jueves, 4 de junio de 2026

DE MUCHOS, UNO

Los nazis, expertos en propaganda y muy prácticos, idearon aquello de coser una estrella de David a la ropa de los judíos, un triángulo rosa a la de los homosexuales y así otros códigos que hacían fácil la catalogación humana según su criterio ario de prioridad nacional. Hablo de los años 30 del siglo XX, por si andaban despistados, que aún es temprano. ¿Imaginan qué hubieran logrado estos sujetos, los nazis, si en aquellos años hubieran contado con Tik Tok, Instagram o similares? Mejor no pensar en ello.
Se me ocurre que, para evitar coser o usar velcro o incomodidades de esa guisa, lo mejor sería que todos llevásemos tatuados en la frente un código de barras o QR que, a golpe de lector o de móvil, diera toda la información necesaria: raza, sexo, color de ojo, ocho apellidos, religión, inclinación sexual y política, cuenta corriente, etc. Todo muy sencillo, rápido y eficaz. Así, con esta información ilimitada contenida en nuestra base de datos (la frente), nuestras vidas cogerían uno u otro camino. ¿No les parece cómodo y efectivo? Bueno, seamos justos, para unos mejor que para otros, como dios manda.

Hablando de posibles distopías, empezamos a ver la serie "Pluribus", que por cierto tiene partes grabadas en Gran Canaria. El argumento es tan enrevesado que sería difícil resumirlo, pero vamos allá: la historia sigue a Carol Sturka, una escritora que vive en un mundo transformado por un extraño virus de origen extraterrestre. Este virus ha convertido a casi toda la humanidad en una mente colmena, una conciencia colectiva donde las personas viven en armonía, sin conflictos y aparentemente felices. La serie es desasosegante y lenta, pero a medida que avanza la trama te hace preguntarte constantemente argumentos como la pérdida de la individualidad, el valor del libre albedrío, si la felicidad universal justificaría sacrificar la identidad personal o el conflicto entre la libertad individual y el bienestar colectivo. 
¿Y si todos pudiéramos vivir felices y en paz formando parte de una única conciencia, realmente querríamos hacerlo?

Terminando ya con mis majaderías diarias, leo que el rey Felipe VI asiste a la corrida de no-se-qué de la prensa en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. Y yo me pregunto ¿qué necesidad tiene Felipe de dar su apoyo a una "fiesta" sádica y trasnochada con cada vez menos seguidores en España? Ya ven todo cambia para seguir igual en nuestro querido país.

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