domingo, 22 de febrero de 2026

LA DESCRIPCIÓN DEL MECANISMO


Epstein y la casa del patrón
En la finca del patriarca todo es dependencia, gratitud, lealtad.
Máriam Martínez-Bascuñán, 22.02.2026

¿Por qué el nombre de Jeffrey Epstein desestabiliza democracias europeas pero no el poder estadounidense? La respuesta puede ser institucional. Aquí, los implicados no controlan ya el aparato que los investiga. En EE UU, quienes deben ser investigados son el núcleo del sistema que debería hacerlo. Los archivos los publica el Departamento de Justicia, cuya cúpula es nombrada por el presidente. Desclasificar no es solo un acto de transparencia, sino de poder. El Ejecutivo decide qué se publica, cuándo y en qué contexto. La transparencia selectiva es una forma sofisticada de control: muestra lo que hiere a otros y esconde lo que te daña. El caso de Alexander Acosta lo ilustra bien. Como fiscal federal de Florida, supervisó en 2008 el acuerdo para que Epstein evitara cargos federales por tráfico sexual de menores, cuando el FBI había identificado a muchas víctimas. Años después, lo nombraron secretario de Empleo. La secuencia no prueba una conspiración, pero revela un patrón institucional: quien protege al poder es recompensado con poder.

La socióloga Melinda Cooper describe el mecanismo. Epstein no era solo un depredador sexual; era el administrador de una economía doméstica en su forma más pura, un sistema donde el poder económico se traduce en dependencia personal. Epstein financiaba carreras, pagaba casas, abría puertas, daba acceso a redes de élite. Cada favor creaba una obligación; cada obligación, una forma de control. Sus víctimas no eran solo víctimas sexuales: dependían económicamente de él. Sus aliados no eran solo amigos: aprovechaban su patronazgo. Las visitas documentadas a sus propiedades, los vuelos en jet, los favores financieros, las inversiones estratégicas, creaban una red donde todos tenían algo que perder si el sistema caía. La red de Epstein, además, explicita otra cosa: progresistas, conservadores, ultras… Daba igual. La élite es la élite. Investigar a Epstein no significa investigar a un individuo, sino una red de obligaciones que atravesaba el mundo financiero, académico, político y mediático global. Así que sabemos la respuesta: el sistema no responde porque investigar el asunto implica exponer las redes de dependencia que lo sostienen.

Lo que perturba es el salto de escala. Lo que se hacía en esas zonas francas era un crimen específico e irreductible: la explotación sexual de menores. Ninguna analogía estructural debe diluir eso. Pero la lógica que lo hacía posible (la disolución de la frontera público-privado, la sustitución de la ley por la voluntad del patrón) es similar a la de la derecha tecnológica y es la que Trump quiere aplicar al Estado, para que funcione todo como en casa del patrón. Cuando la riqueza alcanza cierta escala, crea sistemas de dependencia personal que operan paralelamente o por encima de las instituciones. Explica la paradoja de los archivos de Epstein: el problema no es la falta de evidencias sino la estructura del poder. En una democracia funcional, las instituciones existen precisamente para investigar a los poderosos. La lógica del poder democrático es impersonal: está limitado por reglas abstractas. En la finca del patriarca todo es dependencia, gratitud, lealtad. El modelo de poder que Epstein perfeccionó, como sostiene Cooper, no está fuera del sistema: el nuevo poder quiere convertirlo en el sistema mismo. Y quienes luchan con fiereza contra esa red no son, por cierto, las instituciones sino las supervivientes. Mientras los gobiernos oscilan entre la complicidad y la inacción, ellas siguen denunciando, incluso ahora que el Departamento de Justicia ha expuesto sus nombres mientras protege, una vez más, a los depredadores.

ANDREW


El escándalo del expríncipe Andrés, el mayor desafío del reinado de Carlos III
El palacio de Buckingham lucha desesperadamente por poner distancia con el caso y frenar un debate sobre la monarquía.
Rafa de Miguel, 22.02.2026

LIAM

Liam Ramos, de cinco años, detenido por agentes de ICE en Columbia Heights, Minnesota, en una imagen tomada por un empleado del colegio público donde estudia. Columbia Heights Public Schools

Una forma de resistencia
Esta foto no es el final de una historia miles de veces repetida, sino una interrupción en la nuestra.
Juan José Millás, 22.02.2026

Antes de convertirse en símbolo de la barbarie, este niño era solo un cuerpo pensante, un ser sintiente. Tenía una estatura concreta, un peso, una temperatura, unas fantasías. La foto, a estas alturas, es ya un discurso sobre la maldad, pero lo que ocurrió primero fue brutalmente físico, cruelmente real, lo mismo que un golpe de frío o fiebre. Lo más inquietante no es solo la violencia de la escena, sino la manera en que el pequeño parece saber qué hacer dentro de ella. No llora, no se resiste, no mira a la cámara. Está concentrado en su papel, como un detenido profesional, un detenido de película. Ha entendido que, en ciertas circunstancias de la vida, si conviene hacerse el muerto, uno se hace el muerto. No es sumisión, es una técnica de supervivencia. El cuerpo infantil, enfrentado a una maquinaria gigantesca, cuya manaza se posa sobre su mochila, improvisa una conducta aprendida para no romperse. Cruzar las manos, permanecer quieto, mirar al frente. Un modo de decir sin palabras:

—No me pegues.

La foto captura ese instante en que Liam Ramos, que devendría símbolo de la animalidad de Trump y los suyos, es solo alguien que administra como puede su vulnerabilidad. Luego vendrán los titulares, la indignación, la lástima. Pero antes solo hubo un crío gestionando su propio miedo con una decencia involuntaria. Esta foto no es el final de una historia miles de veces repetida, sino una interrupción en la nuestra. Nos detiene. Nos incomoda. Nos exige una pausa. Y en un mundo que pasa las imágenes como si fueran nada, una pausa ya es una forma de resistencia.

GREENLAND


06:24am, la pequeña luz brillante del despertador riela sobre la mesa de noche mientras hago cálculos mentales para ver si tengo tiempo de hacerme un café antes de salir a la calle. Me levanto, me visto y cuando estoy en la cocina caigo en la cuenta que hoy no es lunes sino domingo, no tengo por qué levantarme tan temprano. Pero ya estaba todo el pescado vendido, café y a leer un rato. Amanece, que no es poco, acabo estas notas y me siento a leer un buen rato. Hoy tengo apuntado en mi cabeza responder dos correos con calma y escribir un pequeño informa para un abogado, poco más.

Después del varapalo que le dio el Supremo a T, ayer corrió a emitir uno de sus ya famosos decretos presidenciales instaurando un arancel general para todos del 10%. A las pocas horas pasó del 10 al 15%, porque donde dije digo... y él lo vale. Como no me he atrevido a leer el periódico aún, ignoro que noticias nos deparará su errático comportamiento, aunque espero de todo, amenaza tras amenaza.

