lunes, 11 de mayo de 2026

EL VIAJE DE LOS MALDITOS


El buque fantasma
La dramática aventura del ‘MV Hondius’ ha convertido una comunidad de gente adinerada en una amenaza migratoria: el crucero se ha llenado de pronto —digamos— de subsaharianos clandestinos, de esos que no queremos que lleguen a nuestros puertos.
Santiago Alba Rico, 11.05.2026

La dramática aventura del crucero MV Hondius tiene una vertiente sanitaria respecto de la cual los ciudadanos apenas podemos hacer otra cosa que informarnos y confiar en nuestras instituciones. Pero tiene otra antropológica y política que vale la pena analizar. Todo lo que en los últimos días hemos aprendido sobre esta nueva amenaza —la existencia de los hantavirus, el carácter excepcional de la variante Andes, su baja morbilidad y su alta mortalidad— ha activado en nosotros la memoria reciente de la pandemia del coronavirus y reeditado temores muy radicales de los que aún no nos hemos curado, pues están demasiado cerca y forman parte además, me atrevería a decir, de la condición humana.

El primer temor tiene que ver, en efecto, con la idea de la zoonosis; es decir, con la transmisión a los humanos de enfermedades propias de los animales. La larga convivencia neolítica con especies domésticas (porque nos servimos de ellas o porque nos parasitan) lleva siglos erosionando una frontera que para los humanos es fundamental conservar y que, bajo la presión del capitalismo y de la globalización, se ha vuelto más frágil que nunca. ¿Por qué nos asusta ese salto —del murciélago, de la gallina, del ratón— al cuerpo humano? Porque revela una continuidad interespecista que cuestiona nuestra exterioridad dominante: formamos parte inconsútil de la naturaleza, como puntita periférica de un gran arbusto bacteriano. No creo que un ser humano sea más especista que una ardilla o un escarabajo; más bien, al contrario, hay que recordar que somos los únicos animales que podemos ser también antiespecistas; que podemos considerarnos cúspide de la creación o de la evolución, sí, pero también reconocernos como una especie más, y no la menos dañina, en el seno de un gran telar biológico.

Ahora bien, forma parte inalienable de nuestra especie, y de nuestro particular especismo, la voluntad taxonómica. Quiero decir que nos distinguimos de los otros animales porque solo los humanos hacemos clasificaciones: reino, filo, clase, orden, familia, género, etc., según el conocido esquema de Linneo. Las hacemos para comprender el mundo circundante; pero las hacemos también para defendernos de él. Conocer, sí, es nuestra forma de defendernos del entorno; y el conocimiento, por tanto, está siempre lastrado por nuestros miedos y nuestros deseos, socialmente determinados. Una clasificación es un procedimiento mediante el cual ponemos fronteras —nombres— a las criaturas y que nos permite, al mismo tiempo, afirmar nuestra diferencia frente a un abanico de diferencias bien definidas. Pues bien, la idea de zoonosis nos desasosiega porque viene a destruir o disolver nuestras clasificaciones: el salto de la enfermedad entre especies amenaza la condición humana no tanto porque pueda matar nuestros cuerpos individuales sino porque revela de pronto inútiles todos nuestros esfuerzos por nombrar y mantener separadas las diferencias. La continuidad entre virus, ratones y seres humanos nos aterra, pero no porque demuestre el fracaso de nuestra ciencia y nuestra medicina sino porque debilita la singularidad de nuestra especie: la voluntad de establecer y defender límites mentales.

El otro temor es aún más poderoso. Es la idea del “intruso”. Ratones y ratas, lo sabemos, siempre han viajado como polizones en los largos viajes marítimos. Es verdad que en un crucero de lujo, perfectamente desinfectado, no hay intrusos animales. Pero uno de los pasajeros del MV Hondius, después fallecido, llevaba en su cuerpo un ratón metonímico (el virus de un roedor contraído quizás en Ushuaia), de manera que con él introdujo en el barco el monstruo que ahora puebla desde allí todas nuestras pesadillas. ¿A qué nos recuerda esto? A lo que sucedió en el Nostromo, la nave espacial de la mítica película de Ridley Scott Alien (1979), cuyo subtítulo acertadísimo nos produce una y otra vez un escalofrío: “el octavo pasajero”, ese que no debía estar ahí, la criatura de más que, por eso mismo, amenaza la supervivencia de los otros siete. Ese octavo pasajero es la otra fuente de terror del MV Hondius: el otro que, de pronto, está entre nosotros. En el caso del hantavirus y en razón de esa continuidad entre las especies que mencionábamos, ese otro no es extraterrestre sino intraterrestre.

Es este “intruso intraterrestre” el que ha volteado de manera siniestra un crucero de placer y lo ha hecho por tres vías simultáneas. En primer lugar ha convertido el océano infinito (el lugar terrestre más parecido al universo) en un recinto cerrado, claustrofóbico, del tamaño de un dedal: el barco entero es ahora él mismo un roedor, un diminuto cuerpo intruso que pretende entrar en nuestro territorio. En segundo lugar, ha convertido un espacio multinacional (en el que hay representantes de 23 nacionalidades) en una otredad homogénea y amenazadora: el virus los ha igualado a todos, incluidos los 14 españoles, al menos a los ojos de Fernando Clavijo, el presidente del Gobierno de Canarias. Por último, ha convertido una comunidad de gente adinerada (las tarifas del viaje oscilan entre los 8.000 y los 25.000 euros) en una amenaza migratoria: el MV Hondius se ha llenado de pronto ―digamos― de subsaharianos clandestinos, de esos que no queremos que lleguen a nuestros puertos.

Esto último, creo, es muy importante. En 1966, la antropóloga británica Mary Douglas escribió un libro aún fundamental, Pureza y peligro, en el que se ocupaba precisamente de la voluntad clasificatoria de las sociedades humanas: las liturgias, las reglas alimenticias, los tabús dejan siempre fuera ciertos objetos que, por eso mismo, se consideran sucios o impuros y que, por eso mismo, se experimentan como peligrosos. La idea de Douglas es que hay un reflejo especular entre el cuerpo y la sociedad, y que la prácticas corporales que protegen los límites de nuestro cuerpo —las higiénicas o profilácticas, por ejemplo— intentan proteger también los límites sociales. El intruso, según el cliché racista más común, es al mismo tiempo, y de manera indiscernible, sucio y amenazador. Fuera de nuestras clasificaciones, pasa a representar una amenaza biológica.

Quiero decir que los humanos solemos tender a biologizar el peligro o lo que percibimos como tal. Y que este es el verdadero peligro social. Por eso es bueno contar con instituciones sanitarias que nos recuerdan que un enfermo merece cuidados y compasión; y por eso es bueno contar con instituciones democráticas que nos recuerdan que los migrantes forman parte de nuestra especie y, por lo tanto, tienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, cualquiera que sea su origen o su color. Esas instituciones, no lo olvidemos, son antiguas decisiones nuestras que deben primar luego sobre nuestros temores o deseos coyunturales. Lo inquietante del insolidario e interesado discurso de Clavijo en Canarias contra la acogida del MV Hondius es que reproduce con fidelidad casi religiosa los argumentos de la derecha española y europea contra los inmigrantes. Al explotar políticamente el temor “ancestral” de los ciudadanos, aupado en medias verdades y alarmas populistas, Clavijo está tratando a los enfermos como intrusos intraterrestres, como aliens, como inmigrantes. ¿No debería servirnos esta crisis —y ese discurso— para revisar desde ahí la monstruosidad de las políticas migratorias europeas? Primero los españoles, primero los sanos, primero los arios. Así empezó todo hace 90 años. Quizás nos cueste trabajo imaginarnos a nosotros mismos “negros” o “pobres” o “trans”, pero seguro que nos resulta más fácil imaginarnos enfermos, al menos después de la pandemia de 2020. Tengo la esperanza de que los supervivientes de esta aventura aciaga se pongan luego en la piel de un africano que, a merced de las olas en una frágil patera, son rechazados en todos los puertos de Europa.

El ser humano es el único animal que hace clasificaciones; y el único que se rebela contra ellas. No hay intrusos, ni extraterrestres ni intraterrestres, en la nave común.

ANÓNIMO

DE VERGÜENZA AJENA (V)

 

El misterio de los ratones nadadores que estuvo a punto de bloquear una operación internacional de la OMS
Fernando Clavijo apeló a la respuesta de la inteligencia artificial de un buscador y Mónica García le envió un informe técnico que descarta que haya roedores en el barco y mucho menos capaces de nadar desde el crucero hasta la isla.
Carlos E. Cué, 10.05.2026

La crisis del hantavirus está dejando en el camino escenas casi hilarantes, si no fuera porque llegan a poner en riesgo una operación internacional que implica a 23 países y que dirige la OMS, cuyo director, Tedros Adhanom, se ha trasladado a Canarias para seguirla in situ. Desde el primer minuto, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ha buscado todo tipo de excusas para intentar que el barco no llegara a las islas.

Clavijo se iba quedando sin argumentos, sobre todo después de que el Gobierno decidiera que el barco no atracaría en Canarias, solo fondearía, algo que impediría que los supuestos ratones contagiadores de los que lleva días hablando el presidente pudieran acceder a la costa por las maromas del barco. Pero a medianoche, Clavijo encontró uno nuevo que dejó totalmente descolocados a los técnicos del Ministerio de Sanidad y de la OMS, según fuentes del Ejecutivo: la hipótesis de los ratones nadadores, que podrían saltar del barco, llegar a tierra y extender el virus por la isla de Tenerife.


—Pero vamos a ver, presidente, si el virus se moviera así, por ratas que saltan de los barcos, Canarias ya estaría infectada hace años con todo tipo de virus. No se mueven las ratas, se mueven las personas infectadas. Lo mismo pasa con el dengue: no viajan los mosquitos, viajan los enfermos. Si no fuera así, en un sitio turístico como Canarias, con centenares de cruceros cada año, habría todo tipo de enfermedades de otros continentes.

El informe tardó varias horas en elaborarse. La ministra se lo envió a Clavijo casi a las 23.00, con el nombre “informe_roedore” [sic]. El texto explica con claridad por qué ninguno de los técnicos sobre el terreno se está planteando esta posibilidad. No es que los ratones hayan entrado en el barco, un crucero con todos los sistemas de prevención de plagas, no un carguero descontrolado, explican los técnicos. La hipótesis principal es que un hombre holandés −aficionado al avistamiento de aves, y que había recorrido con su esposa durante cuatro meses Chile y Argentina antes del crucero−, se contagió en algún punto de su viaje antes de embarcar ambos en el MV Hondius en la costa de Ushuaia (Argentina). Fueron ellos, según esta hipótesis, los que previsiblemente llevaron el virus al barco.

El informe, con sello oficial del Ministerio de Sanidad, es claro (aunque no cite sus fuentes): los animales que contagian el hantavirus no suben a ningún barco, viven en los bosques, no saben nadar, no se acercan a los puertos. “El reservorio natural del virus hantavirus Andes (ANDV), el roedor Oligoryzomys longicaudatus, ratón colilargo patagónico, vive principalmente en Chile y el sur de Argentina, en zonas boscosas, no portuarias, y no está presente en Europa, por lo tanto, no es posible su introducción en las poblaciones de roedores de Europa ni una posible transmisión de roedores a humanos”, sentencia.

Pero es que hay más: el barco fue inspeccionado y no hay ningún rastro de roedores. “El Colilargo Patagónico se encuentra principalmente en los bosques andinos y zonas cercanas a la estepa, no vive en zonas portuarias o cercanas a la costa, por lo que no es esperable que este roedor pudiera colonizar nuestro territorio si es que hubiera una remota posibilidad de su presencia en el crucero. Según la información de las inspecciones de los expertos que han subido al barco, las condiciones higiénicas y medioambientales son adecuadas y no han detectado roedores, por lo que no se considera esperable la transmisión por exposición a roedores a bordo del crucero”.

Ahí el texto detalla la explicación más lógica para el contagio. “La hipótesis actual que explica la dinámica de la transmisión de la enfermedad es que varios pasajeros estuvieron expuestos al virus ANDV mientras pasaban un tiempo en Argentina antes de embarcar, donde el ANDV es endémico, y que posteriormente pudieron haber transmitido el virus a otros pasajeros a bordo del crucero. No se han detectado nuevos casos desde que se han establecido las medidas necesarias para el control de la infección y evitar la transmisión por vía aérea. Si es que hubiera roedores en el barco, seguirían detectándose nuevos casos. El crucero MV Hondius dispone de la Declaración Marítima de Sanidad que garantiza las adecuadas condiciones sanitarias del barco, que incluyen la no existencia de algún tipo de roedor. Además, se trata de un crucero nuevo, moderno, con instalaciones adecuadas que evitan la aparición de posibles nichos que favorezcan el acúmulo de roedores y que se creen espacios a los que pudieran acceder roedores”.

