jueves, 4 de febrero de 2021

ÓPERA EN LAS PALMAS

 Temporada de ópera 2021, Las Palmas de Gran Canaria.




 ♫
Il Trovatore, Verdi. *Di quella pira.

CASI, CASI

Las bodas de Fígaro, Mozart. *Sull'aria.

 
Pocas cosas tranquilizan tanto mi alma como la música. Ahora escuchando un aria de Las bodas de Fígaro, tan necesaria después de leer la nueva guerra que nos llega en forma de nuevos "papeles de Bárcenas", los posteriores no sé de qué me hablas o me vengo a enterar ahora, que llegarán; la estupidez de la niñera de los Iglesias -ya no saben qué publicar para desgastar a esta gente-, no debe haber nada más importante en España que la niñera de estos; la vida y milagros de la Pantoja o el nuevo ático de Tamara Falcó, leído todo el EL PAÍS, otrora periódico de un color menos amarillento. Siento tanta vergüenza leyendo esto que vuelvo a la decisión autoimpuesta en marzo de 2020: 0 informativo. Que les den a las listas de muertos, a las dichosas estadísticas que todo lo saben pero que no dicen nada, a las elecciones catalanas, a Podemos, al PSOE, al PP, a Ciudadanos, a VOX, a todos ellos; a los independentistas y por extención a cualquier nacionalista ("el nacionalismo es la guerra", Miterrand dixit), a la TV de mierda, a los comentaristas quedetodosaben, a los periodistas casposos, a la Iglesia que ni está ni se la espera, a los insolidarios, a los que no están a la altura de nuestras circunstancias, a los estrechos de miras, a los recalcitrantes, a los terraplanistas, a los creacionistas, a los maltratadores, a los tóxicos y a tantos otros.
Preocupémonos por la próxima extinción de los osos panda ya que al dodo no llegamos, por los niños de la guerra, por los que ejercen la prostitución, por los que tienen hambre, por el medio ambiente, por los animales,  por la música y los libros, por esta vacuna que no llega, por la familia, por los amigos. Casi casi, lo demás importa bien poco.

miércoles, 3 de febrero de 2021

EUGENESIA VÍRICA

Terrible noticia la que leo en el periódico esta mañana: 29.800 personas que vivían en residencias mueren de covid desde el inicio de la pandemia. Horror, casi 30.000 viejitos muertos. Nada más que decir.

EL REFLEJO DEL ALMA


Me llama ayer mi padre para contarme que por la tarde, en una cadena de televisión local, estaba programada la emisión de la película del 62, un año antes de aparecer yo por este mundo traidor, donde nada es verdad ni es mentira, "El Reflejo del Alma". La película, rodada en Tenerife -incluso las imágenes que simulaban la mina y alrededores en Venezuela-, contaba con mi padre como meritorio de dirección, además de aparecer, junto a mi padrino ya fallecido, Luciano García-Machiñena, en el grupo de "técnicos" que se encontraban en la boca de la mina justo antes del accidente. Mi padre, incluso, tuvo hasta una pequeña frase en el guión: ¿y lo sabe el ingeniero? 

He aquí tan importante documento familiar, fragmento de vídeo incluido.


PD. De la película poco puede decirse, un dramón muy importante con todos los ingredientes tópicos del cine casposo de aquella época: pareja de novios -él emigra a Venezuela antes de casarse-, accidente, boda, ceguera, cura, vírgen de Candelaria, guanches, sacrificio, etc.

 



martes, 2 de febrero de 2021

LA MEJOR PELUQUERÍA DEL MUNDO

 

SIN (CON) PALABRAS

 

OTHER NEWS

 

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

IT'S A SIN


Una serie que rompe por dentro

'It's a sin' de HBO recuerda el genocidio acontecido en los ochenta.
https://www.lavanguardia.com/series/20210131/6209418/it-s-a-sin-hbo-serie-sida-reino-unido.html
PERE SOLÀ GIMFERRER. 31/01/2021 07:00Actualizado a 31/01/2021 08:09

Una de las ficciones que marcaron 2019 era Years and years, ese acontecimiento televisivo creado por Russell T. Davies donde una familia británica sufría los cambios en los tiempos. La serie se imaginaba un futuro tan próximo como inquietante que resonaba entre un público que, a diferencia de sus padres, habían dejado de idealizar el futuro para mirárselo con escepticismo. Y, como si entender lo tiempos fuera su fuerte, Davies repite la jugada esta temporada con el estreno de It's a sin en HBO que tiene reminiscencias cercanas para hablar del pasado.

