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lunes, 29 de abril de 2024

BARENBOIM

 

Según parece, la salud de Daniel Barenboim no anda bien y ha tenido que suspender sus últimos conciertos. Esperemos que sólo se trata de una recaída y que pueda volver pronto a los escenarios.
El pasado 17 de majo de 2023 se publicó el libro "La música despierta el tiempo", del propio Barenboim, el cual me llegó hace un par de días. De él escribe Casa del Libro esta reseña:
La música tiene la extraordinaria cualidad, entre otras, de ayudarnos a configurar nuestra idea del mundo. Por más que los puristas insistan en que lo personal, lo político, lo social y lo artístico no deben mezclarse, Daniel Barenboim recuerda en este inspirador texto que la escucha y el conocimiento de las músicas más variadas indica precisamente lo contrario. Apelando a su inquebrantable compromiso con la paz entre Israel y Palestina, examina el increíble potencial de la música para acercarnos, tender puentes y comprender al otro. La música despierta el tiempo revela así el fascinante poder del fenómeno musical no sólo para arrojar luz sobre la condición humana, sino también para dar respuesta a algunos de los mayores retos a los que hacemos frente.
Beethoven: *Leonore Overture No. 3
Daniel Barenboim and the West-Eastern Divan Orchestra

miércoles, 19 de octubre de 2022

DESENCADENADO

Andaba yo esta mañana tomando el primer café del día cuando me percaté que mi dedo índice se movía rítmicamente sobre el poyo de acero de la barra del bar. ¿Qué es esto que estamos escuchando? le pregunté presto al camarero. Una de esas que están de moda ahora, creo que Rosalía. ¡Horror! pensé, Rosalía.
Recordé justo en ese instante cómo ayer, en el supermercado del pueblo, de esos que tienen música de fondo que se repite una y otra vez -pueden imaginarlo en Navidad-, me vi paseando con el carrito vacío tarareando una canción, otra que tal, la última que España presentó a Eurovisión.
No, no, esto no está bien. Poco a poco esta música entra en tus oídos, como si nada, agazapada, hasta que ya no hay marcha atrás. Entonces eché mano, como el Recio, a mi mecanismo de defensa ancestral, imaginar la buena música.
Como ésta.
¡Uf! por un momento me imaginé reguetonero, aunque sin cadenas de oro.
Buenos días.
Chopin, *Scherzo No.2, Op. 31.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

BARRIOS ORQUESTADOS EN LAS PALMAS

La música transforma la periferia de Las Palmas
Barrios Orquestados imparte clases de canto y de instrumentos de cuerda a padres y niños en zonas periféricas de Las Palmas de Gran Canaria con difícil acceso a la cultura. Tras siete años y medio, han tocado invitados por el Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU en Ginebra.
https://elpais.com/sociedad/2019/11/19/feliziudad/1574188942_387084.html

Las Palmas de Gran Canaria, con clima tropical y mucha vida de calle, es una de las capitales que aporta más jugadores a la primera y segunda división del fútbol español.

–¿Cómo se consigue que un niño toque el violín y no un balón?
–El fútbol tiene una base de rivalidad que no conecta con todos los pibes [niños]. La música es cooperación.

José Brito es el fundador de Barrios Orquestados, una iniciativa que acerca la música a zonas periféricas de Las Palmas con difícil acceso a la cultura. Gratis. Las clases y el instrumento. Pero con un gran coste de tiempo y esfuerzo para los niños y sus familias. Los muchachos, a partir de los cuatro años, acuden sin falta de lunes a jueves una hora al día. Al menos uno de sus familiares asiste obligatoriamente a clases de canto una vez por semana. Y un sábado al mes se reúnen para ensayar junto con más chavales de otros barrios. “No quería un proyecto guardería. Los familiares no acompañan a los niños, están dentro”, afirma Brito, profesor de la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Las Palmas y músico. “Enseñamos música a los padres para que sean conscientes de lo difícil que es lo que han logrado sus hijos”, añade este director de orquesta.