Por si había dudas, el informe asegura que no saben nadar, no son del tipo que Clavijo le envió a la ministra tras su consulta rápida a la inteligencia artificial. “Este roedor es de hábitos nocturnos. Trepa a los árboles, desplazándose por matorrales y árboles de poca altura, vive en entornos rurales, como bosques, campos y granjas. No es un roedor con capacidad para desplazarse nadando desde el lugar en el que se ubique el barco y la costa. Hay más de 500 cruceros al año procedentes de Argentina y Chile, donde habita el reservorio natural del virus, sin embargo, nunca se ha producido un brote por esta enfermedad en el territorio europeo, por lo que la posibilidad de que esto ocurriera relacionado con este crucero es remota”, remata el texto.

A pesar de este informe, Clavijo mantuvo su posición. Incluso habló en distintos medios después de tenerlo, diciendo que no lo conocía: “No vamos a ser cómplices de algo que pone en peligro la seguridad sanitaria de nuestra tierra”. Fue entonces cuando el Gobierno decidió que el presidente de Canarias no iba a ceder. La interpretación de La Moncloa es que Clavijo está pensando en utilizar políticamente esta crisis para ofrecerse como el único que intentó impedir la llegada del barco. Con el argumento de las ratas que nadie ha detectado, Clavijo insistió en que no autorizaría la llegada del barco. Y el Ejecutivo decidió entonces imponerlo a la fuerza con una orden ministerial. Desde entonces, la comunicación se ha roto, al menos al máximo nivel, porque la operación pasa a estar dirigida completamente por la administración central con supervisión de la OMS. El Ejecutivo confía en poder finalizarla el lunes por la tarde, y cree que lo más probable es que no haya ya más contagiados porque se han establecido todas las medidas para impedirlo. Y está absolutamente seguro de que en ningún momento aparecerá ningún ratón llegado desde Argentina nadando en aguas canarias.

Clavijo critica que el Gobierno le ha querido “ridiculizar” y llevar “a la anécdota y el meme”
El Gobierno de Canarias decidirá este lunes si recurre a la justicia la decisión de la Marina Mercante de permitir el fondeo del buque, tras analizar si se han invadido competencias.
Guillermo Vega, 11.05.2026

El viernes por la noche, el presidente canario, Fernando Clavijo, recalcaba en una entrevista con este periódico que no había habido un “choque político” con La Moncloa, sino “de gestión” en torno al operativo de la llegada del crucero antártico MV Hondius. El encontronazo es más que patente este lunes. El líder nacionalista ha querido reafirmarse ante los micrófonos de la Cadena SER en Tenerife en el peligro que había de que algún ratón procedente del barco pudiese saltar a tierra, basándose en el propio informe de Sanidad, y ha criticado que el Ejecutivo central lo haya querido “ridiculizar y llevar a la anécdota y el meme”.

A última hora del sábado, a apenas unas horas antes de la llegada del buque, el presidente de Canarias envió a la ministra de Sanidad, Mónica García, un pantallazo de una búsqueda rápida con inteligencia artificial. En él, subrayada, una frase: “Las ratas son excelentes nadadoras”. El argumento de Clavijo era que no podía autorizar el fondeo del Hondius porque existía el riesgo de que, en caso de que hubiera roedores portadores del hantavirus en el barco, podrían saltar al mar, nadar hasta la costa y contagiar a los canarios. Los técnicos del ministerio respondieron con un informe que señala que el reservorio natural del virus de los Andes, la variedad presente en el MV Hondius, no son las ratas, sino el ratón colilargo patagónico, que no nada. Pero Clavijo anunció que no autorizaría el fondeo. A la 1.12, la directora general de la Marina Mercante firmó una resolución administrativa invocando el artículo 299 de la Ley de Puertos, que anuló el veto de Clavijo e impuso la entrada del barco. El Hondius entró en Granadilla seis horas después y la operación siguió su curso.

Este lunes, con el operativo de evacuación casi concluido —quedan dos contingentes por evacuar: un vuelo a Australia en el que irán seis personas y otro a Países Bajos con 18 pasajeros—, el presidente autonómico ha lamentado que el Estado haya hecho pública esa conversación privada con la ministra, la cual ha generado miles de memes en las redes sociales. “En la propia circular del Ministerio del Interior reconocen que el hantavirus se transmite por la saliva, orina o heces de roedores. Dice que no es esperable que este roedor pudiera colonizar nuestro territorio, pero no lo descarta”, argumenta Clavijo.

El Gobierno de Canarias decidirá este lunes, en su reunión semanal, si recurre a la justicia la decisión de la Marina Mercante de permitir el fondeo del buque, tras analizar si se han invadido competencias. Ahí se sitúa ahora el principal foco del conflicto político, aunque el presidente tampoco entiende por qué no se hicieron tests PCR a todos los pasajeros que bajaron del barco: “Entendíamos que, por la seguridad del operativo y la seguridad de Canarias, el test de antígenos se tenía que haber hecho antes”.

Clavijo ha avanzado que el Gobierno de Canarias no rompe “nunca” relaciones con las instituciones —en este caso con el Gobierno de España—, a pesar de la tensión del momento, por el “interés general del ciudadano”. No obstante, no se atreve aún a tomar una decisión sobre el futuro apoyo de Coalición Canaria a Pedro Sánchez en el Congreso: “No es el momento de decidir esto en medio de una emergencia. Lo decidirá el partido con posterioridad porque no queremos generar ruido”.

Por su parte, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, ha lamentado en una entrevista en RNE el “choque institucional” por la gestión de la crisis y, sin nombrar al presidente canario, ha advertido que las afirmaciones de los políticos deben estar basadas “siempre” en “cuestiones científicas” para evitar la alarma de la población. Así, ha afirmado que no responderá a las “teorías” de Clavijo hasta que concluya el operativo del MV Hondius.

Tampoco quiso entrar en el choque directo la ministra de Sanidad, Mónica García, en las sucesivas comparecencias públicas que ofreció a pie de muelle del Puerto de Granadilla. “Las polémicas están alejadas de los buenos criterios de la preservación de la salud pública. Cualquier desinformación, cualquier polémica, cualquier alarmismo es contrario a las medidas básicas de salud pública”. García apuntó, además, que el Gobierno de Canarias había sido invitado al operativo, pero “no ha venido”, pese a que “hoy era el día de trabajar”.

