martes, 11 de agosto de 2026

PULPOS


Naufraga el polémico plan que pretendía crear en Canarias la primera granja de pulpos del mundo
Nueva Pescanova renuncia a la concesión presentada en 2021, que había despertado protestas de animalistas y quejas de científicos: “Son animales extremadamente inteligentes”.
Guillermo Vega, 04.08.2026

Fin al polémico proyecto de implantar la primera granja de pulpos del mundo en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Nueva Pescanova informó la pasada semana a la Autoridad Portuaria de su solicitud de desistimiento del procedimiento de otorgamiento de concesión demanial —un permiso oficial que da el gobierno para usar un bien público de forma exclusiva, con un tiempo límite y pagando una tasa— para la instalación de una “Granja de Cultivos Marinos” en el puerto canario.

Según ha informado el organismo público, la empresa ha concluido “que no resulta oportuno continuar impulsando la solicitud de concesión presentada en los términos actualmente planteados”. Argumenta para ello “las circunstancias concurrentes sobrevenidas” durante el procedimiento y ante “los nuevos requerimientos administrativos” demandados por la Comisión Autonómica de Evaluación Ambiental. La empresa matiza en su escrito que esta decisión “no implica reconocimiento alguno” sobre la eventual viabilidad futura de otras alternativas técnicas, ambientales o de ubicación que pudieran analizarse en su caso.

En 2022, trascendió que la compañía gallega tenía previsto poner en marcha en el plazo de un año unas instalaciones de 52.000 metros cuadrados en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. En ellas se emplearía a 300 personas, que producirían unas 3.000 toneladas de pulpos al año. Los planes contaron desde un primer momento con la oposición de numerosas organizaciones científicas y en favor de los derechos de los animales.

Elena Lara, la responsable de investigación de la organización internacional Compassion in World Farming, explicaba en 2022 su rechazo a estos planes. “Los pulpos son animales extremadamente inteligentes y complejos, necesitan mucha estimulación en su entorno”, subraya. “Son especies solitarias, no adaptadas a las condiciones intensivas en las granjas. Sería irresponsable ponerlos en tanques vacíos sin ningún estímulo”.

La científica Lara había elaborado poco antes un informe en el que reclamaba al Gobierno español que hiciese “lo correcto, lo moral y lo ético y no permita que Canarias, ni ningún otro lugar del país, sufra el deshonor de abrir este centro de exterminio de pulpos”. Recalcaba que este tipo de instalaciones no son comparables a las granjas tradicionales con otros seres. “Estos son animales salvajes, no los hemos domesticado, a diferencia de lo que sucede en las granjas tradicionales. Sabemos cómo mejorar las condiciones de vida de los cerdos y los pollos. Los pulpos, en cambio, son muy frágiles: no hay forma de sacrificar a un pulpo de manera humanitaria”.

Nueva Pescanova ha rehusado hacer declaraciones a este periódico sobre esta decisión. En su comunicación a la Autoridad Portuaria, la empresa explicó que dicha decisión “responde exclusivamente a consideraciones empresariales y regulatorias derivadas de la evolución del procedimiento administrativo”. Durante la tramitación afloró la necesidad de atender las “observaciones y condicionantes” de distintos órganos sectoriales, además de someter al proyecto al procedimiento de evaluación ambiental ordinaria “al apreciar la posible existencia de efectos ambientales que requerían de un análisis adicional”.

“Todas estas circunstancias”, según indica Nueva Pescanova y recoge el organismo público, “aunque no afectan a la viabilidad ambiental del proyecto, han supuesto una modificación sustancial de las condiciones, alcance, plazos y requisitos regulatorios del proyecto inicial, lo que ha obligado a la empresa a replantear su configuración y estrategia de desarrollo”.

En el fondo del debate está el éxito del pulpo entre los consumidores. Los cefalópodos —pulpos, calamares y sepias— representaron el 7% de las exportaciones mundiales de productos acuáticos animales en 2024, según el informe Sofia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con un valor total de exportaciones de 12.700 millones de dólares (10.990 millones de euros). Esto supuso un descenso del 2,5 % respecto a 2023, tras una caída del 8,6 % en 2022.