El bizcocho de ayer -bica gallega- un desastre. Seguí las instrucciones pero cuando lo desmoldé estaba crudo. Vuelta al horno y bueno, más o menos. De aspecto bien, de sabor también, pero en general no salió como debía. Hoy he bajado otra receta y quiero volver a intentarlo.

Como es domingo hay mucho que leer en el periódico, así que lo dejo aquí, otro cafecito y a sentarme plácidamente. Hoy cine, espero; han estrenado "Greenland 2", una de esas pelis más que entretenidas, al menos la primera. En casa, una vez termine las tareas, tengo para ver "Un lugar tranquilo" (A quiet place), que ya va por 3 películas. Todas buenas.
The Cranberries, *Sunday.

WILLIE COLÓN, RIP


*Talento de televisión.
*Idilio.
*Usted abusó (con Celia Cruz).

sábado, 21 de febrero de 2026

SÁBADO DE BICA

Mañana de enduro, para mí será un día de relax absoluto, no voy a trabajar; desde ayer pendiente de terminar un escrito para enviarle al abogado que entiendo no lo verá hasta el lunes, así que me lo puedo permitir y, además, me lo merezco.
La cena de anoche rica rica. Sushi recién preparado y hojaldre de berenjenas y parmesano como aperitivo. Cinco personas alrededor de la mesa, cinco recuperando el tiempo perdido, poniéndonos al día y recordando perlas del pasado cercano, de los buenos tiempos y de los no tanto. Casualmente me habían invitado, también anoche, a la elección de la Gala Drag, que reúne a un buen grupo de amigos en Taliarte, pero a la que no me pude sumar. Voy consiguiéndolo, créanme, pero la ubicuidad es una virtud complicada de lograr.
Aún no he leído el periódico, miedo me da entrar en la web, estoy en un sinvivir.
Pero como lo cortés no quita lo valiente, aparte de vaguear, leer y ver alguna serie, esta mañana quiero cocinar. Hay en la nevera las sobras de anoche, una cosa menos de qué preocuparse. Voy a preparar un bizcocho, esta vez una bica gallega. Ya les contaré.

Ah, olvidaba contarles que ayer me encontré a un amigo ingeniero que estaba montando el material de windsurf justo antes de meterse en el agua. Me preguntó cómo me iba, si había dejado el Ayuntamiento y cosas por el estilo. Al principio te va a resultar duro, me dijo, yo estuve así muchos meses, con esa especie de complejo de culpabilidad, de pensar que había hecho las cosas mal. Luego se pasa y sólo queda ir a mejor. 
Él había dejado un trabajo fijo donde no era feliz. Lo de ayer me hizo recordar cuando dejé el colegio para irme al instituto los últimos años de estudios antes de ir a la universidad. Los primeros meses los recuerdo arrastrando la sobra de la culpabilidad, como si hubiera traicionado mi statu quo. Nada más lejos de la realidad, mis años en el instituto fueron muy felices, a pesar de la Polifemo y mi suspenso en Química.

viernes, 20 de febrero de 2026

ESTO NO LO ENTIENDE NADIE

Después de ver una y otra vez una serie interminable de noticias y fotografías de la cohorte de Epstein, próceres todos; princesas, ricos, famosos, directores de cine, millonarios, presidentes, expresidentes y al expríncipe Andrés, que va en camino de estar hasta en la sopa (ay si su madre resucitara...), parecería que este último es el niño malo, el único caído en desgracia por ahora, y todos los demás unos angelitos/as que no han roto un plato en su vida (ni en bajada). Este fulano, mimado hasta decir basta desde la cuna, el favorito-de-la-reina, según dicen los que saben de esto, fue tan torpe, visto lo visto -¿y lo que queda?- que se dejó fotografiar haciendo el tonto de mil maneras, mano aquí mano allá, feliz como una perdiz y bajo la atenta mirada sonriente del pederasta nº1 y su secuaz, la tal Ghislaine Maxwell, otra joya.
Pues leo, sin entender nada, que tras la detención de Andrés el pieza y sus más de 10 horas de interrogatorio, el Gobierno británico se plantea eliminarlo de la línea sucesoria al trono. ¿Pero esto no se daba por hecho después de haber sido defenestrado por su hermano? Pues no, igual le da tiempo de mandarle una caja de langostas con contaminación escombroide, vibriosis y toxinas marinas varias a cada uno de los siete que tiene delante y, con un poco de suerte, tenemos al rey Andrew en el trono, el primer rey abiertamente pichabrava. Tal y como está el mundo ahora, a saber...
Mira que nos metimos con el pobre Urdangarín, que aún viviendo en Washington una temporada no tuvo ocasión ni interés de relacionarse con Epstein. Un santo, vamos.

HOY CENA EN CASA


Inauguro el jarrón grande heredado de mi madre con anturios y claveles. ¡Todo al rojo!

LO LLAMABAN DEMOCRACIA


El libro sobre las élites del poder en España que el grupo Planeta no quiso publicar
‘Las élites que dominan España’, de Andrés Villena Oliver, estuvo a punto de ser publicado por el sello Ariel, pero fue descartado en el último momento. Ahora aparece en Libros del K.O.
Sergio C. Fanjul, 20.02.2026

Lo llaman democracia y no lo es”, rezaba uno de los lemas del 15-M. En torno a 2012, un estudiante llamado Andrés Villena Oliver quería realizar una tesis doctoral sobre aquel movimiento que llenó las plazas e impugnó el sistema, pero su director le “impuso” otro tema: las redes de poder en España.

Desde entonces lleva buceando, a duras penas, en el oscuro mundo de los que mandan de verdad para acabar encontrando precisamente lo que decía el 15-M: que la democracia no es tan democracia como la pintan, sino un reducto limitado por poderes mayores. Su investigación cristaliza ahora en el ensayo Las élites que dominan España. Lo publica el 23 de febrero la editorial independiente Libros del K.O., aunque hasta diciembre lo iba a lanzar el sello Ariel, perteneciente al grupo Planeta. De hecho, algunas webs de librerías todavía muestran el diseño de portada de la primera editorial. ¿Qué ha pasado?