DE VERGÜENZA AJENA (IV)




El populismo perjudica la salud
La cooperación entre la OMS y las autoridades españolas se ha visto empañada por la una oposición miope o malintencionada.
EL PAÍS, 11.05.2026
https://elpais.com/opinion/2026-05-11/el-populismo-perjudica-la-salud.html

Lo mejor que se puede decir de la operación de desembarco en Tenerife de los pasajeros del MV Hondius, el barco que ha sufrido un brote de hantavirus, es que está procediendo con normalidad. La clave ha sido, y sigue siendo, la cooperación de las autoridades españolas con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los mecanismos europeos de protección civil, dos instituciones internacionales que utilizan la mejor ciencia disponible como guía para resolver las amenazas que plantean los virus emergentes en nuestra sociedad globalizada. Resulta lamentable que el procedimiento se haya visto empañado, y casi entorpecido, por una oposición política miope o malintencionada, con mención especial al presidente canario, Fernando Clavijo.

Debido a la posición del MV Hondius en aguas de África occidental, y a la disponibilidad de un sistema sanitario avanzado en España, la OMS decidió que el barco se dirigiera a las Canarias para evacuar y monitorizar a los pasajeros, y después redirigirlos a sus países de origen para las cuarentenas necesarias. El presidente Clavijo hizo todo lo posible para evitarlo, aduciendo una variedad de excusas peregrinas, irracionales y populistas sobre una supuesta protección de la población isleña. Este comportamiento alcanzó cotas inéditas en la madrugada del domingo, a solo cuatro horas de la llegada del barco, cuando el presidente canario rehusó autorizar que fondeara junto a un puerto tinerfeño, con el argumento de que los ratones infectados podían saltar del barco y nadar hasta la costa, propagando el virus por todo Tenerife.

Estas objeciones son, en primer lugar, irracionales. Ni los tripulantes ni los pasajeros ni los inspectores de la OMS han visto ningún ratón en el MV Hondius. El contagio se produjo con toda probabilidad en el sur de Argentina, donde el hantavirus de la cepa Andes es endémico, y donde el primer pasajero que se infectó estuvo paseando durante largas horas de observación ornitológica. Los ratones portadores, además, son de campo y no saben nadar. En segundo lugar, los remilgos de Clavijo resultan desproporcionados. El principio de precaución no sirve de nada si se lleva a esos extremos, porque la seguridad absoluta no existe. Y en tercer lugar, el presidente canario, a quien lo único que parece preocuparle del barco es que se aleje de él todo lo posible, incurre en un egoísmo provinciano que raya en la inhumanidad.

Las medidas establecidas por la OMS y adoptadas por el Gobierno español han sido correctas. Entre los virus potencialmente peligrosos, el hantavirus no es lo peor que podría haber pasado. Su huésped natural son los ratones, y sus saltos a las personas son infrecuentes. La cepa Andes que ha causado el brote del MV Hondius es algo más preocupante, porque ha mostrado cierta capacidad de trasmisión entre humanos. El factor que ha sembrado más alarma es seguramente su alta mortalidad, cercana al 40%, y por tanto similar a la del virus ébola. Pero ningún científico espera que los hantavirus puedan causar una pandemia, ni una epidemia. Los virus que centran su atención siguen siendo los respiratorios, como los de la gripe y la covid. En todo caso, el brote actual servirá para obtener datos duros sobre la propagación y la patogenicidad del hantavirus.

Y también habrá alguna lección que extraer. Que las políticas de salud pública se rijan por criterios científicos sigue sin estar garantizado. En esta ocasión todo ha ido bien, pero es obvio que la razón tiene enemigos tozudos. Como demuestra el bajo nivel del debate político alrededor del hantavirus, uno de los peores es el populismo.

El modo canario de hacer un ridículo universal
En su intento por capitalizar políticamente el caso del barco del hantavirus, Fernando Clavijo ha entrado en la historia del terraplanismo sin importarle lo más mínimo alarmar a la población y dejar por los suelos el prestigio de Canarias como destino turístico.
Carlos Sosa, 11.05.2026

Canarias acaba de desaprovechar una oportunidad histórica para colocarse en el mapa de la modernidad, de la europeidad, de la vanguardia. De salir del aldeanismo en el que muchas de las autoridades que nos han gobernado y todavía nos gobiernan se empeñan en meternos y en dejarnos para que creamos que ellas mismas serán las que un día nos saquen. Les conviene que nos sintamos un pueblo inferior, sometido, doblegado por el yugo de la metrópoli, un pueblo incapaz de valerse por sí mismo y dar ejemplo al resto del planeta.

Es lo que ha ocurrido con la desgraciada gestión política del Gobierno regional con la crisis del hantavirus y el traslado del barco donde se detectó este brote hasta la isla de Tenerife. Es "el modo canario de hacer política", del que presume Fernando Clavijo y su tropa de desquiciados...

El día en que Canarias (sin Clavijo) fue el centro del mundo por el hantavirus: “Estoy orgullosa de mi país”
Ni rastro del Gobierno regional en el dispositivo del Puerto de Granadilla (Tenerife) encargado de desembarcar a gran parte de los pasajeros del buque Hondius. Miembros del Ejecutivo autonómico continuaron cargando contra la operativa. En la calle, mientras, se respiraba otra cosa.
Toni Ferrera, 10.05.2026

Lejos de los chalecos reflectantes de los periodistas, las guaguas de la UME, las astas de los molinos de viento, el personal sanitario e incluso el barco más famoso del mundo estos días, el ‘MV Hondius’, la playa de El Médano (sureste de Tenerife) está repleta de gente como una tarde cualquiera de un fin de semana cualquiera.
Allí se encuentran Jennifer Sáez, de 38 años, y Virginia Gómez, de 36. Ambas permanecen sentadas en uno de los paseos de la playa. Parecen tranquilas, relajadas. Aunque la imagen transmite calma (son las 15:00, y el sol pica salvo cuando se cuela una ligera brisa), saben lo que ha pasado a doce kilómetros de allí, en el Puerto de Granadilla.

