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viernes, 31 de enero de 2025

AHORA YA NO LA QUIERO


Un superviviente de Auschwitz devolverá la orden al mérito alemana tras aceptar la derecha los votos de los ultras de AfD
Albrecht Weinberg, de 99 años, afirma que la maniobra de la CDU para votar junto a la extrema derecha le recuerda al ascenso de Hitler y los nazis en Alemania.
Almudena del Cabo, 31.01.2025

El superviviente del Holocausto Albrecht Weinberg quiere devolver la Cruz Federal al Mérito al presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en protesta por el hecho de que los diputados conservadores de la CDU aceptaran el voto del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) para sacar adelante una moción parlamentaria que restringe duramente el derecho de asilo, algo inédito hasta ahora en el país europeo. Para Weinberg, alemán de 99 años, ver cómo Friedrich Merz, candidato democristiano y posible futuro canciller alemán, según los sondeos, formaba una mayoría parlamentaria con un partido bajo vigilancia de los servicios de inteligencia por sus posiciones radicales, es algo que le ha conmocionado, por lo que, en una decisión espontánea, como él mismo ha explicado públicamente, ha decidido devolver esta orden al mérito.

Weinberg reconoció a la red de periódicos RND que recibir la condecoración fue “un gran honor”. “Me gustaba llevarla”, manifestó. “Ya sabes, después de todo lo que sufrí en Alemania como judío, me llenaba de orgullo. Me sentí muy, muy honrado cuando la recibí en 2017. Pero ahora ya no la quiero”, afirmó después de que se rompiera con la ley no escrita en Alemania que impide aliarse o acercarse a la extrema derecha ni para sacar adelante medida alguna en el Parlamento.

Este superviviente del Holocausto sobrevivió a los campos de concentración de Auschwitz y Bergen-Belsen. Casi toda su familia fue asesinada por los nazis. En 2012, él y su hermana Friedel decidieron regresar de Estados Unidos a Leer, su hogar en Frisia Oriental, en el Estado de Baja Sajonia, en el norte de Alemania. Desde entonces, ha estado yendo a escuelas para compartir sus recuerdos con los alumnos y mostrarles a los estudiantes “lo que podría pasar si vuelven a tomar el poder”.

Por eso, ver lo que ocurrió esta semana le hizo que antiguos miedos volvieran a recorrer su cuerpo. “No soy político, pero lo que Friedrich Merz hizo en el Bundestag el miércoles es imperdonable. Su éxito con los votos de AfD desencadenó en mí antiguos miedos, y no suelo asustarme tan fácilmente”, relató Weinberg.

“¿Conoces la historia alemana? ¿Sabes entonces cómo algunas personas que se hacían pasar por demócratas en 1933 abusaron del proceso político legal para llegar al poder? Lo que ocurrió en el Bundestag el miércoles me recordó a la Alemania de 1933, a cómo Hitler y el Partido Nazi lograron llegar al poder por medios legítimos”, declaró al diario inglés The Guardian.

“Los nazis querían deshacerse de mi familia a pesar de que éramos ciudadanos alemanes, y lograron asesinar a mis padres y casi nos matan a mí y a mis hermanos. Ahora estos políticos quieren echar a todos los que no les gustan. ¿No han aprendido nada de la II Guerra Mundial? Me pregunto si debería volver a hacer la maleta”, agregó al rotativo el hombre que en unas semanas cumplirá 100 años.

Al igual que Weinberg, el fotógrafo alemán Luigi Toscano también quiere devolver al presidente alemán la Cruz Federal al Mérito que recibió de Steinmeier en 2021. El artista anunció en la cadena pública alemana ARD que seguirá el ejemplo de su amigo Weinberg. “O nos recibe el presidente o se lo tiramos al buzón”, dijo, y afirmó estar “conmocionado, indignado y perturbado” por lo que ocurrió en el Bundestag el miércoles.

A través de su proyecto Para que no olvidemos, el artista lleva 10 años dando a conocer el destino de los supervivientes y llamando la atención sobre los últimos testigos contemporáneos de los crímenes nazis. Sus retratos se exhiben actualmente en el aeropuerto de Milán y en la Frauenkirche de Dresde.

“Estoy seguro de que habría habido formas de evitar esta votación de forma democrática. ¿Qué debo decir a los supervivientes del Holocausto con los que me reúno regularmente sobre el estado de la democracia en Alemania? ¿Cómo puedo explicarles que un partido que quiere gobernar Alemania en el futuro vota con los extremistas de derecha en el Parlamento? Lo siento, no puedo y no lo haré”, declaró a RND.
Carta abierta a Merz

Mientras, la superviviente del Holocausto Eva Umlauf dirigió una carta abierta al candidato a canciller de la CDU, Friedrich Merz, en el diario Süddeutsche Zeitung. Bajo el título “No lo haga, Sr. Merz”, apela al líder conservador para que no apruebe la ley para frenar la migración junto con AfD en la votación de este viernes después de haber logrado el apoyo para su moción el miércoles. Umlauf fue llevada al campo de exterminio nazi de Auschwitz cuando tenía dos años y dijo que no estaría viva hoy si su transporte hubiera llegado solo tres días antes. “No subestime a los extremistas de derecha. Dé marcha atrás en el camino que emprendió el miércoles. Acérquese a los otros partidos democráticos y encuentre compromisos”.

