lunes, 3 de agosto de 2026

OTRA RAZÓN MÁS PARA SER REPUBLICANO


No es el lugar que más le apasiona del mundo, pero tampoco le hace ascos. Así como Letizia ya ha dejado claro, por activa y por pasiva, que a ella no la verán más en una plaza de toros, que a ella, eso de matar toros no le va (como a cualquier persona con dos dedos de frente), su maridito Felipe no está por la labor, y cuando hay alguna cita taurina importante, se deja ver. Sin llegar a la pasión enfermiza de su hermana, la infanta Elena, de su padre Juan Carlos o de sus sobrinos, Froilán y Victoria Federica, Felipe también hace acto de presencia de vez en cuando en alguna plaza, para que los toreros le brinden las orejas, los rabos y lo que haga falta al monarca. Como pasó hace unas semanas en Madrid, por ejemplo, con el torero Roca Rey.

NOTICIAS DESDE ROMA Y PARÍS


Líderes de extrema derecha aprovechan la crisis en Ceuta para reforzar su postura antiinmigrante
El Ministerio del Interior de España informó que, a las 6 p. m., hora local, al menos 48.300 personas que habían cruzado a Ceuta desde el jueves ya habían regresado a Marruecos.
July 31, 2026, 12:17 p.m. ETThe New York Times, 31.06.2026W yORK, tIJuly 31, 2026
Elisabetta Povoledo(Roma), Ségolène Le Stradic (París)
https://www.nytimes.com/live/2026/07/31/espanol/espana-ceuta-inmigrantes-crisis#ceuta-derecha-politicos-migrantes

El viernes, políticos de extrema derecha de toda Europa aprovecharon las caóticas escenas de los migrantes que llegaban a territorio español como prueba de lo que consideran los peligros de la inmigración, y argumentaron que España había fomentado la afluencia al adoptar políticas favorables a los migrantes.

Líderes antiinmigrantes —como Jordan Bardella en Francia, Giorgia Meloni en Italia y Nigel Farage en el Reino Unido— dijeron que la llegada abrupta de al menos 50.000 personas a Ceuta, España, fue provocada por la decisión del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, de permitir que más de un millón de migrantes ilegales en España solicitaran formalizar su estatus.

Sus intervenciones reflejaron la fuerza del sentimiento antiinmigrante en la política europea, en particular desde que la llegada de más de un millón de migrantes a Europa en 2015 impulsó un mayor deseo entre los votantes de tener fronteras más fuertes y un mayor apoyo a la extrema derecha.

Sánchez es un caso atípico, que ha cultivado en los últimos años una imagen de liberal a favor de la inmigración y uno de los críticos europeos más destacados de la línea dura del gobierno de Donald Trump contra los migrantes. El gobierno de Trump también culpó el viernes de los acontecimientos en Ceuta a las “políticas globalistas de extrema izquierda, incluida la de permitir la migración masiva”.

Varias personas que ingresaron a Ceuta el jueves dijeron que pudieron venir a España porque las autoridades de Marruecos, que limita con Ceuta, relajaron los controles fronterizos.

Pero Bardella escribió en las redes sociales: “Al regularizar a cientos de miles de inmigrantes ilegales, el presidente del gobierno socialista de España, Pedro Sánchez, ha abierto las puertas de Europa”.

Sarah Knafo, una integrante francesa de extrema derecha del Parlamento Europeo, escribió que los migrantes no eran “personas desesperadas a la deriva en el viento”, sino personas “racionales” y “conectadas” que “sopesan los beneficios que obtendrán de nuestra generosidad”.

Giorgia Meloni, la primera ministra de Italia que ha adoptado una línea dura contra la migración, dijo que las imágenes de Ceuta eran “impactantes y demuestran, una vez más, que la inmigración ilegal descontrolada es una verdadera amenaza para la seguridad de las fronteras de Europa”.

Dijo que Italia consideraba suspender un acuerdo con España que permite la libre circulación entre ambos países. Su ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, culpó a la iniciativa de regularización de Sánchez de incentivar la migración a Ceuta, lo que motivó al ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, a convocar al embajador de Italia en Madrid.

Los líderes centristas de todo el continente también se apresuraron a proyectar capacidad de acción. Fue un reflejo de cómo los políticos tradicionales de Europa han intentado posicionarse cada vez más como baluartes contra la migración no autorizada desde 2015, en parte para evitar ser rebasados por la extrema derecha.

Ursula von der Leyen, la jefa del brazo ejecutivo de la Unión Europea, escribió en las redes sociales que las escenas de Ceuta eran “inaceptables”.

“No podemos permitir que nadie venga a nuestra Unión sin cumplir nuestras reglas”, escribió Von der Leyen; dijo que su gobierno restablecería el control sobre la frontera y pidió la rápida repatriación de los recién llegados.

El viernes por la mañana Laurent Nuñez, el ministro del Interior de Francia, dijo que había emitido órdenes de “intensificar de inmediato los controles en la frontera española” y desplegó una patrulla fronteriza de intervención rápida para reforzar las inspecciones.

Elisabetta Povoledo es una reportera radicada en Roma, cubre Italia, el Vaticano y la cultura de la región. Es periodista desde hace 35 años.
Ségolène Le Stradic es una periodista e investigadora que vive en París.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE










LA TIBIA VON DER LEYER Y LA VERGÜENZA QUE DA EL PP


Von der Leyen felicita a España y Marruecos por la gestión de la crisis, pero pide reforzar las fronteras
Albares carga contra la “internacional reaccionaria” y considera la desinformación el elemento clave de la crisis en Ceuta | El PP carga contra Sánchez por “ir por libre con la regularización de inmigrantes”.
EL PAÍS, 03.08.2026

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha felicitado a los Gobiernos de España y de Marruecos por haber gestionado de forma “eficiente y efectiva” la crisis y ha pedido que se refuercen las fronteras. “Tras este incidente, está claro que tenemos que reforzar más las fronteras en los puntos críticos”, ha respondido Von der Leyen. Por el contrario, el PP ha cargado duramente contra el Gobierno de Pedro Sánchez, al que ha acusado de “irresponsable”, y no cree posible que el Gobierno no supiese por los servicios de inteligencia de la “marea humana” que iba a entrar en Ceuta. Afirma, además, que esa marea se debió a la reciente regularización de inmigrantes, por lo que ha acusado a Sánchez de “ir por libre” frente al resto de países de Europa. Por su parte, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, considera que la desinformación ha sido el “elemento clave” que desencadenó la entrada masiva de migrantes a Ceuta. “Hubo una sincronización de la internacional reaccionaria que con mucha rapidez salió a amplificar lo que estaba ocurriendo y también a difundir mentiras y falsas noticias sobre el espacio Schengen”, ha denunciado en TVE. El ministro de Exteriores ha asegurado que España “exigirá” a los socios europeos este martes “solidaridad” en la reunión de los 27 titulares de Interior de la UE y la Comisión Europea.

EN ESPAÑOL, INGLÉS, ITALIANO Y FRANCÉS

Serrat, *Mediterráneo.

Mocedades, *¿Quién te cantará?

Toto, *Africa.

Fleetwood Mac, *Go your own way.

Mina, *Parole, parole.