Decenas de pasajeros a bordo de un buque en el que se desató un brote de hantavirus, que se ha cobrado la vida de tres personas, han desembarcado por grupos en pequeñas barcazas hasta ser repatriados a sus países de origen. Los españoles, un total de catorce, han volado a Madrid, donde cumplen ya cuarentena en el Hospital Gómez Ulla. También han regresado a sus naciones cinco integrantes de Francia, cuatro de Canadá, 26 a Países Bajos, 22 a Reino Unido, dos a Irlanda, tres a Turquía y 17 a Estados Unidos. Faltan por ser evacuados los ocupantes de Australia y un segundo vuelo de Países Bajos, que lo harán mañana.

El operativo, “inédito”, ha salido según lo planeado, ha dicho la ministra de Sanidad, Mónica García, en una rueda de prensa desde el muelle. Junto a ella se encontraban el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom. No estaba el presidente de Canarias, Fernando Clavijo (CC), ni ningún otro miembro de su gobierno, que intentaron boicotear el dispositivo hasta el último minuto.

Pero cualquier canario debería sentirse orgulloso de lo que ha pasado este domingo, opina Sáez. Nunca se había hecho algo así. Y Tenerife fue elegida por su “infraestructura consolidada para la gestión de patógenos de alto riesgo”, justificó la OMS.


“La OMS dijo que el país más cercano y con más recursos para atender el buque era España. Tenemos que estar orgullosos de que nos hayan elegido, ¿no? Canarias es un pueblo increíble. Es un pueblo solidario. Si me ocurriese a mí lo que les ha pasado a los pasajeros, me gustaría que me salvaran la vida. Y que eso se esté haciendo en esta tierra me parece increíble”, continúa Sáez.


No es la única. Rita, de 55 años, camina por una de las calles más residenciales de El Médano algo apurada porque su hijo acaba de tener un bebé y quiere ayudarle. La vida sigue a pesar de lo que ocurre en la otra punta del municipio. Dice que siente una especial empatía por los pasajeros del Hondius porque recuerda que lo pasó “fatal” y “horrible” cuando se contagió de COVID. Y señala que, si ella se encontrara en esa situación, le habría gustado recibir la misma asistencia.

“Estoy orgullosa de que se ayude a esa gente. He viajado también en un crucero y sé lo agobiante que puede ser estar ahí”, confiesa. “Pero he visto tantas cosas en la tele… Que me dan vergüenza”.

El ministro Torres también dijo que “hay que agradecer a este pueblo solidario”, Canarias, la recepción del barco. E incluso el papa León XIV resaltó la “acogida que caracteriza” al Archipiélago. “A nivel internacional, estamos como recibiendo una medalla”, resume Olga Velázquez, de 68 años. “Pero ha sido por una cuestión humanitaria”, le responde su hermana, Pilar, de 77.


Clavijo y su gobierno, sin embargo, han seguido a lo suyo. Ninguno de ellos hizo acto de presencia a lo largo de la jornada en el Puerto de Granadilla. Fuentes del Ejecutivo han explicado a Canarias Ahora que el único personal activo ha sido el del Servicio Canario de Salud (SCS) en el hospital de campaña instalado allí por si fuera necesaria su intervención ante cualquier imprevisto.

La presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, ha publicado en la red social X (antes Twitter) que cree que el Gobierno regional ha actuado “con responsabilidad y defendiendo siempre la seguridad y la protección de nuestra población, además de la solidaridad con las personas que venían en el barco”. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha rechazado el “ruido” político hasta que finalice la actuación, pero ha advertido que ya habrá tiempo para analizar lo ocurrido en el futuro.

“Creo que hoy es un día para hablar de orgullo de país, del orgullo también de la población canaria, que es una población solidaria y que está comprometida con la salud global. Vamos a seguir trabajando hasta que termine todo el operativo y hasta que pongamos a todo el mundo a salvo. Las polémicas están alejadas de los buenos criterios de la preservación de la salud pública”, agregó García.


Clavijo se perdió lo difícil que es acceder a este muelle de madrugada y sin apenas señalética; se perdió el amanecer al ritmo del sonido del helicóptero que sobrevolaba la zona; se perdió observar in situ la ubicación exacta del navío y cómo pequeños barcos de Salvamento y de la Guardia Civil lo custodiaban; se perdió los murmullos en inglés, alemán o japonés de un grupo enorme de periodistas (casi 200) de todo el mundo descrito por un policía local como “una reunión de pingüinos”; se perdió el crujido constante que hacía el carguero Pacific Prospect, atracado en el puerto; y se perdió también cómo los pasajeros del Hondius, igual de curiosos que los fotógrafos que les grababan, respondían usando sus cámaras para inmortalizar el momento.


Estaba invitado. Mónica García ha confirmado que así se lo hizo saber al Gobierno de Canarias, “que no ha venido al operativo” pese a que “hoy era el día de trabajar”. “Más allá de todas las dificultades que hemos tenido”, ha continuado la ministra, “podemos estar orgullosos del éxito de la operación”. No fue, eso sí, por Clavijo.


domingo, 10 de mayo de 2026

NO A LAS CORRIDAS DE TORO (n)

Un toro abatido en una corrida por San Fermín en 2018. Aitor Garmendia (FOTO DESENFOCADA ADREDE)

Alegato antitaurino
Cuando parecía que la fiesta nacional iba a doblar sobre las cuatro patas, la derecha más castiza ha salido en su rescate.
Manuel Vicent, 10.05.2026
https://elpais.com/opinion/2026-05-10/alegato-antitaurino.html

De la misma forma que Sísifo fue condenado a subir una pesada roca a la cima de un monte y ver cómo una y otra vez se desmoronaba, así me veo obligado a levantar la columna antitaurina de cada año por san Isidro para ver qué pasa. Hay gente de izquierdas a la que le gustan los toros; hay gente de derechas que odia las corridas. Pese a que este espectáculo sangriento siempre ha movido pasiones a favor y en contra, nunca había tenido hasta ahora un carácter ideológico. Desde un tiempo inmemorial camino de la plaza se juntaban el señorito y el jornalero, el obrero y el menestral; por propia naturaleza unos ocupaban los tendidos de sol con la bota de vino y otros los de sombra con un puro en la boca. Ricos o pobres ninguno ponía en cuestión la masacre que sucedía en el ruedo en medio del jolgorio. La fiesta taurina está herida de muerte como esos morlacos que llevan media estocada en lo alto y envueltos en sangre, vómitos y heces reculan en tablas y tardan en doblar porque el matador no acierta con el descabello. Esos minutos sucios y crueles al aficionado se le hacen interminables porque lo enfrentan a la abominable crueldad de la fiesta. Pues bien, cuando parecía que la fiesta nacional iba a doblar sobre las cuatro patas, la derecha más castiza ha salido en su rescate para convertirla en santo y seña de su ideología, en un alarde de definición política. Si eres de derechas y piensas que esta fiesta es cutre, rancia y cruel guárdalo como un secreto por lo que pudiera pasar. Los ultras han entronizado al toro como escudo en la enseña nacional, aunque, pese a su casta y trapío, el toro es un perdedor. Su bravura es proporcional al miedo que siente a que el torero vestido de sota de espadas entre en su terreno. Si eres un político de derechas y no te gustan los toros, cállate, si quieres medrar; y al contrario, si durante la Feria de San Isidro asomas la jeta por un burladero y apoyas el codo en la maroma podrías llegar a ministro el día de mañana.

