miércoles, 25 de noviembre de 2009

JOYAS DE FAMILIA


La fotografía corresponde a la boda de mis padres, hace ya algunos años, celebrada en casa de mis abuelos. De izquierda a derecha, mi padre, mi tío Domingo (Pérez Minik) y mi tío Juan (Nijota).

Para celebrar el día de San José de 1969 -yo tenía 6 años-, mis tíos Juan y Lola nos regalaron esta joya, escrita con la máquina de escribir que heredé yo hace unos años que, aunque ya no funciona, forma parte importante del salón de Villa Augusta.

QUIEN TENE UN AMIGO TIENE UN TESORO


HUMOR, REMEDIO INFALIBLE


NZ-8

30 de octubre de 2009.
Sin internet en el camping de Bluff, el sur más al sur de la isla sur. Foto: Fiordo Milford Sound. (Sin más comentarios).

PD. Quedan únicamente 6 días de viaje; mañana Halloween.

NZ-7. RIVERS AND LAKES


Queridos todos:
Ayer fue un día tranquilo, dedicado a conducir para lograr llegar lo más cerca posible de Queenstown, cosa que conseguimos, y así ganar tiempo para hacer alguna actividad aquí durante la mañana. Nuestra intención, en principio, es hacer jetboating, lancha rápida en uno de estos ríos, creo que en el Kawarau River. El recorrido fue tan bonito como siempre, o más si cabe. Cruzamos innumerables ríos, algunos anchos otros pequeños, cascadas, valles y zonas montañosas, incluyendo de nuevo otra parte de los Alpes Neozelandeses. Casi terminando la jornada pasamos entre los lagos Wanaka y Hawea. Zonas éstas poco pobladas, muy frías por la cercanía de las cumbres nevadas y perfectas para pasar la noche sin tanto viento, que es lo que al final nos hizo adentrarnos un poco más en la civilización.
Hoy actividades y después hacia Fiordlands National Park.

II
Después de pasar la noche en el apartadero menos idílico hasta la fecha (junto a un kiosco de información vinícola justo a las afueras de Queenstown, a 2 grados según la última medición de temperatura a las 8.30pm), partimos hacia la ciudad con la intención primera de apuntarnos al jetboating, después de haber perdido la oportunidad de hacerlo en Lake Taupo. Dicho y hecho. Nos informan en la oficina de la empresa en la Main St. y a unos 5km, junto al río, apareció el pequeño embarcadero del "Shotover JET, the World's Most Exciting Jet Boat Ride". Viendo la colección de fotos expuestas en la recepción he de decir que hemos compartido experiencia con personajes tan ilustres como Peter Jackson, George Lucas, Kiri Te Kanawa, Huge Jackman, Alanis Morrisette... La hazaña duró unos 30 minutos, que se hicieron realmente muy cortos. Para los más escépticos, que haberlos haylos, he de decir que esta vez hay fotos y vídeo que lo demuestran. No nos mojamos tanto como haciendo rafting, pero el agua estaba igualmente fría. Afortunadamente la barra donde uno iba convenientemente agarrado estaba calefactada (¡bien por el progreso!). Ida, vuelta y vueltas y se acabó lo que se daba. La media hora no da para más.
Después de la lancha rápida un paseo de dos horitas por Queenstown, almuerzo en un japonés BBB y en marcha nuevamente, esta vez directos hacia el fiordo Milford Sound, en Fiordlands National Park, recorrido de 120km por la que dicen es una de las carreteras más bonitas del mundo. Comenzaré la próxima crónica contándoles el crucero.
¡Hasta más ver!

lunes, 23 de noviembre de 2009

LE NOZZE DE FIGARO


Mi amigo Alejandro me invita hace unos años a la ópera en Venecia. ¡Qué nivel ir a la ópera en Venecia!, y nada menos que a "Las Bodas de Fígaro". Pues me embarco y entre vuelo y vuelo aterrizo en el aeropuerto Marco Polo. De allí, en barca-taxi, llego a mi destino, la Casa Palacio de Uscoli. Disfruto de la preciosa ópera, de una cena con la compañía, de los paseos por la ciudad, de la comida y de una estupenda excursión en barca, río arriba (esclusa incluida) hacia Villa Foscari, conocida como "La Malcontenta", una magníficamente bien conservada villa de Palladio, y por supuesto de la compañía de mi buen amigo y mejor conversador, si cabe.

Como anécdota contaré que el decorado de la ópera incluía un SMART, el cual tuvimos que trasladar por la ciudad, colocando tablones de madera bajo las ruedas para repartir el peso, desde el aparcamiento hasta el teatro.


Me dicen que esta noche, en el programa "Callejeros, viajeros" hablaban de Venecia y que salía mi amigo enseñando el palacio. La televisión y yo no nos llevamos muy bien que digamos, así que veré si puedo bajar el programa por Internet en un par de días.

NZ-6. DEL VERDE AL AMARILLO

I
Día 25 de octubre.
Queridos todos:
Después de una tranquila travesía a través del Queen Charlotte Sound (Fiordo), llegamos a Picton, un pueblo-muelle del que salimos veloces en dirección a Kaikoura, que es donde nos encontramos ahora. Camping de lujo, problemas con Internet, duchas grandes y cómodas. Mañana ballenas, espero. Aquí todo está orientado al turismo "ecológico"; avistamiento de ballenas, delfines, albatros, leones marinos... El camping está bastante lleno y, aparte de la zona de auto caravanas como las nuestras, tiene unos bungalows a los que llaman Luxe 1, Luxe 2, etc. La comida estrella parece ser la langosta, pues está anunciada por todas partes. Lo mejor del pueblo, que de entrada no parece muy grande (mañana lo apreciaremos mejor), es que está resguardado por parte de los Alpes Neozelandeses que, además, siguen nevados. Hoy sólo hemos visto leones marinos en nuestro recorrido por la carretera junto a la costa este de la isla.
Mañana más.

