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sábado, 18 de octubre de 2025

GENIOS Y FIGURAS


Hace unos meses el inefable Maduro anunció a sus conciudadanos que las Navidades en el país bolivariano comenzaban este año en octubre y se quedó tan pancho. Hubo tan poca reacción a esta ocurrencia que yo me olía algo. Vueltos todos a lo que tocara ese día, alguna ocurrencia de T, la OTAN, Ucrania, etc., pasamos página como hacemos siempre y nos olvidamos de Maduro, de sus chándales imposibles y de su bigote más viejuno que Carracuca. Pero, he aquí que ayer me doy cuenta de la genialidad del venezolano, no sólo adelantó las Navidades en el país caribeño sino que exportó la idea allende los mares. 
¡Y Mercadona fue la primera! Mientras en las calles de ciudades y pueblos comienzan a instalar las luces y la parafernalia navideña, Mercadona ofrece en sus anaqueles turrones y viandas para delicia del personal. Y quien dice Mercadona dice el resto de supermercados y grandes superficies, faltaría más.
Todo es ya un gran negocio, desde Halloween, que ha matado al día de todos los santos como el vídeo mató a la radio (supuestamente, claro está), al día de la madre, del padre, de la suegra, de la mascota, de la marmota y así hasta el infinito y más allá; el blackfriday, los días sin IVA, el 3x2... Antes todo estaba en los libros, decían los más optimistas, ahora todo está en el business. En América, salvo nueva ocurrencia de quien tú sabes, las Navidades no empezaban hasta el 1 de noviembre, pasado Halloween, pero ahora a saber. qué buenas nuevas nos esperan.

viernes, 16 de diciembre de 2022

NAVIDAD


Hoy es el día de la comida de empresa, ¡qué ganas!, cuántonosqueremosaunquenospongamosverdesporlaespalda. Ardo en deseos de sentarme a la mesa con los siniestros, los reyes del akelarre, los pánfilos... Ojo avizor a lo que me sirvan no sea que esté envenenado.

viernes, 2 de diciembre de 2022

DE RELOJES Y ENCERRONAS


Si bien mis notas mañaneras de hoy poco tiene que ver con la maravillosa novela de Stenibeck, comienza este día con frío, 12°, cuando el invierno ha llegado, tarde, y todos saben cómo ha sido. 2 de diciembre, martes 13 incluido, casi casi en un tris adiós al 2022 y hola, de nuevo, alergia.
Leí algo que decía que un amigo es el relojero de nuestra vida, qué frase más bonita. Ayer tuve la oportunidad de engrasar mi maquinaria almorzando con mi amiga E en nuestro restaurante de siempre. Dos horas de buena y amena conversación, boletus y arroz caldoso. 
Por la tarde quería terminar unos expedientes, como así fue, pasa terminar a las 7 asistiendo al encendido de las luces navideñas en la Plaza de La Esperanza y posterior concierto. Tarde desapacible, llovizna y frío, unos minutos antes del acto tuve tiempo para acercarme al cajero a reponer mi cartera. Entrando al cubículo bancario me abordó una señora embozada y nerviosa, hablando como una ametralladora, a la que no pude reconocer: 

- Usted es el arquitecto, ¿verdad?, conustedqueríayohablardesdehacetiempo.
- Sí, ¡hola!, en efecto, ¿nos conocemos?
- Sí, yo soy la señora de Las Barreras, usted me hizo una encerrona hace unos años.
- Perdone, ¿cómo? ¿una encerrona? Por favor, explíqueme exactamente cuál es su parcela para intentar acordarme de lo que me habla. 
 - Sí, sí, nos emplazaron en su oficina y allí, todos compinchados, me hicieron una encerrona.

Después de un innecesario circunloquio logré acordarme y pude ubicar la parcela de la que me hablaba.

- Ya recuerdo su caso. Como usted me dice, efectivamente hablé con el arquitecto de la obra adyacente, le expuse su preocupación y él me aseguró que terminaría la obra de la manera que usted sugirió, como no debió ser así por los que me cuenta usted en estos momentos. 
- Exacto, usted nos engañó, nos hizo una encerrona, bla bla bla.

La señora, enfadada, siguió en bucle hasta que pude meter baza e intentar explicarle cómo funcionan las cosas cuando se trata de desencuentros entre lindantes -por decirlo de forma educada-, que es un asunto civil, o sea labor de los tribunales, no de los ayuntamientos, y por ende de los jueces y nunca de los arquitectos municipales. Pero allí seguía la señora, instalada en su diatriba particular, sin evidentes síntomas de entender lo que le decía o querer hacerlo.

- Señora, perdóneme, deje que me explique, por favor. Como veo que usted ya me ha sentenciado y no puedo hacer nada contra ello, puedo asegurarle que mi labor no es la de hacer encerronas a nadie, ni muchísimo menos; mi trabajo consiste en intentar encontrar soluciones, en la medida de mis posibilidades, a los problemas de los ciudadanos, y créame que es así y que no hago sino eso, teniendo constantes problemas por ello. Sólo puedo ofrecerle una reunión en mi despacho para hablarlo con calma y documentación e intentar buscar una salida a sus preocupaciones.
- Bueno... vale... a lo mejor no fue usted el de la encerrona... pero... entonces seguro que hizo lo que le ordenaron. 

La señora reculaba e intentaba arreglar la situación a su manera pero sin bajarse del burro.
 