TODOS MENOS UNO


La valentía de decir no: cultura y periodismo para resistir al autoritarismo
En tiempos de oscuridad para la democracia en muchos lugares del mundo, periódicos e intelectuales siguen siendo ejemplos de dignidad cívica para preservar las libertades.
Guillermo Altares, 09.05.2026

A veces, la resistencia consiste simplemente en cruzar los brazos. El 13 de junio de 1936, hace ahora 90 años, Hitler visitó el astillero Blohm und Voss de Hamburgo. El dictador todavía no había alcanzado el zenit de su poder y la intensidad de la represión había bajado un poco porque se aproximaban los Juegos Olímpicos de Berlín —uno de los momentos más vergonzosos de Occidente, cuando las democracias del mundo le bailaron el agua a un régimen racista y antisemita, que ya había aprobado las leyes de Núremberg, el primer paso hacia el Holocausto—. Sin embargo, muchas costumbres habían cambiado en Alemania: ya no se decía buenos días, sino Heil, Hitler, algo así como “larga vida a Hitler”. No hacerlo era sospechoso y, sobre todo, muy peligroso, como lo era no celebrar el cumpleaños del tirano, no tener un retrato suyo bien visible en casa o mantener a judíos como amigos. Estos mínimos gestos podían convertir a alguien en sospechoso y acabar en alguno de los seis campos de concentración que las SS mantenían en Alemania: Dachau, Sachsenburg, Lichtenburg, Columbia-Haus, Esterwegen y Sachsenhausen.


Sin embargo, un hombre decidió decir que no y su imagen se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia civil ante una dictadura. En aquella visita del Führer al astillero, todos los trabajadores hicieron el saludo nazi, menos uno, que permanece llamativamente con los brazos cruzados: era August Landmesser. Y pagó un precio muy alto por mostrar su oposición a un régimen que se estaba colando en todos los resquicios de la vida cotidiana, que había creado ya un sistema de delación y sospecha, simplemente, por intentar “vivir fuera del rebaño”, como cantó Georges Brassens en La mala reputación. Su hija, Irene Eckler, que había sido adoptada, dio a conocer la historia y la foto en 1991. Este obrero alemán, que tenía 26 años en el momento de la imagen, se había casado con una mujer judía, Irma Eckler, asesinada por los nazis en un campo de exterminio. Él fue recluido en un campo de concentración, al que sobrevivió, para ser reclutado a la fuerza y enviado al frente. Murió en combate en Croacia en 1944.

La resistencia también consiste en imprimir un periódico. Como han explicado sus protagonistas y recuerda Javier Cercas en el libro que acaba de publicar con motivo del cincuentenario de EL PAÍS, El periódico de la democracia (Random House), la decisión de sacar una edición especial cuando todavía la suerte del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 no estaba echada cambió el destino del diario y, tal vez, de la asonada militar. Consolidó su prestigio internacional y transmitió a los ciudadanos la idea de que estaba dispuesto a jugársela para defender las libertades. El teniente coronel Tejero, que había entrado a tiros en el Congreso, todavía mantenía como rehenes a los diputados y al Gobierno, los tanques de Milans del Bosch estaban en las calles de Valencia y un espeso manto de fascismo amenazaba a la joven democracia española, mientras la Embajada de Estados Unidos calificaba todo aquello de “asunto interno”.

El director del diario, Juan Luis Cebrián, recuerda así el momento en el que se tomó en su despacho la decisión de salir a la calle en una reunión improvisada en la que estaban desde el editor, Jesús de Polanco, hasta muchos periodistas que habían acudido aquel lunes por la tarde a la Redacción. “Comprendimos que la única actitud posible que podíamos adoptar era la de comportarnos como periodistas: tratar de sacar cuanto antes —y sobre todo antes de que llegaran los soldados, si es que iban a ocuparnos— una edición. Absolutamente todo el mundo apoyó la decisión”.

El director de 'The Washington Post', Benjamin C. Bradlee, y la editora Katharine Graham leen los informes del Tribunal Supremo de EE UU donde se permitía al diario publicar historias basadas en el estudio secreto del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam, el 30 de junio de 1971. Charles Del Vecchio (The The Washington Post / Getty Images)

Ben Bradlee, el mítico director del caso Watergate y uno de los grandes periodistas del siglo XX, pronunció unas palabras similares cuando su periódico, The Washington Post, decidió publicar los Papeles del Pentágono —que revelaban todos los secretos del desastre de la guerra de Vietnam que había tratado de esconder la Administración de Nixon—. Sabían que les iban a demandar, porque The New York Times lo había sido por difundir los mismos documentos. Así lo explica Bradlee en sus memorias, La vida de un periodista: “No publicar la información cuando la teníamos era como no salvar a un hombre que se estuviera ahogando o como no decir la verdad. No publicarla sin luchar constituiría una renuncia que marcaría al Post para siempre, catalogándolo de herramienta al servicio de la Administración que estuviera en el poder”.

Aquel número titulado EL PAÍS, con la Constitución se convirtió en un emblema de la resistencia civil ante el golpe. Cercas recuerda que le impresionó especialmente un fragmento del primer editorial —luego se fueron publicando diferentes versiones según iban saliendo ediciones— en el que quedaba claro que, entonces, cuando se tomó aquella decisión en un despacho atiborrado, el futuro de las libertades estaba en el aire. No hay que olvidar que muchos de los allí reunidos tenían en mente los golpes que habían triunfado en los setenta en Chile y Argentina y la crueldad de la represión despiadada que desataron las juntas militares. “Ocurra lo que ocurra en las próximas horas o en los próximos días, suceda lo que suceda…”, decía aquel texto.

