Medalla”, explican desde Starmus.

¿Qué podrán ver los asistentes además de la entrega de ambos galardones? La ceremonia inaugural del festival, el 17 de octubre, volverá a fusionar ciencia, música y cultura con la participación de Andrea Bocelli (cantante, músico, productor y escritor), Sarah Brightman (cantante, actriz, bailarina y directora de orquesta) y Sir Brian May, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Las Palmas y la banda Starmus All Stars. “Entre los invitados especiales, ya están confirmados Rick Wakeman (compositor y miembro del grupo Yes) y Rusanda Panfili (compositora y virtuosa del violín), aunque en los próximos meses anunciaremos otros participantes”, concluye la organización.

lunes, 13 de julio de 2026

UNA NOTICIA ALUCINANTE


Encuentran un azúcar del espacio interestelar que puede explicar la receta de la vida primigenia
El estudio liderado por españoles detecta en el centro de la Vía Láctea señales de moléculas que pudieron participar en el origen de la vida, transportadas hasta la Tierra por meteoritos.
Ana Lozano del Campo, 13.07.2026
https://elpais.com/ciencia/2026-07-13/encuentran-un-azucar-del-espacio-interestelar-que-puede-explicar-la-receta-de-la-vida-primigenia.html

Imaginemos el origen de la vida como una mezcla de ingredientes que, hace 3.800 millones de años, dio lugar a un plato tan delicado como excepcional. Desde principios del siglo pasado, la química prebiótica (previa a la vida) ha ido identificando los componentes y el método de cocción de ese caldo primigenio. Como todo buen guiso, parece sencillo: agua, calor y unas pocas moléculas elementales que se fueron ensamblando para dar las biomoléculas, primero, y los seres vivos primitivos, mucho después. Sin embargo, como en la buena cocina, la procedencia de las materias primas marca la diferencia y hace tiempo que la ciencia busca fuera de la Tierra algunas de las que hicieron posible la vida.

Cuando se recrea la sopa primigenia en el laboratorio, no se obtienen cantidades suficientes de los azúcares que articulan las cadenas de los ácidos nucleicos (ARN y ADN), las grandes moléculas presentes en todo ser vivo, capaces de almacenar información y replicarse. En cambio, sí se han encontrado en asteroides y meteoritos como los que bombardearon masivamente nuestro planeta hace unos 4.000 millones de años. Estos cuerpos celestes se originan a partir de nubes de gas y polvo como las que abundan en el centro de nuestra galaxia, donde un equipo liderado por investigadores españoles acaba de detectar por primera vez la presencia de eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono.

“Hemos estimado que la Tierra podría haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa durante el último bombardeo intenso de grandes asteroides. Se trata de uno de los periodos donde más material orgánico pudo llegar y se dice que es crucial, porque la vida surgió muy poco después”, cuenta Izaskun Jiménez-Serra, primera autora del artículo que hoy publican en Nature Astronomy. Tanto en fragmentos que atraviesan nuestra atmósfera como en muestras tomadas de asteroides como Bennu, ya se han encontrado moléculas orgánicas, los ladrillos básicos de la vida hechos de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, básicamente.

Estos hallazgos han llevado a los astroquímicos a buscar indicios de la presencia de estas moléculas allí donde se forman los cuerpos celestes: en las nubes de gas y polvo del espacio. “La fuente que hemos utilizado es una de las nubes moleculares más ricas que conocemos en la galaxia. Para detectar compuestos muy poco abundantes necesitamos grandes cantidades de material que nos dé señales lo suficientemente intensas para detectarlas con la sensibilidad de los telescopios actuales”, explica la investigadora del Centro de Astrobiología del CSIC sobre la decisión de buscar en el centro de la Vía Láctea.