II
Día 26 de octubre.
Llueve en Oxford, el lugar donde hemos aparcado las auto caravanas esta noche. Empezó a las 6 y no ha parado, por lo que nos espera una noche algo fresquita y quizá tengamos que poner la calefacción. Estamos en una rest area con césped y un jeep con su enorme remoque como compañero de descanso después de este día dedicado casi enteramente a ver ballenas y delfines. En el camino hacia aquí hemos cambiado las montañas verdes por las de flores amarillas.
El barco salió de la marina de Kaikoura sobre las 13:30am y estuvimos en el mar unas tres horas, más o menos. Hemos tenido la suerte de ver tres ballenas respirando antes de volver a sumergirse (...¡por allí resopla!), focas y delfines. Las fotos no hacen justicia a la sensación que se tiene al estar tan cerca de un animal tan enorme, pero algo ayudan. Nos sentábamos en el interior mientras el catamarán avanzaba, salíamos a cubierta para poder ver el show en primera fila. Nosotros, los únicos españoles, una pareja francesa, japoneses, muchos japoneses y lugareños. Pocas palabras para que baste el espectáculo.
Mañana glaciares.

NZ-5. A ROOM WITH A VIEW (NO VACANCY)

Queridos todos:
Aún sin Internet en el barco, desde donde escribo mientras esperamos que zarpe hacia Picton, nuestro puerto de destino, primer punto de la segunda parte del viaje en la isla sur, me dispongo a contarles esta nueva crónica de nuestro periplo neozelandés.
Creo recordar que nos quedamos en Turangi, después de una tarde de escalada y donde preparamos el siguiente día con nuestra buena colección de mapas, road y camping atlas. En el "Climbing Indoor Cafe" aprovechamos para tener una conversación con el lugareño que regentaba la cafetería, y que nos habló acerca de las bondades del país, de la suerte que tenía de vivir aquí, de lo preciosa que nos iba a resultar la isla sur, etc. Se había mudado hacía poco a Turangi y vivía en una casa cerca, con su mujer, siendo el new owner del local. Su horario, 9:00-16:00h. Calidad de vida, sí señor.
De Turangi a Taranaki atravesamos parte de la isla por la "Forgotten World Highway", que nos adentró a la Nueva Zelanda profunda. Al entrar ya te anunciaban 150km sin gasolineras, o sea sin civilización. Hay zonas del país que está realmente despobladas. Recordemos que la población del país es de unos 4.000.000 y que en la isla norte viven 3 millones, por lo que en la sur nos encontraremos mucha menos población. La cosa promete.
Taranaki es la zona del oeste de la isla norte con un volcán en el centro y un parque nacional en su falda, completamente circular. El monte Egmont, o Taranaki en maorí, aún conserva nieve, por lo que la excursión fue agradable pero bastante fresquita. Nos dimos un salto a las cataratas Medows Falls junto a una familia de japoneses que miraban el paisaje a través de una videocámara y que no sé cómo no se cayeron por las escaleras imposibles que bajaban hacia donde caía el agua. Eso sí, muy educados y siempre dejándonos pasar con un amable you go fisrt con un constante movimiento de cabeza. We went first. Pasamos la noche en Cape Egmont con el Mar de Tasmania detrás y el faro y el volcán delante; una estupenda habitación con vistas. Unas horitas en Oakura, larga playa de surferos, campeonato de windsurf aplazado por falta de viento. De aquí conducción hacia Wellington.
Ya en Wellington aparcamos las auto caravanas en un parking free los fines de semana, en el puerto, junto al New Zealand Museum, que visitamos durante esta mañana. Cena en un portugués-hindú y paseo por el centro completamente muerto a las 10 de la noche (y eso que era sábado). Aquí el ritmo es completamente diferente al nuestro, no cabe duda. Wellington es una ciudad abierta al mar, con un largo paseo marítimo, barcos, viviendas en las colinas que la circundan y con un buen ambiente los domingos por la mañana. NOTA: desde las 8am ya podemos ve a niños pequeños, incluso bebés, paseando por los parques con sus padres. En bicicleta por el paseo, en la zona de juegos de los parques y hasta en la playa. Sushi para comer antes de embarcar y poco más. Nada más llegar a Picton saldremos hacia el este de la isla sur, con intención de pasar la noche en un camping en Kaikoura, desde donde embarcaremos nuevamente mañana para ver ballenas.
Seguiremos informando.

