Espero en ayunas el desayuno después de la ingesta de la dosis de hierro pautada, mientras leo el periódico. Como siempre -parece que ya estamos acostumbrados-, todo son noticias negras, tristes, desagradables, que nos recuerdan una y otra vez lo mal que lo estamos haciendo y en definitiva lo malos que somos. Fuego en España y en Francia, insultos, artículos de opinión, mucho fútbol de aquí y de allá (no nos queda nada, intentan que en EEUU el soccer sea un deporte de masas tras el Mundial) y alguna noticia esperanzadora que se cuela entre todas -¿Puede esta nueva enzima revertir el envejecimiento del cuerpo humano?-.
Es un día raro éste, de resaca, y no precisamente de alcohol. Cenamos anoche en casa con unos amigos que han venido desde la calurosa Murcia a pasar unos días en las islas y, después de ordenar un poco la cocina, me senté a leer media hora esperando a que me llegara el sueño. Con el miedo en el cuerpo desde antes de anoche por la posible rotura de una muela, contento porque la tórtola sigue en su afán maternal, no se me va de la cabeza la muerte de mi amigo L, injusta e inesperada, que no hace sino recordarme lo frágiles que somos. Quedan atrás y no volverán los desayunos domingueros en la Junta Suprema y en la Plaza del Adelantado, las tardes en el Palmelita o las largas conversaciones en STUNT. Muy injusto todo, queda un vacío enorme, no se entiende nada.
Somos frágiles, es un hecho, no sabemos lo que nos deparará el día de mañana, ni siquiera el de hoy. Una noche estás cenando salmón entre amigos y notas un crack, una muela que se parte; te secas frente al espejo y descubres algo en el hombro que no es normal; vas a hacerte una revisión rutinaria y, "como ya tienes una edad", te diagnostican hipertensión, anemia, melanoma, diabetes, cataratas, obesidad, cáncer, colon irritable (o irritado siempre), miopía, depresión, bulimia, papiloma, varices, glaucoma, anorexia, celiaco, alérgico, locura, diverticulitis, endometriosis... muerte inminente. Es sabido que el que entra a un Centro de Salud ya no sale de él nunca. Nunca.
L se fue, un amigo menos, éste es el epílogo.
Noticias de economía te soplan al oído que estarás jodido con la pensión si no cotizas más, que te falta una eternidad para jubilarte, si llegas, que la vida son dos días. Un cuadro tan triste que poner los pies sobre el suelo cada mañana no deja de ser un acto de fe.
Seguimos, empieza otro día del Señor y hay que ser optimistas. En el Reino Unido toma posesión un nuevo Primer Ministro, el primer católico de la historia, que dice que su educación le marcará la política social. Qué bueno, pienso, a ver si es verdad. Luego bajo los ojos recordando que España, adalid de la moral católica, cuanta con más políticos conservadores que ninguno, de misa diaria y rezo del angelus interminables loas al Papa, para después abandonar a su suerte a tantos africanos que llegan en pateras, negándoles un futuro digno. Ser de una u otra religión no asegura ser buena persona, para serlo hay que serlo. Eres lo que haces, no lo que dices.
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