Casualmente me llegó esto hoy por dos vías diferentes, dos amigos me enviaron el enlace de Facebook. La foto muestra la que fuera la casa de mi familia, cierto, pero nunca se llamó la "Casa del Barco", resultado de la gran ignorancia arquitectónica que denomina con este nombre a muchas viviendas racionalistas. Por otro lado, tampoco es cierto que sólo se conserve la mitad de la vivienda, lo que ocurre es que al construirse el edificio de la esquina -fruto del desarrollismo de la época que demolía sin piedad joyas arquitectónicas-, la fachada de acceso, la izquierda, dejó de verse desde la calle. He aquí otro de los maravillosos juegos del racionalismo, te invitaba a recorrer la casa antes de acceder a ella, por eso la entrada no está en la fachada hacia la calle sino en un lateral.
La vivienda se conocía como "Casa de Estadística" o simplemente "Casa Pérez-Alcalde"; muy al principio albergó las oficinas de Estadística, zona de la casa que acabó siendo donde yo nací y viví hasta que me fui a estudiar fuera. La casa, por diversas vicisitudes, y gracias a la codicia humana en forma de primos, acabó vendiéndose al mejor postor (ni siquiera eso) con mis padres dentro, lo que terminó con matarlo a él y dejar a mi madre viuda, triste y sola sus últimos años.
¡Poderoso caballero! Ahora, cómo no, hay una clínica estética.
Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
(Extracto del poema de Quevedo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario