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martes, 14 de julio de 2026

OTRA HISTORIA BONITA


Waheed, el último pastor de Bédar: “Me jugué la vida por mis animales”
El hombre de 35 años volvió a la nave donde cobija a sus más de 700 cabras cuando las llamas del incendio las acechaban y consiguió salvarlas con una manguera sin presión y un cubo de agua.
Álvaro Sánchez-Martín, 14.07.2026

No le dio importancia. Cuando su hermano le dijo que había fuego en Los Gallardos, Waheed Mumtaz (Gujrat, Pakistán, 35 años) acababa de llegar a la nave en la que guarda a su rebaño de 720 cabras para ordeñarlas. La noticia no hizo que cambiara de plan. Su terreno está en la carretera que da acceso a Bédar, el pueblo que terminó por llevarse la peor parte del incendio, pero en ese momento lo separaban de las llamas más de siete kilómetros. Lo que Mumtaz no intuía entonces es que solo unas horas después se vería junto a su hermano luchando mano a mano contra lenguas de fuego y usando como única defensa una manguera sin presión y un cubo de agua.

Cuando olió el humo por primera vez eran poco más de las siete y media de la tarde. “Ahí ya empecé a preocuparme”. El olor era más intenso por momentos. Salía cada pocos minutos, miraba al horizonte para ver cómo iba evolucionando la situación y volvía a entrar. Pasaron los minutos y ya no solo lo olía, sino que lo veía. Era más espeso y gris y no le dejaba respirar ni ver si detrás de la cortina opaca había una lengua de fuego acercándose. “El humo me da más miedo que el fuego”, admite. En ese momento es cuando él, junto a su hermano Khaward y al operario que trabaja allí, Karan, huyeron en coche hasta Bédar. “Lo primero es salvar la vida y primero van las personas antes que los animales”.

Waheed Mumtaz trabaja en la granja para arreglar la manguera. Jaime Villanueva

Ya no quedan más como él allí. El último pastor de Bédar llegó a España hace ya 21 años y ha trabajado en una tienda de comida de Barcelona, en una pastelería y ha sido taxista. “En mi país hay muchos animales. Me viene en los genes”, cuenta para explicar su decisión de irse al campo.

Pero lo que Waheed dejaba atrás no era solo un recuerdo de su país. La granja fue una apuesta desde que llegó allí el año pasado en busca de una vida más tranquila. No tiene seguro, así que lo habría perdido todo. Las cabras son la fuente de ingresos de una familia de cinco personas. De la leche que ordeña el hombre vive su mujer, su hijo, su padre y un hermano mayor “que está enfermo y no puede trabajar”. Eso era lo que pensaba constantemente cuando, desde un mirador del pueblo, veía cómo avanzaba el incendio hacia su terreno. “Allí decidí qué hacer: quedarme allí arriba o jugarme la vida por mis animales”. Decidió lo segundo.

Él y su hermano cogieron a gran velocidad las curvas de la carretera montañosa que baja de Bédar a su finca, mientras contemplaban el fuego desde la ventanilla y trataban de divisar la nave entre el humo que se colaba desde el valle. Cuando llegaron, las llamas estaban muy cerca. Primero, regaron con la manguera la puerta. Después, la rambla que tenía detrás. “Está llena de leña, caña, paja seca”. El resultado, dice, podría haber sido desastroso. Luego el fuego empezó a agujerear la manguera y a hacerla perder presión. Al final solo les quedaba el cubo.

Wahid, con algunas cabras del rebaño que tiene en Bédar, este lunes. Jaime Villanueva

“Cuando estaba allí, solo pensaba en mi familia”, dice. “Me jugué la vida por mis animales porque mi vida depende de ellos”, explica. No se fue del lugar hasta que lo echó la Guardia Civil a las diez de la noche, la misma hora a la que se encontró el primero de los 12 cadáveres incinerados que aparecieron en los alrededores del pueblo. Una mujer más murió por las quemaduras días después, el domingo, en el hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Waheed volvió a subir a las cinco de la mañana del viernes, cuando el incendio todavía estaba desbocado, y ya nadie lo movió de allí.

