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sábado, 4 de abril de 2026

NOTICIAS

Las primeras páginas de los periódicos parece ser ya un reflejo de lo que la sociedad demanda, frivolidad. Tanto lees una desgracia bélica como una absoluta intrascendencia de los amores de tal o cual cantante. Para muestra un botón:


Esto es de EL PAÍS de hoy sábado. Comparten candelero noticias esperanzadoras como la del jubilado sobreendeudado para ayudar a su familia, la tristeza de que todas los centros de las ciudades acaben pareciendo lo mismo -igual que todas las mujeres y hombres con cirugía estética se acaban pareciendo a una misma señora- o la importancia de prestar atención, un artículo muy interesante. Estas tres se mezclan con las estúpidas declaraciones de la cantante Aitana sobre las infelicidades de su exnovio; pero ¿a quién le interesa esto?
Ni siquiera las interesantes y románticas noticias sobre el nuevo viaje a la luna logran apagar las de la Guerra de Irán. Inteligente maniobra la de T, pero no suficiente.
Quiero pensar que no es sino una táctica de supervivencia, de intentar por un momento olvidarse de la realidad y del feo mundo en el que habitamos. Siempre ha sido más fácil comentar una foto o un chiste que dar una opinión sobre una u otra noticia seria. La frivolidad es así, absoluta superficialidad. Qué pena. 

jueves, 23 de octubre de 2025

EL COLOR ROSA O CÓMO HEMOS CAMBIADO


Posiblemente recordarán conmigo la emoción de salir el domingo por la mañana al kiosco cercano a comprar EL PAÍS que venía con suplemento. Yo me daba un paseo a la Rambla, me hacía con el periódico y la revista y me sentaba un buen rato en el Kiosco La Paz a leer y a tomar café conversando con los amigos recurrentes que habían tenido la misma idea. 
Con la llegada de Internet y la supremacía de las noticias online la cosa ha cambiado tanto que ya ni la reconocemos. Los periódicos son ahora una extensión de las redes sociales, una suerte de Instagram, X o Facebook, donde conviven en la misma "página" la noticia del hundimiento de una narcolancha en el Caribe con la enésima crónica rosa de las memorias de Isabel Preysler. Hoy, sin ir más lejos, aparece esta señora nada más entrar en EL PAÍS por partida doble.
Nosotros, lectores comprometidos con la actualidad que cuenta, pasamos de largo ante tal notición, ¡las cartas de amor entre Vargas Llosa y la doña en cuestión! Sin desperdicio. Con más razón si la siguiente revelación nos muestra lo que acontece alrededor de los tristemente novedosos cribados del cáncer o, mejor, la falta de estos.
Siempre me he preguntado cómo las mujeres pueden votar a la ultraderecha y ahora lo hago respecto a la derecha, sin ir más lejos. Cuando la política -la mala política- es capaz de anteponer sus intereses a la salud esto empieza a ser preocupante. 
No pierdo la esperanza de ver a las mujeres conservadoras abrir los ojos ante tanta falta de empatía con aquellas que han sufrido un cáncer y que han leído con estupor lo acontecido en Andalucía estos últimos meses. Yo soy muy crítico con el PSOE porque es el partido que nos gobierna ahora y discrepo en muchas ocasiones con sus decisiones, como creo que es sano; la última vez con su vergonzosa abstención en la votación de quitar la protección "cultural" a la tauromaquia, o mejor dicho abrir el debate para hacerlo. Pero lo soy más con la oposición ciega y errática. la actitud de las comunidades gobernadas por el PP ante este asunto del cáncer es, cuando menos, vergonzosa. Obviamente jamás le desearía un cáncer ni a mi mayor enemigo*, pero ¿cambiarán estas personas si les llegara una desgracia como ésta?   
Triste panorama éste, para no variar. 
 
*No sé si he contado anteriormente que, en una ocasión hace años, ya trabajando como Arquitecto Municipal, me cayó del cielo un expediente desagradable por lo sensible del asunto. Se trataba de una casa-cueva a la que, durante un temporal, de había caído encima una piedra de tales dimensiones que prácticamente había sepultado la vivienda. Ésta, segunda o tercera residencia, por lo que supe después, estaba afortunadamente vacía durante las lluvias torrenciales. El protocolo, que dirían los cursos ahora, consistía en visitar la vivienda, entrar si fuese posible, observar la realidad constructiva, tomar fotografías y hacer un informe técnico convenientemente concluido para que la Administración, en este caso el Ayuntamiento, tomara medidas. Así fue. Nos acercamos un aparejador y yo, entramos más o menos, tomamos fotos y redactamos el informe que no podía concluir sino con el precinto de la "vivienda" por peligrosidad y ruina inminente, si no recuerdo mal. La dueña, una señora de cierta edad con la que, hasta ese momento tenía una relación buena, al leer el informe notificado por los cauces normales -supongo que sería por carta, han pasado muchos años ya-, me llamó por teléfono para desearme, textualmente, "un cáncer terminal muy doloroso". Yo le agradecí sus palabras y colgué sobre la marcha.
Por ahora, que yo sepa, no se han cumplido sus augurios. 
Presuntos Implicados, *Cómo hemos cambiado. 
 
