jueves, 20 de agosto de 2026

SOMNÍFERO

Los vuelos de BINTER entre las islas son mis somníferos naturales: ni pastillas, ni alcohol, ni nada. Es sentarme y aguantar a que las azafatas larguen su speech de seguridad para quedarme traspuesto. Tanta es la rapidez que hace un par de vuelos me sentaron en la fila 4 —se me debió de haber olvidado asignarme asiento—, y cuando la azafata empezó a repartir el donut o los munchitos (no recuerdo a qué hora era el viaje) desde la fila 1, cuando llegó a la 4 yo ya estaba en la Luna. Abrí los ojos al escuchar el crujido de las papas o tal vez el olor del dulce, y la señorita andaba ya por la fila 8, calculé.

Como me desperté del sueñecillo ligeramente alarmado, hambriento, sediento o todo lo anterior, no pude conciliarlo de nuevo y abrí el libro que llevaba en la bolsa de tela de STRAND —la de los perritos, que uso cuando traigo café de Tenerife—: Manolito Gafotas, esa delicia de Elvira Lindo que se lee de maravilla en cualquier avión cuando uno viaja por este mundo mundial, sobre todo si lo hace con la cabeza llena de datos, de presión cual olla a ídem o de fechas de entrega. Sí, problemas de ricos, lo acepto.

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