lunes, 2 de febrero de 2026

BELÉN ESTEBAN

Bee Gees, *I started a joke (1968).

Recuerdo hace algunos años una conversación con un compañero de trabajo acerca de la ocurrencia de los obispos sobre hablar constantemente de política, de instigar manifestaciones (era la época del siniestro Rouco Varela), etc. Él me contestó circunspecto, si Belén esteban puede soltar sus barbaridades en la tele, ¿por qué no lo iban a poder hacer los obispos? Sí, me dejó pensativo. Touché, pensé en ese momento, sin decírselo, claro, uno tiene su dignidad.
Hoy vuelvo a pensar en el asunto a colación de las publicaciones en las redes de los grupos ultraconservadores de curas y políticos. Si hay algo que ha proporcionado Internet es la posibilidad de que cualquiera pueda expresar sus ideas, y esto no parece mala cosa. El problema surge cuando cualquier cosa se comparte, mentiras y bulos incluidos. La desinformación es la reina del mambo ahora y esto nos arroja irremisiblemente a las aguas de la desconfianza perpetua: mejor creer que todo es mentira, incluso la verdad, por si las moscas.
Es el mundo al revés, los valores del cristianismo ya no los defienden ni los cristianos, ni que decir de los valores del judaísmo o los del islam. El ser humano se ha deshumanizado, pronto ni la expresión tendrá sentido alguno.
¿Qué nos queda? Dudar y leer. Informarnos es imprescindible y la lectura nos acabará (eso quiero creer) danto armas para discernir entre lo que es verdad y lo que no. Porque si no es así estamos perdidos y, hablando en neolengua, el Ministerio de la Verdad de las mentiras que anticipó Orwell se habría instalado definitivamente entre nosotros.

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