El proyecto, que arrancó en 2012 en el barrio popular de Tamaraceite, está presente en otros cinco distritos más de la ciudad, en dos áreas de Tenerife y en otras dos en Lanzarote. Barrios, como se conoce coloquialmente, empezó con una decena de chavales y otros tantos violines donados por músicos. Siete años y medio después la asociación tiene un presupuesto de medio millón de euros, ha enseñado música a 600 niños y familiares y emplea a una veintena de profesores, agentes sociales y gestores. La financiación es mixta. El 57% de los fondos proceden del sector público y el 43%, de una treintena de fundaciones que hace aportaciones anuales. “Este formato nos garantiza autonomía”, explica el director del proyecto, que invierte mucho tiempo en tocar puertas para recibir o renovar donaciones.
José Brito, fundador y director de Barrios Orquestados. QUIQUE CURBELO

Brito, que ha crecido rodeado de música en su familia, pone el foco en lo grupal y no en lo individual. "La música tiene un efecto cohesionador". Pero matiza este estudioso que se matriculó en Filosofía por la UNED: "No se trata de que los niños sean figurantes, sino de buscar la excelencia personal para el colectivo. En la música no existe la rivalidad de quitarle el balón al otro". Poco futbolero, pero seductor en el discurso y astuto, no rehúye el fervor que despierta este deporte. Barrios Orquestados lo ha concebido como una liga sin competición. Cada barrio cuenta con dos equipos de 20 niños, unos mayores (a partir de 9-10 años) y otros pequeños. “Si los grupos fueran más numerosos los niños se perderían; si fueran más pequeños se sentirían solos”, justifica. El final de temporada tuvo lugar el domingo pasado en el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas ante 1.500 espectadores. Por quinto año cerraron el curso con un concierto de música clásica (Beethoven y Mozart), canciones populares y un tango. La última pieza la interpretaron los dos centenares de niños de los seis barrios y sus familiares, juntos en el escenario.

No se pregunta cúanto ganan, todos caben
Barrios es un proyecto social antes que académico, centrado en la periferia. “Nos dirigimos a las zonas, no a las familias”, afirma Tatiana Sosa, trabajadora social en Barrios desde hace año y medio. "Muchas veces son los padres los que animan al niño a apuntarse. Quieren darles una oportunidad mejor de la que ellos tuvieron", afirma Brito. No hay prueba de acceso ni se pide el nivel de renta para no marginar. Caben todos. También aquellos, no son tantos, que pueden pagar el conservatorio. Tamaraceite, ubicado en el interior y en la zona alta, aglutina familias en su mayoría de clase trabajadora, “humildes pero con inquietud por aprender”, describe Tatiana Robaida, la trabajadora social que empezó el proyecto junto con Brito y la hija de este, Laura, que, tras una temporada en Berlín volvió a su Gran Canaria natal, y Andrés Betancor, que cambió de trabajo.

“No sacamos a los niños de la droga. Simplemente estarían en casa con la Play o en la calle”, explica Marina Mushett (29 años), la trabajadora social que, junto con Sosa (de 28) tratan en el día a día con los padres. Toman un café con ellos, se interesan por su vida. Se ganan su confianza. Si detectan algún problema grave, les derivan a los servicios sociales pertinentes. Mushett gana algo menos de 1.000 euros, unos 8 y pico la hora, como el resto de compañeros. A veces han estado un mes y medio sin cobrar, hasta que entran los fondos. "Barrios siempre ha mejorado las condiciones con el paso del tiempo", afirma.

De pedir alcantarillado a actuar en Ginebra
Si un niño llega tarde 10 minutos se le permite entrar en el aula pero no recibe la clase. "No vale cualquier cosa por ser un proyecto social. Estaríamos aprovechándonos de su situación", argumenta Brito, que aboga por una metodología basada en la conciencia corporal, la respiración y la educación activa con el instrumento. Una representación de Barrios actuó hace una semana en la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el refugiado en Ginebra. Brito, junto con un equipo de siete profesionales, se desplazó al campo de refugiados de la isla de Lesbos para aplicar su método docente en 2016. El proyecto se ha puesto en marcha en Honduras y Chile. Y uno de los alumnos más veteranos, Kevin, se ha convertido en profesor auxiliar. Robaida, de 38 años, recuerda los inicios del proyecto hace siete años y medio: “La gente nos decía que no iba a calar la idea. Que lo normal era ofrecer a los niños clases de baile, murgas o fútbol”. A los tres meses dieron el primer concierto en la iglesia del barrio. "Sonaban como gatillos", apunta una madre veterana.