Bochornosa conjura de silencio
El pacto de las autonomías del PP para negar al Ministerio de Sanidad sus datos de cribados del cáncer es un desdén hacia la ciudadanía.
EL PAÍS, editorial. 23.10.2025
https://elpais.com/opinion/2025-10-23/bochornosa-conjura-de-silencio.html

Resulta lamentable tener que recordar que determinadas cuestiones —entre las que la salud de los ciudadanos ocupa un lugar preeminente— no pueden estar sujetas a la lucha partidista, por muy honda que sea la polarización política y muy ferviente que resulte el afán de un partido por llegar al Gobierno. O por mantenerse en él. Más aún si hablamos de una enfermedad como el cáncer, en la que la evaluación precoz supone un factor clave. Cuando hace tres semanas estalló el escándalo de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, el Ministerio de Sanidad se dirigió a todas las comunidades autónomas para que le remitiesen sus datos de los programas de cribado de los cánceres de mama, cérvix y colorrectal, los tres principales que se realizan en España. Resulta indignante que el PP haya consensuado con sus autonomías negarse a enviarlos.

La petición ministerial está cargada de lógica para dimensionar la situación de estos programas en toda España tras conocer el fallo de la sanidad andaluza, que ha sumido en la angustia a miles de mujeres no solo en esa comunidad. Pero mientras Andalucía defiende convocar el Consejo Interterritorial de Salud —donde se sientan el Gobierno central y los Ejecutivos regionales— para analizar el estado de la cuestión en todos los territorios, otras autonomías populares han armado con su dirección nacional una conjura de silencio. Los programas de cribado salvan vidas porque permiten la detección temprana de un tumor, pero de nada sirven si las afectadas no lo saben.

La dirección del PP, comenzando por su presidente, debería explicar cómo se compatibilizan sus proclamas de transparencia y sus constantes exigencias en igual sentido a cualquier institución que no dependa de su partido con esta premeditada coordinación por la opacidad. La sanidad es una competencia autonómica, y si los populares no tienen nada que esconder, en su mano está demostrarlo. Resultan pueriles las explicaciones de algunas comunidades de que no tienen listos sus sistemas informáticos para remitir los datos solicitados. Pero lo inadmisible es el tono empleado por gobiernos como el madrileño pretextando que no los facilita para que Sanidad y su ministra, Mónica García, no “los utilice a su antojo”. El Ejecutivo de Ayuso actúa como si la información del estado de salud de los madrileños fuese de su propiedad.

Unas 2.000 andaluzas —como sus familias y allegados— siguen presas del miedo y aguardan una explicación completa que todavía no han recibido. Las disculpas que pidió el presidente regional, Juan Manuel Moreno, y la asunción de responsabilidad que supuso la dimisión de su consejera de Sanidad pierden parte de su valor ante la actitud de sus compañeros de formación. Ningún ciudadano debería verse obligado a vivir con temor por falta de información o por el retraso innecesario en el resultado de una prueba médica.

Si algo reclaman los ciudadanos a sus instituciones, y en especial a las sanitarias, es credibilidad y transparencia. Feijóo debería tenerlo presente si un día quiere ser presidente del Gobierno. Y no calificar de oportunista o de partidista cualquier reclamación que cuestione la gestión de los suyos en las múltiples instituciones donde, legítimamente, gobiernan gracias al voto de ciudadanos a los que ahora parecen desdeñar. La enfermedad no tiene color político. Tampoco la salud debería tenerlo.

domingo, 5 de octubre de 2025

¿CÓMO HEMOS LLEGADO A ESTO?


Un periódico supuestamente serio como EL PAÍS incluye en sus "primeras páginas" de la edición online, como una noticia de primer orden, la boda de este aristócrata que no ha dado palo al agua en su vida. No el ¡HOLA! o el Vanity Fair, EL PAÍS. De pena.

