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miércoles, 29 de julio de 2026

CARTA AL SR. ALCALDE


Carta para el señor alcalde Bermúdez*:

Si de verdad quiere rendir homenaje a la historia de Santa Cruz, el lugar de honor no debería ser para el monumento a Franco que ensalza a una dictadura...!

Si en esa plaza donde esta situado hubiera que levantar un monumento, debería ser al alcalde José Carlos Schwartz Hernández, elegido democráticamente por los santacruceros, detenido tras el golpe de Estado y asesinado sin haber sido juzgado. Ese sí representa la democracia. Ese sí OCUPO EL MISMO SILLON QUE USTED OCUPA HOY...!

Lo demás es una contradicción difícil de explicar: defender con tanto entusiasmo un monumento relacionado con la dictadura mientras se pasa de puntillas sobre la memoria del alcalde democrático asesinado por esa misma dictadura...!

Porque la mejor manera de honrar la democracia no es conservar las piedras que recuerdan al dictador, sino recordar a quienes perdieron la vida por defender la legalidad democrática. Ahí sí estaría un monumento del que Santa Cruz podría sentirse orgullosa...!

Posdata: De nacionalista tienes muy poco...!

*Autor anónimo, una pena.

sábado, 18 de julio de 2026

18 DE JULIO, UNA FECHA PARA OLVIDAR (O NO)


Que me perdonen los que cumplen años hoy y los que se llaman Sinforosa (de Roma), Materno (de Milán), San Emiliano (de Silistra), Filastrio (de Brescia), Rufilo, Arnulfo, Teodosia (de Constantinopla), Federico (de Utrecht), Bruno (de Segni), Simón (de Lipnica), Juan Bautista (de Bruselas), Domingo Nicolás (Dinh Dat) o Tarsicia/ Olga (Mackiv), que celebran su onomástica también en este día.
Recordemos tan aciaga fecha para la memoria de España.
El golpe de Estado en España de julio de 1936 fue una sublevación militar dirigida contra el Gobierno constitucional de la Segunda República surgido de las elecciones de febrero de aquel año. Fue lanzado entre el 17 y el 18 de julio de 1936 por una coalición de oficiales y civiles conservadores, monarquistas y de extrema derecha. Planeado principalmente por los generales Emilio Mola y José Sanjurjo, a quienes se unió Francisco Franco, su objetivo era derrocar al gobierno del Frente Popular y reemplazarlo con un régimen autoritario. En cambio de asegurar una rápida transferencia del poder, el golpe de Estado solo tuvo un éxito parcial y precipitó la Guerra civil española. Comenzó en Ceuta, Melilla, Tetuán y las islas Canarias; más tarde, se trasladó a la Península, en la que su fracaso parcial condujo a una guerra civil y, derrotada la República, al establecimiento de una dictadura que estuvo vigente hasta la muerte del dictador Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975. El consenso entre la mayoría de los historiadores modernos (como Hugh Thomas, Paul Preston o Santos Juliá) sitúa el total de muertes vinculadas directamente con el conflicto en una horquilla de entre 500.000 y 600.000 personas. Durante la dictadura franquista se popularizó la frase del "millón de muertos" (alimentada también por novelas de la época). Sin embargo, los demógrafos e historiadores han demostrado que para llegar a esa cifra se incluyeron de forma exagerada el descenso de la natalidad, los fallecidos por desnutrición extrema durante la posguerra y el cálculo de los más de 450.000 exiliados que abandonaron el país. (Wikipedia)

Volver a los hechos de la Guerra Civil española
A los 90 años del inicio de la contienda, las nuevas manipulaciones del pasado amenazan los consensos de la democracia.
EL PAÍS, 18.07.2026
https://elpais.com/opinion/2026-07-18/volver-a-los-hechos-de-la-guerra-civil-espanola.html

A los 90 años del inicio de la Guerra Civil, el mundo de hoy permite que cada cual se construya, gracias a la inteligencia artificial, a la viralidad de las redes sociales y a los discursos ideológicos a medida de la audiencia, una composición a la carta de lo que ocurrió en el pasado. Más aún cuando la distancia entre los jóvenes y sus bisabuelos que se enfrentaron en trincheras distintas es cada vez mayor. Las resonancias de la guerra y de la dictadura que vino después siguen vivas, y el peligro es consumir un relato construido con los sesgos que están conformando la realidad de nuestros días: la vuelta de los nacionalpopulismos, las retóricas de descalificación del otro, el reclamo de una violencia falsamente heroica y viril, o el descrédito de la democracia.

Hace unos años los nietos regresaron a la Guerra Civil para intentar comprender lo que el silencio de sus padres les había velado, o incluso ocultado: por la represión de la dictadura dentro de España o por la necesidad de salir adelante en el exilio. Los bisnietos operan en otro terreno, plagado de trampas: las de los trazos rápidos y emocionales, los estímulos fragmentarios y los hechos alternativos. En esta marea de falsas verdades el discurso que impusieron los vencedores tiene cada vez más recorrido. No hay otra manera de desmontarlas que acudir a los historiadores, a quienes con su trabajo en los archivos han establecido los hechos y el contexto de aquellos años, más allá de la discusión presentista, de la ignorancia o mala fe de ideólogos y activistas, o del burdo reciclaje de la vieja propaganda franquista.

La guerra que se desató tras la insurrección de un grupo de militares contra la República fue un laboratorio donde se ensayó el proyecto nazi de dominar Europa, y también un conflicto de clases y religioso que tuvo componentes de género, porque el bando franquista quería destruir las conquistas de las mujeres, y territoriales. La España que impusieron los rebeldes no reconocía las singularidades de catalanes, vascos y gallegos. La tarea de la democracia que se construyó tras la muerte de Franco consistió en reconocer la pluralidad y cerrar las heridas.

El éxito fue incuestionable. Pero hoy las distorsiones de un tiempo que se rinde a las realidades paralelas amenazan con liquidar los acuerdos que en estos últimos 50 años tejieron las fuerzas políticas que miraban el pasado con distintas sensibilidades y que se ajustaron a algunos hechos indiscutibles: un golpe de Estado, la violencia en las retaguardias, el influjo de las potencias internacionales, la salvaje represión de posguerra, el aplastamiento de los nacionalismos periféricos, la dura realidad de los exiliados.

Las leyes de memoria histórica y democrática han ayudado a borrar buena parte de los símbolos que los vencedores impusieron tras su victoria y han permitido — de manera incompleta— restituir a las familias los restos de sus muertos que yacen en las fosas. Quienes prometen derogar estas leyes contribuyen a la larga a ofuscar el conocimiento del pasado, base de la reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial. Lo difícil sigue siendo construir una memoria compartida en la que convivan la pluralidad de memorias sobre aquel terrible conflicto. Y este es un esfuerzo que compete no solo a los historiadores sino al conjunto de la sociedad. Sin unas verdades aceptadas por todos y sin un consenso sobre la Historia, no hay democracia que no acabe resintiéndose.

sábado, 11 de julio de 2026

EL CABO PACO


Francisco Muñoz Serrano, primera víctima del franquismo en Tenerife, será homenajeado
Francisco Muñoz Serrano, primera víctima de la dictadura en Tenerife, recibirá un homenaje el 18 de julio en Santa Cruz. La ARMHT busca a sus familiares.
José Antonio Felipe, 11.07.2026

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife (ARMHT) organizará el próximo 18 de julio un acto de reconocimiento público en memoria de Francisco Muñoz Serrano, considerado formalmente la primera víctima mortal de la represión militar tras el golpe de Estado en la Isla. La ceremonia se llevará a cabo a las 17:00 horas en la intersección de la calle del Castillo con la calle Cruz Verde, en pleno centro de Santa Cruz de Tenerife.

El cabo de la Guardia de Asalto fue abatido en esa localización exacta durante la tarde del 18 de julio de 1936. Según detalla el colectivo memorialista en un comunicado oficial, Muñoz Serrano y otros integrantes de las fuerzas de seguridad trataban de proteger y liberar al entonces gobernador civil de la provincia, quien había sido retenido por los militares sublevados contra el orden constitucional de la Segunda República.

Una de las prioridades de la ARMHT de cara a este memorial es localizar a los familiares y descendientes directos de la víctima. Las investigaciones documentales dirigidas por el historiador Pedro Medina Sanabria confirmaron que los hijos de Francisco Muñoz Serrano continuaron residiendo en Tenerife tras el inicio de la contienda, donde padecieron graves dificultades socioeconómicas y las consecuencias de la persecución política del régimen franquista.
Este homenaje se convoca coincidiendo con el 90 aniversario del estallido de la Guerra Civil (1936-2026). Al contrario que en la península, en el Archipiélago no existió un frente de batalla activo, lo que derivó en la imposición inmediata de una estructura de control militar. Este proceso histórico dio paso en las Islas a una etapa de violencia sistemática que se saldó con decenas de ejecuciones, encarcelamientos y desapariciones forzadas de ciudadanos vinculados a colectivos políticos, sindicales y culturales.
El objetivo de resignificar la fecha del 18 de julio

La presidenta de la asociación, Mercedes Pérez Schwartz, realizó un llamamiento a los ciudadanos, colectivos sociales y representantes de las administraciones públicas para que asistan al memorial en la capital tinerfeña. La portavoz insiste en que la recuperación de la historia de este cabo de Asalto sirve como un acto de justicia para el resto de represaliados.
“La memoria democrática no persigue reabrir heridas, sino contribuir al conocimiento de nuestra historia y reconocer la dignidad de quienes sufrieron la violencia”, defendió Pérez Schwartz. El colectivo subraya que la elección de esta fecha busca transformar una jornada históricamente vinculada a la exaltación de la dictadura en un día centrado en la reparación de las víctimas y la defensa de los derechos humanos.

lunes, 6 de julio de 2026

ESTO VA DE NAZIS, NO NOS ENGAÑEMOS


Quiénes son los supremacistas blancos enmascarados que desfilaron el 4 de julio por Washington
Los miembros de Patriot Front ven la inmigración y la diversidad como amenazas para su visión de EE UU. Su marcha dejó una imagen para la posteridad de una joven negra rodeada de racistas.
Iker Siesdedos, Washington. 06.07.2026

El 4 de julio del 250° aniversario de la fundación de Estados Unidos dejó este sábado imágenes de celebración patriótica, estampas de una ola de calor sofocante, la falsa alarma de una tormenta eléctrica y mucho Donald Trump. También, una inquietante fotografía de la agencia Reuters. En ella, se ve a una muchacha afroamericana en un vagón del metro de Washington, rodeada de una docena de racistas enmascarados.

Pertenecen a una milicia supremacista blanca llamada Patriot Front (Frente Patriótico) y el Día de la Independencia se citaron en la capital estadounidense para marchar por sus calles entre gritos de “Reclamemos Estados Unidos”. Enarbolaban banderas con las barras y estrellas −algunas de ellas, dadas la vuelta− y también enseñas confederadas, nostálgicas de los tiempos de la esclavitud previos a la Guerra de la Secesión.

La imagen de Reuters evoca un pasado más cercano: el del reinado del Jim Crow. Y esa muchacha sentada en un transporte público hace pensar en Rosa Parks, la heroína por los derechos civiles que se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en Montgomery (Alabama) en 1955.

Patriot Front es un grupo supremacista blanco con sede en Texas. Surgió en 2017 de la escisión de una organización neonazi llamada Vanguard America. Se dicen leales a la “nación estadounidense” y abogan por la creación de un nuevo Estado que defienda “los intereses de sus fundadores”. En la marcha del sábado, los en torno a 400 participantes enmascarados llevaban gorras con 13 estrellas blancas, por las 13 colonias que el 4 de julio de 1776 aprobaron la Declaración de Independencia que rompió los lazos con la corona británica. Su símbolo es un icono de origen romano reapropiado por el fascismo italiano de principios del siglo XX.

El centro para el estudio del extremismo de la Universidad George Washington, con sede en la capital, la define como “una organización fascista y nacionalista blanca que promueve la idea de un etnoestado homogéneo en Estados Unidos. El grupo aboga por la preservación de la cultura blanca europea, y considera el multiculturalismo, la inmigración y la diversidad como amenazas existenciales para su visión de Estados Unidos”. Patriot Front también asume la conspiranoia del “gran reemplazo”, que defiende que hay un contubernio para reemplazar a la población blanca con inmigrantes dóciles para, según esa teoría parida por el novelista fascista francés Renaud Camus, promover los intereses de la izquierda.

El líder de Patriot Front es un tejano llamado Thomas Rousseau, que habló el sábado en Washington y tuvo un papel destacado en los disturbios de Charlottesville (Virginia) del verano de 2017, cuando grupos de extrema derecha protestaron por la retirada de la estatua del general confederado Robert E. Lee. La manifestación, convocado con el lema “Unite the Right” (unamos a la derecha), desembocó en un ataque terrorista cuando un tipo llamado James Alex Fields lanzó su coche contra los participantes en una contramanifestación en el centro de Charlottesville. Murió una joven y otras 35 personas resultaron heridas.

Banderas al revés

El símbolo de ondear la bandera estadounidense del revés, que usaban los marineros cuando querían advertir de un peligro, les sirve para expresar su convencimiento de que la nación atraviesa una situación crítica. También pudo verse en las protestas izquierdistas contra el despliegue de la policía migratoria de Trump en Minneapolis.

La marcha del sábado partió de la estación central de trenes, una de las puertas de entrada a la ciudad, no lejos de la cúpula del Capitolio. Desfilaron por varias calles aledañas al Congreso, antes de disolverse a eso de las 11:00. Centenares de vídeos tomados por transeúntes inundaron las redes sociales. Pero fue una fotografía, la del reportero freelance Cheney Orr, la que, difundida por Reuters, se hizo viral.

Participantes en la marcha Unite the Right en Charlottesville, en agosto de 2017. SOPA Images (LightRocket via Getty Images)

Una portavoz de la policía de Washington dijo poco después en un comunicado que las fuerzas de seguridad “reconocen el derecho de esas personas a expresar sus opiniones de manera pacífica y mantienen su compromiso de preservar la seguridad pública para los residentes y visitantes” de la capital.

Este domingo, el secretario de Interior, Doug Burgum, respondió a la pregunta de una locutora de la CNN sobre si condenaba a Patriot Front: “Lo que defienden no es algo con lo que yo pudiera estar de acuerdo en absoluto”, dijo Burgum, que añadió que el principio fundamental que prevalece en este caso es la protección de la libertad de expresión.

Tras el ataque de Charlottesville, el entonces (y actual) presidente declaró que había “gente muy buena en ambos lados” de las protestas.

En su segunda presidencia, Trump ha designado grupo terrorista al movimiento izquierdista Antifa, aunque no exista como tal. En su primer día en el Despacho Oval, el 20 de enero de 2025, el republicano indultó a unas 1.600 personas condenadas por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, entre ellas, a varios miembros de las milicias neofascistas Proud Boys y Oath Keepers.

viernes, 3 de julio de 2026

EL MENGELE ESPAÑOL (II)


Veamos qué dice la Wikipedia de esta joya. No tiene desperdicio alguno.

Antonio Vallejo-Nájera (o Vallejo-Nágera) Lobón (Paredes de Nava, 1889-Madrid, 25 de febrero de 1960) fue un médico español, primer catedrático numerario de Psiquiatría en la Universidad de Valladolid. Es considerado como «el Mengele español» o «el Mengele de la psiquiatría franquista» por sus teorías ultraderechistas racistas y su participación en las depuraciones del franquismo. Fue padre del también psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera y abuelo de la escritora María Vallejo-Nágera y de la cocinera Samantha Vallejo-Nágera.

Realizó los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid, donde obtuvo la licenciatura en 1909. A continuación ingresó en el Cuerpo Militar de Sanidad, desempeñando su función con notable mérito, principalmente en las epidemias y en las acciones de guerra de la época, por lo que obtuvo diversas condecoraciones nacionales. Prestó servicio en Marruecos como miembro del Cuerpo de Sanidad Militar. En 1917 fue nombrado agregado de la embajada de España en Berlín, como miembro de la comisión militar que debía inspeccionar los campos de prisioneros de guerra; por el cumplimiento de esta misión se hizo acreedor de otras varias condecoraciones de diferentes países europeos.

Durante su permanencia en Alemania tuvo oportunidad de conocer las clínicas psiquiátricas, así como de escuchar las lecciones de Emil Kraepelin, Ernst Kretschmer, Hans Walter Gruhle y Gustav Schwalbe, cuyos trabajos dejaron una honda influencia en él. Estas circunstancias determinan en Vallejo-Nájera su definitiva vocación por la Psiquiatría. Allí tradujo al castellano las obras de Gruhle y Schwalbe. De nuevo en España, fijó su residencia en Madrid y dirigió, desde 1930, la clínica psiquiátrica de Ciempozuelos.

