La actriz Elisa Mouliaá ha comunicado al juez que desiste de forma total, libre, consciente e irrevocable de la acusación particular en el llamado Casi Errejón, según leo ahora mismo en el periódico. Esto me hizo recordar a un asunto familiar que hizo tambalear el statu quo de mis padres y que acabó con la vida de él (de ahí que siempre repita aquello de "mi familia mató a mi padre"). Ante los acontecimientos que sucedieron y sabiendo que teníamos razón -habíamos consultado con un abogado-, mi padre nos dijo: ya estoy mayor para enfrentarme a la familia en juicios; él ya pasaba de los 80. La actriz habla de razones estrictamente personales y lo remata con "yo no puedo seguir sola". Mi padre adolecía de falta de fuerzas para la guerra. A ambos los comprendo perfectamente, hay momentos en la vida en que uno tiene que decidir si quiere tener tranquilidad o razón, pues desgraciadamente pocas veces se dan la mano.
Antes de dejar mi trabajo en el Ayuntamiento, habiendo presentado ya numerosas quejas por escrito y sabedores los políticos las razones de mi malestar, se me llegó a insinuar que diera yo un paso importante para que ellos se subieran después al carro. No, dije, ni voy a ser el ariete de los políticos ni me van utilizar para el trabajo sucio. Tranquilidad es lo menos que podemos pedirle a la vida, en ella tenemos mucho que decir porque gran parte depende de nuestras decisiones.
Vivir en un constante estado de violencia, sea verbal, de actitud o esa que se respira en el aire y que no se puede explicar -o se siente (sufre) o no se reconoce-, no compensa nunca, ni las relaciones personales, ni el trabajo ni siquiera la familia.
En esta vida pagamos por las decisiones que tomamos, no podemos olvidarlo nunca.
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