MI VIAJE NÚMERO CATORCE


Mañana me voy de viaje, no muy temprano, calculo que justo después del postre, tarta. Creo este viaje hará el número catorce, sí, el catorce, ahora me acuerdo. Si todo ocurre como espero en poco tiempo estaré en el Caribe, buceando, buscando un tesoro sumergido.
Hace dos semanas volvía a casa paseando -aún no he sacado el carné de conducir-, y en un escaparate vi el anuncio y pensé: lo quiero. Siempre he tenido mucha imaginación, así que ya tenía habían llegado a mi cabeza el mar, los olores a algas, las sensaciones desconocidas. Lo mejor es que lo puedo hacer sin tener vacaciones, pues todavía he de esperar unos meses, por lo que utilizo un método infalible para poder lograrlo. En mis trece viajes anteriores lo he utilizado y, hasta ahora, siempre ha salido bien, de maravilla.
Ya saben pues que mi afición favorita, casi la única, es viajar, desde hace años, aunque no demasiados he de decir. Viajar es algo que empiezas a hacer y ya no lo puedes dejar, por lo menos en mi caso particular. No veo el momento de comenzar otro desde que acabo en el que he estado metido, siempre solo, sin necesitar compañeros de viaje ni equipaje. Deben saber que lo único que jamás olvido es un marcador de libro.
Recuerdo mis primeros viajes, fáciles, de aventuras, más bien cortos. Las primeras veces estuve en la selva, visitando una comunidad de babuinos; en el desierto buscando diamantes y desenterrando momias con un famoso egiptólogo; haciendo montañismo en los Andes con un grupo de boy scouts; y recorriendo Roma en bicicleta con la intención de encontrar un valioso amuleto. Algo después dejé de ser un aventurero para viajar de manera más tranquila. De esta época recuerdo recorrer la estepa rusa en el transiberiano, en medio de una ventisca invernal que duró toda una semana y que no nos permitía abandonar el tren por miedo a morir congelados; estudiando las costumbres de los niños hindúes y tibetanos en sus casas; visitando las iglesias templarias europeas, siempre rodeadas de un halo de misterio y fábula; navegando hacia una base noruega entre el Cabo de Hornos y el de Buena Esperanza, rodeados de ballenas... mi octavo viaje. El Polo Sur, supuso mi descubrimiento del mundo animal, de la belleza de las ballenas, de los delfines. Recuerdo haberme emocionado cuando el grupo llegó a la base antártica y, frente a los noruegos, desplegó una pancarta que decía Save the whales!, frase que tuve que buscar en un diccionario pues mi conocimiento de inglés era muy parco.
Últimamente me he inclinado por viajes más deportivos, más largos, más complejos. Así sobrevolé las Montañas Rocosas en un globo aerostático, pasé una temporada con los navajos en su reserva del Monument Valley, celebré el nacimiento de un león en las faldas del Mont Kenya o navegué bajo los hielos azulados del glaciar Perito Moreno. Mañana, desde que llegue a la isla de St. Thomas, me sumergiré en sus transparentes aguas para intentar encontrar el tesoro que allí se esconde.
Bueno, me despido porque estoy cansado y me espera un largo y emocionante día. Mañana cumplo catorce años y mi tía Carmela me regalará un libro, como cada, y que leeré con placer. Esta vez le he pedido “El tesoro perdido de St. Thomas”. Ya les contaré cómo ha sido.

domingo, 22 de noviembre de 2009

COSTUMBRES


A veces no hay manera de entender lo que sentimos, y yo ni lo pretendo. Si se comparte información se corre el riesgo de recibir críticas; si no, obviamente no ocurriría.
El cinturón y las botas se obtienen de animales, sí, y la comida por supuesto también. Comer es una necesidad y si no lo hacemos ¡adiós!. Vestir pieles de animales que no sirven de alimento (léase visones, por ejemplo), torturar animales únicamente como diversión (recuérdese el circo romano), matar ballenas cuando se sabe que están a punto de extinguirse (con "fines científicos")... NO.

Defender la naturaleza y el Medio Ambiente es algo que nos agradecerán nuestros nietos, obviamente nuestros contemporáneos no.
Ah, y por cierto, no intento que los demás piensen como yo, en absoluto; ojalá no me afectara lo crueles que podemos llegar a ser los hombres, pero no lo consigo.

PD. Tirar a una cabra desde un campanario o lancear un toro es y será, aquí o allá, ahora y siempre, una bestialidad.

Pan y circo.

NZ-3

Queridos todos:
Hoy no ha parado de llover; aún continúa. Una lluvia persistente que hace entender la frondosidad de estos parajes. Hoy el día ha transcurrido en Turangi, al sur del lago Taupo (pronunciado algo así como Tupo), prácticamente dedicado exclusivamente al rafting mañanero, que entre una cosa y otra nos llevó unas tres horas, de las cuales pasamos dos en el río Tongariro. Quién me iba a decir que con mis ...taytantos iba a aflorar el Livingstone que todos debemos llevar dentro. Pues sí, la bajada de los rápidos (nivel 3, que no esta mal para empezar) fue increíble, con caída al río incluida. 7 marineros y un capitán dispuestos a empaparse hasta los huesos, embutidos en un traje de neopreno de 5mm, chubasquero y salvavidas que te hacía parecer un Robocop húmedo. Calculo grosso modo que hablamos de unos 20 rápidos en total, que consiguió que llegásemos -por lo menos el que suscribe- con agujetas en las piernas, calado completamente y muy emocionado. El recorrido por el río, aparte de lo emocionante, fue precioso. El paisaje verde, como no podría ser menos, cormorán incluido y truchas navegando a contracorriente. Un 10 a la experiencia y con ganas de repetirla en la isla sur, a riesgo de morir congelados. Esta tarde hemos aprovechado para pasar un rato en un indoor climbing cafe.
El jetboating deberá esperar hasta Queenstown porque la guía tenía un error y en esta zona del lago no hay tal actividad, y regresar al norte, por donde pasamos ayer, no está en nuestros planes pues queda mucho por ver aún.
Hoy nos quedamos en el camping de nuevo, electrificados como dios manda, calefacción ON y con WIFI para mantenerlos al día. Mañana Taranaki y Egmont National Park, competición de windsurf y todo. En dos días estaremos en Wellington y de allí saltaremos a la isla sur por Picton, en viaje marítimo de unas 3 horitas de nada.
Habrá más.

Karl Marx: La religión es el opio del pueblo.
Fernando Savater: La religión busca algo mejor que la vida, y la ética busca una vida mejor.
Refranero español: A palabras necias, oídos sordos.

