sábado, 11 de julio de 2026

LOVE ME DO


Amor a Trump
El presidente de EE UU siente cariño en cuanto huele negocio. Y Erdogan regala pistolones con balas por si tenemos que empezar a disparar.
Berna González Harbour, 11.07.2026

Algunas generaciones aprendimos inglés gracias a los Beatles, con letras tan pegadizas y fáciles de entender que uno iba asimilando el Love me do, you know I love you... o Yesterday con tanto simplismo como felicidad. Hoy, aprendemos otro inglés de la mano de Donald Trump, palabras que no estaban en nuestro vocabulario como scum (escoria) o que los iraníes están cuckoo, loquitos. Les juro que estoy mejorando el repertorio más que con Duolingo.

Y otras cosas vamos aprendiendo en este mundo. Los porteros de finca, por ejemplo, que eran esos señores que mantenían cierta seguridad en el portal y la certeza de que alguien podía echarte una mano si había que abrir la puerta al fontanero, se han convertido en enemigos. Pueden ganar más dinero atentos a nuestras constantes vitales para avisar de nuestra muerte que con su sueldo. Cuidado con ellos: ahora que lo sabemos, habrá que saludarles con renovada energía y vitalidad para que no vayan llamando al fondo especulador si nos ven con mala cara, antes que a la ambulancia. No vayamos a encontrar la guadaña en el ascensor.

Volviendo a Trump. Su advenimiento nos ha procurado más sorpresas. La cumbre de la OTAN, por ejemplo, se ha convertido en un decorado de oropeles y dorados para calmar su tendencia a la irritación. Temerosos de Daddy, como le llamó el secretario general de la Alianza, todos se han apresurado a limitar sus intervenciones para que el rey no se duerma, no se cabree o no invada Groenlandia. El mensaje debía ser claro: un quién da más, una subasta al alza de todos los negocios que hará EE UU gracias a nuestras compras. En lugar de un foro de estrategia de seguridad como la que necesitamos, el zoco se activó, funcionó y Daddy se fue creyendo que había sentido un enorme amor en la sala, es decir, dinero y sumisión. Su año y pico de presidencia es una auténtica fuente de amor a raudales; se mide en miles de millones, aviones de regalo, premios de la paz como el que le regaló María Corina Machado o la FIFA mientras bombardea Irán, amén de la vía libre para levantar tarjetas rojas. Puro amor romántico en su caso.

El summum de barbaridades llegó con el regalo del anfitrión, Turquía, que obsequió a cada líder con un pistolón y sus balas. Por si hay que empezar a disparar. O para ayudar al portero a liquidarnos y avisar, así, al fondo de inversión.

En fin, son tiempos tan raros que el premio es para los violentos, los abusones, el scum y los cuckoo. Cómo apetece desaprender y volver a Love me do.

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