sábado, 17 de octubre de 2026

MÉDICOS Y PACIENTES


Un fallo del programa
Tal vez era un alienígena que conservaba los recuerdos, los dolores de cabeza y hasta la documentación del terrícola al que había reemplazado.
Juan José Millás, 16.10.2026

Al volver de mi paseo matinal por las mismas calles que había tomado a la ida, me pareció que el paisaje, sin haber dejado de ser idéntico, se había vuelto diferente. No faltaba nada ni había surgido nada nuevo. Sin embargo, todo había sufrido una trasformación no demostrable. Fantaseé con la posibilidad de que el cambio estuviera en mí. Quizá en algún punto del recorrido me hubieran raptado e introducido en la parte trasera de una falsa ambulancia para someterme a una intervención extraterrestre. Quizá me habían vaciado y vuelto a llenar de otra manera. Tal vez era ya un alienígena que conservaba los recuerdos, las manías, los dolores de cabeza y hasta la documentación del terrícola al que había reemplazado. Y ahora volvía dócilmente a casa para estudiar desde dentro la rutina familiar de unos ejemplares de nuestra especie, o de la vuestra, según se mire, pues ya no sé si soy de vosotros o de ellos. Enviaría informes de forma periódica mientras dormía o mientras barría la cocina. Todo aquello tenía antecedentes. La psiquiatría está llena de personas convencidas de que sus familiares han sido sustituidos por dobles, y, la ciencia ficción, de familiares que efectivamente han sido sustituidos por dobles. La diferencia entre un historial clínico y un cuento fantástico consiste en averiguar quién lleva razón: si los médicos o el paciente.

Continué caminando con la idea de localizar el lugar exacto del rapto. Mi barrio está lleno de calles discretas, ideales para ese tipo de operaciones clandestinas. Pero entonces se me ocurrió algo peor: que el cambio no hubiera sucedido aquella mañana. Que llevara meses siendo otro sin saberlo y que en mi último paseo se hubiera producido un fallo momentáneo del programa. Una grieta en la memoria implantada. Llegué a casa y la llave entró en la cerradura con normalidad. Reconocí a los míos y los míos me reconocieron a mí, aunque me dio la impresión de que fingían.

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