Tengo un buen amigo con el que suelo hablar de lo humano y de lo divino. El otro día, a colación de la última polémica manisfestación en Madrid contra la nueva ley del aborto me decía:

> Si no nos importa que Belén Esteban de su opinión sobre cualquier tema a través de la televisión ¿cómo no van a salir los obispos dando la suya?

Y tiene razón. La libertad de expresión es algo a lo que no debemos renunciar nunca. Otra cosa es a qué o a quíen le hagamos caso.

ADIR


La Tierra, no la heredamos de nuestros antepasados, la tomamos prestada de nuestros hijos.
Protejamos el Medio Ambiente.

jueves, 19 de noviembre de 2009

¡NO A LA CAZA DE BALLENAS!


¿Quién puede matar tanta belleza?

Bruce Weber, fotógrafo conocido sobre todo por sus campañas publicitarias para Calvin Klein o Abercrombie, entre otras, ha trabajado para la marca MONCLER, con estas estupendas fotografías.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

NZ-2

Queridos todos:
Ya he contado lo verde que es todo, aunque no creo que puedan llegar a imaginar lo realmente verde verde que es este país. Aquí no existe el marrón en las montañas, todo está cubierto de hierba, hasta el más mínimo rincón (los arcenes también); desde el espacio parecerá un gigantesco campo de golf, créanme. Si un defecto he de ponerle es la cantidad de pobres animales muertos que se encuentra uno en la carretera. Menos mal que tanto las vacas como las ovejas están siempre en lugares vallados porque si no la escabechina sería terrible. Todo es verde, y también vacas y ovejas. Esta mañana vimos nuestro primer kiwi y en estos últimos días hemos estado rodeados de múltiples pájaros, grandes y pequeños, junto a nuestra pequeña comunidad de amigos que nos hicieron compañía durante la noche, a saber dos gallos, uno grande, otro enano; una gallina blanca y un pato. Los gallos nos despertaron en estéreo, antes de que amaneciera, y luego todos empezaron a dar vueltas alrededor de la caravana, que yo descifré rápidamente en simple desesperación por recibir algo de alimento. No tardé mucho en darles galletas, algo de pan y mucho amor.

Dudas fáciles a resolver.
La gasolina es muy barata, exactamente 1$/litro, lo que hace un total de 0,5€/litro. En el camping donde dormimos hoy, razón por la que puedo conectarme a Internet, cuesta 15$/persona, o lo que es lo mismo 7,5€. La comida en general bien, no es cara e incluso algo más barata que en Canarias. La fruta es más cara pero poco más.

Un pequeño resumen y propósitos futuros.
"Ninety miles beach", anunciada como una de las playas más grandes del mundo, donde los lados se pierden y donde, además, está permitido conducir a un máximo de 100km/h, eso sí on your own risk (por aquello de las mareas). Experiencia interesante la de vaciar las toilet waters y las grey waters. No me extenderé. Ducharse en el baño de la auto caravana es también otra proeza. Estamos viendo, por capítulos -depende de cuando puede cargarse el portátil- "Zombieland", recomendable. Mañana tenemos rafting y jetboating (estos anglosajones y sus verbos inventados) en el lago Taupo. Esta mañana tuvimos nuestra experiencia maorí en las aguas termales del lago Rotorua.
De la arquitectura neozelandesa hablo otro día. La maorí es muy interesante.
Besos y abrazos.

NZ-1

Queridos todos:
Llevamos sólo unos días en este espectacular país (cinematográfico podría decirse) y hasta ahora todo impresiona. Ahorraré comentarios sobre los vuelos, interminables y muy pesados; sobre la aduana en Los Ángeles, con la parafernalia de huellas dactilares en todos los dedos de ambas manos y el "mire a la cámara", todo para meternos en una sala de espera mientras limpiaban el avión y ponían combustible; el pobre niño que no paró de llorar hasta llegar a Aukcland o lo bien que nos trataron en la aduana neozelandesa, sólo preocupados por la comida que pudieras meter en el país.
Después de ver Auckland, subir a su Sky Tower, pasear y alucinar con el nivel de vida de los lugareños, aparentemente todos marineros, comenzamos el recorrido por la isla norte en estas casas rodantes en donde uno debe cambiar el chip para disfrutar de un espacio tan reducido.
Nueva Zelanda, a primera vista, es un campo de golf inmenso o un bosque en forma de isla. Todo es tan verde que asusta. Extensiones interminables de prados solitarios, vacas, ovejas y caballos; colinas donde es imposible ver el suelo y donde los helechos son tan grandes como palmeras, literalmente; verde, verde, verde. Y labradores, aquí sin duda la raza rey. Hoy, entre otros lugares, visitamos Karekare, la playa donde se rodó "El Piano", y donde el agua estaba congelada.
Acabo esta primera y corta crónica para meterme en la cama porque mañana nos espera un día largo, templo mahorí incluido. Esta noche aparcamos en un camping para reponer baterías, rellenar depósitos previo vaciado, cargar las cámaras, etc.
Espero que todo bien por ahí.
Besos.
Jose

PD. Para muestra un botón:

AOTEAROA, "TIERRA DE LA LARGA NUBE BLANCA"









He aquí una serie de crónicas escritas durante un viaje a Nueva Zelanda entre octubre y noviembre de 2009. La naturaleza es tan impresionante que será difícil transmitirles lo percibido durante el recorrido por ambas islas.