Zucchero, *Zenza una donna.

Jacques Brel, *Ne me quitte pas.

Aznavour, *Emmenez-moi.

MUNDO CRETINO EN INSTAGRAM

UNA NUEVA DISTOPÍA


Julia Belluz, The New York Times, 28.06.2026

Cuando Bryce Martinez empezó a sentir un dolor alrededor del corazón, pensó que podría ser un ataque de asma. Pero en la enfermería de la escuela, descubrieron que su presión arterial era tan alta que lo llevaron de urgencia a la sala de emergencias. Allí, los médicos le diagnosticaron diabetes tipo 2 y enfermedad del hígado graso.

Bryce, que entonces tenía 16 años, estaba desconcertado. Había desarrollado obesidad en la primera infancia, pero hasta ese dolor de pecho, no había tenido ninguna otra señal de que algo anduviera mal con su salud. Ni siquiera sabía que los niños pudieran padecer diabetes tipo 2.

De vuelta en casa, buscó en internet información sobre sus enfermedades y devoró artículos de noticias y videos. Se enteró de que los niños estadounidenses viven en entornos alimentarios disfuncionales, donde las opciones menos saludables tienden a ser las más asequibles y accesibles. Que a medida que los padres asumían más horas de trabajo, había menos tiempo para cocinar que en generaciones anteriores. Que las empresas alimentarias llenaron el vacío con alimentos convenientes y ultraprocesados, que contienen ingredientes manipulados industrialmente que no encontrarías en la comida casera. Que estos alimentos suelen estar llenos de sal, azúcar, grasa y aditivos. A Bryce le sorprendió que los reguladores no evaluaran la salud y la seguridad de todos los aditivos alimentarios, y que las empresas pudieran poner etiquetas de saludables en comida chatarra sin valor nutricional.

La chatarra, se dio cuenta Bryce, era mucha de la comida con la que creció en Pensilvania. Incluso la comida que no parecía tan mala. Un tazón de cereal para antes de salir corriendo de casa, comercializado para niños y que a veces anunciaba fibra y nutrientes, pero que también era alto en azúcar. En la escuela, los almuerzos incluían pizza, hamburguesas y macarrones con queso. Los padres de Bryce intentaban cocinar comidas nutritivas siempre que podían, pero ambos tenían trabajos a tiempo completo. Cuando él llegaba a casa antes de que sus padres salieran del trabajo, sacaba una lata o caja de la alacena o el congelador para calentarla en el microondas: más macarrones con queso o una comida lista para calentar. Bebía jugos en bolsita para pasar las comidas. Algunos de los alimentos que consumía como golosinas (papas fritas, helado) parecían estar diseñados para que no pudiera dejar de comerlos. Antes solía culparse a sí mismo por eso.

A los 18 años empezó a entender que la responsabilidad no recaía solo en él. Martinez demandó a 11 grandes fabricantes de alimentos (incluidos Kraft Heinz, Coca-Cola, PepsiCo y Nestlé USA), y alegó alegando que el consumo de sus productos le provocó su diabetes tipo 2 y su enfermedad del hígado graso en la infancia. La demanda, presentada a finales de 2024, fue el primer caso de lesiones personales relacionado con alimentos ultraprocesados.

Desde entonces, he rastreado más de media decena de otras demandas por lesiones personales presentadas contra grandes fabricantes de alimentos, todas alegando que los alimentos ultraprocesados, diseñados para generar adicción y comercializados para niños, causaron enfermedades crónicas en alguien menor de 18 años. He seguido estos casos porque cada vez estoy más convencida de que los litigios pueden ser nuestro único camino hacia un entorno alimentario saludable.

Las encuestas muestran que en todo el espectro político, una mayoría de estadounidenses ahora cree que los alimentos ultraprocesados pueden ser adictivos, que las empresas intentan enganchar deliberadamente a los niños y que se necesita regulación. Políticas que parecían políticamente tóxicas en la era de la prohibición de los vasos gigantes “Big Gulp” en Nueva York bajo el mandato del alcalde Michael Bloomberg ahora lo parecen menos. Ashley Gearhardt, experta en adicción a los alimentos de la Universidad de Míchigan, ve la presencia de la economía del antojo en el mundo de la alimentación y más allá. “Como madre, siento que hay buitres corporativos que solo están revoloteando sobre mi cabeza esperando a que tenga un mal día, para poder lanzarse en picada y hacer que mi hijo sea un leal de por vida a su dañino producto”, dijo.

De fondo, la ciencia de la nutrición ha madurado. Los investigadores han descubierto cómo los alimentos procesados anulan las señales del cuerpo para la saciedad y la nutrición y aumentan el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y obesidad, entre otras enfermedades crónicas.

Pero esto no significa que los estadounidenses vayan a ver una nueva legislación en el corto plazo. Si bien el gobierno de Donald Trump, y en particular el ala MAHA (sigla en inglés del movimiento “Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo”) de Robert F. Kennedy Jr., ha tenido mucho que decir sobre los alimentos ultraprocesados, toda esa charla no ha generado nuevas regulaciones sustanciales. Pero el problema es más profundo. “Desde hace 30 o 40 años la gente habla de la naturaleza tóxica del entorno alimentario, de cómo la industria alimentaria está contribuyendo a ello y de las políticas públicas que deberían implementarse, y casi no ha pasado nada”, dijo Kelly Brownell, investigador de salud pública de la Universidad de Duke.

Conozco muy de cerca este estancamiento. He escrito sobre enfermedades crónicas y alimentación durante más de una década. Cuando la gente pregunta cómo podemos arreglar el sistema alimentario, suelo responder con alguna versión de: “exige un cambio en todos los niveles que puedas (la escuela, el lugar de trabajo, la ciudad, el país)”. Pero, para ser sincera, la lucha a menudo se ha sentido inútil cuando pienso en el poder de cabildeo de la industria global de alimentos y bebidas de 10 billones de dólares.

Fue solo al profundizar en la historia de los litigios de salud pública cuando comencé a sentir algo de optimismo. Una y otra vez, grupos de abogados astutos interesados en la salud pública y la justicia social lucharon por protecciones que los legisladores no habían logrado brindar, mucho después de que se establecieran los daños de un producto. Los litigios obligaron a una regulación sustancial de los opioides. Ayudaron a reducir el uso de pintura con plomo y asbesto, e hicieron que la conducción de autos fuera más segura. Pero el uso de litigios más plenamente desarrollado para la salud pública involucra al cigarrillo.

Durante la mayor parte del siglo XX, el público estuvo inundado de publicidad de tabaco y humo de segunda mano en formas que hoy parecen absurdas. Los anuncios de revistas mostraban las marcas de cigarrillos favoritas de los médicos. El dibujo animado Joe Camel, un “chico cool”, aparecía en en vallas publicitarias y publicaciones para atraer a los niños. El humo llenaba los hospitales y los aviones.