Es en otoño de 2024 cuando, a través de un agente literario, Ariel muestra interés por el texto de Villena. “Me dijeron que era demasiado largo, me pidieron que recortase y yo recorté incluso el doble de extensión. Fue estupendo trabajar con aquellas dos personas de la editorial: eran exigentes, pero mejoraban el texto”, recuerda el autor. Con ese trabajo minucioso, el libro avanza por buen camino. Fijaron la publicación el 8 de enero e incluso fue seleccionado para ser una de las principales apuestas de la editorial en 2026. La portada estaba diseñada (una aldaba dorada con forma de león; en la nueva editorial han optado por la rueda de una caja fuerte) e incluso se realizó una sesión de fotos promocionales donde el autor aparece con aspecto informal pero solvente: media melena y chaqueta gris, aparentando lo que es, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. “Creían que podía ser una bomba”, añade Villena.

El texto toca asuntos delicados. Su tesis es que la élite española se compone de tres elementos: el capital, el entramado de empresas y Estado (conectados de manera porosa mediante las llamadas puertas giratorias) y el discurso legitimador que hace que estas élites sean aceptadas por la ciudadanía. Según Villena, la estructura de poder que se generó en la España franquista tras la victoria en la Guerra Civil, a pesar de diversas mutaciones y renovaciones, se ha mantenido en lo esencial.

Época tras época, gobierne quien gobierne, el poder se organiza de la misma manera y está en manos parecidas. Aparecen, explica el autor, apellidos habituales (Botín, Villar Mir, Del Río, Boada, López de Letona), empresas del Ibex y políticos de todos los gobiernos. Anteriormente, Villena había publicado otros libros sobre su especialidad, Las redes de poder en España (2019), en la editorial Roca del grupo Penguin Random House, o ¿Cómo se gobierna España? (Comares, 2017).

Como asunto delicado, en la editorial decidieron pasar el texto por el departamento legal de Planeta, por si podía generar conflicto con el derecho al honor de algunas familias o con otros grupos empresariales. “El departamento legal dijo que el tratamiento de la información es totalmente objetivo y que no había de qué preocuparse”, dice Villena, y confirman desde Ariel.

Llegado el pasado mes de diciembre, ya muy cerca de la fecha de publicación y después de más de un año de trabajo de edición, llega la sorpresa: Ariel no publicará Las élites que dominan España. “Lo que argumentan es que en 2026 no pueden publicarlo, sin ninguna otra explicación, y ponen todas las facilidades para que el libro pase a alguna otra editorial fuera del grupo: hasta nos ofrecían los datos de la tripa del texto para que los siguientes editores lo tuvieran más fácil”, dice Villena. También le ofrecen una indemnización de 2.000 euros con una cláusula de confidencialidad para que el caso no se airee —ya había cobrado 3.500 como anticipo—. Finalmente, la cláusula es retirada, tras el rechazo del autor, y la indemnización es firmada. “Todavía no conozco la causa real de la cancelación del libro”, dice el autor. “Creo que así se verifican los modos autoritarios del poder que explico en el libro”, añade.

¿Aparece el grupo Planeta en el texto? “Es un grupo editorial de un poder e influencia enorme que se origina en la etapa franquista con la familia Lara y que ahora es un grupo multimedia muy potente. Aparece alguna vez: no creo que les afecte de manera directa, pero quizás no les causa mucho agrado publicar este tipo de cosas”, aventura el autor.

Preguntada sobre el asunto, Carmen Esteban, directora editorial de Ariel y Crítica, responde: “Ariel ha tenido diferentes directores editoriales en los últimos años y cada uno tiene su huella propia. Ahora queremos girar el rumbo y dedicarnos sobre todo a nuevas voces filosóficas, hemos cambiado la nómina de historiadores, etc. El libro de Villena no encaja en esta línea, de modo que decidimos no publicarlo”. Entre las apuestas que buscan definir la línea de Ariel están firmas como las de los filósofos Juan Evaristo Valls Boix, autor de El derecho a las cosas bellas, o Eduardo Infante, autor de Ética en la calle.

La propia Esteban recuerda que, en 2014, estaba allí cuando se generó una grave polémica en torno a otro libro que tocaba las fibras del poder, en este caso cultural: El cura y los mandarines: historia no oficial del bosque de los letrados, de Gregorio Morán. Iba a ser publicado por Crítica, del grupo Planeta, pero finalmente lo publicó Akal. El autor se negaba a purgar un capítulo que hablaba de algunos académicos de la RAE, aunque por todo el libro se encontraba contenido sensible. Planeta argumentó que el texto le hubiera costado demandas. “Este caso no es como el de Morán, donde había cosas no sustentadas”, dice la editora. “Este es un libro muy aséptico: salen muchos nombres, pero no se reparten bofetadas. El problema es que no se ajusta a lo que ahora queremos publicar”.

Francisco Franco rodeado del gobierno de "tecnócratas del Opus Dei", el 30 de octubre de 1969. Andrés Villena sostiene en su libro que hay una continuidad entre las élites del franquismo y las actuales. EFE

En Libros de K.O. recibieron el libro con buena predisposición: un tema de su interés que se ajusta a su línea editorial, basada en la crónica periodística o la investigación de actualidad, un libro que estaba prácticamente hecho y hasta con las presentaciones organizadas. “Teníamos el catálogo cerrado, pero decidimos echarle un vistazo”, dice el editor Emilio Sánchez Mediavilla.

Una editorial, además, con una amplia experiencia en libros que tocan temas sensibles como las élites periodísticas, el “imperio” del rey emérito, la corrupción en Valencia o las muertes en las residencias madrileñas durante la pandemia. Sobre todo Fariña, de Nacho Carretero, sobre el narcotráfico gallego, que recibió varias demandas (ninguna de las cuales prosperó) y hasta el secuestro del libro. “Seré un poco ingenuo, pero sobre todo me fijo en que la historia sea interesante antes que pensar en posibles demandas”, dice el editor, “pero este libro es un libro de política y economía muy serio, muy sólido, nada especulativo. No se le caen los adjetivos y los nombres que aparecen son parte de la conversación y de la historia”.

La editora Carmen Esteban, de Ariel, destaca las buenas relaciones con el escritor y la colaboración cordial, también la buena voluntad de la editorial al no retener el texto y tratar de facilitar su publicación en otro sello, lo cual, a su juicio, demuestra que “es una cuestión editorial, no de censura”, concluye.

EL LIBRO Y UNA QUE SÍ


Ayer me tomé la tarde libre, lo necesitaba. Ya fuera por las terrible agujetas en brazos y hombros, la falta de sueño (o mejor el sueño descontrolado) o por simple procrastinación, decidí hacer un par de cosas pendientes fuera de casa, para las que nunca encuentro oportunidad, e ir al cine después, a la absurda hora de las 5 de la tarde. La película bien, quizá demasiada puesta en escena, pero intensa. Leo que las críticas no están resultando ser muy positivas, pero yo no me aburrí nada durante toda la película. 
Nada más llegar a casa busqué raudo la novela para releerla porque esta película es una versión bastante libre y quisiera recordar el original. 