Así describen aquel momento María Cruz Seoane y Susana Sueiro, en su excelente libro Una historia de EL PAÍS y del Grupo Prisa (Plaza & Janés, desgraciadamente casi imposible de encontrar, incluso de segunda mano): “La valentía de EL PAÍS en aquella jornada histórica, saliendo a la calle en un tiempo mínimo con la intención de contribuir a abortar el golpe, cuando todavía parecía que podía triunfar, queda como la página más brillante de su historia y su actitud supuso su decidida consagración como el diario emblemático de la democracia para el público y un motivo de orgullo y por lo tanto de cohesión interna en el seno de la Redacción; un momento, en fin, estelar en la vida de un periódico”.

Retrato coloreado de Marc Bloch, en 1914. SPCOLLECTION / Alamy / CORDON PRESS

Otras veces, la resistencia significa renunciar a su vida y, al final, perderla. El próximo 23 de junio, el féretro del historiador Marc Bloch va a entrar en el Panteón, el mayor honor póstumo que Francia concede a la memoria de un ciudadano. Bloch revolucionó la forma de mirar al pasado a través de la revista Annales, que codirigió con Lucien Febvre, y escribió libros que los historiadores siguen considerando fundamentales para entender la Edad Media, como La sociedad feudal o Los reyes taumaturgos. Sirvió en la Primera Guerra Mundial —sobre la que escribió el lúcido ensayo Réflexions d’un historien sur les fausses nouvelles, en el que se pregunta cómo fue posible que toda una generación acabase en el matadero de las trincheras a base de mentiras— y en la Segunda.

Bloch era judío y, cuando Vichy aprobó en 1940 las primeras leyes antisemitas, fue expulsado de su cátedra. Logró un permiso especial para seguir enseñando gracias a una figura que resume los abismos morales que, en tiempos de crisis y ocupación, separan el bien y el mal a través de una interminable gama de grises. Se trata de Jérôme Carcopino, como recuerda Stéphane Nivet en un pequeño libro que reconstruye la entrada de Bloch en la resistencia, su detención, tortura y asesinato en 1944, L’assassinat de Marc Bloch, un historien dans la Résistance (Éditions Midi-Pyrénéennes). Carcopino es autor de un estudio sobre la Antigüedad que sigue siendo un clásico, La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. Pero fue también secretario de Estado de Educación bajo Vichy, hasta que renunció en 1942. No dudó en aplicar las leyes antisemitas, primero como rector y luego como ministro: su actitud hacia Bloch fue una excepción, debido a que había sido alumno de su padre. Stéphanie Corcy-Debray, autora del ensayo Jérôme Carcopino, un historien à Vichy, reflexiona así sobre la elección que hizo aquel erudito: “Al aferrarse a la defensa de la soberanía del Estado, y no de la nación, se extravió en el turbio espacio de la colaboración”. En otras palabras, eligió la injusticia de un Estado antisemita y criminal frente a los principios democráticos, que deberían haber estado por encima de ese mismo Estado.

En 1941, con las segundas leyes antisemitas de Vichy, fue definitivamente expulsado de la cátedra y supo que, tarde o temprano, sería deportado y asesinado. Entonces se pasó a la clandestinidad y se convirtió en uno de los jefes de la resistencia en Lyon. Fue arrestado por la Gestapo con ayuda de la Milicia de Vichy el 8 de marzo de 1944 —previa denuncia de dos colaboradores franceses de los nazis—, torturado y fusilado el 16 de junio.

Elecciones Legislativas del 15 de junio de 1977, las primeras democráticas en España desde 1936. Noche electoral informativa en diario EL PAÍS, con la asistencia de numerosos políticos de diferentes partidos. En la foto, de frente y de izquierda a derecha: Fernando Claudín; Felipe González; Javier Pradera; Ramón Tamames y Jorge Semprún. EL PAÍS

En su magnífico ensayo Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets), Géraldine Schwarz reflexiona sobre los Mitläufer, las personas que siguen la corriente durante una dictadura: no son partidarios convencidos, pero conviven con lo intolerable. “Sin la participación de los Mitläufer, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud”, escribe. Resulta especialmente doloroso mirar a Carcopino en el espejo de Bloch, contemplar la incapacidad del sabio latinista, que no era un nazi pero que aplicó sin pestañear una legislación antisemita, para entender que hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin convertirse en cómplice. Su actitud recuerda a una de las escenas más célebres de Vencedores y vencidos, la película sobre los juicios de Núremberg de Stanley Kramer. Burt Lancaster interpreta a un jurista de enorme prestigio que se dejó arrastrar por el nazismo (su personaje está seguramente inspirado por el filósofo Martin Heidegger). “Aquella pobre gente, aquellos millones de personas. Jamás supuse que llegaríamos a eso”, dice Lancaster. El juez, interpretado por Spencer Tracy, le responde: “Se llegó a eso la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre sabiendo que era inocente”.

Los resistentes son también aquellos que están dentro del sistema y dicen no, que son capaces de ver el mal desde dentro y enfrentarse a él. Son lo que Hans Magnus Enzensberger llamó en un artículo publicado en EL PAÍS en 1989 Los héroes de la retirada, un concepto que Javier Cercas retomó en su libro sobre el 23-F, Anatomía de un instante. “El lugar del héroe clásico han pasado a ocuparlo en las últimas décadas otros protagonistas, en mi opinión más importantes, héroes de un nuevo estilo que no representan el triunfo, la conquista, la victoria, sino la renuncia, la demolición, el desmontaje”, escribió el gran intelectual alemán. Hablaba de personas que luchan contra un régimen injusto desde dentro, a veces con las propias armas y mecanismos del Estado. Habla del húngaro János Kádár, del polaco Wojciech Jaruzelski y también del español Adolfo Suárez, “secretario general de Falange Española, que se convirtió tras la muerte de Franco en primer ministro y que en un golpe de mano exactamente planeado desmanteló el régimen, despojó de poder a su propio partido unificado y sacó adelante una Constitución democrática”.

