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jueves, 27 de agosto de 2026

INVASIÓN

 

Difícil fiarse de lo que nos llega, busco con paciencia si estas palabras las dijo realmente el escritor. Esto es lo que encuentro en Internet:

La frase es auténtica y Umberto Eco la pronunció realmente, aunque la imagen que circula en redes presenta una versión ligeramente adaptada.
Eco la pronunció el 10 de junio de 2015, en Turín, después de recibir la laurea honoris causa en Comunicación y Cultura de los Medios por la Universidad de Turín. Respondía a preguntas de periodistas sobre Internet y las redes sociales. Hay varias fuentes que sitúan la declaración en ese acto y reproducen el original italiano.

La formulación italiana que está documentada es:
«I social media danno diritto di parola a legioni di imbecilli che prima parlavano solo al bar dopo un bicchiere di vino, senza danneggiare la collettività. Venivano subito messi a tacere, mentre ora hanno lo stesso diritto di parola di un Premio Nobel. È l’invasione degli imbecilli».

Una traducción bastante literal sería:
«Las redes sociales dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad. Se les hacía callar inmediatamente, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles».

jueves, 18 de julio de 2024

A MAL TIEMPO, BUENA CARA


Teletrabajar tiene sus cosas buenas y sus cosas mejores. Lo que peor llevo es tanto trasiego aeroportuario, pero vamos, aquí sigo. ¿Lo mejor? salir del aquelarre, al menos, dos días a la semana; nada es perfecto.
Un buen ambiente es básico para trabajar, pero cuando no se disfruta de él siempre hay comodines a los que echar mano. Comodines y buena gente, que haberla hayla. sólo nos resta creer en el karma, el futuro no existe, el futuro es hoy. Como ya he recordado muchas veces, no hay que creerse nada, somos insignificantes; más alto es un poste y lo mean los perros.
Guerras escogidas con microscopio -mejor ninguna-, sacudida de toxicidad como un perro al salir del baño, sonrisa perpetua -el enemigo odia eso- y respiración profunda cada vez que llega una flecha.
¿Recuerdan el famoso reloj de Manolo Vieira? ¿aquél que era de oro, un día sí, un día no? Pues así son las cosas, más que oro, oropel.
A mal tiempo, buena cara, reza el sabio refranero.

lunes, 8 de mayo de 2023

PURA FILOSOFÍA

 

David Pastor Vico: “La filosofía te puede evitar el psicólogo y, encima, es gratis”
El filósofo sevillano, nacido en Bélgica de padres emigrantes y emigrante él mismo en México, publica ‘Ética para desconfiados’, un libro para adolescentes y vuelve a casa a tratarse de un cáncer. “Soy un superviviente”, confiesa.
https://elpais.com/sociedad/2023-05-07/david-pastor-vico-la-filosofia-te-puede-evitar-el-psicologo-y-encima-es-gratis.html

Hablamos por videollamada porque le es imposible moverse de su casa en Utrera, Sevilla. Se encuentra, por ahora, libre del cáncer por el que recibe inmunoterapia, pero acaba de “mear” una piedra renal que le ha tenido “jodididísimo” varios días y se siente “como si hubiera parido” después de “pasarlas putísimas”. Eso, quitándole tacos a cada frase. David Pastor Vico, Vico para sus alumnos, lectores y seguidores, no tiene pelos en la lengua. Tampoco en ambos lados del cráneo, bajo su negrísimo moño de samurai. En el derecho, una cicatriz circular le recuerda cada día en el espejo la operación a la que se sometió y que vive gracias a la ciencia. Ya llegaremos a la enfermedad que casi lo mata, pero habíamos quedado para hablar de su “librito de filosofía práctica” dedicado a jóvenes y adolescentes.