Por cierto, la historia de la novela es muy interesante, recordemos que está escrita en plena época victoriana, a mediados del siglo XIX (1847).

La “apuesta” de las hermanas Brontë fue una decisión audaz y casi estratégica: publicar tres novelas a la vez para irrumpir con fuerza en el panorama literario victoriano, manteniendo inicialmente su identidad en secreto. En 1846 —Charlotte Brontë, Emily Brontë y Anne Brontë— ya habían publicado un libro de poemas bajo seudónimos masculinos (Currer, Ellis y Acton Bell), que pasó casi desapercibido. Lejos de rendirse, decidieron apostar más fuerte: cada una escribiría una novela y las enviarían a distintas editoriales, conservando los mismos seudónimos masculinos para evitar prejuicios contra las mujeres escritoras.
Publicaron casi al mismo tiempo, compitiendo indirectamente entre ellas usando seudónimos masculinos para entrar en un mercado dominado por hombres, arriesgando su reputación en un contexto social poco favorable a las mujeres autoras. El éxito rotundo de Jane Eyre ayudó a que las otras dos novelas recibieran mayor atención, consolidando el nombre de las Brontë en la historia literaria.

En 1847 aparecieron casi simultáneamente:
"Jane Eyre" – de Charlotte (Currer Bell). Fue un éxito inmediato y revolucionó la novela victoriana con su protagonista femenina independiente y su intensidad emocional.
"Cumbres Borrascosa" (Wuthering Heights) – de Emily (Ellis Bell). Al principio desconcertó a la crítica por su oscuridad y estructura innovadora, pero hoy es considerada una obra maestra de la literatura inglesa.
"Agnes Grey" – de Anne (Acton Bell), basada en su experiencia como institutriz. Ofrece una mirada realista y crítica sobre la condición femenina y la educación.

¡BIP, BIP!

UNA PELI QUE NO VERÉ Y TRES LIBROS PARA LEER







jueves, 19 de febrero de 2026

ASCO

Asco.
Una de las reglas básica en cuanto a escribir es no empezar nunca un texto como el título, pero esta vez lo infrinjo a conciencia. Asco, repito. Asco es lo que siento al leer tanta hipocresía política, tanta basura periodística, tanta poca vergüenza.
Todo empezó leyendo los titulares de los periódicos, los del régimen y los que no, que son todos los demás. "El Gobierno blinda a Marlaska", reza el ABC; "Sánchez apoya a Marlaska en la crisis por la denuncia de una policía", EL MUNDO; LA RAZÓN: "Marlaska defiende su gestión por lo que no piensa asumir ninguna responsabilidad y Sánchez le apoya".
Era de esperar, de la denunciante casi no se habla, ¿para qué? La víctima pasa a un segundo plano o directamente desaparece, la consigna es cargarse al Ministro y, de camino, darle leña a Pedro Sánchez, cómo no. Más de lo mismo. La nueva política en España.
En ese momento empezaron a revolverse mis tripas, no entendía nada. Después de semanas negando la mayor, convirtiendo en verdugo a la concejal agredida en Móstoles y víctima al pobre alcaldediosloguarde, escuchando barbaridad tras barbaridad en boca de la inefable e incluso de Feijóo. Todas las mujeres son unas p menos mi madre y mi hermana, se leía entre líneas. Al final la concejala presentó una demanda judicial contra esas joyas del partidopopular, veremos en qué queda todo.
Agüita el policía demandado, el tal José Ángel González, otra joya, dimitido ipso facto tras conocerse públicamente sus fechorías. Lo más alucinante de todo es ver cómo se atreve el PP a pedir la dimisión del Ministro cuando en sus filas no dimite nadie, ora después de decirle al juez "miento porque yo lo valgo", ora defendiendo sin límites al alcalde acosador de Móstoles.
Tras las próximas elecciones no le arriendo las ganancias al Presidente a la hora de elegir a sus ministros, ni a estos a sus capos, visto lo visto; iba a decir que podrían ser todos curas, pero también es sabido que el voto de castidad lo escriben con "b" y no con "v". Queda la castración química preventiva, pero me parece una solución un poco drástica. Pues eso, no le arriendo las ganancias a ninguno.
Esto ocurre en España, ¡España!, mientras en UK detienen esta mañana al expríncipe Andrés en Sandringham, la verdadera joya de la corona, acusado de conducta inapropiada en cargo público tras sus turbias relaciones y manejos con el pederasta Epstein. 

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

MI HERMOSA LAVANDERÍA


LA FAMILIA Y UNO MÁS









EL DESAFÍO


Inteligencia emocional: el desafío de Aristóteles

Del blog "Filosofía", jm@filosofia.mx, 29.05.2009
https://www.filosofia.mx/inteligencia-emocional-el-desafio-de-aristoteles/

“Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.” Aristóteles, “Ética a Nicómaco”.
Con este pensamiento, Daniel Goleman encabeza su libro “La inteligencia emocional”, demostrándonos que el tema es antiguo y ha inquietado al ser humano desde siempre. Ejercer un cierto control o manejo de nuestro mundo emocional no parece algo fácil, después de todo hemos escuchado muchas veces que “ el corazón tiene razones que la razón desconoce”. ¿Es posible entonces hacer algo al respecto?

Antes, observemos las preguntas que se hizo Goleman al iniciar sus estudios. ¿Por qué típicamente el alumno intelectualmente más inteligente, con las mejores notas, no termina siendo el adulto que más éxito tiene en su trabajo?, ¿por qué algunos son más capaces que otros de enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta? La respuesta: son emocionalmente inteligentes.

El coeficiente intelectual de una persona, hasta donde se sabe, se mantiene durante toda la vida en forma más o menos inalterable, y depende fundamentalmente de factores genéticos y la calidad de estímulos tempranos.

Un C.I. alto no da garantías de éxito o felicidad, de hecho puede ser un arma de doble filo, pues el auto-engaño es más efectivo y las justificaciones más contundentes. Las personas intelectualmente más dotadas, suelen ensimismarse y en algún punto desconectarse de las realidades cotidianas, que en esencia, nos mantienen con los pies en la tierra y nos prodigan de lucidez para encontrar, en la simpleza de la vida, la felicidad y el éxito que buscamos.

El inteligente emocional, tal vez no tenga una gran cultura, o un lenguaje florido, o los conocimientos y memoria de un intelectual, pero tiene la sabiduría para contactarse con sus sentimientos más profundos, el arte de conocer el mundo del otro, es creativo, sabe “llegar” a las personas, posee un encanto irresistible, sabe cuándo, dónde y en qué forma enviar sus mensajes, y puesto que nuestra vida acontece en un universo de relaciones humanas, obtiene en la emoción su mejor brújula.