Para que nos entendamos, It's a sin narra la difusión del SIDA en el Reino Unido de la década de los ochenta. No es la primera obra audiovisual en hacerlo, por supuesto, pero sí ha tenido el don de la oportunidad. El guionista ya explicaba en 2015 que quería celebrar las vidas de aquellos que había perdido en los ochenta víctimas de la enfermedad, en 2018 estaba ya en fase de preproducción y en 2019 el reparto estaba contratado con Olly Alexander (por casualidad el cantante de la banda Years and years) en el papel principal.

¿De qué va It's a sin? Ritchie (Olly Alexander) deja su pueblo natal, cerrado, para estudiar en una ciudad de Londres donde confía poder vivir su sexualidad en libertad. Roscoe (Omari Douglas) pierde a toda su familia cuando sale del armario. Colin (Callum Scott-Howells) es un joven galés que trabaja de aprendiz de sastre. Todos ellos acaban coincidiendo y viviendo en un apartamento al que bautizan como Pink Palace y donde estarán con Jill (Lydia West), aspirante a actriz y mejor amiga de todos ellos. El único problema es que es 1981 y se va extendiendo un murmullo: la aparición de una misteriosa enfermedad que mata a los homosexuales en Estados Unidos.

Cuando se dice que It's a sin tiene el don de la oportunidad es porque resulta imposible no entender un poco mejor la aparición de una nueva enfermedad y su forma de instalarse en un territorio sin que puedas hacer nada en tiempos de Covid-19. Somos más que conscientes de la importancia de la información de salud, del papel activo que debe ejercer el Estado para mantener o curar la salud de la población, y también el desconocimiento, la ignorancia y la mala fe de muchos que prefieren agarrarse a cualquier mentira y conspiración antes que entender la enfermedad por lo que es.

Quizá ahora sea el momento ideal de ver It's a sin para enfadarse y hundirse en la ira al reflexionar sobre todo lo que no se hizo en los ochenta porque los afectados eran unos apestados sociales, una minoría cuyas conductas sexuales escandalizaban a los poderes. ¿Por qué tratar el VIH y la SIDA como emergencias de salud pública cuando las principales víctimas eran hombres homosexuales? ¿Para qué abordarlo desde el Gobierno y la prensa? ¿Merecía la pena perder el tiempo informando y buscando la manera de tratar y/o curar a los pacientes afectados por el virus? La conclusión en esa época era que no, que claro que no.

Lo más loable de It's a sin es la capacidad de tratar a los personajes (inspirados en amistades del propio Russell T. Davies) con un afecto y una sed de vida que no tienen nada que ver con la aparición del virus, el desencadenante que lleva la historia. El guionista tiene claro que la miniserie quiere concienciar sobre una época pero que por encima de todo es un homenaje a todas aquellas personas que vivían en Londres y un buen día fueron a morir a escondidas en casa de unas familias que ocultaban la enfermedad y que les privaban de ver a sus amigos porque eran malas influencias, porque eran enfermos aunque estuvieran más sanos y fuertes que un roble en primavera.

Son cinco episodios bien contados, a ratos frenéticos (merece la pena mencionar a un Olly Alexander con mucha cara argumentando de fiesta que deben pasar del VIH porque es una enfermedad inventada para tenerlos a raya, que si realmente murieran tantos homosexuales aparecería en los telediarios) y que funciona en las dos vertientes que propone: la festiva y la dramática, que conviven con una simbiosis que permite que los momentos más duros aturdan con todavía más intensidad.

Es la celebración de las vidas de los hombres homosexuales que desafiaban la heteronormatividad desde sus bares, sin disimular la pluma, sin dejarse afectar por los prejuicios de la sociedad, sin hundirse por el odio que le manifestaban sus presuntos seres queridos, esa familia incapaz de aceptarles tal y como eran.

También es la tragedia de ver como un virus desconocido les afecta y se esfuerza en robarles la humanidad a base de vergüenza, de secretismo, de tratarles como seres indignos de una atención médica. No falta una buena ración de crítica en el discurso de Davies: aquellos que alimentaban y perpetuaban la homofobia (o callaban ante sus embates) son cómplices de esas muertes.