LOS VIERNES EN DUQUITAS BLANCAS


Empezaba a amanecer y las siluetas de los rascacielos iban desprendiéndose de sus luces y sombras para dejar paso a los reflejos del sol sobre las superficies de cristal y acero. Iba a resultar un día precioso, soleado y sin nubes, perfecto para una cena entre amigos al aire libre y una mejor conversación.
El pequeño apartamento de Old Fulton Street, un espacio abierto hacia el downtown de Manhattan, se había convertido en su hogar en los últimos siete años, después de que ambas enviudaran y decidieran vivir juntas en el loft neoyorquino que Carmela y su marido Avner habían comprado durante el tiempo que él estuvo como director titular de la orquesta del Carnegie Hall. Carmela era española, violonchelista, y profesora en una de las orquestas más famosas en aquel momento. En un viaje a Israel, donde tenían que interpretar la ópera Norma como orquesta invitada, conoció al director y nunca volvieron a separarse. No habían tenido hijos pero sí una perra, a la que llamaban Norma en recuerdo de la ópera celestina. Vivieron en Tel Aviv desde que se casaron, con algunas temporadas en Nueva York, Roma o Madrid; en esta última cuidad vivía Lola, su hermana cirujana, y a la que iba a visitar siempre durante las giras europeas de la orquesta. Lola compartía una casa de campo, a las afueras de la ciudad, con Margarita, escritora de cuentos infantiles y, además, librera. Llevaban juntas media vida y unos años antes se habían casado gracias a los aires progresistas que soplaban en el país ibérico. Cada vez que se reunían los cuatro disfrutaban el tiempo compartido como niños en un parque de atracciones. Se llevaban de maravilla, cómplices en felicidad, sintiéndose afortunados por haber encontrado a sus medias naranjas, a las que llamaban “nuestras naranjas enteras”, pues decían que de media nada de nada.

Tanto Margarita como Avner habían muerto hacía ya siete años, casi al mismo tiempo, lo que había sumado a las hermanas en una gran tristeza. La misma noche en que María, desde Jerusalén, llamó a su hermana para contarle que Avner había sufrido un ataque al corazón, tomaron la decisión de vivir juntas. Lola estaba sola desde hacía un año y medio, después de que Margarita sufriera un accidente mientras volvía a su casa desde la librería, hecho del que lentamente iba recuperándose.
Israel y España guardaban para ellas tantos recuerdos, una vida entera, que no parecían ser los lugares idóneos para trasladarse, para seguir hacia delante, de manera que el apartamento de Brooklyn asomaba como la mejor opción, lejos del bullicio de Manhattan y con las mejores vistas sobre la isla, en un barrio tranquilo y bien conectado. Así, después de algunos preparativos y despedidas, de la venta de la librería y las casas en Madrid y en Tel Aviv, organizaron sendas mudanzas hacia Nueva York reuniéndose allí a principios de mayo.
La casa tenía todo lo que necesitaban para ser felices: música, una buena biblioteca, algunos cuadros, pocos pero bien escogidos entre los que destacaba un Jasper Jones, formidables vistas y unos chester comprados a un amigo anticuario de San Francisco que invitaban a practicar el olvidado arte de la buena conversación; además de un gran grupo de amigos que María y Avner habían ido atesorando en su periplo americano. A él siempre le habían reprochado, los más esnobs de sus allegados, que no se mudaran a un barrio mejor, a lo que Avner contestaba recurrentemente ¿qué lugar tiene mejores vistas del skyline que el nuestro?

Llamaban a su casa “Duquitas Blancas”, en clara referencia a sus raíces españolas, pero cambiándole el sentido de la copla por uno mucho más optimista. Así la residencia de las hermanas era conocida en Nueva York tanto por sus cenas de amigos -que no de intelectuales- como por sus extravagancias. Cada viernes del año, y según la máxima de Cicerón Un amigo es un segundo yo, organizaban una velada a la que invitaban a su nutrido círculo, siempre a los mismos, pero que mágicamente cada semana aumentaba ligeramente. Aunque el apartamento en sí no era muy grande, según las proverbiales proporciones de los americanos, a cualquier invitado extranjero le hubiera parecido una mansión. Disponían de dos grandes mesas, una redonda de cristal en el interior, y otra rectangular de madera, ésta en la terraza. A pesar de las costumbres anglosajonas de cenar como las gallinas, entre ellos se había impuesto una norma no escrita, muy española, que consistía en empezar la reunión sobre las nueve de la noche y acabar a las tantas de la madrugada, siempre que hubiera algo interesante de lo que hablar. Hacía gracia a las anfitrionas que en inglés no existiera la palabra sobremesa, así que ellas instituyeron que “Los amigos de los viernes” celebraran las cenas a la manera latina, con un horario anárquico de comienzo y sin hora de despedida. La música de fondo era muy variada, desde coplas hasta música clásica, incluso alguien había llevado una noche algo que sonaba a música de dentista y que resultó ser Mantovani. Se sentían muy orgullosas de haber recopilado una profusa colección de música hebrea y prácticamente todo lo que se había grabado y editado sobre ópera.
Viernes.
Como tal se reunirían para cenar en la terraza, si el tiempo no lo impedía. Sólo el 14 de septiembre de 2001 no había tenido lugar la comida, ya que el atentado del World Trade Center descompuso la rutina de la ciudad y a todos ellos sus estómagos.
La mañana continuaba clara y a las 9 las esperaba en el embarcadero cercano un water taxi que las llevaría a la isla cruzando el East River. Procuraban no subirse al metro para aprovechar al aire libre lo que les brindaba la ciudad. Las precedía la reputación de ser unas de las clientas favoritas de Dean & Deluca, adonde acudían cada viernes, un poco antes de las diez, a surtirse de los manjares que ofrecerían esa misma noche. Allí desayunaban, frente a los ventanales orientados a Broadway, sendos croissants y jugos de naranja, disfrutando del variopinto río que caminaba acelerado sobre las aceras. El resto de la semana no eran tan exquisitas y solían ir a Grimaldi’s, una pizzería cercana, también al Flying Burrito, cerca de Christopher Park o al japonés de la calle 87. Sólo cocinaban en casa tres o cuatro noches al mes y servían ellas misma la cena. Nueva York es una ciudad donde cocinar no supone nunca una necesidad, comentaban continuamente, habiendo tantos restaurantes como bares en España o prostitutas en Filipinas. Una vez provistas de los ingredientes del menú del día cruzaban el puente de Brooklyn hacia Duquitas Blancas, para hacer algo de ejercicio, cargando los cartuchos en dos maletas de viaje que resultaban ser unos perfectos carros de la compra. La cocina esperaba impaciente desde hacía una semana, lista para preparar la comida que se merecían sus inefables amigos, los cuales irían apareciendo a cuentagotas a partir de las nueve de la noche y a los que esperaban con impaciencia como si fuera la primera vez.