Sus gemelas tienen tres años. ¿Les servirá en la edad del pavo?
Decía Ortega y Gasset que las generaciones se suceden cada 15 años, pero que los grandes cambios son cada 30. Por eso los abuelos quieren mucho a los nietos, aunque no los entiendan. Espero que cuando a mis hijas les llegue el pavazo todavía sea una buena lectura para ellas. A mis nietas no llego, fijo.

¿Es más difícil ser adolescente hoy que cuando lo fue usted?
Sí, porque hoy les es difícil poder integrarse en algún grupo de forma natural. Nosotros tuvimos la suerte de tener tribus urbanas, de que no existían las redes sociales, de que no teníamos móviles, de que no estaba Instagram, y teníamos que salir a la calle, andar, preguntar, divertirnos, desarrollar habilidades sociales sí o sí. Eso es fundamental en esa etapa. Hoy, los adolescentes están repartidos en un océano inmenso buscándose, queriéndose oler el culo, como desde el principio de los tiempos, pero los culos están muy lejos y muy aislados. Sienten lo que ha sentido el ser humano siempre: ansiedad, depresión, incertidumbre, y no saben cómo lidiar con ellas. Mi libro puede ayudarles.

¿Tan terribles son las redes?
No sé si son tan terribles, el problema es que no las conocemos, y los chicos creen conocerlas, pero solo lo hacen de manera mecánica. Si hasta sus inventores están prohibiendo a sus hijos las pantallas y quieren volver a la educación analógica. No son el demonio, pero tampoco las conocemos para afirmar lo contrario.

¿A qué edad le dejará a sus hijas tener un móvil?
No lo tengo planificado. De momento, no se lo dejo ni para jugar. Cuando llegue el momento, de primeras, será uno de esos solo para llamar y responder. Serán el hazmerreír de su clase, pero ellas dirán que su padre es así de raro porque es filósofo, y, si se ponen pesados, vendrá al cole a dar una conferencia y, a lo mejor, convencen a los padres de los otros de que tampoco se lo dejen.

¿Y no teme que sean carne de acoso escolar?
El bullying no es un problema de autoestima, sino de socialización. No de alguien que agrede. El bullying se produce porque no hay un grupo que defienda a uno en particular. Mi ambición es que mis hijas jueguen con todos, se relacionen con todos y, si no les dejo el móvil, les puedan decir al resto que su padre es así, y las respeten. Yo también fui un marginado de crío. Por empollón, por gordito, por raro. Pero tenía habilidades sociales, y eso me salvó. El acercamiento a un grupo de gente. A los heavy-metal, en mi caso, que me salvaron la vida en varios episodios complicados de mi juventud. Sin amigos no somos nadie. Los amigos nos conforman, son parte de nosotros. No hay humanidad sin amistad.

¿Quién no tiene amigos no es humano?
Quienes no los tienen no saben el daño que implica no tenerlos. Es como un ciego que no ve el cielo, pero se lo imagina a su manera. No, perdona, si no puedes ver el cielo, no sabes cómo es de verdad. Los amigos son tu auténtico patrimonio personal. La tragedia es no tener amigos y creer que no se necesitan.

¿Qué es la soledad?
La soledad no deseada es una enfermedad y una condena. Claro que la soledad buscada puede resultar satisfactoria, pero la indeseada nos enferma y nos puede matar. De hecho, cuando queremos castigar a alguien, lo metemos en la cárcel, y, si queremos joderle de verdad, lo aislamos.

¿Sufren más ahora los jóvenes que antes? ¿Son de cristal?
Puede ser, pero es por una cuestión de distorsión de cómo se perciben a sí mismos. Por eso es tan importante el conocerse a sí mismos. Si yo tengo claro cuáles son mis fallos, y mis cosas buenas, claro que tendré malas rachas en los estudios, en la familia, en la vida, pero estaré armado. Pero si nadie me ha dicho que ese autoconocimiento no se puede hacer desde la soledad, que no soy el único del mundo al que le pasa eso, seré pasto de los males del espíritu. Digo conocerse a uno mismo, no conformarse. Odio el “sé tu mismo”, el “quién la sigue, la consigue”, el “si lo deseas mucho, pasará”. Si no te conoces y no actúas no pasa una mierda. Somos muy pequeños y estamos al albur de tantas cosas. Mira yo, llevo toda la puta semana para mear una piedra.