A partir de la década de 1950, los denunciantes individuales se presentaron para demandar a las empresas tabacaleras. Estaba el trabajador de fábrica que fumaba dos cajetillas al día y que, al final, perdió un pulmón a causa del cáncer. Estaba la viuda que demandó por homicidio culposo en nombre de su difunto esposo, un fumador empedernido desde los 9 años. La industria se deshizo de este tipo de demandas a lo largo de la década de 1980. Pero, aunque los demandantes perdieron de forma abrumadora, como el historiador Allan Brandt detalló en The Cigarette Century, los casos se multiplicaron como una bola de nieve y llevaron a un descubrimiento de pruebas legales que pusieron a la vista documentos condenatorios de la industria.

Las empresas tabacaleras, que ajustaban con precisión los niveles de nicotina para fomentar la adicción y se dirigían a los “prefumadores” (también conocidos como niños), tenían registros que mostraban que sus productos causaban cáncer, mientras que sus ejecutivos afirmaban públicamente lo contrario. Los documentos que salieron a la luz en la fase de descubrimiento de pruebas no solo dejaron al descubierto el engaño y la hipocresía de la industria, sino que también desmintieron la afirmación de que fumar era una cuestión de responsabilidad personal. Y lo que es más importante, impulsaron litigios masivos por daños y perjuicios y dejaron a los gobiernos sin otra alternativa más que actuar.

En la década de 1990, los fiscales generales de los estados comenzaron a demandar a las empresas tabacaleras por una crisis de salud pública que, en gran medida, los contribuyentes terminaron pagando. El acuerdo global resultante restringió el mercadeo del tabaco y ordenó que las empresas pagaran miles de millones en daños a los estados. Los legisladores finalmente tuvieron las municiones políticas para restringir de manera significativa el tabaquismo. Limitaron el acceso a los productos de tabaco y aumentaron los impuestos a los cigarrillos. Las tasas de tabaquismo en adultos se han desplomado del 42 por ciento en 1965 al 9 por ciento en 2025.

La demanda de Bryce Martinez fue desestimada en un Tribunal Federal de Distrito el año pasado porque el juez, aunque “profundamente preocupado” por los efectos de los alimentos ultraprocesados en los niños, al final estuvo de acuerdo con la afirmación de los demandados de que no había evidencias suficientes para demostrar que productos específicos causaron las enfermedades de Martinez. (Los demandados, en su moción conjunta para desestimar el caso, también argumentaron que sus productos son seguros, están regulados a nivel federal y cumplen la ley).

En junio, el juez denegó la moción de Martinez de enmendar el caso con detalles adicionales. Sus abogados de la firma Morgan & Morgan afirman que planean apelar la desestimación y continuarán presentando demandas similares en todo el país. Mientras tanto, los otros casos siguen avanzando. Nada de esto será fácil.

Brandt, el historiador, me dijo hace poco que esperara más derrotas. Con el tabaco, hubo cientos de casos perdidos, y esos casos eran más simples porque solo requerían probar que un solo producto enfermó a alguien. Aun así, Brandt es optimista respecto a los litigios contra la industria alimentaria. Los estadounidenses se están volviendo “cada vez más escépticos, y de manera justificada, sobre que la industria esté actuando en torno a los alimentos a favor del interés del público”, dijo. Él cree que estamos entrando en la era de los juicios del tabaco, pero con las grandes empresas de la industria alimentaria.

Los expertos en derecho y en salud pública con los que hablé ven el mayor potencial en que las ciudades y los estados tomen medidas. En diciembre del año pasado, el fiscal de la ciudad de San Francisco anunció una demanda sin precedentes en nombre del pueblo de California contra las mismas 11 empresas alimentarias a las que Martinez demandó. Esa demanda alega que las empresas empeoraron una crisis de salud pública que afecta a un gran segmento de la población y que presiona los presupuestos de salud (se calcula que el costo de la diabetes por sí sola en California asciende a unos 47 millardos de dólares). Creo que otras jurisdicciones, que también se enfrentan a costos crecientes, deberían seguir su ejemplo con sus propias demandas.

Incluso si estos casos cobran fuerza y algunos se ganan, las grandes empresas de la industria alimentaria no desaparecerán. Pero litigios como el de Martinez podrían motivar a los legisladores a obligar a las empresas a actuar en interés del público, como lo planteó Brandt, fomentando la capacidad de decisión individual en lugar de erosionarla. Esto podría significar impuestos, etiquetas de advertencia y requisitos de reformulación para reducir el consumo de alimentos poco saludables, y —de manera fundamental— subsidios y un mejor acceso a opciones saludables.

Si las jurisdicciones presentan demandas, tal vez incluso aprendamos algunas cosas en la fase de descubrimiento de pruebas legales. ¿Qué saben los fabricantes de alimentos sobre el cerebro de los niños y sobre cómo atraerlos? ¿Qué saben sobre cómo incluir la cantidad justa de azúcar o la medida perfecta de textura crujiente para que la gente no pueda dejar de comer?

Da la casualidad de que ya conocemos algunos fragmentos a través de los documentos sobre el tabaco. Philip Morris compró Kraft en 1988 y, un poco antes, RJ Reynolds adquirió importantes marcas de alimentos y se fusionó con Nabisco. Los documentos del tabaco muestran que las tabacaleras aplicaron sus conocimientos sobre optimización de sabores, mercadeo juvenil y química del cerebro a los alimentos ultraprocesados para aumentar sus ganancias.

A diferencia de los primeros demandantes del tabaco, Martinez se enfermó cuando era niño. Lo hizo en un hogar donde él no compraba la comida, en un sistema alimentario que él no diseñó. Cuando salió del hospital tras su dolor de pecho hace unos años, regresó a la escuela y se enfrentó a una nueva realidad. Inyectarse insulina se sentía incómodo, cuenta, y provocaba que la gente le hiciera preguntas que no siempre quería responder.

Hoy controla sus enfermedades con un medicamento GLP-1, pero a sus 20 años está preocupado por el futuro. ¿Conseguirá un trabajo con un seguro médico que cubra sus facturas médicas? Cuando le pregunté qué deseaba haber sabido sobre la comida cuando era niño, dijo: “Al final, la comodidad tiene un precio”.

Eso aún puede estar poniendo demasiada carga en el consumidor. Parafraseo una pregunta que el excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos, David Kessler, hizo durante los juicios sobre el tabaco. ¿De quién es la elección que está impulsando la demanda de alimentos ultraprocesados en Estados Unidos? ¿Es una elección de los consumidores seguir consumiéndolos? ¿O de las empresas alimentarias para mantener la dependencia del público hacia ellos?

Julia Belluz es colaboradora de Opinión y cubre noticias sobre salud, nutrición y enfermedades crónicas.

COUNTDOWN


Los estadounidenses tienen menos de cien días para salvar su democracia
Una avalancha al estilo húngaro es lo único que podrá desbaratar los intentos de Donald Trump de amañar las elecciones de mitad de mandato.
Timothy Garton Ash, 03.08.2026

En estos tiempos de fenómenos meteorológicos extremos, resulta extraño afirmar que Estados Unidos necesita una avalancha. Pero una avalancha, una derrota aplastante de Donald Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, es precisamente lo que hace falta para que el país empiece a enmendar el rápido y deliberado deterioro de la democracia que él ha provocado.