Aunque la primera detección ha sido en el corazón de nuestra galaxia espiral, esperan encontrar eritrulosa en otras zonas del plano de la galaxia. “Si las condiciones que pudieron existir en la nebulosa original de nuestro sistema solar se pueden ver en regiones similares, donde se están formando estrellas y planetas, cabe esperar que la química sea muy parecida. Solo con la detección de este azúcar no podemos decir que pueda haber vida en otras regiones de la galaxia, pero sí que su química puede llegar a altos niveles de complejidad, similares a los que propiciaron las condiciones en las que se inició aquí la vida”, matiza Jiménez-Serra

Radiotelescopios españoles de excepcional precisión

Para encontrar estas moléculas a los 26.000 años luz que nos separan del centro de la Vía Láctea, hay que buscar la señal de luz que emiten en el espectro de las ondas de radio y que se estudia previamente en laboratorio. “Las detectamos con radiotelescopios preparados para captar frecuencias muy específicas, como si fueran canales de radio únicos de cada compuesto”, ilustra la astroquímica. Las señales de eritrulosa las captaron desde dos radiotelescopios del Instituto Geográfico Nacional (IGN): el de 40 metros del Observatorio de Yebes (Guadalajara) y el de 30 metros en el pico Veleta (Granada), que pertenece al Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), un proyecto internacional con el IGN como miembro.

Pablo de Vicente, director del Observatorio de Yebes, explica que las moléculas dejan pistas que solo unos telescopios tan precisos como estos pueden detectar. “Esas señales que se reciben del espacio son extraordinariamente débiles, como susurros que hay que rescatar de entre el ruido que llega al radiotelescopio”, detalla el astrónomo. Y recalca que el receptor del telescopio de Yebes, del que apenas existen una docena similares en todo el mundo, es especialmente sensible. “Lo diseñamos y fabricamos con nuestro equipo de ingenieros y puedo decir sin equivocarme que era el mejor que existía cuando salió. Incluso diría que, en este nicho de la astroquímica, somos imbatibles”, apunta.

Prueba de ello es que el instrumento, abierto a todos los investigadores del mundo previa revisión de la calidad de las propuestas, tiene el récord en detección de moléculas en el espacio interestelar. “En la Tierra se conocen muchos millones de moléculas, pero en el espacio interestelar solo se han identificado 350 desde la década de los 70 hasta ahora. Pues nosotros hemos detectado el 30% de ellas desde que, hace seis años, instalamos el nuevo receptor. Somos los que más hemos detectado en todo el mundo”, destaca de Vicente.

Más cerca de entender el origen de la vida

Los radiotelescopios buscaban eritrulosa en las vastas nubes moleculares del medio interestelar porque, como relata Jiménez-Serra, “no encontrábamos azúcares de tres carbonos en el medio interestelar, que son los que se suelen añadir en los experimentos de química prebiótica”. “Así que fue una sorpresa dar con la eritrulosa, de cuatro, cuando me puse a buscarla, partiendo de la información que Emilio Cocinero, otro de los autores del estudio, había obtenido sobre ella en el laboratorio”, añade.

La eritrulosa tiene una estructura lineal que no sirve de base para la vida, pero eso cambia cuando entra en contacto con agua. “Lo importante es que, cuando llega a un medio acuoso, cambia muy fácilmente su configuración hacia la treosa, otro azúcar de cuatro carbonos que forma parte de los ácidos nucleicos”.

Así explica Jiménez-Serra cómo se pudo empezar a sintetizar el material genético primigenio en una sopa en la que escaseaba un ingrediente principal. Si llegó desde el espacio exterior montado en asteroides, estos pudieron hacer las veces de esas pastillas de caldo concentrado que enriquecen un puchero.

Además de algunos de los telescopios más precisos, en España también tenemos a uno de los científicos que más moléculas ha detectado en el medio interestelar. José Cernichano, profesor Ad honorem del CSIC y medalla de la Real Sociedad Española de Física, no participa en el estudio, pero lo valora para EL PAÍS explicando que trata “uno de los temas más apasionantes de los últimos 60 años en astrofísica molecular”, el área en la que se le considera uno de los pioneros mundiales.

“Después de varias décadas buscando moléculas complejas, en 2020 se conocían unas 200 especies moleculares en el espacio. Con la nueva instrumentación instalada en Yebes gracias al proyecto Nanocosmos, en pocos años casi se ha doblado el número de moléculas conocidas. La extraordinaria calidad y sensibilidad de estos receptores ha permitido poder detectar este azúcar importante para la química en las primeras fases de la evolución de planetas como la Tierra”, alaba Cernichano.