Empieza el evento científico que saca la física de los laboratorios y la acerca a las plazas, con la presencia de Brian May, Geoffrey Hinton, Steven Pinker o Julie Payette.
Enrique Alpañés, 19.10.2026
Solo se tardan ocho minutos en llegar al espacio y cuando lo alcanzas, la cara se te hincha, las piernas se te quedan enclenques y te sientes raro, como si estuvieras resfriado. Es por la sangre, que sin una gravedad que ejerza de brújula se desparrama por el cuerpo. Un poco como cuando haces el pino. La astronauta Jannicke Mikkelsen contaba el domingo la anécdota en la Plaza de la Candelaria, en Santa Cruz de Tenerife, y la cabeza de la niña que había hecho la pregunta parecía hincharse también un poco. Mikkelsen estaba haciendo una ronda de preguntas con sus colegas astronautas Sian Proctor y Julie Payette, y la plaza escuchaba atenta. Había turistas, curiosos, familias que habían salido a tomar el vermú y los centenares de asistentes del festival Starmus, que se celebra hasta el 22 de octubre en la isla.
Más allá de su otra sede en la isla de La Palma, el festival ha montado este escenario en la capital tinerfeña, al que se fueron subiendo invitados: filósofos, emprendedores tecnológicos, divulgadores, astronautas y bandas de rock. En los laterales de la plaza, tenderetes con gadgets, juegos e información. Era un poco como un festival, solo que entre concierto y concierto subía al escenario un científico o un astronauta. Ciencia, estrellas y rock and roll. Es una forma de acercarse al público, de sacar la física de los laboratorios para llevarla a las plazas, que sea más cercana y a la vez espectacular.
Starmus celebra este año su octava edición. Lo hace combinando música y astrofísica, una mezcla que funciona, como bien sabe Brian May. El guitarrista de Queen y astrofísico fundó este festival junto a Garik Israelian, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, en 2011. Desde entonces ha ido creciendo, atrayendo a personalidades como Jane Goodall o Stephen Hawking, y asentándose en cada edición.
En la de este año participará Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física y padre de la IA. Hinton fue uno de los primeros en bajarse del barco ante el miedo a los avances de su creación. Fue en 2023, cuando renunció a su puesto como vicepresidente de ingeniería de Google.
Muchos han seguido sus pasos después. Otros Nobel, como el astrofísico suizo Michel Mayor, descubridor del primer exoplaneta, y el físico y exsecretario de Energía de Estados Unidos Steven Chu, también se subirán al escenario este año.
El programa incluye además ponencias del ensayista y profesor de Harvard Steven Pinker, referente mundial de la psicología cognitiva. Y de los astronautas de la Artemis II Jeremy Hansen, Reid Wiseman y Victor Blover, que recibieron este sábado la medalla Stephen Hawking en el festival.
Se combinarán conciertos con charlas, rondas de debates y cócteles bajo las estrellas. La idea es tratar la ciencia con rigor, pero despojada de toda pompa y artificio. Hacerla cercana y atractiva a las nuevas generaciones. Esto era evidente este domingo en la Plaza de Candelaria. Entre las múltiples preguntas que se hicieron a las astronautas, las niñas y adolescentes fueron las más numerosas, algo que no suele suceder en eventos donde siempre hay hombres mayores que, más que una pregunta, tienen una reflexión.
Hubo una chica que preguntó cómo se ve la Tierra desde allí arriba, otra que quiso saber cómo era su día a día y una tercera que inquirió si ellas lo tuvieron más difícil para poder llegar al espacio por el hecho de ser mujeres. Mikkelsen respondió que su género no tuvo relevancia mientras estuvo en el espacio, que ha sido al volver a Tierra cuando cobró importancia. Proctor reconoció, sin embargo, que, siendo mujer y negra, ir al espacio era algo que parecía imposible. Hasta que dejó de serlo. Pero fue Payette quien arrancó más aplausos al público al decir que ella había trabajado muy duro, que se había buscado referentes y que no se había dejado amedrentar por sus diferencias, sino que había sabido potenciarlas. Después cambió al español para decirle a la niña: “Hay que atreverse a soñar”. Los aplausos sonaron entonces más fuertes y Payette, que tiene hechuras de estrella o de presentadora, dio las gracias en español. Por un momento, la plaza dejó de ser una plaza y se convirtió en un auditorio. Allí arriba, las astronautas eran las estrellas.

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