El respetado Instituto Varieties of Democracy (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo sostiene que, en 2025, Estados Unidos sufrió uno de los declives más rápidos de la democracia liberal de la historia. “En Estados Unidos, la democracia”, afirma su Informe sobre la Democracia de 2026, “está en la peor situación de los últimos 60 años”. Ahora que la república imperial está conmemorando el 250º aniversario de su fundación, el peligro que ya vislumbraron en los primeros días de su orden constitucional los antifederalistas como Patrick Henry —que un presidente con demasiado poder abusara de sus potestades ejecutivas e intentara convertirse en un nuevo rey— está más próximo que nunca.

Los analistas de V-Dem destacan que, en 2025, Trump firmó nada menos que 225 órdenes ejecutivas, mientras que el Congreso, controlado por los republicanos, no aprobó más que 49 leyes, la mayoría de ellas sobre cuestiones menores, como la “Modificación del Código de la Hacienda Pública de 1986 para adaptar las normas relativas al aplazamiento de determinados plazos en caso de catástrofes”. El Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, redactado para impulsar la denominada “teoría del Ejecutivo unitario”, se ha cumplido ya, según el buscador del propio proyecto, en más de la mitad, con la ayuda de varias sentencias del Tribunal Supremo.

En el manual de cualquier aspirante a autócrata, un capítulo importante es el de amañar las elecciones. Y da la impresión de que Trump se lo está tomando muy en serio. Además del atroz grado de manipulación de los distritos electorales (que los demócratas han pagado con la misma moneda en algunos lugares), hay en marcha múltiples intentos de negar el derecho a voto a los grupos más propensos a elegir a demócratas, bien limitando el voto por correo, bien exigiendo documentos que prueben la nacionalidad en el momento de votar, o mediante otros trucos legales y burocráticos. Si las elecciones del 3 de noviembre producen un resultado muy igualado en varios distritos electorales que pueden inclinar a un lado u otro el control de la Cámara de Representantes, Trump y los republicanos recurrirán a todo lo que haga falta para descalificar o excluir a los demócratas vencedores.

Por eso es imprescindible que haya una victoria aplastante. Como comprobé en Hungría esta primavera, la antipatía popular hacia quien ejerce el gobierno, si está verdaderamente extendida y se encauza hacia un aumento de la participación electoral, arrasa con todos los obstáculos que pueda interponer el aspirante a autócrata; y, a fin de cuentas, esos obstáculos eran mayores en el caso húngaro que en el de Estados Unidos. Es posible que las elecciones no sean limpias; quizá ni siquiera sean del todo libres; pero el resultado es irrefutable y evidente para todos.

Desde luego, si me preguntan quién es el que más está facilitando que haya una victoria aplastante contra Trump, la respuesta está clara: Donald Trump. Después de una campaña que se sostuvo sobre los problemas básicos que preocupan a los ciudadanos en la vida diaria, a la hora de la verdad, su empeño en imponer aranceles y comenzar una guerra en Oriente Próximo ha provocado el aumento del coste de la vida y, en especial, del precio de la gasolina. Se puede decir, siendo benévolos, que no se ve ninguna vía clara hacia la paz y la victoria en una guerra contra Irán que, según las cifras oficiales, ha costado 37.500 millones de dólares y para la que el Gobierno ya ha solicitado otros 67.100 millones de dólares. En las encuestas, la oposición popular a la guerra se acerca al 60%, igual que el índice de desaprobación del presidente. A esa impopularidad contribuye también la flagrante corrupción de su régimen. Según algunas estimaciones, hasta la fecha, su familia y él han incrementado su fortuna aproximadamente en 2.000 millones de dólares. La última revelación es el plan del presidente de la FIFA y compinche de Trump, Gianni Infantino, para vender acciones de la organización del Mundial de fútbol a un fondo de inversión presidido por Joshua Kushner, cuñado de la hija de Trump, Ivanka. El humor más mordaz se queda sin palabras ante la pareja formada por la FIFA y Trump.

Todo esto se traduce, para los demócratas, en el equivalente electoral de disparar contra una portería vacía. ¿Pero dónde está el Lionel Messi o el Harry Kane que meta ese gol? No se ve por ningún lado. Como europeo en Estados Unidos, no dejo de mirar alrededor y preguntarme: “¿Dónde está el líder de la oposición?”. ¿Dónde está, por recordar el ejemplo húngaro, una figura como Péter Magyar, que encabece una campaña nacional disciplinada y eficaz y que responda al sentimiento generalizado de que es necesario un cambio con un “este es el cambio que necesitáis”?

Los amigos que estudian estos temas aquí, en la Universidad de Stanford, me dicen que estoy buscando algo que, en general, no existe todavía a estas alturas. Las elecciones de mitad de mandato de 1994 —en las que el lema del “Contrato con América” del líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, determinó el rumbo de la campaña en todo el país y contribuyó a la gran victoria republicana— son la excepción que confirma la regla. Las elecciones legislativas de mitad de mandato suelen ser más bien un referéndum sobre el presidente en ejercicio y su partido y lo normal es que el partido en el Gobierno pierda algunos escaños, sobre todo en la Cámara de Representantes. Pero, si analizamos los resultados desde la Segunda Guerra Mundial, el número de escaños perdidos en la Cámara en este tipo de elecciones oscila considerablemente, entre los 54 de 1994 o los 63 de 2010 y los cinco de 1986 o los nueve de 2022. En las de este año, una diferencia de menos de 10 provocaría disputas apasionadas y tal vez incluso violentas.

Aunque en el sistema estadounidense no tiene por qué surgir ningún líder unificador de la oposición como Magyar hasta que se designe al candidato presidencial en 2028, lo cierto es que los demócratas están desaprovechando terriblemente la oportunidad de meter el balón en esa portería vacía. El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, de 75 años, no parece precisamente un gran delantero. En las encuestas, compite con Trump en impopularidad. Las energías las aportan hoy, sobre todo, los socialistas democráticos como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pero ¿pueden ganar en sitios como Míchigan o Wisconsin? El columnista y podcaster de The New York Times Ezra Klein ha dado vueltas a la idea de que precisamente esa diversidad podría ser una ventaja: se necesita un tipo de candidato en Kansas y otro en Seattle. A cada cual lo suyo. Pero hay muchas probabilidades de que, solo con que se escoja al candidato inapropiado en un par de los 35 escaños del Senado que están en juego esta vez, los demócratas pierdan también su ya escasa posibilidad de hacerse con el control de la Cámara alta.

Lo que está en juego no es el futuro del Partido Demócrata, sino el futuro de la democracia. Que las elecciones legislativas produzcan el cambio habitual en el control de la Cámara de Representantes es el mínimo imprescindible para empezar a contener —e incluso a revertir— el deterioro sin precedentes que está sufriendo la democracia liberal con Trump. Esa contención dependerá, en parte, de que el Congreso empiece a hacer uso de sus poderes constitucionales para supervisar los fondos del Gobierno, emprender investigaciones e iniciar un proceso de destitución. Ahora bien, si hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el psicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas: un “perdedor”. Precisamente por eso, el aspirante a rey intentará impedir que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y, si a pesar de todo lo consiguen, tratará de eludirla y deslegitimarla con todos los medios a su alcance. Pero ese sería el final del principio.

El verano pasado escribí un artículo en el que sostenía que los estadounidenses tenían 400 días para salvar su democracia. Ahora quedan poco más de 90.