domingo, 23 de febrero de 2025

DOMINGO

Leyendo a Elvira lindo me han venido a la cabeza dos historias de las que, posiblemente, ya les haya hablado. No tienen que ver una con otra y sucedieron en diferentes lugares y en distintos años, pero ¡quién sabe si no está todo conectado ya en este mundo loco en el que vivimos!
Hace años, mientras un concejal que quería echarme me castigaba con atender al ciudadano un día tras otro, vino a verme un arquitecto amigo para hablar de las dudas que tenía respecto a un proyecto y, entre una una cosa y otra, terminamos hablando del rey Juan Carlos, de su cacería y de la rotura de la cadera que acabó precipitando la historia monárquica española. Él, muy serio, se quejaba de la magnitud en la que había terminado todo con estas palabras que resumían su arenga: pero Jose, al fin y al cabo, ¿de qué estamos hablando? ¡De un elefante!, ¡que sólo fue cargarse a un elefante! Educadamente, ya sin palabras, le dije: perdona, tengo que dejarte, tengo otra cita esperando fuera.
Mucho tiempo después, de hecho hace algunas semanas cenando en casa con unos amigos, habló uno de ellos sobre la locura a la que se había llegado con esto de la diversidad de géneros, sentenciando: no nos engañemos, todo acaba en dos géneros, los de toda la vida, hombre y mujer; lo demás son majaderías. Bueno, le respondía, hablar de esto tan frívolamente me pone muy nervioso, se nota que no conoces a ninguna persona o familia que hayan pasado por una de estas experiencias. ¡Yo no estoy siendo frívolo!, dijo después. Ya ya me había puesto a hablar con el comensal que tenía a mi lado para no entrar en polémica y fastidiar el postre, rico rico. 
Hoy, el artículo de Elvira Lindo, como les decía, me hizo recordar esto que les he contado.
Manifestación en apoyo a los menores trans frente al Children's Hospital
de Seattle, el 8 de febrero.David Ryder (REUTERS)

El chico tiene miedo
En su toma de posesión, Trump anunció que en EE UU solo existirían a partir de ese momento dos sexos, una insólita amenaza referida a la intimidad de la ciudadanía convertida ya en realidad.
Elvira Lindo, 23.02.2025

Nos conocimos en 2004 en Nueva York y fue una amistad a primera vista. Era una chica de Boston, de clase obrera, orgullosa de serlo, experimentada, valiente, sarcástica con todo aquello que pudiera oler a esnobismo, porque a ella lo cool ni le atraía ni le correspondía, pertenecía al batallón de trabajadores que no suele protagonizar esas películas que tienden a hacernos creer que esa ciudad es la mejor para vivir aventuras cuando se es joven y se tiene tiempo. Si John Cheever la bautizó como la ciudad de los sueños rotos es porque los advenedizos, estadounidenses o no, llegan con las expectativas muy altas y luego se dan de bruces con la realidad. Mi amiga Jane no tenía tiempo ni dinero para perderlo en restaurantes, compartía piso en un barrio alejado a una hora de donde trabajaba y algunas noches volvía a casa, como tantos neoyorquinos, cenando en el metro. Un buen día se largó, dejó atrás esa vida extenuante y regresó a casa. Es una historia común y, sin embargo, la menos contada. Su viejo barrio volvió a acogerla. Cumplió entonces su deseo de ser madre, pero sola, porque no encontraba hombres a su altura. Aunque pequeña y enjuta, Jane esconde un gigante en su interior. La niña llegó y ella se esmeró en que fuera una niña feliz y cultivada. En esta nueva vida trabaja con criaturas con discapacidad y tiene esa convicción que una encuentra en algunos estadounidenses voluntariosos de que con su trabajo mejoran el mundo. Es la mujer fuerte entregada a los débiles. Me escribía contándome cómo el buen trato mejoraba la vida de niños muy difíciles. Hace unos cuatro años me confesó que andaba preocupada por su hija. La persona que más quería en el mundo flaqueaba, lloraba y ella no alcanzaba a saber el motivo. Una noche, de madrugada, el secreto de la tristeza le fue revelado: “No soy una niña, mamá”. Lo había intentado fingir por agradar a su madre, ponerse vestidos, adoptar ciertas maneras copiadas de sus compañeras, pero ya no podía más. Comenzaron las visitas al pediatra, al neurólogo, al psiquiatra. La niña llegó a confesar en la consulta que si no le prescribían pronto un tratamiento que le bloqueara las hormonas se tiraría por un puente. Durante un tiempo se autolesionó. Y así fue cómo comenzó la travesía o transición. Primero fue lo más fácil, el cambio de nombre, luego las inyecciones que le devolvieron, literalmente, la serenidad. Volvía a sonreír, ahora como un niño.

No puedo abordar este asunto desde una perspectiva teórica, siempre he comprendido mejor el mundo a través de pequeñas historias a las que presto toda mi atención; debe ser porque mi pensamiento responde más a lo literario que a lo abstracto, de tal forma que haber seguido los pasos de este muchacho hoy adolescente a través de las cartas (mails) de su madre y de las fotos que ella me ha ido mandando me ha hecho entender el proceso, la preocupación materna, la voluntad inquebrantable de una madre que siempre ha prestado amparo, y algo más arduo de expresar que se advierte mirando las fotos: el chico cambió de género pero la sonrisa inocente y traviesa le definirá siempre.