En su misiva, Umlauf reconoce estar “muy asustada” por “un giro a la derecha en toda Europa”. “Mires donde mires”, dijo en su escrito, “el odio y la agitación vuelven a ser socialmente aceptables. La gente está siendo marginada e intimidada”. Esta superviviente recuerda también lo sucedido en 1933 en Alemania, cuando Hitler fue nombrado canciller del Reich por el presidente Paul von Hindenburg. “Todos hemos visto adónde puede conducir este camino. Todos sabemos cómo los políticos alemanes pensaron hace casi 100 años que podían trabajar con Hitler y el Partido Nazi”, escribió.

Una portavoz de la organización judía Jewish Claims Conference (JCC), en contacto con Weinberg y otros supervivientes, ha explicado por teléfono a EL PAÍS que todos los supervivientes están “horrorizados” y “conmocionados” por lo que ha sucedido en el Parlamento alemán. Asimismo, ha indicado que tanto Weinberg como Umlauf creen que es importante mostrar su repulsa por lo que está ocurriendo en Alemania y alertar de lo que supone para el país, por lo que a pesar de su avanzada edad sacaron fuerzas para hablar con algunos medios.

lunes, 22 de marzo de 2021

HOLOCAUSTO + COVID


Dita Kraus, la mujer que sobrevivió a Auschwitz... y al coronavirus
Se publica en español un testimonio excepcional de la vida en los campos de exterminio. Su historia sirvió de base a una novela sobre el Holocausto
https://elpais.com/cultura/2021-03-22/dita-kraus-la-mujer-que-sobrevivio-a-auschwitz-y-al-coronavirus.html

“Durante las muchas horas que paso en la cama del hospital, en una especie de duermevela, mi mente se zambulle en el oscuro sótano de mi memoria. Ahí están los recuerdos, encerrados desde hace décadas, demasiado horribles para afrontarlos. Ahora llenan mi estado semiinconsciente y soy incapaz de deshacerme de ellos. Las cámaras de gas. ¿Qué es eso? La gente dice que no existieron. Era algo relacionado con el Holocausto. Una especie de mito judío. En aquella guerra, en algún lugar de Europa. A quién le importa, ¡fue hace tanto tiempo! Pero los recuerdos siguen golpeando la puerta. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Debe ser contado!”. Dita Kraus (Praga, 1929) escribió este texto, cedido a EL PAÍS, en enero de 2021, mientras, con 91 años, luchaba por superar el coronavirus. Superviviente de Auschwitz, Bergen Belsen y otros campos de exterminio, sus ojos han sido testigo de los males del mundo durante el último siglo, una vida de sufrimiento y superación que ahora cuenta en Yo, Dita Kraus (Roca, traducción de Ana Momplet).


Kraus responde en inglés por correo electrónico desde su pequeño ático en Praga, donde pasa el tiempo cuando no está en Netanya (Israel) y donde quedó atrapada por el confinamiento: “Cuando repaso mi vida es difícil encontrar un momento al que quisiera volver. Quizás solo a mi infancia, antes de la guerra. Mi vida ha estado llena de dolor y pérdida. Siento que ha estado fuera de toda proporción, que ha habido mucho más mal que bien”. Desde su ventana se ve el parque con los tilos en los que docenas de urracas se juntan al atardecer para pasar la noche entre sus ramas, comenta para dar lugar a algo de belleza en medio del recuerdo del horror.

La prisionera 73305 del campo BIIb del complejo de exterminio montado por los nazis en Auschwitz, nieta de un prestigioso político socialdemócrata, vio cómo su vida de clase media de una familia checa de judíos germanohablantes quedaba suspendida para siempre en 1939. Tenía 10 años. Empezó entonces un infierno de persecuciones y reclusiones en guetos inmundos que acabó con la deportación a Auschwitz, en diciembre de 1943. Su padre murió al poco tiempo. Su madre sobrevivió hasta la llegada de los aliados para perecer, como otros miles, exhaustos, tras la liberación de los campos.