Timothy Garton Ash es profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford.

CINCUENTA AÑOS YA


Cincuenta años sin Agatha

Elena Muñoz, 18.01.2026
https://www.entreletras.eu/letras/cincuenta-anos-sin-agatha/

El pasado día 12 de enero se ha cumplido el medio siglo del fallecimiento de la escritora británica Agatha Christie, que tantas satisfacciones nos ha regalado a muchos con la lectura de sus novelas.

Quien haya seguido mi trayectoria literaria me habrá oído decir que Ella, Agatha, es una de mis inspiraciones literarias. La primera novela que leí de su autoría, con apenas catorce años durante una convalecencia de una gripe, Matar es fácil, me abrió un mundo sorprendente de historias en el que pasaban cosas que al final nada tenían que ver con lo que al principio se sospechaba.

Agatha vivió en un mundo que había sufrido dos guerras mundiales pero que todavía creía en el orden, y quizá por eso pasó su vida literaria interrogándolo y buscando respuestas. En sus novelas, el crimen no es una explosión romántica, sino una grieta íntima: una taza de té envenenada, un reloj que se detiene a la hora equivocada, una palabra dicha con exceso de cuidado. Christie entendió que el mal no siempre grita; a menudo se sienta a la mesa y sonríe; que los asesinos no son gente mal encarada, de baja extracción social siempre, sino que, en la mayoría de las veces, es la ambición o el desengaño el origen de todos los crímenes, sin categoría de edad u origen.

Son muchos los títulos de esta escritora que los amantes de la novela de misterio recordamos, algunos llevados al cine o al teatro: Asesinato en el Orient Express, Diez negritos, La ratonera… Pero fue sin duda con El asesinato de Roger Ackroyd con el que la escritora británica dio una vuelta de tuerca a la narrativa de crímenes. No me gustaría hacer, como se dice ahora, un spoiler, por lo que no voy a descubrir en qué se basa mi afirmación, pero recomiendo encarecidamente su lectura y así sabrán a lo que me refiero.

No obstante, si tuviera que recomendar ahora mismo uno de sus títulos sería, quizá de los menos conocidos, La venganza de Nofret, cuya historia tiene lugar en el Antiguo Egipto, aunando de esta manera el misterio a un contexto histórico que la escritora retrata de una manera magistral, algo que no nos debe extrañar, pues su segundo marido era arqueólogo. Sobre esto último la genial autora tiene una cita llena de ingenio y humor inteligente: «Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará».

Otro de los grandes logros de esta autora es la creación de dos personajes protagonistas de incontables novelas y que encarnan su doble visión del mundo. Hércules Poirot, extranjero meticuloso, confía en el poder casi moral de la razón, junto con su inseparable capitán Hasting, un tándem del calibre del Holmes y Watson; Miss Marple, anciana en apariencia frágil, conoce la naturaleza humana porque ha vivido lo suficiente como para no idealizarla. Entre ambos, Christie trazó un mapa completo de la condición humana: vanidad, codicia, miedo, amor, resentimiento. Nadie es del todo inocente, pero casi todos actuamos con un móvil más o menos comprensible.

En su prosa, clara y sin alardes, cada frase cumple una función; cada pista, incluso la más trivial, tiene un porqué. Sabemos que al leer una obra de Agatha somos conscientes de que seremos engañados, pero solo lo necesario para ir construyendo la trama. Al final, cuando la verdad se revela, la sorpresa no humilla, sino que ilumina. Todo estaba allí desde el principio. Incluso las pistas, a veces obvias, hacen que los lectores podamos descubrir la resolución al mismo tiempo que el investigador. En otra cita nos dice: «La mejor receta para la novela policiaca: el detective no debe saber nunca más que el lector».

Algo también importante de señalar es que, además del misterio que centra su obra, también nos muestra un retrato social: el declive de la aristocracia, la rigidez de las convenciones, el choque entre tradición y modernidad. Y, en silencio, también es el testimonio de una mujer que escribió sin pedir permiso, que trabajó con disciplina férrea y que convirtió el entretenimiento en arte.

Cincuenta años después de su muerte, Agatha Christie sigue viva porque entendió algo esencial: las historias perduran no solo por lo que cuentan, sino por lo que revelan de nosotros mismos, de nuestro entorno, de nuestra sociedad, aunque aparezcan disfrazadas de misterio.

Cincuenta años sin Agatha Christie: diez cosas que los escritores (y la industria editorial) deberían aprender de ella
Analizamos las claves de la narrativa de la gran maestra del género policíaco a partir de su clásico ‘El asesinato de Roger Ackroyd’, publicado hace ahora un siglo.
Cristina Ros, 02.08.2026

Quizá no tiene la popularidad de Asesinato en el Orient Express (1934) o Diez negritos (1939) –ahora traducido como Y no quedó ninguno, más fiel al original And Then There Were None (y menos racista)–, pero El asesinato de Roger Ackroyd (1926) es para muchos la obra maestra de Agatha Christie (1890-1976); de hecho, en 2013, la Crime Writers’ Association (CWA), de seiscientos miembros, la eligió como la mejor novela del género jamás escrita. Tal vez lo que le ha faltado es una (buena) adaptación al cine que la diera más a conocer, pero es que precisamente la gracia de la novela hace difícil trasladarla a la pantalla pantalla.icó, siguiendo esa vieja costumbre por fortuna extinta de traducir los nombres propios, como El asesinato de Rogelio Ackroyd, además de cincuenta años de la desaparición (la de verdad, es decir, la definitiva) de su autora, revisamos algunas de sus claves que se echan de menos en la ficción popular de hoy. Escritores, tomen nota, porque si algo no ha dejado de tener nunca la gran maestra del crimen son lectores, esa especie en peligro de extinción.

GLOTOFOBIA


“El acento murciano es feo”: qué es la glotofobia y por qué debemos acabar con ella
La discriminación a causa del acento es el último prejuicio, sorprendentemente aceptado entre personas que se dicen abiertas de mente.
Sabina Urraca, 18.10.2022

“Hombre, a ver, el acento murciano es espantoso”. Lo dijo con total tranquilidad. Era el amigo del amigo de un amigo. En aquella fiesta en la que estábamos, decir algo similar sobre cualquier raza o nacionalidad habría sido inaceptable. Sin embargo, nadie decía nada ante lo que ese tipo había dicho. “¿Piensas eso de verdad?”, le pregunté. Quería saber si esa idea era genuinamente suya o la había plantado en él ese martilleo social que en los últimos años ha puesto su foco en Murcia como punto central de la mofa. “No es por nada”, contestó, “es porque es objetivamente feo”. No le rebatí nada porque había usado la palabra indiscutible: objetivamente. Supongo que también pensaba que su “castellano neutro” (no existe tal cosa) era, objetivamente, la forma correcta de hablar, la proporción áurea, el kilómetro cero de las lenguas.

La glotofobia, la discriminación a causa del acento, es el último prejuicio, el resquicio que aún permanece, sorprendentemente aceptado, entre personas que se dicen abiertas de mente, tolerantes. Si los apuras, aún habrá alguno que te diga: “Yo no discrimino a nadie. Si a mí el acento andaluz me encanta, es muy gracioso” (sustitúyase por canario/sensual o por argentino/divertido; la lista de acentos y sus adjetivos estereotípicos es infinita).