Hoy madre e hijo están muy asustados. Procuran rodearse de un círculo de personas sensatas, racionales, compasivas, tan asustadas como ellos. En el discurso de toma de posesión, Trump anunció que en Estados Unidos solo existirían a partir de ese momento dos sexos, una insólita amenaza referida a la intimidad de la ciudadanía convertida ya en realidad con la retirada de fondos a cualquier organismo que huela a diversidad, cuotas, tratamientos médicos o investigación. Este desprecio viene siendo transmitido en directo riguroso y escuchado, como en el caso de la inmigración, por la población afectada. El chico de mi amiga teme que le retiren el tratamiento y teme por su madre, piensa que pueden acusarla de inducir a un menor de edad a cometer un delito. Es una pequeña historia que resume el pánico de todo un país.

miércoles, 2 de octubre de 2024

NOS PONEN EN EL MAPA

Que los políticos son un asco ya lo sabemos. Al igual que con el tiempo es un hecho que todos acabamos pareciéndonos a nuestros padres, también lo es que todos acabamos odiando a los políticos convencidos de que todos son iguales. "Por el interés de la mayoría los daños colaterales se aceptan como inevitables", nos repiten una y otra vez los guiones en el cine.
En canarias, una hora menos, no nos íbamos a salvar de esto. Desde hace ya demasiado tiempo somos receptores de miles de inmigrantes, migrantes o pobres diablos, que lo dejan todo -incluso la vida- para conseguir vivir en un mundo mejor.
Esto no se trata de ser de derechas o de izquierdas, sino de simple humanidad. Debemos hacer todos un ejercicio fácil de empatía e intentar imaginarnos cómo seríamos nosotros o qué haríamos en circunstancias similares, lanzándonos a un mar incierto, sin familia, sin amigos, sin idioma, sin futuro. Yo lo pienso y me pongo enfermo de terror.
Los occidentales, pagados de nosotros mismos, con otras preocupaciones -elevado a n si además somos políticos-, sólo vemos en esta pobre gente números y posibilidad de recabar votos, de ahí que se conviertan en cócteles molotov para lanzarse unos a otros, y otros a uno, importando las personas nada de nada. 
Hoy editorial en EL PAÍS:

 

Tragedia en Canarias
La muerte de decenas de personas ahogadas es un duro recordatorio de la urgencia de acabar con el tacticismo político en inmigración.

Decenas de migrantes desaparecieron en el Atlántico el sábado al volcar el cayuco en el que viajaban al menos 84 personas cuando era rescatado a cuatro millas de El Hierro. Las posibilidades de hallarlas vivas son casi nulas, lo que convierte el naufragio en una de las mayores tragedias migratorias en la costa española. Este año han muerto navegando hacia el Archipiélago —sin este último suceso— 781 personas, según un programa de la ONU que solo computa los fallecimientos fehacientes. En todo 2023, que se sepa, murieron 959 personas.

El sangrante drama humano añade urgencia a la necesidad de un acuerdo político que alivie ya la situación de las islas, en especial en el caso de los menores migrantes. La capacidad de Canarias para acogerlos ha quedado desbordada notoriamente, como ha reiterado su Tribunal Superior. Los servicios de acogida llevan meses colapsados. Atienden a más de 5.500 menores cuando su capacidad máxima se halla sobre los 2.000. Ello se traduce no solo en hacinamiento, sino en casos de supuesto maltrato y atención deficiente. Estos menores ya no podían esperar más el pasado julio, cuando el PP, Vox y Junts rechazaron la reforma legal para hacer obligatorio su reparto entre todas las comunidades autónomas; ahora sus necesidades son más acuciantes. Las negociaciones en curso entre Gobierno, PP y Ejecutivo canario deben dar fruto cuanto antes, con la mirada puesta en el interés de los menores y en sus derechos. A las tres partes se les pueden hacer reproches, pero es hora de dejar la bronca política alrededor de este drama.

Ningún Gobierno y ningún país por sí solos pueden gestionar un asunto que precisa de corresponsabilidad e inteligencia y no de las recetas demagógicas a las que cada vez se abona más la ultraderecha. El PP debería reflexionar sobre la influencia que su exagerado uso de la inmigración irregular para socavar al Gobierno y quitar votos a Vox ha tenido en convertirla en el principal problema de los españoles, según el CIS, sin que lo justifique otra cosa que una pugna entre partidos torpemente cortoplacista.