Casi con puntualidad de verdugo comenzaban a llegar los miembros del Grupo de los Viernes. La mesa estaba puesta, ordenada pero sin llamar la atención; nada del incómodo número infinito de copas, sólo dos –agua y vino-, sin candelabros. Al final el tiempo acompañaba y decidieron que podrían sentarse en la terraza, por lo que la mesa tenía como única decoración un par de macetas con lirios y un cenicero en uno de los lados. Ya sólo quedaban dos fumadores.
Un misterioso número de comensales iba llegando poco a poco, tan variado e interesante como cada noche. Los primeros fueron Andy y Susan, matrimonio judío que había emigrado desde Europa después de la guerra y que habían perdido a sus respectivas familias en campos nazis. Siendo los mejores amigos de Avner ahora lo eran de Carmela. Además tenían una Fundación muy reputada dedicada a becas musicales y dirigida a descendientes de judíos, lo que les daba la oportunidad de viajar a Israel muy a menudo. El misterio les rodeaba cuando les preguntaban si pertenecían al Mosad, a lo que nunca respondían de una manera transparente pero que les daba pie para sacar el tema del conflicto en el Próximo Oriente y abogar por el necesario entendimiento entre judíos y palestinos.
Alex llegó unos minutos después, alto y serio. Era un antiguo piloto de la Pan Am que nunca había salido del armario y que, casi seguro, le causaba una infelicidad constante. Habiendo viajado mucho, sus historias resultaban siempre muy amenas. De vez en cuando se hacía acompañar de antiguos compañeros de profesión, para todos un eufemismo porque siempre resultaban ser pilotos notablemente más jóvenes.
María, mexicana que llevaba viviendo más de treinta años en los Estados Unidos pero que se negaba a nacionalizarse. Casada con un petrolero de Texas, al quedarse viuda heredó una considerable fortuna que había invertido en una protectora de animales. Jamás usaba pieles para vestir y su causa número dos –siempre podría aparecer una primera- era que se prohibieran las corridas de toros, por lo que financiaba a un grupo extremista en España con los que compartía ingenuidad. Llevaba tiempo con una idea fija: descubrir la manera de que los abrigos de pieles se comieran a sus dueñas. Con los años se había convertido en el brazo derecho de Lola, por lo que era normal verla en el apartamento aunque no fuera víspera de sábado. Ambas compartían la afición por la lectura y gustaban de entretenerse en comentar los libros que habían adquirido últimamente. Para Lola era un placer poder hablar en español y expresar lo que en inglés le resultaba algo más difícil; con María se sentía como en casa. En el fondo estaban encantadas de que el español fuera tomando fuerza en el país, por mucho que molestase a algunos. Su chiste preferido era repetir muchas veces palabras como siesta, paella, siesta, paella…
Dimitri y Marcos, dos viejas glorias del ballet clásico que, en cualquier ocasión, te contaban sus supuestas cuitas con Nureyev o la Fontaine. Viviendo en un modesto apartamento del barrio chino, con mucha paciencia habían aprendido a hablar mandarín, de manera que se dedicaban a dar clases particulares en una academia de negocios para jóvenes chinos. Su mayor joya era una sala de cine montada al aire libre en el jardín trasero de su casa, donde proyectaban en verano viejas películas en blanco y negro, sobre todo musicales del estilo Melodías de Broadway.
Un poco más tarde aparecieron July, Matt y Rachel. Los dos primeros llevaban casados muchos años y habían tenido un hijo. Casado éste con Rachel, un día había decidido dejar de hablar a su familia sin explicación alguna, por lo que ella ocupaba ahora el hueco que les había dejado su malagradecido e incomprensible vástago. La pareja estaba jubilada y vivían a las afueras de Manhattan, con cuatro labradores y dos ocas. Les gustaba la jardinería y la horticultura, por lo que pasaban la mayor parte del día en el jardín o en la huerta. Sus perros eran felices dando vueltas a su alrededor sin parar y las ocas ejercían de guardianes de la finca, organizando un verdadero escándalo cuando se acercaba algún desconocido. Rachel era geriatra en el Mount Sinai Hospital en Queens y coordinaba un grupo pro-eutanasia, además de ser una aclamada conferenciante.
En último lugar llegaba siempre Adolfo, un peruano intelectual exiliado. Nadie estaba seguro de las razones que lo empujaron a salir de Lima hacía ya dieciséis años, pues allí era un famoso chef al que no se le conocía ideología política, al menos de forma pública. Nunca hablaba de Perú pero estaba suscrito clandestinamente a El Comercio, el diario peruano de mayor tirada, y devoraba páginas en Internet acerca de la situación política en su tierra natal. No había vuelto a tener una conversación en español desde que pusiera los pies en el avión que lo trajo hasta Nueva York. Comentaba que sus inversiones en Lima le habían ido tan bien que, afortunadamente, no tenía que trabajar más. De lo que vivía era pues otro misterio a sumar.
Así pues la mesa estaba completa, la conversación interesaba, la comida estaba ya servida sobre el mantel y la temperatura era ideal para la cena al aire libre. Las luces de los rascacielos iluminaban el horizonte.
―¿A quién le apetece un poco de sushi?
Prometía ser otro memorable viernes en Duquitas Blancas.

