Mi primer viaje a Estados Unidos fue hace cuarenta años, más o menos, y aunque ya había estado en Madrid y los había visto allí, no fue hasta mis paseos por Manhattan cuando fui verdaderamente consciente de ELLOS.
Cuando niño, en el colegio donde estudiaba, de vez en cuando llegaba una empresa externa para hacernos a todos los estudiantes un test, la verdad nunca supe si era de inteligencia, de carácter o a saber, supongo que mi padre los habría guardado en su momento y con el tiempo acabarían en la basura. De aquellos tests recuerdo dos cosas, una era que parece que ya de niño supieron ver mi capacidad espacial, cosa que me ha ayudado mucho para ser arquitecto (diría que la visión espacial es una capacidad imprescindible en nuestra profesión); la otra fue que tenía una "personalidad secundaria", o al menos así lo recuerdo, ahora conocida como rumiación, fijación atencional o alta sensibilidad. ¡La jodimos!
veamos qué nos dice la IA sobre esto de la resonancia secundaria:
Cuando algo cotidiano (como una escena en la calle) se te queda "grabado a fuego", vuelve una y otra vez a la mente y tardas días o semanas en digerirlo, la psicología lo explica a través de varios mecanismos:1. La Resonancia Secundaria (Enfoque Clásico).Como mencionábamos antes, autores de la psicología clásica como René Le Senne definían a los individuos secundarios precisamente por esta característica. Las impresiones no se quedan en la superficie; caen en el fondo de la conciencia y siguen vibrando durante mucho tiempo. Un evento simple de la calle (una mirada, una injusticia, un accidente o un detalle estéticamente chocante) no se olvida al dar la vuelta a la esquina; la mente "secundaria" lo procesa, lo analiza y lo conecta con sus propios valores o vivencias pasadas, manteniéndolo vivo.2. El Fenómeno de la Rumiación y la Intrusión Mental.Desde la psicología cognitiva actual, este proceso se entiende como pensamiento intrusivo o rumiación. El gancho emocional: Si lo que se vio en la calle generó una emoción intensa (incomodidad, tristeza, asombro, empatía profunda), el cerebro lo clasifica como "información importante no resuelta". El bucle de procesamiento: El cerebro vuelve a traer la imagen a la memoria una y otra vez en un intento de buscarle una explicación, una solución o simplemente para terminar de procesar el impacto emocional que causó.3. Alta Sensibilidad (PAS) y Procesamiento Profundo.También es un rasgo muy común en las Personas con Alta Sensibilidad (PAS). Una de las cuatro características pilares de este rasgo es el procesamiento profundo de la información. Quienes lo poseen no solo perciben más estímulos del entorno, sino que sus cerebros analizan los datos de manera mucho más minuciosa y consciente, lo que hace que una escena casual en la vía pública adquiera un peso y una permanencia mucho mayores que para el resto de la gente. Es una forma de funcionar mentalmente que, aunque a veces puede resultar agotadora o abrumadora, está íntimamente ligada a una gran capacidad de introspección, empatía y sensibilidad hacia el entorno.
¿Y todo esto a qué viene? Ya va, ya va.
¿Qué ocurre entonces cuando paseas por una ciudad y te cruzas con un homeless, un sintecho, un sinhogar, uno de ELLOS, invisibles? No me refiero a los que llamamos perroflautas, vistos muchas veces durante los carnavales en las Islas Canarias, muchos con VISA que se recorren el mundo a la manera hippie de antes, ahora hippijos más que hippies; me refiero a esa pobre gente que abarca todas las edades que viven pegados a un carrito de supermercado, si eso, alcoholizados o con demencia, que duermen bajo cartones y que mueren a la intemperie durante los meses de más frío. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Es la solución despojarlos de lo poco que tienen? No, evidentemente ésta no puede ser la solución. No debe ser fácil, lo sé, muchos ni siquiera se dejan ayudar, pero el mero hecho de que existan es la demostración que el sistema NO FUNCIONA.
Tener empatía se paga caro en esta época. La empatía, o la falta de ella según se mire, fue la causa de que borrara todas mis redes sociales por la imposibilidad de contestar a los mensajes odiosos de gente que me decía, ante algo que comentaba respecto a esto de los sinhogar o de los inmigrantes, ¡Qué, ¿y por qué no te los llevas todos a casa?!
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Limpiar la calle
Nos incomoda ver a las personas sin hogar. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid.
Pilar Mera, 23.06.2026
“Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. Despedíamos uno de los mejores cursos que recuerdo haciendo planes y brindando a bajo precio antes de bajar a la zona nueva a bailar y seguir riendo. Entonces entró en juego lo que mi hermana llama mi yo oficina oficial de Turismo, que viene a ser la suma de un imán para que la gente me pare en cualquier sitio para preguntarme cualquier cosa y una tendencia natural a largas conversaciones con personas desconocidas. Terminé sentada en las escaleras que bajan al campus escuchando la historia de Andrés. Un buen trabajo, una familia feliz, unas decisiones equivocadas por aquí, un poco de alcohol por allá, deudas, vergüenza, más alcohol y una vida rota. “Te pareces a mi hija”, decía. Terminamos en una cabina a punto de llamarla, pero eran las tres de la mañana y le dio miedo. Con ojos llorosos prometió hacerlo al día siguiente. No volví a verlo. Me temo que no lo hizo, aunque me gustaría pensar que sí, que ese fue el primer paso de una nueva etapa. De una vida mejor.
Cualquiera puede terminar en la calle. Lo difícil es salir de ella. La voluntad no llega para superar el miedo, la vergüenza y las barreras materiales. Imagínate ir a una entrevista de trabajo sin ducharte, sin ropa limpia. O alquilar una habitación sin dinero. Querer es poder sólo es posible cuando poder es una opción. Mientras los Andrés de la calle sobreviven, su visión nos incomoda y preferimos no pensar en ellos. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid, que ha decidido que el agua a presión se lleve por delante lo poco que tienen quienes duermen en sus calles. Da igual que sean cartones sucios, colchones o papeles de identidad, juguetes, fotografías o cualquier recuerdo. Limpiar, lo llaman. El derecho de la propiedad mengua en importancia cuando no cotiza en Bolsa.
Quizás Almeida y su vicealcaldesa no sabían nada hasta que lo leyeron en la prensa. Es la magia de las subcontratas. Te sirven de excusa mientras diluyen el valor de lo público, la calidad del servicio y la capacidad de control de quien contrata. Pero ya lo saben. No vale seguir negándolo o afirmar que sólo están dando “un futuro a personas que lo han perdido todo”. ¿Qué harán ahora? ¿Qué haremos ahora?
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