sábado, 21 de febrero de 2026

SÁBADO DE BICA

Mañana de enduro, para mí será un día de relax absoluto, no voy a trabajar; desde ayer pendiente de terminar un escrito para enviarle al abogado que entiendo no lo verá hasta el lunes, así que me lo puedo permitir y, además, me lo merezco.
La cena de anoche rica rica. Sushi recién preparado y hojaldre de berenjenas y parmesano como aperitivo. Cinco personas alrededor de la mesa, cinco recuperando el tiempo perdido, poniéndonos al día y recordando perlas del pasado cercano, de los buenos tiempos y de los no tanto. Casualmente me habían invitado, también anoche, a la elección de la Gala Drag, que reúne a un buen grupo de amigos en Taliarte, pero a la que no me pude sumar. Voy consiguiéndolo, créanme, pero la ubicuidad es una virtud complicada de lograr.
Aún no he leído el periódico, miedo me da entrar en la web, estoy en un sinvivir.
Pero como lo cortés no quita lo valiente, aparte de vaguear, leer y ver alguna serie, esta mañana quiero cocinar. Hay en la nevera las sobras de anoche, una cosa menos de qué preocuparse. Voy a preparar un bizcocho, esta vez una bica gallega. Ya les contaré.

Ah, olvidaba contarles que ayer me encontré a un amigo ingeniero que estaba montando el material de windsurf justo antes de meterse en el agua. Me preguntó cómo me iba, si había dejado el Ayuntamiento y cosas por el estilo. Al principio te va a resultar duro, me dijo, yo estuve así muchos meses, con esa especie de complejo de culpabilidad, de pensar que había hecho las cosas mal. Luego se pasa y sólo queda ir a mejor. 
Él había dejado un trabajo fijo donde no era feliz. Lo de ayer me hizo recordar cuando dejé el colegio para irme al instituto los últimos años de estudios antes de ir a la universidad. Los primeros meses los recuerdo arrastrando la sobra de la culpabilidad, como si hubiera traicionado mi statu quo. Nada más lejos de la realidad, mis años en el instituto fueron muy felices, a pesar de la Polifemo y mi suspenso en Química.

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