Al final consiguió salvar a casi todas las cabras. A todas menos a una. Era a la que más quería, su favorita, su compañera, como el que dice de su perro que es uno más de la familia. La cabra lo seguía a todos lados: “Yo no la tenía ni que llamar”. Era la única a la que dejaba salir de la finca “porque siempre volvía”. Esta vez no volvió. Después de todo lo vivido, Mumtaz se rompe al recordarla.

El resto de cabras están bien, aunque han sufrido mucho. “Si no se las ordeña en varios días, pueden desarrollar mastitis. Eso es lo que más me duele. Es maltrato animal”, asegura el pastor. Intenta darles poco de comer para que no produzcan leche, porque su ordeñadora automática se ha estropeado y es imposible extraer la leche de tantas cabras a mano.

Calcula que en este tiempo ha perdido entre 1.500 y 2.000 litros de leche y que las cabras, después de tanto tiempo sin ser ordeñadas, darán menos que antes. Mumtaz hace balance de lo que tiene, de lo que ha perdido y de lo que podría haber desaparecido para siempre. “Hay que dar gracias a Dios”, dice, a pesar de todo.

sábado, 28 de marzo de 2026

LA CHAQUETA YA NO ES SÓLO AZUL


Los niños de la chaqueta rosa
Dos críos inician un diminuto fenómeno sociológico en un colegio de Madrid.
Delia Rodríguez, 26.03.2026

Max y Tomás tienen seis años, son muy amigos y van juntos al mismo cole, aunque este curso les ha tocado en clases distintas. Cuando fueron al H&M el mes pasado les gustó mucho una misma chaqueta y sus madres se la compraron. La cazadora, que cuesta 24,99 euros, es para verla: color rosa intenso, un arcoíris en la espalda y lentejuelas cosidas de arriba a abajo que relucen de forma intensa cuando se exponen a la luz. Como a ambos les encanta el rosa, no han parado de ponérsela desde entonces, iniciando un insólito fenómeno sociológico en miniatura. Según el último censo informal realizado a ojo por las mamás del cole, entre las dos clases de primero de primaria del centro público de su barrio, esta primavera unos 15 o 16 niños y niñas brincan contentísimos con sus chaquetas de lentejuelas rosas. “Es una bomber que brilla más que el sol, ese patio es la Fabrik ahora mismo”, me cuenta la madre de Max, Tania, encantada con esa explosión de alegría y muy orgullosa de que su hijo se mantenga fiel a sus gustos y de que, entre su amigo y él, hayan influenciado a sus compañeros. “El panorama en la puerta del cole es bastante cómico. Ves un niño mate, dos niños brillo”.

Para Tania, lo importante es que su pequeño gesto haya derribado una barrera impuesta de forma temprana: las tiendas siguen claramente divididas en la parte azul de los niños y la parte rosa de las niñas, cuando “de pequeño te gustan las cosas divertidas, y no poder ponértelas porque los demás te van a juzgar está mal aunque tengas seis años”. Le da alegría ver que ellos son libres y que si les dejas, hackean el sistema. Le gusta, también, que las familias no les hayan limitado. Los críos no son ajenos a las expectativas cromáticas de género, pero mientras algunos, como su hijo, reaccionan ante ellas rebelándose y poniéndose más aún si cabe el rosa, otros necesitan notar la seguridad de su círculo cercano antes de animarse.

