Hoy miércoles, un día como otro cualquiera para decidir no trabajar y dedicarme a las tareas del hogar, cosa que hice con diligencia y sin procrastinar nada más llegar del súper y de haber ido al gimnasio a primera hora. A las 9:10 estaba yo entrando en Mercadona y ya había una señora muy señorona saliendo con su carro repleto de viandas, lo que refuerza mi teoría de que hay gente viviendo tras las paredes del supermercado cual Fraggles. Digresiones aparte, terminé con la limpieza un rato antes de comer con tiempo suficiente para ir a comprar mi regalo de cumpleaños, un casco de moto nuevo que no me llene la cabeza de gomaespuma negra cada vez que lo uso.
Volviendo al tema -ya estaba a punto de dispersarme de nuevo, cosa que parece imposible de controlar-, mi intención era no trabajar pero la cosa no resultó tan sencilla. A las 5 de la tarde, aciaga hora de las corridas o más bucólica también la hora del té, recibo una llamada que me desestabiliza completamente la tranquilidad, pero uno es un profesional y allí estuve defendiendo el estudio como el que más. Total, que desde casa poco podía resolver las jeremiadas de la clienta, así que desestabilización 1-solución 0. Deberá esperar hasta el viernes, parece.
Ya de nuevo activo me senté a leer un rato, ya una de las poquísimas actividades que me tranquiliza, para terminar sentado escribiendo estas notas sin importancia tras, ¡craso error!, leer los titulares vespertinos del periódico; resumiendo, la capacidad de ser estúpido del ser humano es ilimitada, como la historia de Ende.
Cuando estudiaba de niño en un colegio religioso nos enseñaban que para poder estar en paz con Dios debías seguir tres pasos: examen de conciencia, dolor de contrición y propósito de enmienda. Sabedor de que los políticos de aquí y de allá, sean de una religión u otra o todo lo contrario, están lo más alejados posibles a estas prácticas, leo con estupor cómo la Comunidad de Madrid, léase sus políticos, han declarado la guerra sucia al médico que ha osado hablar de las listas de espera manipuladas en los hospitales de la metrópoli, como así ocurrió en Canarias cuando, esta vez fue otro político que no médico sino abogado, dijo que en las islas existía corrupción; acabó exiliado en Bruselas.
Aquí se repite la historia, antes con aquel médico, el Dr. Luis Montes, al que se acusó de matar a ancianos en paliativos del Hospital Severo Ochoa, ahora con este médico del que todavía (tiempo al tiempo) no se conoce la identidad y que publicó lo dicho por uno de los jefazos: "evitad anotarlos como preferentes". Me temo que a este médico le quedan dos telediarios. Ojalá me equivoque.
En Israel, por otro lado, que ya tienen lo suyo con Netanyahu, le han declarado la guerra a Yuval Abraham y Rachel Szor, directores de cine israelitas, amenazándolos con la retirada de la ciudadanía a causa de la película "Naza", premiada en Venecia con el Premio Especial del Jurado; Netanyahu ha tachado de "intolerable" el documental israelí.
O conmigo o contra mí, no hay otra opción, deben pensar estos políticos. ¿Examen de conciencia?, de los otros dos pasos mejor ni hablamos.
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