martes, 20 de octubre de 2026

EL CONEJITO DE DURACELL: ¡HA SIDO ETA!


Quince años ya, quince desde la disolución de ETA, quince años sin terrorismo en España, los mismos que la derecha sigue erre que erre repitiendo la otrora consigna de Aznar: ¡ha sido ETA! Este es el nivel de la política en nuestro país, donde cualquier mentira parece válida si sirve para atacar al adversario.
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Quince años después, el final del terrorismo etarra sigue sin reconocerse
No hay consenso político sobre el fin de la actividad criminal de la organización, en 2011, principalmente porque el PP identifica a EH Bildu con ETA, disuelta desde 2018.
Luis R. Aizpeolea, 20.10.2026

Durante la ofensiva terrorista de ETA de los años 2000-2001, que se saldó con 38 muertos y que tuvo una enorme repercusión mediática porque buena parte de las víctimas eran personas con un marcado reconocimiento social, nadie pensaba en círculos policiales y políticos que 10 años después, el 20 de octubre de 2011, finalizaría el terrorismo. Y todavía menos en las condiciones en que llegó este final: una decisión unilateral de ETA, que dejaba las armas sin haber logrado ninguna de sus exigencias políticas, como la incorporación de Navarra al País Vasco y la autodeterminación. Tampoco obtuvo la amnistía que reclamaba para sus presos, ni siquiera logró indultos. Fue un final ordenado, reconocido por ETA, sin escisiones, y que tuvo su epílogo con la disolución de la organización en mayo de 2018. Terminó así porque el acoso policial, social y la presión, en su último tramo, de Batasuna, su antiguo brazo político, la dejó extenuada. Ese final del mal endémico que marcó casi medio siglo de la vida española, con una estela de 853 asesinatos, fue un triunfo de la persistencia de la sociedad española y de sus gobiernos democráticos. 15 años después, increíblemente, esa victoria ciudadana sigue sin reconocimiento oficial al carecer de unanimidad política.

No hay reconocimiento del final, primordialmente, porque el PP identifica a EH Bildu con ETA. La historia viene de lejos. Cuando en mayo de 2011, el Tribunal Constitucional legalizó EH Bildu, el PP se opuso alegando que era la sucesora de Batasuna. Pero el PP obvió que Batasuna, tres meses antes, había rechazado la violencia en sus nuevos estatutos, presentados bajo la marca de Sortu. La izquierda abertzale cumplía la Ley de Partidos. Cinco meses después, ETA anunciaba el fin del terrorismo. El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero propició y respaldó la decisión del Constitucional al asegurarse de que ETA, muy débil pero no acabada, terminaba definitivamente.

La legalización de EH Bildu no fue una concesión de última hora. Estaba inspirada en el pacto de Ajuria Enea, de 1988, promovido por el entonces lehendakari José Antonio Ardanza y en el que todas las fuerzas democráticas se unían para erradicar el terrorismo. Este pacto recordaba “la legitimidad de todas las ideas políticas expresadas democráticamente”, esto es, sin violencia. La incorporación de la izquierda abertzale ilegalizada al normal tráfico político también estaba recogida en una resolución parlamentaria mayoritaria de 2005 que condicionaba su legalización a la desaparición del terrorismo etarra, como sucedió. José María Aznar, siendo presidente, en 1999 conversó con Batasuna y ETA, y estuvo dispuesto a ir más lejos: un acuerdo de paz a cambio de presos. Sin embargo, el popular no reconoció al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero el hecho del final de la organización terrorista.

Mariano Rajoy, presidente del PP, informado por el entonces presidente Zapatero, terminó asumiendo el mismo 20 de octubre de 2011 la declaración final del terrorismo de ETA y la ausencia de concesiones políticas del Gobierno socialista. Elegido presidente del Gobierno, dos meses después, asumió la legalidad de EH Bildu. La posición conciliadora de Rajoy entonces tuvo enfrente a Aznar, que consideraba la legalización de EH Bildu una derrota de la democracia y la victoria de ETA. El sector más radical del PP, hoy en Vox, proponía su ilegalización.

La situación ha empeorado en la presente legislatura al haberse convertido EH Bildu en un firme aliado del Gobierno de Pedro Sánchez. A la beligerancia de Aznar y Vox se han sumado la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y muchos medios de las derechas en su campaña contra Sánchez, utilizando como ariete a EH Bildu. Otros, como el exministro del Interior Jaime Mayor Oreja, puente entre PP y Vox, han maximizado sus delirios: “España está en caída libre por culpa de un proyecto suicida que sumó a la izquierda, socialistas, comunistas y nacionalistas, cuyo capitán general es la organización terrorista ETA”.