A diferencia de la inteligencia intelectual, la emocional es dinámica y su crecimiento depende de las experiencias vividas. Un niño sobreprotegido, demasiado regalón, cómodo y sin desafíos importantes, difícilmente desarrollará inteligencia emocional, difícilmente aprenderá a superar obstáculos, tolerar la frustración, abrirse a nuevas y creativas percepciones. La experiencia es vital y realmente es la madre de todas las ciencias.

Si queremos responder a la pregunta relativa a la posibilidad de desarrollar nuestra inteligencia emocional, lo más adecuado es cotejar nuestra reflexión con las características esenciales o perfil del inteligente emocional, a saber:

Conciencia y expresión de los propios y auténticos sentimientos: pareciera muy obvio saber lo que sentimos, sin embargo nuestra tendencia a intelectualizarlo todo, suele confundirnos e incluso llevarnos a desconocer que estamos estresados, ansiosos o simplemente “darnos cuenta” de que hay algo que no está funcionando bien en nuestro mundo emocional.

Expresar esos sentimientos de una forma adecuada es aún más complejo e infrecuente. La mujer, y de eso no existe la menor duda, es mucho mas inteligente emocionalmente. Su capacidad de “sentir” y expresar con elocuencia sus sentimientos es notable y de eso podemos aprender mucho los hombres.

Crear, hacer habitual, incluso institucionalizar la experiencia de abrir espacios para conversar con honestidad y profundidad acerca de lo que estamos “sintiendo”, es ya un primer paso para el desarrollo de este aspecto.

La honestidad se aprende a través del ensayo y el error. Al principio, con toda seguridad, no vamos a ser muy elegantes y sensibles y “meteremos la pata”, pero con el tiempo, la experiencia retroalimentada por los resultados, nos enseñara a decir las cosas sin herir sentimientos y de una forma efectiva.

Contactar los sentimientos del otro: mientras más aprendemos a contactarnos con nuestras genuinas emociones, más fácil es aprender a poner atención al mundo interior de nuestro interlocutor. La clave tiene que ver con poner atención, no en lo que a usted le digan, sino en el tono y forma en que se lo dicen. En este sentido, el lenguaje corporal y la mirada resultan cruciales.

Empatia: saber ponerse en el lugar del otro, exige la voluntad de hacerlo. Entréguese, aunque sea por unos segundos al ejercicio de imaginar que usted es realmente la otra persona, compenétrese en sus circunstancias y se dará cuenta lo fácil que es ponerse en los zapatos de ella.

Tolerancia a la frustración: en mis seminarios, suelo presentar algunas escenas de la pelicula “La vida es bella”. Guido, el personaje principal, es un hombre que realmente cree que la vida es siempre bella, aunque ha veces no lo parezca. Al igual que el sol siempre está encendido, aunque de noche pareciera que haya dejado de existir. Siempre vale la pena experimentar la existencia. Aprender a valorar el hecho de estar vivos, nos hace apreciar la belleza del vivir y superar más fácilmente las frustraciones. A veces la sola experiencia de ver una película, puede desarrollarnos emocionalmente.

Habilidades sociales: la habilidad de socializar y conducirnos adecuadamente con nuestro entorno, es a mi entender, el fruto del desarrollo de las características anteriores, es decir , un estupendo y gratificante premio.

Así que se puede hacer mucho al respecto, especialmente con la gente joven que está más abierta a crecer y desarrollarse. Para un barco o una empresa que cruza la tormenta de los vaivenes económicos, un equipo de inteligentes emocionales es una fuerza capaz de asumir los desafíos de nuestros tiempos y también, por qué no, el desafío de Aristóteles.

5:00 AM

Esto se está pareciendo al día de la marmota, aunque soy suficientemente espabilado para saber que no es así. A pesar de lo que pudiera decir Gardel, en mi caso veinte años sí son muchos y la readaptación a la nueva vida no está siendo sencilla. Parece que mi reloj biológico se empeña en continuar la inercia adquirida durante todos estos años y a las cinco de la mañana mi cabeza ordena despertarme.
Enciendo la cafetera y espero un minuto para prepararme el primer café de la mañana, me siento un momento a escribir estas notas y creo que desde que las termine me sentaré un rato en el salón a terminar el último capítulo de la tercera temporada de Mr. Mercedes, que es sin duda la más gore y que no veo la hora de acabarla. Un rato de serie y después a trabajar; hoy no iré al gimnasio, toca la rutina de piernas, pero tengo tantas agujetas que me duele hasta ponerme la camiseta. Descansaré un día y mañana vuelvo, igual no ha sido buena idea eso de ir de lunes a viernes sin descansar, por mucho que lo pida el modelo de CK que pugna optimista por salir. Y les aseguro que me lo he tomado con mucha calma, nada de poner peso en las barras ni clavijas con mucho ídem, no. Todo tranquilo, pausado, nada que ver con la cantidad ingente de peso que colocan aquellos a los que voy conociendo porque comparten el gimnasio a la hora que yo voy, las siete de la mañana. Tanto peso que cuando realizar el ejercicio deben cumplir la Ley de la Conservación de la Energía y emitir unos rugidos que no cesan mientras dura el espectáculo.
Ayer, antes de comenzar mi rutina, escuchaba a uno de los transformadores energéticos hablar con la monitora sobre Milei, sobre sus bondades y lo maravilloso que estaba siendo para la Argentina. ella asentía pero no soltaba palabra mientras él la ametrallaba con su diatriba contra la izquierda que no cesaba en criticar al Presidente. Mira tú, la política está en todas partes, pensé, incluso en el gimnasio. ¡Qué fácil es proclamar alabanzas a la actual política argentina desde España! pensé a continuación. Pero con mi boquita cerrada mientras escuchaba los gritos termodinámicos de los que ya se afanaban en modelar su cuerpo. ¿Será este pibe-¿viste?, votante de VOX aquí, que no tenemos a Milei pero que lo mismo es? ¿Se habrá dado cuenta que si estos salen finalmente empezarán con la misma política del odio norteamericano al inmigrante (Abascal dixit), argentinos incluidos? 
Ya ven que una hora en el gimnasio da para mucho, política, física y termodinámica. Incluso da para hablar cuando uno decide no ir. Incluso.
Feliz día de Júpiter.

miércoles, 18 de febrero de 2026

STEPHEN COLBERT ENTREVISTA A IAN McKELLEN

 

ESTO ES LO QUE PASA CUANDO...

SOFÍA ¿HONORIS CAUSA?


