viernes, 16 de octubre de 2026

RJ MITTE (II)


¿Recuerdas lo último que hiciste antes de morir?
Cuesta asumir que la muerte, si llega de golpe, es un acto tan sencillo y despojado de épica como echar la llave.
Manuel Jabois, 14.10.2026

Bryan Cranston (Breaking Bad) no se ha resistido al humanísimo impulso de despedirse de alguien recordando su último contacto, en este caso RJ Mitte, el actor con parálisis cerebral que interpretó a su hijo en la serie. La incredulidad (Mitte se ha suicidado a los 34 años) tiene muchas maneras de expresarse, pero ninguna mejor que la de contar los planes que teníais con el muerto. “¡Hace unos días quedamos para cenar!”, decimos de uno. “Si hace poco fuimos a jugar al tenis, ¿cómo es posible?”, decimos de otro. De nuestra sorpresa se deduce una conclusión ridícula: “¿Cómo se le ha ocurrido morir si teníamos pensado cenar: nunca piensa en los demás?“, o “¿cómo se pudo haber muerto si jugamos hace poco al tenis, tan mal jugué?”. Cranston relató que hacía poco había intercambiado correos con Mitte para almorzar. Al recordar Cranston su último contacto con él, al recordar nosotros la última vez que vimos a alguien de quien nos dicen que ha muerto de forma sorpresiva, lo que hacemos no es recordar esa última vez, porque para nosotros no era la última cuando lo vimos, no sabíamos que no lo volveríamos a ver, aquello no fue un final ni nada, generalmente se trató de una frase sin importancia (“me dijo que iba a votar a la Chunta”) sino que expresamos el íntimo asombro de que nuestro último encuentro fuese algo tan banal, tan parte de la vida como la decena de encuentros casuales que uno va teniendo durante la semana. “No me dijo que iba a tener un infarto en unos días, sólo que estaba acabando de leer un libro de autoayuda”. Pero de pronto lo trivial es trascendente, la muerte da al pasado un significado a veces extraño y ridículo que nos empeñamos en ver sublime (“algo le noté en la mirada cuando me dijo que no volvería a comer panceta”) porque no asumimos o no queremos asumir que la muerte generalmente, si llega de golpe, si llega en tromba, es un acto tan sencillo y despojado de épica como echar la llave. Por eso a menudo la sorpresa de verdad no es que el otro haya muerto, sino que tú no: “Pero cómo ha podido pasar, si me lo encontré hace unos días en el mercado..., y él me encontró a mí”.

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