Con mucho menos glamour que en París, salgo hacia Mercadona esta mañana. 10:15h, aparcamiento casi lleno, la gente debe vivir allí y yo sin saberlo. El coche marca 39° al encenderlo y pienso, bueno, está al sol, en un momento bajará. Y sí, bajó, a 37°, de ahí nada, ni bajo la sombra del supermercado. ¿Cuánto va a durar este calor que nada tiene que ver con el cambio climático ni nada parecido?
Terrible lo que pasa en Ceuta, terrible la actitud de Marruecos, terrible la nula empatía de los demás partidos políticos y de los periódicos no afectos al régimen ante este hecho. La culpa será de Pedro Sánchez, por supuesto, por esto o por lo otro, ya se encargará La Razón, el ABC y El Mundo de buscarle los tres pies al gato. No le arriendo las ganancias al Gobierno ante tan poca solidaridad política ante un asunto de estado como es éste. Gobernar así debe ser un absoluto suplicio, cuando sabes que nadie te va a echar un salvavidas ni siquiera cuando se trata de un problema que tiene el país, y no el grupo de gobierno. En fin, ya se sabe que se vuelve a cumplir la fábula de la rana y el escorpión. Les vino de perilla esta "invasión", así olvidamos las últimas y tropelías de Ayuso, la agente inmobiliaria nº1 del PP. Para ellos la culpa de lo que ocurre es siempre del cha-cha-cha.
Durante los casi 20 años que estuve al frente de la Oficina Técnica del Ayuntamiento, puesto que casi acaba con mi estabilidad psicológica (¿casi?), donde conocí a gente excelente y la que no, tuve únicamente una imputación, con nombre y apellidos, tras una denuncia de la oposición al acalde que me arrastró con ella. El quid de la cuestión rondaba la contratación de una empresa por urgencia, no por emergencia, habida cuenta de la imposibilidad de utilizar esta fórmula por mucho que el sentido común lo creyese. La emergencia, según la Ley, sólo es posible cuando se trata de catástrofes de origen natural o tecnológico (como incendios de gran magnitud, terremotos, inundaciones o accidentes químicos). La ignorancia es peligrosa, sobre todo cuando se utiliza como arma política sin medir las consecuencias.
en mi caso la declaración de urgencia estuvo bien, no hubo caso, se desestimó, pero mientras duró fue duro.