El escritor y político Dionisio Ridruejo, en una imagen sin datar. Europa Press / CONTACTO

Antes de Suárez hubo otros conversos, quizás el más importante de todos ellos fue Dionisio Ridruejo, al que este periódico, durante sus primeros cinco años, le dedicó un editorial cada 28 de junio, aniversario de su muerte, textos escritos casi con total seguridad por Javier Pradera —sobre el que Jordi Gracia escribió la biografía Javier Pradera o el poder de la izquierda. Medio siglo de cultura democrática (Anagrama)—. “En la madurez de su vida, Dionisio Ridruejo no conservaba ni un solo rasgo de carácter ni una brizna de pensamiento de su pasado falangista”, rezaba el segundo de aquellos editoriales. “La superación de esa etapa la realizó por una doble vía: mediante la reflexión teórica, a través de artículos y trabajos, y a través de la lucha práctica contra un sistema del que se había apeado cuando ni se divisaba siquiera la posibilidad de su desaparición”, continuaba dando una de las claves de su conversión: no lo hizo por conveniencia, sino por convicción, y un momento en el que resultaba extraordinariamente peligroso.

El propio Pradera firmó el 1 de abril de 1956 un manifiesto, junto a otro de los héroes cívicos de la democracia en Europa, Jorge Semprún, en el que, en el día de la victoria en la Guerra Civil, sostenían: “Los universitarios madrileños nos dirigimos a nuestros compañeros de toda España y a la opinión pública. Y lo hacemos precisamente en esta fecha —nosotros, hijos de los vencedores y de los vencidos— porque es el día fundacional de un régimen que no ha sido capaz de integrarnos en una tradición auténtica, de proyectarnos a un porvenir común, de reconciliarnos con España y con nosotros mismos”.

Falangista de primera hora, responsable de propaganda en el bando franquista durante la Guerra Civil, fundador de la División Azul —las tropas que la España fascista envió a combatir a la URSS junto a los nazis a las que la revista de historia Desperta Ferro acaba de dedicar un excelente número monográfico—, su primer enfrentamiento con Franco se produjo a la vuelta del frente soviético. En Castillos de fuego (Seix Barral), una gran novela sobre la posguerra española, Ignacio Martínez de Pisón reconstruye el momento en el que Dionisio Ridruejo es detenido por primera vez, en julio de 1942, tras haber enviado una carta incendiaria sobre la podredumbre del régimen al mismísimo Franco. Lo hizo entonces desde el falangismo, aunque evolucionó, a lo largo de los años cincuenta, hacia posiciones democráticas. “Tendrá usted que acompañarnos, don Dionisio”, le dice el policía que encabeza el amplio despliegue movilizado en torno a su domicilio en el barrio de Salamanca para apresarle y llevarle a su destierro interior en la serranía de Ronda. En aquel momento, Ridruejo empezaba a cruzar el Rubicón de la dignidad.

Porque, a veces, se puede decir no y cambiar las cosas. Conviene recordar, tal vez ahora más que nunca, cuando las libertades están siendo asaltadas en numerosos lugares del mundo, los versos de Raimon en su canción Diguem no: “No, / yo digo no. / Digamos no. / Nosotros no somos de ese mundo”.

NVA

Antes y después.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

SIN PALABRAS

LIBROS

DE VERGÜENZA AJENA (III)

 

sábado, 9 de mayo de 2026

NO A LA TAUROMAQUIA


HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

DE VERGÜENZA AJENA (II)


Hantavirus: bienvenidos a la España más mezquina
A Canarias no está llegando un barco, sino la ola de antipatía mundial.
Berna González Harbour, 09.05.2026

Hay grandes razones para sentir orgullo de un país con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, una clase médica de primera y enormes pruebas de consistencia a pesar de los embates de la pandemia y los recortes que han tensionado las costuras. Por ello la OMS señaló España como destino idóneo para desembarcar a los pasajeros del Hondius frente a la opción de Cabo Verde o sus vecinos africanos, que no tienen los recursos necesarios para atender esta pequeña crisis sanitaria. Pequeña porque afecta, recordémoslo, a unas decenas de personas.

El resultado, sin embargo, debería avergonzarnos. Canarias no exhibirá estos días músculo sanitario, ni humanitario, sino que será la plataforma logística desde la que se distribuirá a otros destinos a unos pasajeros que, como se jacta su presidente, apenas rozarán el suelo isleño. El Hondius no atracará, sino que “fondeará”. Y los pasajeros se irán directos del camarote al aeropuerto, donde aviones enviados por otros países podrán distribuirlos sin que notemos su aliento.

En qué momento la operación sanitaria se convirtió en logística como lo fue en Cabo Verde, donde ya se evacuaron los principales enfermos, se me escapa. En qué momento el país que siempre ha sido acogedor, humano y empático se está convirtiendo en un erizo capaz de exhibir las púas para que nadie se acerque demasiado, también. La hostilidad toma cuerpo entre nosotros como si los viajeros fueran apestados medievales llegados a una Europa sin EPIS, PCR, UCIS y demás garantías que nos diferencian de los puertos mediterráneos del año 1347, cuando la Peste Negra azotó el continente. Y se hermana con un recelo creciente entre comunidades que ya hemos visto en el reparto de menores no acompañados.

El episodio, además, se ha convertido en la nueva bomba de baja estofa en manos del PP y Vox. Pedro Sánchez, que como sabemos es culpable hasta de los temporales, ya puede colgarse también la medalla de “provocar una epidemia”, como ha dicho Vox, tal es su omnipotencia. Y Feijóo busca rédito y nos habla de caos.

La política se va deslizando pendiente abajo sin capacidad de consenso, de respeto o de silencio ante los científicos. El ruido estéril se abre paso. Y el mundo se convierte en un lugar donde exhibir posturas cada vez más antipáticas, desde la Italia que envía a inmigrantes a campos de concentración a Albania al EE UU que deporta latinoamericanos a África. Bienvenidos esta vez a la España más mezquina en la que puedes broncearte y tomarte unos chopitos, pero cuidado con toser. A Canarias no está llegando un barco, sino la ola de antipatía mundial.

viernes, 8 de mayo de 2026

DE VERGÜENZA AJENA


Esto es lo que se llama solidaridad. Pasajeros españoles incluidos y este "Presidente" llorando por los pasillos en sus 15 minutos de gloria. No sé qué hubiera pasado si entre los pasajeros hubiera algún canario. Me recuerda a aquello de "yo no soy racista", pero que mi hija no se case con un negro.
Todos somo muy solidarios, pero que el barco atraque en otro puerto. Y mientras el PP echando leña al fuego erre que erre con lo de una nueva pandemia, el ejemplo político de cómo se arrima el hombro en circunstancias (nacionales) adversas. Lástima que no tengan tiempo de echar mano a la hemeroteca y recordar lo que ocurrió en Madrid cuando lo del ébola, el muerto, la enfermera y hasta el pobre perro. 
De pena.

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