- Pues puedo decirle que yo soy el único arquitecto y que no recibo consignas técnicas. Le aseguro que debe haber una explicación para todo esto y, si lo hablamos con calma y está en mis manos, podremos encontrar una salida.

Yo, nervioso porque no se acababa la conversación, a medio hacer con lo del dinero del cajero -ya me había equivocado con el pin de la tarjeta temiendo que la máquina usurera se la tragase- y con mi amiga I esperando pacientemente mi llegada, comencé a caminar lentamente hacia atrás para que la señora se diera cuenta que aquello terminaba ahí. Funcionó, más o menos; se despidió con un intentaré pasarme, con mi madre, que tiene 80 años y queestámuydolidaporlaencerronaquenoshicieron, pero no sé si podremos antes de las navidades.

- Muy bien, cuando quieran, allí las espero. Buenas noches.

Después del desagradable encuentro ya no tenía ganas ni de luces, ni de concierto ni de nada. Con el sabor de la dichosa encerrona en la boca, me tomé un descafeinado, nos dimos un paseo para ver los adornos navideños y, bajo la lluvia, volví al coche con la cabeza puesta en llegar a mi casa lo antes posible. Volví a preguntarme ¿qué es la vida? ¿la que creemos tener o la que los demás piensan que vivimos?

Me vino a la cabeza, mientras conducía y con la encerrona dando vueltas en mi cabeza, aquel chiste malo...

- Hola, buenas tardes, ¿me da un chicle?
- Pero señora, esto es un confesionario, no un kiosco.
- Le he dicho que quiero un chicle.
- Que esto es un confesionario y no un kiosco.
- ¡¡¡O me da un chicle o le tiro el kiosco!!!

martes, 1 de diciembre de 2020

LA MISMA PIEDRA

Massenet, "Thaïs". *Ato 2º, Méditation religieuse.
 
El mes más iluminado del año ha llegado, incluso en este 2020. Quién nos iba a decir que pasaríamos por una, ésta, pandemia; por un confinamiento, por ya-ni-se-sabe cuántos muertos, por un bochornoso espectáculo político, que aún continua; un circo electoral norteamericano (eso sí, con happy end). Un mal año, en resumen.
Pero mira que hemos leído y escuchado, y hasta visto, acerca de lo que hay que hacer y lo que no, sazonado con esta interminable lista de muertos que deprime hasta el más fuerte. Pues sí, aún con este exceso de información y el miedo instalado en el cuerpo, queda la capacidad de asombro viendo imágenes de las aglomeraciones de este pasado "primer fin de semana navideño"; debe ser que el virus no se contagia si uno está ávido de consumismo. El ser humano es un ser extraño, sin duda. 
¿Recuerdan a Uka, la perra pastor alemán de Ali? Pues una vez, lloviendo, pisó una tapa de registro y supusimos que le dio calambre porque, mientras vivió, hizo filigranas para no volver a pisar alguna, con sol radiante y el suelo seco sequísimo. Nosotros nada, ni electrocutándonos, la misma piedra está ahí siempre, esperándonos. Y Uka, dese arriba, moviendo el rabo muerta de risa perruna.  

Julio Iglesias, *Me olvidé de vivir.

lunes, 30 de noviembre de 2020

LUNES LUNERO

Casi empieza diciembre, hoy es el último día de noviembre y nos acechan las navidades, las vacaciones, los día de asueto, ¡el modo OFF! Expectantes por lo que serán, cómo serán, qué nos depararán. Familia, grupos reducidos, posibles viajes, etc. Cuando la crisis cada vierne era un sinvivir, ¡a ver qué hace el Consejo de Ministros hoy, decíamos! Ahora, con crisis pero de otra manera más mortal, seguimos pendientes del estado de alarma, las restricciones, los máximos, los mínimos y ¡la vacuna!, la cual se espera como agua de mayo.
Ignoro si será verdad esa estadística que muestra un preocupente número de españoles que insisten en no vacunarse, esos tan solidarios con los demás. Si es así, más pronto nos vacunarán a los demás.
Bizet, Los Pescadores de Perlas.
*Je crois entendre encore.

sábado, 23 de diciembre de 2017

COMO DORITA RUMBO A OZ

¡Estoy de vacaciones!, no me lo creo. Desde ayer, justo al salir del trabajo, después del almuerzo con los compañeros -siempre agradable- y sin un duro en la Lotería, empiezo estos días de descanso y sobre todo desconexión, al menos es ésta mi intención. Esta mañana he conducido, dado un paseo caminando, he comprado algunos ingredientes para la tarta de mañana (huyendo de los grandes supermercados, abarrotados), he cocinado y ahora, cuando pasan de las 12 del mediodía, voy a revisar un informe urbanístico que tengo que estudiar -cruzo los dedos a ver si sale un nuevo proyecto- y cierro el kiosco. Nada de trabajo, sólo modo OZ, perdón, OFF.
Hasta más ver y ¡felicidades!

PD. Por cierto, ayer escuché a alguien decir: si me saco el Gordo me voy al aeropuerto y pido un zumo de naranja. Genial.

martes, 19 de diciembre de 2017

SOMEWHERE IN MY MEMORY

John Williams, *Somewhere in my memory.
Mykola Leontovych, *Carol of the bells.
John Henry Hopkins, Jr.W, *e three Kings.

sábado, 9 de diciembre de 2017