Remediar la situación de los menores es lo más perentorio, pero Canarias precisa soluciones en múltiples ámbitos y con vocación de largo plazo en una cuestión ya estructural, soluciones que desbordan el ámbito nacional y en las que España debe implicar a sus socios europeos. El Archipiélago ha recibido en los nueve primeros meses de este año 30.808 inmigrantes irregulares, algo más del doble que en el mismo periodo de 2023. No obstante, las entradas irregulares por esta vía dramática son un porcentaje mínimo con respecto al grueso de los inmigrantes, que llegan por los aeropuertos y procedentes de Latinoamérica.

Pedro Sánchez comparecerá el día 9 en el Congreso, forzado por el PP, para abordar la política migratoria. Puede ser el mejor marco para abrir un nuevo tiempo ante un reto de país.

viernes, 30 de agosto de 2024

V


¿Qué pensarán los extraterrestres de nosotros?
Alejo Vidal-Quadras, exdirigente del PP y de Vox, sugiere que le estamos haciendo quedar mal ante los alienígenas.
Jaime Rubio Hancock, 29.08.2024

¿En qué se fijaría un extraterrestre que llegara a la Tierra? ¿En las guerras? ¿En la crisis climática? ¿En el retorno de Oasis?. El expresidente del Partido Popular en Cataluña y fundador de Vox, Alejo Vidal-Quadras, ha planteado en un tuit una historia de ciencia ficción más bien pocha en la que sugiere que a un alienígena le preocuparía la inmigración: “Imaginemos que hemos de explicarle a un habitante inteligente de otro planeta llegado a la Tierra que en nuestro mundo hay países ricos y desarrollados que permiten que todos los días centenares de extranjeros entren ilegalmente en sus territorios. ¿Qué pensará de nosotros?”.


Vidal-Quadras lo deja ahí, sin decir lo que pensaría el extraterrestre, pero en el millar de respuestas a su mensaje se da por supuesto que no sería nada bueno. Y no es una suposición sin base si tenemos en cuenta otros tuits en los que Vidal-Quadras compara a los inmigrantes con invasores (terrícolas y no alienígenas).

Muchas de las respuestas plantean en tono cómico los defectos del planteamiento y recuerdan que una civilización alienígena podría ser completamente diferente a la humana. El visitante quizás no entendería la idea de fronteras, puede que le pareciera absurdo que los países ricos no ayudaran a los pobres para que nadie tuviera que emigrar, o quizás pensaría que los seres inteligentes son los árboles e intentaría entablar contacto con ellos.

Y eso si pensamos en alienígenas más o menos bondadosos, pero los extraterrestres podrían venir a la Tierra para alimentarse de nuestra carne, llevarse nuestra agua o quedarse a vivir, un poco como en La guerra de los mundos, de H. G. Wells, o en la ya mítica serie V. Con lo que la pregunta de Vidal-Quadras no sería qué pensará ese extraterrestre de las fronteras, sino si preferirá el sabor de un europeo alimentado con aceite de oliva o el de otro que se ha criado con mantequilla.





En favor del tuit de Vidal-Quadras hay que decir que las historias de alienígenas se han usado a menudo para hablar de nuestros temores. En su magnífico Monster Show, el historiador y crítico David J. Skal explica que en las películas de la Guerra Fría, como Invasores de Marte, los alienígenas que se infiltraban en Estados Unidos eran un trasunto de los espías soviéticos.

Pero hay relatos que intentan ver estos encuentros de manera más compleja y no solo como una amenaza. Por ejemplo, unos cuantos imaginan los intentos de comunicarnos con otras culturas y civilizaciones. Intentos que pueden ser fallidos, como en Fiasco, de Stanisław Lem, o algo más exitosos, como en La llegada, de Ted Chiang. También hay historias que le dan la vuelta a lo que propone Vidal-Quadras, como la película District 9, de Neill Blomkamp, una sátira sobre el racismo y el apartheid. ¿Qué pensaría un alienígena si llegara a nuestro planeta, lo metiéramos en un campo de refugiados insalubre y lo llamáramos “bicho”?

Además de todo esto, a los alienígenas también les podemos dar lo mismo. En Pícnic junto al camino, Arkadi y Borís Strugatski sugieren que unos extraterrestres hicieron parada técnica en la Tierra y se marcharon sin más, dejando atrás lo que podrían ser los restos de una reparación o las sobras de una merienda más o menos rápida en un mundo tan retrasado que les resultaba indiferente. O, peor aún, La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, empieza cuando las obras de una carretera espacial obligan a la demolición de la Tierra.

La idea de una visita extraterrestre puede ser también una excusa para vernos con distancia y humor, como en Sin noticias de Gurb, en la que Eduardo Mendoza le daba un buen repaso a la Barcelona preolímpica. Para esto, lo habitual es imaginarse a un extraterrestre (o a un extranjero, como el Balki de Primos lejanos) muy diferente, con el objetivo de buscar el contraste.