China, Marruecos y Mauritania concentran la mayoría de las capturas mundiales de pulpo. Entre los exportadores, destacan China, España, Marruecos, Indonesia y Vietnam. España también es uno de los principales importadores en términos de valor, junto con Italia, China y Japón.

“El tema es mucho más complejo”, explicaba en 2022 a EL PAÍS Eduardo Almansa, investigador del IEO, del Centro Oceanográfico de Canarias y de la Universidad de La Laguna, que colaboró con Nueva Pescanova en el desarrollo de la granja ahora abandonada. “¿Queremos seguir comiendo pulpo? Porque la demanda está aumentando a escala mundial, y a este ritmo, las pesquerías no van a poder cubrirla. Nosotros tratamos de buscar alternativas para producir un alimento del que hay demanda, de una manera viable y sostenible y que se asegure el bienestar animal”.

Polémica

Las granjas marinas han ocupado titulares en las islas en los últimos meses. En noviembre, saltó la noticia sobre la misteriosa muerte de miles de lubinas que estaban siendo criadas en jaulas en Melenara, en la costa este de Gran Canaria. El propietario de las instalaciones es Aquanaria, una empresa de origen cántabro dedicada a la crianza de lubinas de gran talla para uso gastronómico que opera en Canarias desde 1987. Cuenta con 48 viveros en la isla, donde cría entre 40.000 y 50.000 ejemplares al año. Este hecho provocó el cierre de más de una docena de playas en la isla.

Las causas de este suceso siguen sin resolverse: la Fiscalía de Medio Ambiente abrió diligencias de investigación tras detectar “numerosas irregularidades” en la gestión de la EDAR (depuradora) cercana. Aquanaria, que también presentó una denuncia como afectada —murieron 2.500 toneladas de lubinas y sufrió unas pérdidas económicas estimadas en 30 millones de euros—, desmontará esta granja marina antes de que expire la concesión administrativa en abril de 2029, si bien reforzará otras tres explotaciones de mayor capacidad situadas en Tufia, Arinaga y Castillo del Romeral.

El dilema ético de la primera granja comercial de pulpos del mundo proyectada en Canarias
La apertura de las instalaciones en el puerto de Las Palmas provoca protestas de animalistas y quejas de científicos.
Guillermo Vega, 10.02.2022

Los pulpos tienen tres corazones, carecen de esqueleto, viven en aguas tropicales y templadas en océanos alrededor del mundo. Sus características siguen sorprendiendo a los científicos: son capaces de saborear con los tentáculos o de soñar, y su red neuronal, extremadamente compleja, se expande fuera de los límites de su cabeza, abarcando sus tentáculos, ventosas e incluso la piel, haciendo de estos animales de ocho brazos auténticos cerebros andantes. Tanto es así, que están considerados los más inteligentes de todos los invertebrados (como puso de manifiesto el oscarizado documental Lo que el pulpo me enseñó). Pero, además, resultan un manjar para muchos humanos. Tanto, que la pesca de calamares, jibias y pulpos ascendió a 3,74 millones de toneladas en 2019 —último dato disponible, según el informe anual de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas inglesas)— y el valor de sus exportaciones se triplicó entre 1999 y 2019 hasta 17.109 millones de dólares.

Este éxito ha provocado la sobreexplotación de los caladeros y ha empujado a buscar formas alternativas de negocio. Así, la pesquera gallega Nueva Pescanova tiene previsto invertir unos 45 millones de euros en construir la que sería la primera granja de cría de pulpos para uso comercial del mundo, un objetivo perseguido también por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAP), que cuentan con dos patentes que todavía no han conseguido llevar a esta escala industrial. En el caso español, la compañía prevé contar con unas instalaciones de 52.000 metros cuadrados en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria y generar 300 puestos de trabajo para la producción de unas 3.000 toneladas de pulpos al año a partir de 2023. El Gobierno de Canarias estudia en la actualidad si el proyecto cumple los requisitos de impacto ambiental.