Pero uno siempre quiere ahorrarle sufrimiento a los hijos.
Eso está en nuestra naturaleza, somos la única especie que quiere cuidar de los hijos de por vida. Y la ley de vida es que ellos vuelen, y dejarles volar. El problema es cuando los hijos se quedan hasta los 40 en casita de mamá y encima estamos contentos.

Qué le diría a una señora que sufre de ‘nido vacío’ porque se va de casa su hija de 25. Es para una amiga.
Le diría que folle más [ríe]. En serio, le diría que esté contenta porque su cría vuele y que rellene su vida de otras cosas.

Igual es más fácil follar que encontrar un amigo.
Es muy probable. Gracias al cambio de moralidad, las cuestiones sexuales se toman como una cosa natural y hay aplicaciones que ayudan. En mis tiempos era mucho más difícil echar un quiqui. Ahora es difícil hacer amigos porque nos hemos dado tanta importancia, cagando como cagamos todos, porque esto es importante decirlo, que el miedo al fracaso o al rechazo nos impide acercarnos a los otros. O las malas experiencias. En eso siempre digo lo mismo: si un plato te sienta mal, no dejas de comer; pues, joder, si un amigo te traiciona, sigue probando hasta encontrarlo.

¿Por qué habla tan mal?
Larra decía que no hay palabra mal dada sino mal tomada. Mi lenguaje es muy florido porque necesito establecer conexión inmediata con la gente, y, a veces, un taco comunica más que cien subordinadas. Cuando un filósofo dice “cagar” en vez de “excretar” le está haciendo un favor a la humanidad.

Ha contado que tiene cáncer y que vive de milagro. ¿Cómo se enteró de que lo tenía?
Peinándome mi preciosa melena rizada hasta la cintura. Un día, a los 45, me reventé un lunar que tenía desde crío. Empecé a sangrar muchísimo, me curé y, a la semana, tenía un tumor como un champiñón de grande. Me acojoné. Fui al dermatólogo. Melanoma de seis milímetros de implantación. Con uno, puedes curarte. Con seis, estás bien jodido. Y más con un ganglio irradiado, como tenía. Las estadísticas bajan a seis meses de vida, año y pico, a lo sumo.

¿Se cagó usted, entonces?
Por la pata abajo. Salí de la consulta e hice tres llamadas. Una, llorando a mi mujer. Otra, a mi padre, en España. La tercera me recompuse y tiré de contactos. Pasé todas las fases del duelo en esa media hora. Me dijeron que iba tarde y que corriera. Y corrí. Me operaron en México y me dejaron esta cicatriz, como el culo de una lata de cocacola, y lo peor es que ahí no me volverá a crecer el pelo, porque es un implante de piel de mi pierna. La operación fue un éxito, pero después, la alternativa era la inmunoterapia y no podía costearla en México. Tuve que volver a casa. Resulta que la sanidad pública española me mantiene con vida en un hospital al lado de mi casa de crío. Nací en Bélgica porque mis padres emigraron para poder comer. Volví a Sevilla a los seis años. Emigré a México porque en España no tenía curro de filósofo. Me invitó la Universidad Nacional de México como profesor y, cuando ya me imaginaba aquel país como un hogar, tengo que volver a casa para poder, literalmente, seguir vivo. Soy un superviviente.

Véndame su libro.
Es una herramienta no para ser feliz, sino para no sufrir. No es un Satisfyer, ni un Lexatin, porque eso es pasajero y la filosofía permanece. Plantea ideas que pueden cambiar tu mente, tu forma de pensar, y si cambia tu forma de pensar cambia tu forma de vivir. No lo digo yo, lo dice Platón, Aristóteles, Epicuro.

