martes, 2 de junio de 2026

DIES MARTIS


Vuelta a la normalidad. Me levanto temprano para empezar a cumplir con los ritos de cada mañana, uno tras otro, hasta desayunar, regar el jardín antes de sentarme a trabajar, dándome cuenta que la tórtola del barrio ha decidido empollar un nuevo huevo después del fracaso del último. Ignoro los días que lleva en el nido, aunque no creo que sean muchos, de manera que estaré un tiempo fiscalizándola a ver si esta vez es la buena y tenemos otro miembro más en nuestra fauna vecindaria.
Mientras me tomo el café leo en el periódico las noticias del monotema, ora basura política nacional, ora visita ibérica del Papa, aderezado todo con esta nueva majadería de hablar un día tras otro de la selectividad, del estrés de los examinandos, del de sus padres, madres, abuelos y abuelas, y hasta de Rita la cantadora. Parece que la selectividad -perdón, la PAU-, se ha convertido en un problema de estado y que los niños pasen por ella es tan traumático como otrora cruzar el Rubicón. Esto de los padres helicóptero y la sobreprotección de sus churumbeles llega a límites insospechados. Me hace recordar a los tiempos en los que me tuve que examinar de la selectividad y sí, un tranque como cualquier examen importante, pero nada para causarme un trauma adolescente. Claro que parece que los tiempos han cambiado y la fragilidad juvenil se debe haber multiplicado exponencialmente sin que uno se haya percatado del todo.
Dejando atrás al Papa, los cortes de tráfico previstos, los pobres niños selectivos y la chorrada esa de "la casita" de Bad Bunny, les cuento que ayer me encontré con un amigo abogado en el avión, con el que departí durante la media hora de vuelo, entre ambrosías, agua con gas, chalecos salvavidas y demás entretenimientos aéreos. Hablamos de trabajo, sobre todo, de mi excedencia ayuntamentil, de mi frustración, de los íncubos técnicos y esas cosas. Me contó un caso concreto de su despacho y fue retrotraerme automáticamente a mis años de oficina técnica y a mis discusiones a lo Van Helsing.
No hemos tenido tiempo de ver aún el expediente, pero el informe va a ser negativo. 
No puede haber una frase más recurrente en este arcano mundo del urbanismo municipal, recurrente, poco ética, nada profesional y, posiblemente, ilegal. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Erre que erre volví a contarle mi opinión acerca del sistema de oposiciones en España, ¡España!, donde hay que estudiar, aprobar y suspirar aliviado. Da igual que seas un inepto, un vago o ambas cosas, con la oposición aprobada ya encajaron todas las piezas. Con el tiempo la Administración acaba con este problema de una manera muy simple y anticatecista: premia a los malos y castiga a los buenos, o sea quita trabajo al inepto por ídem y carga al que trabaja por productivo. Voilà.
¿Cómo resuelven los americanos este asunto de los funcionarios? Envían ojeadores a las universidades, estos buscan potenciales "agentes" (léase CIA o FBI, por ejemplo), los forman y listo. Y al que no vale lo despiden amablemente. Igualito, igualito que aquí.
Ah, por cierto, ya tengo las pequeñas libretas Moleskine para las notas del libro, que espero poder empezar en verano. Cruzo los dedos.
Paganini, *Capricho nº24.

PD. Escribía ayer acerca del libro de Rachid Benzine "El librero de Gaza", del que espero dar buena cuenta esta tarde. Olvidé ayer recordar, para los que no hayan tenido el placer de leer a Eduardo Mendoza, que no dejen de hacerlo. Una buena manera es empezar con "El misterio de la cripta embrujada"; es empezar y no parar ya.

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