A los 18 años, recién llegada a Madrid, me presenté al casting del grupo de teatro de la universidad. La casa de Bernarda Alba. El director me detuvo a la segunda frase. “¿A ti te parece que Angustias podría ser canaria?”. En aquel momento, yo quería ser aceptada, que Madrid me abrazara. No estuve rápida en responder que, si nos poníamos puristas (tendencia que, dicho sea de paso, me parece absurda), Angustias tendría que tener acento de la Vega de Granada. Bajé la cabeza. Todos los seleccionados en el casting tenían lo que tan mal llamamos acento español neutro. A partir de entonces, de forma gradual, mi acento cambió. Esto ya había sucedido años antes, a los cinco, cuando nos mudamos y fui una niña vasca que se volvió canaria para que nadie se riera de ella. Hoy en día, casi nadie sabe ubicar de dónde soy. Como quien rebusca en un recuerdo oscuro del pasado sepultado bajo capas y capas, me pregunto cuánto habrá habido de natural en este proceso y cuánto de autoglotofobia.

Antonio M. Piñero, lingüista de la Universidad de La Laguna, Tenerife, cuyo trabajo fin de máster gira en torno a la glotofobia y las actitudes lingüísticas en jóvenes de Canarias y Galicia, ha entrevistado a grandes muestras de población joven, encontrándose con esta contradicción dentro del propio hablante: “Por una parte, hay muchos casos de percepción negativa del acento que es distinto al propio. Y en este sentido, mucha gente tiene actitudes negativas hacia el español de Canarias. También están los que lo ven sexy”. Y, ya para darle la vuelta a todo, también habría una muestra de población canaria que en las encuestas declaró que no le daría un puesto de trabajo a alguien con marcado acento canario. En muchos lugares conviven esas dos situaciones: el acento centralista y capitalino despierta rechazo, pero, al mismo tiempo, aún hay personas que caen en el lugar común de considerarlo el acento “serio”, el habla del éxito profesional. Frente a este fenómeno de fobia a lo externo y a lo interno, me pregunto si no sería necesario algo así como un “psicoanálisis del acento” que nos enseñase a desengranar esos mecanismos podridos que habitan en nuestro cerebro.

El otro día, viendo Safo, la pieza teatral de Marta Pazos y María Folguera, me sorprendió gratamente ver que el elenco de actrices tenía acentos distintos entre sí. Para Lucía Bocanegra, sevillana y actriz de la pieza, actuar con su acento fue un choque brutal. Como actriz, siempre había tenido que forzar el acento “neutro”. Fue todo un trabajo integrar la novedad. Ella misma entraba en un conflicto que me suena conocido: por una parte, le parecía muy necesario que se reivindicara eso, la diferencia real, los acentos diversos. Pero persistía esa sensación residual, arrastrada de siglos de centralismo acentual, de “esto no está bien”. De nuevo esa dualidad: el amor por lo propio, pero la certeza de que, de tan propio que es, no puede ser para todos. Imagino a ese director de teatro con el que me topé a los 18 años deteniéndolas a todas en medio de la actuación: “¿A ti te parece que una musa de Safo podría tener acento sevillano?”.

En un momento de la película Toy Story 3, unos personajes malvados le tocan los botoncitos a Buzz Lightyear. Se convierte en andaluz. Por supuesto, en la versión original en inglés, Buzz se estropea y se convierte en latino. Para el resto de los personajes, esto supone un trauma. ¡Hay que arreglar a Buzz antes de que haga más el ridículo! Supongo que este tipo de fenómenos tan normalizados hacen que se extienda silenciosamente la idea de que ciertas formas lingüísticas no son válidas en ciertos ámbitos, que en un congreso tienes que disimular tu acento extremeño, que no puedes ser ministra y cecear y sesear indistintamente, y que si un dibujo animado habla con acento andaluz (y aquí estoy resumiendo en una sola palabra el que es un abanico riquísimo de acentos diversos) es porque es torpe, secundario gracioso o le han tocado un botón y está estropeado. Se corre el peligro de que una persona con un acento considerado no apto para determinado ámbito delegue su voz en personas que sienten que sí tienen autoridad lingüística. Es decir, que se quede sin voz, falta de representación. Eso o la opción oscura: cambiar el acento, perderse a una misma mientras se trepa a duras penas un escalón hacia la hegemonía del habla, hacia la lengua de los poderosos, los aceptados en todos los grupos, los guays de la clase. Y me veo a los seis años, ensayando en casa con el libro de lectura, porque había decidido que ya bastaba de burla, que al día siguiente sería mi estreno en el acento canario. Y a los 18, enredando aún más el nudo, volviéndome otra a marchas forzadas. Porque me habían dado a entender que ser como los otros era la única salvación. Y ahora soy ese nudo enmarañado y lo acepto. Lo observo, intento comprenderlo.

El otro día decía la poeta gallega Luz Pichel, entrevistada por Sergio C. Fanjul con motivo del Festival Poetas, que no habla mejor uno de Valladolid que uno de Buenos Aires, pero que, además, la norma de Valladolid es la que menos se habla. Es decir, que es absurdo que señalemos como minoritario lo que en realidad es indiscutiblemente mayoritario: la diferencia. Condenamos como sociedad (o reímos o exotizamos) las eses aspiradas, el seseo, el canto en la entonación, las palabras que no entendemos, el madrileño que viene al pueblo. Pero lo cierto es que la idea de acento único, aparte de imposible y monótona, es imperialista y no incluye, en realidad, a nadie. Y me pregunto si no estaremos siempre queriendo ser otra cosa distinta de la que somos. Me explico: en España la gente ríe a carcajadas cualquier comentario en inglés de un cantante en medio de un concierto, pero no entiende nada de gallego, se cierra en banda al catalán —aquí hablo de lenguas, pero es la misma cerrazón—, el acento andaluz le parece gracioso, el murciano paleto, cualquier acento latinoamericano de pobres y el madrileño de gilipollas. Nos fascinan los memes que cuentan que en sueco hay un vocablo para nombrar la emoción que se siente antes de un viaje, pero nos da igual saber que en Canarias hay una palabra para el reflejo de los remos en el mar, o que en Galicia, justo después del atardecer, se produce el luscofusco. ¿No será esa falta de interés por las lenguas y las palabras de los lugares cercanos un tristísimo autohablismo, un desear ser siempre otra cosa distinta de la que somos, un sentirnos siempre inadecuados? ¿Hasta cuándo vamos a vivir en un casting en el que ningún papel es para nosotros?

