Anoche dormí mal, mucho. Se fue la luz dos veces y al volver se encendieron los ventiladores, varias cosas emitieron un pitido y yo, por consiguiente, me desperté junto con ese circo. Entre las pesadillas, los ruidos, la lluvia sobre el lucernario -sí, anoche llovió en Pozo- y los cortes de luz, que descalabraron mi despertador, me levanté después de mi hora, no fui al gimnasio y me he sentado a trabajar algo más tarde de lo normal.
Tuve una pesadilla vívida en un aeropuerto, una discusión con un empleado algo maleducado que trataba de justificar un overbooking y la pérdida de un vuelo a Alemania, a saber qué se me había perdido allí. Soñé también con Milei. Bueno, más bien con un amigo argentino con el que ayer tuve una "conversación" más que inesperada por whassap. Y digo inesperada por su surrealista contenido.
Preocupado por lo que ocurre en París estos días, las próximas elecciones, el calor que no se va y una charla sobre el colesterol que me dejó ayer descolocado; uno ya no sabe qué creer, qué pensar y, sobre todo, qué pastillas tomar y cuáles no. Encima me recuerdan eso de bajar los baremos de las enfermedades para que las compañías farmacéuticas vendan más sus medicinas. En unos años y el ritmo al que vamos todos seremos diabéticos, con la presión alta y colesterol, a la par que calvos y observadores horticultores desde abajo, claro está.
♫
Requiem de Mozart, *Dies Irae.
No hay comentarios:
Publicar un comentario