sábado, 25 de julio de 2026

COMO CASANDRA


Me fui a la cama anoche apesadumbrado. Volvimos de cenar algo tarde y al subir a casa miro a ver cómo sigue la tórtola y, con horror, veo el nido vacío. Miré varias veces y nada, vacío. ¿Puedo hacer algo? No, una pena. No sé volar ni tengo acceso al nido, de manera que me acosté pensando en el recurrente trágico final de este nuevo pollito. Pero, he ahí que esta mañana la madre había vuelto al nido y ahí sigue empollando. Yo tan feliz de verla.
La naturaleza nos enseña los límites que el ser humano tiene, que son muchos. Poco puedo hacer en este asunto de la tórtola del barrio o cuando estoy varios días sin ver a Medianoche, el gato blanco y negro (blanquinegro, escribiría un periodista deportivo que se precie); sólo me queda preocuparme y desear que todo se solucione, que el gato me espere para que le abra la puerta antes de irme al gimnasio o que el ave vuelva al nido.
Almorzábamos el otro día con un amigo, negacionista, que me preguntaba durante la conversación si yo era "uno de esos" animalistas. Sí, le dije. Cambiamos de tema y le pregunté por el calor -él venía de Tarifa-. ¿Están pasando mucho calor este verano?, las noticias son bastante desalentadoras. Como siempre, fue la respuesta, nada nuevo. Volví a cambiar de tema. Menos mal que no llegamos a comentar la planitud de la Tierra. Reconozco que no sé llevar una conversación normal y coherente con esta gente.
Me llama hace un momento mi amigo C para darme una mala noticia, el fallecimiento inesperado de un amigo mutuo por el que ambos sentimos un gran afecto. Memento Mori.
Feliz domingo y ¡a vivir!!

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