El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, no es inmune a esa radicalización. Identifica a EH Bildu con ETA. “Tienen 800 muertos. Usted respalda a una organización terrorista”, le dijo recientemente a Oskar Matute, portavoz de esa formación en el Congreso, y al presidente, Pedro Sánchez: “Ustedes pactan con quienes mataron a sus compañeros”. Feijóo ha elegido como un eje de oposición a Sánchez sus pactos parlamentarios con EH Bildu, obviando que el PP vasco también los hizo cuando gobernó ayuntamientos en Álava.

Feijóo ignora deliberadamente la evolución de EH Bildu hacia la moderación desde su legalización. Además de rechazar la violencia, participa en las instituciones sin estridencias; sus pactos están marcados por compromisos sociales, reconoce el daño causado a las víctimas de ETA, y ha pedido perdón a sus familias. Paralelamente, una mayoría de exetarras asume las políticas de reinserción previstas en la Constitución.

Que la evolución de EH Bildu no sea completa porque evita reconocer lo injustificado de los asesinatos de ETA no es óbice para que participe en las instituciones porque ha cumplido lo que le pidieron los partidos democráticos, el rechazo al terrorismo. El PP vasco ha pactado con EH Bildu cuando lo ha necesitado.

El hecho es que EH Bildu no es ETA y la identificación que hace Feijóo es por razones electorales. Le resta credibilidad, sobre todo en Euskadi, donde se percibe mejor su evolución ―la mayoría de los medios vascos la han narrado sin manipulaciones― desde que en 2009 se desmarcó públicamente del terrorismo. Eso explica en parte la debilidad del PP en esa comunidad.

Precisamente la caricatura que el PP ofrece de EH Bildu, unido al griterío mediático que le acompaña, ha contribuido a engordar a la coalición abertzale. Este elemento reactivo acompaña a la capacidad que EH-Bildu ha tenido de adaptarse al cambio de la sociedad vasca al finalizar el terrorismo, coincidente con la recesión económica, que primó las cuestiones sociales sobre las identitarias. EH Bildu conectó con las generaciones jóvenes y absorbió a Podemos, que llegó a ganar en 2015 las elecciones vascas.


Un trabajador municipal borra una pintada callejera en la que se lee ETA, en mayo de 2018. VINCENT WEST (REUTERS)

EH Bildu se ha beneficiado también de la falta de conocimiento entre los jóvenes acerca del pasado terrorista de parte de su núcleo duro, que rehúye afrontar el pasado, del mismo modo que el PP de Feijóo, condicionado por Vox, rehúye reconocer a las víctimas del franquismo. Si el PP abandonara el uso electoral del terrorismo, reconociera la evolución de EH Bildu y, desde ahí, presionara con otros partidos para que la izquierda abertzale afrontara su pasado, esto sería posible. De hecho, PSE y PNV se lo hacen pagar: no le permiten gobernar en Euskadi hasta que asuma su pasado.

El PSOE también ha cometido errores. Apenas ha hecho pedagogía de la limpieza del proceso final de ETA. Durante años la ha rehuido por miedo a las emociones que suscitan los debates sobre el terrorismo. Le ha dejado mucho terreno a una potente maquinaria mediática, vinculada a las derechas, que ha impuesto un relato emocional, plagado de falsedades, de ruido y exento de racionalidad.

El fin de ETA debía haberse abordado como cuestión de Estado. No se hizo, como tampoco con el terrorismo desde que Aznar lo sacó del consenso nacional en los años noventa. Las consecuencias son nocivas por la división territorial y social que genera, incluidas las víctimas, agravada por su emocionalidad. Con la polarización existente no es posible vislumbrar un consenso sobre el fin de ETA, más aún cuando fue en el terrorismo donde se empezaron a quebrar los pactos de Estado hace décadas.
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“ETA está en el poder” y “no mata porque no le hace falta”: el PP y Vox aún hablan en presente de la banda que dejó las armas en 2011
Los dos partidos mantienen la equiparación entre Bildu y ETA, que abandonó la violencia hace 15 años y se disolvió en 2018. Voces destacadas de la derecha se resisten a reconocer o limitan el alcance de la derrota del terrorismo.
Ángel Munárriz, 20.10.2026

Si se atiende a numerosos mensajes que salen del PP y Vox, ETA no solo no acabó derrotada, sino que sigue existiendo y aún dicta el guion político de España. Entre los valedores de esta tesis, lleva años sobresaliendo Isabel Díaz Ayuso. “ETA está viva y en el poder”, “ETA tiene más peligro que nunca”, “ETA le ha entregado la legislatura a Pedro Sánchez”, “Bildu-Txeroki-ETA ha vuelto a ser beneficiado por los acuerdos de Sánchez con sus socios”. Son cuatro declaraciones de la presidenta madrileña en 2023, 2024, 2025 y este mismo año, respectivamente, que muestran cómo la última legislatura ha estado recorrida por un discurso que habla en presente de la organización pese a que este martes se cumplen ya 15 años del fin del terrorismo etarra y hace ya casi ocho y medio de su disolución. Ayuso es la difusora más insistente de estos mensajes pero, en absoluto, no la única. La negación o el cuestionamiento de la derrota de ETA y la asignación a la banda terrorista de un papel prominente en la política española son frecuentes en la derecha española.

