Muere Gonzalo Suárez, se acaban las películas y los libros de Gonzalo Suárez
EL PAÍS , newsletter. Gregorio Belinchón Yagüe, 02.10.2026
Hola a todos en esta semana intensa, muy intensa de emociones. Ha muerto Gonzalo Suárez, y su ausencia nos privará de la obra de un creador único. Pero único de verdad. Con el fallecimiento del último Goya de Honor comienzo esta newsletter.
Suárez, escritor, cineasta y una de las voces más singulares de la cultura española contemporánea, falleció el martes en Madrid a los 92 años. Pero, sobre todo, ha sido uno de los creadores más juguetones y traviesos en unos años de panorama grisáceo en una España acartonada. “Aprendí a no llegar. Quizá tiene que ver con mi escapada del éxito. Lo cierto es que tengo la impresión de que no he llegado y que por eso he venido haciendo tantas cosas”, contaba en febrero sobre una carrera que definía “de suerte, no de éxito”. Si el éxito es poder hacer la obra con la que se disfruta, Suárez ha sido uno de los más grandes, al contrario de su autodefinición. Nada hacía presagiar el fallecimiento de este gigante de la creación.
Gigante, porque Suárez, nacido en Oviedo en 1934, desarrolló a lo largo de varias décadas una trayectoria muy iconoclasta y diversa: fue novelista, director de cine, guionista, periodista y cultivó distintos lenguajes creativos sin detenerse en las fronteras entre ellos. En sus libros y películas convivieron el humor, la literatura fantástica, la reflexión sobre la creación artística y una particular fascinación por los personajes que parecían vivir entre la realidad y el sueño. Por si fuera poco, en torno a 1960 inventó un alter ego, Martín Girard, a través del cual escribió crónicas deportivas. “Uno no deja de ser periodista nunca. Aunque soy un hombre de ficción: opté por ella porque no me gusta la realidad de las guerras y las bombas, y sigue sin gustarme, lo que me gustaría es volver a ser yo el entrevistador. Del periodismo, me gusta la entrevista”, contaba el año pasado.
Películas como Ditirambo, Remando al viento, Epílogo, El detective y la muerte, Mi nombre es sombra o La reina anónima revelaron a un creador libérrimo, y por la primera, en 1988, fue recompensado con el Goya a la mejor dirección y con la Concha de Plata en el festival de San Sebastián gracias a Remando al viento. Su cine ha sido tan extraño como elegante, tan curioso como provocador.
Su obra literaria compartió esa misma libertad. En ella, la realidad podía deformarse hasta convertirse en ficción y los personajes podían asumir identidades inesperadas. “Al margen de inteligencias artificiales y otras realidades virtuales, el cine es el último reducto con el que podemos soñar despierto, y me remite a ese primer bisonte que nuestros ancestros pintaron en una caverna”, declaraba el pasado febrero al recibir el Goya de Honor de la Academia de Cine, en una de sus últimas apariciones públicas. Por lo menos la Academia saldó sus cuentas, no como con Basilio Martín Patino, que murió sin recibir un reconocimiento a la altura de su talento. Martín Patino y Suárez fueron muy similares en su singularidad.
Entre los diversos textos, además de la necrológica, que escribí un poco emocionado, porque si su obra era inmensa, conocerle a él y charlar con él era un placer aún mayor, os destaco otros dos. Este de Guillermo Altares, amigo de Gonzalo y de su familia: "Siempre nos quedarán sus libros: ese caos desordenado convertido en arte, en placer y en diversión". Y este de su amigo íntimo Fernando Trueba: "Soy fan de Gonzalo Suárez desde que leí sus libros y vi sus primeras películas de adolescente en mi barrio de Estrecho. Regalaba a mis amigos ejemplares de De cuerpo presente, que se saldaban en la Cuesta de Moyano. Rocabruno bate a Ditirambo era libro de cabecera. Luego le conocí, le hablé en el estreno de La Regenta; más tarde, en Canet-sur-Plage, viendo películas prohibidas. Luego le entrevisté. Y nos hicimos amigos. Y eso hemos sido durante casi medio siglo y vamos a seguir siéndolo. Me enamoré de él, como ya lo estaba de sus libros, y de Hélène, y pasaron a ser miembros de la familia".
Hace unos meses le preguntaron qué echaba de menos con la edad. Como siempre, socarrón, enredador y con un vino en la mano, Gonzalo Suárez respondió rápido: “Lo que echo de menos es jugar al fútbol como interior izquierdo y marcar un gol que entrara con la zurda por el ángulo derecho”.
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