Pero también puede tener su gracia la visita de un alienígena exactamente igual que nosotros, como parece que propone Vidal-Quadras. Este alienígena se llama Juan Sánchez, es funcionario en un ministerio de Vlork, y está preocupado porque cada día llegan más inmigrantes de Vlirk a su país (¡sucios vlirkenses!). El Gobierno le ha enviado en misión secreta a nuestro planeta, donde se hace pasar por un expolítico en Twitter y recopila información acerca de nuestras políticas migratorias.

Es más, empiezo a pensar que en ese planeta con vida inteligente tiene que haber otra España. No sería tan extraño: en todos los planetas con vida que conocemos hay oxígeno, agua, luz solar y una España. No lo digo yo, lo dicen los datos.



sábado, 15 de junio de 2024

MÁS TARDE SE DESPEJARÁ


Colm Tóibín, escritor: “El cáncer no me enseñó nada. No hace falta estar enfermo para entender que la vida es efímera”
El autor firma la continuación de ‘Brooklyn’, su gran novela sobre el exilio irlandés, en ‘Long Island’, en la que retoma el destino de su protagonista dos décadas después.
Álex Vicente, 15.06.2024
https://elpais.com/babelia/2024-06-15/colm-toibin-escritor-irlandes-no-hace-falta-tener-cancer-para-entender-que-la-vida-es-efimera.html

Colm Tóibín (Enniscorthy, Irlanda, 1955) conduce como escribe. Conoce las normas de velocidad y respeta las prioridades en las rotondas, domina las maniobras y los cambios de carril, tiene bajo control los retrovisores y casi nunca usa el claxon, salvo en caso de extrema necesidad. No quita ojo a la carretera, pero de vez en cuando desvía su mirada hacia el paisaje que tiene delante, un conjunto de verdes intensos que desembocan en el mar, bajo el eterno claroscuro del cielo irlandés. Estamos cruzando el país de norte a sur, bajo una lluvia suave pero tenaz. “Más tarde se despejará”, promete el escritor, usando un viejo adagio de los lugareños. Y, pese a que todo indique lo contrario, estará en lo cierto. Atravesamos el condado de Wexford, en el sureste de Irlanda, donde nació y sigue teniendo casa, y en el que transcurren cinco de sus 10 novelas. Entre ellas, la última, Long Island (Lumen), continuación de Brooklyn, su exitoso relato protagonizado por Eilis, una joven irlandesa emigrada a Estados Unidos allá por los cincuenta. En Nueva York, esa antiheroína encontraba el trabajo y el amor, hasta que la muerte de su hermana la obligaba a volver a su país natal y a enfrentarse a una decisión crucial: retomar su antigua vida o preferir la que ya ha arrancado muy lejos de casa.

Tóibín se dirige a Dungarvan, pueblo costero a una hora escasa de Cork, cada vez más colonizado por urbanitas en busca de paz y silencio, donde acudió este jueves a presentar el libro ante sus lectores. Desde su viejo Mercedes, se divisa una tierra fértil, playas de arena y acantilados poco dramáticos, ruinas de abadías medievales y municipios llenos de librerías, teatros y cafés. “Es más Girona que Lleida”, decodifica Tóibín, buen conocedor de la geografía catalana: el escritor, convertido en un nombre central de las letras irlandesas y tres veces finalista al Booker, vivió en Barcelona a finales de los setenta y se compró un viejo granero en el Pallars que ha convertido en otra de sus residencias. Al llegar a nuestro destino, unas 200 personas —”no cabían más”, se disculpan los responsables del acto— lo esperan como si fuera una estrella del rock, en una biblioteca pegada a un puerto pintoresco y decorado con un sinfín de banderas arcoíris por el mes del orgullo. Tóibín sube al escenario y declama la primera página del libro: dos décadas después del final de Brooklyn, Eilis recibe la visita inesperada de un vecino. Le anunciará que su marido, fontanero italiano, ha dejado embarazada a su mujer mientras hacía unos arreglos en casa. Y que no piensa hacerse cargo del niño: en cuanto nazca, le traerá “al pequeño bastardo” para que se responsabilice de él. Eilis dice que sería el momento ideal para fumarse un cigarrillo. “No se lo tengan en cuenta: la acción pasa en 1976″, acota Tóibín con toda su locuacidad irlandesa. Todo el mundo se ríe.