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


EN DEFENSA DE LA VIVIENDA VACACIONAL


España es el país del NO, no por si acaso, no por si las moscas; no, no vaya a ser que... Y ahora le ha tocado el turno a la Vivienda Vacacional, la Vv, la culpable de todos los males.
En muchos municipios canarios está prohibido que las cubiertas sean azoteas, que se pueda acceder a ellas, que tengan cajas de escaleras, etc. ¿A qué se debe esto? Muy sencillo, a la policía del futuro que tantas veces opera dentro de nuestra patria chica. Sí, piensan estas mentes preclaras a la ora de "ordenar" el territorio, se evita que la gente se construya otra planta más en la azotea. Muerto el perro se acabó la rabia. Esto de la prohibición de acceder a la cubierta, o la de construir piscinas en las mismas, etc., no deja de ser un ejemplo más de cómo las mentes obtusas dirigen el cotarro, no sólo del urbanismo o de la construcción sino de nuestras vidas en general. En mis años de arquitecto municipal he asistido amuchas reuniones y discusiones sobre numerosos temas que se zanjaban con un ¡mientras yo esté aquí no habrá esto o aquello!, sin debate, sin argumentos y jaleado por casi todos los funcionarios. Digo casi, sin falsa modestia, porque casos como éste son los que me granjearon el odio de algunas "compañeras y compañeros" y que acabaron con el vuelo de la paloma. De los estudios existentes al respecto, de las estadísticas y las cifras, de eso jamás escuché una palabra.
El caso de las viviendas vacacionales es un ejemplo perfecto para lo que cuento esta mañana. Sin debate alguno, sin un estudio profuso y serio, una vez se ha colgado el santo a esta modalidad de alquiler la guerra está ya perdida. 
Sé que hay muchos intereses, que los hoteleros presionan, que la política contra ellas tiene buena prensa, que el turismo, aunque sea una paradoja en sí mismo, es lo peor (y lo mejor) para las ciudades, que ha traído la tan odiada gentrificación a los barrios, y posiblemente todo sea cierto. O no.
Antes que un estudio en profundidad se decide por el NO, el automático NO, más fácil imposible. Eso no se puede, eso no funciona así, ésta es la manera que se ha hecho siempre, etc.
Muchas familias pueden vivir mejor, e incluso sobrevivir, poniendo en alquiler vacacional un pisito que han heredado o un apartamento que han comprado con sus ahorros, no todos los arrendadores son millonarios, pero ¿y si lo fueran? ¿No vivimos en un mundo capitalista? Parecería que lo somos sólo cuando interesa. La solución no debe ser prohibir sino controlar, ordenar. Todo tiene cabida porque el mercado acaba ordenándose por sí mismo. ¿De verdad se cree que la guerra contra las viviendas vacacionales va a multiplicar el mercado del alquiler y que éste va a recuperar un ratio de precios lógico? ¿Los precios han bajado una vez se han terminado las guerras que supuestamente los había inflado? 
La solución del problema del alquiler y el de la vivienda vacacional supone un reto importante que requiere de un estudio serio y profundo, ver cómo lo han solucionado en otras ciudades y países, antes de basarlo todo en el NO y en la prohibición. Nos estamos perdiendo las maravillas de colocar dos hamacas en una azotea y contemplar la ciudad bajo las estrellas, o la riqueza que supone un turismo ordenado, o r d e n a d o. 
Las aglomeraciones -otrora sólo ejemplo en Venecia- las encontramos ya en cualquier ciudad del planeta, se salvan quizá lugares remotos como Nueva Zelanda, Alaska, la Antártida (cruzo los dedos para que siga siendo así). En ciudades como Atenas o La Valeta, por poner únicamente dos ejemplos, los residentes aconsejan organizar las visitas a museos o las excursiones fuera de los horarios de los cruceristas. ¿La solución está entonces en prohibir los cruceros? Obviamente no, acabaríamos con tantos y tantos comercios y restaurantes que sobreviven gracias al turismo. Debemos buscar fórmulas para ordenar el turismo, sabedores de que el modelo actual no funciona. 
En Canarias y en Baleares hemos tenido manifestaciones multitudinarias que abogaban por un cambio en el modelo turístico, manifestaciones que los político leyeron en quejas "contra el turismo", cómo no, haciendo oídos sordos y sin que se haya producido cambio alguno. 
La solución no es prohibir, es ordenar.

Y OTROS CUATRO PARA COMENZAR AGOSTO


El Premio Clarín 2017 fue otorgado a esta novela mayor, una sólida y escalofriante pesadilla futurista en la que el canibalismo es legitimado en gran parte del mundo a causa de un virus que afecta a los animales y resulta mortal para los seres humanos. ¿Qué resto de humanismo puede caber cuando los cuerpos de los muertos son cremados para evitar su consumo? ¿En qué lugar queda el vínculo con el otro si, de verdad, somos lo que comemos? En esta despiadada distopía -tan brutal como sutil, tan alegórica como realista-, Agustina Bazterrica inspira, con el poder explosivo de la ficción, sensaciones y debates de suma actualidad. amazon


La Vieja Nueva Tierra (alemán: Altneuland; hebreo: תֵּל-אָבִיב Tel Aviv, "Tel de la primavera"; yiddish: אַלטנײַלאַנד) es una novela utópica publicada por Theodor Herzl, el fundador del sionismo político, en 1902. Se publicó seis años después del panfleto político de Herzl, Der Judenstaat (El Estado Judío) y amplió la visión de Herzl sobre el retorno de los judíos a la Tierra de Israel, lo que contribuyó a que Altneuland se convirtiera en uno de los textos fundadores del sionismo. Fue traducido al hebreo por Nahum Sokolow como Tel Aviv (Varsovia, 1902), nombre que se adoptó entonces para la ciudad recién fundada. La novela cuenta la historia de Friedrich Löwenberg, un joven intelectual judío vienés que, cansado de la decadencia europea, se une a un aristócrata prusiano americanizado llamado Kingscourt cuando se retiran a una remota isla del Pacífico (se menciona específicamente que forma parte de las Islas Cook, cerca de Rarotonga) en 1902. Al detenerse en Jaffa en su camino hacia el Pacífico, encuentran que Palestina es una tierra atrasada, indigente y escasamente poblada, tal como le pareció a Herzl en su visita de 1898. Löwenberg y Kingscourt pasan los siguientes veinte años en la isla, aislados de la civilización. amazon


En un 2011 no del todo inconcebible, la sociedad ha abrazado la Paridad Mental, una ideología que proclama la igualdad intelectual absoluta y amenaza con redefinir la esencia misma de la inteligencia. Bajo sus nuevos postulados, palabras como listo o tonto se convierten en tabú, y combatir la discriminación de las mentes menos favorecidas pasa a ser el caballo de batalla de una renovada lucha por los derechos civiles. Las universidades censuran las lecturas obligatorias para evitar cualquier sugerencia de superioridad o inferioridad mental, y hasta clásicos como El idiota de Dostoievski se consideran problemáticos solo por lo que parecen insinuar sus títulos.
Pearson Converse, profesora universitaria de Literatura, observa con creciente escepticismo esta tremenda deriva hacia la homogeneidad intelectual y la restricción del lenguaje, y el día que su hijo Darwin es amonestado en el colegio por tachar de «estúpida» la camiseta de un compañero, dice basta. Con una aversión atroz a cualquier tipo de dogma desde que los testigos de Jehová marcaran su infancia, Pearson no está dispuesta a que las nuevas tesis de la Paridad Mental aplasten el espíritu de sus hijos ni el de sus alumnos.
Cuando sus controvertidas decisiones docentes y su empeño por preservar la libertad de pensamiento en un mundo que amenaza con apisonar todas las diferencias la sitúen en el centro de una tormenta ideológica, Pearson se refugiará en su mejor amiga, Emory, con la que puede despacharse a gusto y compartir sus ideas socialmente reprochables sobre el movimiento paritario. O eso cree… Enfrentada a la censura, el ostracismo de sus colegas e incluso a la intervención de los servicios sociales, Pearson deberá encontrar la mejor estrategia para alzar su voz en una sociedad en la que la disidencia y la meritocracia intelectual se castigan como una vieja herejía. amazon


«Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida.» Andre Agassi
Siendo un bebé, le pusieron una raqueta de juguete en la mano. Desde entonces, Agassi no ha hecho otra cosa que golpear pelotas de tenis. Su padre, obsesionado por convertirlo en un astro del deporte, construyó una máquina que disparaba 2500 pelotas al día contra el pequeño Andre. Escrita por el Pulitzer J. R. Moehringer, Open es la semblanza a corazón abierto de Andre Agassi, que en estas memorias se muestra tal como es: un hombre que debió enfrentarse a las presiones de su familia, de la fama, pero que siempre conservó el valor de la amistad y un sentido altruista de la vida. En esta cautivadora autobiografía, Agassi revela, con sentido del humor y ternura, una vida definida por la contradicción entre un destino impuesto y el anhelo por complacer a quienes lo han sacrificado todo por él. amazon

domingo, 2 de agosto de 2026

ESTA VEZ SÍ



Por fin, el pollito de las tórtolas del barrio va creciendo y ya es posible verlo sobre el nido, hecho un señorito (o señorita). Expectante estoy por verlo volar.

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE






EN LILIPUT


Rafael Rivera, héroe urbano
Descendemos de un Gulliver como el gigantesco que el arquitecto levantó hace más de 30 años en Valencia.
Elvira Lindo, 02.08.2026
https://elpais.com/opinion/2026-08-02/rafael-ribera-heroe-urbano.html

Nuestro hombre merecería una estatua porque es, sin duda, uno de esos seres que proporcionan momentos de felicidad incuestionable a sus conciudadanos, aunque podría decirse que ya la tiene. Rafael Rivera, arquitecto, ideó el parque Gulliver para el cauce del Turia, en Valencia, donde situó al personaje de Swift tumbado en la tierra, inmerso en el sueño de los náufragos, atado mientras dormía por los diminutos habitantes del reino de Liliput. Este parque singular recibe al año una cifra aproximada de un millón de liliputienses, niños valencianos o de otros reinos, afanados en trepar por laberintos y deslizarse por toboganes que recorren al gigante de 70 metros de largo. Nuestra conversación transcurre así, a punto de precipitarnos por un brazo del náufrago. Rivera eligió a Gulliver para su parque soñado porque el personaje de Jonathan Swift contiene dos lecturas: la que entusiasma a los pequeños y la que supone para los adultos toda una reflexión política sobre la vanidad y la imposibilidad de los hombres para ejercer el poder sin corromperse. Gulliver sigue vigente en este año en el que se cumplen tres siglos de su nacimiento como héroe literario, y qué decir de nuestro Gulliver valenciano, entusiasmando a varias generaciones de niños desde 1990.


La creación del parque tiene en sí una épica fascinante porque la idea de Rivera no encontró el apoyo municipal que él esperaba. Su proyecto contaba con un maestro fallero, Manolo Martín, que construiría el muñeco, y con el dibujo de Sento Llobell. El rechazo venía por la incomprensión que provocaba que el arquitecto hubiera elegido un personaje anglosajón, como si la fantasía entendiera de fronteras. Finalmente, a pesar de la estrechez de algunas mentes, este equipo de irreductibles soñadores consiguió que Gulliver descansara en tierra valenciana. La mejor perspectiva es la que se disfruta si una llega a Valencia por avión. Impresiona. Hoy todo el mundo se apunta el éxito, y hasta hay quien planea la construcción de alguna réplica del personaje. Pero Rivera no cree que reproducir su proyecto sea la solución para una ciudad que, como todas, ignora a los niños. A los niños, a los viejos, a las mujeres, que suelen conformar el batallón de cuidadoras. La ciudad de hoy obedece a facilitarle la vida solo a un 15% de su población. No sean enfadicas, señores míos; las urbes, lo dice nuestro arquitecto, están diseñadas para varones productivos y motorizados. El resto habitamos, a menudo resignados, “la ciudad del olvido”. Y al niño le concedemos una libertad condicional que acaba en el bordillo de la acera. Dice Rafael Rivera, popularmente conocido por sus alumnos como Rafa (su bonhomía le concede ese diminutivo), que el activismo lo instruyó como ciudadano. Una inquietud social que creció al mismo tiempo que la formación académica: “Yo les digo a mis alumnos que un arquitecto que solo es arquitecto nunca será bueno”.


En 1974, de estudiante recién casado, se fue a vivir a la Malvarrosa, barrio con tradición reivindicativa, y recuerda con una sonrisa que cuando iba un operario del Ayuntamiento a izar la banderita roja para advertir del peligro de oleaje, un grupo de vecinos, que cada vez se fue haciendo más numeroso, cantaba en un susurro La Internacional. Allí se fue nutriendo de experiencia vecinal para entender que el arquitecto jamás debe ignorar las necesidades de los usuarios. Valencia es esa ciudad compleja donde a un lado se encuentra un poder abusivo y al otro una ciudadanía resistente. Recuerda Rivera los hitos de esa rebelión ciudadana: las defensas del cauce del Turia, El Saler y el Cabanyal. Si los vecinos no se hubieran plantado la ciudad sería una urbe atravesada por autopistas con entrada al mar. ¿Qué ocurre ahora, estamos menos implicados? “Bueno, hay menos resistencia porque el poder nos tritura, y eso que hay muchas razones para alzar la voz. Las ciudades no están preparadas para lo que se nos viene encima. En tiempos de Carmen Alborch comenzamos a idear las vías verdes, esos caminos que pretendían conectar unas zonas verdes con otras para que la gente pudiera gozar de paseos protegidos por la sombra y el arbolado. Refugios climáticos. Son medidas relativamente baratas, pero necesitan de una ética y un compromiso. ¿Qué ocurre? Que esa ética no se enseña, es algo que me irrita muchísimo. ¿Por qué hay Ética en la Facultad de Humanidades y no en el Politécnico si de nosotros dependen tantas actuaciones públicas? Estamos en un momento en el que debemos comprometernos con los que tenemos al alcance de la mano. A estas alturas de mi vida quiero emprender una campaña a favor de la enseñanza de la ética. Vivimos una doble deriva, una nos lleva a lo peor, porque van ganando los que debieran perder. Acabarán derrotados, pero por el camino destruirán tanto que costará mucho recomponer lo perdido. Una gran ventaja de llegar a mi edad es que ya lo has sido todo, niño, joven, pareja, padre, ‘ha recorrido mi amor toda la escala social’ [se ríe], decía el Tenorio. Él se refería a las amantes, yo a la comprensión de los otros. ¿Para qué hacerse viejo si no es para entender las otras edades de la vida?”.

De la mano y algo torpes, descendemos del Gulliver, saliendo como de un sueño que nos hubiera permitido por un rato regresar a la infancia.