Tamaraceite era el lugar idóneo para desarrollar este proyecto piloto. Cuenta con tradición de asociacionismo. Los vecinos se agruparon en los ochenta para reclamar la mejora de carreteras y accesos y la instalación de alcantarillado. Era la transición de un entorno rural a uno urbano. Tres décadas después, en el punto álgido de la crisis, este distrito atizado por el paro y el absentismo escolar acogió Barrios. “Los vecinos eran unos máquinas en organizar fiestas, pero en cuestiones culturales, nada”, afirma Robaida, que está a punto de dar a luz a su primer hijo.

El paisaje de Tamaraceite, formado por un núcleo urbano principal y zonas con casas dispersas hasta sumar 44.896 habitantes, ha cambiado en la última década. “Se ve a niños con instrumentos a cuestas, lo que hace que a otros jóvenes les llame la atención y quieran apuntarse”, describe Robaida. Cuando hay que trasladar esas grandes cajas rígidas negras con contrabajos y chelos a otro barrio o a un auditorio los mismos padres se organizan. “Algunos ofrecen una furgoneta, otros el coche para el traslado de los niños”, afirma. Hay vecinos que vivían en el mismo bloque y ni se conocían hasta que entraron en Barrios.

Ensayo general en el auditorio
Los padres forman una buena piña. Han dejado a los muchachos a las 8.30 para el ensayo general previo al concierto en el auditorio y se han ido a desayunar a un bar de al lado. Tienen libre hasta las 10, cuando comienza su prueba de canto. Gustavo Ramos y sus dos hijos están apuntados desde casi el principio: “Es difícil que un niño de Barrios saque malas notas”. La trabajadora social Mushett, que se trasladó de Cádiz a Las Palmas hace dos años, lo confirma basada en un estudio interno: “La mayoría aumentó o mantuvo su rendimiento académico”. Los profesores y padres coinciden en que el comportamiento de los niños es bueno. Son disciplinados y educados. “Mis hijos también la forman con el Fortnite, no te creas”, rebaja Ramos, el más elocuente, al mencionar este juego online que arrasa. “Pero tienen más madurez y no hay que estar tan encima de ellos”, añade este mecánico de guaguas, que pide y paga café para todos. Gloria Gil, abuela de Priscila, otra alumna, amplía los beneficios: "Mi nieta era tímida, no, lo siguiente. No es que ahora sea extravertida, pero se pone encima de un escenario".

Manuel González, con hijos de 11 y 14 años, es otro de los padres que forman parte del coro. Futbolero, se presenta con un abrigo amarillo de la Unión Deportiva Las Palmas. “No cantamos una mierda pero lo pasamos que te cambas [increíble]”, ríe. Más novel es José María Barrera, de 64 años, que hasta hace un par de meses no había entonado una nota en su vida. Por la noche se pone los cascos para escuchar la canción y practicar. “Soy bajo”, presume este empleado de banca jubilado. Está en Barrios por su hijo Jorge, con síndrome de Down. Brito no puso ninguna objeción. Sin ser de la zona le abrió las puertas del grupo de Tamaraceite.

Algunos de los muchachos han pasado la pubertad en Barrios. "No por no ser rebeldes la adolescencia es menos válida", apunta Brito ante el comportamiento ejemplar de muchos de sus alumnos. "La rebeldía la canalizan hacia causas mayores como la defensa del medioambiente o de los derechos humanos", añade. Cada pieza musical que interpretan tiene un trasfondo social, algunas de ellas compuestas por el propio músico. Hermes Iván Santos tiene 17 años y lleva media vida en Barrios. "Parece que la adolescencia te conduce a estar más separado de tus padres. A mí me ha unido más a ellos", asegura. Santos, que lleva una raya en la ceja que se prolonga en una curva imaginaria hasta el pelo de la sien, no quiere ser futbolista como Jesé Rodríguez (nacido en la ciudad y cedido en el Sporting Club de Portugal). Le gustaría dedicarse a la música, a componer bandas sonoras para videojuegos.