¿Tan vivos siguen los clásicos?
Un buen filósofo, la buena filosofía, te puede evitar ir al psicólogo, te puede salvar la vida. Y eso jode muchísimo a muchísimos. Si no lo digo, reviento: la filosofía parece aburrida porque muchos profesores son muy aburridos. Los filósofos antiguos dividían la filosofía entre la analítica y la curativa. No había psicólogos ni psiquiatras, los médicos curaban el cuerpo, y los filósofos, el alma. Nuestra mente no ha cambiado tanto. ¿Por qué vamos a inventar el hilo negro si lleva dos mil años inventado?

¿Qué es para usted ahora el futuro?
Una posibilidad que me ha sido regalada. He pasado días tan negros. He pasado tanto miedo, que vivo cada día como un regalo. Además, vivo en Sevilla y eso no tiene precio.

Para ser un emigrante, ahí le ha salido el sevillano irreductible.
La mejor tierra del mundo. A mucha honra.

UN FILÓSOFO MUY 'HEAVY'
El filósofo David Pastor Vico (Namur, Bélgica, 46 años) no parece un filósofo. No, al menos, a la idea preconcebida que se tiene de ellos. Su moño alto sobre el cráneo, su barba de profeta, sus chupas de cuero y sus camisetas negras con mensaje lo acercan más a la tribu urbana que, afirma, le salvó el pellejo físico y emocional durante la adolescencia y juventud. Y es que Vico, como es conocido, sobre todo en México, donde es profesor de la UNAM, es, lo dice él, "muy heavy". Hijo de una humilde familia sevillana que tuvo que emigrar a Bélgica, Vico se dedicaba a dar clases y conferencias en auditorios y en la red, hasta que un melanoma le cambió el paso y tuvo que regresar a España. Ahora, lanza Ética para desconfiados y colabora con el programa La hora de Sonsoles, de Antena 3. Cualquier medio le sirve, dice, para intentar evitar sufrimiento a la gente a través de la palabra de los clásicos. "La felicidad", dice, "es otra cosa".

domingo, 5 de marzo de 2023

DELICIA


Leo esta pequeña novela deliciosa , "Animalia", de Sylvia Molloy, escritora argentina ya fallecida. En ella nos desvela su vida y su relación con los animales. Precioso libro.

domingo, 18 de diciembre de 2022

GLOBIN


Entre la vagancia y el nihilismo: qué es entrar en ‘modo goblin’, la palabra del año para el diccionario Oxford
Este concepto que reivindica no hacer nada en un mundo que parece cada vez más conflictivo conquista al público por su lectura política, pero según los expertos no deja de ser una fantasía aspiracional de la sociedad hiperproductiva.
Begoña Gómez Urzáiz. EL PAÍS. 0-DIC-2022
https://elpais.com/icon/2022-12-08/entre-la-vagancia-y-el-nihilismo-que-es-entrar-en-modo-goblin-la-palabra-del-ano-para-el-diccionario-oxford.html

Más que ganar, arrasó. El diccionario Oxford, en una operación de posicionamiento de marca admirable para un léxico, sometió a votación cuál debería ser la palabra del año 2022. En realidad, su definición de palabra se ha vuelto bastante laxa en los últimos años. Daban tres opciones: “metaverso”, el hashtag “IStandWith” (“yo voy con” o “yo apoyo a”, pensado para completarse con nombres de figuras públicas) y “goblin mode”, o sea, “modo goblin”. El 93% de las 340.000 personas que participaron en la encuesta se decantaron por la tercera y convirtieron así en palabra del año en inglés esta expresión que se avistó por primera vez en el Twitter prehistórico, en 2009, pero alcanzó su pico de popularidad en las tendencias de Google en febrero de este año, después de que un usuario de la red de Elon Musk colgara un tuit con un titular falso con unas declaraciones de la actriz Julia Fox que nunca existieron. “A Kanye West no le gusta cuando me pongo en modo goblin”, decían. Por lo que sea, en un momento en que la pandemia estaba a punto de cumplir su segundo aniversario con vacuna pero sin solución –enero de 2022 tuvo una alta incidencia del virus– y en el que se confirmó la invasión de Ucrania por parte de Rusia, prendió el uso de este concepto que se mueve entre la dejadez y el nihilismo.