martes, 17 de noviembre de 2009

JARA Y SEDAL


Los dinosaurios lo intentaron sin éxito. Esta vez había sido muy diferente. Los pocos que habíamos sobrevivido lo llamábamos “el año de la venganza”, aunque también se conocía como el de la justicia. Simplemente había ocurrido, sin previo aviso y en muy poco tiempo. En aproximadamente dos meses la población mundial se redujo drásticamente, tanto que sólo quedamos unos pocos cientos de miles; nos conocíamos como “los verdes”.
Volviendo a nuestros orígenes, como no debía ser de otra forma, nos reunimos para formar la gran comunidad verde en África, al pie del Kilimanjaro, ocupando una relativamente grande franja de tierra que comprendía los antiguos parques nacionales Amboseli y Serengueti, en los que fue parte de la frontera entre Kenia y Tanzania. Ahora la otrora reserva animal se había convertido en reserva humana.; las vallas que impedían a los animales salvajes escapar de su parque cumplían un papel inverso, impedían que ellos entraran.
Como había sido tónica constante durante la Historia del hombre, siempre se tendía a olvidar lo acontecido y así se repetían los hechos más terribles recurrentemente. Nosotros no lo olvidamos, no podíamos. Todos éramos vegetarianos y utilizábamos algodón para vestirnos. La reserva verde nos surtía de alimentos, de materias primas para confeccionar telas, de agua potable, una presa para producir electricidad…
¿Las causas? Sí, debemos recordar una vez más.
Los protagonistas de este hecho sin precedentes fueron loa animales. Todos. Desde los peces hasta las aves, desde los mamíferos hasta los insectos. Pequeños, grandes, voladores, cuadrúpedos, reptiles, bípedos; todos. Ocurrió, sin más, el 14 de febrero de hace ya diecisiete años. Este fue el año de la venganza, el año de la práctica extinción de los humanos. Los animales mataban a las personas, daba igual en la parte del planeta que se encontraran, país, el grupo o la raza a la que pertenecieras. Comenzaron los abrigos de pieles devorando a sus dueñas, las ballenas cazando a los marinos, las aves a los cazadores, los toros a los toreros, y así toda la fauna del planeta. Vacas, gallinas y pollos, cerdos, cabras, ovejas, calamares, atunes, cucarachas, mosquitos, murciélagos y toda una interminable lista unida desde la época de los dinosaurios, aunque en aquella ocasión perdieran la batalla y fue la raza humana la que logró evolucionar tanto hasta nuestros días.
Dentro de otros sesenta millones de años se sabrá cuál fue el devenir de la vida en la Tierra, de los animales y de los humanos. Lo único que puedo decir es que desde aquel fatídico día de la venganza hay una ley que rige nuestra comunidad: PROHIBIDO CAZAR Y PESCAR.

AUTOESTIMA


Ver la televisión una noche cualquiera supone un verdadero ejercicio de autoestima; cuesta irse a la cama sin tener una sensación terrible. La cosa empieza con estreñimiento, dándose unos ridículos golpecitos en el estómago, para seguir hablando de hemorroides, pérdidas de orina, sangre azul sobre compresas voladoras, pies olorosos, dentaduras postizas que se desprenden, anoréxicas preocupadas porque han ganado unos gramos después de un embarazo, dentaduras resplandecientes, pieles tersas, caras arrugadas, pelos al viento de color a elegir, disfunción eréctil, bebedizos potenciadores de la libido, caspa en el pelo, sudor, pechos a lo Anita Ekberg, cuerpos sudorosos, desodorantes eternos, labios de vampiros, narices perfectas, ojos azules, verdes, violetas… ¿Dónde ha quedado la vieja frase de “la belleza está en el interior”?

RAYCO Y EL MÓVIL


Esperando a que anunciaran mi vuelo busqué un asiento vacío y me senté con la intención de leer el periódico. Cerca de mi había un grupo de futbolistas jóvenes que se apresuraron hacia una de las puertas de embarque al escuchar la orden por megafonía. En la precipitación olvidaron un móvil justo en el asiento de al lado, así que aproveché el último grupito que quedaba para decirles que creía que un compañero había olvidado tan preciado aparato. Rápidamente uno de ellos, el más avispado, se apresuró a decir cógelo, cógelo, que es de Rayco, así le gastamos una broma. Se alejaron, retomé la lectura y me olvidé del móvil, hasta que pasados unos minutos apareció el tal Rayco preguntándome si había encontrado por casualidad un móvil en el asiento junto al mío. Le conté que se lo había entregado a un pequeño grupo vestido como él y en el que se encontraba, quise pensar, el entrenador. Me dio las gracias y se marchó. Vuelta a la lectura. Regreso de Rayco; esta vez con un amigo enorme, alto, que fue quien habó en esta ocasión: ¿seguro que le dio el móvil a alguien? fue la pregunta. Entendí la situación y simplemente contesté que sí, que estaba muy seguro y hasta le describí al amigo. No sé si les convencí o no, pero sin decir palabra corrieron hacia el embarque. Ahora miro siempre con recelo por si me encuentro un móvil a mi lado.

