Acabo de llegar a casa después de unos días plenos en Tenerife en los que casi he tenido de todo: analítica, chequeo médico, cena con mi ahijada y familia, almuerzo con un (el) amigo, café y conversación con antiguos compañeros, tarde de trabajo y por último cena frugal con una amiga a la que no veía desde hacía un par de meses. Total, cuatro días donde las piezas han encajado a la perfección y, de nuevo, han servido para poner en valor la salud, la amistad, la familia y hasta el trabajo.
Terminada la última novela de Eduardo Mendoza, "La intriga de un funeral inconveniente", un absoluto caramelo, comienzo en el avión "El librero de Gaza" de Rachid Benzine, del que poco puedo decir aún. aproveché también el fin de semana para volver a disfrutar "Call me by your name" y empezar a ver un documental sobre un millonario que quiere revertir su edad, que dejé a la mitad porque me aburrió soberanamente.
Esta mañana tuve la oportunidad de compartir un rato con viejos amigos de mi antiguo trabajo y de sacudirme algunas otras cosas. Mañana vuelve a empezar la semana, tengo algunas cosas que terminar y la vista puesto en el ballet el sábado. Por la mañana visitaré a mi tío en su residencia y por la noche al auditorio. C'est la vie!