Las principal vía para sostener estos mensajes es no ya presentar a Bildu como los “herederos de ETA”, fórmula usual en el PP, sino mostrar a la coalición abertzale y a la banda como una sola cosa. “Los de ETA mandan y el PSOE humilla y vende España”, afirmaba Ayuso el año pasado, refiriéndose con “los de ETA” a Bildu. También Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, menos enfático en estos planteamientos, ha trazado esta equivalencia. En marzo de este año, en el Congreso, acusó a Sánchez de pactar con los que habían matado a compañeros socialistas suyos. Es decir, allí donde esté la izquierda abertzale, seguiría estando ETA. “ETA ya no mata, pero sigue viva en las instituciones, en el Congreso, en el Senado y en numerosos municipios del País Vasco y Navarra”, afirmó en 2024 en la Cámara alta la parlamentaria popular Ana Beltrán.

El Tribunal Constitucional autorizó en 2011 la participación de Bildu-Eusko Alkartasuna/Alternatiba en las elecciones, a diferencia de lo que había ocurrido en años anteriores con otras marcas como Batasuna o Euskal Herritarrok. La sentencia establece que “no existen elementos que acrediten la existencia de vínculos personales, de orden financiero o de apoyo material” de la formación con ETA. “La izquierda abertzale como expresión ideológica no ha sido proscrita de nuestro ordenamiento ni podría llegar a serlo sin quiebra del principio pluralista y de los derechos fundamentales”, señala.

A pesar de ello, el PP no ha abandonado nunca la equiparación entre Bildu y ETA, o la presentación de ambos como parte de un todo. Esta premisa ha facilitado mensajes como los citados de Ayuso y Feijóo pero también que en 2023 el senador Pedro Rollán ―presidente de la Cámara alta en la recién terminada legislatura― afirmara que la ley de vivienda aprobada aquel año se cimenta sobre “las cenizas del centro comercial Hipercor” de Barcelona, en referencia al atentado más letal de la historia de ETA, con 21 muertos y 45 heridos en 1987. El motivo es el apoyo de Bildu a la ley de vivienda.
Los medios y los fines

Otra vía para seguir hablando de ETA como una realidad presente es considerarla no una organización que primero abandonó el terrorismo y luego se disolvió sin lograr sus objetivos ―anexión de Navarra, autodeterminación, indultos de sus presos―, sino un proyecto político vigente y no derrotado. Se trata de un razonamiento según el cual allí donde haya independentismo estará ETA, que deja de estar definida por sus medios ―la violencia― para estarlo por sus fines, por lo que en la medida en que haya respaldo electoral al independentismo, ETA estará ganando.

El expresidente del Gobierno José María Aznar, al frente de la fundación FAES, de profunda influencia en el PP, siempre ha admitido que ETA fue derrotada “operativamente”, pero ha lamentado un “cierto triunfo” de sus “tesis políticas”, como ya declaró en 2013. Nunca ha renunciado a ese planteamiento. En junio de este año, en un homenaje a las víctimas en el Senado, afirmó que aún hay que “hacer efectiva la derrota de ETA”. Poco antes, en mayo, había sugerido que Sánchez está en La Moncloa gracias a ETA. “Sin Bildu, Sánchez no sería presidente. Y sin ETA, Bildu no tendría los escaños con los que hacer presidente a Sánchez”, dijo durante un homenaje en Zaragoza a Manuel Giménez Abad, miembro del PP asesinado por la banda.

La misma idea, que no hubo un verdadero triunfo ante ETA porque aún hay una parte de la sociedad que comparte sus propósitos ―aunque ahora los persiga por cauces democráticos—, la ha expresado la senadora del PP Marimar Blanco, hermana del concejal popular Miguel Ángel Blanco, también asesinado por ETA. Según afirmó Blanco en un seminario sobre ETA en el arranque de la legislatura, la banda “fue derrotada policialmente”, pero no “social ni políticamente”.
“Bildu no existe”

El PP suele recordar a Sánchez, cuyas investiduras se han beneficiado de los votos a favor o la abstención de Bildu y cuyos gobiernos han alcanzado pactos puntuales con esta formación en temas como la vivienda o la ley mordaza, la hemeroteca que muestra al líder socialista cerrándose a la posibilidad de acuerdos con esta coalición. Por su parte, el PSOE y el resto de la izquierda le suelen recordar al PP, y especialmente a Aznar, cómo ha cambiado en función de si estaba o no en el poder su posición sobre la forma en que la democracia debía acoger al mundo abertzale una vez que la violencia de ETA saliera de la ecuación.