Tras la explosión narrativa de las primeras páginas, Tóibín recobra el sosiego que le caracteriza. Después de la noticia bomba, Eilis pasa una hora en silencio en la penumbra de su habitación. “En eso consiste ser novelista”, dice el autor. Sus personajes dicen cosas que no piensan y piensan cosas que no dicen, por miedo a que los demás descubran cómo se sienten realmente, a quién aman en secreto y qué emociones se obstinan en reprimir. “La novela se erige sobre esa idea. No es que los personajes no se entiendan, es que apenas se relacionan. El libro se inscribe en un juego permanente de silencio, represión, negación y malentendido”. ¿Un rasgo identitario irlandés? “No, me niego a admitir eso”, responde. Tiene razón. Tóibín esquiva a conciencia todos los clichés sobre su país. “Los personajes no beben, no se pelean y no bailan. No sé de dónde ha salido la idea absurda de que estamos todo el día bailando”, bromea. “La misión de un novelista es no caer en esos estereotipos. Hice un esfuerzo tremendo para no hablar de la gran hambruna irlandesa”. No lo consiguió: se refiere a ella con brevedad, aunque lo haga en clave bastante irónica. La violencia en Irlanda del Norte también es tangencial, como lo es el peso cultural de la religión, incluso cuando describe un romance extramatrimonial. “En 1976, a nadie le importaba lo que pensara un cura o si lo que hacía era pecado. No se dice lo suficiente que la religión ya había perdido el poder que tuvo”, asegura. “Cuando lees Madame Bovary, solo sabes que la protagonista pasa por varios aprietos, no te enteras de nada de lo que sucedía en la Francia de entonces. Quise escribir un libro sobre Irlanda en el que el nacionalismo y la religión brillaran por su ausencia”.

En realidad, Tóibín nunca quiso escribir sobre su país. Su primer libro, El sur (1990), hablaba de una irlandesa que abandonaba a su marido e hijo para viajar a Barcelona para estudiar pintura, donde se enamoraba de un republicano con el que se refugiaba en las montañas catalanas (el arte es otra de sus pasiones, como demuestra La mirada cautiva, antología de textos sobre grandes pintores que acaba de publicar Arcàdia en castellano y catalán). “Nunca tuve la intención de hablar de Enniscorthy, pero, al evocar el regreso de esa mujer a Irlanda, entendí que me resultaba mucho más fácil describir los colores del paisaje, esos azules oscuros, esos tonos apagados. Fue como si saliera solo”, describe. Tóibín procede de una familia de maestros, aunque él fuera bastante mal alumno. “Aprendí a leer tarde y era tartamudo, y lo sigo siendo un poco. Fue un poco duro ser el tonto de la familia, pero la verdad es que me dejaron bastante en paz. Solo se enfadaban cuando llegaba con malas notas, que era siempre”. Su padre murió cuando él tenía 12 años. Su madre, poeta en sus horas libres y cuya historia inspiró su novela Nora Webster, volvió entonces a trabajar en una oficina. El joven Colm estudió en un internado de curas, que alentaron su don para la escritura. “Pero también hubo problemas graves en esa escuela: hace 20 años se descubrió que muchos profesores eran culpables de abusos sexuales. Yo no fui víctima de ello, pero sí algunos compañeros. Sucedía en nuestras narices, pero no nos dábamos cuenta”.

En Barcelona se liberó como homosexual. “Fue una etapa de buena comida, mucho alcohol, mucha belleza y mucho sexo”, recuerda. Aterrizó dos meses antes de la muerte de Franco. Se marchó tres años después. “Me fui porque las personas de mi edad estaban haciendo doctorados o escribiendo libros, mientras que yo me limitaba a pasear y beber. Trabajaba como profesor de inglés en una academia. Un día, mi jefe me dijo: ‘Vete, no te quedes aquí’. Decidí hacerle caso”. Desde entonces, ha seguido muy conectado con Cataluña. En 2017 defendió el referéndum de independencia, para enfado de algunos. Ahora modera sus palabras. “No creo en otro referéndum u otra declaración de independencia, todo eso tiene que parar”, opina. “No me convencen los argumentos para justificar la independencia: ni la cuestión identitaria ni el supuesto bienestar social que aportaría la creación de un nuevo Estado. Y, a la vez, siento que hay una demonización constante del nacionalismo catalán como algo retrógrado y populista, y eso no es cierto. Yo lo veo como un movimiento europeísta y abierto. Y lo que ha sucedido con la lengua catalana es un absoluto milagro. Cuando vivía en Barcelona, la gente de mi edad no sabía ni leerlo ni escribirlo. Como irlandés, me da cierta envidia”.

En su bibliografía, su orientación sexual parece tan fundamental como sus orígenes: la temática gay ha sido otro de los leitmotivs de una trayectoria en la que ha dedicado libros a Henry James (The Master) y Thomas Mann (El mago), ambos homosexuales furtivos, en los que descubrió sendos alter egos. “Sí, la homosexualidad es tan central en mi obra como el hecho de proceder de Irlanda. En realidad, ser gay en un mundo heterosexual se parece a ser irlandés en el Reino Unido”, se carcajea. “Ni siquiera soy capaz de calcular su importancia, incluso cuando no escribo sobre estas cuestiones, pero ser gay me ha permitido inspeccionar lo que la sociedad considera normal”. En Long Island, por ejemplo, Tóibín observa el matrimonio como una construcción artificial y artificiosa. “Sí, veo una extrañeza en esos vínculos, que a veces son de conveniencia, transaccionales. Y supongo que eso surge de contemplar las cosas con una especie de lente homosexual”.

