domingo, 25 de octubre de 2026

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Exterminar al adversario
El vídeo creado por el PP con IA contra miembros del PSOE es repugnante.
Xavier Vidal-Folch, 25.10.2026

Ese vídeo es repugnante. Es un producto —digamos político— del PP contra personajes socialistas, aún peor que el vídeo —digamos sexual— de Pedro Jota. No lo veré, como me negué a ver aquel precedente, por decencia, dignidad propia y respeto ajeno.

Con el agravante de que el vídeo acerca del PSOE es falso, y aquél fue dado por cierto en la proximidad del involucrado. Falso: maleado en su totalidad, manipuladas las imágenes y ficcionadas las voces, merced a la IA. En él —siguiendo las crónicas—, se simula la voz de Begoña Gómez presumiendo de tener una cátedra por ser la esposa del presidente del Gobierno, para concluir en que si eso es ser zurdo, ella es zurda. Y así, con otras gentes de la familia socialista: todos ellos presumiendo de actuaciones reprobables, o de delitos.

Para más inri, el vídeo de marras sucede a una foto falsa publicitada en la cuenta oficial del PP en X, donde aparecen presuntamente morreándose Pedro Sánchez y José Luis Ábalos.

Costaría creer que no hubiese encaje para estos actos siniestros en la legislación vigente, criminal, civil o pluscuamperfecta. En la de protección de datos y en la de protección al honor (y a la rectificación en medios); en el Código Penal, por delito de odio, o de difamación, o de calumnia. En la normativa digital, española y europea, que persigue los abusos en la red; en la ley electoral... La excusa de que aparece en letra —pequeña, ininteligible—que el vídeo ha usado la IA, es ridícula coartada: si no hubiera sido un intento de evitar la culpa, figuraría destacada.

Algunos aducen que la libertad de expresión goza de amplia protección en España: claro, y lo que nos costó a los periodistas verla reconocida. Otros, que la sátira política entra en ella, desde la ironía al sarcasmo, y de esta a la mordacidad. Cierto, pero todo depende de su grado, de su intensidad, del nivel de daño producido, de la intención dolosa (o no), y del interés particular/relevancia pública de quien perpetra el acto: no son lo mismo los humoristas en un teatro, que los partidos políticos —primados en la Constitución como pilares de la democracia— en la plaza abierta.

A fe que hay intensidad en el caso. Puesto en el contexto de la historia reciente, no se trata de un ejercicio corriente de la oposición política, sino de algo muy cercano —incluso idéntico— al propósito de deshumanizar al rival; de desproveerlo de su condición de sujeto de derechos, a la propia palabra, a la propia identidad y a expresarse de forma auténtica, no falseada; de exterminar al adversario como persona, esa condición previa a la de contrincante.

¿Qué pensarían si los autores fueran transmutados por sus rivales luciendo esvástica nazi y con el brazo al aire? ¿O en modo manada fornicatoria, con el sátrapa argentino y la novia de los áticos? ¿También sátira? ¿Veda abierta? Desplome de la civilidad.

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