TE INVITO A MI HOSPITAL
Los niños son los protagonistas en La Azotea Azul, un espacio al aire libre en el Hospital Infantil Virgen del Rocío de Sevilla. La fundación El Gancho Infantil habilitó una zona con juegos terapéuticos, solárium, espacios para cine y teatro y una sala multisensorial. Los menores hospitalizados, convertidos en anfitriones, invitan a sus familiares y compañeros del colegio a la azotea en lo que supone un contacto con el mundo exterior con seres queridos. Los profesionales afirman que este lugar al aire libre ejerce un efecto positivo sobre el ánimo de los chavales y acorta los plazos de hospitalización. Esta manera de cuidar a los menores es una de las iniciativas que agrupa FeliZiudad, la plataforma digital de Renault que ilustra buenas prácticas destinadas a mejorar la calidad de vida en las ciudades.

jueves, 31 de octubre de 2019

FINADOS EN LA ESPERANZA

 Plaza del Adelantado, Villa de La Eperanza. Tenerife

Ya he dicho en muchas ocasiones, porque creo firmemente en ello, que pocas cosas son tan placenteras como las reuniones informales donde tenemos la oportunidad de encontrarnos con amigos y compañeros sin las presiones propias del trabajo, en un ambiente distendido y agradable. Estos momentos sacan lo mejor de nosotros.

domingo, 2 de junio de 2019

DE CINE


Dos películas he visto en este largo fin de semana de desconexión, diferentes e interesantes ambas. "Rocketman" en el cine e "Identidad robada" en el televisor; dos películas completamente diferentes Rocketman nos muestra una visión algo condescendiente de la juventud y ascenso de Elton John, con una banda sonora estupenda y unos actores a la altura. Boy erased, título original de Identidad borrada, nos muestra en toda su crudeza el fanatismo norteamericano empeñado en "curar" la homofobia a través de la religión.

sábado, 1 de octubre de 2016

DE PASEO CON LEOPOLD BLOOM (O UNA MODESTA CRÓNICA IRLANDESA)

Llegué de Irlanda anoche, ocho días de desconexión casi total -con los móviles es imposible que sea completa- y, aunque aún me restan algunos días de asueto, las vacaciones las doy por terminadas.

Irlanda, ocho días, ¿qué puedo decir? VERDE, literatura, música y cerveza, la bebas o no. El color verde es omnipresente, así como la Guinness, pero me impresionó más la capacidad que tiene el país de imbuirte en su historia y en su literatura: Joyce, Yeates -del que visitamos su tumba-, Wilde, Bernard Shaw, Beckett, Stoker, O'Neill, etc., emocionan. El viaje, en Ryanair, toda una experiencia (si quieres dormir durante el vuelo olvídate, es un escándalo, que diría Raphael), aún así puntuales y sin problemas, partía del aeropuerto de Gran Canaria directo a Dublín. Allí nos esperaba nuestro amigo Gerard. Él, y su mujer Kathleen, han sido nuestros anfitriones, cicerones e incluso pigmaliones en su país, ofreciéndonos alojamiento e inestimable compañía. Comenzamos el viaje en Dublín, paseando por sus calles durante tres intensos días, donde disfrutamos de sol, nubes y lluvia, una mezcla con buena temperatura, hasta tal punto que creo que estuve todo el viaje en pantalón corto. 
Pasear por las calles de la ciudad, desde nuestra casa de Portobello Harbour, resultó muy placentero desde el primer momento; disfrutar del ambiente, de su arquitectura, de la música que se cuela por cada rendija de sus numerosos, recargados y oscuros pubs, siempre llenos sea la hora que sea, y en los que es inevitable una parada para beber una Guinness, o de las referencias a sus ilustres escritores, una y otra vez. Nada se escapa al aroma irlandés, a su historia y a su literatura. Oscar Wilde, vigilante desde su pequeña atalaya en la esquina de Merrion Square, James Joyce en O'Donnell, pintadas con el retrato de alguno de ellos, referencias sobre la acera impresas en placas de bronce, Leopold Bloom... 