La solidaridad de la Reina Sofía: El turismo de causas sociales de la 'beautiful people'
Que una candidatura obtenga el respaldo mayoritario del claustro no la dota automáticamente de solidez intelectual ni de coherencia simbólica; la mayoría, en materia académica, no es garantía de verdad ni sucedáneo del debate sustantivo.
57 profesores de la ULPGC*, 15.02.2026

La democracia universitaria no se agota en el instante de una votación. Reducirla al recuento de sufragios es confundir el mecanismo con el principio, el acto administrativo con la legitimidad de fondo. Además, resucita la oposición de dos formas de entender la democracia: la representativa y la participativa. La primera es la preferida por quienes quieren ejercer el control de poblaciones y, la segunda, por los movimientos sociales y las organizaciones cívicas. Pero la cuestión real es qué mecanismos reales existen para influir en decisiones concretas y si se fomenta deliberación o solo ratificación. Que una candidatura obtenga el respaldo mayoritario del claustro no la dota automáticamente de solidez intelectual ni de coherencia simbólica; la mayoría, en materia académica, no es garantía de verdad ni sucedáneo del debate sustantivo. Conviene recordar, además, un dato elocuente: esta es la única candidatura a honoris causa en la historia reciente de esta universidad que no ha logrado la unanimidad. No es un detalle menor. Es un síntoma.

Parece necesario insistir en lo obvio: las universidades no son oficinas de tramitación de expedientes, sino espacios de deliberación crítica. El procedimiento reglado es condición necesaria, pero no suficiente, para la vida universitaria. Sobre todo, cuando lo que está en juego no es una decisión administrativa ordinaria, sino una declaración identitaria de la institución. El honoris causa no es un premio protocolario ni un gesto de cortesía institucional: es el acto mediante el cual la universidad dice públicamente quiénes son sus referentes, qué trayectorias admira, qué valores encarna. Por eso mismo, el debate público sobre su sentido no puede ser descalificado como «deslealtad» o «ruido mediático». Es, sencillamente, cultura universitaria en ejercicio.

Frente a esto, el rector despliega un argumento de eficacia retórica innegable, pero de consistencia conceptual nula: «incluso los más jóvenes están de acuerdo». Habría que preguntarse: ¿y eso qué prueba? ¿Desde cuándo la juventud es un criterio epistemológico? ¿Qué tipo de razonamiento es aquel que sustituye los argumentos por el censo generacional? Ser joven no es un aval de acierto, del mismo modo que ser mayor no lo es de sabiduría. Ni la juventud ni la mayoría —y mucho menos su combinación— pueden ocupar el lugar que corresponde a las razones.

A esto se añade un problema de representación: la presencia estudiantil en el claustro es, por definición, minoritaria y delegada. Pretender que cuatro representantes —elegidos además en procesos con participación desigual— hablan en nombre de “la gente más joven de la Universidad” es, cuando menos, una generalización abusiva. El estudiantado no es un bloque homogéneo, ni su diversidad interna puede disolverse en un porcentaje de votación. La universidad no es una encuesta.

Todas estas cuestiones —la deriva procedimentalista, el recurso a la mayoría como coartada, la confusión entre popularidad y legitimidad, la reducción del estudiantado a una cifra complaciente— merecen atención. Pero, siendo relevantes, tienen menos calado que el problema de fondo. Porque el rector no solo defiende un procedimiento: defiende un criterio. Y ese criterio —que la solidaridad caritativa de una reina sea mérito suficiente para el máximo reconocimiento académico— es el que exige ser examinado con las herramientas del análisis crítico. A eso dedicaremos las páginas que siguen.

Cuando desde una parte de la Universidad se afirma que la reina Sofía merece el doctorado honoris causa por su “compromiso firme con las personas desfavorecidas, la justicia social, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la cultura, la ciencia o la educación”, y se subraya que la iniciativa parte de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), está poniendo sobre la mesa exactamente el tipo de solidaridad de los ricos y famosos. Y es que el caso de doña Sofía es, en este sentido, ejemplar: no por lo excepcional de su labor, sino por lo paradigmática que resulta dentro del modelo de solidaridad de la «beautiful people». Nuestros argumentos los expresamos a continuación.

Primero: estamos ante un claro ejemplo de turismo de causas sociales. La reina Sofía lleva quince años vinculada a FESBAL. Quince años. ¿Y qué ha hecho? Aparecer en campañas, dar visibilidad, apoyar con su presencia la recaudación de alimentos. Nada que no haya hecho antes, durante y después con decenas de causas. Su implicación no ha consistido en investigar las causas estructurales del hambre, ni en cuestionar las políticas públicas que perpetúan la pobreza alimentaria, ni en exigir a los poderes económicos y políticos una redistribución justa de la riqueza. Su labor ha sido, fundamentalmente, una labor de presencia, de imagen, de representación. Es decir, exactamente lo que denominamos “turismo de causas sociales”: se visita el territorio del sufrimiento ajeno, se posa junto al necesitado, se activan los resortes emocionales del público y, una vez cumplido el acto, se regresa a la vida ordinaria con la conciencia tranquila y el álbum de fotos lleno de buenas intenciones. La pregunta es incómoda pero necesaria: ¿qué transformación real ha producido la reina Sofía en la vida de las personas desfavorecidas? ¿Qué estructura de desigualdad ha contribuido a desmantelar? ¿Qué política pública ha impulsado? La respuesta es desoladora: ninguna. Su solidaridad es de paso, no de estancia. Es vertical, no horizontal.

Segundo: su solidaridad es pura «imagen de marca». Que sea FESBAL quien proponga su nombre para el honoris causa no es casual. Las organizaciones necesitan rostros visibles para mantener su financiación y su impacto mediático. La reina Sofía es ese rostro. Pero conviene no confundir los términos: una cosa es que una institución utilice estratégicamente a una figura pública para recaudar fondos, y otra muy distinta es que esa figura pública sea, por esa misma razón, merecedora del máximo reconocimiento académico. Lo que está operando aquí es el repertorio interpretativo de la “solidaridad como imagen de marca”. La reina Sofía no es una trabajadora de los Bancos de Alimentos; es su logotipo viviente. No diseña programas, no evalúa impactos, no rinde cuentas ante las comunidades a las que dice ayudar. Su función es simbólica, no operativa. Y el problema no es que existan figuras simbólicas; el problema es que la universidad confunda ese simbolismo con mérito académico.

