'Los primeros días de la primavera', 1929. ORIOL TARRIDAS (© The Dalí Museum, St. Petersburg, FL (USA) / / © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / Vegap, Madrid, 2026)
Aún quedan cosas por descubrir de Dalí en el Thyssen, pero no se olvide de pedir cita con el psiquiatra a la salida
El museo expone más de 130 obras del artista surrealista que ahondan en la influencia que tuvo Freud sobre su obra antes y después de conocerle.
Ana Marcos, 19.10.2026
El universo freudiano de Dalí es el título de la nueva exposición temporal del Museo Thyssen de Madrid que, a priori, puede sonar a antológica ya vista o a otra exposición que redunda sobre una influencia ya conocida en el argumento pictórico del gran artista del surrealismo. Pero que, sin embargo, tiene la habilidad del descubrimiento de nuevos aspectos de un creador del que a veces parece que ya se ha descifrado hasta la entraña todo su universo paranoico. Jaime Brihuega, comisario de la muestra y ojo experto en las vanguardias, define esta retrospectiva de más de 130 piezas como “una colección de obras maestras a las que te asomas como a una ventana, las abres y te absorben hasta tal punto que no encuentras el final”. Por eso, recomienda una cita con el psiquiatra a la salida. Aviso para visitantes.
El aperitivo que explica parte de las obsesiones y los complejos de Dalí es explícito y contundente desde la primera sala. El artista perdió a su madre y sintió la orfandad desde la adolescencia, aterrado por la figura autoritaria de su padre y marcado por la muerte de un hermano del que heredó su nombre. Con su hermana no solo practicó la fraternidad, sino que su relación se acercó más al incesto. “La imagen de mi hermana / el ano rojo / de sangrante mierda / la polla / seminflada / apoyada con elegancia / contra / una inmensa / lira / colonial / personal…”, escribe el creador en L’amour et la mémoire (1931), se lee en la cartela situada al lado de Retrato de Anna Maria, el nombre de su hermana. “Todo está explicado en estos textos, en las audioguías y en códigos QR”, dice el también profesor de historia del arte, consciente de la complejidad del universo daliniano, sobre todo en sus primeros años cuando ni el propio artista era capaz de dar salida a sus traumas.
Esa materia prima con la que fue moldeando su personalidad comenzó a encontrar algunas respuestas cuando llegó a Madrid en 1922, a la Residencia de Estudiantes, donde conoció a intelectuales como Federico García Lorca y Luis Buñuel, también muy presentes en la exposición, que se podrá ver hasta el 24 de enero. “Con ellos dará forma al primer surrealismo español y también completará su mundo ya complejo”, continúa el comisario. “Así consolidó su identidad visual, donde mostraba sus miedos, complejos, frustraciones y su obsesión por los elementos de carácter sexual”.
En las vanguardias también encontró los textos de Freud y comenzó la verdadera metamorfosis de su personalidad. “Esos complejos ya son escritura y pintura, su mundo interior sale sin complejos ni vergüenza al exterior”, relata el experto, “son vocablos figurativos que construyen su lenguaje”. Brihuega lleva años sumergido en estos sintagmas y cada vez, reconoce, le afectan más, tanto que se cuelan en sus sueños y desarrolla teorías con cada uno de los elementos que Dalí incorporó a sus obras a partir de mediados de los años veinte del siglo pasado. “Su dialéctica se debatió en diversos oxímoron: amor y muerte, atracción y repulsión, asco y apetito”, continúa el comisario en un breve repaso por las temáticas que recorren los cuadros de la muestra.
'El hombre invisible', 1929-1932. Cortesía Museo Thyssen (© Archivo Fotográfico Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía / © Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí / VEGAP, Madrid, 2026.)
Ya inmerso en el surrealismo de París liderado por André Breton, Dalí hace varios intentos por conocer a Freud en distintos viajes a Viena y finalmente lo consigue en 1938 en Londres. “Iba enloquecido, al otro le daban igual esos locos surrealistas”, recuerda Brihuega, que ya en 2022, en el Museo Belvedere de la capital austriaca, había estudiado este encuentro para una exposición más pequeña, de gabinete, que ha sido el germen de la que se inaugura ahora en el Thyssen. “Se presenta ante él, le explica su método paranoico-crítico con el que se había vinculado al psicoanálisis freudiano [para Dalí la paranoia era un estado de gracia] y le lleva el cuadro La metamorfosis de Narciso”, dice el comisario, una de las pocas piezas que no están en la muestra. El experto se ha encargado de conseguir algunos bocetos de elementos de la pieza, y un amuleto romano de una mano que representa un huevo que le gustaba a Freud y que el artista colocó en el centro de su tela. Por eso, cree Brihuega, Freud no le ignora, como había hecho con sus colegas surrealistas, sino que llama su atención y sentencia: “Nunca vi ejemplar más completo de español. Que fanático”.
En otras ocasiones, los museos han dado por zanjada la relación de Freud y Dalí en este encuentro, pero Brihuega y el Thyssen ahondan una década después. El artista catalán se había entregado a Einstein, la materia subátomica, el universo, la ciencia, con un poco de aliño de religión, pero siempre con el sexo de fondo en un ejercicio que no solo fue una mezcla de estilos, sino de mayor indefinición en lo que respecta al sexo porque sus figuras son cada vez más hermafroditas o bisexuales. Aun así, con el paso de los años, Freud y el psiconálisis se mantuvieron como el sustrato que abonó la siguiente etapa de su legado. Por eso, a la salida, además de llamar al terapeuta, ese esbozo de lo freudiano impacta en un monumental telón colocado en el vestíbulo del Thyssen que se llama Tristán loco, otra señal para marcar el teléfono de ayuda.



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