Si las mañanas dublinesas las pasábamos recorriendo los rincones de la ciudad, empezando por el maravilloso Trinity College y su grandiosa Old Library -sólo por esta visita vale la pena ir a Dublín-, durante las noches recorríamos ávidos de buena música las calles del animado barrio de Temple Bar, lleno de pubs a rebosar. 

El sábado, nuestro último día en Dublín, visitamos la fábrica de Guinness, o eso  pensamos. La Guinness Storehouse es un edificio adosado a la fábrica donde se expone parte de los artilugios para confeccionar la cerveza, una sala de retratos de sus fundadores, otra donde enseñan a beberla, varios bares de degustación y un mirador en la última planta donde observar la ciudad desde prácticamente 360°. Aún así, quizá por no gustarme la cerveza, ni esta ni ninguna, la visita es completamente prescindible, siento decirlo. Por la noche fue casi imposible encontrar un hueco donde poder cenar y quedarnos después a disfrutar de su música en vivo. The Temple Bar, The Oliver St. John Gogarty, The Brazen Head, O'Neill's... magníficos.




The Pogues, *Dirty Old Town.

Recorrimos durante tres días y tres noches la ciudad de Dublín para partir el cuarto, conduciendo, hacia los Acantilados de Moher (Moher Cliffs), en el Oeste de la isla, con la intención de dormir en Galway, como finalmente hicimos sin contratiempo alguno. Los acantilados no los describiré, las palabras no serían suficientemente descriptivas.



*The sailor on the rock.

Recalamos en Galway después de pasar la tarde en Moher Cliffs, con un tiempo estupendo, donde finalmente llegamos al hotel sin contratiempos, ya que viajar en coche con el navegador del móvil es realmente fácil. Dejamos las cosas en la habitación y nos dispusimos a salir a dar un paseo por la ciudad con la intención final de cenar algo y de escuchar música. Y así fue, dicho y hecho, cena en The Kings Head y música en The Quays. Este último pub, The Quays (pronunciado Quys) con una arquitectura interior muy interesante y la música siempre estupenda.


The Canberries, *Zombie.

Verde por la mañana, un paseo con verde y agua. Galway resultó una ciudad muy bonita, agradable para pasear, con una calle central peatonalizada, Quay St., con mucha animación, la misma donde habíamos estado la noche anterior.  




Empezábamos así, al dejar Galway, la última etapa del viaje que pasaríamos en el condado de Donegal, en la ciudad de Letterkenny. De esta ciudad partiríamos al tercer día hacia el aeropuerto de Belfast, último destino del viaje antes de estar de vuelta en Tenerife. En esta vasta zona de la isla, situada al Oeste de Irlanda del Norte, llegamos después de una breve estancia en el cementerio de Drumcliff, en el condado de Sligo, donde visitamos la tumba de Yeats.
“Observa la vida y la muerte con frialdad, jinete, no te detengas”

En la zona de Donegal nos encontramos con un paisaje algo diferente pero siempre verde; montañas, valles y lagos y hasta nos acercamos a la playa de Magheroarty, lugar donde Gerard y sus amigos practican windsurf. A pesar de un tiempo infame, frío, lluvia y viento, no puedo negar el interés de esta experiencia, con cena y cánticos la primera noche en un restaurante de un pueblo cercano.

Christy Moore, *Black is the colour.





Y así, entre montañas y mar, terminaba nuestro viaje a Irlanda, viaje que se hizo corto pero que ha servido para recargar fuerzas. Las vacaciones son necesarias, sin duda, y viajar sigue siendo un gran placer, a pesar de las horas en los aeropuertos y los vuelos interminables que se han convertido en un mercado. Termino mi pequeña crónica de este viaje a la preciosa Irlanda con las mismas palabras del principio: una isla llena de verde, literatura, música y cerveza. ¡Ah!, y no olvidemos la historia. He aquí una miscelánea de un viaje inolvidable y muy muy recomendable. ¿Repetiremos? I hope so!







































The Dubliners, *The Irish Washerwoman.