Deben disculpar que diga la palabra "necesaria", tan utilizada en estos últimos tiempos al hablar de ficción televisiva, pero es que It's a sin lo es. Es una fantástica miniserie que se ve en un abrir y cerrar de ojos tras llorar a moco tendido con una trama cruel de la que ni tan siquiera se pueden distanciar los jóvenes protagonistas a base de ingenio y de copas (con una dirección que domina la tensión cuando el sexo se puede convertir en una sentencia de muerte).

Pero sobre todo es necesaria porque muchos de los que fallecieron fueron enterrados desde el estigma. Merecían ser llorados a mares en calles, en discotecas, en parlamentos, en playas, en portadas, en el comedor, desde lo alto de una colina, bajo el chorro de la ducha, en familia y entre amigos pero siempre desde su totalidad, sin avergonzarse de un ápice de las personas que eran. Con orgullo.

Y con la efectividad que tiene It's a sin de romperte por dentro con unos personajes que derrochan vitalidad, no queda otra que llorar. Que cada lágrima sea un homenaje a quienes fueron y rieron y follaron y bailaron y nos dejaron antes de tiempo.

BEHIND

 

SIN PALABRAS

 

A BUEN ENTENDEDOR

 

CANDELAS, CANDELARIAS Y CANDELARIOS

Hoy se celebra La Candelaria en Tenerife, de manera que he aprovechado un rato esta mañana, temprano, para tomarme un café en La Esperanza, pasar por el supermercado a avituallarme y dar un paseo hasta el Mirador de Ortuño. Un día precioso.

Durante el paseo recibo un Whassap que me dice que Australia está libre de COVID-19. Una magnífica noticia para empezar febrero.

 
La Palma desde el mirador.
Gran Canaria desde La Esperanza.
Y éstas me las mandan.
Desde la Mesa Mota.
Amanecer en Hermigua, La Gomera.
Francsco Paolo Tosti, canción napolitana.
*'A Vucchella. Pavarotti

lunes, 1 de febrero de 2021

SIN (CON) PALABRAS

 
Me voy a tomar una pastilla.

EL GRAN GATSBY

 


CABECERAS

 

GRANDE, GRANDE, GRANDE

  

Mina, *Grande, grande, grande.


Mina, *Portati via.

DOCTORES TIENE

Yo organizaría, antes, una manifestación "contra el hambre en África". Hecho de menos a la Iglesia en estos lares, defendiendo a esta pobre gente que solo busca salir del pozo, como tantas y tantas veces lo hicimos nosotros en el pasado, otrora tan reivindicativa y novelera en manifestaciones día sí y día también contra el divorcio, el aborto, el matrimonio gay y tantas otras; me da a mi que lo del hambre en el mundo debe ser una causa perdida.
Y mientras, esto sucede en nuestras islas... ¡qué pena! ¿dónde habrá quedado la solidaridad canaria? Tanta emigración a Venezuela y una memoria histórica tan parca.



HAZ COMO ELLOS

 

HUMOR, REMEDIO INFALIBLE

 

AUTOTUNE

Cuando Bee Gees estaba en el top de popularidad, pongamos que por la época de Saturday night fever, una discusión recurrente entre los fans y los que no, era si era "bonito" cantar en falsete. A mi, personalmente, Bee Gees me gusta mucho, sobre todo sus primeros discos, donde el falsete no existía. Su estilo era propio, con o sin falsete, genuino. Escucho una lista de reproducción en SPOTIFY, de esas que ofrece el programa al abrirlo, con el nombre "Música Pata Trabajar". La música, agradable de escuchar como fondo, me llama la atención intermitentemente para ir raudo a pasar a la siguiente canción. La tercera vez que lo he hecho por inercia, caigo en la cuenta de la razón: no me gustan las canciones donde el autotune se hace más que evidente, todas las voces suenan iguales.

Los que saben mucho de música, estos con canal en Youtube que analizan las canciones, suelen decir que el autotune pertenece al presente de la música y que es una herramienta más para componer, así que no osaré contradecirles. Pero con la música me pasa como con el arte, me gusta o no me gusta, y punto. Son mis orejas y yo decido qué música escucho y aquella donde el autotune es el rey no me interesa lo más mínimo. Rosalía, ¡desaparece!