Cultivó su relación con Franco dedicándole su libro sobre la psicopatología de la guerra, al que incorporaba algunos estudios previos sobre la relación entre marxismo y deficiencia mental, «en respetuoso Homenaje de admiración al invicto Caudillo Imperial, Generalísimo de los Ejércitos Españoles de Tierra, Mar y Aire». Vallejo-Nájera mantenía además estrechos vínculos con Auxilio Social, la organización del régimen encargada de atender a los huérfanos de la guerra, a través de su amigo, el psiquiatra Jesús Ercilla Ortega. Ercilla, buen amigo a su vez de Onésimo Redondo, fue uno de los fundadores de las JONS. Era además miembro del Comité Ejecutivo de Auxilio Social, en calidad de asesor médico, y el hombre de enlace con otros grupos del régimen. Terminada la guerra, Ercilla fue nombrado director médico de la clínica psiquiátrica de San José, en Ciempozuelos, un hospital oficialmente dirigido por Vallejo-Nájera.

En 1931 fue profesor en la Escuela de Aplicación de Sanidad Militar, centro donde se impartía la primera enseñanza de la especialidad. Afecto al nazismo, durante la guerra civil española el coronel Vallejo-Nájera dirigió los Servicios Psiquiátricos del Ejército franquista y escribió extensamente sobre la degeneración de la raza española, que, según él, habría ocurrido durante la República, postura adoptada también por Juan José López Ibor, Ramón Sarró, José Solé Segarra, Marco Merenciano y otros psiquiatras de su mismo bando. Esto no quiere decir que las relaciones personales o académicas entre los distintos profesores fueran fluidas. Como revela su hijo, también psiquiatra, los equipos de ambos (Vallejo Nájera y López Ibor) tenían una rivalidad furibunda que les llevaba a despreciar y oponerse a cualquier afirmación del otro "bando", algo que al parecer era habitual en la medicina y en la academia española cuando dos "ilustres" catedráticos se dedicaban a una misma rama de especialización.

Su identificación con los militares sublevados le llevó a publicar, a partir de 1936, escritos de tipo político que nada tenían que ver con la psiquiatría. Así, en 1938 publicó Divagaciones intrascendentes, panfleto propagandístico del nacionalcatolicismo donde se exalta a quienes combatían bajo el mando de Franco en la "Cruzada": «Todos debemos unirnos en el Ejército y en su Caudillo, constructor de la Patria», exhortaba. En esta obra proponía la creación de una Inquisición para la prensa, la tribuna y la radio, y presentaba la guerra como necesaria para reconquistar los principios del cristianismo, todo ello con profusión de expresiones racistas-antisemitas. Finalmente, confiaba en que los enemigos de la Patria (demócratas e izquierdistas) «sufrirán las penas merecidas, la de muerte la más llevadera». En El factor emoción en la España nueva, otro opúsculo de «agitación y propaganda de guerra» y auspiciado por Acción Católica, llegó a sostener que la sonrisa equilibrada del Caudillo atraía a los seguidores del bien.

El 10 de agosto de 1938 escribió a Franco solicitando permiso para crear el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, y dos semanas más tarde recibió la autorización esperada. Su propósito era patologizar las ideas de la izquierda. Los resultados de sus investigaciones proporcionaron al alto mando militar los argumentos "científicos" necesarios para justificar por qué presentaban a sus adversarios como una especie infrahumana, y Vallejo-Nájera fue ascendido a coronel.

Franco se mostraba entusiasmado con la obra de caridad llevada a cabo con los huérfanos republicanos por Auxilio Social, y la veía como una pieza esencial para la definitiva "redención" de los errores izquierdistas cometidos por el pueblo español. En el marco de esta misión, el 14 de diciembre de 1941 se promulgó la ley que permitía el cambio de nombre de los huérfanos republicanos, de los hijos de prisioneros, que obviamente no podían hacerse cargo de sus hijos, y de los bebés separados de sus madres en las prisiones inmediatamente después de nacer. Lo cierto es que a muchos niños se los llevaron por la fuerza.

En 1947 fue nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universidad de Madrid, puesto que desempeñó hasta 1959; es, por tanto, el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. Su actividad docente se pone de manifiesto en su obra y en el ingente número de cursillos y conferencias que organizó. En 1951 fue elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina.

Teorías

Como jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares de la dictadura franquista, le fue encargado un estudio que demostrase la inferioridad mental de las personas de ideología marxista. Según Eduard Pons Prades en su obra Los niños republicanos (RBA, 2005), Antonio Vallejo-Nájera «dirigió, en 1938, un estudio sobre los prisioneros de guerra republicanos para determinar qué malformación llevaba al marxismo. O sea: iba en busca del gen rojo». En estos estudios afirmaba que las mujeres republicanas tenían muchos puntos de contacto con los niños y los animales y que cuando se rompen los frenos sociales son crueles por faltarles inhibiciones inteligentes y lógicas, además de tener sentimientos patológicos. Pons también afirma en su libro que Vallejo-Nájera pidió en otro de sus trabajos la creación del Cuerpo General de Inquisidores.

Para llevar a cabo el estudio, sometía a los prisioneros a distintos test psicológicos cuando estos se encontraban ya al borde del colapso físico y mental. El equipo de Vallejo-Nájera contaba con dos médicos, un criminólogo y dos asesores científicos alemanes. Seleccionaron a sus sujetos clínicos de entre dos grupos: uno de prisioneros miembros de las Brigadas Internacionales de San Pedro de Cardeña, y otro compuesto por 50 presas republicanas de la cárcel de mujeres de Málaga, 30 de las cuales se encontraban a la espera de ejecución. El estudio de las mujeres, a partir de la premisa de que eran seres degenerados y, por tanto, proclives a la delincuencia marxista, se tituló «Psiquismo del fanatismo marxista. Investigaciones psicológicas en marxistas femeninas delincuentes» y sirvió al psiquiatra para explicar la "criminalidad revolucionaria femenina" en relación con la naturaleza animal de la psique femenina y el "marcado carácter sádico" que se desataba en las hembras cuando las circunstancias políticas les permitían "satisfacer sus apetencias sexuales latentes". Algunas de las conclusiones del estudio realizado por Vallejo-Nájera son las siguientes:


Además de argumentar las bases biológicas de las opciones políticas, sus textos contribuyeron a fomentar la idea de la inferioridad de las mujeres


Otras de sus conclusiones son:


Su purificación de la raza incluía el resurgimiento de una Inquisición en contra de las personas que consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares que corrompían la raza española. Afirmó que:


«Parte de su bibliografía y sus investigaciones están encaminadas a demostrar que el marxismo es una enfermedad mental, que existe un gen rojo que hace enfermar a las personas y que lo mejor es que los rojos no tengan hijos o, si los tienen, se les separe de sus padres», explica Montse Armengou. El comandante y psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960) fue una de las figuras clave de la represión franquista en la posguerra porque la revistió de un manto seudocientífico.

El 23 de agosto de 1938 Franco autorizó la creación del Gabinete de Investigaciones Psicológicas, cuya finalidad era «investigar las raíces biopsíquicas del marxismo», tal y como le había demandado Vallejo-Nájera, que era un psiquiatra prestigioso desde los años veinte. Vinyes explica que resultó «decisivo» para desvelar el drama de los niños perdidos acceder a la documentación del gabinete de Vallejo-Nájera.

La autorización oficial para desarrollar sus teorías le llegó gracias a los contactos personales que mantenía tanto con Franco (su mujer era amiga de Carmen Polo) como con la Falange.

Para corroborar sus hipótesis preconcebidas, el militar estudió a 297 brigadistas internacionales encarcelados en Burgos y a 50 presas políticas recluidas en la cárcel de Málaga, y publicó los resultados en Biopsiquismo del fanatismo marxista, que demostrarían la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad, social y política, la brutalidad de su fanatismo e incluso su fealdad.

En su libro Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza, Vallejo defendía la «eugenesia positiva», cuyo fin era «multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles», que en su universo obsesivo eran los rojos, a quienes consideraba «individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca». La dramática conclusión de sus teorías la expuso en La locura y la guerra: psicopatología de la guerra española, en el que abogaba por la separación de los hijos de los padres de los marxistas, pues «la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible».

Estas teorías se emplearon para justificar el secuestro de niños republicanos. Sus planteamientos, más ambientales que biológicos, postulaban que la raza era el resultado de un conjunto de valores culturales. Los valores que en España contenían los requisitos indispensables para la salud nacional eran jerárquicos, castrenses y patrióticos. Cualquier valor defendido por la República y la izquierda se consideraba hostil y había de erradicarse de inmediato. Obsesionado por lo que él llamaba «esta labor tan trascendente de higienización de nuestra raza», su modelo era la Inquisición que en el pasado había protegido a España de doctrinas envenenadas. Reclamaba «una Inquisición modernizada, con otras orientaciones, fines, medios y organización; pero Inquisición». La salud de la raza exigía separar a los niños de sus madres "rojas".

EL MENGELE ESPAÑOL (I)


El Gobierno retira la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera
RTVE.es/AGENCIAS, 03.07.2026

El próximo Consejo de Ministros, el martes 7 de julio, aprobará el real decreto por el que se revoca a título póstumo la Gran Cruz de Sanidad concedida a Antonio Vallejo Nájera Lobón, psiquiatra vinculado al régimen franquista. El Ministerio de Sanidad ha emitido una nota de prensa en la que explica que "la decisión responde a la incompatibilidad de su legado con los valores democráticos, éticos y humanos que hoy guían la sanidad pública" y que "constituye un acto de memoria, justicia y reparación".

"Ninguna democracia puede homenajear a quien disfrazó de ciencia sus teorías para justificar el odio, la represión y la desigualdad", ha afirmado Pedro Sánchez a través de un mensaje publicado en la red social X, en la que ha añadido que, por ese motivo, el Gobierno dará "el paso definitivo" del procedimiento para retirar esta condecoración. Sánchez se ha preguntado "cómo es posible" que "en pleno 2026" un hombre que sostenía que las mujeres tenían la "inteligencia atrofiada" y que su "única misión era tener hijos para la patria" siga contando con "una de las máximas condecoraciones del Estado".


Asimismo, ha calificado a Vallejo-Nájera como el "psiquiatra de cabecera del franquismo", conocido como el "Mengele español" por sus experimentos sobre la supuesta "limpieza de la raza"; que sostenía que quienes defendían la igualdad social la igualdad política "eran mentalmente inferiores", y que, ha continuado narrando Sánchez, "calificaba a las personas progresistas como enfermas", mientras "dedicó su vida a buscar un inexistente gen rojo que según él había que extirpar".

Estas teorías, ha señalado el jefe del Ejecutivo, sirvieron para justificar el robo de bebés durante el franquismo con el objetivo de impedir que heredaran la supuesta "degeneración ideológica" de sus padres. "Una medalla de Estado no es un simple trofeo, es el reconocimiento público de una trayectoria, de unos méritos y, por tanto, también de unos valores", ha concluido.

Este psiquiatra militar defendió las citadas teorías en relación con "quienes pensaban diferente", a los que tildaba de "personas inferiores o enfermas", tal y como ha señalado la ministra de Sanidad Mónica García con una publicación en redes sociales. "Sus planteamientos sirvieron de base ideológica para algunos de los crímenes más graves del franquismo, como la sustracción sistemática de miles de niños y niñas de familias republicanas para su reeducación política y moral", ha añadido.


Teorías pseudocientíficas para la estigmatización

Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960) fue un psiquiatra vinculado al franquismo, cuyas teorías eugenésicas fueron muy controvertidas y ampliamente cuestionadas por su carácter pseudocientífico y por haber servido para justificar la represión y la discriminación durante la dictadura. La Gran Orden Civil de Sanidad se concede como honor, distinción y reconocimiento públicos para premiar méritos, conductas, actividades o servicios relevantes o excepcionales en el ámbito de la sanidad. Es la máxima condecoración civil española en este ámbito y puede recaer en personas, organismos e instituciones por su aportación a la mejora de la atención sanitaria, la salud pública o la investigación sanitaria.

martes, 30 de junio de 2026

AHORA LES TOCA A ELLOS


Indignación entre los diplomáticos por las insinuaciones de PP y Vox sobre su complicidad en un supuesto fraude electoral
Alberto Virella, presidente de la asociación mayoritaria de la carrera, defiende la profesionalidad y honorabilidad del personal consular.
Miguel González, 30.06.2026

Los diplomáticos españoles están indignados. Un cuerpo de funcionarios del Estado tradicionalmente conservador y acostumbrado a afrontar con calma los sobresaltos de su tarea profesional, desde guerras a desastres naturales como los vividos en los últimos meses en Oriente Próximo y Venezuela, está agitado en las últimas semanas. Y esta vez su irritación no se dirige contra el Gobierno, sino contra quienes creen que están cuestionando sin base alguna su honorabilidad y profesionalidad por razones políticas a propósito de la aplicación de la Ley de Memoria Democrática, que prevé la concesión de la nacionalidad española a los descendientes de españoles que emigraron a América Latina.

La puntilla a su malestar la ha dado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien este lunes los ha colocado en la diana. “Cada cónsul y cada funcionario que otorgue la nacionalidad a quien no la merece ha de saber que también estaría haciendo algo ilegal. Y ahí queda el aviso”, dijo Díaz Ayuso en un coloquio organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD).

La sorpresa entre los aludidos ha sido mayúscula. ¿Por qué iban los cónsules y funcionarios del servicio exterior a otorgar la nacionalidad española a quien no la merece? Más allá de algún caso aislado de corrupción o de un siempre posible error humano, no hay ningún indicio que avale los temores expresados por la presidenta madrileña. Sus palabras contribuyen, sin embargo, a extender la sombra de la sospecha sobre la limpieza de las próximas elecciones generales que empezó a esparcir el presidente de Vox, Santiago Abascal, quien denunció la semana pasada en el Congreso que Pedro Sánchez prepara un supuesto “pucherazo” electoral, “manipulando el censo y regalando la nacionalidad española” a electores afines. A esta denuncia se ha sumado el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, quien ha acusado al presidente del Gobierno de practicar “ingeniería electoral” con la aplicación de la conocida popularmente como ley de nietos.

Alberto Virella, presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), que agrupa al 60% de los miembros de la carrera en activo, defiende con firmeza la profesionalidad de sus compañeros y recuerda que “los diplomáticos y demás funcionarios destinados en los consulados que tramitan expedientes de nacionalidad se atienen estrictamente a la ley”.

Díaz Ayuso ha llegado a hablar de la multiplicación de “agentes gubernamentales en las embajadas españolas para jugar con las reglas del juego y el reparto de escaños”, obedeciendo a un supuesto plan del Gobierno para “cambiar el censo electoral”. Sin embargo, mientras no se cambie la normativa, el único responsable de conceder o no la nacionalidad española es el cónsul, un funcionario al margen del juego político que toma su decisión tras un meticuloso examen para comprobar si la documentación presentada por el solicitante cumple todos los requisitos legales.

Ante la multiplicación de insinuaciones sobre la limpieza del proceso de concesión de nacionalidades y el voto de los españoles residentes en el exterior, el llamado voto CERA (Censo de Españoles Residentes Ausentes), el presidente de los diplomáticos españoles echa en falta que el Ministerio de Asuntos Exteriores defienda “el buen trabajo, el rigor, la profesionalidad y el cumplimiento estricto de la legalidad por parte del personal consular” y que “explique el funcionamiento del sistema de voto a través de los consulados, facilitando aclaraciones e información, ya que se está poniendo de manifiesto desconocimiento sobre cómo funciona”.

El proceso para obtener la nacionalidad por parte de los nietos de españoles residentes en el exterior es complejo y garantista, según explican fuentes diplomáticas, por lo que, más allá de algún error o falsificación aislada, no es susceptible de sufrir un fraude masivo. El interesado tiene que aportar, en primer lugar, una copia literal de la partida de nacimiento del abuelo o abuela, un documento del registro civil español debidamente compulsado y sellado. A continuación, la partida de nacimiento del padre o la madre; el certificado de matrimonio entre ambos, si existe; y la partida de nacimiento del solicitante, que debe estar apostillada; es decir, legalizada para que tenga validez en el extranjero. La nacionalización de personas sin derecho a la ciudadanía española es posible, pero requeriría de una larga y costosa cadena de falsificaciones, explican las fuentes consultadas.

El problema radica en que los consulados se encuentran colapsados ante el alud de solicitudes presentadas, hasta 2,4 millones de las que más de medio millón ya han sido concedidas. Por eso, se ha sugerido la posibilidad de que alguna empresa pública colabore en el proceso de ordenación de la documentación presentada. Los diplomáticos afectados no ven inconveniente a esta colaboración, siempre y cuando se limite a tareas de apoyo y los cónsules conserven la última palabra sobre la concesión de la nacionalidad. Además, reclaman un sustancial aumento de plantilla para atender a las necesidades generadas por este notable incremento de la población española en el exterior.

Un ejemplo de la ignorancia que subyace al actual debate, señalan las fuentes consultadas, es la afirmación de Díaz Ayuso de que “el Gobierno no puede tener la facultad de asignar [a los nuevos españoles] provincias de manera arbitraria, según el recuento de votos, según donde le falten los votos necesarios para obtener el siguiente escaño”. Lo cierto es que el Gobierno no tiene esa facultad. Según Exteriores, es el propio interesado el que elige el municipio al que quiere ser adscrito a efectos electorales y esa elección se realiza en base a criterios objetivos: última residencia en España, de haber vivido en territorio nacional; municipio de mayor arraigo propio; municipio de mayor arraigo de sus ascendientes; y otros motivos, que deben ser especificados. El papel de los funcionarios consulares se limita a tramitar la declaración del solicitante ante la oficina del censo electoral.

Virella subraya que las dudas de interpretación generadas por la Disposición Adicional Octava de la Ley de Memoria Democrática —la ley de nietos—, no las han resuelto los cónsules según su propio criterio, sino que han sido objeto de numerosas instrucciones de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública del Ministerio de Justicia “en respuesta a las consultas y dudas planteadas por las oficinas consulares”.

Respecto al voto de los residentes en el exterior, fuentes diplomáticas recuerdan que las oficinas consulares recogen los votos emitidos por los españoles incluidos en el censo del CERA, bien de manera presencial o por correo, pero no realizan ningún recuento. “Nadie en el consulado sabe lo que han votado los residentes en su demarcación”, subrayan las mismas fuentes. “Nadie abre los sobres con las papeletas”, agregan. Estos se remiten cerrados a España por valija diplomática, legalmente inviolables, y son las respectivas juntas electorales las que realizan el recuento.

El problema del voto CERA, subrayan las mismas fuentes, no es una supuesta manipulación, sino el hecho de que, a pesar de que el trámite se ha simplificado tras la eliminación del voto rogado, el certificado de inscripción en el registro y el sobre prefranqueado para poder votar se envían por correo ordinario a los electores y en muchos países el servicio postal es tan deficiente que la documentación llega tarde y muchos españoles residentes en el exterior siguen sin poder ejercer en la práctica su derecho al sufragio.

lunes, 29 de junio de 2026

LOS NIÑOS DEL BRASIL


Tras la pista del nazi Mengele en Suiza: unas vacaciones en la nieve y las incógnitas de un archivo secreto
La esposa del apodado ‘Ángel de la Muerte’ alquiló un piso cerca del aeropuerto de Zúrich en 1961 y fue vigilada por la policía, pero la presencia del criminal no llegó a confirmarse. Los servicios de inteligencia suizos abrirán con limitaciones un dosier sobre el caso sellado hasta ahora.
Sara Velert, 29.06.2026

Hay historias que se olvidan y otras que no se dejan enterrar. Como la del horror del nazismo y uno de sus integrantes más abyectos, Josef Mengele. Fue de los nazis destacados que logró huir tras la derrota alemana en la II Guerra Mundial. Se instaló en Argentina en 1949 y murió en 1979 en Brasil. Nunca fue juzgado por sus macabros crímenes. Sobre él hay mucho escrito, pero a veces quedan hilos de los que tirar desde el presente. Uno de ellos está en Suiza, donde el Archivo Nacional custodia un dosier en torno a la incógnita de su posible paso por una localidad de Zúrich en los sesenta que no iba a ver la luz hasta 2071. Recientemente, el Servicio Federal de Inteligencia suizo (NDB) ha cambiado sus criterios a raíz de un recurso y dará acceso con limitaciones a su contenido. Se abre así la puerta para completar un capítulo del papel de Suiza en torno a una contienda mundial en la que no fue atacada, pero que dejó dañada su reputación.

Oficial de las SS y médico en el campo de Auschwitz-Birkenau, en la Polonia ocupada, Mengele seleccionaba a las víctimas que morirían directamente en las cámaras de gas al bajar de los trenes del exterminio. Al apodado Ángel de la Muerte, además, le obsesionaba la supremacía aria y sometió a un sinfín de prisioneros a sádicos experimentos, mutilaciones y todo tipo de torturas. Sobrevivieron pocas de sus víctimas, judíos y gitanos, muchos niños, principalmente gemelos, y personas de talla baja.

Tras ocultarse en Alemania, Mengele escapó a Buenos Aires con papeles falsos a nombre de Helmut Gregor en un barco desde Génova. Allí se sintió seguro durante años. Tanto que se atrevió a regresar a Europa. En 1956 disfrutó de unas cortas vacaciones de esquí en la población suiza de Engelberg con su hijo, Rolf, como atestiguan fotografías publicadas en la revista alemana Bunte fallecido ya Mengele.

Las autoridades suizas aún no daban por buena esa información, pese a las imágenes, cuando a finales de los años noventa parlamentarios suizos como el socialista Jean Ziegler, fallecido este mes, preguntaron a su Gobierno por investigaciones periodísticas que apuntaban a la posibilidad de que también hubiera estado en Suiza en la primavera de 1961. Su segunda esposa, Martha Mengele, viuda de su hermano, alquiló un piso en la localidad de Kloten, cerca del aeropuerto de Zúrich, y fue vigilada unos días por la policía. Se marchó una mañana con un hombre que no llegó a ser identificado.

No se confirmó la presencia de Mengele allí y diversos historiadores lo consideran improbable; desde 1959 existía una orden de detención contra él y la presión internacional sobre la captura de nazis huidos aumentó, lo que le llevó a mudarse a Paraguay primero, y a Brasil después. En 1960, además, el Mosad secuestró en Argentina a Adolf Eichmann, oculto bajo el nombre de Ricardo Clement, juzgado y sentenciado luego a la horca en Jerusalén.

Pero las actas policiales conocidas sobre el episodio de Kloten revelan cuando menos una reacción suiza lenta y envuelta en la burocracia a la hora de afrontar las pesquisas.

Josef Mengele, en una imagen tomada en 1956 en Buenos Aires para expedirle un documento de identidad.Universal History Archive (Universal History Archive/Getty)

Así lo sostiene la historiadora suiza Regula Bochsler, que ultima un libro sobre las llamadas rutas de las ratas, redes utilizadas por los nazis para escapar de la justicia y ocultarse. Del archivo que ahora se desclasificará no espera grandes revelaciones sobre Mengele. “Pero sí espero obtener más información sobre la actuación de las autoridades y, por supuesto, que se sigan investigando el asunto”, afirma en una cafetería de Zúrich.

La historiadora y periodista topó con Mengele casi de casualidad. “Yo buscaba información de otro nazi, Vaclav Hajek, un experto en explosivos”, cuenta. Le seguía la pista para otro libro, publicado en 2022, que trataba sobre una importante empresa química suiza que, al igual que ocurrió en otros países en la posguerra, contrató a personal especializado alemán, entre los que se encontraban antiguos nazis.

Indagando sobre Hajek encontró una notificación de los servicios secretos austriacos sobre la posible presencia de Mengele en Austria, Alemania o Suiza en 1961. En ese contexto, Bochsler pidió ver el dosier del médico nazi en el Archivo Nacional y se le denegó el acceso: “Me pareció escandaloso que no se abriera un archivo sobre un asesino nazi tanto tiempo después”. Los servicios de inteligencia suizos alegaron la protección de fuentes y el posible daño a terceros para mantenerlo secreto hasta 2071.

Aunque Mengele no era el objeto de sus investigaciones, Bochsler pudo consultar después las idas y venidas policiales en el Archivo Estatal de Zúrich, donde constan el intercambio de información con la Fiscalía alemana, la entrega de una fotografía de Mengele a los suizos ―“ni siquiera sabían el aspecto que tenía”― y un seguimiento de Martha Mengele “más bien descuidado y, en parte, amateur”.

El fiscal alemán encargado del caso del médico nazi envió a un periodista a Kloten para vigilar el piso después de que una empleada de una inmobiliaria, supuestamente de origen judío, avisara al consulado alemán de Zúrich de que la mujer de Mengele estaba allí, cuenta Bochsler. Había leído que desde 1959 existía una orden de detención contra el nazi y que se había ofrecido una recompensa por su captura. Poco después, el periodista informó a la policía de que había visto a un hombre en el balcón del piso de Martha Mengele y sospechaba que podría tratarse de su marido. La vigilancia comenzó el 6 de marzo de 1961, tres días después de la denuncia, “porque entre medias había un fin de semana”.

Al día siguiente, los agentes preguntaron en Berna si se podía proceder a una detención. “Al principio se dijo que sí, luego que el caso era complicado y debía someterse al jefe [del servicio]. La autorización por escrito se concedería al día siguiente”. Esa mañana, Martha Mengele, que supuestamente estaba en Suiza porque el hijo del nazi estudiaba allí en un internado, se marchó “en su coche con un hombre” al que no se pudo poner nombre.

Las actas, según la historiadora, muestran también que la mujer, al regresar a Kloten, intentó obtener un permiso de residencia que los suizos le denegaron. Tuvo claro entonces que estaba en el punto de mira de las autoridades, por lo que cualquier posible plan de viaje de Mengele habría quedado descartado, afirma la historiadora. La mujer se marchó a Merano (Italia).


Bochsler sospecha que la mudanza de la mujer y el hijo a Suiza pudo formar parte de un plan para que Mengele los viera en un lugar más seguro que Alemania. “Surge una pregunta muy sencilla: ¿por qué alquilar un piso a 8,4 kilómetros del aeropuerto, en un feo bloque de apartamentos en el que los aviones no dejan de pasar rugiendo por encima de la cabeza?”.

Aunque el dosier del Archivo Nacional no despeje finalmente esas incógnitas, “tiene que ser público y los investigadores tienen que poder hacer su trabajo”, afirma por teléfono desde Berna Gerhard Wettstein, historiador de formación y quien intentó ver el dosier tras conocer que a Bochsler se lo habían denegado. “La verdad histórica tiene que conocerse, si no se da pie a especulaciones”, enfatiza Wettstein, que con un ‘crowdfunding’ cubrió los gasto para recurrir judicialmente el secreto del archivo. Durante el proceso, los servicios de inteligencia decidieron abrirlo con condiciones aún por especificar.

“La historia siempre tiene una carga política, y la relación de Suiza y la II Guerra Mundial también”, dice Wettstein. La llamada Comisión Bergier, instaurada por el Gobierno suizo bajo la presión internacional para la restitución de bienes en cuentas bancarias de judíos asesinados en el Holocausto, analizó entre 1996 y 2002 esa denuncia contra las entidades financieras, la política suiza hacia los refugiados del nazismo, a los que cerró la frontera en 1942, y los negocios de filiales en Alemania o la venta de armas, entre otros aspectos que arrojaron oscuras sombras sobre la Suiza de esa etapa.

El análisis histórico no se ha agotado. Bochsler traza en su nuevo libro la “tela de araña” de colaboradores en la huida de nazis. En Suiza operaban a través de una especie de oficina de emigración en Berna, que colaboraba con la Embajada argentina, la cual concedía visados y proporcionaba fondos para sacar del país a especialistas en armamento, entre los que también hubo antiguos nazis, explica. Eso no habría sido posible sin la ayuda de los suizos, destaca. “Había quienes ayudaban a cambio de dinero, y había funcionarios que, en el momento decisivo, hacían la vista gorda, restaban importancia al asunto o, sencillamente, no se interesaban por él”, afirma.


“Suiza desempeñaba una especie de doble papel. Por un lado, era un país de tránsito para refugiados; y por el otro, albergaba un centro de organización” de esa red. La Argentina de Juan Domingo Perón buscaba expertos para crear su propia industria armamentística, y “desde la denominada oficina de emigración se reclutaba y se sacaba clandestinamente a gente”.

Bochsler estima que varios cientos de alemanes, entre ellos mujeres y niños, emigraron a Argentina pasando por Suiza, y que entre ellos se encontraban algunos criminales de guerra y unas tres docenas de antiguos miembros de las SS, las SA o el partido nazi, aunque cree que hay muchos casos que no se han registrado. Sin embargo, en el caso de Mengele no está claro que la oficina de Berna interviniera.

Suiza, ante estos manejos, “miró hacia otro lado”. “Querían deshacerse de los refugiados, que suponían una carga para las arcas del Estado. Esa fue una de las razones por las que se trató con tanta delicadeza a los traficantes de personas argentinos, ya que se esperaba que Argentina acogiera al mayor número posible”, explica Bochsler.

La mencionada oficina “también coordinaba a los colaboradores que trasladaban a las personas desde Alemania a Italia pasando por Austria”. En los traslados a través de Suiza “colaboraban abogados y traficantes de personas, que sacaban a las personas de forma ilegal por la frontera y les conseguían alojamiento y documentos de identidad para continuar el viaje. El colaborador más importante fue, sin duda, un teniente coronel suizo. Gracias a un llamado acuerdo de caballeros con los argentinos, pudo interrogar a los expertos en armamento que estaban de paso y, de este modo, recabar conocimientos técnicos para el ejército suizo”. La salida de los miembros del partido nazi o de sus familias se realizó desde Ginebra y Roma en avión, o desde Génova en barco. Desde allí huyó también Mengele.

jueves, 11 de junio de 2026

¿UN PASO MÁS PARA SU DEMOLICIÓN?

Al periódico EL DÍA, vocero de Coalición Canaria, Pravda de la patria chica, sólo le ha faltado llamar rojos masones a los que estamos de acuerdo con que esta aberración "artística" desaparezca de una vez. Ahora que me voy a Berlín, voy a investigar en busca de algún monumento nazi que ensalce a Hitler, ein Denkmal für Hitler. Les prometo que si lo encuentro subo una foto raudo y me disculpo. En alemania la exhibición de arte nazi ha creado mucha polémica siempre, recuérdese el año pasado coando la Pinacoteca de Múnich fue cuestionada por exponer un cuadro de Zuegel, un artista nazi. Sobre la marcha se pidió que se retirara la obra, encabezando la lucha el artista Georg Baselitz: "Es escandaloso que la propaganda nazi sea posible de esta manera tan sucia en un museo de Múnich", dijo.
No obstante, el país, a pesar de tener una política clara de desnazificación, no se libra del debate público, aún hasta hoy. Muchas esculturas de propaganda nazi permanecen todavía en espacios públicos, como en el Estadio Olímpico de Berlín, que fue encargado por el régimen nazi para los Juegos Olímpicos de 1936. Antes del Mundial de Fútbol de 2006, del que el estadio era una de las sedes, algunos activistas pidieron la retirada de las esculturas, pero la ciudad se negó, alegando que su retirada supondría negar la historia de Alemania.
Como siempre, hay de todo como en botica, cada uno tendrá su opinión, la mía está clara como el agua.

PD. El chovinismo del periódico EL DÍA es tal que la llegada del Papa hoy a Gran Canaria se lee como un pasito hasta Tenerife. Tremendo ombliguismo.

El monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife se queda sin protección: El Gobierno de Canarias rechaza su declaración como BIC
El Consejo de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias rechaza la protección del monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife como Bien de Interés Cultural (BIC).
Eloísa Reverón, 11.06.2026

El monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife, situado en la confluencia de la Rambla con la avenida de Anaga, se queda sin protección. El Consejo de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias ha rechazado la declaración como BIC (Bien de Interés Cultural) de esta escultura, respaldando así el dictamen emitido en abril por la ponencia técnica de patrimonio arquitectónico.
El pleno del Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias, celebrado este jueves, 11 de junio, considera por mayoría, salvo una abstención, que la obra de Juan de Ávalos no reúne los valores suficientes para ser protegido como BIC, con categoría de Monumento.

De esta forma, el máximo órgano colegiado de consulta y participación del Archipiélago en esta materia da por concluido el expediente incoado por el Cabildo de Tenerife en octubre de 2024. La Corporación insular inició el trámite de protección en cumplimiento de la sentencia dictada por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Santa Cruz de Tenerife, de 28 de junio de 2024.

Esta resolución judicial dio la razón a la Asociación para la Investigación y Protección del Patrimonio Histórico San Miguel Arcángel, que exigía la protección de esta obra. Y es que en el catálogo de símbolos franquistas de Santa Cruz de Tenerife, elaborado por el Ejecutivo canario en su momento, se establecía que este monumento, entre otros vestigios, debía ser retirado de manera inmediata.

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife también defendió la protección del Monumento a la Victoria, conocido como monumento a Franco, por "tener valores artísticos". El Consistorio chicharrero remitió dos informes al Cabildo de Tenerife para que estos se incorporaran y se tuvieran en cuenta en el expediente de declaración de BIC. Por su parte, el Gobierno de España presentó alegaciones ante la Dirección Insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife contra esta protección.

Con carácter previo a la deliberación este jueves del pleno del Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias, la ponencia técnica de patrimonio arquitectónico analizó el expediente en la sesión celebrada el 28 de abril de 2026. Tras examinar la documentación incorporada al procedimiento y la información aportada por el Cabildo de Tenerife como administración instructora, la ponencia emitió un dictamen desfavorable a la declaración de Bien de Interés Cultural.

El resultado de la votación del Consejo ha sido de dieciséis votos en contra de la declaración BIC, una abstención y ningún voto favorable, al considerar que no reúne los valores necesarios para su protección bajo esta figura.

El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias es el órgano de coordinación, consulta y participación en materia de patrimonio cultural del archipiélago. En él están representados el Gobierno de Canarias, los siete cabildos insulares, la Federación Canaria de Municipios, la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, los colegios oficiales de arquitectos, las universidades canarias, los museos públicos y privados de reconocido prestigio, asociaciones ciudadanas dedicadas a la defensa del patrimonio cultural y personas expertas en la materia, "garantizando una amplia representación institucional, técnica y social en la adopción de sus acuerdos", según informa el Ejecutivo.

La iniciativa para levantar esta escultura en Santa Cruz de Tenerife surgió en 1964, promovida por el gobernador civil, Juan Pablos Abril, que creó una comisión pro-monumento integrada, entre otros, por el escultor Alfredo Reyes Darias, el catedrático Jesús Hernández Perera, y el director de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Pintor González. Se propuso el nombre del escultor Juan de Ávalos y García-Taborda, atendiendo al prestigio del que gozaba en esa época. El monumento fue inaugurado el 16 de marzo de 1966 por el alcalde Pedro Doblado.

domingo, 10 de mayo de 2026

TODOS MENOS UNO


La valentía de decir no: cultura y periodismo para resistir al autoritarismo
En tiempos de oscuridad para la democracia en muchos lugares del mundo, periódicos e intelectuales siguen siendo ejemplos de dignidad cívica para preservar las libertades.
Guillermo Altares, 09.05.2026

A veces, la resistencia consiste simplemente en cruzar los brazos. El 13 de junio de 1936, hace ahora 90 años, Hitler visitó el astillero Blohm und Voss de Hamburgo. El dictador todavía no había alcanzado el zenit de su poder y la intensidad de la represión había bajado un poco porque se aproximaban los Juegos Olímpicos de Berlín —uno de los momentos más vergonzosos de Occidente, cuando las democracias del mundo le bailaron el agua a un régimen racista y antisemita, que ya había aprobado las leyes de Núremberg, el primer paso hacia el Holocausto—. Sin embargo, muchas costumbres habían cambiado en Alemania: ya no se decía buenos días, sino Heil, Hitler, algo así como “larga vida a Hitler”. No hacerlo era sospechoso y, sobre todo, muy peligroso, como lo era no celebrar el cumpleaños del tirano, no tener un retrato suyo bien visible en casa o mantener a judíos como amigos. Estos mínimos gestos podían convertir a alguien en sospechoso y acabar en alguno de los seis campos de concentración que las SS mantenían en Alemania: Dachau, Sachsenburg, Lichtenburg, Columbia-Haus, Esterwegen y Sachsenhausen.


Sin embargo, un hombre decidió decir que no y su imagen se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia civil ante una dictadura. En aquella visita del Führer al astillero, todos los trabajadores hicieron el saludo nazi, menos uno, que permanece llamativamente con los brazos cruzados: era August Landmesser. Y pagó un precio muy alto por mostrar su oposición a un régimen que se estaba colando en todos los resquicios de la vida cotidiana, que había creado ya un sistema de delación y sospecha, simplemente, por intentar “vivir fuera del rebaño”, como cantó Georges Brassens en La mala reputación. Su hija, Irene Eckler, que había sido adoptada, dio a conocer la historia y la foto en 1991. Este obrero alemán, que tenía 26 años en el momento de la imagen, se había casado con una mujer judía, Irma Eckler, asesinada por los nazis en un campo de exterminio. Él fue recluido en un campo de concentración, al que sobrevivió, para ser reclutado a la fuerza y enviado al frente. Murió en combate en Croacia en 1944.

La resistencia también consiste en imprimir un periódico. Como han explicado sus protagonistas y recuerda Javier Cercas en el libro que acaba de publicar con motivo del cincuentenario de EL PAÍS, El periódico de la democracia (Random House), la decisión de sacar una edición especial cuando todavía la suerte del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 no estaba echada cambió el destino del diario y, tal vez, de la asonada militar. Consolidó su prestigio internacional y transmitió a los ciudadanos la idea de que estaba dispuesto a jugársela para defender las libertades. El teniente coronel Tejero, que había entrado a tiros en el Congreso, todavía mantenía como rehenes a los diputados y al Gobierno, los tanques de Milans del Bosch estaban en las calles de Valencia y un espeso manto de fascismo amenazaba a la joven democracia española, mientras la Embajada de Estados Unidos calificaba todo aquello de “asunto interno”.

El director del diario, Juan Luis Cebrián, recuerda así el momento en el que se tomó en su despacho la decisión de salir a la calle en una reunión improvisada en la que estaban desde el editor, Jesús de Polanco, hasta muchos periodistas que habían acudido aquel lunes por la tarde a la Redacción. “Comprendimos que la única actitud posible que podíamos adoptar era la de comportarnos como periodistas: tratar de sacar cuanto antes —y sobre todo antes de que llegaran los soldados, si es que iban a ocuparnos— una edición. Absolutamente todo el mundo apoyó la decisión”.

El director de 'The Washington Post', Benjamin C. Bradlee, y la editora Katharine Graham leen los informes del Tribunal Supremo de EE UU donde se permitía al diario publicar historias basadas en el estudio secreto del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam, el 30 de junio de 1971. Charles Del Vecchio (The The Washington Post / Getty Images)

Ben Bradlee, el mítico director del caso Watergate y uno de los grandes periodistas del siglo XX, pronunció unas palabras similares cuando su periódico, The Washington Post, decidió publicar los Papeles del Pentágono —que revelaban todos los secretos del desastre de la guerra de Vietnam que había tratado de esconder la Administración de Nixon—. Sabían que les iban a demandar, porque The New York Times lo había sido por difundir los mismos documentos. Así lo explica Bradlee en sus memorias, La vida de un periodista: “No publicar la información cuando la teníamos era como no salvar a un hombre que se estuviera ahogando o como no decir la verdad. No publicarla sin luchar constituiría una renuncia que marcaría al Post para siempre, catalogándolo de herramienta al servicio de la Administración que estuviera en el poder”.

Aquel número titulado EL PAÍS, con la Constitución se convirtió en un emblema de la resistencia civil ante el golpe. Cercas recuerda que le impresionó especialmente un fragmento del primer editorial —luego se fueron publicando diferentes versiones según iban saliendo ediciones— en el que quedaba claro que, entonces, cuando se tomó aquella decisión en un despacho atiborrado, el futuro de las libertades estaba en el aire. No hay que olvidar que muchos de los allí reunidos tenían en mente los golpes que habían triunfado en los setenta en Chile y Argentina y la crueldad de la represión despiadada que desataron las juntas militares. “Ocurra lo que ocurra en las próximas horas o en los próximos días, suceda lo que suceda…”, decía aquel texto.

Así describen aquel momento María Cruz Seoane y Susana Sueiro, en su excelente libro Una historia de EL PAÍS y del Grupo Prisa (Plaza & Janés, desgraciadamente casi imposible de encontrar, incluso de segunda mano): “La valentía de EL PAÍS en aquella jornada histórica, saliendo a la calle en un tiempo mínimo con la intención de contribuir a abortar el golpe, cuando todavía parecía que podía triunfar, queda como la página más brillante de su historia y su actitud supuso su decidida consagración como el diario emblemático de la democracia para el público y un motivo de orgullo y por lo tanto de cohesión interna en el seno de la Redacción; un momento, en fin, estelar en la vida de un periódico”.