El mismo diccionario que la ha encumbrado define el “modo goblin” como “un tipo de comportamiento que es descaradamente autoindulgente, vago, perezoso o egoísta de una manera que rechaza las normas y las expectativas sociales”.

El presidente del consorcio que edita el diccionario, Casper Grathwohl, admitió en un comunicado de prensa que este año les había sorprendido muchísimo el nivel de participación en los votos y el entusiasmo por el tema goblin. “Dado el año que hemos experimentado, modo goblin concuerda con todos los que nos sentimos sobrepasados. Es un alivio saber que no somos siempre nuestros yoes idealizados y comisariados que presentamos en nuestras cuentas de Instragram y Tik Tok. Esto lo ha demostrado el significativo aumento de plataformas como BeReal, donde los usuarios comparten sus imágenes sin editar, muchas veces captando momentos autoindulgentes de sí mismos en modo goblin”.
¿Pero qué es un goblin?
Un goblin, a secas, es una criatura del folklore centroeuropeo, parecido a un duendecillo travieso o a un leprechaun irlandés, como los orcos de El señor de los anillos o los goblinoides de Dragones y mazmorras. Sin ser malvados, tienen un punto malicioso, pero sobre todo egoísta, y nulo interés en hacer el bien. Más bien todo lo contrario. A los goblins de 2022, sin embargo, no se les encuentra en el bosque ni en las Tierras Altas sino en el sofá, comiendo patatas fritas, con un pijama de goma floja y el mando o el móvil a mano para escoger productos de plataforma que no exijan esfuerzo intelectual. No es casualidad que “modo goblin” fuera noticia en febrero y haya vuelto a serlo en diciembre. El frío, las gripes y la baja energía se llevan especialmente bien con el modo goblin.

En TikTok, el hashtag #goblinmode se ha utilizado como contraposición al #thatgirl, que se refiere a una chica que organiza su día en segmentos, madruga para practicar ejercicio, bebe batidos con vitaminas, cumple con su trabajo y todavía tiene tiempo para cultivar una vida social sana y equilibrada antes de acostarse (también pronto y tras haberse aplicado una rutina de belleza de no menos de 15 pasos). Estéticamente, lo goblinesco –que se asocia al descuido y a la suciedad, a las tazas de café con posos, cajas de pizza grasientas y a la basura sin separar para el reciclado– también es lo opuesto al cottagecore (idealización nostálgica de lo rural) que triunfó en 2020 y 2021.

La periodista y escritora Cat Marnell, en sí misma una agente del caos –en su libro How to Murder your Life, o Cómo asesinar tu vida, contó las múltiples maneras en las que se había autosaboteado en su veintena y treintena–, emergió como experta en goblinismo con una serie de tuits en los que aseguraba abrazar ese estilo de vida. “El modo goblin se apodera de tu cuerpo. Cuando actúas como una loca entras en un espacio mitológico en el que quieres saltar al lomo de una salamandra y buscarte problemas”, decía. Ya menos alegóricamente, señalaba que en el ámbito digital todo el mundo intenta ser perfecto y es bueno y refrescante “conectar con la extraña criatura que vive dentro de ti”.
Tiene sentido que el modo goblin haya reinado en el mismo año que otra expresión que pudo ser finalista del diccionario Oxford, el quiet quitting o renuncia silenciosa. Una vez comprobado que la gran renuncia o la gran dimisión era poco realista o inaccesible, los artículos de tendencias sociológicas nos dijeron que muchos trabajadores habían optado por dimitir calladamente o irse sin irse, es decir, quedarse en sus trabajos pero sin buscar la excelencia, siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, como decían antes los maestros de primaria a los alumnos poco motivados. Es ahí cuando uno topa con el aspecto aspiracional y hasta fantasioso de lo goblinesco ¿Quién puede permitirse ser una criatura ociosa en el trabajo, o incluso en la vida? Solo alguien que haya acumulado una serie de privilegios o que los tenga de serie. Los cuidados se llevan también muy mal con lo goblin. Pregunten a alguien que se ocupe de niños, mayores o dependientes cuándo fue la última vez que pasaron un día entero en el sofá.

