Cualquier disculpa para viajar se agradece, ¿o no? En nuestro caso ha sido un concierto del grupo de Tennessee "Kings of Leon", curiosamente formado por tres hermanos, Caleb, Nathan y Jared Followill y su primo Matthew Followill, donde cada miembro de la familia es conocido por su segundo nombre en vez del primero. El nombre del grupo deriva del padre y abuelo de Nathan, Caleb y Jared, los dos llamados Leon. El concierto se celebraba en un castillo, el Zitadell Sapandau, y allí nos plantamos el jueves por la tarda, un día después de nuestra llagada a Berlín. En esta ocasión también "disfrutamos" de más calor que el esperado, entre 30° y 32° durante el día, de manera que los pateos o paseos en bicicleta se hicieron algo durillos.
Era ésta mi primera experiencia "Berlín en bici" y les aseguro que ha sido fantástica; una manera magnífica de recorrerse la ciudad (a pesar del solajero), bicicletas eléctricas fáciles de conducir, con asiento ajustable y cesta delantera que siempre viene bien. Incluso llevan incorporado un ingenioso y pequeño artilugio para colocar el móvil ya que conducir con GPS se hace imprescindible, de manera que es seguro, rápido, barato y extremadamente útil. Cruzar el Tiergarten o atravesar la Puerta de Brandenburgo se hizo muy emocionante, además de hacer un poco de ejercicio, claro.
Llegamos a Berlín el miércoles por la noche, casi con el tiempo justo de registrarnos en el hotel y cenar algo antas de acostarnos. El jueves teníamos un programa completo y por la tarde, ir y volver al concierto nos tomaría bastante tiempo, como así fue. El hotel bien, bastante nuevo, bien situado, junto a Reichpietschufer, a tiro de piedra de la maravillosa Shell Haus (edificio construido entre 1930 y 1932 según un diseño del arquitecto Emil Fahrenkamp), una joya.
Pasear por Berlín es siempre un placer, no sólo porque está llena de parques, porque es una ciudad vital, animada y con una arquitectura maravillosa que siempre te sorprende. Muchos de los pasos fueron en bicicleta y montado en ella no es fácil sacar fotos, pero aún así me las ingenié, entre paradas estratégicas u otros paseos a pie, para tomar muchas fotografías de aquello que me iba encontrando por el camino, sobre todo de arquitectura anónima más o menos modesta, edificios residenciales, escaparates, naturaleza, etc.
La mañana del jueves nos esperaban dos visitas, el concierto sería por la tarde. Primero teníamos cita para visitar la cúpula (construida en 1993) de Norman Foster en el Parlamento, el famoso edificio del Reichstag. Con la reunificación alemana y la decisión de trasladar la capital de Bonn a Berlín, se decidió que el edificio del Reichstag fuese reconstruido con una nueva cúpula que se identificase con una Alemania unida. El arquitecto Norman Foster ganó un concurso para el diseño y reconstrucción de la cúpula en 1993. Foster quiso que la cúpula fuese un cilindro, después de su original diseño de un parasol, que fue rechazado debido a su costo. El diseño de la cúpula fue al principio polémico, pero ha llegado a ser uno de los mayores atractivos de Berlín. Parece que Calatrava, que no ganó el concurso (¡alabado sea el Señor!), acabó diciendo de Foster era un arquitecto mediocre. C'est la vie!
Desgraciadamente, el interior de la cúpula estaba en labores de mantenimiento y no pudimos acceder a ella. Sea pues éste un motivo como otro cualquiera para volver a visitar Berlín.
Y tras Foster... ¡¡¡Mies!!! Por fin logré visitar la Neue Nationalgalerie, edificio construido en 1968 por uno de mis arquitectos favoritos, Mies van der Rohe, joya entre las joyas, recientemente renovado por el estudio de David Chipperfield, de ahí que no pudiera haberlo visto en mi viaje anterior al estar cerrado.
Esta película de Fritz Lang, "Metrópolis", la vimos hace algunos años en el cine Castro de San Francisco; una copia original arreglada. Una pasada.
Imposible describir la emoción se pasear por ese maravilloso y enorme espacio, sentarme en la silla Barcelona, fijarme y disfrutar cada elemento arquitectónico, la madera, los mármoles verdes, el acero de la estructura, los pavimentos... Nuestro estudio proyectó el tanatorio SERVISA en Tenerife y los pilares metálicos de la entrada son un modestísimo homenaje a Mies. No hablo más, las fotos hablan por sí solas. Por cierto, coincidimos con una exposición interesantísima de Brancusi, el famosísimo artista rumano, en la sala principal del museo, arriba; en la planta baja vimos otras exposiciones también.
Salimos de la Neue Nationalgalerie con tiempo para comer y visitar antes otra interesante galería, ésta en Bülowstraße 7, adonde fuimos en bici. Se trata del museo URBAN NATION de arte contemporáneo.
Se acercaba la hora del concierto y todavía no habíamos resuelto el desplazamiento, muy lejos para ir en bicicleta. Finalmente optamos por un UBER que nos dejó en el Zitadel Spandau, una suerte de castillo en las afueras donde estaba instalado el escenario y, al llegar, ya estaba lleno de gente, casi repleto. En casa había hecho la tarea escuchando su música en Spotify para que el concierto no se me hiciera muy largo. Ahora, estos alemanes son muy raros, el concierto empezó a las 8 y, tras una hora y media, seguía siendo de día. ¡Un concierto de rock de día! Ya ven.
Terminado el concierto volvimos en UBER al centro, directos a Alexanderplatz a buscar algún sitio rico para cenar en Mitte, un barrio que nos encanta.
