lunes, 19 de octubre de 2026

RETRATOS PSICOLÓGICOS


Hermana, no es la ideología
Hoy en la izquierda debería surgir savia nueva que, con entusiasmo y alegría, sepa presentarse como una fuerza protectora de la humanidad.
Elvira Lindo, 18.10.2026

Hace un tiempo, el psiquiatra mallorquín Miquel Roca y yo anduvimos fantaseando con hacer retratos de orden psicológico a figuras políticas. Todo fluía, con humor incluso, con personajes del pasado, pero llegábamos al presente y, ay, se corría el peligro de patologizar cualquier comportamiento. Escudriñar la mente, el corazón o el intestino (allá donde quiera que se refugie la ética) puede llevarte de la comprensión al perdón, o de la admiración al desprecio. En el crudo ambiente político que vivimos, los hay que hacen pinitos psicologistas con brocha gorda: abundan, por ejemplo, aquellos que acusan al presidente Sánchez de defender los principios de igualdad y fraternidad sobre los que se construyó la Europa nacida de la Segunda Guerra Mundial movido únicamente por la espuria intención de revitalizar su imagen ante la izquierda desmovilizada. Es decir, que más que luchar por el bien común, el ladino presidente estaría batallando por seguir gozando del célebre Falcon. Si así fuera, si aceptamos que Sánchez defiende lo que es justo movido por una ambición desmedida, no me encuentro en condiciones de juzgarlo, porque, hoy, es más urgente la misión política que la sinceridad del jugador. ¿Cómo llegamos a su mente, corazón o intestino? ¿con el célebre polígrafo? Además ¿de qué serviría?

Al otro lado, el discurso es más fácil de juzgar porque la derecha se muestra sin complejos antisocial, antinmigración; suponemos (aunque no llegue a manifestarlo) que obediente al delirio Trump y renuente a condenar el crimen israelí contra Gaza; en cuanto a las pensiones, siguiendo el consejo de Eduardo Inda, ya se hablará en diciembre. De Sánchez sabemos que hoy representa en Europa al bicho que picó al tren: ante la derecha europea como un incordio; como un héroe ante aquellos jóvenes europeos no engatusados por la extrema derecha que han empezado a mostrarse como la resistencia a la avalancha ultra de la crueldad. La Puerta del Sol es contagiosa y está siendo la puerta que abra el descontento y la rabia juvenil. Si lo que se esgrime contra ellos es que huelen mal, comentario tan fascista que asombra (el otro siempre huele mal, siempre es un deshecho social), hemos de agradecer que alerta con precisión de aquello que se nos puede venir encima. Y luego está la izquierda, la izquierda de las mil siglas, la subdividida, como bien glosaran los cómicos los Monty Python, en sus faccioncitas que no consiguen explicar sus diferencias porque la realidad, y sus votantes lo perciben, es mucho más simplona: no es la ideología, hermana, es que no os podéis ni ver. Como no hay intención de reprogramar La Máquina de la Verdad, deberíamos creer en lo que dicen, que lo hacen por el prójimo, siguiendo con el vocabulario cristiano, pero la gente, harta ya de pamplina y teatrillo, ha llegado por su cuenta a la conclusión de que se han peleado por el puesto. Cansados de rogarles que se entendieran, se entregaron a la melancolía, luego a la rabia y, finalmente, a la decepción. La decepción es el sentimiento más corrosivo para esa ciudadanía que desea mantener los principios democráticos. Ya lo decía con razón Enric Juliana hablando de esa izquierda que no acaba de entender lo que todos vemos: que está vez no solo se pelea por la alternancia, que nos enfrentamos a un cambio de sistema.

Con cierta desolación, una siente que deberían cambiarse unos rostros que por pasarse de listos malgastaron sus momentos de gloria. Hoy debería surgir savia nueva que con entusiasmo y alegría, sin recurrir al cansino debate teórico, sepa presentarse, tal y como decía el socialdemócrata alemán Martin Schulz, como una fuerza protectora de la humanidad. Y contra el miedo, ese miedo al futuro que ante la incertidumbre pudiera convertirse en odio, contra el miedo recomendaba Schulz valor. Valor para enfrentarse a una derecha que, fuera de sí, perdió su moderación para abrazar la macarrería. Ese es el reto.

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