Retrato coloreado de Marc Bloch, en 1914. SPCOLLECTION / Alamy / CORDON PRESS

Otras veces, la resistencia significa renunciar a su vida y, al final, perderla. El próximo 23 de junio, el féretro del historiador Marc Bloch va a entrar en el Panteón, el mayor honor póstumo que Francia concede a la memoria de un ciudadano. Bloch revolucionó la forma de mirar al pasado a través de la revista Annales, que codirigió con Lucien Febvre, y escribió libros que los historiadores siguen considerando fundamentales para entender la Edad Media, como La sociedad feudal o Los reyes taumaturgos. Sirvió en la Primera Guerra Mundial —sobre la que escribió el lúcido ensayo Réflexions d’un historien sur les fausses nouvelles, en el que se pregunta cómo fue posible que toda una generación acabase en el matadero de las trincheras a base de mentiras— y en la Segunda.

Bloch era judío y, cuando Vichy aprobó en 1940 las primeras leyes antisemitas, fue expulsado de su cátedra. Logró un permiso especial para seguir enseñando gracias a una figura que resume los abismos morales que, en tiempos de crisis y ocupación, separan el bien y el mal a través de una interminable gama de grises. Se trata de Jérôme Carcopino, como recuerda Stéphane Nivet en un pequeño libro que reconstruye la entrada de Bloch en la resistencia, su detención, tortura y asesinato en 1944, L’assassinat de Marc Bloch, un historien dans la Résistance (Éditions Midi-Pyrénéennes). Carcopino es autor de un estudio sobre la Antigüedad que sigue siendo un clásico, La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Pero fue también secretario de Estado de Educación bajo Vichy, hasta que renunció en 1942. No dudó en aplicar las leyes antisemitas, primero como rector y luego como ministro: su actitud hacia Bloch fue una excepción, debido a que había sido alumno de su padre. Stéphanie Corcy-Debray, autora del ensayo Jérôme Carcopino, un historien à Vichy, reflexiona así sobre la elección que hizo aquel erudito: “Al aferrarse a la defensa de la soberanía del Estado, y no de la nación, se extravió en el turbio espacio de la colaboración”. En otras palabras, eligió la injusticia de un Estado antisemita y criminal frente a los principios democráticos, que deberían haber estado por encima de ese mismo Estado.

En 1941, con las segundas leyes antisemitas de Vichy, fue definitivamente expulsado de la cátedra y supo que, tarde o temprano, sería deportado y asesinado. Entonces se pasó a la clandestinidad y se convirtió en uno de los jefes de la resistencia en Lyon. Fue arrestado por la Gestapo con ayuda de la Milicia de Vichy el 8 de marzo de 1944 —previa denuncia de dos colaboradores franceses de los nazis—, torturado y fusilado el 16 de junio.

Elecciones Legislativas del 15 de junio de 1977, las primeras democráticas en España desde 1936. Noche electoral informativa en diario EL PAÍS, con la asistencia de numerosos políticos de diferentes partidos. En la foto, de frente y de izquierda a derecha: Fernando Claudín; Felipe González; Javier Pradera; Ramón Tamames y Jorge Semprún. EL PAÍS

En su magnífico ensayo Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets), Géraldine Schwarz reflexiona sobre los Mitläufer, las personas que siguen la corriente durante una dictadura: no son partidarios convencidos, pero conviven con lo intolerable. “Sin la participación de los Mitläufer, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud”, escribe. Resulta especialmente doloroso mirar a Carcopino en el espejo de Bloch, contemplar la incapacidad del sabio latinista, que no era un nazi pero que aplicó sin pestañear una legislación antisemita, para entender que hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin convertirse en cómplice. Su actitud recuerda a una de las escenas más célebres de Vencedores y vencidos, la película sobre los juicios de Núremberg de Stanley Kramer. Burt Lancaster interpreta a un jurista de enorme prestigio que se dejó arrastrar por el nazismo (su personaje está seguramente inspirado por el filósofo Martin Heidegger). “Aquella pobre gente, aquellos millones de personas. Jamás supuse que llegaríamos a eso”, dice Lancaster. El juez, interpretado por Spencer Tracy, le responde: “Se llegó a eso la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre sabiendo que era inocente”.

Los resistentes son también aquellos que están dentro del sistema y dicen no, que son capaces de ver el mal desde dentro y enfrentarse a él. Son lo que Hans Magnus Enzensberger llamó en un artículo publicado en EL PAÍS en 1989 Los héroes de la retirada, un concepto que Javier Cercas retomó en su libro sobre el 23-F, Anatomía de un instante. “El lugar del héroe clásico han pasado a ocuparlo en las últimas décadas otros protagonistas, en mi opinión más importantes, héroes de un nuevo estilo que no representan el triunfo, la conquista, la victoria, sino la renuncia, la demolición, el desmontaje”, escribió el gran intelectual alemán. Hablaba de personas que luchan contra un régimen injusto desde dentro, a veces con las propias armas y mecanismos del Estado. Habla del húngaro János Kádár, del polaco Wojciech Jaruzelski y también del español Adolfo Suárez, “secretario general de Falange Española, que se convirtió tras la muerte de Franco en primer ministro y que en un golpe de mano exactamente planeado desmanteló el régimen, despojó de poder a su propio partido unificado y sacó adelante una Constitución democrática”.

El escritor y político Dionisio Ridruejo, en una imagen sin datar. Europa Press / CONTACTO

Antes de Suárez hubo otros conversos, quizás el más importante de todos ellos fue Dionisio Ridruejo, al que este periódico, durante sus primeros cinco años, le dedicó un editorial cada 28 de junio, aniversario de su muerte, textos escritos casi con total seguridad por Javier Pradera —sobre el que Jordi Gracia escribió la biografía Javier Pradera o el poder de la izquierda. Medio siglo de cultura democrática (Anagrama)—. “En la madurez de su vida, Dionisio Ridruejo no conservaba ni un solo rasgo de carácter ni una brizna de pensamiento de su pasado falangista”, rezaba el segundo de aquellos editoriales. “La superación de esa etapa la realizó por una doble vía: mediante la reflexión teórica, a través de artículos y trabajos, y a través de la lucha práctica contra un sistema del que se había apeado cuando ni se divisaba siquiera la posibilidad de su desaparición”, continuaba dando una de las claves de su conversión: no lo hizo por conveniencia, sino por convicción, y un momento en el que resultaba extraordinariamente peligroso.

El propio Pradera firmó el 1 de abril de 1956 un manifiesto, junto a otro de los héroes cívicos de la democracia en Europa, Jorge Semprún, en el que, en el día de la victoria en la Guerra Civil, sostenían: “Los universitarios madrileños nos dirigimos a nuestros compañeros de toda España y a la opinión pública. Y lo hacemos precisamente en esta fecha —nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos— porque es el día fundacional de un régimen que no ha sido capaz de integrarnos en una tradición auténtica, de proyectarnos a un porvenir común, de reconciliarnos con España y con nosotros mismos”.

Falangista de primera hora, responsable de propaganda en el bando franquista durante la Guerra Civil, fundador de la División Azul —las tropas que la España fascista envió a combatir a la URSS junto a los nazis a las que la revista de historia Desperta Ferro acaba de dedicar un excelente número monográfico—, su primer enfrentamiento con Franco se produjo a la vuelta del frente soviético. En Castillos de fuego (Seix Barral), una gran novela sobre la posguerra española, Ignacio Martínez de Pisón reconstruye el momento en el que Dionisio Ridruejo es detenido por primera vez, en julio de 1942, tras haber enviado una carta incendiaria sobre la podredumbre del régimen al mismísimo Franco. Lo hizo entonces desde el falangismo, aunque evolucionó, a lo largo de los años cincuenta, hacia posiciones democráticas. “Tendrá usted que acompañarnos, don Dionisio”, le dice el policía que encabeza el amplio despliegue movilizado en torno a su domicilio en el barrio de Salamanca para apresarle y llevarle a su destierro interior en la serranía de Ronda. En aquel momento, Ridruejo empezaba a cruzar el Rubicón de la dignidad.

Porque, a veces, se puede decir no y cambiar las cosas. Conviene recordar, tal vez ahora más que nunca, cuando las libertades están siendo asaltadas en numerosos lugares del mundo, los versos de Raimon en su canción Diguem no: “No, / yo digo no. / Digamos no. / Nosotros no somos de ese mundo”.