La noticia no ha tardado en causar reacciones airadas en algunos científicos y en los defensores de los animales. El pasado sábado, algunas decenas de personas se manifestaron ante el Ayuntamiento de las Palmas de Gran Canaria, convocadas por el partido animalista Pacma, en nombre de “más de 60 organizaciones españolas e internacionales” para protestar por el proyecto. “Debemos caminar hacia la construcción de una sociedad más justa para los animales, en la que el respeto, la ética y la empatía sean el eje central, pilares que se verían fuertemente amenazados por la instalación de esta terrible granja de pulpos”, han asegurado los organizadores de la protesta. “Hemos condenado a otras especies a vivir esclavizadas, explotadas en granjas de por vida... no condenemos ahora a los pulpos”.

Elena Lara, la responsable de investigación de la organización internacional Compassion in World Farming, incide en esta idea en conversación telefónica. “Los pulpos son animales extremadamente inteligentes y complejos, necesitan mucha estimulación en su entorno”, subraya. “Son especies solitarias, no adaptadas a las condiciones intensivas en las granjas. Sería irresponsable ponerlos en tanques vacíos sin ningún estímulo”.

Lara es la autora de un informe publicado en octubre en el que reclamaban al Gobierno español que hiciese “lo correcto, lo moral y lo ético y no permita que Canarias, ni ningún otro lugar del país, sufra el deshonor de abrir este centro de exterminio de pulpos”. Lara ve una gran diferencia entre implantar granjas de animales como pollos o cerdos y una de pulpos. “Estos son animales salvajes, no los hemos domesticado a diferencia de lo que sucede en las granjas tradicionales. Sabemos cómo mejorar las condiciones de vida de los cerdos y a los pollos. Los pulpos, en cambio, son muy frágiles: no hay forma de sacrificar a un pulpo de manera humanitaria”, afirma.

Décadas de investigación

El proyecto de Nueva Pescanova es la conclusión de décadas de investigación de organizaciones como el Instituto Español de Oceanografía (IEO), que desarrolló un protocolo que mejoró drásticamente la mortalidad larvaria, “el momento de más riesgo”, explica Eduardo Almansa, investigador del IEO, del Centro Oceanográfico de Canarias y de la Universidad de La Laguna. “El tema es mucho más complejo”, sostiene Almansa. “¿Queremos seguir comiendo pulpo? Porque la demanda está aumentando a escala mundial, y a este ritmo las pesquerías no van a poder cubrirla. Nosotros tratamos de buscar alternativas para producir un alimento del que hay demanda, de una manera viable y sostenible y que se asegure el bienestar animal”.

“La otra opción es seguir esquilmando las reservas”, comentan fuentes del sector empresarial canario que ha trabajado en el desarrollo de la nueva planta. “La pesca no es el medio más sostenible posible. Evidentemente, hay que asegurar unas condiciones de bienestar básicas”.

Un portavoz de Nueva Pescanova asegura que el “desafío científico” se concentra ahora, precisamente, en “la optimización y bienestar del pulpo común bajo condiciones de cultivo”, y especifica que están trabajando en esa línea con ocho centros de investigación. Estos grupos de trabajo, detalla el representante de la compañía, están “desvelando propiedades y comportamientos inéditos sobre la especie del octopus vulgaris que se compartirán con la comunidad científica durante los próximos meses”. La empresa sostiene, además, que los estudios de densidades de población desarrollados por el IEO, iniciados en el año 2005, han demostrado que estos animales se adaptan “con normalidad” a los entornos de vida en grupo “sin agresiones por territorialidad”.

Su adaptación, recalca Nueva Pescanova, se ha logrado aplicando una solución avanzada de zootecnia, denominada EcoBiological Production System (EBPS_O), que traslada al cultivo las condiciones naturales propias y específicas de la especie en su estado salvaje al cultivo. “Estas condiciones evitan que el pulpo tenga respuestas asociadas a falsas sensaciones de peligro, como la huida ante depredadores, y priorice su movimiento más natural y habitual a través de los brazos, evitándose así que sufra daños por colisión y reduciéndose de forma notable el estrés del animal”, asegura la empresa promotora.

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