VOLANDO VOY, VOLANDO VENGO


06/11/09, 1:06pm hora local (sobrevolando algún lugar de Siberia)


No estamos a 1 de enero, día en que medio mundo realiza mentalmente la lista de propósitos para el nuevo año y el otro medio sigue preocupado por lo que va a comer ese día. No, hoy es viernes 6 de noviembre y me ha parecido un buen momento para empezar a escribir, mientras espero -y desespero- que el largo vuelo que me lleva desde Auckland hasta Londres, con escala en Hong Kong, aterrice por fin en Heathrow, terminando así mis vacaciones. Los vuelos largos logran exprimir la imaginación para poder sacarle el mayor partido al tiempo, siempre que uno sea de los que prefieren no drogarse con alguna de esas pastillas que por arte de magia te dejan en brazos de Morfeo. Entre cabezada y cabezada se echa mano de la siempre recurrente revista de crucigramas, el libro que uno ha empezado en casa o durante las vacaciones, la revista de la compañía aérea donde uno comprueba lo bien que se viaja en bussiness class o la de entretenimiento on board, algún periódico comprado en el aeropuerto y que resulta muy incómodo leer, las películas de la pantalla individual situada en el respaldo del pasajero de delante que deseamos que no recline, la música (remedio infalible para casi todos los males) y, por supuesto, la emocionante perspectiva del próximo movimiento de carritos por los pasillos del avión, más por lo entretenido de la siempre frugal comida que por su contenido; de este tema podríamos hablar largo y tendido, pues hay que reconocer el mérito de estas compañías de cattering al conseguir que su variado menú tenga siempre el mismo sabor.
¿Y qué decir de este invento maravilloso llamado iPod u otro mp3? Poder llevar toda la música que uno quiera, de manera cómoda y fácil de escuchar, resulta el perfecto compañero de viaje. Los auriculares de los aviones, diseñados por "el enemigo", resultan incomodísimos, por lo que siempre es una buena idea ir pertrechados con los propios. Me gusta viajar con dos iPods, el primero de ellos lo saturé en poco tiempo. Con tanta capacidad de almacenamiento no hay problema para escoger entre mi fonoteca de amplio espectro. En este momento, mientras escribo, mitigo el sonido de los motores escuchando el Panis Angelicus. Recuerdo que, cuando empezó a popularizarse el uso del iPod en Estados Unidos, antes que en Europa, estuve una temporada en San Francisco y allí me sorprendía ver a una gran cantidad de pasajeros del metro conectados a estos aparatos. Ahora ya no nos sorprende ver a la gente escuchando música por la calle, o simplemente hablando por teléfono son un pequeño auricular en el oido que los convierte en personajes muy surrealistas.

Augusta y Octavia. Así se llaman mis dos perras labradores y han pasado este tiempo vacacional en su hotel favorito, la Residencia Canina Tagoro de Tacoronte, lugar al que siempre entran felices, al menos me lo parece el movimiento de sus rabos, y donde son muy queridas por las dueñas del lugar y por los dos hermanos que las ayudan. Llevo ya casi un mes sin verlas, por lo que podrán suponer qué serálo primero que haga al llegar a Tenerife: dejar las cosas, bajar al garaje e ir raudo a recogerlas. La emoción que demuestran los perros al ver a sus amos, y viceversa -no nos engañemos-, es algo que sólo se entiende del todo si se ha tenido animales de compañís. En los últimos años sólo he pasado algunas noches en casa sin ellas, y se hace muy extraño no escuchar sus movimientos o verlas siempre cerca. Ignoro si mis amigos habrán organizado algo para la noche del sábado, pero aunque así sea espero recompensarlas durante todo el día para intentar recuperar el tiempo perdido. Como uno es débil y sensiblero prefiero pensar que eso que dicen que los animales no tienen noción del tiempo sea cierto y que ellas no hayan tenido conciencia de su "abandono" durante este tiempo.
He aquí una cuestión de interés: ¿cómo me encontraré el césped del jardín?
Durante las vacaciones terminé el libro que había traído conmigo; se trata de "La Conjura contra América", de Philip Roth, acerca de la ucronía donde el famoso aviador Lindbergh, siendo presidente de los Estados Unidos de América, se hubiera alineado con Hitler y su política antisemita. El libro es muy bueno, bien escrito y ameno, además de que si¡u planteamiento, en principio absurdo por su imposibilidad en el tiempo, va tomando forma a medida que la novela avanza y nos va abriendo los ojos ante lo terrible del miedo, la ignorancia, la pobreza, la envidia, las fobias... Todos males que pueden leerse hoy en cualquier periódico. Siendo previsor, por si acababa de leer este libro, recuperé de la biblioteca uno pequeño, con olor a humedad, y que ocuparía poco espacio en mi maleta. Opté por "Pasajero para Frankfurt", de Agatha Christie, con fecha 6 de enero de 1982, posiblemente un regalo de Reyes de mi tía Carmela, quien me regalaba siempre libors en navidad y que comenzó por ende a surtir mi incipiente biblioteca de adolescente. Primero fueron los libros de "Los Cinco", de Enith Blyton, después con la escritora inglesa de misterio que estaba encantada con hacerse vieja porque decía que a su marido -arqueólogo- no le importaba este hecho lo más mínimo, sino al contrario. Como queda aún tiempo de vuelo quizá me anime a otra batida a través del flemático espionaje británico.

Música durante el vuelo: clásica. Películas:
- "Harry Potter and the Half-Blood Prince", 2'28".
- "The ugly truth", 1'36".
- "Julie & Julia", 2'3".
- "The time traveller's wife", 1'48".
- "A perfect getaway", 1'38".