En 1998, con Aznar en La Moncloa, cuando la banda seguía activa y matando, el entonces presidente anunció que había autorizado contactos con lo que llamó “el Movimiento Vasco de Liberación” y afirmó estar dispuesto al “perdón y la generosidad” si la organización dejaba para siempre las armas. Ese “cese definitivo de la actividad armada”, según expresión de la banda, acabó llegando, pero mucho después. Fue en 2011, con José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno.

Una de las voces más duras contra el proceso que dio lugar a aquel abandono de las armas es la de Jaime Mayor Oreja, exministro del Interior con Aznar y expresidente del PP vasco, que hoy es un referente de la derecha católica conservadora como cabeza visible de la organización NEOS, desde la que intenta propiciar el entendimiento entre los populares y Vox. Su libro Una verdad incómoda (Espasa, 2026), en el que resucita la teoría de la conspiración del 11-M, se dedica en buena medida a desmentir lo que en sus páginas llama la “mentira de la derrota” de ETA, que a su juicio va “ganando la partida”.

José María Aznar (izquierda) y Jaime Mayor Oreja, en la presentación del libro 'Una verdad incómoda' del exministro del Interior, en marzo en Madrid. Álvaro García

En una entrevista en la Cope en marzo tras la presentación del libro ―en un acto que Mayor Oreja compartió con Aznar―, el también patrono de FAES insistió: “No hemos derrotado a ETA. ETA es presente y futuro [...]. ETA va a gobernar a la luz del día el País Vasco o Navarra”. ¿Lo va a hacer a través de Bildu?, le preguntó el entrevistador. “Bildu no existe [...]. No son herederos de ETA, es ETA [...]. La transformación no es de ETA, es del Partido Socialista. Ellos han dejado de matar, pero esencialmente no han cambiado su naturaleza, que es un proyecto político de destrucción de las bases de la sociedad occidental y de España”. Tanto Mayor Oreja como José María Aznar fueron objeto de atentados fallidos por parte de la banda terrorista, el primero en 1982 con el lanzamiento de una granada cuando era delegado del Gobierno en Euskadi, el segundo en 1995 con un coche bomba cuando aspiraba a la presidencia del Ejecutivo.

La idea del fracaso de la democracia ante ETA también resonó en la presentación de un un ciclo de conferencias en colegios mayores organizado por la Comunidad de Madrid. La mano derecha de Mayor Oreja en NEOS, María San Gil, también expresidenta del PP vasco, afirmó durante el acto, que tuvo como anfitrión al consejero de Presidencia, Miguel Ángel García Martín: “No hemos derrotado a ETA”. Y agregó: “ETA no es una historia del pasado, ETA es una historia del presente, y si no lo hacemos bien, será una historia del futuro”.
Del PP a Vox

Más categórica que la que hace el PP es la equiparación entre ETA y Bildu que realiza Vox. Así valoró su presidente, Santiago Abascal, el resultado de las elecciones vascas de 2024, en las que el PNV y Bildu empataron a 27 escaños: “ETA y el partido separatista vasco han ganado”. Abascal, además de hablar de ETA en presente, no cree que el fin de sus atentados se deba a logros policiales o políticos, sino a un cambio de método de los terroristas. “ETA ya no mata porque no le hace falta”, proclamó en la campaña de las elecciones aragonesas de febrero, en un acto en el que afirmó que la banda terrorista había “puesto a Sánchez en La Moncloa”.

Aquel mismo febrero el portavoz de Seguridad del partido, Samuel Vázquez, afirmó que “ETA no ha desaparecido y está sentada en las instituciones”. Tanto el presidente del partido como otras voces de la formación coinciden en repetir una idea: jamás hubo derrota de ETA. La organización no fue “derrotada”, sino “indultada”, afirmó Abascal en 2023. Ya este año, en marzo, la portavoz parlamentaria de Vox, Pepa Millán, dijo que “la democracia no derrotó a ETA, sino que miró hacia otro lado”.

EL PAÍS preguntó al PP y a Vox por su valoración sobre el cese de la violencia de ETA ahora que se cumplen 15 años, pero no obtuvo respuesta. Desde el PSOE, el exlehendakari Patxi López, portavoz del PSOE en el Congreso, afirma que el aniversario es “un día para celebrar la derrota” de ETA y acusa al PP y Vox de “negar la victoria de la democracia sobre el terror”. “Me parece indigno que sigan utilizando el comodín de ETA, pero no me preocupa porque la sociedad sabe cómo, quiénes y cuándo vencimos a la banda terrorista”, señala.

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