“Para mí, el goblin mode es una impostura con la que intentamos engañarnos ante lo obvio, que la mentalidad liberal nos ha calado hasta el tuétano”, apunta el sociólogo y analista Iago Moreno. “Más que fingir que no nos importa, creo que haríamos bien en compartir más nuestros dolores e impotencias y politizar aquello que queremos cambiar. Sobre todo quienes escribimos, investigamos o nos dedicamos a trabajos creativos hemos asumido las mitologías neoliberales del trabajo creativo y nos autoimponemos ritmos, exigencias y horarios de trabajo que no toleraríamos a un jefe”. Exhortar al modo goblin, a que todo te importe menos, a esforzarse menos para aflojar la presión del sistema, al final equivale a exigir en el alienado un cambio de actitud, opina Moreno. Es decir, en pedirle un esfuerzo más, aunque sea de otra manera. “Creo que necesitamos más derechos, convenios, certezas, más que un cambio de actitud. Eso viene de lo primero y no al revés. Hasta entonces es normal que no podamos ser el goblin que nos gustaría llegar a ser. Venimos con el chip de elfo de Santa Claus preinstalado”.

El filósofo Eudald Espluga, que reflexionó sobre el fenómeno de la autoexplotación (lo antigoblin) en su libro No seas tú mismo (Paidós), también se muestra escéptico. “Más allá de que se la escoja palabra del año, no creo que esta notoriedad de la idea vaya acompañada de un cambio cultural, social y material por el cual la autorrealización personal se pueda dar al margen del esfuerzo, el compromiso, el trabajo y la mejora constante”. El reciente episodio en Masterchef en el que Patricia Conde se puso en modo goblin en la final y dijo que tenía sueño y que no le apetecía competir por la chaquetilla tanto como a sus compañeros pudo verse como un triunfo de esta idea. En las redes, la mayor parte del público apoyó a Conde y señaló lo tiránico y hasta ridículo que resulta a finales de 2022 el discurso de Jordi Cruz y Samanta Vallejo-Nájera, que sonaba más fresco cuando empezamos a ver talent shows allá por la primera Operación Triunfo.
Sin embargo, según Espluga, este fenómeno tiene más que ver con la necesidad de parar, con el detox de la automejora constante del que habla Jenny Odell en su libro Cómo no hacer nada (Alpha Decay), que con un auténtico cambio de paradigma. “Ensalzar este concepto no nos lleva necesariamente a un ocio improductivo, sino más bien a todo lo contrario. Lo que funciona en el caso de Patricia Conde creo que no es tanto la reivindicación del no hacer, de la renuncia, sino la autenticidad de reconocer el propio malestar. Es un poco el está bien no estar bien. En ese sentido, la circulación del modo goblin funciona más como un código estético que como una práctica política”.

Y concluye: “El goblin es la coreografía social necesaria de los usuarios de BeReal, una dejadez calculada o no que recicla el cansancio, la fatiga y la rebelión de los imperativos sociales como imagen de marca personal”. En 2022 admitimos que está bien decir “no llego”, celebramos saltarse la dieta sin hidratos y la aplicación del retinol, nos quisimos creer elfos holgazanes y traviesos, pero en realidad no dejamos de ser las criaturas hiperproductivas y obedientes que necesita el sistema para seguir funcionando.

jueves, 13 de octubre de 2022