Tomar a los Estados Unidos de América como ejemplo en estos tiempos parece no ser la mejor de las ideas. Aun así, quisiera escribir unas notas sobre algo que posiblemente ya se haya debatido: la lealtad al país y a sus expresidentes, ámbito en el que dicho país suele citarse como modelo. Obviamente, podríamos convenir que Donald Trump se salta todas las reglas del pasado y del presente, por lo que lo tomaremos como la excepción que confirma la regla.
En EE.
Otros casos relevantes de exmandatarios norteamericanos son:
Bill Clinton: Enviado especial de la ONU para Haití en 2009, colaborador en la recuperación de la zona tras el tsunami del Índico (2004) y mediador diplomático en Corea del Norte.
Herbert Hoover: Enviado por el presidente Harry S. Truman tras la Segunda Guerra Mundial con la orden de liderar una misión global para evaluar la escasez de alimentos en una Europa y Asia devastadas, viaje que abarcó más de 30 países y evitó hambrunas catastróficas.
John Quincy Adams: Tras perder la reelección en 1828, fue elegido para la Cámara de Representantes, donde combatió la esclavitud durante 17 años y defendió ante el Tribunal Supremo a los cautivos africanos del barco Amistad.
George H. W. Bush: Colaboró estrechamente con Bill Clinton por encargo de la Casa Blanca para recaudar fondos privados y coordinar el socorro humanitario tras el tsunami de 2004 y el huracán Katrina (2005).
William Howard Taft: Nombrado Presidente del Tribunal Supremo de EE.
UU. (1921–1930), convirtiéndose en la única persona en liderar tanto el poder ejecutivo como el judicial en su país.
Si volvemos la mirada a España, el panorama es muy distinto: los expresidentes distan con frecuencia de ofrecer ese respaldo institucional.
Felipe González, figura clave en la transición y la política española, arremete con dureza y frecuencia contra la línea del actual Gobierno de Pedro Sánchez.
José María Aznar, referente del Partido Popular y al frente de la Fundación FAES, se ha erigido en uno de los principales azotes del ejecutivo actual, priorizando el desgaste político bajo una premisa que recuerda a la célebre frase de Alien: "derrocar al gobierno tiene prioridad absoluta, cualquier otra consideración es prescindible".
Mariano Rajoy, por su parte, no solo aprovecha las intervenciones públicas para cuestionar la gestión gubernamental, sino que ha llegado a generar tensiones diplomáticas puntuales con sus declaraciones.
Resulta llamativo observar cómo se escatima el apoyo al Gobierno en momentos de crisis internacional o fronteriza, como la de Ceuta, o cómo ciertas figuras de la oposición respaldan posturas externas en detrimento de la posición institucional de su propio país.
La incertidumbre ante el futuro político gira alrededor de si líderes como Alberto Núñez Feijóo optarían por alianzas con sectores más reaccionarios como Vox, consolidando una deriva conservadora en el país. No obstante, el escenario político permanece abierto a lo que deparen las urnas.
P.D. 1: Omito la mención a Zapatero por razones evidentes.
P.D. 2: ¿Alguien ha notado el evidente desgaste físico reflejado en el rostro de Fernando Grande-Marlaska?
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