Hasta el más sórdido detalle de esa pesadilla está contado con un estilo sobrio y sólido, sin adornos, en un libro que podría no haber visto la luz. “No fue nunca mi intención. Yo era la mujer de un escritor [Otto B. Kraus, del que también Roca ha publicado El maestro de Auschwitz]. A lo largo de los años escribí descripciones de lo que me había ido ocurriendo. Eran textos destinados a mis hijos o mis nietos, pero los leyó la editora checa de mi marido”, cuenta. Le gustaron, se añadieron pasajes que llenaban los huecos temporales que había en la narración y de todo ese proceso surgió la autobiografía que ahora llega a las librerías españolas.

Dita Kraus vivió una inesperada fama hace unos años, cuando se supo que era la mujer en la que se basaba la protagonista de la novela de Antonio G. Iturbe La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta, 2012). “Cuando me dijo que quería escribir sobre mí no podía creerlo. Yo era uno de los cientos de miles de personas que tuvieron un destino similar, muchos incluso más interesantes que el mío”, asegura. En su autobiografía, el episodio no ocupa gran espacio y ella trata de desmitificarlo. “Sinceramente, lo que me ayudó en Auschwitz no fueron los libros. Había 12 o 13 volúmenes y pocos eran literatura. El hecho de que estuviera bajo techo, no bajo la lluvia y el frío de fuera, es lo que me ayudó. Lo siento por desilusionar a los amantes de los libros, que creen que enriquecen y satisfacen. Lo hacen, pero cuando tienes el estómago lleno y una cama caliente”. Sí hay, sin embargo, un homenaje a los que actuaban como profesores en aquel pabellón infantil, gente que sabía que les quedaban días, horas de vida y las empleaban en enseñar a otros que iban a sufrir el mismo destino. “Fueron únicos. Son los héroes de Auschwitz”, subraya. Su futuro marido, Otto, era uno de ellos.

Pocos supervivientes habrán podido pasar por la prueba a la que se enfrentó en 2002. Supo entonces por su hijo Ronny que en el Museo Imperial de la Guerra, en Londres, había grabaciones de la liberación de Bergen Belsen. Sin dudarlo, fue allí, pidió el vídeo y volvió a ver el horror, los esqueletos de los muertos vivientes, las fosas, hasta que se identificó, con un pañuelo en la cabeza, pidiendo fuego a un soldado. “Paré la película, incapaz de respirar. Ahí está la prueba, pasó realmente, soy yo en Bergen Belsen. Estaba en shock”, comenta.

En sus respuestas, Kraus se muestra optimista y subraya su confianza en el efecto que produce extender el bien entre los que tienes cerca. Mientras salía adelante en el infierno, en la tierra conoció el amor, pero es sobre lo único que no contesta durante la entrevista. Al volver a casa se reencontró con Otto, con quien se casó en 1947. Sus bienes fueron expropiados tras la llegada de los comunistas y en 1949 partieron para Israel, a iniciar una nueva vida en un país sin recursos y que acababa de salir de una guerra. La pobreza, la lucha y la esperanza se sucedían. “A pesar de haber vivido allí 72 años, no me siento completamente en casa. Adoro Israel, pero cuando vengo a Praga me siento como en casa, el checo me suena todavía más familiar que el hebreo”. Tuvo tres hijos. Shimon, el mayor, sufrió problemas mentales toda su vida, y Micaela murió joven por una cirrosis desarrollada desde niña, un suceso que Kraus, confiesa, nunca ha superado. “La gente me pregunta de dónde saco la fuerza para soportar todo el dolor y todas las tragedias de mi vida. No creo en Dios, nunca he rezado, pero, ¿qué podía hacer? ¿Colapsar y rendirme cuando mis hijos me necesitaban?”, responde cuando se le pregunta sobre su fe.

“Me hace feliz el hecho de que, a pesar de los esfuerzos de Hitler por exterminarnos, ahora haya 14 descendientes de Kraus; la última es mi bisnieta Michelle”, cuenta orgullosa al final del libro, aportando, quizás inconscientemente, la prueba de que el mal absoluto no siempre triunfa.

UNA CARRERA LITERARIA TRUNCADA
Otto Kraus (Praga, 1921- Netanya, 2000) vio primero cómo el nazismo truncaba su vida y después el comunismo se quedaba con el fruto de años de emprendimiento de su familia. Israel era la única esperanza, pero para su carrera literaria fue una decisión nefasta. “La primera novela de mi marido se publicó en Praga poco después del final de la guerra. Fue muy bien recibida y se suponía que era el inicio de una carrera literaria. Pero no ocurrió. Trasladarnos a Israel le obligó a perder su herramienta, el idioma checo. La traducción de su novela al hebreo pasó inadvertida. Otto empezó a escribir entonces en inglés, pero no encontraba editor. Comenzó a dudar de sus capacidades, pero yo siempre supe que era un escritor de calidad. Ahora que sus trabajos se han traducido a muchos idiomas, él no está vivo para verlo. ¡Qué pena!”, lamenta Dita Kraus.