Otro día más, terminadas las primeras visitas programadas y el concierto seguimos con la Boros Collection, una colección privada de arte moderno emplazada en un antiguo búnker. Únicamente pude sacar un par de fotos a la entrada, después no dejaban, de manera que, salvo las primeras y el exterior, las fotos son bajadas de Internet. El edificio de lo más interesante, la colección... bueno, me aburrió un poco, todo he de decirlo.
Empezábamos ya la última etapa del viaje con mucho calor, tanto que los paseos en bici o caminando fueron infernales. Continuamos con un viaje en barco por el río Spree y la subida a la torre de TV en Alexanderplatz, imposible parecer más un guiri de catálogo. Pero valió la pena.
Las últimas visitas fueron completamente arquitectónicas, empezando por la Biblioteca Estatal de Berlín (Sede 2), el edificio más nuevo del Kulturforum en Potsdamer Straße , diseñada por Hans Scharoun y Edgar Wisniewski. La construcción comenzó en 1967 para albergar aquellas partes de las propiedades evacuadas de la biblioteca de las zonas de ocupación aliadas occidentales al final de la Segunda Guerra Mundial y se abrió al público en 1978, renovado de 1999 a 2001. Desgraciadamente, a la sala de lectura se debía acceder con un carné, así que no pudimos entrar.
Después de la biblioteca y a dos pasos de ésta nos encontrábamos a las puerta del magnífico edificio de la Filarmónica de Berlín, nuestra última visita programada, esta vez guiada. Una visita imprescindible para un arquitecto, para cualquier amante de la música o de la belleza en general. Una obra de arte de la arquitectura, absolutamente innovador en el momento de su construcción y con una historia más que interesante.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la antigua Filarmónica fue destruida en un ataque aéreo aliado el 30 de enero 1944. En 1956 se convoca un concurso de un nuevo edificio para la Orquesta Filarmónica de Berlín, por lo que se animó a 14 arquitectos a participar. Un año después, en enero de 1957, el diseño de realizado por Hans Scharoun gana el primer premio, pero por desavenencias, su plan no se llevó a cabo y en su lugar se le encargó a otro arquitecto, aunque finalmente pudo construirlo.La elección del lugar fue una señal en contra de la megalomanía del nazismo, pues el lugar es adyacente al que fue el edificio administrativo de la Acción Nacional Socialista, edificio que fue gravemente dañado en los bombardeos de 1944 y posteriormente demolido.La nueva Filarmónica emergió finalmente como la primera construcción prevista en el período de posguerra para el Kulturforum. Abrió sus puertas el 15 de octubre de 1963. Su costo ascendió a unos 17 millones de marcos, unos 35 millones de euros con la inflación actual.Este edificio asimétrico con un salón principal de conciertos en forma de pentágono, ofrece a la audiencia posiciones realmente buenas para ver el escenario, dado que la altura de las cubiertas se incrementa de forma irregular para favorecer su visibilidad y perceptibilidad, introduciendo una atmósfera especial y una mayor dialéctica entre los artistas y el público. La excelente acústica de la sala hace que el sonido sea mejor y más cercano al espectador. Se comenta que se puede distinguir cada una de las voces de los instrumentos desde cualquier asiento, este cerca o lejos del escenario. La sala cuenta con 2.440 asientos.La Filarmónica fue la primera sala de conciertos en colocar el escenario entre el público. Este concepto sería adquirido posteriormente por muchas otras salas de conciertos, establecido así un estándar. Algunas de las más importantes son: Sydney Opera House (Jørn Utzon, 1973), Boettcher Concert Hall, Denver (Hardy Holzman Pfeiffer 1978), Leipzig Gewandhaus (Rudolf Skoda y Volker Victoria, 1981), Suntory Hall, Tokyo (Shoichi Sano, 1986). Por otro lado, entre los edificios más importantes construidos recientemente que utilizan este estándar establecido por Scharoun están: Parco della Musica, Roma (Renzo Piano, 2002), Walt Disney Concert Hall, Los Ángeles (Frank Gehry, 2003), DR Koncerthuset, Copenhague (Jean Nouvel, 2009), Musiikkitalo, Helsinki (Marko Kivistö, 2011), Filarmónica del Elba, Hamburgo (Herzog & de Meuron, Vorauss, 2016).La ruptura con la tradición, al disponer la sala de conciertos en una posición central será interpretada por los críticos como una redefinición de la construcción social del concierto.
La visita duró algo más de una hora y en ella pudimos recorrer ambas salas, la sinfónica y la de cámara. Todos sus detalles son dignos de estudio, desde las cabinas de teléfono, ahora sin uso, a las lámparas, barandillas, apliques, colores, vidrio, el pavimento... Desde la entrada ya se disfruta de un ambiente tan espectacular que uno intuye lo que se va a encontrar dentro de las salas, como así es. La pena fue no haber tenido entradas para el concierto de esa misma marte de la Filarmónica, otra vez será. Hace años tuve la oportunidad de escucharla en Tenerife, dentro del Festival de Música de Canarias de aquel año, que no recuerdo cuál fue.
Sala sinfónica ↓
Sala de cámara ↓
Y se termina el viaje, lo bueno no dura siempre. Último paseo por la ciudad, esta vez a pie, una parada en un food/cocktail truck que amenizaba con música de jazz, un helado en Potsdamer Platz, visita al Monumento al Holocausto y cena en un libanés cerca de la Puerta de Brandemburgo para acabar el viaje. Luego poco más que contar salvo el largo y aburrido vuelo de vuelta a Gran Canaria la mañana siguiente.
Tristes por dejar esta ciudad que nos encanta y donde podríamos vivir, ahora con la cabeza puesta en otro lugar. Ya saben, el que no se consuela es porque no quiere.
♫
Kings of Leon, *Use somebody.









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