Tercero: su discurso despolitiza la pobreza. Una parte de la Universidad habla de «compromiso con las personas desfavorecidas» y con la “justicia social”. Pero ¿dónde está, en la trayectoria de la reina Sofía, el más mínimo gesto de interpelación al poder político o económico? ¿Ha cuestionado alguna vez los recortes en políticas sociales? ¿Ha señalado la responsabilidad de las grandes fortunas en la perpetuación de la desigualdad? ¿Ha reclamado una fiscalidad más justa? No. Y no lo ha hecho porque no es su papel institucional, pero también —y esto es lo relevante— porque el tipo de solidaridad que ella encarna es la que despolitiza la pobreza, la convierte en una cuestión de «buena voluntad» personal y no de derechos ciudadanos vulnerados. Esta es la genealogía liberal del siglo XIX que conocen los historiadores: el pobre es socorrido no porque tenga derecho a una vida digna, sino porque el rico ejerce su benevolencia voluntaria. La reina Sofía es la heredera contemporánea de aquella filantropía victoriana que aliviaba conciencias mientras dejaba intactas las estructuras de privilegio. Su «compromiso con los desfavorecidos» es, en el fondo, un compromiso con que sigan siendo desfavorecidos, siempre que sean desfavorecidos agradecidos.

Cuarto: su yo social es de alta monitorización. No nos interesa juzgar la sinceridad subjetiva de la reina Sofía. Nos interesa analizar su comportamiento público. Y desde la teoría de la alta monitorización del yo, lo que vemos es un patrón clarísimo: su implicación en causas sociales es perfectamente adaptativa a las expectativas de su rol institucional. La reina Sofía hace lo que se espera de una reina madre: aparece donde debe aparecer, sonríe cuando debe sonreír, se apiada cuando debe apiadarse. Su solidaridad está perfectamente calibrada para fortalecer su marca personal y la de la institución monárquica. No hay riesgo en esta solidaridad. No hay incomodidad. No hay denuncia. Es una solidaridad higiénica, inodora, incolora y sin ninguna capacidad de alterar el orden establecido. De hecho, lo refuerza: porque cada vez que la reina Sofía visita un Banco de Alimentos, transmite el mensaje implícito de que el hambre se combate con caridad, no con derechos; con donativos, no con impuestos; con buena voluntad, no con justicia redistributiva.

Quinto: comparar a la reina Sofía con Mandela, Menchú u Ochoa es un insulto a la inteligencia. Cuando en una revista como Vanity Fair se dicen estas cosas, hay que recordar que es una publicación de un grupo editorial de lujo y no una revista del corazón de quiosco popular (como ¡Hola! o Lecturas), sino una cabecera premium asociada históricamente al lujo, la alta costura y la fotografía de autor. De modo que situar a doña Sofía en la misma lista que Nelson Mandela, Rigoberta Menchú o Severo Ochoa, es insultante. Porque Mandela pasó veintisiete años en prisión luchando contra el apartheid; Menchú dedicó su vida a denunciar el genocidio de su pueblo y a construir movimiento indígena; Ochoa ganó un Nobel por sus investigaciones pioneras en bioquímica. ¿Qué han hecho? Producir pensamiento crítico, transformar realidades, poner en riesgo su vida y su prestigio en nombre de la justicia y el conocimiento. La reina Sofía, no. La reina Sofía ha representado a la Corona, ha viajado, ha inaugurado, ha posado. Eso no es mérito académico, ni siquiera es mérito social transformador. Es simplemente el cumplimiento de las funciones propias de su posición privilegiada. Y no, no es lo mismo.

Para concluir: no se puede confundir la solidaridad-espectáculo con el saber. Si la universidad concede un honoris causa por «compromiso con los desfavorecidos», está diciendo dos cosas muy graves: primera, que cualquiera que haga voluntariado o done dinero podría merecerlo; segunda, que la función de la universidad no es reconocer el saber, sino bendecir el poder. La reina Sofía no es doctora por su labor en los Bancos de Alimentos; es candidata a doctora porque su imagen pública, cuidadosamente gestionada durante décadas, ha generado una corriente de simpatía institucional que la universidad confunde con excelencia académica o vaya usted a saber con qué más. Pero la universidad no es un programa de telerrealidad ni un concurso de popularidad. No debería serlo. Y cuando lo es, todos perdemos. Porque lo que está en juego no es si la reina Sofía es una buena persona (no lo sabemos, ni es la cuestión). Lo que está en juego es si la universidad sigue teniendo criterio propio para distinguir entre el prestigio heredado y el prestigio ganado, entre la filantropía de salón y la producción de conocimiento, entre el turismo de causas sociales y la transformación real de las condiciones de desigualdad.

Nuestra respuesta, a la vista de los hechos, es que no. Y ese no es un problema de la reina Sofía: es un problema de la universidad.

*PERSONAL FIRMANTE DE LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Aarón Suárez Pérez, Adoración Rodríguez Torres, Agustín Darias Marrero, Ana Ruth Vidal Luengo, Ángeles Perera Santana, Antares Pérez de Amézaga Torres, Antonio Becerra Bolaños, Arcadia Martín Pérez, Belén Hidalgo Martín, Claudio Moreno Medina, Cristina Carranza Rodríguez, Cristina Fernández Rodríguez, Cristóbal Mendoza Pérez, Daniel Castillo Hidalgo, Elena Lugli, Germán Santana Pérez, Idalmy González González, Inmaculada Carnal Domínguez, Israel Campos Méndez, Jacob Bentejui Morales Mateos, Javier Luis Santos Álvarez, José Antonio Herrera Valladolid, José Antonio Younis Hernández, José Yeray Rodríguez Quintana, Juan Carlos Martín Quintana, Juan Carlos Navarro Díaz, Juan José Caballero García, Juan Manuel Brito Díaz, Juan Manuel Caballero Suárez, Juan Manuel Santana Pérez, Larisa Pérez Flores, Lorenzo C. Quesada Ruiz, Luis Gutiérrez Sanjuan, M. Koldobike Velasco Vázquez, Manuel Ramírez Sánchez, María Antonia Ojeda Zerpa, María Antonia Torres Arbelo, María de los Ángeles Mateo del Pino, María del Carmen Estévez González, María del Rocío Pérez Solís, María Victoria García Vega, Marta García Cabrera, Mercedes Ángeles Rodríguez Rodríguez, Nayra Pérez Hernández, Nereida Díaz Mederos, Noemí Parra Abaúnza, Oswaldo Guerra Sánchez, Paula Morales Almeida, Pedro Francisco Alemán Ramos, Robert Gomes Santana, Roberto Rendeiro Martín-Cejas, Rocío Jiménez Díaz, Sergio Roque González, Sonia Iruela Padrón, Vicente Javier Díaz García, Víctor Jiménez Barrado, Zaradat Domínguez Galván.

WARNING!

