miércoles, 3 de junio de 2026

LO QUE ES, ES


Marc Giró: “No estamos para equidistancias, soy radicalmente de izquierdas y antifascista, ¿existe esta transparencia con otros presentadores?”
El presentador analiza su primer mes en La Sexta con ‘Cara al show’, su nuevo ‘late night’.
Noelia Ramírez, 03.06.2026

Ha cumplido un mes en su nuevo plató y Marc Giró (Barcelona, 51 años) no conoce la calma. “Nací nervioso, soy nervioso, vivo nervioso sin importar qué ocurra”, aclara el presentador de Cara al show, el late night que conduce los martes en La Sexta. Tras comentar su sonado paso por la Casita de Bad Bunny en su primer concierto en Europa (“No imaginé la exposición que tendría, lo pasé fenomenal”), sentado en en el bar de la zona alta de Barcelona donde nos ha citado, Giró encarrila el mensaje al inicio, al ser preguntado por su estado de ánimo ahora que Cara al show ha visto la luz.

“El programa todavía tiene que coger fuelle porque lleva pocas emisiones, pero tiene la misma calidad de siempre porque es un late night y ya está”, despacha. Quiere ir directo al asunto. “Lo que me ha sorprendido es la competición que se ha creado. Por lo visto, un programa de La Sexta está compitiendo con TVE en su franja, que es una cosa que no creo que pase con ningún otro programa de la cadena”, lanza, refiriéndose a Al cielo con ella, el programa de Henar Álvarez que se emite el mismo día y en el mismo horario que el suyo, pero en La 1. La humorista fue elegida en la corporación pública para llenar el hueco que dejaba.

Todas las miradas estaban puestas en cómo sería su nueva casa desde que anunció que abandonaba Late xou. Visto el resultado —que mantiene tono, ritmo y forma de lo que ocurría en La 1—, el comunicador cree que algunos medios, de forma interesada, no respetan las reglas al hablar sobre su programa. “Me he encontrado con titulares como ‘Marc Giró se hunde’. Eso debería afinarse porque no es una noticia. Si usted quiere que me hunda, haga un artículo de opinión y titule ‘Quiero que Marc Giró se hunda’, pero este es un programa que, estrictamente, desde el punto de vista de las audiencias, va muy bien, igual que iba muy bien el anterior”, enfatiza.

Da la impresión de que no viese venir la guerra de audiencias a la que se ha sometido desde el 22 de abril, cuando se publicó que “ganaba por poco” a Henar Álvarez en su estreno. Con esa batalla de porcentajes es con la que despierta cada miércoles. Métricas que miden la televisión tradicional, con un sector muy particular de la audiencia contemporánea. Puede que el mercado atienda a esos números para decidir dónde colocar su producto (“tengo 25 minutos de publicidad, eso también es hacer televisión”, aclara), pero la conversación del público, lo que comentará en el café en la oficina, ahora también llega a través de los clips fragmentados de redes o en visionados a la carta, escenario que domina desde su primer late night.

¿Existe un desajuste a la hora de valorar el impacto real y repercusión de los programas? “Nosotros generamos conversación, en eso estoy de acuerdo”, responde sobre esta nueva realidad de consumo televisivo. “Hay muchísima gente que nos ve y no lo hace de la forma clásica. Existen muchas maneras de mirarnos, nos pasaba en RTVE y nos está pasando también en Atresplayer. También arrastramos a mucha gente desde redes. Sé de una persona que, además, ahora ha empezado a ver el cine de Almódovar porque, aunque parezca raro, no sabía quién era y vio un reel de mi entrevista con él. Eso es fantástico”, apunta.

No da rodeos. Tiene claro para qué sirve un late night. “Este es un programa profundamente capitalista y calcado del modelo estadounidense, donde los personajes del ámbito cultural vienen a promocionar de forma amable y simpática su producto. Yo, a cambio, les pido un chascarrillo”, resume. Sin “intoxicar el espacio democrático”, Cara al show busca amplificar la repercusión de los estrenos y las novedades culturales porque, alega, “es lo que merecen las industrias culturales en España”. Al contrario de lo que opinan algunos críticos apolillados, no tiene la sensación de que se publiquen demasiados libros o haya demasiadas series y películas. “Me molesta muchísimo esta gente. ¿A ti, qué te pasa? ¿Que eres un autoritario, que quieres que solo se diga lo que tú quieres que se publique?”.

Su objetivo es ensanchar con “nuevas voces, acentos y gestos” a una televisión que parece atrapada en las polémicas políticas del día. “Mientras otros se van a dormir cabreados por haber visto la enésima declaración de Aldama, aquí ofrecemos la alternativa de irse con una sonrisa gracias a Estopa. Usted decide cómo irse a dormir”, puntualiza. Y destaca la potencia transformadora de la creación artística actual. “Ahora mismo, a nivel político, me parece más interesante ver series como Ravalear que seguir el culebrón de José Luis Rodríguez Zapatero”.

Eso no implica que sus monólogos iniciales, en los que ha defendido la migración y denunciado las agresiones homófobas, no sean políticos. “No me escondo en absoluto y no estamos para equidistancias: soy una persona radicalmente de izquierdas y además antifascista, ¿encontrarán esta transparencia en muchos otros presentadores o presentadoras que titubean más o están a verlas caer? No estamos en un momento para titubear. ¿Qué voy a ser, feminista de lunes a miércoles, y luego los jueves, pues ya veré? ¿O estoy en contra del genocidio en Gaza solo los lunes? Me gustaría estar más calmado, pero no puedo ni debo, claro”.

Periodista, historiador de arte y autor del ensayo Pijos (2021), a Giró le ha explotado la fama entre el gran público a sus 51, abstemio y trabajando más que nunca. Además de Cara al show, conduce el programa radiofónico Vosté Primer en Rac1, entre semana, durante una hora al mediodía y presenta múltiples actos culturales. “A mi edad, la gente está pensando en retirarse y aquí estoy. Conozco el oficio porque he sido cocinero antes que fraile. En realidad, yo esto no lo quería, no soy un ansias. Considero que formo parte de la clase trabajadora porque me levanto cada día para ir a trabajar. Y he trabajado y me ha funcionado”, resume. ¿Cómo resiste esa rutina? “Disociado y con muy buenos equipos, en los que espero que la gente esté contenta y bien pagada. En mi vida todo funciona como un reloj suizo porque me rodeo de gente que sabe hacer, y muy bien, su trabajo”.

No se plantea producir más programas en el tándem que conforma con su marido, el creador Santi Villas, director de Cara al show, con el que comparte la productora Minuto de barras. “¿Cómo vamos a tener tiempo de pensar en otro programa si tenemos que cambiar la taza del baño y todavía no hemos hecho el cambio de armario? Nosotros hacemos televisión artesanal, somos como esos restaurantes que funcionan porque siempre está el dueño”, aclara.

Tampoco se muestra naíf frente al ajedrez montado con presentadores mediáticos en tiempos de fricción política. “En Estados Unidos todo el mundo se ha sorprendido por la despedida de Stephen Colbert [Donald Trump canceló su programa], pero el espectador español ya sabe que si cambia el gobierno, cambiará la forma de la televisión pública… y también de la privada. Ahora no vamos a engañarnos con esto”.

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