martes, 27 de octubre de 2026

HOY ELECCIONES EN ISRAEL

Elecciones pasadas en serbia y Brasil, hoy en Israel y pendientes quedan las de medio mandato en Estados Unidos y las generales en España.
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Netanyahu se juega su futuro en unas elecciones decisivas para todo Oriente Próximo
Israel celebra los primeros comicios desde el ataque de Hamás de 2023. El bloque judío de oposición es favorito en los sondeos frente a la coalición del primer ministro, pero ninguno obtendrá la mayoría.
Antonio Pita-Beatriz Lecumberri, 27.10.2026

“Las más importantes del país”. “Cruciales para el futuro de Oriente Próximo”. “Encrucijada histórica”. Israel celebra este martes unas elecciones, las primeras desde los ataques de Hamás de octubre de 2023, que han recibido muchos adjetivos porque son decisivas. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, se juega en ellas su futuro —político y personal—, tras finalizar, contra todo pronóstico, una legislatura de cuatro años a la cabeza de la coalición más a la derecha de la historia del país.

Desde 2022 han pasado muchas cosas en Israel: Las protestas contra la reforma judicial propuesta por Netanyahu, la brutal devastación de Gaza, la colonización desbocada de Cisjordania, los conflictos con Líbano, Siria y sobre todo Irán... Todo eso pesará desde que abran las urnas a las 07.00 hora local (06.00 en la España peninsular) hasta su cierre a las 22.00. Los últimos sondeos permitidos, del viernes, apuntan a que Yashar, el partido de centro-derecha del exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, será el más votado y que el bloque judío de oposición del que forma parte tendrá una ligera ventaja sobre la coalición pro-Netanyahu. Pero aun así, necesitará a los ninguneados partidos árabes, que representan a los palestinos con nacionalidad israelí, para forjar una mayoría.

La sensación que se respira en Israel es que la población quiere poner fin a la era Netanyahu y que, pese a que el primer ministro es un animal político al que no hay que subestimar, en esta ocasión, las cuentas probablemente no le salgan.

Los sondeos calculan que su formación, el Likud, obtendrá unos 21 escaños, frente a los 32 que logró hace cuatro años. Sumando los apoyos de religiosos y ultranacionalistas, podría llegar a 50 sobre el total de 120 del Parlamento, lejos aún de los 61 necesarios para tener mayoría.

Su negativa a crear una comisión independiente de investigación sobre lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 y los fallos de seguridad cometidos, su claro interés en evadir la justicia, que quiere sentarlo en el banquillo por corrupción, los escasos resultados en todos los conflictos en los que el país está inmerso, como Gaza o Irán, corren el riesgo de pasarle factura en las urnas. “Necesitamos un cambio ya”, clamaron el pasado sábado las calles de Tel Aviv, en las que se reunieron varios miles de personas para pedir el fin de la era Netanyahu.

Yossi Mekelberg, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Regent de Londres y analista asociado del programa de Oriente Próximo y el norte de África del conocido think-tank británico Chatham House, pide “no subestimar cuán importantes son estas elecciones”. Mekelberg asegura que las últimas similares en relevancia, “aunque no a este nivel”, fueron las de 1992, que ganó el laborista Isaac Rabin, y trajeron consigo los Acuerdos de Oslo con los palestinos. En las de este martes, añade, está en juego si Israel “se termina convirtiendo en un Estado paria” a ojos del mundo.


Largas negociaciones

El primer ministro llega a las urnas criticado por buena parte del mundo y con una orden de detención de la justicia internacional por presuntos crímenes de guerra, pero con el respaldo de Donald Trump. “Cuando acudan a las urnas, ¡recuerden que Bibi [Netanyahu] ha sido un primer ministro excepcional, un verdadero guerrero!”, apuntó el republicano el domingo, antes de sugerir que lanzarán juntos otra guerra contra Irán: “¡Debemos terminar el trabajo que comenzamos!”.

Netanyahu tiene frente a él a un heterogéneo bloque de partidos judíos de oposición, que representan a la mitad del país y abarcan desde la derecha tradicional a la izquierda socialista. Conscientes de la importancia del momento, han dejado de lado sus diferencias para intentar derrotar al primer ministro. Todos juntos podrían sumar unos 56 escaños.

Las dos listas árabes (que representan a los palestinos con ciudadanía israelí, un quinto de la población nacional) serán, previsiblemente, la bisagra a la que tendrá que acudir la oposición si no le salen las cuentas, tras negarse (con más o menos claridad) a pactar con ellos durante la campaña. En total podrían obtener 15 escaños, gracias a una movilización sin precedentes de sus votantes, que se sienten discriminados y tratados como ciudadanos de segunda categoría en Israel, sobre todo desde los ataques de Hamás de 2023.

En el sistema electoral israelí —de circunscripción única y colectivos que votan casi siempre a sus partidos— un puñado de votos puede cambiar el panorama, debido al umbral electoral del 3,25%. Es el porcentaje de votos que necesita un partido para obtener escaños. Por debajo, queda fuera del Parlamento y todas las papeletas van a la basura. Si lo supera, entra directamente con cuatro diputados. En 2022, por ejemplo, el partido pacifista Meretz se quedó a unos 4.000 votos de superarlo. De haberlo logrado, habría cambiado la relación de fuerzas en el Parlamento.

Muy probablemente, Israel no tendrá un nuevo Gobierno ni un nuevo primer ministro el martes por la noche y harán falta arduas negociaciones y cálculos para lograr una mayoría. “Y aunque Einsenkot lo lograra en las próximas semanas y consiguiera terminar con la era Netanyahu, hay una pregunta de fondo. ¿Cambiarán las políticas israelíes?“, se pregunta Yehuda Shaul, cofundador del centro de reflexión Ofek (horizonte, en hebreo). ”Para ello vamos a necesitar más que nunca compromiso y presión internacional, para que la balanza y las decisiones se inclinen al lado correcto”.

La cuestión palestina ha estado muy ausente en la campaña electoral israelí y ningún candidato ha presentado por ejemplo un plan para el futuro de Gaza, devastada por tres años de bombardeos que han dejado unos 75.000 muertos palestinos, según cifras de la ONU.

Avivar los miedos

Sí ha estado presente, hasta el último momento, Irán. La víspera de las elecciones, el canal 12 de televisión relató un “enfrentamiento sin precedentes” y muy tenso entre el primer ministro y el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ocurrido el domingo en una base aérea. El motivo: una operación militar aprobada por el Gobierno que hubiera podido desencadenar un conflicto bélico con Irán.

Manifestación contra el primer ministro Benjamin Netanyahu en Tel Aviv, el 24 de octubre. ABIR SULTAN (EFE)

Zamir interpretó que Netanyahu se guiaba más por el rédito político que le daría una nueva guerra antes de las elecciones que por una amenaza real y llegó a exigir una autorización legal firmada por los representantes gubernamentales para proceder, según el canal. Con amenazas diarias de Netanyahu, el peligro era que un Teherán en máxima alerta interpretase la acción como ofensiva. Uno de los candidatos opositores de derecha, su exministro de Defensa y Exteriores, Avigdor Lieberman, que no es precisament un moderado, puso una demanda contra Netanyahu el lunes por traición y lo acusó de haber “perdido el norte”.

Decenas de aviones de combate de la Fuerza Aérea ya atravesaron el espacio aéreo de Siria e Irak el pasado 19 de octubre hasta llegar a la frontera con Irán, según señalaron fuentes israelíes y estadounidenses al medio Axios. Israel lo presentó como un ejercicio de disuasión, pero fuentes estadounidenses tuvieron la impresión de que esperaban que los iraníes abrieran fuego, generando así una justificación para una ofensiva.

La otra polémica de última hora en la campaña fue una imagen creada con inteligencia artificial que simulaba la caída de una bomba nuclear en Tel Aviv. La publicó Netanyahu en sus redes, citando a un activista de ultraderecha que advertía del riesgo de un “segundo Holocausto”. El mensaje a los votantes era claro: es lo que Irán hará si no me reelegís este martes.

Eisenkot le replicó: “Netanyahu, estás histérico”. “Como en toda campaña electoral, recurre al mismo método de mentiras y tácticas de intimidación. Esta vez, amenazando a los ciudadanos israelíes con la destrucción masiva”, agregó.

Efectivamente, el primer ministro suele apretar en el último momento el botón de la mentira y los miedos de los israelíes, pero sus últimas jugadas le hacen parecer, sobre todo, nervioso por lo reñida que parece estar la pugna. Más aún cuando, como recordó la oposición tras la difusión de la imagen, hace solo un año (tras el primer ataque israelí a Irán, al que se sumó al final EE UU) que Netanyahu alardeaba de un daño al programa nuclear de Teherán que durará “generaciones”. En septiembre, durante su discurso ante una Asamblea General de la ONU semivacía, aseguró haber “destruido” la capacidad armamentística atómica de Irán. Medio año antes, que Teherán ya no supone una “amenaza para la existencia” de Israel.

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