OTRA NOTICIA ESPERANZADORA

Entrada a la cueva de Scarisoara (Rumanía). Toda la oquedad permanece congelada desde
hace miles de años. Mauritius (Alamy Stock Photo)

Hallada una bacteria helada hace 5.000 años capaz de plantar cara a superpatógenos
El microorganismo recién descubierto parece mostrar resistencia a una decena de modernos antibióticos, pero también inhibe el crecimiento de otras bacterias.
Miguel ángel Criado, 17.02.2026

La han llamado Psychrobacter SC65A.3 y la han encontrado bajo metros de hielo en una cueva de Rumania. Llevaba sepultada unos 5.000 años y, a pesar de ello, parece mostrar resistencia a una decena de modernos antibióticos. Sus descubridoras han comprobado también que inhibe el crecimiento de otras bacterias, entre ellas algunos de los patógenos más difíciles de combatir. La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Microbiology, bucea en su genética para explicar cómo una bacteria puede ser a la vez resistente a los fármacos y un potencial antibiótico contra otras.

“Las especies [del género] Psychrobacter son bacterias excepcionalmente resistentes al frío que prosperan en ambientes extremos como el hielo marino polar, los glaciares, el permafrost y las profundidades oceánicas", cuenta Cristina Purcarea, del Instituto de Biología de Bucarest y autora sénior de esta investigación. “Su capacidad para sobrevivir y adaptarse a diversos hábitats helados indica la extraordinaria resiliencia de estos microbios”, añade la científica. “Sin embargo, la cepa particular que recuperamos de la cueva glacial de Scarisoara es única, como lo demuestra la limitada puntuación de identidad de su ADN con especies homólogas de Psychrobacter”, completa Purcarea. Este bajo porcentaje de coincidencia en la secuencia genética con sus parientes más cercanos da pistas de su especificidad.

La cueva de Scarisoara, en los Cárpatos rumanos, es como un congelador natural gigante. Alberga uno de los mayores glaciares subterráneos del mundo, con un bloque de hielo de unos 75.000 metros cúbicos. Allí las estalactitas, y estalagmitas son una mezcla extraña de hielo y calcita. De una de sus salas, las investigadoras extrajeron un núcleo de hielo de 25 metros, con una antigüedad de unos trece milenios. A la altura de los 16,5 metros, que se corresponden con hace 5.335 años, según la datación por carbono, encontraron todo un ecosistema bacteriano, con microorganismos probablemente activos, no en letargo. Como su propio nombre indica, las Psychrobacter son organismos psicrotrofos, adaptados a los ambientes más fríos del planeta.

Al analizar la resistencia de la cepa SC65A.3 a 28 antibióticos de 10 clases usados en el tratamiento de infecciones bacterianas, vieron que era resistente a una decena de ellos, algunos de amplio espectro y otros específicos, como la clindamicina, la lincomicina o la vancomicina. “Los 10 antibióticos a los que encontramos resistencia se utilizan ampliamente en terapias orales e inyectables para tratar diversas infecciones bacterianas graves en la práctica clínica”, comenta Purcarea. La creciente resistencia a los antibióticos amenaza con matar a millones de personas.

Panorámica de la gran sala de la cueva de Scarisoara (Rumanía). La bacteria la recuperaron tras agujerear
el glaciar extrayendo un cilindro de 25 metros de profundidad. Paun V.I.

¿Cómo una bacteria que lleva 5.335 años bajo 16,5 metros de hielo de una remota cueva en los Cárpatos puede ser resistente a antibióticos desarrollados hace unas décadas como mucho? “No es resistente a los fármacos modernos por haber entrado en contacto con ellos, sino porque la evolución ya había dotado a estos microbios de mecanismos para sobrevivir a amenazas químicas mucho antes de que los humanos inventaran los antibióticos”, dice la científica rumana. Durante millones de años, las bacterias han tenido que luchar con otras bacterias y demás microorganismos, en especial hongos, para sobrevivir, una lucha que ha dejado su impronta en su genética “y estos mismos genes también pueden conferir resistencia a los antibióticos que usamos hoy en día, aunque sean relativamente recientes”, añade Purcarea.

En la misma línea opina Iñaki Comas, responsable de la Unidad de Genómica de la Tuberculosis del Instituto de Biomedicina de Valencia/CSIC: “La gran mayoría de genes relacionados con la resistencia a los antibióticos tenían o tienen otras funciones y existen desde siempre”, cuenta. Comas, que no ha participado en esta investigación, añade que “las bacterias han estado luchando con hongos o entre sí durante toda su historia evolutiva, y la manera en la que lo hacen es resistir a los ataques de las otras y ¿cuáles son esos ataques?, todos los que son antimicrobianos", añade. De ahí su propio potencial como antibiótico.

Los mismos mecanismos que apuntan a una resistencia son los que hacen de la Psychrobacter SC65A.3 un organismo duro de pelar. Cultivada en el laboratorio y puesta en contacto con 20 patógenos clínicos, observaron cómo inhibía el crecimiento de la mayoría de ellos. Algunos están entre las bacterias más resistentes y temidas, como la Staphylococcus aureus, generalmente benigna para las personas sanas, pero la peor infección hospitalaria, o varias cepas de la Escherichia coli. También mostró una destacada actividad antibacteriana contra Enterobacter spp y tres cepas de la Klebsiella pneumoniae.

“La cepa de la cueva mostró una impresionante capacidad para combatir 14 patógenos dañinos del conocido grupo ESKAPE”, cuenta en un correo Purcarea, la autora principal de la investigación. En este grupo engloba a las seis especies de microbios resistentes a antibióticos más peligrosos, según la definición de la Organización Mundial de la Salud. “Este potente efecto antimicrobiano probablemente se deba a genes que producen compuestos antibióticos naturales, lo que destaca su potencial como fuente de nuevos tratamientos”, termina la investigadora.

Sara Hernando-Amado, investigadora principal del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), que no ha participado en esta investigación, indica que una limitación del trabajo es que “Psychrobacter es una bacteria ambiental, para la que no hay puntos de corte clínicos, lo que las autoras gestionan usando como referencia Acinotabacter [cercana genéticamente] y bacterias menos relacionadas filogenéticamente”. Estos puntos de corte (EUCAST breakpoints) son valores de referencia para determinar si un microorganismo es sensible (funciona el antibiótico) o resistente (el fármaco no inhibe el crecimiento bacteriano). La inexistencia de valores de referencia para este microorganismo es una debilidad que reconocen las autoras del estudio, lo que hace que la multirresistencia descubierta tenga que considerarse con precaución.

Por otro lado, Hernando-Amado añade que “es bien conocida la resistencia intrínseca de muchas bacterias (incluidas ambientales) a los antibióticos y su capacidad para evolucionar rápidamente y adquirir mayores niveles por mutación, por lo que la clave está en entender este proceso y en explotar talones de Aquiles bacterianos asociados a la resistencia”. Esto podría permitir el uso racional de los antibióticos, “combinando parejas donde el uso de uno incremente la sensibilidad al otro, por ejemplo”, añade. A pesar de las limitaciones, las descubridoras de la Psychrobacter SC65A.3 ya están buscando las biomoléculas específicas responsables de su potencial antimicrobiano.