Casi han desaparecido los controles de calidad. Nadie corrige a nadie, ni siquiera por caridad cristiana.
Álex Grijelmo, 26.08.2026
Oigo en un boletín local de la Cadena SER el martes 18 de agosto que se está acusando a una empresa de “vertir aguas contaminadas” a un estanque. Bueno, un error lo tiene cualquiera. Pero en el boletín siguiente vuelve a rechinar el cambio de conjugación. De lo cual se deduce que nadie corrigió con rapidez a quien había incurrido en ese fallo profesional, para que no lo reiterara.
Casi todas las mañanas, temporada tras temporada, la persona que ofrece la información meteorológica en esa emisora repite “el resto de regiones”, en vez de “el resto de las regiones”. (Al reproducir ahora esas expresiones en Word, el corrector me avisa de que se dice “verter”, y subraya “regiones” para señalarme que le falta el artículo).
Los medios informativos dan la idea a cada rato de que casi han desaparecido sus controles de calidad; o, dicho de una manera más abrupta, que nadie corrige a nadie, ni siquiera por caridad cristiana (salvo el corrector de Word).
Un día sí y otro también leemos y oímos a muchos periodistas el condicional del rumor, proscrito por la mayoría de los libros de estilo, sin que sus jefes ni sus compañeros se sientan concernidos ante ese truco que sirve para transmitir noticias no comprobadas o falsas.
El diario LaRazón.es contó el 20 de agosto a las 13.01: “En lugar de comprar coches de lujo o realizar inversiones extravagantes, la estrella del Barça, Pablo Gavi, habría destinado silenciosamente 1,3 millones de euros a la construcción de viviendas para personas sin hogar en su tierra natal. El joven futbolista habría invertido esa cantidad en la creación de un moderno complejo con 150 apartamentos y 300 camas destinado a ayudar a las personas más vulnerables. (…) ‘Siempre he creído que tengo la responsabilidad de actuar cuando tengo la oportunidad de marcar una diferencia’, habría compartido Gavi”. La información se reprodujo en multitud de medios que no desconfiaron de esos tres “habría”, ni tampoco de la ausencia de fuentes, y que asumían todo como cierto sin comprobación alguna: LaVanguardia.com, el 21 de agosto: “Gavi destina 1,3 millones a la construcción de viviendas para personas sin hogar en Los Palacios”. ElMundo.es, 21 de agosto: “Gavi dona 1,3 millones para construir viviendas destinadas a personas sin hogar en su pueblo”. Sport.es, 22 de agosto: “Gavi invierte 1,3 millones en la construcción de 150 viviendas para personas sin hogar en el pueblo de su infancia”. Y muchos más. (Lo mismo ocurrió en las redes sociales, que en este caso no fueron peor fuente que parte de la prensa considerada seria).
Un diario sí hizo su trabajo, el gaditano LaVozdelSur.es. Habló con representantes del futbolista, con la Delegación de Urbanismo, con autoridades municipales: ni existía la donación ni existía el proyecto de viviendas…, ni existían las declaraciones. Y decidió contarlo. (Curiosamente, un bulo similar se había difundido en 2012 sobre una donación de 300.000 euros a cargo de Iniesta, tras ganar la Eurocopa).
Una gran cantidad de medios no citó la fuente (La Razón) hasta que se desmintió la noticia. Casi ninguno mencionó a La Voz del Sur en las rectificaciones posteriores. Y otros borrarían la información después, sin más explicación, en una tremenda falta de respeto a sus lectores.
El periodismo debería tomarse muy en serio que es imprescindible aumentar los controles de calidad, y también recuperar la vieja red de correcciones sinceras y amables entre compañeros. La manera de competir a largo plazo con las redes sociales y con la irresponsable agilidad de un sinfín de medios frívolos no consiste en disputarles la rapidez, sino en mantener la consistencia.
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