Aplaude que el mundo se abra a una mayor diversidad, que ve reflejada en su alumnado neoyorquino: él se va haciendo mayor, pero sus alumnos siempre tienen 20 años, lo que le proporciona una radiografía social bastante nítida. “Ya no sabes de qué género ni de qué raza son. Ni tampoco de qué clase social, porque todos visten igual. Existe una gran tolerancia en los campus. Ahora todo el mundo puede ser lo que quiera”. Por supuesto, lo celebra. “Y, a la vez, mi predisposición siempre me lleva a la melancolía. No sé qué hacer con toda esta felicidad”. Durante la preparación de Long Island, a Tóibín le diagnosticaron un cáncer de testículos que ya está en remisión. “No aprendí nada de esa enfermedad. No me enseñó nada. Si necesitas estar enfermo para entender que la vida es efímera, tal vez sufras de un mal mucho peor que el cáncer: la estupidez”, afirma. Tampoco le hizo pensar en su posteridad. “Eso sería un mal aún más grave: la vanidad”.

De regreso a la biblioteca en Dungarvan, una lectora levanta la mano. Le reprocha con amabilidad que Long Island vuelva a apostar, como ya sucedía en Brooklyn, por un desenlace ambiguo. “Para mí, así es como deben terminar las novelas. La gente se indigna, pero para mí el final está muy claro”, responde, con cierta razón. Dice que tenía elección entre dos modelos. “Al final de Middlemarch, George Eliot te cuenta con detalles qué sucedió a cada personaje a lo largo de sus vidas. Solo siete años después, Henry James prefirió terminar Retrato de una dama de manera abrupta. Los lectores pasaban la última página esperando más detalles, pero no los había, se encontraban con una página en blanco. Yo estoy, una vez más, del lado de James”. O lo que es lo mismo: las grandes verdades sobre la existencia se expresan, casi siempre de soslayo, en nuestros silencios.

martes, 14 de mayo de 2024

HOPE (ESPERANZA)


Así usa Sunak las deportaciones a Ruanda para sobrevivir políticamente
El albergue de Ruanda donde Reino Unido pretende enviar a unas 7.000 personas, aunque solo cabe un centenar, porque en realidad es una medida disuasoria muy criticada por la oposición.
Madrid / Kigali, 14.05.2024
https://elpais.com/podcasts/hoy-en-el-pais/2024-05-14/podcast-asi-usa-sunak-las-deportaciones-a-ruanda-para-sobrevivir-politicamente.html

Reino Unido ya está deteniendo a solicitantes de asilo y este verano pretende empezar a deportarlos a Ruanda, a miles de kilómetros. El primer ministro, Rishi Sunak, que acaba de cosechar unos resultados pésimos en las elecciones municipales, ha ligado su futuro político a ese plan para frenar la inmigración ilegal. La oposición insiste en que es pura propaganda: inhumano, caro e ilegal. En Ruanda solo hay instalaciones preparadas para una pequeña parte de los deportados. Allí el acuerdo con Londres también suscita críticas, a pesar de la censura.

miércoles, 24 de enero de 2024

SAVATER, ADIÓS A "EL PAÍS"

 


Estos últimos años me lo había preguntado tras leer sus artículos, ¿por qué El país permite estos comentarios tan críticos con su periódico una y otra vez? Decir "el peor Gobierno de la democracia " es, cuando menos, despreciar a todos aquellos que han votado una o varias opciones que han permitido formar ese Gobierno al que se critica, despreciando por tanto a la mitad más una de los españoles. La Historia está llena de frases como "el ........... (escójase una opción: mejor/ peor) mejor Presidente que ha tenido el país", repetida innumerables veces en periódicos, televisión y ahora en redes sociales; el truco consiste en repetirlo hasta que se torne verdadero.
Cifras, amigo Fernando, cifras. Este país nuestro, España ¡España!, irá como vaya, al borde de la sima más profunda o en la cresta de la ola, pero no me sirve que me lo digas tú, ni siquiera un ministro u otro que no van a morder la mano que les da, sólo haré caso de las cifras.
Claro que otros dirán que todas las estadísticas están manipuladas. ¿Qué nos queda entonces...? Cerrar el periódico y escuchar a María Callas.
Catalani, "La Wally",
*Ebben?... Ne andró lontana.