jueves, 23 de julio de 2026

DE TRENES Y PERROS

Ningún perro vive 20 años
Es sorprendente la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café.
Bárbara Ayuso, 23.07.2026

Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez.

Tan interminable esa historia como la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café. Esta semana ha sido el anuncio de Renfe de permitir que los perros de hasta 40 kilos viajen con sus dueños en los trenes. Fue publicarlo el ministro Óscar Puente (o precisamente porque lo hizo él) y empezaron a tronar las trompetas del Apocalipsis en las redes. “Qué asco. Los que no tenemos mascota no tenemos por que aguantar malos olores, suciedad o ruidos de los perros de los demás”, decía uno. “Con sus ladridos de hasta 40 kilos, sus meadas de hasta 40 kilos y sus cagadas de hasta 40 kilos. Si tienes alergia te jodes”, protestaba otro. La cosa se embarulló y todo desbarró por la sempiterna pendiente guerracivilista: los contrarios acabaron ciscándose en una sociedad enferma que no quiere tener hijos pero sí perros con los que encima viajar en tren; y los defensores pretextaron con esa larga lista de comportamientos humanos que se ven diariamente en los vagones y que son más repugnantes que los de cualquier perrete. Desde deglutir a boca abierta chorizo pamplonica a bebés con habilidades fonadoras de auténticas mezzosopranos.


Por ahí andaban también, navegando en la marejada, algunos Odiseos en su viaje imposible de la sensatez, suplicando detener la batalla porque bastaba con leerse el reglamento de Renfe. Más allá del titular bombástico, los perros de menor peso ya viajaban en tren sin que se haya registrado fallecimiento alguno de población alérgica, extremo que continuará cuidando esta norma colocando a los animales en un solo vagón de los más de una decena de un tren medio, y solo podrán ir dos. Por si no fuera suficiente para los olfatos exquisitos, los dueños pagarán 40 euros extra y harán uso de un kit de fundas en los asientos y suelo. Y quedan excluidos los cachorros y los perros potencialmente peligrosos, para pánicos locos. Nada de eso satisfizo a los contrarios, claro, tan atareados desgañitándose porque dos unidades de perros dormiten a cinco vagones de distancia, que no se percataron de lo verdaderamente pernicioso de la norma: que al imponerles ir en asientos contiguos a sus dueños, el resto de pasajeros veremos cercenado nuestro derecho amparado por todos los organismos internacionales de disfrutar de su compañía y ellos de nuestras carantoñas (si quieren). Se les obliga a subir y bajar con bozal del tren, pero se desperdicia la ocasión de ceder durante el viaje el tapa hocicos a los encorbatados que vociferan en sus importantísimas llamadas de trabajo, incluso en el vagón silencio.


No es un conflicto de convivencia, es que nos pierden las luchas homéricas. Da igual las veces que escuchemos al fiel Eumeo enunciar la verdad universal de que “ningún perro vive 20 años”. Seguiremos secretamente pensando que quizás sí, que nuestro perro transgredirá la norma. Aferrados a esa esperanza, tan estúpida como tozuda, de que Argos no solo agitará la cola y hará el más bello ejercicio de anagnórisis jamás escrito, sino que tras 20 años de espera podrá embarcarse con Odiseo y abandonar Ítaca juntos. Y eso vale mas de 40 euros.

No hay comentarios: