domingo, 25 de octubre de 2026

¡LUZ, MÁS LUZ!


Hablar o bombardear
Todo este acervo inmenso de saliva que se ha consumido desde el inicio de los tiempos para arreglar este juguete roto no ha servido de nada.
Manuel Vicent, 25.10.2026

El ser humano posee el don exclusivo de la palabra y lo usa para decir: pásame el salero, parece que va a cambiar el tiempo, pide otra de calamares, estoy cogiendo un trancazo, y después de decir un millón de veces cosas como estas, uno se muere. El tejido del pensamiento lo constituye un sinfín de frases banales. Más he aquí que Goethe en el lecho de muerte en el momento de entregar el alma, exclama: “¡Luz, más luz!”. Aunque parece ser que el agonizante pedía que abrieran la ventana, esa exclamación ha pasado por ser el punto más alto al que puede acceder la palabra a la hora de despedirse de este mundo. Algunos piensan que el mundo es un juguete que uno al despertar cada mañana se lo encuentra roto al pie de la cama y que la única forma de arreglarlo consiste en hablar, en hablar tratando de pegar los fragmentos con saliva. No ha hecho otra cosa el ser humano desde que aprendió a acomodar el pensamiento a la vibración de las cuerdas vocales. Eso y poner bombas. Nuestra cultura la forman las palabras que germinaron a pleno sol en las controversias en el ágora de Atenas, en los discursos en el foro romano, en los cuentos y fábulas que se crearon en las aceras de Asia Menor sobre alfombras mágicas, en los tratos en las ferias medievales, en las charlas en los cafés, en las lecciones de cátedra, en lo que hablaban el cura, el boticario y el notario en los paseos bajo los álamos, en las polémicas de las barberías de los pueblos, en los mítines de los políticos, en los consejos del abuelo, todo este acervo inmenso de saliva que se ha consumido desde el inicio de los tiempos para arreglar este juguete roto no ha servido de nada. Hablar o bombardear. Pero mientras llueven las bombas, los clérigos rezan y los políticos gritan, uno se pasa la vida diciendo está muy buena la ensalada, no olvides el paraguas, este año han salido muy buenos los melones, sin darte cuenta ya es Navidad y después de repetir esto un millón de veces, uno se muere y el mundo roto sigue girando.

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