El cole está situado en un barrio tradicionalmente obrero del suroeste de la ciudad que en los últimos años ha atraído a familias como la suya, de clase media y profesionales liberales. Y si a Max no le hace ni pizca de gracia que le digan que el rosa es un color de niñas, a Tania menos. Es directora de vestuario en La Promesa, la serie de época de las sobremesas de RTVE, y piensa mucho en las implicaciones de lo que llevamos. Por ejemplo, no decide sobre la ropa de su hijo, que la elige desde los dos años y medio aunque, según ella, a veces va hecho un cuadro: prefieren fomentar su seguridad en sí mismo. Tania entiende también cómo funciona el ciclo completo del estereotipo. Me cuenta que alguna vez le han pedido en la televisión que vista de rosa a un bebé de principios de siglo, cuando esa división comenzó a aparecer en los años cincuenta, y que de hecho los infantes en la monarquía española llegaron a ir de rojo y rosa como símbolo de fuerza. A comienzos del XX, la practicidad primaba, y los bebés llevaban colores naturales como el crudo y el blanco. Diferenciar a un recién nacido por el rosa o el azul, explica, es marketing, y hace un siglo, en los años veinte o treinta, no sucedía. “Si nosotros en la televisión lo damos por bueno estamos reforzando las ideas que les metieron a las espectadoras en la cabeza en la posguerra”, dice. “Tenemos la responsabilidad de no manipular la historia, y hay cosas que parecen de toda la vida pero que no lo son en absoluto”. Brillantes esa decena y media de niños, y brillantes sus madres.

jueves, 1 de enero de 2026

ASÍ SE ESCRIBE...

...la Historia.

Éstas son las primeras preguntas que me vienen a la cabeza el primer día del año, junto a mi deseo de que se terminen estas Navidades de una vez.
¿Cómo se puede echar de menos algo que no se ha conocido? ¿Hacia dónde vamos si los jóvenes que no han conocido la dictadura de Franco suspiran por ella? ¿Cuándo la preocupación de "nuestros" políticos va (vamos) a ser nosotros y no su propia guerra? ¿Y cuándo los más débiles serán a los que más se cuide?
Ignoro si habrá elecciones en el 2026, tal y como dice Feijóo, o se agotará la legislatura como dice el otro, lo que sí querría es que las prioridades de los partidos políticos en España ¡España! cambiaran; que la vivienda pública y las residencias de ancianos fueran una prioridad en los programas electorales, que se solucionaran las listas de espera hospitalaria y los pasillos de urgencia desbordados, que dejaran de mentirnos en la cara y, ya que estamos, que se acabaran los privilegios que tiene la Iglesia.
Sólo son mis primeras preguntas, seguro que a medida que pase el año tendré más.

lunes, 24 de noviembre de 2025

I WAS SEARCHIN', I WAS HOPIN'

Un poco de música de finales de los 70, en los albores de los 80 (1978), para animar esta semana que será larga, de trabajo y de emociones. Una semana de inventario predesmantelamiento, de cuenta atrás, de fortaleza antes los "no entiendo por qué se va", de estrenada e incrédula orfandad, de futuro esperanzador. Una canción facilona y rítmicamente optimista, ¿qué más necesitamos?
Electric Light Orchestra, *Sweet talkin' woman.

martes, 14 de octubre de 2025

4:45 AM


Otra mañana despierto como las gallinas, incluso antes de que cante el gallo. Otra mañana sin mucho ánimo, escuchando la música tristona de Mark Knopfler con los auriculares para no hacer ruido, con el primer café doble (realmente un cortado preparado con dos cápsulas de NESPRESSO) y el primero de los expedientes "abiertos" en el ordenador. Otra mañana que me espera, otra jornada pendiente de una cita importante que no llega, un día más para descontar antes de la cita del miércoles por la tarde donde puede salir un proyecto interesante, la reunión posterior a ella, un almuerzo y un café en buena compañía, ópera, un desayuno acompañado y la visita a un amigo enfermo antes de volver a volar el viernes.

No hay noticias desalentadoras respecto al fin de la Guerra de Gaza (¿no se llamaba antes a esto armisticio?). Es todo tan extraño, una firma de paz en Egipto pero sin sus protagonistas, ni Israel ni Hamas; todo a la mayor gloria de T. La verdad es que nos ha tocado vivir en una época muy extraña. Aun así, sin ellos presentes, un armisticio es un armisticio y tenemos que celebrarlo. La Historia, espero, pondrá a cada personaje en el lugar que le corresponde. Y como ocurre con el día después de unas Elecciones, todos habrán ganado la guerra.
Somos como somos, mala gente que camina.

PD. Tendré que pedir que nos enseñen más fotos de nuestra "sobrina" inglesita para compensar tanta grisura. Como ven, el vaso siempre medio lleno.
Mark Knopfler, *Beryl.